5 de mayo de 2021

EL PORQUÉ DEL HOSTIÓN DE LA IZQUIERDA EN LAS AUTONÓMICAS DE MADRID

Por Marat

Por adelantado pido disculpas por la extensión del texto que los más piadosos o interesados con/en él podrán soportar pero difícilmente el resto.

Voy a empezar, como el pelar las capas de la cebolla, de afuera adentro.

1.-FACTORES TÁCTICOS Y ESTRATÉGICOS DE LA CAMPAÑA

Al mercenario spin doctor Iván Redondo - que primero fue asesor asesor de campaña del racista y xenófobo dirigente del PP, Xavier García Albiol a las elecciones de Badalona, tras las que logró la alcaldía, que entre 2012 y 2015 ejerció de director del Gabinete de la Presidencia de la Junta de Extrema, asesorando a José Antonio Monago y que en Euskadi asesoró a Antonio Basagoiti, dirigente del PP- le ha roto el brazo el consejero aúlico Miguel Ángel Rodríguez (MAR), el dipsómano que probablemente asesoró, como hizo en los viejos tiempos, a su amigo, el saco de resentimiento del expresidente Aznar, cuando éste dijo aquello de y quien te ha dicho que conduzcas por mí, en respuesta a la campaña de la DGT No podemos conducir por ti, en la que se señalaba el riesgo de conducir con dosis de alcohol al volante, el mismo MAR que acusó de nazi, razón por la que fue condenado, al difunto doctor Montes, por sus sedaciones paliativas contra el dolor de los enfermos terminales.

No dejo de preguntarme por qué un político inteligente como Pedro Sánchez nombró a Iván Redondo jefe del Gabinete de la Presidencia de su Gobierno, el mismo cargo que recibió de manos de José Antonio Monago, del PP, cuando éste ostentó el cargo de Presidente de la Junta de Extremadura.

La respuesta me parece evidente: Sánchez es un político sin escrúpulos, aventurero y ambicioso. Personalmente considero a este tipo de líderes muy necesarios en tiempos convulsos. Cuando todo es caos y la ira domina a los seres humanos, lo peor que nos podemos encontrar es al político bienintencionado que no quiere pisar callos y que pretende ser la reina de la belleza moral frente a una realidad que necesita giros, aunque estos sean más estéticos que reales. Joden todo a su alrededor precisamente por su incompetencia, ejemplo evidente Gabilondo, que ni tiene categoría de político, aunque haya hecho el papelón más patético, solo superado por el candidato de Ciudadanos, ni ha salido de su debate con Anxágoras de Clazémonas, mientras los problemas se acumulaban a su alrededor durante estos los dos años en los que ha estado cobrando por representar a sus votantes.

Pero, a pesar de todo, no dejo de sospechar que tanto el fuego amigo (Redondo) como el enemigo (MAR) parecían alineados en sus objetivos, sobre todo si se ha tenledirigido a un pusilánime como Gabilondo desde Moncloa, ni siquiera Ferraz, sin atender a las percepciones de la realidad más cercanas a Madrid de la FSM.

Hay dos lemas de campaña que me interesan especialmente para explicar la derrota de la izquierda desde sí misma, sin recurrir a la inteligencia de la derecha extrema de Ayuso:

a) Que hable la mayoría. Lema de Unidas Podemos. Apelar a la mayoría, al cuando votamos ganamos significa desde la izquierda vincular la realidad de clase a la representación política de quienes se suponen que representan a la clase trabajadora y los sectores populares. Para ser politólogo Pablo Iglesias y, según dicen, de formación marxista, ignora lo principal: la diferencia entre clase en sí y clase para sí y, lo principal, que la clase puede llegar a identificarse, no necesaria ni miméticamente, con quienes viven su realidad.

Y aún así ello no lo explicaría todo. La mayoría (clase trabajadora y sectores populares) ha hablado desde parámetros en los que el vínculo ya roto izquierda/clase- no existe porque vivimos en un contexto en el que la izquierda gestiona lo que le permite el capital y la clase se ha sentido engañada, en la gestión de la pandemia, en las ayudas sociales, en el papel de Unidas Podemos en el gobierno, principalmente.

Y la mayoría habló pero no se sintió representada por Podemos.

b) Hazlo por Madrid. Lema del PSOE. Aquí uno se pregunta si el creativo de la campaña es el mismo que hizo el de Ciudadanos, Madrileños por Edmundo, alguien directamente imbécil o se lo han encargado a Iván Redondo en plan sabotaje descarado.

