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21 de enero de 2026

LA LARGA MARCHA DE LA REVOLUCIÓN IRANÍ

 

Por Marat

Desde el 28 de diciembre del pasado año gran parte de la población iraní, inicialmente los comerciantes del Gran Bazar de Teherán y otros centros comerciales de la capital, iniciaron protestas contra la feroz y corrupta teocracia que gobierna el país, al grito colectivo de “azadi” (libertad en farsi). Pronto se unieron a las movilizaciones unas 250 localidades de 27 provincias. Progresivamente la revuelta se extendió a todo el país.

Irán ha vivido otras revueltas anteriormente, al menos cuatro: las protestas estudiantiles de 1999, el “movimiento verde” en 2009, como consecuencia del fraude electoral; el de 2019, conocido como “noviembre sangriento”, por la subida del precio de la gasolina y el de 2022, tras el asesinato policial de Mahsa Amini, que dio lugar al movimiento democrático, protagonizado por las mujeres “Mujer, vida, libertad”.

Cada revuelta ha ido creando una acumulación de conciencia y fuerza popular. A pesar de que aún el proceso adolece de espontaneismo y falta de articulación organizativa, se va forjando la madurez de las masas

Aunque la protesta, pronto convertida en levantamiento popular, la inició la pequeña, mediana y gran burguesía tradicional de los bazares, rápidamente se extendió entre estudiantes y trabajadores, mujeres y hombres, lo que resulta lógico, ya que la situación afecta de un modo mucho más marcado a las clases populares.

La profundización de la crisis económica iraní, acentuada por las sanciones económicas de EEUU, que se concretó en la subida de los precios de los alimentos (72%), la depreciación del rial (81% en un año) y una inflación del 42%, unida a la crisis hídrica que ha agotado el 60% de los acuíferos del país, explica en buena medida el detonante de las protestas de esta fase de la revuelta.

Pero esos datos estarían incompletos si olvidásemos el modo en el que la crisis económica del país afecta a la población. Según expresa en su artículo “La miseria de Irán” el economista marxista británico Michael Roberts en junio de 2025, cuando aún no había tocado fondo la situación económica:

Aproximadamente el 33% de los iraníes vive por debajo del umbral oficial de pobreza. La tasa de desempleo juvenil se acerca al 20%, y la mitad de los hombres de entre 25 y 40 años están desempleados y no buscan trabajo activamente”

El expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad afirma que el 60% de la riqueza nacional está controlada por tan solo 300 personas, la mayoría de las cuales trasladan su patrimonio al extranjero para comprar bienes raíces en el extranjero o guardarlo en cuentas secretas. Según la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad, el 1% de los iraníes con mayor riqueza posee el 30% de toda la riqueza nacional, el 10% más rico posee casi dos tercios, mientras que el 50% más pobre posee solo el 3,5%”.

Antes del diluvio de la guerra, el malestar laboral había ido en aumento a medida que los trabajadores exigían salarios más altos para mantenerse al día con la inflación. El Consejo Superior del Trabajo propuso recientemente un salario vital de referencia de 23,4 millones de tomanes , pero los trabajadores argumentaron que el costo real de la vida es de al menos 29 millones de tomanes. El salario mínimo propuesto por el gobierno de 14 millones de tomanes ha provocado indignación, ya que está muy por debajo de la línea de pobreza. Según la agencia de noticias estatal ILNA , una petición que exigía un aumento salarial del 70% había reunido más de 25.000 firmas de los trabajadores. Ali Moqaddasi-Zadeh, jefe de los Consejos Islámicos del Trabajo en Jorasán del Sur, advirtió en febrero pasado: "Con una estimación del costo de vida de 23 millones de tomanes, los trabajadores se verán obligados a vivir en barrios marginales y sin hogar. El próximo año será uno de inflación extrema y penurias a menos que el gobierno tome medidas".

