22 de marzo de 2021

RUIDO

Por Marat

A mitad del camino de mi vida,

en una selva oscura me encontraba

porque mi ruta había extraviado


¡Cuán dura cosa es decir cuál era

esta salvaje selva, áspera y fuerte

que me vuelve el temor al pensamiento!”

(“La Divina Comedia”. Infierno. Canto I. Dante Alighieri)

Posiblemente uno de los hechos más necesarios para los seres humanos que reflexionan sobre el presente en el que viven como colectividad - una rara virtud en tiempos de inmediateces, banales simplificaciones sobre el mundo y gritos airados, interesadamente insuflados sobre los espectadores envenenados del mundo de la política – sea el de sentirse perdidos entre tanto ruido mediáticamente propagado.

Solo desde la perplejidad que causa la cacofonía vociferante de la falsa política, de los envenenadores de la opinión publicada que inducen a la sinrazón de las emociones más primarias y salvajes, es posible comprender las intenciones que subyacen a los fabricantes de odio social, a los manipuladores de las conciencias. Y llegar a tomar distancia de toda esa patraña.

Frente a la gentuza reaccionaria y fascista, propagadora del enfrentamiento civil y el odio en la calle, las tabernas, los medios de comunicación e Internet, solo nos encontramos a una izquierda vociferante cuyos hechos son incapaces de sustentar las bravuconadas de sus palabras; una izquierda inútil que apela a las emociones blandas antes que a las prácticas políticas que golpeen a la caverna donde más le duele: educar políticamente y organizar a la clase trabajadora y a los sectores populares y tomar medidas económicas que rompan la iniciativa del fascio-liberalismo y mejoren realmente las condiciones de vida de dichas clases.

Cuando se toma distancia del cacareo de la vulgar politiquería es posible detectar que hay una evidente asimetría entre el matonismo amenazante y crecientemente violento de la derecha extrema y de la extrema derecha y la oscilación entre la frívola ridiculización de las mismas por parte de la izquierda y las fanfarronadas de un aparente hacerles frente pero solo de palabra.

Qué mejor ejemplo que las dos últimas estrofas del soneto de Cervantes, Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla para definir el falso enfrentamiento desde una de las partes:

Esto oyó un valentón y dijo: "Es cierto

cuanto dice voacé, seor soldado,

Y el que dijere lo contrario, miente."


Y luego, incontinente,

caló el chapeo, requirió la espada

miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

La derecha extrema y la extrema derecha tienen muy bien tomadas las medidas a la izquierda. Saben que en cuanto le acusen de socialista o de comunista y contrapongan ambos términos a la sacrosanta libertad de empresa, que siempre ha de estar por encima del derecho a la protección de la vida y de no ser sobreexplotado, se achantará. Quien se jacta de lo que no es, en cuanto le acusan de serlo, tiembla.

Cuánto más digno hubiera sido por parte de la izquierda responder a esos indecentes eslóganes de marketing electorero del fascio-liberalismo de socialismo o libertady de comunismo o libertad con algo parecido a esto Tienen ustedes mucha suerte de que no seamos socialistas sino social-liberales ni comunistas sino socialdemócratas porque, si fuésemos una u otra cosa, ustedes encontrarían en nuestros hechos la respuesta que merecen”. La realidad es que ni unos, los fascio-liberales, ni otros, los progres de izquierda, se engañan. Ambos saben que juegan con mentiras pero, mientras los primeros amenazan en serio, los segundos practican juegos de artificio.

Creo que no somos pocos quienes sabiendo quiénes y qué somos, sin negarnos a nosotros mismos ni a nuestras convicciones, asistimos al simulacro de un enfrentamiento asimétrico del que nos sentimos totalmente ajenos porque percibimos el tufo de la mentira y nos negamos a ser parte de tan denigrante espectáculo.

En mi caso puedo decir que hace mucho que no me reconozco en la categoría izquierda”, nacida de la ubicación de dónde se sentaron una parte de los representantes de la Asamblea Nacional, al inicio de la Revolución Francesa, cuyas aspiraciones eran fundamentalmente las de impedir el derecho de veto legislativo del monarca y dar paso a una nueva clase, la burguesía. Hay quienes creemos que la cuestión fundamental de cualquier proceso político se encuentra en lo social -qué clases serán las hegemónicas– y en lo económico - bajo qué sistema de propiedad de los medios de producción, las empresas para entendernos, vivirán los seres humanos- . Y eso no lo representa la izquierda.

Concretando, que es gerundio, en medio del griterío, la propagación del odio, el enfrentamiento entre siglas, que no proyectos realmente diferentes de sociedad, y el seguidismo acrítico, no creo ni en la ideología de los charcuteros y dueños de bares, que hacen como que no se enteran de que sus enemigos son las grandes cadenas de la distribución y de la hostelería, a los que apoyan los políticos a quienes ellos votan, ni en la de los progres universitarios de clase media, que temen ser desalojados de las instituciones burguesas y que defienden la política de la izquierda asentada en el sindicalismo de concertación,como tampoco la de cierta ministra del diálogo social, bien apreciada por los grandes empresarios.