¿En serio, hazlo por Madrid? ¿Justamente por el concepto del que se había apropiado Ayuso durante el largo año de la pandemia? ¿Qué había de las ya más que envejecidas consignas del gobierno de no dejar a nadie atrás y de ligar su campaña a esta idea fuerza?

Quizá estemos ante la evidencia de un PSOE- Gobierno que, tras un año de demostrar iniciativa, inteligencia y capacidad de vender la moto a una clase trabajadora que no había de pedirle demasiadas explicaciones a las políticas sociales de futuro, está perdiendo toda su irradiación.

El tercer lema, el de Más Madrid, por lo que de verdad importa es realmente bueno. Sitúa a la campaña y los consumidores de los supermercados electorales ante la realidad social y económica. En el contexto de la realidad de la pandemia y de sus consecuencias alude a cuestiones como la defensa de la sanidad pública y del trabajo y su protección.

De un modo extenso, también puede ampliarse a la idea de la defensa de la educación pública y de las pensiones.

Por cierto, Más Madrid va a convertirse en Más País de modo potente. Ya está en marcha ese proceso. Veremos cómo en los medios progres y en los no tan progres se producirá el efecto Podemos, ahora con ellos. Venderán con Más País el mismo bulo que presentaron hace años con Posemos. De nuevo el PSOE necesita dónde guardar los votos y ustedes los votantes son sus cómplices.

Pero, salvando los slogans, hay que referirse a algo que va más allá de las tácticas y de las estrategias de campaña.

Electoralmente el PSOE ha perdido un tercio de los parlamentarios que tenía en la anterior asamblea de Madrid.

Ninguna de las opciones electorales de la izquierda ha recogido suficientemente el voto perdido del PSOE. Más Madrid ha sumado algún diputado más, como Podemos. La realidad es que el PP está más cerca del PSOE y la base sociológica de la izquierda de la derecha de lo que podrían asumir. Ustedes con sus mentiras y con las preguntas que necesitan.

Esto no se ha debido solo a un candidato torpe y de derechas (desaparecido durante dos años, hipermoderado en sus escasas propuestas en este tiempo).

Tiene que ver con la incapacidad del PSOE y de Unidas Podemos de comprender la psicología humana, la sensación de cansancio de más de un año de pandemia, la frustración social que esto crea, la rabia social que genera, la forma en la que la derecha ha sabido usar unos huecos que no utilizó la izquierda, de dar vida a la existencia durante este periodo, las contradicciones en la información sobre la epidemia, que se han percibido y muy bien manipulado como mentiras, el miedo a una pobreza que Ayuso ha conjurado como libertad, de comercio, de convertir la angustia en desahogo, de levantar el yo por encima del nosotros y de vender que la economía se mueve con esta lideresa. Ya veremos cómo se queda otro porcentaje más de trabajadores legales, ilegales y pensionistas fuera. Pero eso es algo de lo que no nos vamos a acordar dentro de unas semanas, ¿verdad?

2.-FACTORES REALES, ¿POR QUÉ SE NOTA QUE LA IZQUIERDA SOLO VENDE BARATIJAS?

Empecemos por no caer en la trampa de hablar de las izquierdas. Todas, en conjunto, son lo mismo: una cosa blandengue que no sirve ni como matización del neoliberalismo (de capitalismo no hablamos porque tampoco es cosa de asustar a la base electoral a la que atienden, las mal llamadas clases medias, que naufragan sin perder la esperanza de volver a los años dorados del Estado del Bienestar) ni como discurso de ruptura política y de apelación a un antifascismo que se olvida de que éste crece cuando la clase trabajadora y los sectores populares, también los sectores tradicionales de las llamadas clases medias, sobre todo las formadas por pequeño comercio en general, tabernarios (Ayuso dixit), charcuteros y miniindustrias se empobrecen. Casi nadie ha explicado a estos últimos que no importa quien gobierne para que sus profesiones y clase vayan desapareciendo sino que su paulatina y acelerada mortandad tiene que ver con la concentración del capital, desde las grandes superficies hasta las plataformas de servicios de todo tipo (autónomos de servicios al hogar, grandes empresas de pseudotaxis, cadenas de restauración,…)

Los grandes cambios sociales que está experimentando el mundo aún los sigue y los seguirá haciendo por mucho tiempo el gran capital, desde la transformación del mundo del trabajo y la empresa, hasta las formas en las que se organiza y recibe la comunicación, incluyendo el modo en el que la información es casi ya solo opinión, pasando por el diseño del futuro y las esperanzas/ terrores de la humanidad.

