Por Marat
1.-LA LARGA MINORÍA DE EDAD POLÍTICA DE LAS GRANDES MAYORÍAS
Corren tiempos en los que escribir sobre los desmanes del fascismo se asemeja a relatar el truco del mago que saca de su boca un sinfín de pañuelos de seda anudados, sin que parezca que el número vaya a acabar. Cuando el público cree que el show ha terminado, el remate final es extraer unos cuantos más y dejar que flote en el ambiente del local la sensación de que todavía podría continuar haciendo su espectáculo de los pañuelos un buen rato aún.
En el caso del fascismo siempre hay una nueva sorpresa, mientras no logremos reventar su actuación o aquél cierre las puertas del local y haga el último número de acabar con sus pasivos espectadores.
Desde hace una temporada circula en las covachas de la extrema derecha, cuyos miembros llaman clubs o centros de debate, las redes sociales y los panfletos digitales fascistas, la idea del regreso al voto censitario y variantes del mismo.
El voto censitario es el que se mantuvo desde los inicios del sistema de representación parlamentaria moderna en la práctica totalidad de los países europeos y americanos. Más concretamente desde que el parlamentarismo se inició con la primera Constitución de 1791, nacida de la revolución de 1789, en Francia, hasta bien avanzado el siglo XIX, salvo en Italia, Portugal, Reino Unido, el Imperio austro-húngaro, Holanda, Bélgica, Suecia, Argentina, Uruguay, que lo abandonaron durante la primera veintena el siglo XX. Hay tres casos especiales que merecen ser negativamente señalados: en Europa, España no abandona definitivamente el sufragio censitario hasta 1977 con las primeras elecciones tras la muerte de Franco, aunque hubo un antecedente en el referéndum para la reforma política de 1976 y fuera de Europa y América, en Zimbabue en 1979 y Sudáfrica en 1994, estos dos últimos, países que habían practicado el “apartheid”.
El abandono del sufragio censitario en casi todos los países señalados solo benefició a los hombres. Las mujeres aún tuvieron que pelear el derecho al voto, en muchos casos durante unos cuantos decenios más.
Pero ¿qué era exactamente el sufragio censitario?
Una primera aproximación al concepto nos la da el diccionario panhispánico del español jurídico. La primera de sus acepciones, la más generalista dice textualmente: “Modalidad de sufragio restringido en la cual se reservaba el derecho a votar a aquellos ciudadanos que poseían ciertas condiciones de renta o patrimonio”. En principio, sirve para todos los sistemas autodenominados “democráticos” de corte liberal desde el siglo XVIII hasta las fechas señaladas anteriormente.
Es importante señalar el corte económico como base del sufragio censitario, aunque, como iremos viendo a lo largo de este texto no será el único criterio, dado que a partir del inicio del parlamentarismo moderno, en Inglaterra, primero, con la revolución inglesa de 1642, que limitó el poder del rey, la americana de independencia de las 13 colonias contra Inglaterra de 1776, después y, por último, la francesa de 1789, es la clase ascendente burguesa la que impondrá su dominación política y económica en el mundo occidental, instaurando sistemas parlamentarios basados en la representación política de la propiedad privada de esa misma burguesía, en el caso del Reino Unido, desde 1706, compartido con la nobleza y los religiosos (cámara de los lores), que no son elegidos sino ¡nombrados por el rey!
La izquierda nació burguesa. Su nombre nace de su ubicación en la Asamblea Nacional Constituyente francesa de quienes se oponían al poder del rey para vetar definitivamente una ley y, muy importante, defendía el derecho a la propiedad privada.
Lo más parecido a una posición antecesora de la idea realmente igualitaria (precomunista) dentro del magma social de la revolución francesa fueron los “enragés” de Jacques Roux, que apoyaban a los estratos de los “sans-culottes” (artesanos, obreros y campesinos pobres). Fue precisamente un miembro del ala izquierda (la Montaña) de aquella revolución, Robespierre, el encargado de liquidarles.
El socialismo científico, iniciado con Marx y Engels, no se definió como de “izquierda”, a pesar de que el término llevaba ya decenios circulando en Europa. Las pocas veces que Marx empleó el mismo fue para señalar su carácter burgués y a figuras del radicalismo republicano (Ledru-Rollin, Giuseppe Mazzini, Louis Blanc,…).
La pertenencia juvenil de Marx a la llamada “izquierda hegeliana” (“jóvenes hegelianos”), aunque nunca se identificó con el nombre, se saldó con su pronta salida del grupo. De ellos combatirá, junto con Engels, en “La ideología alemana”, su carácter idealista, de los que afirman que
“Pese a su fraseología supuestamente “revolucionaria”, los ideólogos neohegelianos son, en realidad, los perfectos conservadores. Los más jóvenes entre ellos han descubierto la expresión adecuada para designar su actividad cuando afirman que sólo luchan contra “frases”. Pero se olvidan de añadir que a estas frases por ellos combatidas no saben oponer más que otras frases y que, al combatir solamente las frases de este mundo, no combaten en modo alguno el mundo real existente”
Marx definió su pensamiento como materialismo histórico, al margen de las categorías burguesas izquierda -derecha. A ambos conceptos añadió Plejànov el concepto materialismo dialéctico como categoría del pensamiento dialéctica de Marx y Engels.
Lenin y los primeros años de la Komintern continuaron ajenos a dicho eje. Fue el cambio posterior hacia la política de frentes populares lo que encuadró, de hecho, a los PP.CC., en un giro táctico y oportunista, en la categoría izquierda. Tras la II GM se iniciaría su proceso de socialdemocratización y de parlamentarización burguesa.
Pero volvamos de nuevo a la base económica del voto censitario.
El concepto económico del voto censitario incluye condiciones para tener derecho al voto como poseer tierras u otros tipos de bienes. En algunos países este derecho alcanzaba a quienes pagaban altos impuestos, como prueba indirecta de riqueza.
A partir del criterio de riqueza económica para poder votar, a finales del siglo XVIII el ejercicio de derecho al voto en los países occidentales que habían adoptado el sistema parlamentario comprendía un porcentaje bajísimo de su ciudadanía que, evidentemente, dejaba al resto fuera de los derechos plenos de la misma.
Para la elección del primer presidente de EEUU (George Washington) en 1788-1789 estaban inscritos 377.431 personas mayores de 21 años con derecho al voto. Aunque el primer censo de población de las 13 ex colonias, desde 1783 ya independientes, que entonces conformaban el país, se realizó un año después, en 1790, arrojando la cifra de 3.929.214, podemos concluir que el derecho al voto en aquellas elecciones no superó el 10% del total de dicha población.
Según la Constitución francesa de 1791, aún con monarquía, pero constitucional (dos años antes de que Madame Guillotine acabase drásticamente con cualquier jaqueca que Luis XVI y María Antonieta pudieran tener), se establecía un proceso de elección mediante voto censitario de “ciudadanos activos” para la elección de los 745 diputados a la Asamblea Nacional. Dicha condición activa, junto con otros requisitos, exigía “ pagar, en cualquier lugar del Reino, una contribución directa al menos igual al valor de tres jornadas de trabajo y acreditarlo con recibo”. En principio, el impuesto no parecía demasiado elevado. Cualquier tabernero pobre de un “faubourg” como el de Saint-Antoine podría posiblemente pagarlo. De hecho, de los entre 26 y 28 millones de habitantes de la Francia metropolitana (quedaban excluidos los territorios de ultramar. El imperio es el imperio y el ciudadano es el ciudadano) 4.298.360 personas tuvieron, en aquella ocasión, derecho al voto, aproximadamente un 15% del total de la población.
Pero hecha la ley, hecha la trampa.
La inmensa mayoría de los 4.298.360 de ciudadanos con derecho al voto solo podían participar en el primer escalón electoral de elección de representantes en la Asamblea Nacional; es decir, su participación se limitaba a las “asambleas primarias en las ciudades y cantones”. Para entendernos, esas asambleas eran el equivalente a unas elecciones municipales y regionales.
Serían las asambleas primarias ya formadas las que designasen a los “electores en proporción al número de ciudadanos activos domiciliados en la ciudad o cantón. – Se nombrará un elector en razón de cada cien ciudadanos activos presentes o no en la Asamblea”.
Los electores nombrados en cada departamento tenían la tarea de “elegir el número de representantes cuya nominación se atribuirá a su departamento, y un número de suplentes igual a un tercio de los representantes”.
Quienes serían los representantes o diputados candidatos a la Asamblea Nacional francesa serían seleccionados por entre 43.000 y 45.000 ciudadanos “electores”, que debían cumplir las siguientes condiciones: En ciudades de más de 6.000 habitantes, “ser propietario o usufructuario de un bien evaluado atendiendo a los registros de contribución en una renta igual al valor local de doscientas jornadas de trabajo o ser arrendador de una habitación evaluada, por los mismos registros, en una renta igual al valor de ciento cincuenta jornadas de trabajo. En ciudades por debajo de 6.000 personas, “ser propietario o usufructuario de un bien evaluado atendiendo a los registros de contribución en una renta igual al valor local de ciento cincuenta jornadas de trabajo o ser arrendador de una habitación evaluada, por los mismos registros, en una renta igual al valor de cien jornadas de trabajo”. En el campo, “ser propietario o usufructuario de un bien evaluado atendiendo a los registros de contribución en una renta igual al valor local de ciento cincuenta jornadas de trabajo o ser arrendador o aparcero de bienes evaluados, según los mismos registros, al valor de cuatrocientas jornadas de trabajo”.
La jugada era perfecta. La alta burguesía, compuesta por las familias más ricas de Francia, el 1% del total de los ciudadanos con derecho a voto preseleccionó la composición del menú parlamentario francés en las elecciones de 1791. A las clases populares solo les quedó la opción de tragar con ello. No es de extrañar que la revolución pronto se radicalizase.
Gran Bretaña en el siglo XVIII es otro claro ejemplo de sistema de voto censitario. Tories (aristocracia, terratenientes y altos funcionarios de la monarquía) y Whigs (nobles celosos del poder del rey, grandes comerciantes y financieros) se repartían el parlamento.
