Todo es un show. La banalización de la realidad política como parte del gran circo que aliena mentes y voluntades |
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
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20 de mayo de 2019
CHARLATÁN
Por
Marat
charlatán:
“Que habla mucho y sin sustancia...embaucador” RAE
Existe
un sector social difuso, no organizado, pero consciente, y sospecho
que creciente que se niega a tragar las píldoras “roja”
(pseudoroja) o “azul” del Matrix de nuestro presente político
colectivo.
Ir
a contracorriente hoy y no comprar falsas ilusiones tiene un precio:
el de ser acusado de radical y de no ofrecer alternativas porque la
de organizarse como clase, al margen de los flautistas de Hamelín
del momento, combatir allá donde se producen y reproducen las
contradicciones capital- trabajo y preparar la resistencia,
formándose políticamente para no ser tratados como idiotas, exige
demasiado esfuerzo. Por eso para muchos en el mientras tanto, hay que
reincidir en el bucle eterno de seguir una y un millón de veces la
senda que, inevitablemente, nos lleva a la derrota porque ello
permite esquivar el sacrificio y los caminos más duros y difíciles.
Se
nos rechaza a quienes estamos en otra cosa distinta al circo del
parlamentarismo porque pone en evidencia que el rey está desnudo y
que los ilusos de la ilusión democrática son cómplices acomodados
y conscientes de la mentira que se autoadministran a sí mismos.
Pero
lo cierto es que las mentiras tienen las patas cada vez más cortas,
que los charlatanes no son parte de la solución sino de un problema
que demora la solución necesaria del enfrentamiento de clase contra
clase, vendiendo el falso elixir curalotodo del “si se quiere, se
puede”, cuando sabemos que ocupar el poder, como inquilinos sin
tomarlo, no es otra cosa que convertirse en asalariados del capital
que marca los límites del juego, sus tiempos y los ritmos de
aplicación de sus curas de caballo contra la clase trabajadora; unas
veces a cargo de progres, otra de ultraliberales y pronto de un
fascismo que llegará por abandonar la perspectiva de clase, mentir y
autoengañarse en que basta con desear el cambio social para que este
llegue y repetir lo mismo una y otra vez, esperando resultados
diferentes, que diría Albert Einstein.
El
momento político actual español, europeo y mundial es el idóneo
para los charlatanes de feria de la gran demagogia democrática,
vendedores de crecepelos para calvos, oferentes de soluciones
definitivas, fáciles y al alcance de la mano, sin sacrificio
militante alguno para el votante. De Revilluca, el aldeano, hoy
demócrata al que se le entiende todo, y ayer franquista, al
peronista Errejón, que es como un falangista pero con verborrea
hueca y pedante importada de Argentina, pasando por el siempre
crispado don Crispín Iglesias que, ante tanto desafuero, nos ofrece
como bálsamo de Fierabrás el caducado ungüento que ayer vendía el
youtuber- predicador Anguita, su maestro. Y es que no hay nada como
ir de “influencer”, aunque decreciente, en el gallinero
parlamentario.
En
esta campaña electoral, Pablo Iglesias Turrión -nada que ver con
Pablo Iglesias Posse-, sería comparar la noche con el día, no para
de repetir una media verdad que como todo el mundo sabe es peor que
una mentira. Me refiero a los supuestos derechos de la Constitución
que no se cumplen. El economista marxista Diego Guerrero también lo
aborda en el Capítulo 5 del texto “Desempleo,
keynesianismo y teoría laboral del valor”.
En el EEC (Espacio de Encuentro Comunista) lo hemos trabajado con
detenimiento. Pueden encontrarlo ustedes en el siguiente enlace:
https://encuentrocomunista.org/static/media/medialibrary/2019/05/EEC-SituacionTrabajo2019.pdf
En
lo que sigue me limito en extractar un parte del mismo con el
objetivo de por lo menos se sepa de qué está hablando el charlatán
cuando dice que la Constitución dice eso que no dice y que él dice
que dice en relación al Derecho al trabajo, al derecho a la
vivienda, etc.
Y
es que este charlatán olvida conscientemente la lógica del capital:
la de la rentabilidad sustentada en la explotación del trabajo
asalariado y esta lógica funciona sí o sí por encima de la
voluntad de las personas y por supuesto de todo gobierno por muy
progre que quiera ser. Si esto no fuera así no sería capitalismo
sino otra cosa.
Les
dejo con el extracto. Es algo largo pero clarificador.