Exceptuando las dos Guerras Mundiales, cuyo efecto en la falsa memoria colectiva, que más allá de unos pocos años no ha existido más de que de modo inducido, y la injustamente llamada gripe española, desde hace siglos los seres humanos a nivel mundial no habían conocido pánico y consecuencias semejantes como las de la pandemia de la COVID19, que en lo social, incluso más que en lo económico, se verá en toda su dimensión en los próximos años.

Cualquier gobierno nacional que se enfrentase a tal desastre sería incapaz de salir victorioso del mismo. Lo estamos viendo. Unos y otros a nivel mundial irán cayendo como fichas de dominó puestas en fila, salvándose solo los más autoritarios o los menos afectados por tal crisis.

El capitalismo ha sido incapaz de actuar con rapidez y eficacia a la provisión de recursos sanitarios desde mascarillas hasta respiradores, pasando por disponibilidad de otros equipos sanitarios, UCIs y hospitales suficientes a los momentos más virulentos de la pandemia, sin hablar de su incapacidad de producir en el momento presente la cantidad de vacunas necesarias a nivel mundial sin necesidad de jugar con esa misma capacidad de producción para incrementar sus beneficios, especulando con las creadas, pero sale indemne porque los responsables ante la opinión pública, previamente publicada, de la gestión de desastre eran los gobiernos centrales y rara vez otras instancias inferiores de los aparatos de los Estados. Aquí y en cualquier otro lugar del mundo.

La ausencia de experiencias previas que sirviesen como modelos fiables y permanentes en un marco de evolución epidemiológica cambiante ha mermado de forma drástica la credibilidad de los gobiernos.

La pandemia ha tenido una consecuencia económica, que nace del estado previo de los efectos de los recortes sociales y de los servicios a nivel mundial y de la imposibilidad desde la aceptación de la izquierda, toda ella en su conjunto, de su marco de acción dentro del sistema capitalista (lo que le han dicho que puede hacer y no hacer, que acepta más allá de sus discursos para sus menguantes e incondicionales fans).

La realidad es que no había dinero público para afrontar las necesidades más urgentes del conjunto de las clases subalternas golpeadas por esta renacida, y diferente, crisis del capitalismo porque no era posible desde unas políticas de izquierda. La izquierda, desde 1789, no toma el poder del Estado sino que gestiona sus gobiernos (quien diga que es comunista y de izquierda seguro que es sincero en lo último pero que miente en lo primero), que son los que le permite el capital. Por eso todo discurso que afirme que afrontar las crisis financieras de los Estados, y de acabar con la pobreza de sus naciones, saldrá de la capacidad de provisión de recursos por parte de las grandes corporaciones y las grandes fortunas es falso. En los casos en los que parece ser cierto, los mecanismos para burlarlo son múltiples, desde los paraísos fiscales, hasta las exenciones fiscales mediante mecanismos como las donaciones públicas, las fundaciones o el mecenazgo, por citar ejemplos sencillos, sin tener que recurrir a las miles de modalidades que los grandes equipos de asesores fiscales encuentran entre los resquicios de unas leyes capciosas creadas para ser burladas.

Cuando las clases subalternas han visto que medidas como el Ingreso Mínimo Vital han sido bromas macabras, que han faltado toda serie de medidas extraordinarias hacia las familias desde el gobierno del Estado, que el dinero iba sobre todo a salvar a las empresas, y no a los más desesperados por esta nueva crisis, se han sentido desprotegidos.

Quienes difunden, tanto como quienes están dispuestos a comprar el modelo USA del neokeynesianismo del New Green Deal de Biden, ignoran, o pretenden que ignoremos, que aquél no es exportable porque solo es posible dentro de la que aún es la primera economía del mundo que, además, exporta su deuda mediante una moneda, el dólar, que es la gran convertible monetariamente a nivel mundial. Y ya veremos durante cuando tiempo funciona su nuevo milagro económico y los éxitos que cosechará. Solo China, por su extraordinario potencial económico puede intentar un crecimiento parecido, sobre todo habiéndose quitado ya de encima una pandemia y sus efectos económicos que en el resto del mundo aún han de continuar durante más tiempo del que pensamos.