En Inglaterra y Gales, según el censo de 1780, quienes tenían derecho al voto eran 214.000 personas, menos del 3% de su población total (8.000.000). En Escocia la cifra era realmente exigua (0,2% del total de la población), unas 4.100 personas (2.600 en los condados y 1.600 en los municipios), pertenecientes a los estratos más altos de la sociedad.
Para las elecciones de condado era necesario ser poseedor de tierras que generasen una renta anual de al menos 40 chelines al año. En el caso de Escocia el valor de los 40 chelines era una antigua valoración (“Old Extend”) que había permanecido inalterable desde principios del siglo XIII y que servía para establecer el sistema impositivo sobre grandes extensiones de tierras.
¿Quién ha dicho que los alemanes carecen de imaginación? No en el caso de los prusianos del siglo XIX, por mucho que algunos hayan pretendido demostrarlo.
En 1849 Prusia estableció un sistema de tres clases (“Dreiklassenwahlrecht”) sociales para la elección de sus representantes parlamentarios en el “Landtang”. La primera clase era la de los terratenientes y nobles, magnates de la industria y las finanzas (3-5% de la población); la segunda era la de la mediana y pequeña burguesías y los funcionarios públicos (12-14%); la tercera la clase trabajadora, artesanos y campesinos pobres (83%).
La justificación del sistema
de tres clases se estableció en base a la contribución impositiva
directa de cada ciudadano con derecho a voto.
La primera clase era la que más impuestos aportaba al Estado. La segunda un nivel intermedio de contribución y la tercera los impuestos más bajos, o bien ninguno, al estar exenta de ellos, dado sus bajos ingresos. Quienes, dentro de la tercera clase, recibían ayudas públicas no tenían derecho a voto.
El sistema era indirecto, ya que los miembros de cada clase elegían, por separado, de forma pública y a viva voz, a un tercio (33%) de los electores, que eran, finalmente, quienes elegían a los miembros del parlamento.
La sobrerrepresentación del voto de la primera clase (3-5% de la población total) era brutal frente a la infrarerpresentación absoluta de la tercera (83%). Pero también estaba sobrerrepresentada la segunda (12-14%), que durante gran parte de la segunda mitad del siglo XIX se alió con la primera.
El proceso de selección de los electores y la elección por estos de los diputados del parlamento estaba viciado, no solo porque el voto no era secreto sino también porque entre el público general que asistía a las votaciones de la tercera clase tenía derecho a estar cualquier ciudadano, incluidos los miembros de la primera y segunda clase, con las consiguientes capacidades de presión, chantaje y represión laboral sobre el miembro de la tercera clase que votase de modo contrario a los intereses de las otras dos clases. Lo mismo cabía decirse de la vigilancia del voto sobre la tercera clase de los funcionarios encargados de registrar el voto verbal de cada ciudadano.
Con el Estatuto Real (carta otorgada, que solo delega poderes absolutos de la Corona en órganos del Estado creados “ad hoc” y en la que la primera y última decisión legislativa corresponde a la figura real), bajo la Regencia de María Cristina, en 1834, España llegó antes que Prusia al sistema censitario y lo hizo con mayor descaro.
Se crearon dos cámaras: el Estamento de Próceres del Reino, imitando la Cámara de los Lores británica, y el Estamento de Procuradores, al estilo de la de los Comunes. La terminología empleada, “Estamento”, “Procuradores”, destilaba un rancio aroma predemocrático. Y, efectivamente, lo era.
El Estamento de Próceres del Reino ni siquiera fue votado. Sus miembros, aristócratas, altos cargos de la iglesia católica, alta burocracia y principales contribuyentes, fueron elegidos por la Corona o pertenecieron al órgano por derecho propio, algo así como “porque yo lo valgo”.
El Estamento de Procuradores se eligió mediante sistema indirecto (votación de los candidatos a procuradores por los electores previamente elegidos) y sistema censitario formado por:
Propietarios de predios rústicos o urbanos que les rentasen 6.000 reales al año; o colonos, que pagasen 6.000 reales anuales por arrendamiento; o propietarios, dedicados a cultivar sus tierras, cuyo producto anual fuese de 3.000 reales. Si el elector fuese propietario de predios rústicos o urbanos, que estuviesen en distintos pueblos o provincias, se sumarían las rentas de todos ellos para determinar su derecho al voto. Igualmente se haría con un colono que tuviese en arrendamiento varias tierras. También se seguiría dicho criterio para propietarios de una o varias fincas.
Comerciantes que pagasen 400 reales de contribución por subsidio de comercio en Madrid, Barcelona, Sevilla o Cádiz; 300 reales en las demás capitales de provincia o en los puertos habilitados para el comercio extranjero, y 200 reales en cualquier otro pueblo de la Monarquía.
Fabricantes que pagasen 6.000 reales por el arrendamiento de sus fábricas o que, siendo propias, justificasen que les producirían 3.000 reales de renta anual si las tuviesen arrendadas.
Empleados de nombramiento Real en cualquier pueblo del partido y que tuviesen un sueldo anual de 6.000 reales.
Abogados con estudio abierto, incorporados en cualquiera de los Colegios. Relatores y escribanos de Cámara. Catedráticos y profesores de ciencias con nombramiento Real. Directores, censores y secretarios de las Sociedades Económicas de Amigos del País. Directores, censores y secretarios de las Academias Reales. Vocales de las Reales Academias de Medicina y Cirugía.
Cabe señalarse que tampoco el sector intelectual estaba exento de la condición económica ya que para ser Procurador del Reino era requisito “estar en posesión de una renta anual de doce mil reales”
El censo de electores ascendía a unas 16.000 personas, un 0,13% de una población total de 12.000.000 de habitantes. Según señala el historiador Eduardo Montagut eran “los que disfrutaban de las más altas rentas y capacidades (es decir, los “capaces” de entender el sistema político: magistrados, catedráticos, abogados, médicos, comerciantes y empresarios)”.
El sistema censitario español basado en criterios económicos, ya bajo la fórmula directa desde 1837, tanto con gobiernos moderados como progresistas llega, en una primera etapa, hasta 1868. La breve I República española consagró el sufragio universal para, años después de su caída, volverse, en el período de la Restauración (1877-1890), de nuevo a aquél. La oligarquía le había cogido el gusto a este sistema y las clases obrera y campesinado pobre aún no tenían la fuerza necesaria para conquistar el sufragio universal.
Unido al voto censitario de tipo económico se hallaba el del nivel educativo (voto capacitario). Durante el período de los años 30 hasta casi el de los 50 del siglo XIX tener instrucción educativa era un requisito que acompañaba, casi siempre, al nivel de renta en los sistemas de voto censitario.
François Guizot, líder de los liberales doctrinarios franceses, ministro de exteriores de Francia entre 1840-1848 y presidente del consejo de ministros hasta la abdicación de Luis Felipe de Orleans, que reina de 1830 a 1848, es quizá uno de los principales teóricos del voto capacitario.
Guizot sostiene que la burguesía es la clase social capaz de sustentar la “soberanía de la razón”. Ésta solo era posible mediante una mediación equilibrada entre la reacción de la vieja aristocracia y las ansias igualitarias de unas clases subalternas tendentes al desorden por su ignorancia del “bien común”, término muy querido por la progresía de clase media actual en descomposición.
Un proletariado en ascenso, carente de la educación mínima necesaria no debía, para Guizot, acceder al sufragio universal.
Debemos reconocer y apreciar, sin embargo, que fuese él quien introdujo el concepto de lucha de clases, en su caso frente al viejo orden estamental y a favor de la burguesía, concepto que Marx asumirá como motor de la historia, a lo largo de las distintas formaciones sociales previa al capitalismo y en este último como lucha entre burguesía y proletariado.
“La Europa moderna nació de la lucha de las diversas clases de la sociedad... Ninguna de las clases fue capaz de superar o subyugar a las demás... de esto surgió quizás el principio más enérgico y fructífero del desarrollo de la civilización europea”.
(Guizot, François. “Historia general de la civilización en Europa”).
Seguramente habrán notado ustedes en la cita el énfasis de Guizot en la idea de equilibrio, el mantenimiento del orden; es la propia de un conservador liberal, de una clase que establecida y asentada en el poder, rechaza cualquier riesgo revolucionario. Nótese también la diferencia de perspectiva de Marx y Engels en el último párrafo del extracto que a continuación se presenta del “Manifiesto comunista”.
“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases.
Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.
En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad dividida casi por doquier en una serie de estamentos , dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones. En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones.
(...)
Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado”.
(Marx, Karl y Engels, Friedrich, “Manifiesto del partido comunista”)
En el Reino Unido el binomio del voto censitario económico y capacitario se mantuvo durante todo el siglo XIX hasta 1918. Esta combinación era un doble cerrojo para impedir el acceso de la clase trabajadora al sufragio o, al menos, pautar su acceso, dificultando, de este modo, el triunfo electoral de sus partidos.
En América latina países como Ecuador, Colombia, Guatemala, Perú, Bolivia, Chile, República Dominicana o Argentina alternaron de forma variable a lo largo del siglo XIX, una vez alcanzadas sus independencias y entrados en sus procesos constituyentes, distintas situaciones en relación al voto capacitario que excluía a los analfabetos.
En unos períodos las limitaciones capacitarias iban unidas al voto censitario de tipo económico (aproximadamente entre 1840 y 1870), básicamente poseer algún tipo de propiedad (hasta 1870, cuando se agregan condiciones como pago de impuestos, ingresos y profesión). En otros, la eliminación de la exigencia de saber leer y escribir, con la excepción de República Dominicana en 1874 y de Argentina, que la abandono, en la práctica en 1853 y legalmente en 1912, no llegó hasta muy avanzado el siglo XX (Venezuela en 1946, Guatemala 1945, Bolivia en 1952, Honduras en 1957, Méjico en 1970, Perú y Ecuador en 1979, en 1985 en Brasil, etc.).
