29 de julio de 2020

DIARIO DEL AÑO 1 DE LA PANDEMIA (1)


Por Marat

¿Se han fijado ustedes que ya no decimos coronavirus, que el término COVID-19 está en retirada y que ahora todos hablamos de “pandemia”?

El ser humano destaca por muchas cosas. Una de ellas es la estupidez gregaria de repetir los términos que se emiten desde el poder. El mediático, que es un poder eco del empresarial (los medios de comunicación y los emisores de bulos son empresas), ha fijado ya el término, al que los políticos del sistema capitalista (todos los que tienen representación electoral porque no la alcanzarían de otro modo) se han unido en Santa Alianza.  

Decir pandemia es ir normalizando la excepción que nace del nombre concreto y específico de un tipo de epidemia concreto: el coronavirus SARS-CoV-2 (COVID-19). Cuando la anomalía emerge hay una necesidad de nombrarla. Es la manera de acercarse a lo que es, a su naturaleza, de indagar en su etiología, buscando el modo de combatirla.

Cuando esto no es posible porque no se disponen de los recursos económicos, aunque hayan miles de millones dispuestos para salvar, pongamos por caso al sector del automóvil (3.750 millones), ni de los técnicos, como la Comunidad de Madrid para incorporar rastreadores de la COVID-19, cuando bastaría no más de 800 encuestadores, como siempre mal pagados, pero bien formados mediante un correcto briefing técnico para hacer el seguimiento de los contactos de un infectado pero se duda durante más de un mes si se debe imponer la obligación de llevar mascarilla, que no palía lo que no se haga en inversión preventiva en equipos y medios técnicos, para no afectar negativamente al sector de la hostelería y el ocio madrileños, es mejor hablar de pandemia que de coronavirus o de COVID-19. Son fieles seguidores de lo que se ocultaba bajo la expresión “nueva normalidad” que inventó el gobierno de la nación, sugiriendo lo que éste acabaría haciendo después: la doctrina Sinatra del “My way”  (a mi manera) para cada autonomía, sabiendo que cada una de ellas buscaría el beneficio economico de su clase empresarial (no importa quién gobierne. Todo gobierno bajo el capitalismo responde a la máxima de servir a la ganancia del capital) antes que la protección de la vida.

Hay quien pretende que la inacción del gobierno español, que tan bien respondió durante el Estado de Alarma, protegiendo antes la vida que el beneficio empresarial, es un modo de demostrar que la dirección del Estado contra “el bicho” era eficaz y que los que tanto le criticaron desde la oposición política en sus gobiernos autónomos iba a mostrarse ineficaz. Seguro que hay algo de eso pero no deja de ser un comportamiento criminal por pasividad.

Sin embargo, no es esa la razón profunda de la “nueva normalidad”, consistente en mezclar preocupación en los nuevos datos de rebrote de la COVID-19 con esta especie de “laissez faire” de la descoordinación. La real es que estamos ante la peor crisis económica, que pronto será social (ya aparecen signos de protesta de sectores de trabajadores afectados por los despidos y la nueva miseria que se les viene encima), del capitalismo que hayamos conocido desde el final la II Guerra Mundial. Y hay que levantar la economía, mueran los que mueran.

Hay que agradecer al Presidente Trump su sinceridad cuando afirmó que “hay que tomar una decisión. Perdemos miles y miles de personas todos los años por la gripe, pero no apagamos el país por eso. [Hoy, 29 de Julio de 2020, Estados Unidos suma ya 148.066 muertos por el coronavirus COVID-19]. En promedio mueren 37.000 personas al año. ¿Pueden creerlo? Perdemos muchas más personas por accidentes de tránsito, pero no llamamos a las compañías a decirles que dejen de hacer autos por eso. Tenemos que volver a trabajar”.

La derecha capitalista es siempre más cruda pero más sincera sobre los intereses que defiende que la izquierda, que siempre es capitalista desde su origen en la Revolución Francesa, cuando su marca su diferencial fue cuestionar el poder del rey de vetar las decisiones de la Asamblea Nacional, no rechazar el régimen de propiedad burgués que entonces emergía. Pero explicar que comunismo e izquierda son antagónicos es como intentar destruir un acorazado con un tenedor. Los conceptos pueden contener tal nivel de ceguera emocional que impiden cualquier reflexión histórica.

La izquierda europea se inclinará por Biden, como antes lo hizo con Obama, dejando de lado lo que ya sabe: que en el circo político del capital todos responden a su mismo credo, se llamen Trump, Biden, Obama, Casado, Abascal, Sánchez o Iglesias, que se traga una trirreme romana con los galeotes en pie y los remos en alto, con tal de seguir manteniendo su estatus de representante público del capital.

Nos están vendiendo una mentira indecente de “ayudas”, que no defensa de las necesidades vitales de la clase trabajadora ni de sus derechos, con la basura de 462 € (come, paga tu hipoteca o tu alquiler y el agua, luz y gas de tu hogar, sin hablar del resto de necesidades, con eso) del Ingreso Mínimo Vital y resulta que de los 600.000 que dice el Ministro de la Seguridad Social (SS), el que decía que había que separar las prestaciones no contributivas de las contributivas de la SS para asegurar su futuro, que lo han pedido se han quitado a la mitad de candidatos a cobrarlo de encima. Rechazos, personas que desisten por dificultad de comprender o llevar a cabo el proceso de petición de la ayuda, imposibilidad de ser atendido por el teléfono de contacto, negativa al anunciado derecho a cita previa,…. que ha dejado de ser un derecho ligado al trabajo y a las conquistas de la clase trabajadora. Sugiero, para entender lo que significa esta mentira que sustituye derechos por asistencialismo el siguiente enlace: https://encuentrocomunista.org/articles/comprender-el-ingreso-minimo-vital/

¿Les atienden en el SEPE? La oficina del paro, para entendernos. En Madrid ya están negando las citas previas para cualquier demanda, incluida la Renta Activa de Inserción (RAI) de la Comunidad de Madrid, como estará sucediendo en otras Comunidades Autónomas. Eso sí, si vuelves a pedir cita porque la negativa a tus derechos no aparece justificada en el correo electrónico que los funcionarios del SEPE te envían, te dejan claro que el medio para reclamar es pedir la cita que te impiden tener con ellos. Y son muy amables: acaban el correo con “un saludo”.

Quizá haya que seguir hablando de ello y seguramente este post no lo lea casi nadie y, si lo lee, se conforme con decir ¡qué cabrones!, en lugar de organizarse en defensa de los derechos que son pisoteados a muchos de nosotros que no queremos saber que somos parte de la clase que se traga lo que haga falta con tal de no tener problemas, la clase trabajadora.

De los trabajos que no están asegurados, no de los que son fundamentales para la continuidad de la actividad de las grandes empresas y de la administración, los que aparezcan como nuevas oportunidades, serán aún más crueles con tu necesidad de supervivencia y de respeto a tu dignidad. Entiendo por lo que pasas. Sé de ello. Pero no podría entender tu resignación.

No voy a hablar de los desgraciados, con o sin papeles, sobre los que hace una semana se cargaba la prueba de los nuevos infectados. Es gente que solo quiere sobrevivir. Lo indecente es que, atribuyendo al hacinamiento en su pernoctación, tras sus horas de sobreexplotados (sin contrato legal, mal pagados, con horas excesivas de trabajo, sin protección en sus condiciones de trabajo,…), esa gente que ha asegurado que tendríamos alimentos durante el confinamiento, sean ahora la oportunidad de abaratamiento de sus condiciones de vida para el empresario que los sobreexplota cuando se propone que ayuntamientos, comunidades autónomas , Estado y empresarios se repartan el coste de sus habitáculos. En Francia, incluso con Franco, nos trataban mejor a los españoles durante la vendimia.   

