(11) Le Canard enchaîné, París, 15 de abril de 2015.
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
1 de febrero de 2016
GOOGLE LO SABE TODO DE TI
Ignacio
Ramonet. Le Monde Diplomatique
En
nuestra vida cotidiana dejamos constantemente rastros que entregan
nuestra identidad, dejan ver nuestras relaciones, reconstruyen
nuestros desplazamientos, identifican nuestras ideas, desvelan
nuestros gustos, nuestras elecciones y nuestras pasiones; incluso las
más secretas. A lo largo del planeta, múltiples redes de control
masivo no paran de vigilarnos. En todas partes, alguien nos observa a
través de nuevas cerraduras digitales. El desarrollo del Internet de
las cosas (Internet of Things) y la proliferación de objetos
conectados (1) multiplican la cantidad de chivatos de todo tipo que
nos cercan. En Estados Unidos, por ejemplo, la empresa de electrónica
Vizio, instalada en Irvine (California), principal fabricante de
televisores inteligentes conectados a Internet, ha revelado
recientemente que sus televisores espiaban a los usuarios por medio
de tecnologías incorporadas en el aparato.
Los
televisores graban todo lo que los espectadores consumen en materia
de programas audiovisuales, tanto programas de cadenas por cable como
contenidos en DVD, paquetes de acceso a Internet o consolas de
videojuegos… Por lo tanto, Vizio puede saberlo todo sobre las
selecciones que sus clientes prefieren en materia de ocio
audiovisual. Y, consecuentemente, puede vender esta información a
empresas publicitarias que, gracias al análisis de los datos
acopiados, conocerán con precisión los gustos de los usuarios y
estarán en mejor situación para tenerlos en el punto de mira (2).
Esta
no es, en sí misma, una estrategia diferente de la que, por ejemplo,
Facebook y Google utilizan habitualmente para conocer a los
internautas y ofrecerles publicidad adaptada a sus supuestos gustos.
Recordemos que, en la novela de Orwell 1984, los televisores
–obligatorios en cada domicilio–, “ven” a través de
la pantalla lo que hace la gente (“¡Ahora podemos veros!”).
Y la pregunta que plantea hoy la existencia de aparatos tipo Vizio es
saber si estamos dispuestos a aceptar que nuestro televisor nos
espíe.
A
juzgar por la denuncia interpuesta, en agosto de 2015, por el
diputado californiano Mike Gatto contra la empresa surcoreana
Samsung, parece que no. La empresa fue acusada de equipar sus nuevos
televisores también con un micrófono oculto capaz de grabar las
conversaciones de los telespectadores, sin que éstos lo supieran, y
de transmitirlas a terceros (3)… Mike Gatto, que preside la
Comisión de protección del consumidor y de la vida privada en el
Congreso de California, presentó incluso una propuesta de ley para
prohibir que los televisores pudieran espiar a la gente.
Por
el contrario, Jim Dempsey, director del centro Derecho y Tecnologías,
de la Universidad de California, en Berkeley, piensa que los
televisores-chivatos van a proliferar: “La tecnología permitirá
analizar los comportamientos de la gente. Y esto no sólo interesará
a los anunciantes. También podría permitir la realización de
evaluaciones psicológicas o culturales, que, por ejemplo,
interesarán también a las compañías de seguros”. Sobre todo
teniendo en cuenta que las empresas de recursos humanos y de trabajo
temporal ya utilizan sistemas de análisis de voz para establecer un
diagnóstico psicológico inmediato de las personas que les llaman
por teléfono en busca de empleo…
Repartidos
un poco por todas partes, los detectores de nuestros actos y gestos
abundan a nuestro alrededor, incluso, como acabamos de ver, en
nuestro televisor: sensores que registran la velocidad de nuestros
desplazamientos o de nuestros itinerarios; tecnologías de
reconocimiento facial que memorizan la impronta de nuestro rostro y
crean, sin que lo sepamos, bases de datos biométricos de cada uno de
nosotros… Por no hablar de los nuevos chips de identificación por
radiofrecuencia (RFID) (4), que descubren automáticamente nuestro
perfil de consumidor, como hacen ya las “tarjetas de fidelidad”
que generosamente ofrece la mayoría de los grandes supermercados
(Carrefour, Alcampo, Eroski) y las grandes marcas (FNAC, el Corte
Inglés).