Así que si ustedes creen que a la derecha extrema y a su infantería fascista se les para con el voto, no seré yo quien critique las decisiones que tomen. Pero creo que no está de más decirles que no les pararán con ello, porque hace tiempo que muchos de los desesperados saben que la izquierda no cambiará sus vidas sino que les abandonará a una frustración que les conduzca a entregarse a los representantes políticos de sus enemigos. En el mejor de los casos, solo retrasarán en un par de años el triunfo de los que dicen combatir. Nadar, nadar y ahogarse en la orilla.

Yo, en su caso, me plantearía si lo que toca hacer es otra cosa. No me gusta ser cargante a fuer de repetirme. Lo he explicado unos párrafos más arriba. Cada uno ha de cabalgar sus propias contradicciones.

EPÍLOGO: Mi más merecido aplauso que resume las miserias del parlamentarismo burgués y del oportunismo actual. a la serie Vamos Juan”. Aplausos a Javier Cámara al representar al político oportunista.

Ustedes verán cuál es el nivel de sus tragaderas.

16 de marzo de 2021

EL CANTO DEL CISNE DE PABLO IGLESIAS O EL VACÍO DE LA ALARMA ANTIFASCISTA ELECTORAL

Por Marat

El martes en el que conocimos la intención de presentar una moción de censura en Murcia toda la política institucional del país pareció corresponderse con lo que los medios titularon como terremoto político”. La respuesta de Ayuso en la Comunidad de Madrid, protegiéndose, mediante convocatoria a elecciones anticipadas autonómicas, contra lo que ella misma anunciaba como traición de Ciudadanos parecía corroborar ese “terremoto”, agrandado mediáticamente con una supuesta réplica del primero en Castilla-León y hasta con las dudas sobre la estabilidad del gobierno de la derecha en Andalucía.

Pero el souflé se vino abajo mediante la cooptación del PP a diputados de ese partido, gran parte de cuyos dirigentes nacionales habían sido incorporados mediante un proceso de selección de head hunters”.

De un partido como Ciudadanos, que nunca lo fue, con 6 diputados autonómicos, el presidente murciano, hombre de probada credibilidad moral, incorpora como consejeros de su gobierno autónomo de taifas, a 78.000 euros al año, a la mitad de ellos. A esta gente seguro que le tiemblan las piernas como las de un puber de 13 años a punto de echar un polvo. 

En esa alianza de intereses particulares que se hace llamar Ciudadanos hace tiempo se ha gritado maricón el último y el que quede que apague la luz

En un Madrid en el que la derecha extrema y la derecha fascista han hecho su bastión, envuelta en la bandera de los cojones, que ha pasado de los balcones a las mascarillas, en el que la batalla ideológica sobre la libertad ha logrado traspasar las trincheras de los miles de muertos para instalarse en la libertad de negocio por encima de la vida y en la que se ha tocado, con acierto evidente, tanto las necesidades de venta de los tenderos y dueños de bares como, y eso es jodido de asumir para los que se definen de izquierda, entre los desesperados de la clase trabajadora que en las autonómicas oscilarán entre PP, por Ayuso, y VOX, la moción de censura era imposible porque Ciudadanos la hubiera rechazado y las elecciones serán la derrota definitiva de esa izquierda.

Terremoto político”. Cambiar caras, siglas en los gobiernos y beneficiarios profesionales de esos cambios a tanto el kilo de nuevo aliado, y no políticas reales que mejoren la realidad de quienes están cansados de perder, no es un terremoto político. Es un insulto que, por repetido, acaba siendo cansino entre quienes se han acostumbrado a ser espectadores del reality”.

Si un efecto profundo ha tenido ese supuesto terremoto”, que refuerza a la derecha más reaccionaria, es el de un nuevo descuelgue de sectores de las clases trabajadoras y populares que venían abandonando a la izquierda desde hace decenios, y su deriva hacia las posiciones más contrarias a sus intereses, representadas por los sectores más ultras del PP y por VOX.

Claro, no hay nada más idiota que un obrero de derechas. Y se quedan tan anchos, tras tan brillante afirmación en la que se esconde un desprecio hacia el trabajador y el parado desclasadoe ignorante que no comprende la importancia de ser quien pague las subidas de los carburantes y de la energía en sus hogares, que soporta la vergüenza en las colas del hambre para recibir una docena de huevos y un kilo de garbanzos, que ha visto convertirse el Ingreso Mínimo Vital en una mala broma con escarnio y que se siente humillado y derrotado.

Ese trabajador precario desclasadoque no entiende qué coño es eso del relatoy de la lucha por la hegemonía”; esa madre, trabajadora por horas en un supermercado que desconoce qué es el heteropatriarcado o la discusión sobre identidades, el cisgénero o el feminismo de clase que solo es un lema, son quienes no os entienden, no porque sean tontos, ignorantes o reaccionarios, como en el fondo pensáis, sino porque saben que os importan un carajo. Están solo en vuestros programas electorales, en el mejor de los casos en vuestros demagógicos discursos, no en vuestra práctica del día a día, ni en vuestra procedencia de clase.