Ningún organismo les va a dar una cifra real de parados. Ya se han encargado desde el SEPE en impedir la cita para apuntarse al desempleo pero sospecho que estamos entre 4 y 5 millones parados reales, no de adscrit@s por aburrimiento. Entre ellos, muchos desesperados que tienen sus cuentas a cero.

Vivimos en un tiempo de propaganda. Quizá sea necesario que usted mire sobre su propia realidad y deje aparte sus simpatías políticas electorales, hoy tan pobres. Tal vez deba empezar a pensar por sí mismo sobre lo que se nos viene encima y sobre si ello tiene algo que ver con el sistema económico en el que vive.

Elige si prefieres ser un esclavo que llora y se queja en el bar o alguien que se da cuenta de que comparte con muchos su rabia social y cree, con ellos, que ya basta. Es hora de organizarse.

14 de julio de 2020

MEDIA HORA ANTES DEL DESASTRE


Por Marat

En dimensiones de medida histórica las horas no existen, salvo aquellas que son decisivas. Pero éstas lo son porque se han acumulado tal conjunto de acontecimientos, tan decisivos, tales correlaciones de fuerzas entre contrarios que lo que se precipita en minutos solo es consecuencia de todo lo demás.

En cualquier caso, media hora, en términos históricos pueden ser unos días, semanas, quizá meses, desde luego muy pocos años.

El rebrote del “bicho” campa ya descontrolado por el territorio de España, se reinventa con nuevos bríos allá donde los gobiernos habían pretendido dar lecciones al mundo sobre la eficacia de sus medidas preventivas y sanitarias (Suecia, Portugal Nueva Zelanda, Alemania, Singapur,…) y galopa enloquecido por Estados Unidos, Brasil, otros países de América Latina y la oficialmente inexistente África.

Oficialmente han muerto ya por la pandemia más de 600.000 personas. Dejando de lado errores “involuntarios” de los gobiernos en las declaraciones de cifras, allá donde el sistema estadístico de los Estados ha perfeccionado su mentira, y la imposibilidad de declarar algo más concreto que la indeterminada expresión “miles” en ese tercer mundo en el que la vida vale menos que el cartón con el que se confeccionan decenas de miles de ataúdes.

 Según la OMS 13 millones de personas han sido ya afectadas por el COVID-19. Según se mire, una cifra despreciable, si tenemos en cuenta que habitamos el Planeta 7.700 millones de personas, apenas, el 0,002%. Nos falta aún mucho para alcanzar la inmunidad de rebaño frente a la pandemia, de la que hablan los expertos. Para ser tan expertos no se ponen de acuerdo en si se logra dentro de una horquilla que va del ¡10 al 40%! de la población o es necesario alcanzar el 60%. Todo es cosa de sumar unos cuantos millones de muertos en términos absolutos para alcanzar la ansiada inmunidad ¡Qué asépticas son las cifras para lograr la profilaxis ideal!

Lo que ya no se viene porque ya está aquí desde hace meses, es el incremento de la pobreza de la que amplios sectores de la clase trabajadora no se habían recuperado en los últimos 4-5 años en los que nos decían que “habíamos” –¿quiénes, qué clase social?- salido de la crisis. 49 millones de nuevos pobres en el mundo se sumarán a los miles de millones ya existentes. Una cifra insignificante, si no fuera porque una parte importante de ellos pertenecerán al primer mundo, donde los mendigos, los sin techo y los que aún no lo son, pero malviven creando “colas del hambre”, sí son noticia, aunque menor y siempre políticamente utilizada por los distintos partidos del sistema para sumar votos a su causa y restarla al oponente, sin que se haga nada para, al menos, paliar su situación, salvo prometerles un Ingreso Mínimo Vital que un mes después de iniciarse el plazo de solicitud del mismo ha dejado fuera a la mitad de sus peticionarios y ha convertido prestaciones derivadas del derecho al trabajo en asistencialismo para los nuevos mendicantes que no tendrán derecho a una pensión de contributiva sino de caridad en el futuro, si para entonces existe.

Veremos en España a muchos miles de personas más de las que ya veíamos limpiando parabrisas de los coches en los semáforos, pidiendo en los metros o a la entrada de las Iglesias, niños desnutridos, hombres mayores que no pertenecen a ninguno de los colectivos protegidos, a los que l@s “periodistas” oficiales han convertido en únicos perfiles de la pobreza, engrosar las filas de los “Juan Nadie”, ignorados por todos, avergonzadamente escondidos en las filas de entrada a las sedes parroquiales de Cáritas.

Veremos cómo las distintas fracciones del capital europeo revisten de intereses y conflictos entre socios de la UE y entre naciones lo que no es otra cosa que el reparto de los restos del naufragio que dejará el paisaje tras cada episodio del COVID  y de otras posibles devastaciones que hayan de venir no demasiado tarde, en un planeta que se agota.

Veremos cómo las promesas que hicieron  los gobiernos progreliberales de España, Francia, Italia y Portugal de solidaridad europea para la reconstrucción tras la pandemia se tornan lanzas contra las clases trabajadoras de esos países, en forma de nuevos recortes sociales y privatizaciones de servicios, y como sus economías se convierten definitivamente en las de los criados empobrecidos y endeudados de la UE.

Veremos, una vez más, como tantas en la historia hasta el punto en el que la memoria ya no alcanza, que la izquierda es la quintacolumna contra la clase trabajadora, y el fascismo da un salto de gigante desde una plataforma ya muy sólida hacia la conquista de los bastiones definitivos de la gobernabilidad europea. Y veremos cómo quienes dan el golpe de gracia a la razón política hacen compatibles programas descarnadamente capitalistas y antisociales, revestidos en ocasiones de asistencialismo social, con la represión política más brutal contra la clase trabajadora y las libertades políticas.

Veremos cómo  las tres áreas del imperialismo capitalista –la UE, Estados Unidos y la entente China-Rusia- tensan las relaciones internacionales, haciendo chantaje de tambores de guerra a sus propios pueblos y sometiendo a unas clases trabajadoras, absolutamente domesticadas a los intereses de las tres fracciones del capital internacional; las cuáles se van echando paulatinamente en brazos del fascismo mientras la izquierda continúa traicionándola en nombre de sus ridículas “diversidades” que dicen anticapitalistas, sin demostrar en qué lo son. Su práctica es la de mamporreros del capital, como lo son sus amigos “diversos”.  

Media hora antes, en términos históricos, de que todo eso suceda, disfruten de la playa, echen un polvo en condiciones, de los que ya ni se acuerdan cómo eran, con o sin mascarilla, colgada del codo , de una oreja, en la frente o como antifaz, celebren la subida de su equipo a primera división a rostro descubierto y dándose abrazos –sobran en el mundo imbéciles por millones-. Total, ni el Ministerio de Sanidad, ni las autonomías se ha gastado un euro ni en recursos humanos, ni en equipos EPI, ni en rastreadores, ni en unidades de UCIs, ni en PCRs porque la consigna es consumamos y levantemos la economía hasta morir, la del capital, pero eso importa una m.   

Ustedes, mientras tanto, descubran que para cobrar un ERTE hay que sortear las de Caín, que les mienten cuando les dicen que las Oficinas de la Seguridad Social están abiertas para atender sus peticiones de que no les roben la promesa de un miserable Ingreso Mínimo Vital de 462 euros y de que los funcionarios del Sepe (las oficinas del paro) se “olvidan” de sellarles por defecto, como anunciaron mientras estaban cerradas por la pandemia, las demandas del desempleo o les niegan por correo electrónico los subsidios que por derecho les corresponden sin darles explicación alguna.

Disfruten de esta media hora antes del desastre. Total, no actúan como si les importase demasiado lo que suceda a partir del minuto 31.

21 de junio de 2020

FERNANDO SIMÓN, SERVIDOR PÚBLICO


Por Marat
Son pocas las expresiones que hoy en día no están contaminadas por el desgaste o por el envilecimiento de todo cuanto las connota. Las sociedades fragmentadas carecen de consenso en los términos que conllevan alguna carga moral y no hacen prisioneros.