De momento, las fuerzas represivas iraníes, se mantienen aún fuertemente unidas al régimen, sabedoras de que el destino de éste es el suyo, por lo que se han empleado con una contundencia salvaje. La primera cifra oficial de muertos reconocida por el régimen hablaba de unas 2.000 personas. Esas cifras han ido escalando, según iban llegando datos de provincias, ciudades y pueblos más alejados de Teherán, hasta los 3.000, 4.000 y 5.000 asesinados, cifras facilitadas tanto por organizaciones de derechos humanos como por funcionarios de la dictadura islámica. El conteo real podría ser incluso muy superior, dada la inexistencia de un registro oficial en un país sometido a un férreo control, prácticamente aislado del mundo al haber sido cortado a sus ciudadanos el acceso a internet.

Mientras tanto el régimen genocida contra su pueblo hace pagar miles de dólares a los familiares de sus víctimas para recuperar sus cadáveres, expuestos dentro de bolsas negras en las calles.

Tal grado de degeneración moral del islamofascismo chii no debe sorprender en un régimen cuyas fuerzas represivas han entrado en hospitales a rematar a balazos a los heridos que se encontraban en las UCIs (Unidades de Cuidados Intensivos)

Lo interesante es que que el sujeto inicial de las protestas haya sido el grupo social de los comerciantes del Gran Bazar de la capital y otros bazares de Teherán y provincias.

Este segmento inicial de la revuelta ha sido históricamente fiel a la dictadura teocrática de los “ayatolásdesde la involución (que ellos llaman revolución) islámica.

El hecho de que en esta ocasión ellos hayan sido quienes tomaron la iniciativa en las revueltas indica hasta qué punto el poder de los clérigos está resquebrajándose, ampliándose con ellos, más cualitativa que cuantitativamente, la desafección de los partidarios.

El peligro se encuentra en que la burguesía de los bazares es una clase, con sus propias fracciones de clase, mucho más cohesionada en la conciencia de sus propios intereses (el mantenimiento de sus privilegios dentro de un sistema capitalista), posiblemente, a medio plazo, capaz de articular una hoja de ruta propia, que las organizaciones políticas y sindicales de la clase trabajadora iraní, diezmada por decenios de clandestinidad, represión, cárcel, exilio y muerte y profundamente desunida.

A pesar de la cohesión que muestra la burguesía comercial iraní, y por la debilidad de las organizaciones de trabajadores, las revueltas aún carecen de una dirección tanto programática como de liderazgo político que continúe impulsándolas hacia unos objetivos políticos concretos, más allá de la protesta por el encarecimiento de los precios, la corrupción del gobierno y el fin del régimen, que se ha concretado en el grito de “Muerte a Jamenei”.

En este contexto, es de gran interés la entrevista del Morning Star, diario dirigido por una cooperativa de trabajadores británicos, cuya línea editorial se identifica con el Partido Comunista Británico, al secretario general del Partido Tudeh de Irán (comunista), Mohammad Omidvar.

En ella, el dirigente comunista hace un llamamiento a la unidad de acción de las fuerzas progresistas para derribar el régimen neoliberal de los ayatolás al que califica de corrupto y empobrecedor de la clase trabajadora, desmontando el discurso oficial de que el levantamiento popular y democrático sea producto de la acción conspirativa del imperialismo estadounidense y de Israel.

Omidvar asume que el imperialismo norteamericano y el sionismo intentan jugar sus bazas en relación a las posibles salidas de la revuelta, una de las cuáles podría ser la del heredero del régimen anterior del sha, Reza Pahlavi, manipulando vídeos en los que han insertado falsas voces de apoyo a una monarquía, con pasado represor y servil al imperialismo, que carece de apoyo popular real.

Por esta razón, el secretario de los comunistas iraníes propone la unidad de las organizaciones de la clase trabajadora del país para derrocar a la dictadura teocrática y neoliberal, dando una salida progresista para los intereses de las clases populares y denunciando e impidiendo, a su vez, las injerencias extranjeras del imperialismo y sus secuaces.

Por la debilidad, y falta de unidad de las organizaciones de clase, ésta es la opción más difícil pero la correcta y adecuada desde una posición marxista.

Frente a lo que representa una posición de clase, la postura abyecta y repugnante de la degeneración del viejo “campismo”, el de los miserables que afirman estar “en el lado correcto de la historia”, como si la historia tuviera una sola interpretación posible, una verdad teológicamente revelada, y no hubiese tantos “lados correctos” como intereses de Estado y pugnas entre cada área geográfica de influencia del capitalismo mundial.