A esos sectores y clases no les ha traicionado tanto el PSOE como vosotros, los pijo-progres.

Del PSOE nunca esperaron demasiado. Les bastaba con subsidios y ayudas sociales para saber que eran algo mejores que la derecha de toda la vida, la que había humillado y empobrecido a sus padres. No es que les haya traicionado después. Es que el socialismoal que ahora insulta Ayuso al denominar así a lo que hace el PSOE cuando gobierna, ya no tiene de dónde sacar dinero de los Presupuestos Generales del Estado porque hace mucho que asumió el fin del Estado del Bienestar y el principio del no hay más cera que la que arde”. El gasto social es opuesto al beneficio empresarial. Eso lo ordena todo.

De vosotros, los podemitas no esperaban mucho. Erais pijos de la universidad y de las clases medias (funcionarios, gente especialmente parasitaria, y profesionales, principalmente), niñatos de la generación Netflix, que interpreta el mundo como si fuera una de sus series de ficción preferidas, pero os montasteis sobre los últimos resquicios de clase que les quedaban a los reformistas de IU. Tenían un pedigrí de origen más creíble que el vuestro, aunque hacía mucho que venían deteriorados. En los barrios eso os funcionó un tiempo breve, hasta que os vieron las hechuras de aspirantes a políticos profesionales. 

Y ahora tú, Pablo Iglesias, que ibas romper el orden establecido, que fuiste rebajando tu programa hasta desde el peronismo (acusarte de comunista solo tiene sentido como espantajo que conjura al futuro porque nunca lo fuiste), a aceptar los límites de la acción política, nos ofreces una nueva alarma antifascista, una de las tuyas.

Ya no funciona. Has ido perdiendo toda la credibilidad que un día recibiste. Podemos eres tú y nadie más que tú. Una diarrea peor que la de Ribera con Ciudadanos.

De tu base social real, la de las clases medias en descomposición, quienes no se hayan ido al PSOE lo habrán hecho hacia VOX.

Entre la clase trabajadora, la confianza limitada que tenías cuando el PSOE estaba descabezado, en medio de la crisis de dirigencia y la que te prestó IU antes de terminar de degenerar del todo, ya no existe.

Has pasado de casi alcanzar en parlamentarios al PSOE, soñando con lo que los socialdemócratas del eurocomunismo llamaban el “sorpasso, a tener menos de la tercera parte de sus diputados. como si el número de diputados, o incluso alcanzar el gobierno, sirviera para hacer autónoma la gobernabilidad respecto al capital. Los hechos, siempre los hechos.

En los ayuntamientos y parlamentos autónomos has ido perdiendo representación tras representación. A nivel autonómico no eres nada.

Sales del gobierno después de hacer el ridículo. No hay en tu labor gubernamental una sola actuación que puedas vender como éxito. Eso sí, has gesticulado de vicepresi como un histrión de tercera regional.

Frente al fascismo, cualquier candidatura que no contemple romper en la práctica con el capital, organizar la solidaridad interna desde la clase, crear poder popular al margen de lo institucional, dar juego autónomo, no partidista ni pensado para un rédito inmediato, es repetir el viejo esquema fracasado. Lo que ata proyectos colectivos, pensados para una larga caminata, a los objetivos inmediatos del juego institucional está destinado a la manipulación del capital, por vía directa o indirecta.

Al fascismo se le combate desde el terreno de los hechos concretos, no desde las guerras culturales que él ha planteado como el escenario en el que se siente seguro. 

Desde mi punto de vista no te has vendido porque nunca he considerado que te pasases de un lado a otro. Jamás he creído que estuvieras en mi lado de la trinchera, el de la gente que las está pasando putas y que cree en otra realidad, en otro sistema que no consista en que alguien explote, o sobreexplote (la diferencia entre una cosa y otra no existe para vosotros los progres).Tu mentira no puede sostenerse durante mucho tiempo..

Te presentas ahora -tal vez mañana todo cambie- como candidato a las elecciones de la Comunidad de Madrid, con la intención de unir tu candidatura a la de tu peor enemigo, Errejón. Vended como altura de miras lo que solo es el miedo a desaparecer de dos miserias unidas por similar ambición personal. No habrá candidatura unitaria porque entre dos mezquindades, más preocupadas por sus enfermizos narcisismos y por la venganza contra el hasta ayer amigo, la condición de alacranes les lleva a destruirse mutuamente 

Dices que lo haces para frenar a la reacción y al fascismo. Me pregunto con qué crédito y qué, de lo que hayas hecho mientras has estado en el gobierno, puede sustentar tus razones. La clase a la que nunca has defendido en tu práctica política está desnuda. No cree en nada que no sean sus necesidades inmediatas. Hoy nadie la representa pero, dentro de ella, ha crecido la rabia. Una rabia inútil que irá contra si misma cuando apoye a su peor enemigo, el fascismo. Lo hace porque ningún político de izquierda fue parte de su realidad.