La de “servidor público” no es una excepción. Y sin embargo, quiero reivindicarla, al menos en tres de sus concreciones: la sanitaria, la científica y la de la enseñanza. Pido disculpas por adelantado porque, seguramente, me olvido de alguna otra que debiera ser incuestionable, pero ahora mismo no soy capaz de precisarla.

Sin la sanitaria estaríamos expuestos a cada hora cada ser humano a la ruleta de la muerte por las que hoy consideramos las más nimias enfermedades, que aún asolan al Tercer Mundo, sencillamente porque allí el capital farmacéutico no encuentra mercado lo bastante interesante para su beneficio económico.

Sin la investigación científica, con todos los intereses del capital que están detrás, aún andaríamos con el taparrabos de la ignorancia, ese que nos quieren inocular los terraplanistas, las pseudociencias de la naturopatía y de la homeopatía en la que se ha ido convirtiendo el mundo de las farmacias.

Sin la enseñanza estaríamos ante la más completa indefensión de los explotados y los oprimidos, imposibilitados de llegar comprender las causas de lo que les sucede cuando la lógica del beneficio empresarial y del matonismo del poder les convierte hoy también en esclavos. Y esto sin olvidar que la enseñanza bajo el capitalismo es uno de sus aparatos ideológicos de dominación de clase. Pero, a pesar de ello, la enseñanza es un medio útil para dudar y comprender la realidad que nos rodea.

Esa es mi concepción del “servidor público”. No la de la persona que sirve al gobierno de turno sino la que ayuda a salir del dolor y la oscuridad a sus semejantes.

Ese es el atributo que creo que le corresponde a Fernando Simón,  director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, el de “servidor público”, en el sentido que le he dado y no en otro que cualquiera, con mayor o menor razón, pudiera considerar.

Fernando Simón hoy es, para muchos,  un “héroe del pueblo”, un matador de la COVID-19. No creo que lo sea ni que él se considere tal cosa.

Más bien lo considero como el especialista en epidemiología en un país sin tradiciones en este tipo de especialidad, entre otras cosas porque no las ha padecido apenas hasta ahora desde que se erradicó la poliomelitis en 1955.

Por mucho que haya trabajado en Mozambique y en Burundi o en América Latina, por mucho que se haya  especializado en malaria, sida y tuberculosis, no deja de ser un español, formado en España, con uno de los mejores curriculums en su especialidad pero que no vive habitualmente en los países pandémicos por naturaleza de Asia, África o América Latina. Era, seguramente, la mejor opción especialista para esta pandemia que hemos sufrido en nuestro país (lo fue también para el PP cuando la crisis del ébola y entonces nadie, tampoco, el PP en aquella ocasión se lo reprochó pero, casualmente, hoy sí, junto con los fascistas de VOX) pero no era infalible. Solo dios lo es pero, como nos enseñó Camus en “La peste”, dios no existe y, en tales circunstancias, aún menos.  

Se le reprocha desde la ignorancia de determinados ámbitos ciudadanos, potenciada por el cálculo del voto posible entre la derecha reaccionaria y la extrema derecha, haber considerado que no existían apenas riesgos de la epidemia unos días antes de la declaración del Estado de Alarma en España y que el número posible de diagnosticados iba a ser algo anecdótico. Es cierto que dijo eso pero se suele “olvidar” que China mantenía por entonces un control sobre la información de lo que allí estaba sucediendo casi absoluto y que apenas la compartía con otros Estados y que en Italia la declaración del Estado de Emergencia se producía con solo dos casos el 31 de Enero de este año. Incomprensiblemente, en medio del Estado de Emergencia en Italia se jugó el partido entre el Atlanta y el Valencia el 19 de febrero: 40.000 asistentes entre italianos y españoles. Si en Italia no se veía mayor peligro en realizar eventos multitudinarios como ese, ¿debía considerarse lo contrario en España? Bastante más tarde supimos que el virus se propagaba con mayor nivel de riesgo en espacios cerrados que en abiertos y que la densidad de población era más determinante que el número de habitantes. No le competía al doctor Simón tomar tal decisión sino al Ejecutivo español pero ¿se imaginan qué hubiera sucedido si a primeros de Febrero, cuando apenas había noticias de afectados en España, se hubiera adelantado el Estado de Alarma? ¿Creen de verdad que una sociedad acepta medidas tan drásticas como las tomadas posteriormente sin verle las orejas al lobo? Hoy Italia, a pesar de la anticipación en sus medidas sanitarias, arroja la cifras de 6.000 muertos más que España. Y no sirve el cuento de la ocultación de datos porque ese supuesto comportamiento vale para cualquier Estado de cualquier país.

Pero, por encima de lo que hasta ahora les estoy contando, creo necesario señalar que el papel del doctor Fernando Simón es especialmente inapreciable en cuestiones que van más allá de las recomendaciones que haya hecho al gobierno en cuanto a las medidas a tomar para aplanar lo que era su obsesión: la curva del coronavirus.

La primera de esas cuestiones me la señaló un amigo y militante de mi organización, el Espacio de Encuentro Comunista, cuando me dijo aquello de “Simón es alguien balsámico. Cuando aparece da tranquilidad”. Frente al miedo que atenazaba a una sociedad confinada en sus casas y en sus propias angustias, Simón, cada día ofrecía serenidad y un rayo de esperanza, justo la que necesitábamos entonces los españoles y aquellos que habían venido de lejos a buscarse la vida, como cualquier ser humano, y a convivir con nosotros, muchos en espaciales circunstancias de sobreexplotación hasta que todo se paró.

Su voz templada, la humildad con la que reconocía lo que sabía y lo que no cuando los periodistas le preguntaban en las ruedas de prensa diarias, nos transmitía paz y un deje de empatía con quienes vivíamos nuestras cotidianas paranoias, aislados de la calle y solo conectados, los que teníamos la posibilidad, con otros (familia, amigos de siempre y nuevos,…) mediante la tecnología. Esa misma tecnología que nos iba reconduciendo hacia el nuevo confinamiento del teletrabajo, pero esa realidad laboral con pérdida de derechos hay que achacársela primero al capital y luego a su gobierno de turno, el que ahora ejerce.

La segunda pista me la dio, también mi amigo y camarada, cuando me habló de cómo le recordaba la situación que estábamos viviendo a “La peste”, de Camus. Hacía muchos años que había dejado de leer a uno de mis autores preferidos, el de “Calígula”, el de “El estado de sitio”, el de “El malentendido”, el de “Los justos”, el de “El exilio y el reino”, el de “La caída”; para muchos el de “El extranjero”.    

Caí entonces en la memoria del doctor Rieux, el héroe de “La peste”. Imaginé a Simón dando un paseo por el Madrid semidesértico y pensando en sus propias angustias, nacidas de una tarea que agota a cualquier ser humano  frente a una devastación que a él y a cualquier ser humano le había de superar. Y, como a Bernard Rieux le vi entonces en mi imaginación: “Fuera le pareció a Rieux que la noche estaba llena de gemidos. En alguna parte, en el cielo negro, por encima de las farolas, un silbido sordo le hacía pensar en el invisible azote que abrasaba incansablemente el aire encendido.”.

Era eso, la empatía humana del servidor público con el dolor que no era posible que fuera ajeno para él.

Toda sociedad humana necesita de servidores públicos en el sentido que he definido, de personas que entreguen a la colectividad lo mejor de sí mismas. Al hacerlo se elevan sobre su condición de individUos y dan sentido a las mejores estrófas del poema de John Donne:

"Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo"

Defender a los Fernando Simón de cada circunstancia es proteger a quienes creen que lo colectivo es superior moralmente a lo individual y que hay una razón para hacerlo: el somos frente al salvajismo que defienden algunos de que el ser humano es un lobo para otros seres humanos. 