“Las
experiencias laborales que hemos puesto en común en todo el bloque
anterior de intervenciones, nos muestran el estado actual de un
proceso que ha sido conducido sistemáticamente desde mediados de los
años setenta.
Lo
que vamos a intentar ahora es mostrar una panorámica de cómo se ha
conducido este proceso. Para ello necesitaremos entrar en varias
áreas: desde dar algunas pinceladas de derecho -como por ejemplo,
explicar por qué en la práctica no tenemos derecho al trabajo-
hasta ir viendo cómo se ha ido modificando el tipo de contratación
para que ahora se hayan generalizado las situaciones que acabamos de
poner en común. Al final del documento se incluyen los enlaces a la
legislación mencionada.
Y
es que para moldear las relaciones laborales de manera que satisfagan
los intereses del capital, se hacen leyes que quitan las líneas de
protección que los trabajadores habían arrancado anteriormente con
sus luchas. Esto se lleva haciendo sistemáticamente desde el inicio
de la Transición Política en todos los ámbitos legislativos y de
negociación social, cualquiera que haya sido el partido que ocupara
el poder. Lo adornan como leyes para mejorar el empleo, luchar contra
el paro juvenil, para aumentar la competitividad del país, etc. Pero
la esencia es abaratar el factor trabajo y, como consecuencia,
incrementar la tasa de explotación y de plusvalía.
Las
leyes deben ser vistas en su conjunto, más allá del ámbito, del
título o del epígrafe donde decidan poner las palabras más
altisonantes y bonitas. Si se clasifica un derecho como fundamental
pero luego no se establece quién debe garantizar su cumplimiento, o
si la ley que lo desarrolla le quita en la práctica tal rango, el
concepto jurídico de fundamental no coincide con lo que los
trabajadores entendemos por tal. La cosa se hace más evidente si
comprobamos que los derechos del capital experimentan un trato
opuesto.
Desde
este punto de vista, lo primero que debemos poner negro sobre blanco
es que la Constitución Española no contempla como derechos
fundamentales y, por lo tanto, no garantiza ni obliga a los poderes
públicos su defensa y cumplimiento, aquellos que para cualquier
persona lo son; nos referimos, por ejemplo, a la vivienda, a la
educación en todos sus niveles y, por supuesto, el derecho al
trabajo. Teniendo presente que, en una sociedad capitalista como la
nuestra, el trabajo es lo único que te permite tener y mantener
regularmente unos ingresos y, por lo tanto, unos mínimos niveles de
subsistencia, el carecer del mismo y de la posibilidad de exigirlo es
la condición para verte sometido a las condiciones de explotación
que impongan los empresarios.
La
Constitución contempla en su artículo 53 cuáles son los derechos
de los que podemos reclamar su cumplimiento. Esta distinción entre
derechos reclamables (los derechos contemplados entre los artículos
14 y 29) y los simples derechos, es básica, ya que solo los primeros
permiten que cualquier persona puede exigir su aplicación, y son los
que los poderes públicos están obligados a proteger; el resto de
“simples” derechos sólo pueden ser reclamables si la ley que los
desarrolla lo contempla.
Vemos
por ejemplo que el derecho a la vivienda no lo contempla la
Constitución como un derecho fundamental en la práctica y, por lo
tanto, como un derecho que podamos exigir. La Constitución lo trata
en los siguientes términos en el artículo 47: “Todos
los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y
adecuada”.
Es curioso que se utilice el verbo “disfrutar”,
pero no diga “tener”
ni “poseer”.
Es decir, defiende que podamos disfrutar una vivienda cuando la
tengamos, es decir, cuando la compremos o la podamos alquilar. Todos
sabemos que, cuando no pagamos la hipoteca o no pagamos el alquiler,
los poderes públicos junto a la policía te quitan el derecho a
disfrutar de la vivienda de la que te desalojan.
Hay
un derecho que sí está catalogado como fundamental, pero con un
ámbito de actuación restringido. Nos referimos a la educación, que
solo es reclamable y gratuita en el período de enseñanza
obligatoria (Artículo 27.4), desde los 6 a los 16 años. El resto de
la enseñanza ya no es un derecho fundamental en la práctica. Ello
es lo que permite que, en la nueva educación superior, los dos
últimos años de máster estén disponibles solo para quien pueda
pagárselos, restringiendo el acceso del resto -todos ellos hijos de
trabajadores- a los futuros trabajos menos cualificados.