Esos que se declaran revolucionarios antiimperialistas y ven a una dictadura teocrática como Irán, a una monarquía absolutista como Corea del Norte, a un capitalismo de Estado como China y a una Rusia con un presidente que sueña con ser Pedro el Grande, esos para los que solo hay un imperialismo, son los que, convertidos en discípulos no confesos del fascista Duguin han estado escupiendo estas semanas contra las víctimas de la represión en Irán desde esas webs, que se llaman a sí mismas alternativas, de la marginalidad más cochambrosa.

Para muestra valga un botón:

Durante tres semanas, las imágenes transmitidas en los noticieros de televisión y en las redes sociales, así como las informaciones sobre lo que sucede en la nación persa,han estado dirigidas a construir en la mente de las personas la idea de que en Irán existe un régimen represivo, tiránico que ha violado los derechos humanos de la población, provocando el asesinato de miles de personas, mientras otras se encuentran detenidas, las mismas que estarían sometidas a torturas y enfrentadas posiblemente a la pena de muerte.

(…) “El propósito es el de construir la creencia de que el líder supremo es el responsable de la situación que vive Irán, a la vez de mostrarle como un ser cruel, conservador y enemigo de la libertad de los iraníes, fundamentalmente de las mujeres

(…) El hiyab, una vez más, ha sido objeto de ataque, expuesto como símbolo de la dominación del “régimen teocrático” sobre las jóvenes iraníes, arremetiendo con ello contra uno de los elementos constitutivos de la vestimenta de las mujeres musulmanas, el cual tiene un profundo significado ético y espiritual”. Que se lo digan a los familiares de Mahsa Amini y a los cientos de miles de mujeres que desafiaron a esa joyita de Jamenei y su policía de la moral, al grito de “mujer, vida, libertad”, quitándose el pañuelo de marras.

El saco de mierda autor de los párrafos anteriores se llama Dax Toscano.

El día en que heces como él desaparezcan de la faz de la tierra el mundo olerá mejor.


24 de octubre de 2022

REPRESIÓN EN IRÁN. CUANDO LOS “SOLIDARIOS” MIRAN HACIA OTRO LADO

Por Marat

El asesinato de Mahsa Amini por la Policía de la Moral (apropiado nombre para los esbirros de una dictadura teocrática) o Gasht-e Ershad, ha desatado una revuelta más en Irán; esta vez puede que sea la última y definitiva. Si se producen fisuras en la cúpula del poder político-clerical-económico-militar (la estructura mafiosa forma un todo) el proceso de descomposición del régimen se acelerará.

Las mujeres, a las que en palabras de la escritora Nazanín Armanian, el régimen de los ayatolás considera infrahumanas, están siendo en esta nueva etapa de la protesta social iraní iniciadoras, sostén y punta de lanza de las movilizaciones, con su decidido desafío (quitándose el hiyab o cortándose mechones de sus cabellos en público) a los matones uniformados de la dictadura. Pero a ellas se ha unido ya un creciente número de hombres, lo que indica que es la nación, y no solo una parte de ella, por grande que fuese, quien desafía abiertamente al poder.

Mujeres y hombres, jóvenes y mayores, intelectuales, artistas y obreros en huelga, periodistas y maestros, incluso niñas y niños en las escuelas, son quienes desobedecen abiertamente, lanzan consignas frente al fascismo religioso y se enfrentan a la policía.

La respuesta del régimen es siempre la misma: el diálogo de las balas contra el pueblo. Alrededor de 300 personas han sido ya asesinadas, 30 de ellas adolescentes y niños; torturas, palizas en las calles, secuestros y desapariciones, restricciones y cortes de Internet y redes sociales pero la lucha no cesa sino que se recrudece.

Desgraciadamente la gente de Irán afronta su combate casi en soledad, si descontamos a los iraníes en el exilio y la emigración y a los pocos ciudadanos occidentales que, a título individual,  están apoyando sus manifestaciones en Europa y en otros países del mundo.