No le voy a juzgar a futuro. Ya lo han hecho la reacción y el fascismo y ciertos izquierdistas que le acusan de blanquear decisiones del gobierno. Solo espero de él que siga siendo el servidor público para quienes lo necesitan que ha sido hasta ahora, libre de tentaciones políticas y fiel a la idea de servicio a los demás que un día se prometió a sí mismo.

5 de junio de 2020

LEPENIZACIÓN DE VOX Y ENVILECIMIENTO DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA


Viñeta del dibujante árabe Osama Ayyach
Por Marat

A finales de abril de 2019 escribí en un artículo de La Barricada… lo siguiente:
“Cuando vuelvan mal dadas en la economía, la rabia social que ya no canaliza Podemos y que no puede organizar ni dar dirección política una opción de clase porque ya no hay comunistas, si tienen la habilidad para abandonar la línea liberal de la extrema derecha austriaca o brasileña que hoy les inspira, y optan por la social de Marine Le Pen, ahí sí que estaremos ante un auténtico problema porque, entonces lo que hoy es ultraderecha puede pasar a ser fascismo organizado y escuadrista realmente peligroso”. Me refería a VOX, obviamente.

Intentar hacer prospectiva política, anticipando posibles escenarios de futuro, a partir del análisis de unos cuantos datos, siempre subjetivos en su elección e interpretación, es algo arriesgado, especialmente en tiempos en los que la brutal aceleración histórica corrige de manera inmediata las previsiones que hicimos 5 minutos antes.  

Generalmente en unas hipótesis de marco general se acierta en unas cosas y se yerra en otras, casi siempre a partir de una combinación de azar y de una acertada o no elección de las variables que van a intervenir en el futuro y de cómo se comportarán.

Ejemplo de error fue en el mismo texto aludido afirmar la muerte política del PP y de su Presidente Casado. El clima de miedo ante las consecuencias económicas del confinamiento y de su larga y, en mi opinión, necesaria duración para aplanar la curva de muertes por la COVID-19, le ha dado alas para desplegar su estrategia de tensión y degradación del ambiente político español, en donde VOX ha jugado un papel decisivo. Y les ha funcionado a ambos, más allá de lo que digan las encuestas, que demuestran que el cliente que paga por ellas siempre tiene la razón, sea quien sea este cliente. Pero, ¿quién esperaba al coronavirus? Salvo algún conspiranoico que, como las sectas religiosas siempre están anunciando la peor calamidad, y alguna vez han de acertar, por aquello de que un reloj parado da la hora correcta 2 veces al día, Bill Gates, que es más listo que toda la humanidad junta y parte de la existencia extraterrestre y los Simpson, que desde que apareció esa serie de dibujos amarillos ha previsto todo lo sucedido en el mundo, nadie.

Las consecuencias económicas mundiales de la COVID-19 han impactado de lleno en una crisis capitalista que había experimentado una débil recuperación y que en los últimos años daba claros signos de agotamiento de dicha etapa expansiva. Evidentemente a esta recuperación de bríos del PP han contribuido los errores del propio gobierno de progres, no en el planteamiento y enfoque de las medidas para afrontar la pandemia sino en la gestión de su comunicación para hacerlo, sus propios bandazos y, por supuesto, su falta de capacidad de respuesta en forma de medidas mínimamente eficaces para paliar las consecuencias sociales y económicas de la paralización de la actividad económica del país para las clases populares en general y la trabajadora en particular.

En cambio, sí creo haber acertado en la cuestión de la “lepenización” de VOX. Pero ¿de qué estoy hablando cuando señalo que este partido se ha “lepenizado”?

Por lepenización entiendo el acercamiento a las posiciones “sociales” del antiguo Frente Nacional (FN) francés, hoy  Agrupación Nacional (Rassemblement National, RN) de Marine Le Pen, hija del fundador del partido y elemento central de del éxito electoral del fascismo francés.

Es necesario señalar que el fascismo “social” de Marine Le Pen, en Europa y en el mundo, es más una excepción que la regla. 

Rassemblement National, antes Frente Nacional, se presenta como la opción de las clases populares francesas, plantea supuestas políticas de protección social a éstas y defiende la recuperación de la soberanía nacional como mecanismo para lograr esa protección frente a “la UE de las oligarquías”, como si la economía francesa no estuviera conectada, como la española, con otras economías internacionales. Les funciona perfectamente en un país en el que la revolución burguesa de 1789 fundió los conceptos pueblo y nación, y en el que ya no existen ni el gaullismo ni la izquierda, por definición reformista por mucho que vocifere, de los social-liberales del PSF ni de los socialdemócratas del PCF. Tan solo queda, tambaleante y desnortada, como un boxeador sonado,  la versión francesa del anguitismo, también en lo histriónico y populista, representada por la Francia Insumisa de Melenchon, a quienes solo la suprema ignorancia puede confundir con el marxismo.

Hoy, Rassemblement National es el primer partido de Francia, por delante del macronismo liberal y elitista, al que solo la unión de los demás partidos en apoyo del ex banquero pudo frenar en su día pero una operación política, organizada desde el propio Eliseo con el apoyo y financiación de élites económicas, difícilmente lo podría lograr hoy.

Solo la clase trabajadora francesa resiste desde unos sindicatos debilitados pero muy combativos, con la excepción de la “socialista” y pactista CFDT. Pero ha de atravesar, sin referencia política alguna, el estrecho  paso entre el Escila de Macron, que los reprime salvajemente en las calles, y el Caribdis del lepenismo que acabará con las pocas libertades que aún quedan en Francia cuando logre encaramarse al gobierno y asentarse en él, ya sin oponentes.  Entonces ya no necesitará el simulacro de su dimensión social y se homologará a los demás fascismos neoliberales. Hasta entonces, se disfrazará de lo que no es.

Por su parte, VOX, por mucho que recuerde al señorito parásito que no vive de su trabajo sino de lo que el oportunismo le procura (Abascal y Ortega Smith son buenos ejemplos de ello), tuvo en su refundación, una vez acabado el liderazgo del apolillado Vidal-Quadras, la extraña anotación de algunos detalles que dejaban abiertos varios escenarios posibles:

  • Si, por un lado, VOX tiene un programa económico ultraliberal, proponiendo la privatización de lo que dejó por privatizar el PP, el resto de la sanidad privada, dar la última estocada a las pensiones mediante sistemas de capitalización y potenciar aún más la educación privada, con el cheque escolar, por el otro, hizo un guiño en la campaña de las pasadas elecciones generales a sectores de la clase trabajadora con el lema “la España que madruga”. Se supone que las clases altas lo hacen también para ir al golf y volverse a la cama después de un duro partido de este sufrido “deporte”; lema que también utilizó el PP, y con anterioridad el partido de Marine Le Pen. 
  •   Si, por una parte, VOX, se presenta como defensor de la libertad frente a la “dictadura progre” del gobierno social (¿dónde?)- comunista (¿¿¿dónde???)-bolivariano (¿qué demonios tiene que ver el populismo bonapartista con ser socialista o comunista?), por otra, deja clara la importancia que otorga a al algunas de sus referencias ideológicas al citar, tanto en debates preelectorales como en redes sociales, al fundador de las JONS, Ramiro Ledesma Ramos, representante del sector más “obrerista” de Falange Española de las JONS, luego expulsado de Falange por diferencias con el señorito burgués  José Antonio. Hay que señalar que ninguno de los medios de comunicación que se hicieron eco de la mención de Abascal a Ledesma Ramos señala que éste se sentía ideológicamente próximo a las tesis del ala izquierda del NSDAP (partido nazi alemán), representado por los hermanos Otto y Gregor Strasser y por el jefe de las SA Ernst Röhm. No creo que esta omisión se deba solo a la casi generalizada ignorancia del sector periodístico sino, en gran medida, a una autocontención mediática en las críticas y el rechazo a lo que VOX es y representa. Al fin y al cabo, siempre conviene tener a mano a los encargados de hacer limpieza cuando se necesite y no es cosa de desprestigiarlos en exceso. 
Pero esa “lepenización”, o guiños a lo “social”, ha experimentado un acelerón oportunista con el escenario de paro y brutal extensión de la pobreza entre la clase trabajadora, proletarización de importantes sectores de las clases medias patrimoniales (la de negocios propios) y las de elevados salarios, que se verán abocadas al desempleo o, en gran medida, recortadas en sus niveles de vida; así como con las nuevas medidas de austeridad, recortes sociales y privatizaciones que no tardarán en llegar.