Para
poder apreciar el contraste, antes de entrar de lleno con el derecho
al trabajo, vamos a echar un breve vistazo a cómo se tratan los
derechos del capital. En principio, éstos figuran, junto con el
trabajo, en el mismo rango que el artículo 53 establece como no
reclamables. Sin embargo, los propios artículos que recogen los
derechos del capital se encargan de dar un rango especial a estos.
Así, el artículo 33 reconoce el derecho a la propiedad privada, y
en su apartado 3 nos aclara que “nadie
podrá ser privado de sus bienes y derechos”.
Mientras tanto, en el artículos 38 “se
reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de
mercado”
indicando seguidamente con claridad que “los
poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio”.
De esta forma quedan salvaguardados en virtud del artículo 24, que
indica que “todas
las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los
jueces y tribunales en el ejercicio de sus derecho e intereses
legítimos”.
Para que no quede nada sin atar, los códigos civiles, mercantiles y
penales refuerzan esta protección en innumerables ámbitos.
Sin
embargo, el derecho al trabajo, ubicado en la misma sección de no
reclamables que los del capital, no goza de la misma elevación de
rango en su desarrollo. El artículo 35 se limita a afirmar en el
punto 1 que “todos
los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al
trabajo...”
y en el punto 2 se limita a estipular que “La
ley regulará un Estatuto de los Trabajadores”.
Si nos vamos al susodicho Estatuto de los Trabajadores, que
desarrolla este supuesto derecho al trabajo, contemplamos que no hay
a quién reclamarlo y el derecho que se contempla no es el derecho al
trabajo sino el derecho a trabajar cuando tengas un empleo. El
Artículo 4 apartado 2 del Estatuto nos dice que: “en
relación al trabajo, los trabajadores tienen derecho a la ocupación
efectiva”.
Más arriba indicábamos en relación al derecho a la vivienda un
trabalenguas parecido.
La
Constitución no puede reconocer el trabajo como un derecho exigible
por dos motivos: primero, porque en el capitalismo el trabajo es una
mercancía que los trabajadores vendemos, y el legislador no puede
garantizar por decreto su venta; segundo -y no menos importante-,
porque la inseguridad al buscar trabajo es necesaria para poder sacar
el máximo provecho desde el punto de vista de la explotación. No en
vano, en el artículo 38, que ya vimos que pedía a los poderes
públicos garantizar la economía de mercado, afirma además que “los
poderes públicos también tienen que velar por la defensa de la
productividad de acuerdo con las exigencias de la economía”.
Mas adelante veremos como esta exigencia de ser productivos es una
constante.
Pero
no solo no garantizan el trabajo ni la Constitución ni el Estatuto,
sino que este último deja claros los condicionantes que aplican
cuando se tiene. En el artículo 5, apartado a) se indica que: “los
trabajadores deben cumplir las órdenes e instrucciones del
empresario en el ejercicio regular de sus facultades directivas…”,
y en el apartado e) se indica expresamente que los trabajadores
“deben
contribuir a la mejora de la productividad”.
Así que “nuestro” Estatuto no solo no hace efectivo el derecho
al trabajo, sino que se encarga de dejar clara nuestra dependencia:
cuando trabajamos debemos ser rentables y obedecer lo que diga el
empresario, que es el que tiene las facultades directivas. En este
sentido, se hace patente el juego de nombres y de discurso para que
las leyes del capital se naturalicen por parte de los trabajadores.
El nombre de Estatuto de los Trabajadores no se corresponde con su
contenido. Lo que contempla esta ley no es ni más ni menos que una
relación social entre empresarios y trabajadores, y esta relación
es una relación de explotación. De una forma mucho más apropiada,
la ley anterior al Estatuto de los Trabajadores tenía el descriptivo
título de “Ley
de Relaciones Laborales”.
A
partir de este cuerpo legal, lo que vamos a exponer brevemente a
continuación es cómo esta ley de “derechos” de los trabajadores
nació y se ha ido modificando en favor del capital y en detrimento
de los trabajadores. El conjunto de Reformas Laborales, Acuerdos de
Negociación Colectiva y todo tipo de negociaciones que se han dado
bajo el paraguas del denominado Diálogo Social -nombre que no
designa más que la aceptación falaz de que los trabajadores y
empresarios tenemos intereses comunes-, ha supuesto una constante
pérdida de derechos que en la práctica suponen un trasvase del
salario de los trabajadores en beneficio del capital. El gráfico 1
que vimos más arriba permite contemplar de un vistazo cómo, siendo
el trabajo el único que crea valor añadido -el único que crea
valor-, pierde cada año más de la mitad de él, apropiado
(expropiado legalmente), por los empresarios. Veamos el proceso.