Has buscado una forma de salir del gobierno como si fuera un sacrificio antifascista, cuando tu práctica lo ha alimentado, aunque solo fuera por pasividad, para preparar tu próximo escenario de líder contra la traición histórica del PSOE y de un Sánchez paciente con quien es semejante en ambición pero no en inteligencia. No eres fiable ni has presionado en la práctica. Se presiona desde la calle, no desde los ministerios

Tu tramoya se descompone. A esa angustia responde tu candidatura, confiado aún en el supuesto magnetismo que ya no te funciona. . 

Vas a pasar a la historia reciente (afortunadamente no a la de largo plazo) como alguien que aprovechó el encumbramiento organizado de su persona para hundirse con más odio hacia sí mismo del que otros hayan podido tener hacia sí.

Cuando Ayuso haya abierto el camino de VOX hacia la gobernabilidad, pregúntate si tu hiperventilación ultramegarevolucionaria ha contribuido a que las clases populares sientan que has conectado con sus temores, problemas y preocupaciones. Ahí es donde el fascismo te comió la tostada, convirtiéndose en el canal de expresión de una indignación que ya no diriges sino que provocas.

Acabarás de candidato a Presidente de la Cofradía de la Santísima Virgen de la Soledad.

28 de febrero de 2021

DESAFECCIÓN SOCIAL HACIA EL SISTEMA POLÍTICO

Por Marat

Hay mil lecturas posibles sobre la violencia con aspecto político en las calles. Posiblemente la mayoría de ellas sean correctas, lo que no impide que sean incompletas.

Puede que haya mucho de parque temático de la violencia allá donde se dan acciones virulentas en las que se queman contenedores, puede que también mucho nacionalismo irrendento aproveche cualquier ocasión, incluso la de un tonto que no supo expresar la poesía de la ira más que a través del odio psicópata en lugar de decir todo a través de una mirada irónica, capaz de sortear las leyes reaccionarias aplicadas por jueces nazis, puede que haya una necesidad de desahogarse tras tanto tiempo de supuesto confinamiento. En España enfrentar al bicho ha sido un cachondeo de políticos y ciudadanos. A unos y a otros les suda la polla los muertos, incluidos los propios, mientras la economía no muera del todo y sea posible tomarse una caña en una terraza con más gente que en la celebración de un mundial de fútbol y con la mascarilla sobre una mesa llena de churretes. Este es un país en el que el ciudadano es tan gentuza, vote o no, como en Argentina y cuyos políticos están a la altura de Italia, Estados Unidos o Sudán. Ni uno ni otros merecen mayor respeto.

También podríamos hablar de esa generación de adolescentes-jóvenes con un 40% de paro que no parece tener futuro y, a partir de ahí repetir el cuento de ese grupo que se llamó Generación Sin Futuro, bien colocada hoy en las instuciones, que estuvo en la génesis del 15M y de volver a la misma película, con las variaciones nacidas de haber descubierto que eran gilipollas y que lo nuevo habría de traer la sensación de engaño que ahora tienen. Pero en los barrios nunca estuvo el 15M, salvo como promesa y eslogan, y los jóvenes son muchos y muy distintos en realidades, necesidades, esperanzas y posibilidades, Allá donde no hay barrios hay un futuro de másteres, relaciones, expectativas de herencias de negocio y mandangas limpias, de las que no te matan, sino que te ayudan a ser un hijo de puta con el empuje y sadismo necesarios para saber cómo mantenerte arriba, ya que levantar más allá el negocio de papá no es lo tuyo, si con conservarlo ya te va bien.

No se trata solo de jóvenes. Lo que está sucediendo es una animosidad contra las instituciones políticas, los medios de comunicación, el poder judicial, la representación electoral, el Estado, que no había alcanzado tal nivel de puesta en entredicho en estos 40 años de democracia burguesa.

Ya no estamos ante una crisis de representación sino ante una crisis de legitimación del sistema político, de la llamada democracia, que siempre fue burguesa. Qué gran oportunidad si existieran fuerzas revolucionarias opuestas al capitalismo pero lo que está enfrente es la amenaza del fascismo. Y eso no lo parará ni la blandenguería de los izquierdistas, a los que preocupa mucho más mantener sus cuotas de poder que la descomposición social y política que crece cada día.

En gran medida es la apuesta cínica de muchos que siempre fueron votantes, de abstencionistas por un millón de motivos no encuadrables, de gente que siempre pensó que ya le valía con la crítica en el bar sin mojarse en nada jamás.

Abordar la desafección hacia el sistema político ya no puede ser hecho desde una perspectiva de clase desde el momento en el que la clase se ha fragmentado, ya no al nivel que anunció Toni Ngri-ocurrió en los 70 y 80- ni en el que dio a entender E. O. Wright, sino en lo que el propio Marx definió cuando hablaba del lumpemproletariado

Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda esa masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de diciembre, «Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora.