Los adalides de las “democracias”, esos defensores de las libertades, mientras condenan públicamente la represión de la teocracia iraní contra su pueblo, siguen comprando su petróleo al régimen genocida, se indignan en hipócritas declaraciones pero no rompen relaciones diplomáticas con él, sus quejas son falsos lloros de plañideras porque, al fin y al cabo, “el petróleo no tiene ideología”, aunque en lo económico la mafia fundamentalista que lo vende, y que necesita de sus ingresos para mantenerse en el poder, sea tan capitalista como los gobiernos que se lo compran. Y eso vale tanto para toda la UE y cada uno de sus países miembros como para los EE. UU. que “muestra su disposición a encontrar "una solución diplomática" para reactivar el programa nuclear de Irán”, cuando en el pasado se afirmó que sería empleado con fines bélicos. Y es que el petróleo y su necesidad para que funcione la maquinaria capitalista mundial sabe poco de “Derechos Humanos”. En definitiva, si los muertos los pone el pueblo iraní, bien le sirve al capitalismo occidental aceptar el rojo de la sangre a cambio del oro negro.

Cínico el gobierno español que, a través de la número dos del Ministerio de Asuntos Exteriores, Ángeles Moreno, convocó el pasado septiembre al embajador iraní en España, Hassan Qashqavi, para pedirle explicaciones y condenar la represión de su gobierno contra sus ciudadanos y, ante la sarta de mentiras expresadas por el diplomático, ha callado y aceptado de modo cómplice lo que está ocurriendo en ese país.

Vergonzoso el comportamiento del socio del PSOE en el gobierno, Podemos, cuya Ministra de Igualdad, Irene Montero, se limitó en Septiembre a expresar su apoyo en un tuit -¿en qué se basa ese apoyo? - a las mujeres iraníes y, cuando éstas le pidieron ese apoyo de forma activa, encontraron su callada por respuesta. Puede que esa actitud podemita de ponerse de perfil ante crímenes tan clamorosos tenga algo que ver con el pasado mediático de Pablo Iglesias en HispanTV, canal oficial iraní, en el que presentaba su programa “Fort Apache”. El colmo del cinismo es que para justificar entonces su colaboración con la televisión de un régimen criminal se comparase con Lenin, aludiendo al tren blindado que le puso el gobierno alemán del kaiser para entrar en Rusia, cuando Lenin fue a Rusia para hacer una revolución socialista y Pablo Iglesias fue a la política para hacer reformismo de bajos vuelos y encontrar un trabajo bien remunerado con sus entonces compañeros de programa, Errejón y Monedero.

Triste que el movimiento feminista español, hoy dividido, no se muestre más decidido y activo para presionar al gobierno español en defensa de sus hermanas iraníes con el fin de lograr la ruptura de relaciones diplomáticas. Imagino que algo tendrá que decir también ese sector de las feministas que ven compatible el hiyab y el Corán con la liberación de la mujer.

Patético el silencio de ciertas publicaciones supuestamente a la izquierda de las izquierdas oficiales, de grupúsculos residuales y de individuos delirantes que, o hacen luz de gas sobre la represión contra el pueblo iraní, o se abonan al conspiracionismo de un imperialismo enfrentado a un supuesto antiimperialismo del fundamentalismo islámico más reaccionario. Según sus argumentos el nazismo también podría haber jugado un papel antiimperialista, al enfrentarse a un imperio declinante, el británico, y a otro emergente, el norteamericano. Otros que, como Iglesias, cabalgan sus propias contradicciones. Claro que el imperialismo juega su guerra de posiciones pero uno ha de saber con quién está, si con las victimas de la represión o con sus asesinos, en Irán y en cualquier parte del mundo. 