Es ese escenario el que explica el salto oportunista de VOX. La organización fascista ha difundido recientemente vídeos en las redes sociales y en su canal de Youtube en los que se presenta como heredero natural del espíritu del 15M, según señalan en ellos traicionado por Podemos . En un formato testimonial, dos hombres y una mujer establecen un vínculo entre la ilusión, luego rota, del 15M y la esperanza que sienten con VOX (“lo nuevo”, rellenable con salsas al gusto de cada comensal, actúa en los dos casos como fetiche que los dota de significado, como “lo nuevo” fue también el sagrado valor en el caso del ya viejo Podemos) y entre la rabia organizada que representaban los indignados de entonces y los de ahora. Podría llegar a funcionar hasta cierto punto porque la ignorancia que existía entre muchos de quienes participaron en el movimiento del 15M corre pareja a los que componen la hinchada de VOX y el grado de fanatismo y cerrazón es similar.

Sorprende, porque es antagónico con su programa ultraliberal que, entre sus medidas para "proteger España", hayan incluido la propuesta de que el Estado asuma el pago de la nómina, drante tres meses, de todos los trabajadores afectados por la inactividad económica derivada de la COVID-19 así como que, en el caso de los autónomos, el Estado cubra "el pago de una cantidad equivalente al ingreso medio de de su facturación en los tres meses anteriores". 

Esas medidas para "proteger España"  incluyen también la suspensión de todos los impustos que gravan el consumo de suministro de los hagares (agua, luz y gas). Llamativo que a estos ultraliberales en lo económico y fascistas en lo político lo que les preocupe es la parte de los impuestos del servicio y no la el pago del servicio en sí, cuyo abono dejan intacto, cuando estamos ante una situación de emergencia social, que deja a cientos de miles de hogares sin capacidad de pago de dichos servicios, cuyo suministro ya protege el gobierno prohibiendo su corte por impago. 

Y, para remate "popular", añaden en su Plan de Emergencia Nacional por los efectos de la pandemia la propuesta de que se suspenda el pago de la parte del capital en la cuota de amortización de los préstamos hipotecarios; moratoria que ya fue apobada por el gobierno para que fuera asumida por los bancos en los casos de afectados laboralmente por la COVID-19 que lo solicitasen. 

El supuesto apoyo a la existencia de algún tipo de Ingreso Mínimo Vital (IMV), que es ridículo e insultante en su menguada cuantía para las necesidades reales de cualquier candidato a percibirla, sea a nivel individual o familiar, ha sido otro de los giros “sociales” de VOX, que ha pasado del exabrupto despectivo de “la paguita” y de los subsidiados a los que se compra el voto a otro que admite que hay una situación de emergencia social nacional. En palabras de Jorge Buxadé, portavoz del Comité de Acción Política de estos fascistas, VOX “no está en contra” del mismo. Esta pirueta la ha dado después de calificar el citado portavoz hace más de un mes a este subsidio no contributivo de “solución venezolana” y de “paguita clientelar y para menas”. A ver cómo vas a incendiar de odio a los "cacerolos" de los barrios obreros cuando esos mismos "cacerolos" se vean ante la disyuntiva de aceptar tan exiguo subsidio o ser fieles cabestros obedientes al partido, renunciar a ello y comerse los mocos.  Pero como la cabra tira al monte, no pueden renunciar a segur intoxicando de odio y mentiras al desgraciado analfabeto político que ya había decidido hace mucho qué mentiras iba a comprar del conjunto de las  ofrecidas en el supermercado de marcas electorales. Y han decidido dar otro giro más en relación al asunto de la “paguita”, uniéndola a otro de sus chivos expiatorios, la emigración y, dentro de ella, la de los más desesperados, “los que llegan en patera”, según afirman el generalisímo Santiago Abascal y su cabo furriel Ignacio Garriga en las redes sociales.

Es cierto que se exceptúa de la exigencia de “tener residencia legal y efectiva en España y haberla tenido de forma continuada e ininterrumpida durante al menos el año inmediatamente anterior a la fecha de presentación de la solicitud” para ser perceptor del IMV a “las personas víctimas de trata de seres humanos y de explotación sexual, que acreditarán esta condición a través de un informe emitido por los servicios públicos encargados de la atención integral a estas víctimas o por los servicios sociales, así como por cualquier otro medio de acreditación que se desarrolle reglamentariamente” pero no estaría de más hacerse las siguientes preguntas:
  •          ¿Cómo se acredita que los de las pateras son “víctimas de trata de seres humanos”? ¿Se envían cuestionarios a los responsables de la red de trata de seres humanos en Libia, Mauritania, Marruecos o donde sea, pidiendo que faciliten el listado de nombres y apellidos de quienes han llegado a España en patera?
  •       ¿Saben ustedes que se habla explícitamente de “trata de seres humanos y de explotación sexual” pero que no se menciona, por lo que se excluye, a los que trafican con seres humanos, probablemente la mayoría de los casos de quienes llegan en patera? ¿Saben que la “trata” se refiere a redes de explotación laboral o sexual, mientras que el “tráfico ilegal” de personas se limita a facilitar que los sin papeles entren ilegalmente en un país extranjero sin otro vínculo posterior pero no están contemplados en la excepción de la exigencia de residencia legal en España durante al menos un año ?  
  •      ¿Se imaginan la diligencia con la que los funcionarios de las Comunidades gobernadas por el PP (Galicia) o en colaboración con VOX y Ciudadanos (Madrid, Andalucía, Murcia) o solo con VOX (Ceuta), o solo con Ciudadanos (Castilla-León) emitirán sus informes que demuestren la trata de seres humanos de los llegados en patera, toda vez que la gestión de la IMV corresponderá a las Comunidades Autónomas y no al Estado central? Yo no. Si usted sí lo imagina es que no ha vivido lo que pasó con la ley de dependencia durante todos estos años en las Comunidades, cuya gestión también les correspondió a estos niveles de la estructura del Estado, gobernadas por la derecha. A lo mejor es que usted no estaba en España porque acaba de llegar en patera.  
En esta contradicción entre atacar o admitir la existencia de un subsidio no contributivo, exiguo, insuficiente y meramente asistencial como es el IMV, se expresa la tensión interna de VOX entre sus vínculos con el franquismo sociológico, amplio en la sociedad española, pero programáticamente incapaz de proyecto político alguno, o la vía lepenista, que se ha demostrado triunfante en Francia. De cuál de las dos corrientes internas domine finalmente en VOX dependerá en buena medida su futuro.   
El escenario es absolutamente propicio para un fascismo lepenista en medio del gobierno de la izquierda –la única existente, la que se limita a reformar, si le dejan, cuando le dejan. Los comunistas que lo son no hablan de izquierda y derecha sino de lucha de clases, explotación capitalista y socialismo- que ya no gobierna nada, al que la geometría variable se le ha vuelto navajas en cada esquina, amistades peligrosas y amantes volubles cada vez más caras. Ese escenario se complica aún más con un gobierno de izquierda  que deja a 400.000 trabajadores, y sus familias, fuera de los ERTEs, que engaña con un IMV que es una mierda y consecuencia de un proceso de desvinculación del salario diferido (desempleo y pensiones) de los derechos conquistados por los trabajadores y ligados al trabajo . Y aún peor, con un IMV que centenares de miles de seres humanos de la economía formal (la que implica un contrato o una cotización social de autónomo) o de la sumergida (que ya no se elige porque se sabe que no hay futuro en ella ni tras ella, sino en la que se cae de modo sobrevenido) no cobrarán, dejándolos a los pies de los caballos de de la caridad religiosa o, en el mejor de los casos, de la solidaridad social.