Estas restricciones tuvieron por objeto impedir el acceso de campesinos, trabajadores, población de muy bajos ingresos y, muy específicamente de población originaria, muy importante en países como Bolivia, Guatemala, Perú o Ecuador, y afrodescendiente, con un gran peso en Brasil y República Dominicana. Se blindaba así el poder político de las élites económicas y profesionales de origen español o portugués (Brasil). De este modo, se aseguró durante el siglo XIX que con la combinación de sufragio censitario económico y capacitario rara vez se superase el umbral del 4% del voto sobre la población total y que solo con el capacitario durante el siglo XX no se superase el 20%. No solo se limitaba el voto por clase social sino que se introducía la barrera étnica.
Aunque el caso se refiere a EEUU, el discurso del senador por Carolina del Sur, Benjamin R. Tillman, del 23 de Marzo de 1900, ilustra sobre la eficacia del sufragio censitario capacitario para crear, mediante este sistema, un voto étnico
“Quiero plantearle al Senador [se refiere al senador por Winsconsin John Coit Spooner] esta proposición en aritmética: En mi Estado, había 135.000 votantes negros, o negros en edad de votar, y unos 90.000 o 95.000 votantes blancos. El general Canby estableció un gobierno de oportunistas allí y entregó nuestro Estado a esta mayoría. Ahora, quiero preguntarle, con una votación libre y un recuento justo, ¿cómo va a vencer a 135.000 contra 95.000? ¿Cómo va a hacerlo?
(…)
No privamos del derecho al voto a los negros hasta 1895. Entonces convocamos una convención constitucional que abordó el asunto con calma, deliberación y abiertamente con el propósito de privar del derecho al voto a tantos como fuera posible, amparándonos en las Enmiendas Decimocuarta y Decimoquinta. Adoptamos la cualificación educativa como el único medio que nos quedaba”.
Nótese que, hasta aquí, las diferentes formas de sufragio censitario mencionadas, solo se han refirido al masculino. El derecho de voto de las mujeres tendría que esperar aún decenios después de logrado el universal masculino, con la excepción de Nueva Zelanda en 1893, hasta entrado el siglo XX. Australia del Sur lo logra en en 1902, Finlandia, como parte del imperio ruso, en 1907, Rusia en 1917, en 1920 las mujeres blancas en EEUU, en la mayoría de los países europeos entre 1918 y 1920, en España en 1931 y se pierde, tras la guerra civil, hasta 1976, Suiza y Portugal en 1971. Entre 1929 (Ecuador) y 1961 (Paraguay y Brasil) hay un largo camino para las mujeres latinoamericanas.
Respecto al sufragio femenino solo nos estamos refiriendo a los países occidentales porque en el mundo musulmán Arabia Saudí (2015), Omán (2003) o Kuwait (2003) aún debieron esperar a este siglo XXI.
Es significativo que durante los períodos históricos del voto censitario se negase el derecho del voto a ese 50% de la población y en la gran mayoría de los casos también durante una parte del período del sufragio universal, mientras fue solo masculino.
Cabe preguntarse en qué medida esta restricción no era, al menos en parte, una forma de reforzar la subordinación de la mujer al dominio capitalista, puesto que la mayoría de ellas, trabajasen fuera de casa o no, pertenecían a familias de la clase trabajadora.
La situación más descarnada en cuanto a derechos políticos de las mujeres se da en Afganistán, en el que no existen. El derecho al voto femenino existió en este país entre 1919 y 1929 con la monarquía modernizadora de Amanulá Khan, fue revocado en ese año y recuperado de 1964 hasta 1973 durante la monarquía de Muhammad Zahir Sha, afianzado desde 1978 hasta 1992 durante el período de la República Democrática de Afganistán, en la que el avance de la mujer en términos políticos, económicos y sociales fue el mayor de toda su historia, bajo un sistema de inspiración socialista. Tras su caída a manos de los talibanes, las mujeres afganas perdieron todos sus derechos, incluidos los políticos, recuperaron solo parte de los mismos, durante el período del Gobierno Transicional, tras la guerra civil que desalojó a los talibanes y han perdido todos ellos tras su vuelta de nuevo al poder.
En cualquier caso los derechos de las mujeres afganas solo se ejercieron a lo largo del siglo XX en las grandes ciudades, ya que el mundo rural ha sido campo de influencia del atraso ideológico que ha representado en ese país el islamismo.
Cierto “feminismo” intersectorial, decolonial y autodenominado “anticapitalista” haría bien en revisar sus posiciones respecto al mundo islámico más fundamentalista, como mínimo ante la situación de la mujer en países que sufren su yugo (Arabia Saudí, Irán,...) y preguntarse qué tiene de feminista y anticapitalista su comprensión y respeto hacia esa versión más extrema del islamismo. Desgraciadamente el partido Tudeh (comunista) iraní hubo de comprobar terriblemente en sus carnes que el enemigo (fundamentalistas islámicos de Jomeini) de su enemigo (dinastía Pahlavi) no era precisamente su amigo, como también lo han comprobado dramáticamente las mujeres iraníes (“Mujer, vida, libertad”) y la gran mayoría de la sociedad. No parece necesario llegar al ejemplo de la monstruosidad afgana para tener las cosas claras al respecto.
2.-INVOLUCIÓN REACCIONARIA HACIA EL SUFRAGIO CENSITARIO
Puede que alguno de los lectores de este artículo se vean sorprendidos por la absoluta falta de imaginación y novedad ideológica de los reaccionarios. En realidad, lo de esta gente es la parquedad intelectual y mental. Son memes de sí mismos.
En un siglo XXI que recicla perpetuamente ideas de siglos pasados, bajo formatos y difusores digitales, elitistas y reaccionarios son los reyes. Parecen repetir la vieja frase “Lejos de nosotros la funesta manía de pensar”, sobre todo si otros partidarios del dominio de las élites ya lo hicieron mucho antes que ellos de manera preventiva. Economía del razonamiento.
Pero la estupidez de los mensajes de la extrema derecha no debe llevarnos a la conclusión de la inutilidad de los mismos. Si el ministro de propaganda del III Reich, Joseph Goebbels, afirmó que, para que aquella fuese eficaz y popular, debía adaptar “su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida”, hoy el perenne “scroll”, realizado en las redes sociales por ese mismo individuo, le convierte en una ameba sin capacidad de razonamiento crítico que deglute ávidamente la basura, apenas ha sido reciclada, sin preguntarse siquiera de dónde viene y a qué intereses sirve, y la reenvía en fracciones de segundo, expandiendo así el mefítico mensaje a otros seres tan imbéciles como él. Que previamente su difusión haya sido haya sido escoltada y republicada por bots es irrelevante para dicho individuo, ya que su incapacidad intelectual le impide identificarlos.
Para quienes son sospechosos y peligrosos la labor intelectual, el pensamiento y la búsqueda de quiebra del eterno retorno (Mircea Eliade) de la historia, nada es más seguro y perenne que la tradición antimoderna que sostiene el neodarwinismo social.
Abordaremos en este apartado la involución política que promueven quienes defienden la vuelta al sufragio censitario, en sus diversas formas, ninguna de ellas original o nueva, y que participan de la idea desigualitaria para defender de forma legal lo que ellos mismos debieran considerar ilegítimo de origen, porque niega el propio orden jurídico capitalista de la burguesía, sistema que apoyan, justificado en dos preceptos clave: la libertad y la igualdad.
Para la la burguesía la libertad es, ante todo, de empresa y la igualdad es de derechos pero no “de facto”, pero no puede rechazarlas “de iure” porque ello desmontaría el consenso social y político que, con tanto esfuerzo y derramamiento de sangre ajena, ha ido construyendo a lo largo de los siglos.
El derecho al sufragio universal masculino y femenino integra una parte de las libertades políticas (el derecho del conjunto de la ciudadanía a ser elegida, sufragio pasivo, y a elegir, sufragio activo) y otra parte de la igualdad jurídica (igualdad de trato ante la ley). Privar a una parte de la ciudadanía de dicha universalidad convierte al derecho burgués actual en arbitrario, por mucha forma legal que se le pudiera dar “a posteriori”. Incluso, si el derecho al sufragio universal fuese revocado a través de un referéndum, se estarían violando flagrantemente los derechos de la minoría opuesta a su aprobación, al no permitírsele representar y ser representada, tanto como los derechos de las generaciones futuras.
Dicho de otro modo, al fascismo ya no le sirve el sistema de representación burgués y a la actual etapa senil del capitalismo, caracterizada por su hiperconcentración, tampoco. Entraremos en los motivos hacia el final de este texto.
2.1.-EL VETO EPISTOCRÁTICO
En 2003 el profesor de la Universidad de Brown David M. Eslund publicó el texto “Why not epitsocracy?” (¿Por qué no la epistocracia?) Le cabe el honor de haber introducido el término en la “ciencia” política, el derecho, la sociología, la filosofía y, quizá, la psicología políticas. Tardaría aún cinco años (2008) en pulir y desarrollar el concepto “epistocracia” (gobierno de los que conocen). Lo hizo en “Democratic Authority. A Philosophical Framework” (“Autoridad democrática. Un marco filosófico”).
Estlund es un decidido partidario del sufragio universal sin restricciones, desde una perspectiva liberal, garantista de las libertades personales y políticas y la igualdad de derechos de la ciudadanía.
El problema teórico de Estlund es que, adopta una equidistancia -“procedimentalismo epistémico”, que no debe confundirse con la epistocracia-, para su defensa del sufragio universal, tanto de las teorías instrumentalistas, para las que “la democracia se justifica por su capacidad para producir buenos resultados (incrementar el bienestar social, reducir la inestabilidad civil o proteger las libertades de los ciudadanos)” como de las procedimentalistas, para las que la democracia se justifica por el conjunto de derechos políticos para la ciudadanía (sufragio, manifestación, asociación y de reunión, libertades de opinión y expresión, de igualdad ante la ley y debido proceso ambas últimas un sarcasmo en la práctica jurídica española,…) deja una espita abierta por la que puede entrar el virus epistocrático.