A partir de ahí la ultraderecha ha defendido como libertad mantener los pequeños negocios abiertos, conectando esa idea de libertad a la del derecho ir al bar, logrando sujetar a su voto natural, el del pequeño autónomo que cree ser empresario, y a la de la recuperación económica, dentro de la que la promesa de bajar impuestos, sin que se piense mucho, en momentos de desesperación, a costa de qué nuevos recortes. No es lo principal la ausencia de oposición del PSOE con Gabilondo durante estos años de gobierno Ayuso, ni sus bandazos groseros sobre sus políticas de alianzas para desbancar a la derecha extrema del gobierno del la Comunidad de Madrid, o que las llamadas antifascistas de Iglesias sean estériles cuando no hay antifascismo como robarle al fascismo la base de la desesperación social de la que se nutre mediante políticas sociales de protección a las clases trabajadoras y populares. Eso sin restarle al Iglesias que ha tragado con unas políticas que acabarán con las pensiones públicas a medio plazo su cuota de razón cuando avisa de que viene el fascismo.

Tampoco es una explicación de la ruina de la izquierda en la Comunidad de Madrid, pronto en todo el Estado y en sus mejores cines, las ridiculeces ofensivas de ministras hablando en un neolenguaje de género neutro o defendiendo unas identidades sexuales a partir de lo que le salga a cade une de su particular porque yo lo valgo. Incluso esas payasadas serían asumibles por la parte más reaccionaria de los sectores populares a los que apela la izquierda si no vendiese la moto de una igualdad social para la que sabe que le falta el carburante porque siempre ha asumido quién es el que, de verdad, conduce el vehículo económico y político y apostase por una pelea sin amagos ni buenrollismo frente a unas derecha extrema y extrema derecha que no tienen complejo por ir a cara de perro. Cuando uno no cree en sí mismo no merece el respeto ajeno.

Para terminar, un pronóstico: Errejón, Mónica García, Más Madrid/ Más País serán los nuevos juguetes mediáticos a impulsar por el sistema, como antes lo fueron Iglesias/ Podemos y Rivera/ Ciudadanos.

28 de abril de 2021

EL ESTADO SIGUE SIENDO LA CUESTIÓN CENTRAL


Por Marat

Creyó que si trabajaba duro estaría protegido en su vida ,cuando se quedase en paro, al enfermar, en la vejez, cuandosus hijos necesitasen aprender. Pero habían cambiado las reglas del juego y nadie se lo había advertido”

(El texto es mío pero alguien lo convertirá en un meme y se lo atribuirá a un personaje histórico o un periodista se lo apropiará como suyo. Son cosas de Internet)

Hablar de lo que pasa hoy en términos de cómo le va a la clase trabajadora y a los sectores populares – esas clases medias que, a lo largo de la historia, siempre han querido verse reflejadas en la clase dominante y nunca en las subalternas y que ahora están siendo laminadas por la concentración del capital que acaba con el trabajo profesional autónomo- puede parecer algo propio de arqueólogos o de nostálgicos de la historia. Pero la historia es terca y devuelve a la realidad lo que antes nació de sus cimientos.

Cuando en 1973 empezó a quebrarse el crecimiento capitalista basado en inversiones del Estado en coberturas sociales y en consumo de masas como medio de expansión de los mercados, los Estados empezaron a involucionar sus políticas sociales y a crecer, en paralelo las tendencias autoritarias y la vigilancia tanto por parte de las empresas como de aquellos.

Los años posteriores han ido haciendo que los recortes, primero tentativos y muy finos, al Estado del Bienestar capitalista fueran casi imperceptibles. De hecho, creo que las protestas sindicales de los 70 y 80 en Europa fueron más producto de la capacidad de movilización sindical del momento que de la conciencia de la clase trabajadora en aquella época.

Más tarde las lonchas del salchichón social han ido siendo cada vez mayores y afectando a lo nuclear sobre lo que la socialdemocracia asentó su pacto social con el capital y su Estado: la sanidad pública, las coberturas de desempleo y las pensiones. Todo hacia la privatización, nada hacia su mantenimiento. Tampoco con los gobiernos social-liberales de los Partidos Socialistas ni con los de coalición europea de socialistas y excomunistas”, aunque llamar tal cosa a estos últimos sea como admitir que algún día lo fueron...y eso sería exagerar mucho, no para el neofascismo, que combina violencia política en sus proclamas y ultraliberalismo en sus propuestas económicas, y para el que un liberal compasivo como el Presidente de Canadá, como Justin Trudeau es un comunista.

Pero todas esas políticas antisociales han sido aplicadas por el Estado y éste es un Estado de clase, de la clase capitalista.

Confundir Gobierno y Estado puede ser fruto de la ignorancia o de la intencionada voluntad de la izquierda, la progresía.