Después de que un sujeto como Aznar se haya manifestado partidario del IMV, aunque con carácter temporal, deberían los más entusiastas del mismo preguntarse hasta qué punto la pérdida de conquistas sociales ligadas al trabajo y a una pensión contributiva, es decir, la que más les costará eliminar, no estará propiciando un camino abierto al asistencialismo sin derechos consolidados, al que tantos de nosotros deberemos recurrir para sobrevivir pero sin olvidar todo lo que perdemos por el camino con fórmulas como la aludida. 

El contexto ambiental, el clima político no puede ser peor. Como en las sucesivas ocasiones en las que la derecha española ha alcanzado el gobierno desde Aznar, los reaccionarios del PP intentan volver al gobierno mediante la defenestración del que temporalmente lo ocupa. Casado y sus compinches, la marquesa del Largo Periscopio y la virgen doliente y viuda de la Comunidad de Madrid, que dice que no tolerarará que se califique de "fascistas" a quienes considera sus socios principales, compiten con los fascistas de VOX en la intoxicación, el insulto, las acusaciones políticas y personales más abyectas, la grosera tergiversación de los hechos, la mentira y las medias verdades.

El clima perfecto para la peor involución política es éste. Un momento en el que la izquierda demuestra una vez más que su reformismo intrínseco está ya agotado porque ya no dispone siquiera del recurso al keynesianismo capitalista de recuperación del consumo sino que se le impone a nivel mundial el salvamento de las empresas y corporaciones capitalistas, mediante grandes inversiones mancomunadas europeas y nuevas emisiones de deuda pública, que pagará de nuevo la clase trabajadora, y un fascismo que se irá presentando, cada vez más, como solidario "con toda la nación" (empresarios y trabajadores, explotadores y explotados). Y toda esa amenaza se presenta sin una organización alternativa de clase contra clase y de defensa de la independencia de los intereses de la clase trabajadora.
   
La violencia verbal de la Brunete mediática se ha unido al griterío de borrachos pendencieros de taberna del circo parlamentario. No es algo extraño al parlamentarismo burgués. Forma parte del espectáculo circense de artificio con el que sus señorías aparentan unas diferencias irreconciliables cuando, en realidad, ninguno de los bandos defiende sistemas económicos antagónicos sino que tan solo compiten por quiénes serán los esbirros políticos preferidos por el capitalismo.

Acusar a este gobierno de acobardados minisocialdemócratas de ser social-comunista es tan falso como afirmar que 462 € mensuales, para quien los cobre, desincentivará la búsqueda de empleo, cuando la realidad es que su absoluta insuficiencia obligará muchos parados a aceptar salarios aún más miserables que los que cobraban antes de la pandemia para alcanzar unos ingresos de mera supervivencia.

Pero toda esta sarta de mentiras, falsificaciones y calumnias enrarece el clima social, crispando a un país de desinformados que solo acuden al abrevadero más sensacionalista y previamente acorde con la opinión distorsionada que ya tenían. El envenenamiento de las conciencias se hace por compartimentos estancos en los que nunca se cruza al otro lado para contrastar las deformaciones que se degluten con fervor de fanático idiotizado e ignorante, y forjarse, de este modo, opiniones propias, comprobando las mentiras de unos y otros.

Hoy desde el circo parlamentario, hasta la calle, pasando, cómo no, por todos los medios de desinformación y redes anti“sociales” de propagación del odio, son un gigantesco estercolero del que solo es posible escapar encerrándose para siempre en casa y negándose a ver la televisión, escuchar la radio o conectarse a Internet, tansformándose en un Robinson absoluto.   

Pero eso es justamente lo que quieren tanto “progres”, como reaccionarios, como fascistas, que quienes no nos sentimos representados por ninguno de ellos –el parado que sabe lo que se le viene encima, el trabajador con contrato que ve en peligro su empleo, el precario, el autónomo que ya no puede pagar su cuota a la Seguridad Social, el sumergido hasta el cuello,… que son conscientes de que este fuego de artificio puede acabar por arrasar a la sociedad pero no resuelve su situación- cerremos la boca, nos quedemos en casa, asumamos pasivamente nuestro destino y nos neguemos a salir a la calle para defender primero, la protección de nuestras necesidades más elementales, y después, señalar que bajo un sistema económico que opone la explotación y la sobreexplotación laborales y la búsqueda del beneficio a la defensa de nuestras vidas, éstas carecen de valor y de futuro algunos.      

La pelea que ya toca es la pelea real. La defensa de la sanidad pública que salva vidas, junto a cada centro de salud y al lado de cada hospital, impedir que los ERTEs se conviertan en despidos libres de los EREs, exigir que cada parado, de la COVID-19 o no, tenga cobertura decente  de desempleo, vinculada al trabajo y no a un asistencialismo no contributivo para las pensiones, exigir que nadie pierda su vivienda, sea de alquiler o propia,… No hay otra lucha inmediata que merezca adquirir la importancia de ésta. Priorizar cualquier otra, o incluso ponerla a la misma altura que las anteriores, es un fraude en defensa de los intereses de cada chiringuito político; fraude que, de paso, da balones de oxígeno al capitalismo, que necesita para mantener su tasa de beneficio del sacrificio de nuestras vidas y de la eliminación de nuestras conquistas históricas como trabajadores.

Solo así se combate el fascismo. Solo así se desintoxica a los dopados por el odio y el fanatismo.

28 de mayo de 2020

SER COMUNISTA HOY…Y SIEMPRE



Por Marat

1,.- ¿Qué es ser comunista?... en mi opinión personal
El papel que a los comunistas nos corresponde no es hacer la revolución social. Esa la hace la clase trabajadora. Nacimos para empujarla, sumar, elaborar las mejores propuestas, en función de cómo es el capitalismo mundial y nacional en cada país HOY y no en 1917, según es HOY la clase a la que pertenecemos, y presentarlas ante las clases subalternas para ser consideradas por éstas su referencia, sin proclamarnos vanguardia cuando aún estamos muy desconectados de la clase y no tenemos retaguardia alguna.

Pero para hacer tal cosa, hay que bajarse del pedestal de barro al que solo nosotros mismo nos subimos, nadie más, escuchar dónde le duele en lo inmediato y cada día a nuestra clase: una sanidad pública que solo se sostiene sobre la solidaridad de sus profesionales con el ser humano al que pone rostro cada día, no en las inversiones públicas necesarias, trabajadores amedrentados por conservar sus puestos de trabajo, si no los perdieron o pasaron a unos ERTE que aún no han cobrado, precarios que pueden perder la habitación que ocupan de alquiler, trabajadores sumergidos que se juegan el ser multados o desprotegidos por serlo, nuevos esclavos del teletrabajo a los que han dicho que serán los reyes del tiempo, viejos cuya dependencia han convertido en mercancía que muere en silencio,….

