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21 de enero de 2026

LA LARGA MARCHA DE LA REVOLUCIÓN IRANÍ

 

Por Marat

Desde el 28 de diciembre del pasado año gran parte de la población iraní, inicialmente los comerciantes del Gran Bazar de Teherán y otros centros comerciales de la capital, iniciaron protestas contra la feroz y corrupta teocracia que gobierna el país, al grito colectivo de “azadi” (libertad en farsi). Pronto se unieron a las movilizaciones unas 250 localidades de 27 provincias. Progresivamente la revuelta se extendió a todo el país.

Irán ha vivido otras revueltas anteriormente, al menos cuatro: las protestas estudiantiles de 1999, el “movimiento verde” en 2009, como consecuencia del fraude electoral; el de 2019, conocido como “noviembre sangriento”, por la subida del precio de la gasolina y el de 2022, tras el asesinato policial de Mahsa Amini, que dio lugar al movimiento democrático, protagonizado por las mujeres “Mujer, vida, libertad”.

Cada revuelta ha ido creando una acumulación de conciencia y fuerza popular. A pesar de que aún el proceso adolece de espontaneismo y falta de articulación organizativa, se va forjando la madurez de las masas

Aunque la protesta, pronto convertida en levantamiento popular, la inició la pequeña, mediana y gran burguesía tradicional de los bazares, rápidamente se extendió entre estudiantes y trabajadores, mujeres y hombres, lo que resulta lógico, ya que la situación afecta de un modo mucho más marcado a las clases populares.

La profundización de la crisis económica iraní, acentuada por las sanciones económicas de EEUU, que se concretó en la subida de los precios de los alimentos (72%), la depreciación del rial (81% en un año) y una inflación del 42%, unida a la crisis hídrica que ha agotado el 60% de los acuíferos del país, explica en buena medida el detonante de las protestas de esta fase de la revuelta.

Pero esos datos estarían incompletos si olvidásemos el modo en el que la crisis económica del país afecta a la población. Según expresa en su artículo “La miseria de Irán” el economista marxista británico Michael Roberts en junio de 2025, cuando aún no había tocado fondo la situación económica:

Aproximadamente el 33% de los iraníes vive por debajo del umbral oficial de pobreza. La tasa de desempleo juvenil se acerca al 20%, y la mitad de los hombres de entre 25 y 40 años están desempleados y no buscan trabajo activamente”

El expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad afirma que el 60% de la riqueza nacional está controlada por tan solo 300 personas, la mayoría de las cuales trasladan su patrimonio al extranjero para comprar bienes raíces en el extranjero o guardarlo en cuentas secretas. Según la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad, el 1% de los iraníes con mayor riqueza posee el 30% de toda la riqueza nacional, el 10% más rico posee casi dos tercios, mientras que el 50% más pobre posee solo el 3,5%”.

Antes del diluvio de la guerra, el malestar laboral había ido en aumento a medida que los trabajadores exigían salarios más altos para mantenerse al día con la inflación. El Consejo Superior del Trabajo propuso recientemente un salario vital de referencia de 23,4 millones de tomanes , pero los trabajadores argumentaron que el costo real de la vida es de al menos 29 millones de tomanes. El salario mínimo propuesto por el gobierno de 14 millones de tomanes ha provocado indignación, ya que está muy por debajo de la línea de pobreza. Según la agencia de noticias estatal ILNA , una petición que exigía un aumento salarial del 70% había reunido más de 25.000 firmas de los trabajadores. Ali Moqaddasi-Zadeh, jefe de los Consejos Islámicos del Trabajo en Jorasán del Sur, advirtió en febrero pasado: "Con una estimación del costo de vida de 23 millones de tomanes, los trabajadores se verán obligados a vivir en barrios marginales y sin hogar. El próximo año será uno de inflación extrema y penurias a menos que el gobierno tome medidas".

De momento, las fuerzas represivas iraníes, se mantienen aún fuertemente unidas al régimen, sabedoras de que el destino de éste es el suyo, por lo que se han empleado con una contundencia salvaje. La primera cifra oficial de muertos reconocida por el régimen hablaba de unas 2.000 personas. Esas cifras han ido escalando, según iban llegando datos de provincias, ciudades y pueblos más alejados de Teherán, hasta los 3.000, 4.000 y 5.000 asesinados, cifras facilitadas tanto por organizaciones de derechos humanos como por funcionarios de la dictadura islámica. El conteo real podría ser incluso muy superior, dada la inexistencia de un registro oficial en un país sometido a un férreo control, prácticamente aislado del mundo al haber sido cortado a sus ciudadanos el acceso a internet.

Mientras tanto el régimen genocida contra su pueblo hace pagar miles de dólares a los familiares de sus víctimas para recuperar sus cadáveres, expuestos dentro de bolsas negras en las calles.

Tal grado de degeneración moral del islamofascismo chii no debe sorprender en un régimen cuyas fuerzas represivas han entrado en hospitales a rematar a balazos a los heridos que se encontraban en las UCIs (Unidades de Cuidados Intensivos)

Lo interesante es que que el sujeto inicial de las protestas haya sido el grupo social de los comerciantes del Gran Bazar de la capital y otros bazares de Teherán y provincias.