Partimos
de una situación previa de mediados de los 70, en los que la Ley
de Relaciones Laborales, de abril de 1976,
contemplaba algunos derechos clave que protegían al trabajador. Unos
derechos que se han ido desmontando paulatinamente con las sucesivas
Reformas Laborales. Empezando esta tarea en los Pactos de la Moncloa
y en el Estatuto de los Trabajadores.
Para
ponernos en contexto: el año 1976, después de la muerte de Franco,
es cuando confluye el mayor número de huelgas que se ha dado en este
país. Es el año en el que se producen los conocidos como “sucesos
de Vitoria”, del 3 de marzo de 1976, ciudad que estaba en Huelga
General, y en los que la represión policial ordenada por los luego
demócratas Fraga y Martín Villa, provocó la muerte de seis
trabajadores. Pues bien, en ese año es cuando se consigue la mayor
protección al trabajo en España, y eso ocurre con un criminal
fascista como era el presidente Arias Navarro. No porque fuera bueno,
sino porque la presión en ese momento de tal aluvión de huelgas
tenía al régimen contra las cuerdas.
Si
nos atenemos al contrato
de trabajo,
la redacción actual del Estatuto de los Trabajadores en su artículo
15 dice: “el
contrato de trabajo podrá concertarse por tiempo indefinido o por
una duración determinada”.
Sin embargo, lo que decía la Ley de Relaciones Laborales del 76 era:
“el
contrato de trabajo se presume por tiempo concertado indefinido sin
más excepciones de las siguientes...”.
Si con la ley actual da lo mismo hacer un contrato indefinido que
temporal, antes del Estatuto de los Trabajadores todos los contratos
eran por defecto fijos, una vez pasaban el período de prueba de
quince días. Las excepciones eran las que, por su razón, hacían de
un trabajo algo temporal (vendimia, etc.). Es decir, el contrato
obedecía a las condiciones del trabajo.
¿Qué
ha hecho el Estatuto de los Trabajadores que tenemos ahora? Copiar la
redacción de la Ley de Contratos de Trabajo que tenía Franco en el
año 1942: “el
contrato de trabajo podrá celebrarse por tiempo indefinido, por
tiempo cierto, expreso, tácito o por una duración determinada”.
Después de dar la vuelta a lo largo de cuarenta años, la democracia
española coincide punto por punto con la redacción que tenía
Franco en su ley de Contratos de Trabajo de 1942”.
18 de marzo de 2016
LA III ASAMBLEA DEL ESPACIO DE ENCUENTRO COMUNISTA DEFINIÓ PROYECTO Y CONSTRUCCIÓN DE ORGANIZACIÓN
Por
Marat
Éste
va a ser un artículo pequeño. Es un texto de urgencia destinado a
avanzar siquiera un mínimo de información sobre los resultados de
la III Asamblea del Espacio de Encuentro Comunista (EEC). Han pasado
cinco días tras su finalización y en estos tiempos tan nefastos en
los que lo que no es inmediato y se consume sin digerir pierde
interés, uno debe intentar seguir su ritmo si no es un
telepredicador de marketing político que resume sus brillantes
análisis en los 140 caracteres de un tuit pero tampoco demorarse en
exceso.
El
sábado 12 y el domingo 13 de Marzo un nutrido grupo de comunistas
sin y con partido se reunieron en la sede del sindicato Co.Bas, que
solidariamente nos dejó su local para reunirnos, para avanzar en el
proceso de ir creando unidad por la base entre los marxistas que
defendemos la lucha de clases y nos identificamos con la centralidad
de la clase trabajadora en esa lucha, la dictadura del proletariado y
el proceso insurreccional hacia el socialismo.
Habíamos
realizado dos convocatorias anteriores. La primera para comprobar si
existía la voluntad de construir entre comunistas,
independientemente de nuestras trayectorias, y de defender la
reconstrucción del relato comunista, recuperando la iniciativa del
combate. La segunda para marcar los contenidos del debate teórico
que necesitábamos hacer, que habría de asumir nuestros puntos de
coincidencia y la necesidad de aceptar nuestras diferencias para
continuar debatiéndolas.
De
ahí debía surgir un común denominador que nos permitiese
orientarnos política, ideológica y estratégicamente y empezar a
articularnos tanto territorial como sectorialmente.
Ese
era el reto de la III Asamblea del EEC. Y creo que hemos hecho un
gran trabajo, partiendo del destrozo que los comunistas llevamos
sufriendo desde hace mucho más de 20 años. Negar esto sería tan
estúpido como no darnos cuenta de lo que estamos comenzando a
aportar y a significar en la dinámica de volver a levantar la
bandera de la lucha por el socialismo.