Estlund, aunque acepta la superioridad de la democracia sustentada en argumentos procedimentales cree, sin embargo que, para atribuir legitimidad política a un sistema, los resultados son muy importantes, lo que le hace ponderar el factor de la eficacia. Aquí es donde entra su concepto de “procedimentalismo epistémico”, por ejemplo, que el proceso sea transparente o participativo, al igual que de una democracia política suele esperarse que corrija las grandes desigualdades económicas.
Lo que Estlund no logra evitar es que, establecida la importancia de la eficacia en la legitimación del sistema político, aceche de fondo la sombra de una figura autoritaria, si aporta mayor eficacia.
Dicho autoritarismo no tiene porqué ser dictatorial pero sí compromete seriamente el principio de igualdad al considerar la importancia de las opiniones. Es ahí donde introduce la figura del experto, controvertida donde las haya. El problema de los expertos en política es múltiple, no solo porque su condición de tales es siempre discutible, lo que afecta a la reputación de su cualificación sino porque, a menudo discrepan en sus conclusiones y frecuentemente yerran en sus pronósticos y, sobre todo, porque ser experto no legitima su superioridad en cuanto a la toma de decisiones, sobre todo cuando éstas pueden ser lesivas para los intereses de las mayorías.
Por otro lado, presuponer neutralidad ideológica de esos presuntos expertos, dentro de una democracia liberal de una sociedad capitalista, es lo mismo que creer en el misterio de la santísima trinidad.
Aunque Estlund rechaza el rol de los expertos como gobernantes, ya que en sus propias palabras “que tú sepas mejor que el resto de nosotros qué se debe hacer, no se sigue de ninguna manera que debas mandar, o que alguien tenga la obligación de obedecerte”, y apuesta por la participación ciudadana en una democracia deliberativa porque considera que la discusión pública abierta tiende a producir buenas decisiones políticas, lo cierto es que ha introducido en su reflexión la figura del experto y ello es particularmente peligroso en tiempos de involución política en términos de desigualdad en la calidad del voto y en la supuesta preeminencia de un saber cualificado, que se sesga a favor de unas pretendidas élites culturales, tras las que suele encontrarse, a menudo con muy poco disimulo, el intento de legitimar el poder de la clase dominante. Ello de forma no muy distinta a como se hacía en los siglos XVIII y XIX.
Los epistócratas, dentro de los que destaca el profesor de la Escuela de Negocios McDonough de Georgetown Jason Brennan (“Against Democracy”, “Contra la democracia”), sostienen que el valor de la democracia debe ser analizado de forma puramente instrumental en cuanto a su eficacia; en palabras de Brennan “el valor de la democracia es puramente instrumental; la única razón para elegir la democracia sobre cualquier otro sistema es que es más eficaz para producir resultados políticos justos […]. La democracia no es más que un martillo, y si encontramos un sistema mejor, deberíamos adoptarlo” ¡Un martillo! Me pregunto si Brennan estará pensando solo en el uso tradicional del martillo o en otros “alternativos”.
Por si alguien alberga dudas
sobre lo que piensa Brennan en relación con el sufragio universal,
él mismo se encarga de aclarárselas en su libro: “El
mantra ‘¡Vaya a votar! ¡Cada voto cuenta!’ es peligroso. La
mayoría de los ciudadanos no nos hacen ningún favor al votar.
Pedirles a todos que voten, es como pedirles a todos que nos tiren
basura”.
Brennan distingue tres tipos de votantes: los “hooligans”, a los que considera votantes irracionales y devotos incondicionales y acríticos de los líderes de sus partidos, justifican cualquier decisión de su organización, incluso si es negativa, y odian con la misma intensidad a los votantes de otros partidos, a los que desean todo tipo de males; el segundo grupo son los “hobbits” (por la novela para frikis “El señor de los anillos”), que son ignorantes y pasivos, indolentes ante los problemas de cualquier tipo que no les afecte, suelen ser abstencionistas y, si votan, siempre sin argumentos propios, lo hacen solo movidos por sus intereses particulares, al margen de los colectivos; y, por fin, los “vulcanianos” (por “Star Trek”), que son racionales, están informados y tienen formación, son reflexivos y deciden su voto sin dejarse guiar por ningún apasionamiento de partido o líder. Aquí se ve muy bien hasta donde alcanza la cultura taxonómica de Brennan.
La clave de la cuestión que le lleva a defender un sistema de sufragio restringido es que, en su opinión, hooligans y hobbits son la gran mayoría de los votantes y los vulcanianos una pequeña minoría por lo que, al imponerse las dos primeras categorías, el instrumento democrático falla y se producen resultados injustos y malos en la elección de los gobernantes.
Una primera objeción a esta afirmación está en el sesgo ideológico de Brennan. El autor de “Contra la democracia” es libertariano, anarcocapitalista para entendernos. A partir de aquí cabe preguntarse qué entiende por “resultados justos”...o injustos en la elección de los gobernantes. No se trata de hablar en términos teóricos, como hace él al defender un sistema epistocrático, sino de evaluar políticas de gobierno, y esto sin salirnos del marco de un sistema capitalista, radicalmente desigualitario e injusto, salvo que consideremos que igualdad de derechos es lo mismo que igualdad real o nos creamos el mito meritocrático.
Tomemos simplemente dos experiencias de gobierno reales, los tres períodos de gobierno (el último trágicamente finalizado) de Olof Palme (socialdemocracia de izquierda) y el de Milei (libertariano). Nada más que añadir en cuanto a “resultados justos”. En cualquier caso, hubiera sido honesta una declaración de intenciones en el prólogo de libro por parte de su autor para conocer desde qué presupuestos ideológicos ataca al sufragio universal.
Por otro lado, las tres tipologías de votantes tienen más de tipos ideales puros, en el sentido weberiano del término, que de realidad. Es el propio Weber quien afirma que su concepto de tipo ideal es una construcción mental que “no puede ser encontrada empíricamente en la realidad”. Todos conocemos a personas formadas e informadas (“vulcanianas”) que, sin embargo, mantienen posturas irracionales y cerradamente seguidistas y acríticas hacia sus partidos y líderes y posturas de rechazo viscerales frente a opciones opuestas (“hooligans”). Los seres humanos no somos enteramente racionales ni completamente irrazonables. Por en medio hay multitud de matices. No todo se explica desde los ejes conocimiento/formación vs. ignorancia/incultura o razón vs. irracionalidad. Hay personas absolutamente sensatas en determinados órdenes de la vida y completamente insensatas en otros.
En cuanto a los que Brennan define como los “hobbits”, abstencionistas y pasivos que, cuando votan, lo hacen movidos por sus intereses particulares, y no por los generales es harto discutible ¿Quién ha dicho que votar ocasionalmente sea siempre la evidencia de un voto por intereses particulares y no para la mayoría de la población? Muchas veces las personas no votantes habituales optan, finalmente, por votar en un sentido pragmático, para evitar la amenaza del triunfo electoral de males mayores, sin que por ello se identifiquen con la opción votada o porque ha aparecido una cercana a sus posturas. Incluso el propio concepto de abstencionista debe ponerse en tela de juicio ante el hecho de que los niveles de participación son diferentes en unas elecciones municipales que en unas de estructuras intermedias del Estado (autonomías, departamentales o de Estados federados) de unas nacionales.
Brennan no aclara cuáles son los criterios para definir los tipos de conocimiento y de información que hacen de un ciudadano una persona capacitada para poder votar de forma consciente ¿Es la economía o la mal llamada ciencia política? ¿Historia o política comparada? ¿Conocimientos de derecho político o de sistema tributario? ¿Sistemas formales, burocracia y ciencia de la administración o filosofía política ¿La Constitución del país o los programas políticos? Si conocer el programa político de cada partido es condición indispensable para votar conscientemente, ¿con qué herramientas conceptuales debo evaluarlo? Y votar de forma consciente, ¿supone hacerlo a partidos moderados y excluir propuestas consideradas radicales desde la moderación? Si lo pensamos un poco hay, en su planteamiento un tufillo elitista notable, ya que acabaría reduciendo la participación en el sufragio a una especie de supervulcanianos y al gobernante, en el mejor de los casos, en un trasunto de fiósofo-rey neoplatónico y en peor, en una especie de tirano (no confundir con dictador) con una única preocupación por representar los intereses de la minoría que lo ha elegido y un profundo desprecio hacia aquellos que carecen del derecho a elegirle o revocarle; desprecio que acabaría por eliminar las garantías de derechos constitucionales y del resto de libertades políticas de los excluidos, ya que, al negar su derecho a representar y ser representados, su respeto dependería de la voluntad política del gobernante y de la minoría que le apoya y, de no ser así, impediría, si no es por la vía revolucionaria, defenderlos.
En cuanto a la preparación y capacitación del gobernante en base a una sólida formación e instrucción no existe evidencia empírica alguna de que ello sea garantía de eficacia, aunque sí puede serlo de elitismo.
Aunque Jimmy Carter era un hombre ilustrado, su gestión de la crisis de los rehenes estadounidenses en la embajada en Teherán y en política interna demostró una notable incapacidad de gestión política. Lo mismo cabe decir de presidentes como John F. Kennedy o Lindon B. Johnson, que aplicaron meros cálculos matemáticos sobre cuántos norvietnamitas necesitaban matar para hacer que el régimen corrupto y títere del imperialismo, primero francés y luego estadounidense, de Vietnam del sur pudiera vencer en lo que, más allá de la inteligencia política del partido comunista de Vietnam, era una lucha de liberación nacional de todo un pueblo.
Por contra, dirigentes limitadamente ilustrados han demostrado, en ocasiones, ser muy eficaces en su práctica del gobierno. Es el caso de Abraham Lincoln, en gran medida autodidacta, cuyo éxito en la guerra civil y el fin de la esclavitud en EEUU resulta incontestable. Lo mismo cabe decirse de Evo Morales, sindicalista y ex presidente de Bolivia, que en sus 13 años de gobierno logró mejoras importantes para indígenas, campesinos pobres y trabajadores. Apenas fue a la escuela, al igual que el ex sindicalista Luiz Ignacio Lula da Silva y Presidente de Brasil que, a pesar de ejercer un gobierno socioliberal, sacó de la pobreza a millones de ciudadanos negros y trabajadores de bajos ingresos. Apenas fue a la escuela. Y estos son ejemplos de gobernantes que en ningún momento se plantearon acabar con el capitalismo en sus países.
