6 de noviembre de 2026

EL DESBORDE QUE NECESITAMOS PARA PARAR AL FASCISMO

Por Marat

En un artículo reciente dije si el presidente Sánchez esperaba una victoria debía asumir un desbordamiento de su gobierno y, por si no quedó entonces claro, desde las demandas sociales de los sectores más conscientes de la clase trabajadora.

Hay una clase trabajadora empobrecida que apenas sobrevive y a la que el salario mínimo le obliga a compartir vivienda. Las actualizaciones del mismo no le sacan de la pobreza. Y no son solo jóvenes. El discurso igualitario de su gobierno es insuficiente en lo real y falaz y lo sabe.

Si hay que parar al fascismo, estaremos ahí, con la pinza necesaria en la nariz, para votar las opciones de izquierda que menos nos avergüenzen y lo haremos incluso muchos comunistas que sabemos que izquierda y comunismo nada tienen que ver.

Hace días dije que Sánchez debía dejar de intentar concentrar todo el antifascismo, el nominal, y atreverse a admitir que su progresismo no está en condiciones de poner pie en pared frente a reivindicaciones de las necesidades vitales a las que su gobierno ha desatendido.

Quienes estamos cerca de la jubilación tememos recortes de su gobierno, los jóvenes de la clase trabajadora no pueden hacer proyectos de vida, a quienes protestan desde nuestra clase su infame ministro Marlaska y sus delegados del gobierno les muelen a palos. Usted, presidente, sabrá por qué. Muchos también lo sabemos. Cuídese de no pasar a la historia como otro Macron.

La huelga general del 11 de noviembre a la que se han visto obligados sus sindicatos de la concertación y el trágala, por la protesta de los inquilinos puede ser una de tantas poses de un sindicalismo institucional que solo busque su supervivencia frente a lo que puede venir o algo que supere a los sobrevenidos a la protesta.

Hay quienes apostamos por ir mucho más allá.

Para empezar, el desborde necesario pasa por apoyar la tabla del Sindicato de Inquilinas que, según afirman, reivindica “desde la expropiación de los fondos buitres a la creación de un gran parque público “pagado por los ricos”, hasta la revalorización de las pensiones, el blindaje de los servicios públicos, el aumento de los salarios y la reducción de las jornadas laborales”

Para continuar, ya que el progresismo nos quiere llevar hacia la defensa de una democracia que se olvida de la clase trabajadora frente a un fascismo al que solo puede derrotarse con victorias y derechos de clase, lo que toca es apoyar y participar en las movilizaciones coordinadas a nivel europeo en Reino Unido, Francia, Bélgica, Grecia , Portugal , Italia y España los días 2, 21 y 22 de noviembre.

De momento, el primer desafío para la clase trabajadora es el 11 de noviembre. Quienes quieran ir más allá del sindicalismo oficial de concertación y pacto social pueden implicarse en la huelga general a través de la app Toka.

Dicho todo lo anterior, las elecciones del 29N en España se deciden entre el socioliberalismo y una extrema derecha a la que la motosierra de Milei se le queda corta.

Frente al fascismo no caben ni la abstención ni voto inútil ni la papeleta del exquisito (voto en blanco y voto nulo) ni el del digno que cree demostrar algo pensando que el suyo es el de la supuesta oposición real que se concretará, en el mejor de los casos, en la irrelevancia absoluta.

Hay una clara diferencia entre el oponente secundario y el enemigo principal. Quien no desee entenderlo debería preguntarse a qué intereses reales sirve.

A partir del día 29 de noviembre es cuando toca ajustar cuentas. No antes

31 de octubre de 2026

PRESIDENTE SÁNCHEZ, SIN MOVILIZAR LA CALLE NO HABRÁ VICTORIA

 

Por Marat

Señor presidente, tras la victoria de Lula frente al fascismo se ha caído en el fetichismo de creer que ante las mentiras digitales de la ultraderecha brasileña se opuso una mayor inteligencia del activismo en redes de la militancia del PTB. André Janones dirigirá su campaña electoral en redes a las próximas elecciones del 29N.

Ese es el mismo tipo de gente que, en el fondo, no piensan de modo tan diferente a los Cerimedo y sus 50.000 trolls bots. Para ellos, una victoria política sirve de cualquier modo.

El triunfo del ex metalúrgico Lula se produjo por una movilización popular desde los barrios hasta los centros de trabajo, desde los estudiantes hasta los campesinos, desde los sindicatos hasta las organizaciones de mujeres y las organizaciones LGTBI+.