Quizá a algunos de esos hiperventilados revolucionarios antiimperialistas les vendría bien conocer la posición del Partido Tudeh (comunistas iraníes) sobre el levantamiento popular en su país. Les pongo algunos enlaces, por si son de su interés:

https://www.tudehpartyiran.org/en/2022/09/20/statement-of-the-tudeh-party-of-iran-down-with-the-dictator-there-is-no-end-to-the-regimes-murderous-thuggery/

https://www.tudehpartyiran.org/en/2022/09/25/statement-of-the-tudeh-party-of-iran-in-support-of-the-courageous-and-widespread-uprising-of-the-people-against-oppression-and-tyranny/

https://www.tudehpartyiran.org/en/2022/10/02/statement-of-the-tudeh-party-of-iran-a-passionate-salute-to-the-heroic-struggle-of-the-women-youth-and-students-of-the-country-iran/

https://www.tudehpartyiran.org/en/2022/10/12/statement-of-the-tudeh-party-of-iran-our-warmest-greetings-to-the-striking-project-workers-in-the-bushehr-petrochemical-complex-and-contract-workers-of-the-second-phase-of-the-abadan-oil-refinery/

Doloroso fue escuchar en distintos momentos del recorrido de la manifestación del pasado sábado 22 de octubre en Madrid, bajo el lema “Mujer, vida y libertad”, la canción de “El pueblo unido” de Quilapayún, primero en farsi y luego en castellano y constatar que allí apenas había españoles de esos que presumen de solidarios, de izquierdas e incluso comunistas. De las derechas no debiera sorprender su ausencia. Y, por desgracia, a uno ya tampoco le sorprende la indiferencia y el silencio cómplice de quienes supuestamente debieran ser algo muy distinto a ellas.

Que cada uno cabalgue sus propias contradicciones.

4 de febrero de 2012

EL AÑO DE TODOS LOS PELIGROS

Ignacio Ramonet. Le Monde Diplomatique

¿Será 2012 el año del fin del mundo? Es lo que vaticina una leyenda maya que incluso le pone fecha exacta al apocalipsis: el 12 de diciembre próximo (12-12-12). En todo caso, en un contexto europeo de recesión económica y de grave crisis financiera y social, los riesgos no escasearán este año, que verá además elecciones decisivas en Estados Unidos, Rusia, Francia, México y Venezuela.

Pero el principal peligro geopolítico seguirá situándose en el Golfo Pérsico.¿Lanzarán Israel y Estados Unidos el anunciado ataque militar contra las instalaciones nucleares iraníes? El gobierno de Teherán reivindica su derecho a disponer de energía nuclear civil. Y el presidente Mahmud Ahmadineyad ha repetido que el objetivo de su programa no es en absoluto militar; que su finalidad es simplemente producir energía eléctrica de origen nuclear. También recuerda que Irán firmó y ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), mientras que Israel nunca lo hizo.

Por su parte, las autoridades israelíes piensan que no se debe esperar más. Según ellas, se acerca peligrosamente el momento en que el régimen de los ayatolás dispondrá del arma atómica, y a partir de ese instante ya no se podrá hacer nada. El equilibrio de fuerzas en Oriente Próximo se habrá roto, e Israel ya no gozará de una incontestable supremacía militar en la región. El gobierno de Benjamín Netanyahu estima que, en esas circunstancias, la existencia misma del Estado judío estaría amenazada.

Según los estrategas israelíes, el momento actual es tanto más propicio para golpear cuanto que Irán se encuentra debilitado. Tanto en el ámbito económico, a causa de las sanciones impuestas desde 2007 por el Consejo de Seguridad de la ONU, basadas en informes alarmantes del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), como en el contexto geopolítico regional, porque su principal aliado, Siria, a causa de la violenta insurrección interna, se halla imposibilitado de prestarle una eventual ayuda. Y esta incapacidad de Damasco repercute en otro socio local iraní, el Hezbolá libanés, cuyas líneas de aprovisionamiento militar desde Teherán, han dejado de ser fiables.

Por estas razones, Israel desea que el ataque se lleve a cabo cuanto antes. En aras de preparar el bombardeo, ya hay infiltrados en Irán, efectivos de las fuerzas especiales. Y es muy probable que agentes israelíes hayan concebido los atentados que, estos dos últimos años, causaron la muerte de cinco importantes científicos nucleares iraníes.