Ya
no estamos solos frente a la pantalla de nuestro ordenador. ¿Quién
ignora a estas alturas que son examinados y filtrados los mensajes
electrónicos, las consultas en la Red, los intercambios en las redes
sociales? Cada clic, cada uso del teléfono, cada utilización de la
tarjeta de crédito y cada navegación en Internet suministra
excelentes informaciones sobre cada uno de nosotros, que se apresura
a analizar un imperio en la sombra al servicio de corporaciones
comerciales, de empresas publicitarias, de entidades financieras, de
partidos políticos o de autoridades gubernamentales.
El
necesario equilibrio entre libertad y seguridad corre, por tanto, el
peligro de romperse. En la película de Michael Radford, 1984,
basada en la novela de George Orwell, el presidente supremo, llamado
Big Brother, define así su doctrina: “La guerra no tiene por
objetivo ser ganada, su objetivo es continuar”; y: “La
guerra la hacen los dirigentes contra sus propios ciudadanos, y tiene
por objeto mantener intacta la estructura misma de la sociedad”
(5). Dos principios que, extrañamente, están hoy a la orden del día
en nuestras sociedades contemporáneas. Con el pretexto de tratar de
proteger al conjunto de la sociedad, las autoridades ven en cada
ciudadano a un potencial delincuente. La guerra permanente (y
necesaria) contra el terrorismo les proporciona una coartada moral
impecable y favorece la acumulación de un impresionante arsenal de
leyes para proceder al control social integral.
Y
más teniendo en cuenta que la crisis económica aviva el descontento
social que, aquí o allí, podría adoptar la forma de motines
ciudadanos, levantamientos campesinos o revueltas en los suburbios.
Más sofisticadas que las porras y las mangueras de las fuerzas del
orden, las nuevas armas de vigilancia permiten identificar mejor a
los líderes y ponerlos fuera de juego anticipadamente.
“Habrá
menos intimidad, menos respeto a la vida privada, pero más
seguridad”, nos dicen las autoridades. En nombre de ese
imperativo se instala así, a hurtadillas, un régimen de seguridad
al que podemos calificar de “sociedad de control”. En la
actualidad, el principio del “panóptico” se aplica a toda
la sociedad. En su libro Vigilar y castigar. Nacimiento de la
prisión, el filósofo Michel Foucault explica cómo el
“Panóptico” (“el ojo que todo lo ve”) (6) es un
dispositivo arquitectónico que crea una “sensación de
omnisciencia invisible” y que permite a los guardianes ver sin
ser vistos dentro del recinto de una prisión. Los detenidos,
expuestos permanentemente a la mirada oculta de los “vigilantes”,
viven con el temor de ser pillados en falta. Lo cual les lleva a
autodisciplinarse… De esto podemos deducir que el principio
organizador de una sociedad disciplinaria es el siguiente: bajo la
presión de una vigilancia ininterrumpida, la gente acaba por
modificar su comportamiento. Como afirma Glenn Greenwald: “Las
experiencias históricas demuestran que la simple existencia de un
sistema de vigilancia a gran escala, sea cual sea la manera en que se
utilice, es suficiente por sí misma para reprimir a los disidentes.
Una sociedad consciente de estar permanentemente vigilada se vuelve
enseguida dócil y timorata” (7).
Hoy
en día, el sistema panóptico se ha reforzado con una particularidad
nueva con relación a las anteriores sociedades de control que
confinaban a las personas consideradas antisociales, marginales,
rebeldes o enemigas en lugares de privación de libertad cerrados:
prisiones, penales, reformatorios, manicomios, asilos, campos de
concentración… Sin embargo, nuestras sociedades de control
contemporáneas dejan en aparente libertad a los sospechosos (o sea,
a todos los ciudadanos), aunque los mantienen bajo vigilancia
electrónica permanente. La contención digital ha sucedido a la
contención física.