El mundo real superó a las redes, aunque ellas fueran de ayuda, sin duda, para articular la defensa de las libertades, no de la democracia porque ésta no la tendremos los trabajadores bajo ningún gobierno dentro del capitalismo. Tampoco del de Lula ni el suyo.

Pero, no olvidando que la amenaza es hoy el fascismo, necesitamos no solo articular a los elementos progresivos de la sociedad española, desde los demócratas más moderados hasta quienes defendemos acabar con la clase dominante, sino también mostrar el músculo de quienes defendemos las conquistas hoy amenazadas de la clase trabajadora, desde las pensiones, la sanidad y la educación públicas, pasando por las coberturas de desempleo y los subsidios hasta la protección de los que llegan de fuera.

Ese músculo social, sus cientos de miles de voces se expresaron antes de las elecciones en Brasil por millones de manifestantes en ciudades como Sao Paulo, Río de Janeiro y otras muchas del país Necesitaban hacerlo, expresar su rabia antifascista, reconfortarse mutuamente y proyectar su fuerza colectiva. Dejar salir lo que durante tanto tiempo habían callado ante la provocación y la presión de la extrema derecha neoliberal. Y su fuerza tranquila fue una de las claves de la victoria frente al fascismo bolsonarista.

Un antifascismo que solo, o principalmente, lo fuera del tuit sería un simulacro, la mentira de quien edificase la torre de Pisa sobre la arena de la playa. Sin organización y contrapoder social, sin demostración de fuerza solo hay apariencia de la misma, dependiente siempre de conveniencias mediáticas ajenas. Menos poses y vídeos y más sustancia. 

¿Cree usted acaso que los triunfos de Lula y de los demócratas en EEUU, estos últimos tan intervencionistas, sino más, que Trump en política exterior (recordemos a Obama) van a darle la victoria en España por contagio de supuesta ola progresista?

Sus gobiernos han estado sometidos a pruebas muy duras, una parte de ellas sin buscarlas ni pretenderlas, otras en las que alguna responsabilidad ha tenido (debe tener el valor de responder ante ellas sinceramente) y no faltan las que han nacido de guerras híbridas exteriores, con conexiones nacionales, que su amilanamiento político apenas insinúa pero de las que muchos estamos convencidos. Es muy posible que antes del 29 de noviembre se produzcan otros.

Presidente Sánchez, en 2017 dije que usted era “cautivo de su palabra”, luego demostró que tenía muchas otras palabras, pero que, si la incumplía hundiría a su partido. No lo ha hundido. Su partido es fuerte pero solo mientras dependa de su cesarismo y de su proyección mediática.

¿Teme usted a una calle que no puedan controlar su partido? ¿Cree que una movilización de todos los demócratas y antifascistas pudiera superarle? ¿No ha comprendido aún que sus bases electorales ya le desbordan?

Deje que eso suceda. No le irá mal. Peor le irá si cree que frente al fascismo basta con su fotogénica simpatía, televisiones amables o enemigas y algún canal de YouTube.

Su gobierno no solo ha frenado algunos retrocesos históricos. Es mérito de sus gobiernos de coalición. Sin sus socios en distintas etapas no se habría distinguido el suyo demasiado de otros gobiernos de la UE menos amables con la clase trabajadora.

Hay una huelga general en España en marcha que tiene como motivos la situación del derecho a la vivienda de millones de jóvenes y también de mayores, a la vez que de condiciones de vida, trabajo, pensiones, sanidad y educación. Esta huelga podría ir mucho más allá de sus sindicatos de concertación y pacto social que hace tiempo quebraron el capital y los distintos gobiernos llamamos democráticos. Muchos deseamos que sea así.

La represión contra las protestas sociales y de izquierda ha sido obra de su Ministro del Interior, Marlaska y de sus gobernadores civiles y, en primera y última instancia, de usted. El aumento del gasto militar en 34.000 millones de euros en 2026, como compromiso con la OTAN, tras las amenazas de Trump, es obra de su gobierno. La elevación de la edad de jubilación a los 67 años se ha producido con su gobierno. Podría seguir hablando de cosas que a muchos no nos gustan, ni siquiera a buena parte de sus votantes.

Presidente, tiene usted la oportunidad de un giro hacia la clase trabajadora y sus necesidades vitales y eso pasa por ir más allá de sus declaraciones públicas. Atrévase a aceptar el riesgo de un desborde desde la calle o su presidencia podría ser recordada con un meme. Las revueltas europeas podrán fracasar pero sus motivos serán cada vez más vigentes.

Abra el camino a la calle y deje que esa fuerza arrolle a los fascistas o será usted parte del problema.

PD: No es ésta una ingenua carta a los reyes magos sino la última llamada de un pesimista que teme que no sera atendida.