Aunque Washington acusa igualmente a Teherán de estar llevando a cabo un programa nuclear clandestino para dotarse del arma atómica, su análisis a propósito de la oportunidad del ataque es diferente. Estados Unidos está saliendo de dos decenios de guerras en esa región, y el balance no es halagador. Irak ha sido un desastre y ha quedado finalmente en manos de la mayoría chií, la cual simpatiza con Teherán... En cuanto al lodazal afgano, las fuerzas estadounidenses se han mostrado incapaces de vencer a los talibanes, con los cuales la diplomacia norteamericana ha tenido que resignarse a negociar antes de abandonar pronto el país a su destino.

Estos costosos conflictos han debilitado a Estados Unidos y revelado a los ojos del mundo los límites de su potencia y su incipiente declive histórico. No es hora de nuevas aventuras. Menos en un año electoral en el que el presidente saliente, Barack Obama, no tiene la certeza de ser reelegido. Y cuando todos los recursos están siendo movilizados para combatir la crisis y reducir el desempleo.

Por otra parte, Washington está tratando de cambiar su imagen en el mundo árabe-musulmán, sobre todo después de las insurrecciones de la “primavera árabe” del año pasado. De cómplice de dictadores –en particular del tunecino Ben Alí y del egipcio Mubarak– desea ahora aparecer como mecenas de las nuevas democracias árabes. Una agresión militar contra Irán, en colaboración además con Israel, arruinaría esos esfuerzos y despertaría el antinorteamericanismo latente en muchos países. Sobre todo en aquellos cuyos nuevos gobiernos, precisamente surgidos de las revueltas populares, están dirigidos por islamistas moderados.

Una importante consideración complementaria: el ataque contra Irán tendría consecuencias no sólo militares (no se puede descartar que algunos misiles balísticos iraníes alcancen el territorio israelí o consigan golpear las bases norteamericanas de Kuwait, Bahréin u Omán) sino, sobre todo, económicas. La réplica mínima de Irán a un bombardeo de sus sitios nucleares consistiría, como sus responsables militares no cesan de prevenir, en el bloqueo del estrecho de Ormuz. Cerrojo del Golfo Pérsico, por él pasa un tercio del petróleo del mundo y unos 17 millones de barriles de crudo cada día. Sin ese aprovisionamiento, los precios de los hidrocarburos alcanzarían niveles insoportables, lo cual impediría la reactivación de la economía mundial y la salida de la recesión.

El Estado Mayor iraní afirma que “nada es más fácil de cerrar que ese Estrecho” y multiplica las maniobras navales en la zona para demostrar que está en condiciones de llevar a cabo sus amenazas. Washington ha respondido que el bloqueo de la vía estratégica de Ormuz sería considerado como un “caso de guerra”, y ha reforzado su V Flota que navega por el Golfo.

Es muy improbable que Irán tome la iniciativa de ocluir el paso de Ormuz (aunque siempre podría intentarlo en represalias a una agresión). En primer lugar porque se daría un tiro en un pie, ya que exporta su propio petróleo por esa vía, y que los recursos de esas exportaciones le son vitales.

En segundo lugar porque dañaría a algunos de sus principales socios, quienes le apoyan en su conflicto con Estados Unidos. Principalmente China, cuyas importaciones de petróleo, que alcanzan un 15%, proceden de Irán; y su eventual interrupción paralizaría parte de su aparato productivo.

Las tensiones están pues al rojo vivo. Las cancillerías del mundo observan minuto a minuto una peligrosa escalada que puede desembocar en un gran conflicto regional. Se verían implicados en él no sólo Israel, Estados Unidos e Irán, sino también otras tres potencias de Oriente Medio: Turquía, cuyas ambiciones en la región vuelven a ser considerables; Arabia Saudí, que sueña desde hace decenios con ver destruido a su gran rival islámico chií; e Irak, que podría romperse en dos partes, una chií pro-iraní, y otra suní pro-occidental.

Asimismo un bombardeo de los sitios nucleares iraníes causará una nube radiactiva nefasta para la salud de todas las poblaciones de la zona (incluidos los miles de militares estadounidenses y los habitantes de Israel). Todo ello conduce a pensar que si los belicistas están alzando con fuerza la voz, el tiempo de la diplomacia aún no ha terminado.