Que
un importante número de personas de Madrid, Valladolid, Burgos,
Salamanca, Córdoba, Sevilla, Málaga, Valencia o varias zonas del
norte, por citar sólo algunas de las procedencias, se citasen para
debatir 6 documentos y una serie de propuestas de trabajo durante
casi 10 horas del sábado 12 y 4 del domingo 13 -sin contar las 24
horas resultantes del debate en paralelo de 6 comisiones de trabajo,
cada una de ella de 4 horas de duración, que habrían de pasar a
plenario-, y saliesen de esa reunión con la sensación de haber
hecho un buen trabajo, útil, necesario y que construye proyecto,
debería ser considerado un avance muy significativo para cualquiera
que se considere comunista.
Esa
reunión a la que, junto a los comunistas sin partido acudieron
militantes de diferentes organizaciones comunistas entre otros, ha
marcado muchas cuestiones de coincidencia ideológica y política.
Hemos
abierto la necesidad de seguir profundizando en aspectos que, o bien
no lo tenemos tan claro (v.g. razones del hundimiento de los llamados
países socialistas y por las que la clase trabajadora de esos países
no defendió el sistema, profundización en la composición
estructural de la clase trabajadora actual,...) , o bien requieren un
análisis específico y documentos concretos que fijen nuestra
posición (motivos de nuestro rechazo a la vez a la UE y al € y
alternativa de nuevo internacionalismo de clase en Europa, nuevos
avances dentro de nuestra perspectiva de feminismo y lucha de clases)
o incluso en lo relativo a formación política (necesidad de
integrar la definición actual de la crisis capitalista, para abrir
paso a una correcta perspectiva de guerra de clases, y el
antiimperialismo como correspondencia internacional a ese reto).
Quizá
el punto en el que tod@s nos hemos sentido
más identificados sea el de Programa Político porque ha integrado
todos los aspectos de los que deseábamos debatir y, sin embargo, nos
deja campo amplio a partir del cual es posible construir.
En
otro orden de cosas, el documento de organización ha señalado la
necesidad de pasar a la creación de núcleos territoriales y
sectoriales que plasmen nuestra identidad de espacios abiertos a
todos los comunistas, de debate y formación con el objetivo de la
acción política. Del barrio a la empresa, del frente de lucha al
modo en el que los comunistas de un Espacio Comunista de Base (ECB)
decidan que es la manera más adecuada de constituirse.
Como
soy fumador empedernido, aproveché los momentos de menor intensidad
del debate para salir a fumar a una terraza del local, coincidiendo
en ese vicio con otros de semejante afición. El caso es que en
aquella facción improvisada dentro del EEC, el personal se dedicaba
a intercambiarse correos electrónicos y teléfonos, bromear sobre
que debíamos estar muy locos para reunirnos un sábado y un domingo
durante tantas horas para entender lo que ocurre en el mundo que
vivimos, cuando tantos seres humanos se conforman con explicaciones
de cuentos infantiles y a debatir sobre los próximos pasos a dar a
partir del día 14, y lo más importante: para transformarlo.
No
faltaron tampoco las cañas y las risas en los ratitos entre
documento y documento. Puesto que a veces me gusta observar el
entorno como si lo viera desde fuera, comprobé que era muy difícil
distinguir los puntos de vista de un comunista sin partido de los de
otro que militase en uno y que, incluso entre los organizados
partidariamente, había que ser muy sutil para encontrar cuestiones
relevantes que nos dividieran. Si el diagnóstico sobre el enemigo de
clase está correctamente establecido a través del análisis
marxista, la voluntad de entenderse es muy capaz de señalar la
diferencia entre lo realmente importante que nos une y lo secundario
que debemos seguir discutiendo, mientras empezamos a aplicar lo
elaborado a la lucha política en lo concreto.
Cuando,
a la vez, algunos dirigentes de otras organizaciones comunistas cuya
implicación militante en el proceso abierto por el EEC es menor que
la de otras, pero positiva, transmite el mensaje de que estamos
haciendo un buen trabajo -el desafío que tenemos por delante es
enorme- y pide que entendamos su ritmo de aproximación, está claro
que debemos proseguir sin traicionar ni un milímetro el camino
abierto el 26 de Septiembre de 2015, cuando nos interrogamos
colectivamente sobre el hecho de si unir a los comunistas en un
intento de diagnóstico común de situación y de pelear juntos en la
misma trinchera tenía sentido. No tenemos prisa pero cuidaremos
incluso con mimo de que el llamado de entonces siga muy vivo en cada
nuevo paso. Quienes se van incorporando nos exigen cumplir ese
“espíritu”.