A pesar de que el desarrollo educativa de un dirigente político ayuda al desempeño de la gobernanza, no es determinante. La experiencia en la actividad previa, junto con otras cualidades sí puede serlo.
No es raro que un mandatario con elevado nivel formativo se encierre y enroque, de forma rígida en una visión puramente teórica de cómo debe ejercer el buen gobierno, alejándose de los condicionantes de la práctica política.
Tampoco es extraño que dirigentes, experimentados en las luchas sociales y políticas apegadas al terreno, hayan adquirido unas habilidades y capacidades para dirigir el gobierno, con una perspectiva mucho más abierta de las dificultades y posibilidades de la acción política, a pesar de sus limitaciones intelectuales.
Brennan busca su ideal de gobernante en la idea del filósofo-rey que Platón expuso en “La República”. La idea que tenía el ateniense sobre la relación de dicha figura con los gobernados la expone con claridad en el siguiente párrafo de su obra cumbre:
“De todos los principios, el más importante es que nadie, ya sea hombre o mujer, debe carecer de un jefe. Tampoco ha de acostumbrarse el espíritu de nadie a permitirse obrar siguiendo su propia iniciativa, ya sea en el trabajo o en el placer. Lejos de ello, así en la guerra como en la paz, todo ciudadano habrá de fijar la vista en su jefe, siguiéndolo fielmente, y aun en los asuntos más triviales deberá mantenerse bajo su mando… En una palabra: deberá enseñarle a su alma, por medio del hábito largamente practicado, a no soñar nunca actuar con independencia, y a tornarse totalmente incapaz de ello”.
Seguramente a más de uno de ustedes se les ocurrirán algunos ejemplos prácticos de liderazgos en los que esto ocurrió en la historia y las consecuencias que esas formas de sometimiento acabaron teniendo para los gobernados, tanto para quienes lo hicieron convencidos como para quienes lo rechazaron. Cualquier forma de gobierno que no implique la más amplia forma de deliberación y participación degenerará en otra cosa que la oligarquía, la tiranía, en los casos en las que ésta ha sido elegida, o la más clara dictadura. De ello no se sigue que la democracia formal basada en el sufragio universal no pueda también degenerar en las mismas o similares formas, cuando los enemigos de las clases económicamente dominadas perciban la necesidad de restringir o eliminar su participación para impulsar su proyecto de dominación absoluta y completa del capital.
Debemos, por tanto, tomarnos muy en serio a Brennan cuando condena la “tiranía de la mayoría” que, según él, elige de modo desinformado e irracional a los gobernantes, porque sus propuestas de sustitución son mucho peores.
Brennan expone seis posibilidades de epistocracia para, finalmente, proponer una:
Restringir el derecho a votar solo a los ciudadanos que hayan aprobado un examen obligatorio básico de conocimientos sobre datos políticos. Aquí el cirujano Brennan hace una auténtica amputación translumbar sin miramientos, cortando sin escrúpulo democrático alguno, y dejando el cuerpo electoral reducido a la mínima expresión.
Selección al azar (por sorteo o insaculación) de los votantes, que recuerda al modo en el que eran elegidos los miembros de la asamblea ateniense (bulé). Pero los seleccionados no son todos sino una muestra restringida del universo de población. Los seleccionados, que son los únicos con derecho a voto, deben asistir a unos cursos de formación política. Si en la anterior idea, el cirujano Brennan seccionaba electores sin contemplaciones, en este caso hace una matanza general, reduciendo el número de votantes a cifras similares a los inicios del sufragio en el siglo XVIII. Eso sin contar con quienes desistirían de votar para no tomarse el esfuerzo de asistir a los talleres formativos, a pesar de que se remunerase la asistencia, cuantía que Brennan no determina pero que considera que podría ser similar a las dietas de los jurados en un juicio. La formación en que se les instruirá pueden imaginarse ustedes que será de apariencia técnica y fondo ideológico oligárquico.
Voto ponderado, según el cual todos los ciudadanos pueden votar pero unos votos, los de quienes pasen un examen capacitario en política, valen más que otros. El señor Brennan aplica solo la primera parte de la frase “un ciudadano, un voto”; en ningún caso el mismo valor de cada voto. Quizá le inspiró la frase de, de“Animal farm”, de Orwell, “Todos los animales son iguales pero algunos animales son más iguales que otros”. Una idea que recuerda a la que se aplicó en el Reino Unido hasta 1948, donde los estudiantes y profesores universitarios tenían el derecho a votar dos veces (plural voting”), una por su circunscripción universitaria y otra por el distrito en el que residían y también al sistema electoral prusiano de las tres clases, del que hemos hablado.
Voto solo de valores: el procedimiento se desarrolla en dos etapas. La primera fase permite el sufragio universal...sobre algo tan abstracto y controvertido como los valores. Pero, aquí viene la segunda etapa: como es necesario ser operativos para dicha votación, determinar qué son valores y qué no lo son y evitar que la lista se alargue en exceso, además de lograr un consenso ciudadano de cuáles entran o se excluyen de la lista de valores a votar, lo que diferiría el propio sufragio “sine die”, un grupo de expertos (¿en qué materias, de qué orientación ideológica?) se encargarían de precocinar la lista de valores a votar y, tras el sufragio universal, determinarían su viabilidad y las políticas más idóneas para llevarlas a cabo ¡Fantástico! Todo muy neutral ideológicamente, de principio a fin. Yo me lo guiso, yo me lo como. Y si se hubieran saltado el sufragio universal de los convidados de piedra, se habrían ahorrado un dinerito. Al menos en los debates públicos en tv los candidatos deben dar la cara antes de votar sobre cómo llevarían a cabo sus programas, aunque mientan. Al fin y al cabo, en esta propuesta de Brennan se miente aún más porque no se explica previamente a la votación la relación entre fines y medios, y probablemente después de ella tampoco.
Tecnocracia con poder de veto, que permite el sufragio universal pero anula la voluntad popular del mismo y su soberanía, representada en el parlamento, al vetarse decisiones y leyes aprobadas que considera negativas o técnicamente incorrectas. Esta forma epistocrática rompe la posibilidad de compromiso entre representantes y representados, anulando la práctica programática de los primeros, desalentando el ejercicio del voto por su inutilidad y, dada la orientación clasista de la epistocracia, dando un cerrojazo a políticas redistributivas, orientadas a la mejora de las condiciones de vida de las clases dominadas. Es cierto que podría decirse lo mismo de un órgano como el Tribunal Constitucional pero al menos éste ha de justificar sus decisiones en base a su interpretación de la Constitución.
Gobierno por oráculo simulado (el preferido por Brennan). Es un simulacro de participación democrática, no muy distinto del anterior, cuyo lema podría ser “tu vota, que nosotros haremos con tu voto lo que nos apetezca”. Veamos cómo lo describe el propio Brennan:
“Existe una versión más técnica, no tan ofensiva, aunque más difícil de aplicar. Yo la denomino “gobierno por oráculo simulado” y funciona permitiendo que todo el mundo vote, incluidos niños y personas con deficiencia mental. Eso sí, cuando voten han de hacer tres cosas. Primero, decir quiénes son, aportando información sobre demografía, ingresos, lugar de residencia, religión y otra serie de datos que puedan afectar a su conducta a la hora de votar. Esto aportaría un primer conjunto de datos.
En segundo lugar, deberían responder un cuestionario de conocimientos políticos básicos; hechos sencillos fácilmente verificables, tales como: cuál es el nivel de paro, el crecimiento del PIB de los últimos años, si pueden recordar algunas leyes que hayan sido aprobadas por el Congreso recientemente, qué partidos controlan qué partes de un gobierno o si pueden identificar a sus representantes. Con esta serie de respuestas, uno ya puede hacerse una idea de lo que esa persona conoce políticamente.
En tercer lugar, se les preguntaría acerca de lo que quieren. De esta manera, sabemos quiénes son, qué saben y qué quieren. Con estos tres grupos de información, se puede simular estadísticamente lo que una población demográficamente idéntica y completamente informada habría apoyado o votado. Es como si sacases una varita mágica y transformases un público relativamente ignorante en uno absolutamente informado”-
No es necesario esforzarse mucho pata comprender que Brennan ha jugado, como torpe trilero, para presentarnos seis cubiletes y sacar finalmente la bolita del “oráculo simulado” ¡Qué gran descubrimiento!
Lo que no cuenta Mr. Brennan es que los resultados estadísticos de su simulación posterior constituirían las medidas políticas aprobadas posteriormente, del mismo mismo modo en que oculta el modo en que esa “simulación estadística” llega a las conclusiones sobre lo que habría votado una población “ completamente informada” ¿Cómo se justifica, con qué algoritmos funciona y qué presupuestos ideológicos hay detrás de esa “simulación estadística”? Pueden ustedes suponerla.
No es de extrañar que le parezca bien que vote todo el mundo, sin restricción alguna, una vez que ya ha sacado la conclusión de que las clases subalternas son ignorantes y no saben lo que votan, razón por la que gente como Brennan aplicaría la solución de los que saben.
Le hemos dedicado mucho tiempo a Brennan y su epistocracia. Creo que esta justificado porque es el partidario más potente de la vuelta a un censitarismo de clase.
2.2.- QUITAR EL VOTO A LAS MUJERES
“Household voting”, o voto por hogar en castellano, es el nuevo reclamo fascista para quitar de en medio al 50% de la población, las mujeres, como sujetos de derecho al voto activo (sufragio) e implícitamente también pasivo (derecho de representación).
Como tantas veces las modas, la mierda fascista actual proviene la mayoría de las veces de EEUU.
Hace apenas 100 años en las mujeres empezaron a conquistar el voto en la mayoría de los países europeos, en EEUU más tarde para las mujeres negras (1965), en España hace tan solo 50 años, tras la dictadura fascista que acabó con las libertades y el voto femenino de la II República. Con anterioridad lo habían logrado en la mayor parte de América latina. En Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Bahréin tuvieron que esperar al siglo XXI . En Afganistán lo perdieron tras el acceso al poder talibán.