A
veces, esta vigilancia constante también se lleva a cabo con ayuda
de chivatos tecnológicos que la gente adquiere libremente:
ordenadores, teléfonos móviles, tabletas, abonos de transporte,
tarjetas bancarias inteligentes, tarjetas comerciales de fidelidad,
localizadores GPS, etc. Por ejemplo, el portal Yahoo!, que consultan
regular y voluntariamente unos 800 millones de personas, captura una
media de 2.500 rutinas al mes de cada uno de sus usuarios. En cuanto
a Google, cuyo número de usuarios sobrepasa los mil millones,
dispone de un impresionante número de sensores para espiar el
comportamiento de cada usuario (8): el motor Google Search, por
ejemplo, le permite saber dónde se encuentra el internauta, lo que
busca y en qué momento. El navegador Google Chrome, un megachivato,
envía directamente a Alphabet (la empresa matriz de Google) todo lo
que hace el usuario en materia de navegación. Google Analytics
elabora estadísticas muy precisas de las consultas de los
internautas en la Red. Google Plus recoge información complementaria
y la mezcla. Gmail analiza la correspondencia intercambiada, lo cual
revela mucho sobre el emisor y sus contactos. El servicio DNS (Domain
Name System, o Sistema de nombres de dominio) de Google analiza los
sitios visitados. YouTube, el servicio de vídeos más visitado del
mundo, que pertenece también a Google –y, por tanto, a Alphabet–,
registra todo lo que hacemos en él. Google Maps identifica el lugar
en el que nos encontramos, adónde vamos, cuándo y por qué
itinerario… AdWords sabe lo que queremos vender o promocionar. Y
desde el momento en que encendemos un smartphone con Android, Google
sabe inmediatamente dónde estamos y qué estamos haciendo. Nadie nos
obliga a recurrir a Google, pero cuando lo hacemos, Google lo sabe
todo de nosotros. Y, según Julian Assange, inmediatamente informa de
ello a las autoridades estadounidenses…
En
otras ocasiones, los que espían y rastrean nuestros movimientos son
sistemas disimulados o camuflados, semejantes a los radares de
carretera, los drones o las cámaras de vigilancia (llamadas también
de “videoprotección”). Este tipo de cámaras ha
proliferado tanto que, por ejemplo, en el Reino Unido, donde hay más
de cuatro millones de ellas (una por cada quince habitantes), un
peatón puede ser filmado en Londres hasta 300 veces cada día. Y las
cámaras de última generación, como la Gigapan, de altísima
definición –más de mil millones de píxeles–, permiten obtener,
con una sola fotografía y mediante un vertiginoso zoom dentro de la
propia imagen, la ficha biométrica del rostro de cada una de las
miles de personas presentes en un estadio, en una manifestación o en
un mitin político (9).
A
pesar de que hay estudios serios que han demostrado la débil
eficacia de la videovigilancia (10) en materia de seguridad, esta
técnica sigue siendo refrendada por los grandes medios de
comunicación. Incluso una parte de la opinión pública ha terminado
por aceptar la restricción de sus propias libertades: el 63% de los
franceses se declara dispuesto a una “limitación de las
libertades individuales en Internet en razón de la lucha contra el
terrorismo” (11).
Lo
cual demuestra que el margen de progreso en materia de sumisión es
todavía considerable…
NOTAS
(1)
Se habla de “objetos conectados” para referirse a aquellos
cuya misión primordial no es, simplemente, la de ser periféricos
informáticos o interfaces de acceso a la Web, sino la de aportar,
provistos de una conexión a Internet, un valor adicional en términos
de funcionalidad, de información, de interacción con el entorno o
de uso (Fuente: Dictionnaire du Web).
(2)
El País, 2015.
(3)
A partir de entonces, Samsung anunció que cambiaría de política, y
aseguró que, en adelante, el sistema de grabación instalado en sus
televisores sólo se activaría cuando el usuario apretara el botón
de grabación.
(4)
Que ya forman parte de muchos de los productos habituales de consumo,
así como de los documentos de identidad.
(5)
Michael Radford, 1984, 1984.
(6)
Inventado en 1791 por el filósofo utilitarista inglés Jeremy
Bentham.
(7)
Glenn Greenwald, Sin un lugar donde esconderse, Ediciones B, Madrid,
2014.
(8)
Véase “Google et
le comportement de l’utilisateur”,
AxeNet
(http://blog-axe-net-fr/google-analyse-comportement-internaute).