Quizá
sea la primera vez en la que no hay destacamentos u organizaciones
comunistas que se opongan a un intento tal y, lo que es más
importante, en la que favorecen que militantes suyos se incorporen al
proyecto. Debemos cuidar esta idea que estamos construyendo desde tal
diversidad porque, frente al ciudadanismo y los intentos del capital
de fabricar sus “alternativas”, estamos dando un paso del que
empezamos a ser conscientes de su importancia.
Nos
faltan cuadros suficientes. Esa es una de nuestras debilidades, no la
única. No la negamos. Por ello la cuestión de la formación va a a
ser un elemento clave de nuestro trabajo.
¿Qué
nos queda? Un mundo por ganar.
Estén
atent@s. En breve el Espacio de
Encuentro Comunista (EEC) irá desgranándoles mucho mejor que yo el
trabajo realizado y sus aspiraciones de ser parte de la fuerza
colectiva que construya un mundo nuevo.
Como
dice un camarada muy querido “no os lamentéis, organizaos”
.
NOTA
FINAL DEL EDITOR DE ESTE BLOG: Quizá a los interesados en
conocer más sobre el EEC les haya sabido a poco este texto. Esto
sólo era un adelanto. Mientras llega la información pertinente
sugiero que se pongan al día en estos enlaces:
Ayudará
a quienes deseen acercarse al EEC a ir comprendiendo no sólo el
sentido del llamamiento inicial sino en qué momento estamos
actualmente.
Finalmente, ya pueden consultar la "Crónica de la III Asamblea del Espacio de Encuentro Comunista" en su blog
Finalmente, ya pueden consultar la "Crónica de la III Asamblea del Espacio de Encuentro Comunista" en su blog
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28 de enero de 2016
HACIA LA TERCERA ASAMBLEA DEL ESPACIO DE ENCUENTRO COMUNISTA
1.-Un
recorrido retrospectivo:
El 26 de Septiembre de 2015 se reunió en el CAUM (Club de Amigos de la
Unesco, nacido ahora hace 55 años como centro de resistencia
cultural antifranquista) un numeroso grupo de comunistas de todo el
Estado, convocado bajo la idea de buscar un espacio de encuentro queenfatizase lo que nos une, tanto a comunistas sin partido como acomunistas con él. Un agrupamiento que estableciese un marco de
reflexión y de trabajo político conjunto, capaz de crear un clima
de confianza, complicidad, respeto y fraternidad entre nosotros y
donde las diferencias políticas no significasen posturas
irreconciliables sino posibilidades de un debate abierto, franco y
que buscase el entendimiento y la unidad de acción.
Sabemos
que hay quienes desean una rápida unidad de todos los comunistas en
un sólo partido. Quienes dimos vida al proyecto de crear el Espacio
de Encuentro Comunista (EEC) no rechazamos tal objetivo pero somos
conscientes de que se alcance o no, no será un deseo rápido de
lograr. Hay otros muchos pasos a dar y que, en la medida en que nos
reúnan en la reflexión y el análisis político, la convivencia
solidaria, el apoyo mutuo y la lucha política, habremos logrado
metas muy importantes por las que merecerá la pena todo nuestro
esfuerzo. Si esa unidad orgánica llegase algún día a producirse ha
de haberse alcanzado con tales garantías de buen trabajo que no se
produjera una vuelta atrás, ni desacuerdos históricos que más
tarde diesen lugar a nuevas justificaciones de cisma. Hemos de
recorrer aún un largo camino de complicidades, búsqueda de puntos
comunes y aceptación natural de diferencias que no han de separarnos
sino enriquecernos. Cualesquiera que fueran el número de etapas que
el EEC en su desarrollo, y con vistas al acercamiento entre
marxistas, llegue a cubrir con éxito, el trabajo merecerá la pena
porque nos habrá trasladado al conjunto de comunistas que se
impliquen en esta tarea a mejor lugar del que nos encontrábamos
antes de intentarlo.
De
aquella primera asamblea del 26 de Septiembre, el grupo promotor del
EEC obtuvo el mandato de poner en marcha un proceso hacia la
organización de ese espacio de encuentro entre comunistas que fuese
generando una cierta articulación de este agrupamiento y una
propuesta de temas sobre los que discutir a partir de las que
pudiéramos ir facilitando el modo de entendernos y aproximarnos
entre nosotros.