3 de febrero de 2012

EMPIEZA A OLER A CONFLICTO ARMADO...Y LA GUERRA COTIZA AL ALZA EN WALL STREET

María Igartua. Cotizalia.com

Huele a conflicto armado y eso cotiza al alza en Wall Street. Si hay algo que ha enseñado la historia es que todas las grandes crisis han sido precursoras de una guerra capitaneada por Estados Unidos y las crecientes tensiones del avispero árabe hacen sospechar que no será ahora cuando se rompa la regla.

La posibilidad de un conflicto armado de mayores proporciones de lo que ha supuesto finalmente la revolución libia cobra estos días fuerza con el cruce de acusaciones, amenazas y tensiones entre Estados Unidos e Irán con el programa nuclear de este último como punto de partida.

De hecho, el primero ya ha comenzado una gira de contactos por Asia para allanar el terreno aconsejándoles alternativas a sus importaciones de petróleo procedentes del país de oriente medio por lo que pueda pasar. Por su parte, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha buscado el apoyo de líderes afines a su antiamericanismo en América Latina en un tour en el que se ha reunió, entre otros con su homólogo venezolano, Hugo Chávez, quién expresó su apoyo político y económico a su hermano árabe.

La situación tiene todos los ingredientes para que prenda la mecha y el sector armamentístico se frota las manos, más después de la retirada de las tropas estadounidenses de Iraq y la pérdida progresiva de intensidad de la guerra en Libia una vez muerto el dictador Muamar el Gadafi el pasado mes de octubre.

Basta con echar un vistazo al gráfico de las mayores compañías de defensa en EEUU para ver que su comportamiento en bolsa se ha calentado al mismo ritmo que las tensiones entre oriente y occidente. De hecho, desde verano -cuando registraron sus mínimos de 2011 tras el fuerte subidón del primer semestre de la mano de la primavera árabe- todas ellas registran ganancias de dos dígitos.

Y es que 2011 ha supuesto un punto de inflexión para estas empresas, que venían de experimentar tres años de fuertes caídas. Así, desde sus mínimos de agosto, Lockheed Martin, el mayor fabricante armamentístico del mundo por ventas según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz, acumula una subida superior al 21% y los analistas fijan su precio objetivo en los 81,92 euros, un 17% más de lo que cotiza a día de hoy.

Lockheed Martin es el artífice del primer cazabombardero del mundo indetectable, el F-35 Joint Strike Fighter y de la bomba racimo M30, que tiene un alcance de 70 km.

Pero no es la única, Raytheon que es el sexto fabricante de armas y está especializado en sistemas inteligentes utilizados en escudos antimisiles sube más de un 24% en los últimos seis meses y no parece que vaya a pisar el freno. “Esperamos que la acción se muestre relativamente mejor que sus competidoras en términos de ganancias”, asegura el último informe sobre el sector de JP Morgan.

También General Dynamics se ha unido al rally que vive el sector en los últimos meses. Con una subida del 26,8% desde octubre, los analistas de JP Morgan esperan que “la mayoría de la atención de los inversores recaiga tanto en los resultados como en la dirección del segmento aeroespacial y de combate”. Así, según la estimación media de los analistas recogidos por Bloomberg, la acción tiene un potencial de revalorización del 11%.

En cuanto a otro ‘clásico’ del sector armamentístico, Northrop Grumman, las posibles operaciones llevadas a cabo en el golfo pérsico pueden ser un filón para su división naval, aeroespacial y de radares. Sus títulos se anotan una subida del 19,45% desde agosto.

Y es que el sector sabe que después de una crisis siempre se ha producido un conflicto bélico. Aunque no hay ninguna teoría escrita al respecto, casualidad o no lo cierto es que la I Guerra Mundial, la II gran guerra, la del golfo, la de Vietnam… todas han seguidos a periodos de depresión económica.

Pero no hace falta irse tan lejos. Tras el pinchazo de la burbuja tecnológica en el año 2000, que desencadenó una recesión de la Economía estadounidenses en 2001, Estados Unidos respondía a los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas el 7 de octubre, estallando así la guerra de Afganistán, que precedió a la II Guerra del Golfo, en marzo de 2003, más conocida como la Guerra de Irak.