(9)
Véase, por ejemplo, la fotografía de la ceremonia de la primera
investidura del presidente Obama, el 20 de enero de 2009, en
Washington
(http://gigapan.org/viewGigapanFullscreen.php?auth=033ef14483ee899496648c2b4b06233c).
(10)
“‘Assessing the impact of CCTV’, el más exhaustivo de los
informes dedicados al tema, publicado en febrero de 2005 por el
Ministerio del Interior británico (Home Office), asesta un golpe a
la videovigilancia. Según este estudio, la debilidad del dispositivo
se debe a tres elementos: la ejecución técnica, la desmesura de los
objetivos asignados a esta tecnología y el factor humano”.
Véase Noé Le Blanc, “Sous l’oeil myope des caméras”,
Le Monde diplomatique, París, septiembre de 2008.
(11) Le Canard enchaîné, París, 15 de abril de 2015.
(11) Le Canard enchaîné, París, 15 de abril de 2015.
28 de enero de 2016
HACIA LA TERCERA ASAMBLEA DEL ESPACIO DE ENCUENTRO COMUNISTA
1.-Un
recorrido retrospectivo:
El 26 de Septiembre de 2015 se reunió en el CAUM (Club de Amigos de la
Unesco, nacido ahora hace 55 años como centro de resistencia
cultural antifranquista) un numeroso grupo de comunistas de todo el
Estado, convocado bajo la idea de buscar un espacio de encuentro queenfatizase lo que nos une, tanto a comunistas sin partido como acomunistas con él. Un agrupamiento que estableciese un marco de
reflexión y de trabajo político conjunto, capaz de crear un clima
de confianza, complicidad, respeto y fraternidad entre nosotros y
donde las diferencias políticas no significasen posturas
irreconciliables sino posibilidades de un debate abierto, franco y
que buscase el entendimiento y la unidad de acción.
Sabemos
que hay quienes desean una rápida unidad de todos los comunistas en
un sólo partido. Quienes dimos vida al proyecto de crear el Espacio
de Encuentro Comunista (EEC) no rechazamos tal objetivo pero somos
conscientes de que se alcance o no, no será un deseo rápido de
lograr. Hay otros muchos pasos a dar y que, en la medida en que nos
reúnan en la reflexión y el análisis político, la convivencia
solidaria, el apoyo mutuo y la lucha política, habremos logrado
metas muy importantes por las que merecerá la pena todo nuestro
esfuerzo. Si esa unidad orgánica llegase algún día a producirse ha
de haberse alcanzado con tales garantías de buen trabajo que no se
produjera una vuelta atrás, ni desacuerdos históricos que más
tarde diesen lugar a nuevas justificaciones de cisma. Hemos de
recorrer aún un largo camino de complicidades, búsqueda de puntos
comunes y aceptación natural de diferencias que no han de separarnos
sino enriquecernos. Cualesquiera que fueran el número de etapas que
el EEC en su desarrollo, y con vistas al acercamiento entre
marxistas, llegue a cubrir con éxito, el trabajo merecerá la pena
porque nos habrá trasladado al conjunto de comunistas que se
impliquen en esta tarea a mejor lugar del que nos encontrábamos
antes de intentarlo.
De
aquella primera asamblea del 26 de Septiembre, el grupo promotor del
EEC obtuvo el mandato de poner en marcha un proceso hacia la
organización de ese espacio de encuentro entre comunistas que fuese
generando una cierta articulación de este agrupamiento y una
propuesta de temas sobre los que discutir a partir de las que
pudiéramos ir facilitando el modo de entendernos y aproximarnos
entre nosotros.
Ello
nos condujo hacia la segunda asamblea, de carácter organizativo, del31 de Octubre en la Asociación de Vecinos “La amistad deCanillejas”. En ella, junto con la conveniencia de continuar la
discusión abierta en la primera cita, la cuál no podíamos cerrar
administrativamente porque el proyecto tiene mucho de necesario
debate que vaya generando la síntesis superadora de nuestras
diferencias, vimos la necesidad de proyectarla también hacia la
acción y la presencia activa en las luchas de la clase trabajadora.