Los comunistas somos otra cosa. Somos parte de nuestra clase que tiene que pegarse a todas esas necesidades y estar en contacto con cada uno de sus miembros que lo está pasando mal y que quiere decir “estoy harto de estar harto pero no sé cómo gritarlo” y alentar su grito, intentar que tenga sentido tanto para él como para todos nosotros. Ser comunista es dejar de hacer el inútil y el frustrado en las redes sociales que trata de justificar el porqué de no meterse dentro del cada día de las “pequeñas cosas” y pegarse al vecino, incluso al más fascista, si lo está pasando mal económicamente por causa de este sistema, y siempre al compañero de trabajo o al vecino del barrio y demostrarle en la práctica que no está solo. Saber que hay gente a tu alrededor, unos de tu ideología que no quieren que camines solo, y otros que te miran solo como un ser humano, en medio de la vorágine del odio inducido, de la frustración sin otro camino que no te lleve a la soledad o el fascismo como respuesta, es dar una oportunidad a un mundo de seres autónomos solidarios que buscan juntos un mundo más decente.

Y después de eso explicarle que no hay soluciones particulares con demasiado futuro (si ayer la mentira del ascensor funcionaba, hoy está atascado entre el bajo y el primer piso) sino formas de ayudarnos mutuamente para intentar rechazar, con la protesta organizada, sus golpes pero que los que hoy paremos, porque lo necesitamos en lo inmediato, no pararán los que vendrán luego porque el capital solo puede crecer desposeyéndonos,  unas veces de manera abrupta (los recortes sociales de la crisis de 2007), otras con ayuda de la Comisión Europea, que ahora parece dispararnos con cientos de miles de millones de euros pero pronto veremos que será para salvar a grandes sectores productivos y para soltarnos alguna de esas migajas que tanto agradecemos los desesperados, que tanto necesitamos para sobrevivir, pagando esa fiesta la clase trabajadora en forma de nuevos recortes sociales, cuando las rodajas cortadas al salchichón nos han conducido hasta la cuerda y la etiqueta .

Luego hay que decirle al compañero, ese que las está pasando canutas: “¿has logrado un mes o dos de esperanza? Quiero brindar contigo por ello pero no bajes la guardia, sigue organizado porque no se trata de hacerlo por grandes principios sino porque no destruyan tu vida”. Y dejarle claro que no tardarán en recórtele un poco más sus posibilidades de supervivir hasta su extenuación.

No hay salidas dentro del capitalismo para la clase trabajadora. Construir una sociedad comunista pasa por acercarse al socialismo de un modo fraterno (a veces me sale el estilo francés). La solidaridad de clase teje cada día el mañana. 

2.- ¿Qué no es ser comunista? Como antes, una interpretación personal

No soy de izquierda/s. Creo que los comunistas no somos de izquierda, dado que ésta nació en la Revolución Francesa, y no ha cambiado esencialmente hasta hoy, para reformar el sistema de clases nacido del capitalismo, entonces incipiente, hoy universal. Reformar no es sustituir, reformar es adaptar, hacer más asumible un sistema de explotación, sobreexplotación y dominación concreto, el capitalismo. Los comunistas  pretendemos destruir, no reformar, el sistema de dominación sobre el trabajo que hace que lo que se produce en él sea una actividad social colectiva, mientras que el beneficio económico que genera es privado para el empresario. No hay términos intermedios entre capital y trabajo, como tampoco lo hay entre reforma y revolución o entre agua y aceite. Por mucho que se intenten mezclar no lo logran. 

Hay quien cree que la solución intermedia es redistribuir la riqueza vía impuestos, pero ya vemos que el capitalista tiene un millón de formas de evadirlos o simplemente de echar abajo los gobiernos que pretendan hacer reformas fiscales mínimamente progresivas. También hay quien cree que dando más representación a los sindicatos en el control de las decisiones que afectan a los trabajadores en las empresas privadas se logran mejoras que, acumulándose, nos pueden llevar a una sociedad más justa. Eso conduce a la burocratización sindical y a la compra de sus dirigentes por las propias empresas. La clase trabajadora, como clase organizada, siempre necesitará estar en la oposición dentro del capitalismo, sea con un gobierno de derechas o con otro de izquierdas, pero también en una sociedad socialista que no es lo que hacen los “socialistas” cuando están en el gobierno. No son lo mismo derecha e izquierda pero, en su práctica tampoco son tan distintos. Como tampoco es lo mismo el empresario o accionista del consejo de administración de una empresa capitalista que el burócrata de una autodenominada sociedad socialista. Es irritante tener que explicar, una y otra vez, en bucle,  estas cuestiones cuando ya no hay sociedades socialistas sino, acaso, alguna aberración que usurpa su nombre. Exaspera aún más que haya aún quienes no se preguntan el porqué. 

Si se entendiese bien esta cuestión no nos encontraríamos ante supuestos comunistas que defienden como sistema socialista una monarquía hereditaria con estatuas kilométricas de la saga de reyezuelos que confían tanto en sus ciudadanos que acaban diciendo eso de “controlamos lo que entra en el país y cuál es el objetivo” o “queremos evitar cualquier mal que entre en la sociedad" (joder, con el puto Shangri-La de los cojones) , más o menos lo que hacía el gobierno de Estados Unidos cuando preguntaba al viajero que pretendiera entrar en su país si había militado en un partido comunista u organización afín. Si no estás en la paranoia más absoluta del espionaje y las conspiranoias quizá debas preguntarte si esa es la sociedad en la que querrías vivar y aún más, qué leches tiene eso que ver con Marx. 

Quizá la sociedad humana este regresando hacia la animalidad de dejar de hacerse preguntas a cambio de una cierta sensación de seguridad material. Eso le está ofreciendo también el fascismo. Volvamos a la caverna, que en su oscuridad está la verdad.

Mención aparte de los defensores por interés económico de un sistema feudal como el norcoreano coloco a quienes defienden un régimen caudillista que nada ha hecho para favorecer el control social de las grandes empresas venezolanas (el sistema económico sigue siendo plenamente capitalista, después de 23 años de la revolución bolivariana) y extraigo una conclusión: los pseudocomunistas que confunden dictadura del proletariado que es de toda la clase trabajadora contra el capital, con dictadura de partido, y que son la nueva clase, buscan la supervivencia económica de sus 2 ó 3 liberados al amparo de un sistema que no tiene nada que ver con Marx sino con una autarquía absolutamente opuesta a la necesidad de que la globalización del capitalismo condujese a internacionalizar la lucha de la clase trabajadora. Del mismo modo, quienes han pillado en los años de vacas gordas de un bolivarianismo que hoy reprime a sindicalistas en Venezuela (no me hagan tirar de datos) provienen del populismo más reformista  o del estalinismo que, por su propia naturaleza histórica, acaba en lo mismo. 

Comprendo la sensación de desnudez que puede conllevar para algunos renunciar a tener sus particulares paraisos en la tierra pero ni el marxismo fue nunca una construcción ideológivca para esconderse del mundo hostil capitalista (solo el mejor arma para transformarlo) ni deformó nunca la realidad. Otra cosa muy distinta es lo que algunos defienden.

Este camino solo conduce a la secta, de mayor o menor tamaño, y a desprestigiar la más noble aspiración de la humanidad. La sociedad comunista.

No hay salidas dentro del capitalismo para la clase trabajadora. Construir una sociedad comunista pasa por acercarse al socialismo desde la solidaridad real de cada día.  

24 de mayo de 2020

EL FASCISMO AMENAZA LA VIDA PARA RECUPERAR EL BENEFICIO DEL CAPITAL. LA ÚNICA RESPUESTA POSIBLE ES DE CLASE


Por Marat

Las caceroladas y las manifestaciones en los barrios burgueses contra el Estado de Alarma son un síntoma de descontento social entre los sectores de las clases medias reales (pequeños y medianos propietarios) y autopercibidas (de segmentos minoritarios de la aristocracia asalariada) que señalan el efecto del largo período de confinamiento en la economía nacional, que se ha deteriorado, tanto en sectores básicos y de grandes empresas de la producción como en los pequeños negocios (fundamentalmente de servicios) y, con ello, las de los hogares y, en consecuencia, en el consumo, que se ha limitado a fundamentalmente a las necesidades básicas y a otras secundarias, ligadas fundamentalmente al entretenimiento en casa.