No hace falta recurrir a Marx ni a Lenin para entender la esencia del Estado bajo el capitalismo. Debieran bastar casi 50 años de retrocesos de los derechos de la clase trabajadora, de recortes sociales y de privatizaciones para entender que el Estado responde a los intereses del capital y que las Constituciones que dicen proteger los derechos sociales y económicos de los más débiles no encuentran obstáculos del poder judicial para ser violadas por las nuevas leyes.

Retrocedemos como clase, no de un modo disciplinado sino en desbandada, vemos cómo los neutrales economistas nos venden el regreso hacia formas laborales neoesclavistas, aprendemos a pensar al modo en el que nos enseñan los medios de comunicación, sean los tradicionales o las redes sociales, aceptamos como válido el modelo ideológico de nuestros sobreexplotadores, porque explotados somos desde el momento en que aceptamos vender nuestra capacidad de trabajar a quien obtiene un beneficio por ello. Toda esa normalidad es parte del Estado capitalista porque él organiza la enseñanza, paga a las religiones, sostiene con subvenciones a todos los medios de comunicación, independientemente de su ideología, da legitimidad a los jueces que justifican el derecho de pernada de los peores salteadores de la política y del mundo empresarial, protege o hace la vista gorda ante sectores golpistas militares y ante policías criminales y fascistas porque algún día los necesitará ¿Ven ustedes muchas diferencias entre derecha e izquierda en estás cuestiones? Yo no y sé porqué no y porqué creo que confundir izquierda y comunismo es insultarnos a los comunistas.

Ayer, en un contexto que no viene al caso, me tocó hacer de ambulancia para una señora mayor de Getafe a la que las ambulancias privadas contratadas por la Comunidad de Madrid le habían dejado claro que no llegarían a atenderla hasta pasados 20 ó 25 minutos. No tenía buen aspecto la señora como para esperar tanto tiempo. Afortunadamente el Hospital Universitario estaba cerca, no tanto Urgencias, que estaba lo más alejado posible de la entrada. Me pregunto porqué se diseñan así muchos hospitales. 

En cualquier caso, la inexistencia de un servicio de medicina de urgencia, en lo referente a ambulancias rápidas cuando se necesitan, es lo que pasa cuando recortas y privatizas los servicios públicos y la lógica del mercado se impone por encima del derecho a la salud y la vida.

También es cierto que la señora afectada era mayor y, ya que la pandemia en Madrid ha sido una oportunidad para matar viejos en residencias, señora Ayuso, tampoco es cuestión de dejar pasar las posibilidades que se nos presentan en la vida para corregir el coste de las pensiones, ¿verdad? Matar viejos se va a convertir en un deporte federado en no demasiado tiempo. Lástima que los edadistas, los que odian a los mayores, no se suiciden, en coherencia con su fobia, antes de llegar a esa jodida etapa de la vida. 

Por todo lo anterior creo que para combatir al capitalismo no valen las tiritas que la progresía de izquierda le pone a las situaciones terribles de la clase trabajadora y los sectores populares. Hasta el grado del parche, siempre inútil, absolutamente insuficiente e insultante para quien sufre las peores condiciones de vida, es una burla patética porque está sujeto a la política partidaria de quien gobierne.

Ahora que la pandemia ya va acercándose a lo que los países venden como nueva normalidad, el capital, sus gobiernos de turno, pero siempre sus Estados permanentes, están preparando las peores recetas por parte del capital que puedan caber en la mente de los trabajadores y de los sectores populares.

Si ustedes siguen creyendo que cambiando el gobierno se cambian las políticas sociales realmente y no se limita la cuestión a una mera exhibición de algunos éxitos que no son ni para el conjunto de la clase ni le cambian el futuro real; si ustedes siguen creyendo que un gobierno cambia a un Estado, a ustedes no tengo nada que decirles. Sigan con su mentira.

El coletas tenía razón en una cosa, lo de que el cielo no se toma por consenso sino por asalto. Ahora solo falta decirle que su mentira es obscena porque la frase de Marx de tomar el cielo por asalto, referido a la Comuna de París, aludía a la necesidad de destruir el Estado burgués para construir, en su lugar, otro proletario y lo de Iglesias se limitaba a ocupar electoralmente esferas del gobierno y de otras áreas de influencia. Ahora su asalto se limita a sobrevivir. Es lo que pasa cuando disfrazas de transformación social la mera ocupación temporal, durante cuatro años, del gobierno y no del Estado.

Y es que de eso se trata, amiguitos progres de izquierda. De tomar, violentamente, porque no existe otro modo, el Estado burgués, y luego ya hablamos de tofu con sabor a pollo, de tíos embarazadEs, o de combatir al fascismo (ya veremos luego que solo es en campaña), nenes.