Ello
nos condujo hacia la segunda asamblea, de carácter organizativo, del31 de Octubre en la Asociación de Vecinos “La amistad deCanillejas”. En ella, junto con la conveniencia de continuar la
discusión abierta en la primera cita, la cuál no podíamos cerrar
administrativamente porque el proyecto tiene mucho de necesario
debate que vaya generando la síntesis superadora de nuestras
diferencias, vimos la necesidad de proyectarla también hacia la
acción y la presencia activa en las luchas de la clase trabajadora.
Así
mismo tomamos conciencia de que debíamos alcanzar dos objetivos
concretos:
-
La creación de un órgano coordinador de carácter eminentemente técnico y provisional, puesto que el grupo promotor del EEC aún no estaba legitimado por los demás comunistas del espacio para ser un órgano elegido y con funciones de dirección política que conectase con el conjunto de personas que se habían vinculado al proyecto en el primer encuentro.
-
La aprobación de 6 áreas de discusión que diesen lugar a otros tantos documentos
-
Programa político (no confundir con un programa electoral, como algunos hacen)
-
Movimiento Obrero
-
Internacional/Antiimperialismo
-
Mujer
-
Organización
-
Formación,
-
A partir del resultado de la discusión de dichos textos el EEC debería ir estableciendo puntos de coincidencia, reforzando lo que nos une, debatiendo sobre los aspectos en los que no coincidimos, sin cerrar la discusión en falso sino asumiendo que debíamos continuar trabajando sobre ello, pero con una profunda y leal voluntad de unidad en el proyecto de lucha por el socialismo y en la acción, marcando línea política común.
En
definitiva, la tercera asamblea debe deliberar sobre los primeros
documentos políticos del EEC, los cuáles son materiales de arranque
teórico del Espacio, con sus inevitables insuficiencias propias de
la deficiente formación política y de análisis que padecemos hoy
los comunistas y plantearse la forma de organización del mismo para
intervenir políticamente y en lo concreto en el impulso y apoyo a la
lucha de clases.
2.-Nueva
etapa y nuevos desafíos
Cada paso dado por el EEC nos
presenta nuevos retos. No puede ser de otro modo. Hasta ahora hemos
recorrido la parte fácil del camino. Ahora viene lo complicado.
Es así porque vamos a pasar de
la intención a los hechos.
El análisis en colectivo de
los documentos evaluará no sólo nuestra capacidad de elaboración
política, sino también y de un modo especial, el talante con el que
abordamos la discusión política. Será muy distinto el resultado si
la enfocamos desde posturas rígidas y dogmáticas, en forma de
posición frente a posición, o como contraste de perspectivas con
la voluntad de acentuar los puntos de coincidencia, si enfatizamos el
continente o el contenido.
En el primer documento sobre el que hemos discutido (Programa político), previo a la tercera asamblea, hemos acertado plenamente tanto en el tono como en el enfoque, en la orientación de la discusión política hacia la consideración de los documentos como material de arranque teórico que paulatinamente deberán ser mejorados, desarrollados y complementados. El objetivo no han sido tanto enmiendas concretas
como una serie de consideraciones sobre las limitaciones que se
encontraban en los textos y sobre las líneas de desarrollo posible
de los mismos en el futuro.
El modo en el que en el que
afrontemos este reto en la tercera asamblea, nos aproximemos a las
necesidades organizativas del EEC y la manera en que les demos
respuesta, la forma que elijamos para organizarnos, tendrán una
repercusión directa en cómo seremos percibidos, en el grado de
comodidad con el que se sientan los miembros del EEC dentro del
colectivo, especialmente quienes a su vez militan en organizaciones,
destacamentos y partidos comunistas y en el futuro mismo de este
agrupamiento de militantes.
Cuanto más fieles sean las
estructuras del EEC a la filosofía de encuentro, de espacio
compartido, de flexibilidad en la forma organizativa, de lugar común
y acogedor para comunistas sin y con partido, dónde nadie tenga que
dejarse el carné de su organización a la entrada, más
posibilidades tendrá el proyecto de crecer y de convertirse en una
referencia compartida, querida, deseable y de pertenencia para los
comunistas en general.
Cuanto más rígidas fuesen
esas estructuras, cuanto más cercanas a la forma de organizarse y de
dotarse de una dirección clásica de partido, más dudas y
suspicacias podrían producirse, mayores dificultades para que
comunistas con partido se acercasen a lo que pudiera parecerles un
esbozo de tal y más riesgos de que el proyecto del EEC se malograse.