Este segmento inicial de la revuelta ha sido históricamente fiel a la dictadura teocrática de los “ayatolásdesde la involución (que ellos llaman revolución) islámica.

El hecho de que en esta ocasión ellos hayan sido quienes tomaron la iniciativa en las revueltas indica hasta qué punto el poder de los clérigos está resquebrajándose, ampliándose con ellos, más cualitativa que cuantitativamente, la desafección de los partidarios.

El peligro se encuentra en que la burguesía de los bazares es una clase, con sus propias fracciones de clase, mucho más cohesionada en la conciencia de sus propios intereses (el mantenimiento de sus privilegios dentro de un sistema capitalista), posiblemente, a medio plazo, capaz de articular una hoja de ruta propia, que las organizaciones políticas y sindicales de la clase trabajadora iraní, diezmada por decenios de clandestinidad, represión, cárcel, exilio y muerte y profundamente desunida.

A pesar de la cohesión que muestra la burguesía comercial iraní, y por la debilidad de las organizaciones de trabajadores, las revueltas aún carecen de una dirección tanto programática como de liderazgo político que continúe impulsándolas hacia unos objetivos políticos concretos, más allá de la protesta por el encarecimiento de los precios, la corrupción del gobierno y el fin del régimen, que se ha concretado en el grito de “Muerte a Jamenei”.

En este contexto, es de gran interés la entrevista del Morning Star, diario dirigido por una cooperativa de trabajadores británicos, cuya línea editorial se identifica con el Partido Comunista Británico, al secretario general del Partido Tudeh de Irán (comunista), Mohammad Omidvar.

En ella, el dirigente comunista hace un llamamiento a la unidad de acción de las fuerzas progresistas para derribar el régimen neoliberal de los ayatolás al que califica de corrupto y empobrecedor de la clase trabajadora, desmontando el discurso oficial de que el levantamiento popular y democrático sea producto de la acción conspirativa del imperialismo estadounidense y de Israel.

Omidvar asume que el imperialismo norteamericano y el sionismo intentan jugar sus bazas en relación a las posibles salidas de la revuelta, una de las cuáles podría ser la del heredero del régimen anterior del sha, Reza Pahlavi, manipulando vídeos en los que han insertado falsas voces de apoyo a una monarquía, con pasado represor y servil al imperialismo, que carece de apoyo popular real.

Por esta razón, el secretario de los comunistas iraníes propone la unidad de las organizaciones de la clase trabajadora del país para derrocar a la dictadura teocrática y neoliberal, dando una salida progresista para los intereses de las clases populares y denunciando e impidiendo, a su vez, las injerencias extranjeras del imperialismo y sus secuaces.

Por la debilidad, y falta de unidad de las organizaciones de clase, ésta es la opción más difícil pero la correcta y adecuada desde una posición marxista.

Frente a lo que representa una posición de clase, la postura abyecta y repugnante de la degeneración del viejo “campismo”, el de los miserables que afirman estar “en el lado correcto de la historia”, como si la historia tuviera una sola interpretación posible, una verdad teológicamente revelada, y no hubiese tantos “lados correctos” como intereses de Estado y pugnas entre cada área geográfica de influencia del capitalismo mundial.

Esos que se declaran revolucionarios antiimperialistas y ven a una dictadura teocrática como Irán, a una monarquía absolutista como Corea del Norte, a un capitalismo de Estado como China y a una Rusia con un presidente que sueña con ser Pedro el Grande, esos para los que solo hay un imperialismo, son los que, convertidos en discípulos no confesos del fascista Duguin han estado escupiendo estas semanas contra las víctimas de la represión en Irán desde esas webs, que se llaman a sí mismas alternativas, de la marginalidad más cochambrosa.

Para muestra valga un botón:

Durante tres semanas, las imágenes transmitidas en los noticieros de televisión y en las redes sociales, así como las informaciones sobre lo que sucede en la nación persa,han estado dirigidas a construir en la mente de las personas la idea de que en Irán existe un régimen represivo, tiránico que ha violado los derechos humanos de la población, provocando el asesinato de miles de personas, mientras otras se encuentran detenidas, las mismas que estarían sometidas a torturas y enfrentadas posiblemente a la pena de muerte.

(…) “El propósito es el de construir la creencia de que el líder supremo es el responsable de la situación que vive Irán, a la vez de mostrarle como un ser cruel, conservador y enemigo de la libertad de los iraníes, fundamentalmente de las mujeres

(…) El hiyab, una vez más, ha sido objeto de ataque, expuesto como símbolo de la dominación del “régimen teocrático” sobre las jóvenes iraníes, arremetiendo con ello contra uno de los elementos constitutivos de la vestimenta de las mujeres musulmanas, el cual tiene un profundo significado ético y espiritual”. Que se lo digan a los familiares de Mahsa Amini y a los cientos de miles de mujeres que desafiaron a esa joyita de Jamenei y su policía de la moral, al grito de “mujer, vida, libertad”, quitándose el pañuelo de marras.

El saco de mierda autor de los párrafos anteriores se llama Dax Toscano.

El día en que heces como él desaparezcan de la faz de la tierra el mundo olerá mejor.