Ah, y vais a perder frente a Ayuso y VOX, no solo por impresentables de derechas como Gabilondo sino porque los barrios son para vosotros los lugares que visitar en campaña para hacer algo guayy ellos han sido capaces de transformar el cansancio y la frustración en fiesta y en su concepto de “libertadsin que vosotros, los progres, hayáis sido capaces de ofrecer una esperanza que valga en el aquí y ahora.

Tomar por la fuerza el Estado haría que la situación de los trabajadores fuese respetable, sencillamente porque, en el peor de los casos, el capital empezaría a estar interesado en pactar. En el mejor se abriría la posibilidad de aplastarlo. A partir de ahí vendrían las victorias que arrancásemos, si quisieramos hacerlo y nos importasen.

Pero es posible que estuviéramos hablando de elecciones y no de la realidad del Estado capitalista y de cómo acabar con él, ¿verdad? 



23 de abril de 2021

AYUSO, VÍA VOX, GANÓ EL DEBATE (AL QUE NO FUE) DE LAS ELECCIONES MADRILEÑAS EN LA SER

Por Marat

La desestabilización política, comandada a la limón, entre la derecha extrema y los fascistas está dando sus frutos...con la connivencia, cuando no clara parcialidad, de jueces que no investigan atentados a sedes de partidos, disparos contra fotografías de miembros del gobierno español, o amenazas de militares en la reserva a las vidas de 26 millones de españoles. La ausencia de castigo ejemplar de la infame Margarita Robles, Ministra de Defensa augura los mismos riesgos a los que sometió a la II República el pusilánime liberal Azaña frente a los golpistas que acabaron por echarla abajo ¿Qué decir del Juzgado de Instrucción número 48 de Madrid que se ha negado a retirar el cartel xenófobo y mentiroso de VOX contra los Menores No Acompañados (MENAS), después de que se lo solicitase de urgencia la Fiscalía Provincial de Madrid?

El envío de sobres con amenazas de muerte en texto y balas a Marlaska, Iglesias y la Directora de la Guardia Civil, Gámez, fue el instrumento facilitador del triunfo de la ausente, Ayuso (PP), por vía interpuesta, la de su escudera Monasterio (VOX).

Ayuso ya había dejado claro que no participaría en el debate organizado por la cadena SER este viernes 23 de abril, especialmente después de que no le fuese excesivamente bien el organizado con anterioridad en Telemadrid. Otra cosa es la opinión militante de quienes ya han dado por descontado su voto aunque su candidata trastabille en cuando deja de tener un papel delante y alguien le apriete con los suficientes reflejos para hacerlo.

La democracia liberal-burguesa requiere de un importante grado de espectáculo. Al fin y al cabo se presenta como un combate de gladiadores dentro del circo romano que hoy representa la combinación de televisión y redes sociales.

Pero cualquiera que sepa un mínimo acerca de lo que es una performance – da igual que ésta sea sobre telebasura de casquería que sobre casquería política- tiene claro que el papel del clown no se improvisa sino que se prepara previamente.

Venían calentando motores. Ayuso lo ha hecho durante todo un año. Su última genialidad consistió en llamar mantenidos subvencionados a los sectores de la clase trabajadora que acabaron en las colas del hambre, a los que, por cierto, no alimentaban los compañeros Ministro de la Seguridad Social, Escrivá, ni el señor Iglesias, que tanto revindicó el Ingreso Mínimo Vital, en sustitución de unos derechos nacidos del trabajo por una especie de caridad pública (no lo hicieron porque no cubrieron con esa prestación ni a la sexta parte de quienes lo necesitaban) sino la solidaridad de asociaciones de vecinos, ONGs e instituciones de la iglesia católica como Cáritas, a la que desde hace años ataca VOX y Monasterio en particular, ahora por ocuparse de la atención a los menas.

Pero la telonera Monasterio ya venía preparando el espectáculo que habría de producirse en la SER cuando dijo aquello de que las mujeres no pueden salir a la calle en Madrid porque los menas las roban el bolso o cuando sugirió, horas antes del debate de la SER, en Radio Nacional de España, que las balas recibidas por Iglesias y los otros dos cargos amenazados podían ser una especie de autoamenaza.

La presentadora del debate de la SER, Ángels Barceló, echó el resto, abriendo fuego con la pregunta sobre los sobres con balas recibidos por los tres políticos mencionados más arriba – otra cosa es que hubiese planteado la cuestión cuando el debate ya estuviese avanzado y encarrilado y no para abrir boca-, buscando un pronunciamiento de Monasterio que, dada su trayectoria y la de sus compinches, no iba a producirse.