Quizá sea el momento de tomar de Marx tal estupendo análisis social y de trasladarlo al momento de hoy en el que alguien vive de guardar una fila delante de un cine, en el que tantos trabajadores NOS sobreexplotamos más allá de lo que haga nuestro empresario, en el que hay trabajadores que son subcontratados por trabajadores en red, en el que hay muchos asustados por si no reciben algún tipo de subsidio.

Cuanto más se descomponga estructuralmente la clase trabajadora, más se producirá su alineación, ya no como clase, que dejará de existir en los términos que históricamente conocimos, sino como seres humanos alejados de cualquier visión del futuro más igualitaria, justa, socialista. No es que la clase trabajadora fuese revolucionaria. Nunca lo fue. Pero en la lucha por su supervivencia expresó en múltiples ocasiones la contradicción trabajo-capital, en muchos casos no solo de modo objetivo sino subjetivo. 

Lo que viene ahora es la posibilidad de que esa clase, que pocas veces en la historia se vio como sujeto, se despeñe, en su propia descomposición, hacia una ira destructiva, hacia un odio que se alimenta de las bajas pasiones de la tribu, el enemigo más cercano, no el real, hacia algo tan simple como sus necesidades de supervivencia material, hacia el fascismo.   

Qué gran venganza clasista para esos pijo-progres de clase media que siempre despreciaron a la clase trabajadora por no cumplir el papel prometéico que imaginaron en sus ensoñaciones de revolucionarios de salón. Es el momento en el que insultarán a quienes bastante tenían con huir de la pobreza. Cuando el fascismo se imponga esos mismos pijo-progres se unirán a lo que éste pueda ofrecerles para mantener su status. Los más críticos y capaces de entre ellos elegirán el exilio dorado de alguna universidad extranjera, como siempre hicieron a lo largo de la historia. 

Quizá lo decreciente sea el salario y quizá lo que viene por delante sean las mil formas de supervivencia que no caben dentro de lo clásico.

Quizá haya mucho autónomo que se sienta engañado con la democracia porque, siendo alguien que se ha buscado la vida, sin que el Estado deba hacer mucho por él, aquella no le proteja en los tiempos malos.

Quizá haya mucha gente que no se sienta representada porque entienda que la democracia le engaña y que no protege sus necesidades de supervivencia

Quizá los desencantados con la democracia sean tan estúpidos que no entienden que la democracia, como la dictadura, es el medio a través del que el capitalismo, no el grande, sino el que siempre fue, va buscando cómo crecer a cuenta del resto.

Quizá habría que explicar a los idiotas que lo que ellos entienden como crítica hacia la falta de democracia social -sanidad, escuela pública, pensiones-que solo fue algo que ocurrió entre 1945 y 1973 , cuando el capitalismo tenía que combatir al comunismo. Nunca jamás la democracia significó otra cosa que el derecho al voto.

Si ustedes creen que hay una desigualdad suprema entre capital y el resto, llámenlo socialismo. 

Quizá lo que están negando alimente al fascismo de VOX

30 de septiembre de 2020

ANTE EL CAOS DE LA PANDEMIA, UNA EXIGENCIA UNITARIA: VIDA Y TRABAJO

 


Por Marat

El Espacio de Encuentro Comunista (EEC) ha publicado recientemente un documento político titulado “Por la vida y el trabajo, unifiquemos las luchas” que, creo absoluta  y pertinentemente necesario en el aquí y el ahora, por lo que recomiendo encarecidamente su lectura a quienes no lo hayan hecho aún.

El pasado sábado 19 de septiembre –a veces me gusta datar los momentos que me marcan, aunque mi memoria acabe por destruir esos recuerdos- en una tienda de Puente de Vallecas, zona que iba a ser confinada dos días después, el 21, escuché a una mujer mayor decir algo muy directo y claro: “la gente trabajadora les importamos una mierda a los políticos. Lo único que quieren es que sigamos trabajando para el beneficio de los ricos”. Aquella mujer comprendía lo esencial del concepto de explotación y de la lucha de clases.

Conozco a desesperados que llevan 6 meses esperando el Ingreso Mínimo Vital, una fórmula de asistencia laica del Estado que les ha excluido de los derechos ligados al trabajo, que deben escoger entre morirse de hambre o ir al trabajo sin querer saber si están enfermos porque no pueden permitírselo.

Para el capital y sus esbirros políticos, sean la derecha extrema, los fascistas de VOX o el gobierno de progreso, la clase trabajadora es un mero dato estadístico, formado por individuos a los que tratan como carne de cañón. Todas las invocaciones  con apariencia humanitaria que hacen unos y otros respecto a los más débiles ante el tsunami de la pandemia y sus efectos económicos, así como las supuestas medidas paliativas tomadas, son mera propaganda que no se concreta en otra cosa que tirar balones hacia adelante, intentando que el sistema capitalista salga de ésta lo menos damnificado, mientras confían en nuestra capacidad de resignación y aguante ante las consecuencias de sus dos crisis, la del bicho y la acumulada, tras la anterior, y consecuencia de una economía zombie tras la eclosión de la pandemia.