Necesitamos coordinarnos antes que dirigirnos y necesitamos
agruparnos desde la base antes que crear núcleos territoriales y
sectoriales al modo partido. Es obvio que el EEC no puede ser una
especie de suprapartido de partidos. Ni sería democrático para los
militantes de partidos que trabajasen dentro del EEC, al verse
abocados a elegir entre dos lealtades/disciplinas, ni sería eficaz
para los objetivos generales que pretendemos.
Pero a la vez es necesario
sortear el riesgo de una visión de invitado-delegado que algunos
militantes de organizaciones comunistas pudieran llegar a considerar
como su aportación al EEC. Para que la idea del espacio y del
encuentro funcione es necesario que los comunistas organizados en
partidos lo sientan suyo, no se limiten a “enviar” a un miembro
de su organización en calidad de “visitante” o de persona más o
menos activa que participa en el EEC pero sin más compromiso de su
organización con el debate y la unidad de acción que entre todos
debemos forjar.
El ánimo fundacional del
Espacio de Encuentro Comunista es el de un punto de encuentro
conceptual, una propuesta de elaboración política, trabajo,
formación y lucha en el que se participa no por bloques ni
corrientes políticas, ni por delegación sino con un compromiso de
trabajo militante puesto en común entre una amplia diversidad de
comunistas sin y con partido.
Para que se contagie de forma
amplia y general esa concepción de trabajo conjunto y solidario
entre comunistas, para que se impregnen de esa visión tanto los que
están organizados en partidos como los que no, es necesario que el
proyecto no se sustente sobre todo en el trabajo de los comunistas
sin partido sino que participen de él un considerable número de
militantes organizados de modo más clásico. De otra forma no se
romperían las inercias de los comportamientos estancos, las
divisiones y recelos y los sectarismos entre nosotros. Por ese camino
a lo sumo llegaríamos a la fórmula de las plataformas que
históricamente no han sido capaces de superar los meros acuerdos
cupulares, de compromisos mínimos ni de generar hábitos de trabajo
conjunto por la base.
Esta nueva cultura de relación
entre comunistas, lejos de debilitar a las organizaciones
preexistentes, las reforzaría porque las dotaría de una base social
de la que honestamente hemos de reconocer que apenas disponemos los
comunistas actualmente.
Actuar de este modo es también
un modo de compartir experiencias, conocimientos, recursos humanos,
voluntades y energías conjuntas, independientemente de que en el
presente las organizaciones comunistas existentes tengan sus propias
tareas y objetivos.
Éste y no otro es el camino
para que sea posible recuperar el prestigio y la influencia de la
idea comunista dentro la clase trabajadora, algo tan necesario cuando
el colapso de lo que se conoce como “la izquierda” no ha ido
acompañado por un giro hacia lo que específicamente representamos
los comunistas, marcados por una debilidad política y organizativa
que aún no hemos superado, y nos ha afectado incluso a nosotros
mismos, en ocasiones con la penetración de ideas reformistas en
nuestras filas. Es cierto que lo anterior ha de ir acompañado de la
capacidad de vencer otras insuficiencias políticas pero también lo
es que la condición de marchar juntos se vuelve imperiosamente
indispensable.
La formación política y de
cuadros comunistas es una tarea imprescindible y urgente, hoy que
tantas capacidades humanas nos faltan para dar respuesta a los
interrogantes que nos plantea la clase trabajadora y a la necesidad
de levantar de nuevo la corriente de pensamiento y acción
revolucionaria marxista.
Sin cuadros políticos y
militantes formados no podremos extender, hacer crecer, consolidar y
dar credibilidad a nuestro propósito.
Precisamente porque los cuadros
políticos no se improvisan en unos meses es tan apremiante que la
formación política sea uno de los primeros objetivos a la salida de
la tercera asamblea, cuestión en la que nos deberemos poner manos a
la obra de manera inmediata.
Por último, y aunque hemos
insistido con anterioridad en ello, es necesario que, al término de
la tercera asamblea, el EEC salga con una adecuada correlación entre
teoría (formación, debate) y praxis (lucha política y lucha de
masas) porque
“Es cierto que el arma de
la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el
poder material tiene que derrocarse con el poder material, pero
también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se
apodera de las masas”. (“En torno a la Crítica de la
Filosofía del Derecho”. K.Marx)
o, si se prefiere,
“No hay teoría
revolucionaria sin practica revolucionaria y viceversa” (Lenin)
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