El acierto de los fascistas y de la derecha reaccionaria del PP ha sido la de haber sabido conectar con el miedo al futuro de esos sectores de las clases medias reales y autopercibida, como consecuencia de la destrucción del tejido productivo que ha traído la combinación del agotamiento del período de recuperación tras la última crisis del capitalismo y de la paralización de gran parte de la actividad económica como consecuencia de las medidas sanitarias para parar la COVID-19.

No es un fenómeno español. En mayor o menor medida que en nuestro país ha sucedido en la práctica totalidad del mundo, por lo que la nueva fase de la crisis capitalista es, de nuevo, también global. Éste es un factor que debe esgrimirse desde una posición de clase: el capitalismo acelera su crisis general y no hay salidas nacionales a la misma.   

Tampoco es un fenómeno local la respuesta fascista contra el confinamiento. En Italia, en Alemania, en los estados USA no controlados por Trump en los que se da alguna forma de este tipo de medidas, las protestas organizadas por la extrema derecha se suceden, siempre en nombre de la libertad y con banderas patrias. La libertad es la del mantener abiertos los negocios por encima de los riesgos de los trabajadores que hay en ellos. Y la bandera patria es siempre el manto de la mentira protectora con el que el capital quiere cubrir lo que antes era contradicción de intereses trabajo-capital bajo la forma nueva de “más mata el hambre”, planteado por quien no lo padece y está lejos de padecerlo. La burguesía siempre ha  vendido desde la revolución francesa lo que son sus intereses de clase como interés general de todas las clases.   

Conviene entender la relación subalterna de las clases medias, justo las que auparon el fascismo en el pasado y lo están elevando en el presente, con la clase rectora del sistema capitalista, la gran burguesía. La clase media propietaria de medios de producción, e incluso los segmentos sociales de la aristocracia asalariada, están ligadas al capitalismo como sistema y a las grandes corporaciones de las que son empresas proveedoras y subcontratadas y de las que obtienen sus elevados salarios un sector de los directivos no claves en la toma de decisiones empresariales.

Establecida esta cuestión hay una relación compleja entre pequeña y mediana burguesías y gran capital.

La pequeña y mediana burguesías han comprendido que su futuro está comprometido y que necesitan de la recuperación del consumo, por lo que es imprescindible para ellos la vuelta a las terrazas y al negocio de las tiendas.

El gran capital, el que mueve el porcentaje del PIB que, de verdad, será afectado por la crisis, turismo, automoción, construcción y banca, crea a través de sus medios de “comunicación” económicos y generalistas el estado de opinión social, el llamado “estado del malestar” que, curiosamente, remite a ciertas anticipaciones del 15-M. De ahí que en la prensa más conservadora se haga un paralelismo entre los objetivos de VOX de creación de “ambiente de protesta social” con la aparición de los indignados y la posterior eclosión de Podemos. Para la clase media se proyectó en su día una articulación política progre y ahora otra fascista. En cualquier caso, ambas tuvieron un discurso explícito no de clase, sino de “gente” y nacionalista.

Afortunadamente los fascistas están llegando tarde varios países. En Italia y en España es más que evidente. Las curvas de la pandemia acabarán por aplanarse

En Estados Unidos no hay sanidad pública, porque el Obacamare nunca fue público, que absorba el brutal número de contagiados, vemos como el fascismo exige violentamiente  el fin de las cuarentenas. En  Brasil,  con un Presidente tan eloqucido como las cifras de la enfermedad, se produce un tipo de respuesta desde el Estado muy similar al que se da en Estados Unidos. La elección de recuperación de la tasa de beneficio empresarial en lugar de vida puede que se convierta en caos económico.

El acuerdo de Alemania y Francia para intentar que la UE apruebe un superbazooka financiero de ayudas más “generosas” que en la anterior fase de la crisis capitalista para los países afectados por la pandemia (fundamentalmente pensando en el sur) tiene mucho que ver con la necesidad de Francia de salir adelante porque está agotada económicamente y con la situacion de Alemania porque, si se hunde el sur, es el fin de la UE y, con ello, Alemania tendría que comerse su producción al no poder colocarla fuera de sus fronteras.   

Si esa opción falla, muy posiblemente lo hará, dado que las inversiones se acabarán destinando mucho más a las necesidades de financiación de las grandes empresas capitalistas de la UE que a supervivencia de las clases trabajadoras que mantengan el consumo, lo que queda es el odio organizado políticamente. Es decir, la salida fascista.

Con todo, el verdadero riesgo del fascismo es que, el deterioro de la situación económica favorezca la captación por la ultraderecha de una parte de los sectores menos conscientes de la clase trabajaddora que, ante la desesperación por su depauperación económica, vean en el fascismo una forma de expresar su rabia social. 

En las situaciones de desesperación social en las que brota el fascismo el antifascismo no puede ser la clásica respuesta antifacha del enfrentamiento físico. Hay que desnudar sus argumentos, visibles si se quiere ver de qué hemos estado hablando, dejar claro a la pequeña burguesía que puede condenarse a desaparecer, deglutida por el gran capital, o sumarse a la cola, y sin pretensiones de dirigir lo que no le corresponde, y ser parte de la solución.   

Es necesario impulsar un tipo de lucha que conecte con las necesidades inmediatas, vitales y sentidas de nuestra clase porque, de no ir por ahí la respuesta, la que dará el fascismo será la que canalice la frustración y le malestar sociales hacia el odio y la demanda de un caudillismo que el capital acabará por emplear, cuando se le acaben todas las demás opciones para imponer por la fuerza la recuperación de sus ganancia a costa de nuestra miseria. No hay muchas vueltas que dar a los argumentos. Basta con hacer memoria de ellos y señalarlos.

Es necesario romper con el sectarismo propio del cuanto peor mejor y de que el peor enemigo es siempre aquel del que intentamos diferenciarnos para ser nosotros mismos y es necesario también asumir que el actual gobierno de los progres en España ha defendido la protección de la vida antes que el beneficio del capital, frente a todo el capital organizado, el fascismo evidente y el “conservador” y su Brunete mediática sin carta de navegación, que ningún país tenía ante una pandemia desconocida. Nada más y nada menos. Y hasta ahí porque luego de ciertas medidas sociales de choque y de una austeridad y unos recortes más atenuados, vendrán otros más brutales y, si no han conseguido sacarles del gobierno las fuerzas de la reacción, harán la misma política contra los trabajadores que haría la derecha más ultraliberal porque, al igual que a Zapatero no le tembló el pulso a la hora de aplicar nuevas legislaciones laborales y de pensiones absolutamente antisociales, tampoco les pasará a ellos.

Hay que decirles a los trabajadores que si no se organizan para defender lo conquistado ayer y para exigir lo que corresponde a las nuevas necesidades con las que se van encontrar, lo que les queda es a qué capataz del sistema elegir y cuánta represión de clase van a estar dispuestos a asumir.

Es el momento de explicarle a los trabajadores que frente a los intereses del capital para recuperar sus beneficios amenazos por el confinamiento, en una sociedad socialista la opción determinante sería siempre la de proteger la vida de la gente de nuestra clase, que es la más expuesta ante cualquier pandemia:
  • En el socialismo la vida no estaría amenazada por la demanda de beneficio
  • En el socialismo, la protección de la vida sería el más sagrado principio a defender.
  • En el socialismo el ser humano no se enfrentaría a la necesidad de trabajar durante una pandemia, jugándose la vida para poder comer.  
  • En el socialismo, el principal problema al que se enfrentaría la humanidad sería cómo acabar con una enfermedad extendida.
  • En el socialismo, los trabajadores que hubieran de trabajar, para satisfacer las necesidades básicas de la población en caso de pandemia, estarían adecuadamente protegidos y el coste de protegerlos no sería el problema sino el de la capacidad científica para responder ante la amenaza.