La imagen de Sánchez y Ayuso en su comparecencia ante los medios, arropados por 26 banderas de “España” y de la Comunidad de Madrid, son la evidencia de la demagogia política que pretende unificar lo que está fragmentado desde siempre en clases sociales con realidades inconciliables bajo el manto de lo nacional y patriótico, lo mismo que están haciendo otros nacionalismos, incluidos los locales. Aquello empezó cuando desde los primeros días del Estado de Alarma compararon la situación de la pandemia con una guerra o cuando esgrimieron el slogan emocional de “este virus lo paramos unidos”, el clásico instrumento con el que se ataja la posibilidad de comprender la realidad mediante el obsceno trampantojo de apelar a los sentimientos inmediatos con el objetivo de cegarnos respecto a quienes serían los perdedores de esta historia.

Luego gobierno y oposición podrán jugar a enfrentarse, desdiciendo su supuesta “unidad nacional” ante el desastre, tratando de sumar fuerzas y “razones” a cada lado de sus supuestas trincheras pero lo cierto es que toman como rehenes a la clase que soporta todas sus inacciones, su ausencia de medidas que protejan nuestra salud y de actuaciones que nos protejan ante el crecimiento del desempleo, la pobreza y la desesperación individual y social: la trabajadora.

A las colas del hambre delante los locales de las asociaciones de vecinos, los bancos de alimentos o las oficinas de Cáritas les han sustituido las colas de los receptores de los ingresos de los ERTE ante los bancos, que tampoco es que cobren unos estipendios precisamente jugosos. El cambio de protagonistas en las filas se debe a que el final del Estado de Alarma permitió “respirar” a quienes deben buscarse la vida dentro de la economía sumergida, ahora con menos ingresos aún que en el pasado porque la demanda laboral de empresarios “emprendedores”, negocios variopintos, legales e ilegales, y “ciudadanos ejemplares” que aprovechan su necesidad de trabajo es menor, dada la situación económica y la situación ventajosa del empleador, que ahora puede pedir más por menos ¿Quién dijo que el capitalismo era un fracaso? No para quienes tienen los resortes para que el viento sople a su favor.

El estigma social en cualquiera de esas colas es evidente porque te señala, lo mismo que la tarjeta para familias vulnerables, creada a partir de la pandemia en Madrid, para comprar alimentos y productos de higiene, un  chivato público de la condición de pobre (ahora se dice vulnerable) cuando tengas que mostrarla en la caja del supermercado. Seguramente temían sus promotores que, de no utilizar este medio de señalamiento social, e ingresar en la cuenta bancaria del “beneficiario” la cantidad que cubre dicha tarjeta, un procedimiento mucho más discreto, el personal se lo gastara en coñac y marihuana, que ya se sabe cómo son estos menestorosos. Hay que aplaudir que tan edificante idea del Ayuntamiento de Madrid se haya hecho contando con el apoyo de los grupos progres, perdón, de izquierdas, representados en él. Otro éxito incontestable del alcalde Almeida, popularmente conocido como “carapolla”.

La selección de los barrios y pueblos del sur de Madrid como territorios para exhibir algún tipo de acción autonómica ante el persistente y dilatado descontrol por las autoridades locales  frente a la  proliferación de la COVID-19 es un insulto a las clases trabajadoras y populares de las zonas afectadas. Permitir que los trabajadores de ellas salgan a realizar sus trabajos y pedirles que se confinen a su vuelta, sin inversión en recursos sanitarios humanos, técnicos, preventivos y diagnósticos, con unos centros de salud sobresaturados y sin medios, dejando pudrirse durante meses la situación en la región y sin financiación de la protección social que favorezca el autoconfinamiento, es una declaración de guerra de clases desde los representantes políticos oficiales del capital.

Hay una cierta zombificación del estado mental individual y colectivo, una conmoción que se une con un estado de malestar y rabia que, de no expresarse socialmente en forma de protesta organizada y con unas demandas concretas, puede dar lugar bien a la resignación, bien a estallidos sociales, sin destino ni dirección concretas, que sirvan para incrementar la represión política de clase.

De hecho, la oferta del gobierno español a la Comunidad de Madrid de desplegar policía nacional y guardia civil allí donde pueda ser necesario para la “paz social” y el objetivo de “colaboración ciudadana” ante la pandemia y la intención del Ayuntamiento de Madrid de dotar de pistolas Taser a la policía municipal indica que la “democracia” burguesa ya prevé que el descontento social pueda llegar a expresarse.

A pesar de la conmoción social hay indicios, aún débiles y dispersos de la manifestación del descontento social. De los trabajadores metalúrgicos de Puerto Real, que ven amenazado su futuro laboral, a los de Alcoa, cuya amenaza de cierre cae sobre sus cabezas, de los enseñantes a los sanitarios, de los estudiantes a los trabajadores de la cultura y el espectáculo, la ira social va tomando lentamente forma, en unos casos reivindicando la protección de la salud, en otros del trabajo y de medidas del desempleo.