Ésta se reiteró en sus insinuaciones, negándose a condenar, sin matices, las amenazas aludidas y exigiendo, en cambio, que Iglesias condenase los altercados de Vallecas del mitin de VOX, a sabiendas de que el mismo había sido una provocación, desde su planteamiento hasta la actuación de Abascal en él, contra los vecinos del distrito.

Por más que ese gatito de angora que es Iglesias para el capitalismo, él, sus giros programáticos desde la fundación de Podemos, los sapos que se ha tragado,…, hubiese querido evitar el desastre, si te mandan cuatro balas, una para ti, otra para tu mujer y dos para tus padres, te dicen que estáis sentenciados a la pena capital, cosa que está fea, y la candidata de los fascistas a la Comunidad de Madrid da a entender que es un montaje y que no te cree, además de negarse a condenar el intento de intimidación, te sientes un tanto incómodo.

A Iglesias no le quedaba otra opción que exigir la retractación de Monasterio respecto a sus retiradas palabras o coger la puerta y largarse, previo aviso de hacerlo, y eso hizo, mientras la cínica e indecente fascista le conminaba a ello. He ahí la victoria de Ayuso, por vía interpuesta de su esbirra. Cualquier oportunidad de debate programático, de hablar de la gestión de la pandemia en Madrid, de propuestas políticas, para hacer frente a la situación de cientos de miles de trabajadores y autónomos empobrecidos, estaba ya cegada. La mierda rebosaba ya los micrófonos de la SER. Y Monasterio se encargó de seguir lanzando lodo para rematar el programa, sin otras cortapisas que los amagos de enfado- ¡ayyy, no seas mala!- de Ángels Barceló.

Si hubiera habido un ápice de ética periodística por parte de la moderadora, hubiera expulsado del debate a la portavoz dual de VOX-PP o le hubiera cerrado el micrófono por el resto del programa.

Si los otros portavoces de izquierda, Gabilondo y Mónica García, hubiesen tenido un mínimo de dignidad se hubieran ido con él coletas. De Bal, el candidato de C´s nada que decir porque carece, como su presidenta Arrimadas, del más elemental sentido de la decencia y la autoestima, toda vez que, expulsados del gobierno de Ayuso, se empeñan en volver al lugar en el que fueron humillados. Por fortuna, los resultados del 4M nos evitarán ver un espectáculo tan bochornoso por parte de un partido que aparentó ser socialdemócrata en Cataluña y acabó por ser liberal-conservador, previo paso por la foto de Colón.

La jugada estaba planificada de antemano. Los dos tuits, el del PP y el de VOX, luego borrados, señalando a Iglesias la misma expresión- cierra al salir- son un argumento más que confirma la tesis antes planteada.

Las posteriores intervenciones de los opinadores oficiales de la SER, tanto de Barceló, como de sus contertulios de mesa camilla y abrevadero de tocino radiofónico que tendían a repartir culpas entre la fascista provocadora y calumniadora y el coletas, equilibrando actuaciones, son de una vileza repugnante. Poner en la balanza, siquiera, a la víctima potencial y a la individua que cuestiona la veracidad de la amenaza y estimula a los matones de su cuerda, es abyecto.

Pero la estrategia ha funcionado. Monasterio ha salvado a Ayuso de nuevos debates. A partir de ahora solo habrá ruido y ventilador de la mierda sin posibilidad alguna de datos.

Iglesias no me parece un político respetable. Desde el minuto 0 de la fundación de Podemos vengo denunciando el engaño que suponen tanto él, como su camarilla y su partido para las necesidades de la clase trabajadora, tanto las inmediatas, que atañen a su subsistencia material, como a las secundarias, que se refieren a su liberación del trabajo explotado y al desarrollo de su potencial humano.

De alguien que se disfrazó de incendiario para acabar siendo la coartada exigentemente social de un gobierno social-liberal que seguirá el sendero de Zapatero, como éste lo hizo del de González, para terminar aceptando los dictados de recortes sociales, privatizaciones y conculcación de derechos del capital europeo, poco puedo esperar.

Pero, al contrario que esa multitud de decepcionados de la ilusión democrática, como antes lo fueron del 15M, al que también combatí, no soy alguien que coloque a todos mis adversarios al mismo nivel.