Ahora, una nueva generación de talibanes, estos evangélicos, neorreaccionarios, sectores del anarcocapitalismo y otras variantes del nuevo chancro fascista abogan por la supresión del voto femenino mediante la abolición de la 19ª Enmienda de la Constitución que estableció en 1920 la no restricción del derecho al voto por motivos de sexo. El lema de la campaña contraria al sufragio femenino se llama “Repeal the 19th” (revocar la 19ª enmienda).
Su esquema ideológico no destaca por su sutileza. Recuerden el principio de la propaganda de Goebbels anteriormente señalado.
Este intento de negar a las mujeres uno de los derechos políticos fundamentales, el sufragio, es clave para involucionar de manera absoluta todos sus demás derechos, porque con ello busca inhabilitar su papel como sujeto social, económico, cultural y cualesquiera otro, haciéndola retroceder hacia el espacio privado del hogar, sujetándola al rol de género en el que estuvo confinada hasta buena parte del siglo XX.
En España nuestras abuelas conocieron muy bien lo que era eso. La Sección Femenina, dirigida por Pilar Primo de Rivera, hermana del señorito fascista, fundador de Falange, y dependiente de ésta, por entonces ya supeditada al régimen franquista, se encargaba de adoctrinar a las mujeres en su papel de devotas y obedientes esposas, sacrificadas madres y seres social y políticamente pasivos, sujetas a papel que el marido, la iglesia católica y la dictadura les reservaba. Ni que decir tiene que, por entonces las mujeres “no tenían ni voz ni voto”, entendidos ambos en su más pleno y exacto sentido. Con el fin de alicatar ese papel hasta sus cerebros, el Servicio Social de la Sección Femenina obligaba a todas las mujeres a cumplir un período de entrenamiento de seis meses en dos períodos, el primero de adoctrinamiento religioso, político y moral, y el segundo de índole práctica (cocina, rudimentos de puericultura, economía doméstica, labores,...). Las prácticas, no remuneradas, se hacían en instituciones de tipo caritativo del régimen, por lo que a éste le salían gratis las prestaciones y contribuían a su ensalzamiento. Llamativamente, Pilar Primo de Rivera nunca se casó ni fue madre, Su “excepcionalidad” personal trató de justificarla como un sacrificio hecho en nombre de un destino más elevado ¡Vaya cuajo!
Hay cierto paralelismo hoy en EEUU entre la ideología que inculcaba a las mujeres la Sección Femenina y el movimiento de mujeres que allí está impulsando el “voto por hogar”. Erika Kirk, viuda del ultra Charlie Kirk (ya conocen ustedes la costumbre estadounidense de que muchas mujeres adopten el apellido de sus maridos) es una de las dirigentes más importantes es la presidenta de Turning Point USA (TPUSA), la organización que su marido dirigió hasta su muerte a manos, supuestamente, de una persona con problemas de salud mental. Turning Point es una organización del movimiento de extrema derecha MAGA y, consiguientemente, trumpista. Y, esto es importante, Turning Point ha sido la organizadora del Women’s Leadership Summit 2026, un acto en el que las “tradwife”, mujeres ultraconservadoras que se someten voluntaria e ideológicamente al marido y a la crianza proponen el voto por hogar. En su última reunión afirmaron cosas como:
“Si mi esposo es la cabeza de la familia, yo soy el cuello y trabajamos en perfecta sintonía; así que supongo que, si él votara en nombre del hogar, me parecería bien”
“ella se va a casar con un hombre que vive según los principios bíblicos, y ambos estarán alineados en ese aspecto”.
“yo elijo ceder este derecho a mi marido”.
Sobre la teoría de la “complementariedad”, esgrimida por la extrema derecha de EEUU, entre hombres y mujeres, se edifica la vuelta al hogar, “con la pata quebrada” de las mujeres.
Entre los promotores del regreso de la mujer a la caverna del “homo antecessor” se encuentra el pastor (siempre pastorean rebaños) evangélico (la más repugnante plataforma de sectas para idiotas contra sus propios intereses que pueda existir), Dale Partridge. Plagiario profesional de estupideces ajenas, justificador del Holocausto, odiador del movimiento LGTB, al igual que su oposición a los matrimonios entre personas de distinto origen étnico y, por supuesto, partidario del fin del derecho al voto de las mujeres.
Alguna de sus frases célebres es increíble que no haya dado lugar al tipo de respuesta que merece:
«La
mayoría de las mujeres no son capaces de votar de manera
responsable"
“Una de las mayores amenazas de Estados Unidos son las mujeres blancas liberales”
“Si pudimos derogar Roe v. Wade, creo que podemos revocar la 19ª Enmienda”. La derogación supuso la restricción o incluso prohibición los derechos de las mujeres a abortar en los Estados conservadores de EEUU
A esta gentuza les acompañan los resentidos emocionales, auténticos lisiados frente a la opción de relacionarse de forma igualitaria y respetuosa con una mujer, los enfermos incels, los famosos “bros”, acomplejados, dedicados a cualquier mentira de negocio, desde el gimnasio a las criptomonedas o sus patéticos cursos de seducción masculina. Forman parte del tipo de “hombres” que odian a las mujeres porque no les gustan tal y como son.
El problema que tienen los fascistas con las mujeres lo expresó uno de sus mayores ideólogos, en un texto que les fue presentado recientemente desde este blog: “"Dado que las mujeres votan en mayor proporción por la izquierda y son menos propensas al libre mercado, la extensión del sufragio a las mujeres ha provocado un problema importante para el concepto de libertad en una democracia". Se refiere, por supuesto a la libertad irrestricta para una ínfima minoría, los de su clase, para quienes la libertad es el derecho, impuesto por la fuerza, de dominar a todos los demás. A Peter Thiel no le gustan las mujeres, ni la mayoría de los hombres.
2.3.-DESPOSEER DEL DERECHO AL VOTO PARA ACABAR CON LA PROTECCIÓN SOCIAL
Recientemente he encontrado algunos restos del australopithecus. Uno de ellos es Marcos de Quinto, ex vicepresidente internacional de marketing de Coca-Cola. El pasado mes de agosto de Quinto se despachaba a gusto en X, la red de la que es propietario Elon Musk:
"Está aceptado (y se ve lógico) que en una comunidad de vecinos no pueda votar el que no esté al corriente del pago de sus cuotas... Tampoco tendrían que tener voto quienes coyunturalmente estén recibiendo un subsidio por desempleo o una renta mínima vital, al estar mantenidos por el resto de contribuyentes
Sé que no es políticamente correcto proponer esto pero, por la misma razón, tampoco tendrían que tener voto quienes coyunturalmente estén recibiendo un subsidio por desempleo o una renta mínima vital, al estar mantenidos por el resto de contribuyentes.
Con ello se combatiría el clientelismo y la demagogia. Es decir, se evitaría que una "futura mayoría de mantenidos" votara a favor de que robara aún más a los que les mantienen..."
No es necesario ser un experto en derecho político para darse cuenta de varios detalles absurdos, además de reaccionarios, en esta provocación de el señor de Quinto.
Relacionar el impago de las cuotas de una comunidad de vecinos con la percepción de un subsidio o alguna otra ayuda pública está fuera de toda lógica porque mientras las primeras se rigen principalmente por el derecho privado (derecho civil), los subsidios de desempleo, el ingreso mínimo vital y otras formas de ayuda públicas, corresponden, como su propio nombre indica, al derecho público (derecho administrativo).
Por otro lado, relacionar una deuda una comunidad de vecinos con la percepción de un subsidio tiene la misma lógica que “confundir el culo con las témporas”, algo muy propio de un tipo que es “más tonto que Pichote, que vendió la vaca para comprar leche”.
Es llamativo el empleo por de Quinto del humillante término “mantenidos”, que utiliza 4 veces en tan solo 3 breves párrafos, con la intención de ahondar en su desprecio a personas en situación de pobreza que reciben subsidios de desempleo o el IMV.
¿Cómo debemos llamar entonces al señor de Quinto, que en 2017, siendo diputado de Ciudadanos en el Congreso, declaró una fortuna personal de 47,7 millones de €, lo que no le impidió cobrar subvenciones entre 2016 y 2017 de la Junta de Castilla-La Mancha por la cuantía de 57.306,92 € para una de sus empresillas, Qvintvs SL, que triplicaba su cifra de negocio e 19.664,45 €? Parásito me parece un término más apropiado en su caso que mantenido, que ni siquiera creó empleo con su chiringuito, ya que en ningún caso tuvo más de dos empleados.
El ejemplo que Marcos de Quinto da de que “ que en una comunidad de vecinos no pueda votar el que no esté al corriente del pago de sus cuotas” cabe aplicársele más bien a él mismo, que en 2018 fijo su residencia fiscal en Portugal para beneficiarse de las ventajas que dicho país ofrecía de un tipo fiscal reducido al 20% en el IRPF a residentes extranjeros con grandes fortunas, aunque solo vivió allí unos meses. Si hubiera tributado en España en dicho año habría tenido que pagar por el diferencial de tipos impositivos en EEUU (allí labró buena parte de su fortuna como vicepresidente de Coca-Cola entre 2015 y 2017, tras despedir en un ERE ilegal a más de 1200 trabajadores en 2014 en nuestro país) y en España. Aquí le salió barata su condición de no residente en 2018, ya que en un año en el que ingresó más de 5,6 millones de € solo pagó 12.125 €. Sin embargo, ello no le impidió en 2019 votar en las elecciones generales ni ser elegido diputado por el afortunadamente desaparecido Ciudadanos.
No manifestó crítica alguna hacia la deuda de 10 millones de € con Hacienda, hasta hoy impagada, del grupo Sesé, al que se incorporó en 2021, ni en el momento de hacerlo ni posteriormente. Quien calla otorga, sobre todo si se es un libertariano de extrema derecha que condena lo que considera alta presión fiscal en España para mantener el clientelismo. Menudo clentelismo el del subsidio de desempleo que asciende a la fabulosa cifra de 570 € mensuales. Me gustaría verle vivir con esa cuantía. “Paguitas” contra “paguitas”: 24.000 millones de € en subsidios de desempleo en 2025 a repartir entre 1,8 millones de perceptores frente a 18.810 millones de € a repartir entre 188.069 empresas privadas (2025), concentrando el 1% el 62% de dichas subvenciones.