Separar la exigencia de protección de nuestras vidas y de nuestra salud, mediante los medios que el Estado capitalista debe poner en marcha, de las demandas de empleo y de protección al desempleo es condenarnos a que debamos jugarnos la vida para salir a trabajar y ganarnos el sustento, ya sea en el transporte público, en los centros de trabajo, públicos o privados, en las escuelas o en los centros sanitarios.

Las luchas parciales, sectoriales, de categorías profesionales dentro un sector (médicos dentro de la sanidad), de sectores concretos (enseñantes), de empresas, etc., en el contexto de una crisis sistémica y sanitaria de estas dimensiones están destinadas a fracasar. Si se pertenece a un colectivo laboral o sector, antaño con gran capacidad de presión, como el de enseñantes o sanitarios, en las circunstancias actuales, basta con que se les apliquen servicios mínimos del 90 ó100% para que sus huelgas no existan. Si las movilizaciones afectan a empresas concretas o sectores no esenciales, en el contexto de la cuestión social, política y económica que lo domina todo, carecen de capacidad de presión. Si las peleas de un barrio o pueblo estigmatizado socialmente se quedan en su localidad, sin vincularse mucho más allá a otros territorios o a lo que pasa en el centro de salud, la escuela o las empresas próximas, solo serán anécdotas de 3 tuits y un día. 

Pero exigir la protección de nuestras vidas y vincularlas a la exigencia de que no estamos dispuestos a jugárnoslas para mantener su maquinaria productiva de beneficios y unir el conjunto de las reivindicaciones laborales y de los barrios, de la enseñanza y la sanidad, eso es mucho más difícil de ignorar porque ellos, derecha e izquierda al servicio del capital, han apostado porque, con o sin pandemia, la inversión en proteger nuestras vidas, nuestros empleos y las coberturas de nuestro paro no cuestionen la ganancia empresarial.

Ahí está nuestra fuerza, nuestra capacidad de parar los próximos golpes contra nuestra clase y de revertir la correlación de fuerzas en la que ellos están ganando por goleada.

Que no les entretengan con que si los Borbones tal o cuál, con la unidad de la patria, con bolivarianos o fachas o con delirios que ciertos extraterrestres expresan cuando hablan de nacionalizar la banca -las necesidades inmediatas de la clase trabajadora hoy pasan por tener ingresos mensuales, llenar la nevera, pagar los libros del colegio de sus hijos, la hipoteca o el alquiler mensual. No están para milongas- o la autodeterminación de los pueblos. Lo que el capital y su trupe circense de 350 parlamentarios no podrán soportar es que exijamos gasto social en proteger nuestras vidas y nuestros empleos y que unamos todas las luchas que afectan a nuestra clase en ese mismo objetivo común. Para ellos es gasto sin beneficio. Se les quiebra el negocio. Y si no, pregúntense porqué han dejado pudrirse la situación sanitaria del país y la económico-social de nuestra clase.

Si les queda alguna duda de hasta qué punto defender las necesidades inmediatas de la clase trabajadora es hoy incompatible con los intereses de acumulación del capital, les sugiero que lean las reivindicaciones del Espacio de Encuentro Comunista (EEC) –van en la parte final del documento- en el enlace que les señale al principio del texto.

5 de agosto de 2020

UN PRÓFUGO DISFRAZADO DE EXILIADO


Por Marat

Dicen que Campechano I se ha ido a la República Dominicana. Ya no está en edad de disfrutar de los encantos de ninguna mucama mulata de resort para ricos sino en todo de caso de babear mirándola. En su patético estado de momia amojamada ya no hay Viagra que arregle tal grado de ruina viril.

Por muchas amantes de pago que tuviese en el pasado, parece que ha sido el apego al dinero de clara procedencia, y aún más cierta ilegalidad, el que le ha conducido a salir por piernas, por si las leyes suizas pudiesen atreverse a lo que las españolas difícilmente hubiesen hecho: justicia.

La carta dirigida a su hijo, Felipe VI, el Robot Impávido, es una obra maestra de cinismo.

Comienza diciendo que “ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada…”. El escándalo nacido de su condición de corrupto no pertenece a su vida privada sino a la pública, como máximo embajador y encargado de negocios en el extranjero por su condición de Rey. Su labor como comisionista de grandes compañías españolas, desde las energéticas hasta las financieras, pasando por el AVE y por otras muchas, en los negocios de éstas en terceros países, pone no solo en cuestión la supuesta neutralidad que ante intereses privados de grandes empresas tendría que tener un jefe de Estado sino su condición de alcahuete muñidor de grandes pelotazos internacionales por los que se llevaba una pasta. De su vida privada nada.

Afirma también que “mi legado, y mi propia dignidad como persona, así me lo exigen”. Se refiere a su “más absoluta disponibilidad para contribuir a facilitar el ejercicio de tus funciones [las de Felipe VI el Robot Impávido], desde la tranquilidad y el sosiego que requiere tu alta responsabilidad”.

Pero su legado es el de un rey, heredero de Franco, que jugó un papel muy oscuro en el 23-F, que algún día se aclarará, y el de un chorizo mayor que practicó la fuga de capitales a paraísos fiscales como el de Panamá, algo especialmente “digno en su persona” cuando a la clase trabajadora se aplicaban las recetas de caballo más salvajes (recortes sociales, despidos, austeridad, pérdida de derechos, empobrecimiento de amplias capas de trabajadores, etc.