Sé que hay tontos útiles y fanáticos – de ese mal no está exenta ninguna ideología, incluso las más emancipadoras- que consideran que el enemigo principal es el que aparenta pertenecer a la misma rama del árbol, por más que la historia haya señalado con sus hechos a los mayores monstruos que convirtieron el siglo XX en una pesadilla. Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie, escribió Theodor Adorno. No pertenezco a esa secta ni a ninguna otra. Con mi propia cabeza asumo mis contradicciones y sé cuál es no mi adversario, los pseudorrevolucionarios, sino mi enemigo absoluto: el fascismo, hijo del capitalismo.

También sé que esta vez la guerra, como la mayoría de las batallas que han de precederla, está perdida de antemano porque, frente a la izquierda, por naturaleza meramente reformista, pero ahora tecnocrática, postmoderna, alejada de las vidas de la gente común, pequeñoburguesa, biempensante, timorata ante la lucha descarnada de clases, preocupada por cuestiones de derechos por cuotas y no por los de la inmensa mayoría, está un fascismo orgulloso, pujante, seguro de sí mismo, reinventado en nombre de una falsa libertad, la del individuo contra el colectivo, que da la batalla ideológica, que ha organizado a su base social en esferas de influencia y que suministra material de odio a aquellos a los que la izquierda hace más de 50 años abandonó, dotándoles de bandera, falsos propósitos, mensajes, por más que falsos, muy sencillos de entender, y una aureola romántica de oposición en la que el más descerebrado e ignorante de los seres humanos puede sentirse parte de una comunidad de nuevos resistentes.

Frente a todo eso no hay nada.

No se puede combatir al fascismo si no se combate al capitalismo. Aquél nace siempre cuando las crisis capitalistas no son meramente coyunturales y las necesidades humanas de amplias capas de la población afectan de manera extraordinaria tanto a sus condiciones de vida material como espiritual.

Hoy no es posible desde los gobiernos social-liberales, o progres si lo prefieren, un gasto social suficiente para demostrar que el reformismo es capaz de paliar, que no solventar, las necesidades de las clases trabajadora y populares. Se asume la deuda de partida y nadie afrontaría el riesgo de amagar de nuevo a lo Tsipras para acabar por aceptar, como el gobierno griego de entonces, todas los castigos posteriores. Se traga de entrada, a ver si las nuevas medidas de austeridad son menos sangrientas que los de la fase anterior de la crisis capitalista.

Tampoco hay proyecto emancipador alguno que sea capaz de conquistar mentes y corazones hacia una sociedad igualitaria, emancipada del trabajo asalariado y en la que el ser humano pueda desarrollar todo su potencial intelectual, solidario y liberado de sus necesidades inmediatas. El socialismo es negado por aquellos que son acusados de ser comunistas por parte de quienes inculpan de tal cosa a alguien con un mínimo de empatía hacia sus vecinos.

En los años 30 del pasado siglo la bestia triunfó y aplastó al antifascismo en toda Europa. Afortunadamente, existía la Unión Soviética, que acabó con ella. No fue el desembarco de Normandía el que la derrotó.

Incluso si se derrotase a Ayuso y VOX mordiese el polvo de no poder asaltar el gobierno de la Comunidad de Madrid, algo que no desearía el PP porque sabe que con su candidata puede no ser suficiente, una victoria de la izquierda representaría muy poco. Tan solo significaría enfrentarse al hecho de no poder hacer una política social muy diferente a la de la derecha, entre otras cosas porque el terreno de juego económico es ajeno incluso a España. La realidad la marca la marcha del capitalismo a nivel mundial y lo que dicta éste es la recuperación de la tasa de ganancia del capital, no de los niveles de vida de las clases trabajadoras. Ahí está la piedra de toque que asegura el futuro al fascismo reformado, ahora de tipo turboliberal.

Sin embargo, creo que aún son importantes los gestos, por cuanto pueden señalar ejemplos; ahora el lenguaje políticamente correcto llama a eso referentes. Así nos va, que no nos entiende ni Cristo. A él sí que le entendían los que menos han comprendido siempre y más necesitaban saber.

Por eso creo que el numerito montado por Gabilondo, el intelectual tolerante con lo que jamás debe ser tolerado y pusilánime igualador de falsos radicales con criminales fascistas, y de Mónica García, alguien para mí más respetable, una hora y pico después de que Iglesias tuviese un inédito arranque de dignidad, obligado por las circunstancias, es deshonesto y tardío. Haber dejado solos al tonto a las tres de Edmundo Bal con Rocío Monasterio y con la progre de nómina Ángels Barceló hubiera sido lo que correspondía.