Así
mismo tomamos conciencia de que debíamos alcanzar dos objetivos
concretos:
-
La creación de un órgano coordinador de carácter eminentemente técnico y provisional, puesto que el grupo promotor del EEC aún no estaba legitimado por los demás comunistas del espacio para ser un órgano elegido y con funciones de dirección política que conectase con el conjunto de personas que se habían vinculado al proyecto en el primer encuentro.
-
La aprobación de 6 áreas de discusión que diesen lugar a otros tantos documentos
-
Programa político (no confundir con un programa electoral, como algunos hacen)
-
Movimiento Obrero
-
Internacional/Antiimperialismo
-
Mujer
-
Organización
-
Formación,
-
A partir del resultado de la discusión de dichos textos el EEC debería ir estableciendo puntos de coincidencia, reforzando lo que nos une, debatiendo sobre los aspectos en los que no coincidimos, sin cerrar la discusión en falso sino asumiendo que debíamos continuar trabajando sobre ello, pero con una profunda y leal voluntad de unidad en el proyecto de lucha por el socialismo y en la acción, marcando línea política común.
En
definitiva, la tercera asamblea debe deliberar sobre los primeros
documentos políticos del EEC, los cuáles son materiales de arranque
teórico del Espacio, con sus inevitables insuficiencias propias de
la deficiente formación política y de análisis que padecemos hoy
los comunistas y plantearse la forma de organización del mismo para
intervenir políticamente y en lo concreto en el impulso y apoyo a la
lucha de clases.
2.-Nueva
etapa y nuevos desafíos
Cada paso dado por el EEC nos
presenta nuevos retos. No puede ser de otro modo. Hasta ahora hemos
recorrido la parte fácil del camino. Ahora viene lo complicado.
Es así porque vamos a pasar de
la intención a los hechos.
El análisis en colectivo de
los documentos evaluará no sólo nuestra capacidad de elaboración
política, sino también y de un modo especial, el talante con el que
abordamos la discusión política. Será muy distinto el resultado si
la enfocamos desde posturas rígidas y dogmáticas, en forma de
posición frente a posición, o como contraste de perspectivas con
la voluntad de acentuar los puntos de coincidencia, si enfatizamos el
continente o el contenido.
En el primer documento sobre el que hemos discutido (Programa político), previo a la tercera asamblea, hemos acertado plenamente tanto en el tono como en el enfoque, en la orientación de la discusión política hacia la consideración de los documentos como material de arranque teórico que paulatinamente deberán ser mejorados, desarrollados y complementados. El objetivo no han sido tanto enmiendas concretas
como una serie de consideraciones sobre las limitaciones que se
encontraban en los textos y sobre las líneas de desarrollo posible
de los mismos en el futuro.
El modo en el que en el que
afrontemos este reto en la tercera asamblea, nos aproximemos a las
necesidades organizativas del EEC y la manera en que les demos
respuesta, la forma que elijamos para organizarnos, tendrán una
repercusión directa en cómo seremos percibidos, en el grado de
comodidad con el que se sientan los miembros del EEC dentro del
colectivo, especialmente quienes a su vez militan en organizaciones,
destacamentos y partidos comunistas y en el futuro mismo de este
agrupamiento de militantes.
Cuanto más fieles sean las
estructuras del EEC a la filosofía de encuentro, de espacio
compartido, de flexibilidad en la forma organizativa, de lugar común
y acogedor para comunistas sin y con partido, dónde nadie tenga que
dejarse el carné de su organización a la entrada, más
posibilidades tendrá el proyecto de crecer y de convertirse en una
referencia compartida, querida, deseable y de pertenencia para los
comunistas en general.
Cuanto más rígidas fuesen
esas estructuras, cuanto más cercanas a la forma de organizarse y de
dotarse de una dirección clásica de partido, más dudas y
suspicacias podrían producirse, mayores dificultades para que
comunistas con partido se acercasen a lo que pudiera parecerles un
esbozo de tal y más riesgos de que el proyecto del EEC se malograse.
Necesitamos coordinarnos antes que dirigirnos y necesitamos
agruparnos desde la base antes que crear núcleos territoriales y
sectoriales al modo partido. Es obvio que el EEC no puede ser una
especie de suprapartido de partidos. Ni sería democrático para los
militantes de partidos que trabajasen dentro del EEC, al verse
abocados a elegir entre dos lealtades/disciplinas, ni sería eficaz
para los objetivos generales que pretendemos.