No es que ser un mangante en épocas de expansión económica en las que nos hubieran caído algunas migajas a los trabajadores fuese más aceptable pero sí que indigna menos al populacho acostumbrado a fútbol y casquería televisiva. Esa fue tu perdición, Campechano, creer que heredabas la condición de caudillo por la gracia de dios de Franco, que tenías camino expedito para toda acción criminal a partir de tu condición de prócer “cuasi” divino sobre tu persona construido por los lameculos palatinos de los sucesivos gobiernos, los historiadores a tanto la página, el parlamento y los consejos de redacción mediáticos.  

Hacia el final de su carta a Felipe VI, el Robot Impávido, Campechano I señala “te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España”. A ver, rey de bastos, marqués de “bribón” (suena como Borbón), qué buen nombre para tu velero, conde de cazamayor, duque del pelotazo, señor de trinquete, no te trasladas, no haces el paripé de tu abuelito Alfonso XIII, esperando el tren que le condujese a Roma tras la proclamación de la III República, te das a la fuga, por si las cosas se ponen feas y porque tu hijo, para salvar su real culo, te ha dejado claro que o te piras o te deja caer en cualquier mazmorra, si no española, del extranjero. Y sabes que te puede caer un suplicatorio de otros países y, como poco, un calvario de investigaciones en el Congreso y por parte de fiscales y acusaciones particulares.

No creo que esto sea el fin inmediato del Robot Impávido pero sí pienso que es el principio del camino hacia una nueva era de éxodo de la casa de los borbones. Está tocada, no de muerte inmediata, pero sí de una desafección que la convierte ya no en intocable sino en directamente cuestionable por los españoles de casi todas las ideologías.

Cuando ante tanto cinismo de su padre, Robot Impávido “desea remarcar la importancia histórica que representa el reinado de su padre, como legado y obra política e institucional de servicio a España y a la democracia”, cuando pretende colarnos como acto de limpieza la presunta renuncia a la herencia de su padre, algo imposible mientras éste esté vivo y no se abrá el documento de herederos, cuando hay sobradas sospechas de que a TODOS los miembros de la Casa Real les habrá caído algo de los negocios de papá, cuando tienes un cuñado testaferro de los negocios de tu padre que ha pasado por el trullo, está claro que tu futuro no es halagüeño.  

El fin de los borbones será como “El hundimiento de la casa Usher,” de Allan Poe. Se irá carcomiendo hasta caer con “un largo y tumultuoso estruendo, como la voz de mil cataratas”

Pero no se fíen cuando eso suceda. El ruido de la caída, mil veces televisado y repetido por todas las redes sociales de entontecimiento colectivo, tendrá poco que ver con la realidad. Para entonces el pueblo español ya habrá dado por descontada la monarquía, del mismo modo en que se cansa de una serie cuyos últimos capítulos le aburren. Al fin y al cabo, vivimos en una sociedad del espectáculo sin actores colectivos pero con millones de relatores. Todo será una más de tantas ficciones.

La derecha, que lleva años haciendo su labor de zapa a la monarquía, siendo la deslegitimadora desde unos cuernos que no pueden existir cuando no hay traición sino coalición de intereses entre una casa francesa que ha tenido ya muchos avatares peligrosos en España y un mal fin en Grecia. Y fue la primera que dio el pistoletazo de salida al cuestionamiento de una monarquía que se presentaba como inmaculada. Lo suyo fue abrir el camino del descrédito a través de lo genital. La derecha es muy de vícios privados, públicas virtudes y espionajes varios. Lo del no robarás del séptimo mandamiento, ya tal, que decía Rajoy.

Las izquierdas, reformistas por naturaleza, centradas en cambiar el orden institucional desde la Revolución Francesa hasta hoy, sin tocar el orden económico de la burguesía, basado en trabajo explotado y sobrexplotado a través del salario, celebrarán como en el exilio de Alfonso XIII e Isabel II, un supuesto triunfo en el que la correlación ideológica traerá, como mucho, más reformismo capitalista, como poco un largo período de hegemonía de la derecha. Quizá crean que renunciando a la lucha de clases, la república lo hará todo por sí misma. O, tal vez, les valga con aparentar que cambian todo para que nada cambie.  

Seguramente crean que porque cambien un rey por alguien como Macron van a lograr la república socialista, escondiendo la lucha de clases detrás de la tricolor, que es su práctica habitual, en lugar de proclamar en primer lugar la defensa de los intereses de la clase explotada contra los de sus explotadores 

Y mientras tanto, la clase trabajadora seguirá pagando los platos rotos de la crisis del capital porque lo que no se lleva es hablar con claridad de que no soporta más su situación de que necesita organizarse como clase, de que el sistema capitalista ya solo puede sobrevivir extrayendo la sangre de sus venas y de que aquél ha de ser destruido para construir una sociedad de iguales, libres y solidarios.