Don Cocacolo de Quinto quiere acabar con el derecho al voto de los sectores de clase trabajadora perceptores de subsidios de desempleo con el fin de impedirles votar en contra de su supresión, cosa que haría VOX, partido con el que simpatiza en los últimos tiempos.
Poco patriótico parece don cocacolo, uno de los promotores de la ridícula flotilla de yates a Ceuta de finales del pasado agosto, con su truco para evadir impuestos como si fuera uno de los influmierders de extrema derecha. De extrema derecha es pero mucho menos influyente en la opinión pública de lo que él quisiera. No favoreció a esa pretensión patriotera su grotesca imagen, tercio de cerveza en mano, como si de un macarra patán se tratase, haciendo declaraciones ante los medios acerca de la gesta de la flotilla de arriesgados marineros con gorra de capitán Memo de fin de semana. Ya te no puedes fiar ni de los ricos ¡Qué poca clase para un “Master of Bussines Administration” del antiguo Instituto de Empresa! Esos ojillos vidriosos y levemente enramados no parecen excitados por “la chispa de la vida”.
Últimamente prolifera un tipo de “influmierder”, el reaccionario político, que culpa a los pensionistas de bloquear el futuro de los jóvenes por el coste de las pensiones que, en su opinión, lastran su futuro y están dispuestos a hundir el país para conservar lo que este tipo de mastuerzo anarcocapitalista, próximo ideológicamente a VOX, y residente fiscal en Andorra, considera “privilegios”. Según datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) el 48,2% de los pensionistas españoles cobra una pensión inferior al salario mínimo interprofesional (SMI), que es de 1.221 € mensuales. No parece que casi el 50% de los pensionistas sean muy privilegiados. La pensión media es de 1.373,4 €. Solo el 2% de los pensionistas españoles percibe la pensión máxima de 3.359 € al mes.
2.4.-MOTIVACIONES IDEOLÓGICAS PARA REVERTIR EL DERECHO AL VOTO
El Tribunal Supremo español ha decidido suspender cautelarmente la conocida como “ley de nietos”, una disposición adicional de la Ley de Memoria Democrática del 2022 según la cuál “"Los nacidos fuera de España de padre o madre, abuelo o abuela, que originariamente hubieran sido españoles y que, como consecuencia de haber sufrido exilio por razones políticas, ideológicas o de creencias o de orientación e identidad sexual, hubieran perdido o renunciado a la nacionalidad española, podrán optar a la nacionalidad española, a los efectos del artículo 20 del Código civil".
La nacionalidad española conlleva los derechos de ciudadanía, incluidos los del voto, una vez que se alcanza la mayoría de edad y se produce la inscripción en el Censo Electoral.
Iustitia Europa y VOX recurrieron ante la Junta Electoral Central (JEC) alegando que se estaban produciendo irregularidades en la inscripción censal de los nacidos fuera de España acogidos a la nacionalidad española por la “ley de nietos” y que dicha irregularidad se estaba produciendo de forma masiva.
A VOX la conocemos bastante bien. De Iustitia Europa sabemos mucho menos. Se define a la vez como “antipartido” y “partido de la sociedad civil”. Todo muy coherente. A este tipo de oxímoron ya nos tuvo acostumbrados en su día la Sociedad Civil y Democracia del “honrado” ex banquero Mario Conde. Una vez que este pájaro abandonó su partido antipartido, el resto de la tropa y dirigencia se fue a VOX, por lo que sea. Decía el intelectual reaccionario Donoso Cortés que “en lo pasado está la historia del futuro”.
El periódico El Plural sitúa a Iustitia Europa como grupo de extrema derecha, junto con VOX, Frente Obrero, Falange y Se Acabó la Fiesta. Se opone, como Trump, a la Organización Mundial de la Salud (OMS), las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), las restricciones a las “terapias naturales y la medicina alternativa” (uno de los miembros de su dirección es Roberto San Antonio, presidente de la asociación para la defensa de las terapias naturales) y la vacunación contra el COVID. Está dirigida por el guardia civil en excedencia, ex taxista y graduado en derecho Luis María Pardo. Otro de sus integrantes es el dirigente del Movimiento Rural Español, Manuel Tinoco, a la vez partido y plataforma reivindicativa, opuesto a la Agenda 2030 y, a la vez, cabalgado las contradicciones, partidario de la agricultura sostenible. Una de las portavoces de este partido agrícola es Pilar Esquinas, la cuál afirma que las estelas de condensación de los aviones son los famosos “chemtrails” (gorrito de papel de aluminio conspiranoico para la señora), cuyo objetivo es el cambio climático. Una señora que muestra un empeño malsano de que la opinión pública confunda embalses con azudes.
Volviendo a Luis María Pardo conviene destacar su pertenencia a la asociación “Liberum”, a la que El Diario Vasco califica de extrema derecha conspiranoica y antivacunas. Suelen presentarse como acusación particular junto con grupos tan caracterizables ideológicamente como Hazte Oír, Abogados Cristianos o Manos Limpias.
Si fuésemos ingenuos nos preguntaríamos por qué el Tribunal Supremo ha aceptado, tras inhibirse la JEC, por considerarse no competente en el asunto, el recurso de ambas organizaciones fascistas y tomado la decisión de suspender la inscripción en el censo electoral de los descendientes de españoles exiliados que habían adquirido la nacionalidad derivada de la mencionada ley orgánica de 2022?
A la vista de la actuación del Supremo a lo largo de esta legislatura (veto a la ley de amnistía, condena al Fiscal General del Estado, anulación del nombramiento de la Presidenta del Consejo de Estado, Magdalena Valerio, resoluciones que limitaban la legislación laboral sobre los “riders”,...) no es posible mantener ingenuidad alguna respecto a este órgano. Cuando en la anterior legislatura el diputado del PP, Ignacio Cosídó escribió en un Whatsapp a sus compañeros de bancada aquello de “Controlaremos la Sala Segunda [del Supremo] desde detrás” solo estaba anticipándose al llamamiento de José María Aznar de 2023: “El que pueda hacer, que haga”.
Paradojas de la vida y de una justicia injusta, a sabiendas de que lo es, los nuevos ciudadanos han sido expropiados por el Supremo del derecho al sufragio.
No voy a extenderme sobre las irregularidades que ha cometido el Tribunal Supremo para encajar esta decisión. Lo hizo mucho mejor de lo que este bloguero podría hacerlo el Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Ramón Soriano Díaz, en su artículo, realizado para el diario Público, titulado “El Tribunal Supremo suplanta al Parlamento en la 'ley de nietos'”, que les he enlazado.
Lo que si cabe añadir es que estamos ante una restricción del derecho a voto por presuposición, sin datos que lo avalen, de la orientación del voto, actuando el Supremo a instancias de parte de la ultraderecha y coartando el sufragio de los nuevos ciudadanos que se estaban inscribiendo en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA), suspendiendo la validación de dicha inscripción. Ciertamente no estamos aún ante un voto censitario de exclusión por motivos ideológicos, puesto que ésta aún no es firme, pero bien podríamos estar ante sus puertas.
Habida cuenta de que VOX pretende la ilegalización de partidos como EH Bildu, ERC u ONGs de salvamento marítimo a inmigrantes, como Open Arms, antirracistas como SOS Racismo y prohibir los símbolos comunistas, no debería sorprender a nadie que, en caso de llegar al gobierno de la mano del PP, la exclusión del derecho a voto por motivos ideológicos encuentre sin dificultad alguna jueces para llevar a cabo este golpe fascista.
Aunque históricamente se han señalado los motivos económicos, educativos o de competencia, sexuales y étnicos como las causas del voto censitario, siempre ha existido, por parte de quienes imponían restricciones al sufragio, un fondo ideológico evidente.
Ya hemos visto los argumentos que empleaba François Guizot para justificar que el voto fuera un derecho privativo de la burguesía y las clases dominantes francesas.
Voto ideológico fue también la artimaña capacitaria, como en el caso de Guizot, empleado por el senador por Carolina del Sur Benjamin R. Tillman en 1900 para desposeer del derecho a voto a la población negra de su Estado.
Peter Thiel cree que el voto femenino es un problema para su proyecto de poder tecnocrático porque “votan en mayor proporción por la izquierda”.
3.- EPÍLOGO
John Stuart Mill es considerado un liberal progresista o incluso un partidario del socialismo liberal o socioliberalismo por una parte de esos sectores instruidos para los que su énfasis es acusadamente mayor en el componente liberal que el que ponen en el socialista, hasta el punto en que tiene pleno sentido preguntarse de qué socialismo hablan y de cuál hablaba Stuart Mill.
Y es que cuando las buenas intenciones provienen de miembros de lo que antes se les llamaba las clases acomodadas, esa especie de burguesía media-alta, a menudo biempensante, su sentido de las ideas de progreso suelen llegar, no siempre, hasta donde les permite su condición de clase.
Como todo burgués de buen corazón, el sentido igualitario de Stuart Mill estaba atravesado por las contradicciones de la pertenencia a una clase que servía a los intereses de la dominante.
Defendía el derecho al voto de las mujeres, la educación de la clase trabajadora, rechazaba la acumulación ilimitada de riqueza y abogaba por una sociedad futura de cooperación entre los seres humanos. Buscaba el progreso humano pero sin romper el orden social; el equilibrio en el cambio social.
De ahí que su reformismo alertase frente lo que consideraba el peligro de la “tiranía de la mayoría”, de una mayoría que, aunque no ideológica, sí demográfica, compuesta por obreros, artesanos y trabajadores agrícolas, representaba entre el 75 y el 80% de la población del Reino Unido.