Pero a la vez es necesario
sortear el riesgo de una visión de invitado-delegado que algunos
militantes de organizaciones comunistas pudieran llegar a considerar
como su aportación al EEC. Para que la idea del espacio y del
encuentro funcione es necesario que los comunistas organizados en
partidos lo sientan suyo, no se limiten a “enviar” a un miembro
de su organización en calidad de “visitante” o de persona más o
menos activa que participa en el EEC pero sin más compromiso de su
organización con el debate y la unidad de acción que entre todos
debemos forjar.
El ánimo fundacional del
Espacio de Encuentro Comunista es el de un punto de encuentro
conceptual, una propuesta de elaboración política, trabajo,
formación y lucha en el que se participa no por bloques ni
corrientes políticas, ni por delegación sino con un compromiso de
trabajo militante puesto en común entre una amplia diversidad de
comunistas sin y con partido.
Para que se contagie de forma
amplia y general esa concepción de trabajo conjunto y solidario
entre comunistas, para que se impregnen de esa visión tanto los que
están organizados en partidos como los que no, es necesario que el
proyecto no se sustente sobre todo en el trabajo de los comunistas
sin partido sino que participen de él un considerable número de
militantes organizados de modo más clásico. De otra forma no se
romperían las inercias de los comportamientos estancos, las
divisiones y recelos y los sectarismos entre nosotros. Por ese camino
a lo sumo llegaríamos a la fórmula de las plataformas que
históricamente no han sido capaces de superar los meros acuerdos
cupulares, de compromisos mínimos ni de generar hábitos de trabajo
conjunto por la base.
Esta nueva cultura de relación
entre comunistas, lejos de debilitar a las organizaciones
preexistentes, las reforzaría porque las dotaría de una base social
de la que honestamente hemos de reconocer que apenas disponemos los
comunistas actualmente.
Actuar de este modo es también
un modo de compartir experiencias, conocimientos, recursos humanos,
voluntades y energías conjuntas, independientemente de que en el
presente las organizaciones comunistas existentes tengan sus propias
tareas y objetivos.
Éste y no otro es el camino
para que sea posible recuperar el prestigio y la influencia de la
idea comunista dentro la clase trabajadora, algo tan necesario cuando
el colapso de lo que se conoce como “la izquierda” no ha ido
acompañado por un giro hacia lo que específicamente representamos
los comunistas, marcados por una debilidad política y organizativa
que aún no hemos superado, y nos ha afectado incluso a nosotros
mismos, en ocasiones con la penetración de ideas reformistas en
nuestras filas. Es cierto que lo anterior ha de ir acompañado de la
capacidad de vencer otras insuficiencias políticas pero también lo
es que la condición de marchar juntos se vuelve imperiosamente
indispensable.
La formación política y de
cuadros comunistas es una tarea imprescindible y urgente, hoy que
tantas capacidades humanas nos faltan para dar respuesta a los
interrogantes que nos plantea la clase trabajadora y a la necesidad
de levantar de nuevo la corriente de pensamiento y acción
revolucionaria marxista.
Sin cuadros políticos y
militantes formados no podremos extender, hacer crecer, consolidar y
dar credibilidad a nuestro propósito.
Precisamente porque los cuadros
políticos no se improvisan en unos meses es tan apremiante que la
formación política sea uno de los primeros objetivos a la salida de
la tercera asamblea, cuestión en la que nos deberemos poner manos a
la obra de manera inmediata.
Por último, y aunque hemos
insistido con anterioridad en ello, es necesario que, al término de
la tercera asamblea, el EEC salga con una adecuada correlación entre
teoría (formación, debate) y praxis (lucha política y lucha de
masas) porque
“Es cierto que el arma de
la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el
poder material tiene que derrocarse con el poder material, pero
también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se
apodera de las masas”. (“En torno a la Crítica de la
Filosofía del Derecho”. K.Marx)
o, si se prefiere,
“No hay teoría
revolucionaria sin practica revolucionaria y viceversa” (Lenin)
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