“La sociedad puede ejecutar, y de hecho ejecuta, sus propios mandatos; y si emite mandatos erróneos en lugar de correctos, o cualquier mandato en asuntos en los que no debería inmiscuirse, practica una tiranía social más formidable que muchos tipos de opresión política, ya que, aunque no suele estar respaldada por castigos tan extremos, deja menos vías de escape, penetra mucho más profundamente en los detalles de la vida y esclaviza el alma misma”. (Jhon Stuart Mill. “Sobre la libertad”. 1859)
Stuart Mill temía a las clases subalternas, no fuera a ser que acabaran por cambiar las reglas del juego y expropiar las empresas, cosa que rara vez ha sucedido en una democracia liberal, salvo cuando la clase dominante necesita de su Estado para superar las crisis capitalistas, devolviéndolas con beneficios a la “iniciativa privada”.
Pero Stuart Mill prefería curarse en salud, por lo que era contrario a la forma del sufragio igualitario (“una persona, un voto”) y partidario de una sobrerrepresentación del voto de los ricos e ilustrados (“voto plural”), así como su negación a los analfabetos y a quienes recibían ayudas del Estado.
Sobre la participación democrática: “No es útil, sino perjudicial, que la Constitución proclame a la ignorancia y a la sabiduría como iguales para gobernar al país”.
(…)
“También es importante que la asamblea que vota los impuestos… sea elegida exclusivamente por los contribuyentes a esos impuestos. Hay muchas razones para que los que no contribuyen a los gastos del país sean derrochadores con el dinero de otros y ninguna razón para que sean ahorrativos”.
“en lo que respecta a los asuntos de dinero, cualquier poder de voto que ellos posean es una violación al principio fundamental del gobierno libre… equivale a permitirles que metan la mano en los bolsillos de otros para cualquier propósito que crean de beneficio público. Considero que…, recibir alivio [del gobierno] debería ser una descalificación terminante para ese derecho [al voto]”. (John Stuart Mill. Consideraciones sobre el gobierno representativo”. 1861)
Curioso que, tras tantas vueltas sobre la libertad y el rechazo al despotismo como forma de gobierno, acabe Stuart Mill por distinguir entre el mal y el buen déspota y alabando a éste último.
“Un mal déspota, cuando se han provisto sus propias indulgencias personales, a veces puede estar dispuesto a dejar en paz a la gente; pero un buen déspota insiste en hacerles el bien haciéndoles hacer sus propios negocios de una manera mejor de lo que ellos mismos saben. La normativa que restringía a los procesos fijos todas las ramas principales de las manufacturas francesas fueron obra del gran Colbert”. (John Stuart Mill. “Consideraciones sobre el gobierno representativo”. 1861).
¿Recuerdan ustedes cuando en el capítulo 2 hablábamos de cómo los reaccionarios y la ultraderecha reciclan perpetuamente ideas de siglos pasados? Stuart Mill.
Con su “voto plural”, como el sistema de prusiano de las tres clases, del que les hablamos anteriormente, para reducir el peso de las clases populares en el electorado.
Con su rechazo al derecho a voto, de nuevo como en el sistema prusiano de las tres clases, el cuál dejaba fuera del sufragio a los sectores más pobres del proletariado, artesanos y campesinos pobres que recibían ayuda pública.
Con su consideración de dejar fuera del derecho al sufragio, como en Brasil, Perú, Colombia, Chile, Bolivia y Ecuador en el siglo XIX, a quienes no pagaran impuestos,
es un buen ejemplo de cómo las ideas conservadoras del pasado inspiran la epistocracia de los Brennan o el clasismo censitario mucho más soez de los Marcos de Quinto.
El caso de la reacción involutiva que viene de EEUU con la campaña “Repeal 19th” (revocar la 19ª enmienda), el acto público “Women´s Leadership Summit 2026” y su propuesta “Household Voting” en relación con la supresión del voto femenino, que empieza a asomar en España a través de algunas redes sociales, es particularmente llamativo porque se asienta en las viejas tradiciones reaccionarias de los siglos XVIII, XIX y parte del XX de excluir a las mujeres del lento y tortuoso camino hacia el sufragio universal. Las principales artificios argumentales que se han recuperado del pasado para sustentar semejante vejación política son la renaturalización de la vieja división de roles de género privado (el hogar como espacio femenino)-público (lo social y la política como espacio masculino) y, en consecuencia, la artimaña de que es la unidad familiar la entidad “natural” del voto, siendo el hombre quien la representa. Divertido argumento, si no fuera porque el capitalismo es el principal destructor de la familia con su fomento del individualismo insolidario y el amor líquido del que hablaba Bauman.
Junto a ello vuelven a reaparecer arcaicos pseudorazonamientos como el de la pretendida emocionalidad femenina, a la que se culpa hoy incluso de excesivamente compasiva, frente a la supuesta racionalidad masculina, cuando las emociones tienen tanto peso en la política y mueven a las guerras convocadas por hombres.
Así mismo, reaparece con fuerza la ficción bíblica del mandato divino del hombre como “cabeza de la familia”, sostenido en el pasado reciente por el papado católico y hoy por las sectas evangélicas que son hoy una de las más reaccionarias y eficaces propagadoras de ignorancia, fascismo y pobreza; eso sin contar el latrocinio que ejercen sobre su rebaño mediante el llamado diezmo y otras formas de enriquecimiento de sus pastores. Combatirlas es combatir al fascismo.
Todo el despliegue de la artillería de reaccionarios y fascistas contra el sufragio universal irrestricto e igualitario responde a un único objetivo: asegurar mayorías absolutas, estables y perennes que les permitan realizar su sueño húmedo de destruir las pocas conquistas sociales de la clase trabajadora que aún quedan en pie y ejercer su represión política de clase, de forma infinitamente más cruenta y tiránica que la que hasta el momento han ejercido en lo que llevamos de siglo XXI, frente a la reacción popular destinada a combatir el primer objetivo. Para ello no dudarán en legislar un derecho penal del enemigo absolutamente más draconiano del que hasta ahora se haya aplicado, recortar aún más las libertades de reunión, manifestación y expresión, ilegalizar partidos y organizaciones contrarios a sus objetivos y utilizar sus grupos de choque fascistas. La duda está en el ritmo de ejecución de sus medidas, no en su aplicación.
Quitarse de en medio sectores de votantes será más pronto que tarde uno de los modos de impedir que las víctimas expropiadas de los derechos un día conquistados (pensiones, coberturas de desempleo, sanidad y escuela públicas,...) se opongan con su voto a estas medidas. El otro la represión política de clase.
Cuando hayan logrado esos objetivos ya no necesitarán su máscara de pseudolegitimación política del voto censitario y podrán imponer su fasciocapitalismo con violencia y sin votos.
Para entonces será tarde para enfrentarse a ellos. El momento es ahora con la movilización del voto popular y la lucha organizada en la calle, sin confundir al oponente secundario con el enemigo principal.
A lo largo de mi ya dilatada vida me he abstenido más veces de las que he votado. Nunca lo he hecho cuando el triunfo de la derecha era más que posible. Menos aún lo voy a hacer ahora cuando la versión ultra que representó José María Aznar se nos presenta mucho más vigorizada y fascistizada en una doble versión a cuál peor y con la posibilidad de arrasar y destruir nuestras conquistas, que ningún gobierno nos regaló, al alcance de la mano.
La abstención no solo desarma. Abstenerse en estas elecciones no es tampoco pegarse un tiro en el pie; es pegárselo en la cabeza. Actuar movido por la emoción, la frustración o el desencanto y castigarse a uno mismo, facilitando la entrada de la reacción fascista en el gobierno por omisión.
La base subjetiva del voto fascista en estas elecciones no se abstendrá. Nunca lo ha hecho. Cuando sus organizaciones son muy débiles, se limitan a emplear la propaganda y sus escuadrones violentos contra inmigrantes, homosexuales y antifascistas u ocupan puestos de menor relevancia dentro de la derecha autodenominada conservadora, que muestra su verdadero en el momento en el que la necesidad de incrementar concentración del capital toca a rebato.
No seamos ilusos. Vencer en estas elecciones a la extrema derecha es altamente improbable...pero no imposible. Y no supondrá el fin del fascismo. Derrotarlo en estas elecciones es ganar tiempo. Eso, en las circunstancias actuales es mucho.
No estamos ante el rearme organizativo de la clase trabajadora ni el avance de las luchas sociales y democráticas sino ante un proceso de repliegue y desmantelamiento, en caso de triunfar el fascismo, de los restos sociales de un Estado que ya no es social. En gran medida me recuerda a las luchas obreras contra el desmantelamiento de la estructura industrial, mal llamada “reconversión”) de los gobiernos de Felipe González. Sin embargo, la lucha, a pesar de la derrota, no fue inútil. Logró que el cierre de las industrias que tenían plantillas más envejecidas consiguiesen prejubilaciones, en muchas cosas a partir de los 52-55 años, aunque las entonces anunciadas recolocaciones de los más jóvenes fueron un fiasco. De no haber existido la lucha ni siquiera se hubieran logrado las prejubilaciones porque el gobierno de Felipe González necesitaba la paz social.
Estas elecciones han sido convocadas tras decaer parlamentariamente los decretos de las muy tímidas medidas, que fue apoyado por el Sindicato de Inquilinas, para paliar parcialmente la situación dramática de los las personas que viven de alquiler en España. Es también el de los inquilinos un movimiento de resistencia. Pero tampoco será inútil. Ha permitido a mucha gente tomar conciencia de la situación de la vivienda en España, no solo del inquilinato, una conciencia que podría ir más allá del área de la reproducción social y entrar en el de la producción (salario, condiciones contractuales y de trabajo,…).
Sobre este movimiento tengo más dudas en relación con el plano organizativo a futuro, cuando se levanten las acampadas y el movimiento pierda en los barrios el foco mediático. También las tengo sobre la lectura que, a partir de la convocatoria electoral, hará tanto el movimiento de inquilinos como aquellos sectores sociales a los que su lucha ha ayudado a tomar conciencia política, sobre el momento político español que se ha abierto a partir de dicha convocatoria. Temo que una parte de su discurso abone, de modo no pretendido, posturas abstencionistas.
La abstención no es una alternativa. Cada uno de nosotros debe pensar cómo impide un gobierno fascista con su voto.
