16 de enero de 2018

LA NECESARIA, Y DESEABLE, DESAPARICIÓN POLÍTICA DE LA IZQUIERDA (LOS PROGRES)

Por Marat

Hablo de desaparición porque muerta ya está. Solo que, como los zombies, no lo sabe.

Aclararé porqué creo que es una necesidad perentoria la desaparición política de lo que tantos se empeñan en llamar la izquierda y que prefiero llamar progre-liberales, porque eso es lo que son en la práctica.

Son progre-liberales porque autodefiniéndose como izquierda (desde la radical de Syriza, hasta la transversal que ya no se reconoce en el concepto, o al menos no hasta hace dos años, como Podemos, pasando por el PSOE, que dice ser de centro-izquierda o por IU, que se autodenominaba hace tiempo como izquierda transformadora), allá donde han gobernado esas corrientes políticas lo han hecho traicionando sus programas (Syriza y el PSOE), aceptando la lógica de la austeridad del gasto, la privatización de la gestión de servicios municipales (el caso del Ayuntamiento de Córdoba no escapa a esta pauta) y la pérdida de soberanía de la institución en la aplicación del gasto (caso de Ahora Madrid en el Ayuntamiento de la capital de España). Conjugan una retórica progresista, o más o menos de izquierdas, con una gestión que no es transformadora en sentido progresivo sino en mayor o menor grado liberal o, en el mejor de los casos social-liberal (sometimiento a la lógica del capital conjugado con un clientelismo por cuotas o colectivos sociales, que no por clases).

Y aquí no vale el consabido “esos no son de izquierdas. La izquierda es otra cosa”.

Lo que aún se empeñan en llamar muchos izquierda es plural y conforma un mundo complejo en el que están desde progresistas, hasta quienes confunden República con izquierda, cuando el republicanismo es ideológicamente polimorfo, pasando por ideas de izquierda difusa, socialistas y socialdemócratas, algunas corrientes libertarias que se sitúan dentro de dicho espectro o quienes confunden ideología comunista e izquierda. No voy a volver sobre este último punto, ya que lo he explicado en artículos anteriores. En cualquier caso, ésta es una simplificación porque estamos ante una categoría no solo política sino también, y muy especialmente, sociológica, dentro de la cuál influyen aspectos de tipo cultural e incluso otros sujetos a las tradiciones políticas de cada país.

La tendencia a negar que sea izquierda lo que en la práctica es ésta bajo la aceptación tácita o expresa de las condiciones de juego del parlamentarismo burgués es algo tramposo porque elude la aceptación de la autocrítica sobre la práctica política y tiende siempre a descargar en el resto de las corrientes, salvo en la propia, la carga de la prueba.

La izquierda es lo que es, lo que quienes se definen tal creen ser y lo que la práctica política hace de ella y de ellos mismos. Aquí la normativa no vale. “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.” (Karl Marx. II Tesis sobre Feuerbach). Y en la práctica, la izquierda ha sido, en el mejor de los casos, honestamente socialdemócrata y, casi siempre, cómplice legitimadora del sistema capitalista. En el pasado con una posición monjilmente bienintencionada pero con una cierta perspectiva de clase. Hoy ya directamente negadora de la idea de clase, afirmadora de un ciudadanismo de derechos políticos y sociales demandados al Estado, como si éste fuese un aparato neutro dentro de una sociedad de dominación capitalista, a pesar de la ocultación, dividida en intereses opuestos. En cualquier caso, reivindicaciones hoy absolutamente desligadas de una perspectiva de clase en el marco del escenario de la producción capitalista en el que se produce la explotación, siempre asociada a las relaciones sociales de producción asalariadas.

Para la izquierda más consciente lo que los comunistas que, repito, no somos izquierda, llamamos explotación es salario digno -es decir, legitimación de la explotación nacida del plustrabajo, que se convierte en plusvalía-, justificando a sus ojos el trabajo asalariado, ligado siempre a la explotación. Lo que para los comunistas es sobreexplotación -horas trabajadas no pagadas ni declaradas por el patrón, incremento de la carga de trabajo y de la intensidad del ritmo de producción, etc.- es lo que ellos llaman simplemente explotación.

Para una parte de ese sector más consciente de la izquierda, lo opuesto a la desposesión de las conquistas sociales no es una sociedad socialista -quizá sí como liturgia nostálgica, no como proyecto real- sino la “democracia”, sin adjetivos (al menos en el pasado, cuando en su fuero interno su aspiración era el modelo nórdico la apellidaban democracia socialmente avanzada, pura socialdemocracia). Pero la democracia sin más connotaciones es lo que hay, democracia burguesa, mera representación de simulacro democrático en la esfera exclusivamente política. Y eso con limitaciones notables.

Para la menos consciente de lo que se llama la izquierda, y que en gran medida coincide con la práctica política de sus organizaciones, la perspectiva de clase es inexistente en sus postulados. La apelación a una política autónoma desde la clase trabajadora y para la clase trabajadora ha sido sustituida por la inclusiva ciudadanía o los términos pueblo o gente. Los dos primeros representan un concepto muy similar, que se triangula con la práctica totalidad de la nación, a partir de la Revolución Francesa. El discurso de la izquierda tiende a negar, dentro del todo ciudadano/gente/pueblo, la existencia de clases sociales con intereses antagónicos entre sí.

Pero si ambas izquierdas, la más cercana a las tradiciones de la socialdemocracia histórica, o con algunos rastros, casi del todo apagados, de conciencia de clase, y la ciudadanista, ya sin pudor interclasista e integradora en el sistema, son una evidencia de su papel en el marco de la democracia capitalista, su infección por la cultura política liberal post68 ha producido su plena degeneración. 

Entre buena parte de esos sectores menos conscientes y entre un sector creciente de los más concienciados sobre la clase, dentro de quienes se revindican de izquierda, ha calado de manera profunda, sin que atisbemos a adivinar en dónde acabará su descomposición en permanente metamorfosis, el relato posmoderno de las múltiples identidades que se fracturan en otras menores, chocando progresivamente unas con otras en antagonismos crecientemente acelerados. Dentro del feminismo, puede haber escaramuzas, más aparentes que reales entre el feminismo de la corriente hegemónica, la del “genero”, con el llamado “feminismo de clase”; la identidad etno-religiosa puede chocar con la feminista, la feminista con la transexual, como está empezando a suceder en determinados foros y ambientes, un sector de la homosexual masculina con “las locas”, determinados sectores del ciudadanismo con el nacionalismo crecientemente identititarista; entre los ecologistas, los decrecentistas frente a los partidarios de la economía sostenible; los veganos considerarán impuros a los vegetarianos, y así hasta la extenuación de un proceso hacia más identidades que personas que se identifican con ellas. Es el todos contra todos.


Esta izquierda, que ya se ha reconvertido literalmente en progre-liberal, desprecia a la clase trabajadora, de la que solo se acuerda para hacerle guiños elípticos en períodos electorales, mientras sus mediocres pseudointelctuales posmodernos la insultan y acusan de reaccionaria, al descubrir que no es como la habían fantaseado, sin asumir que son unos y otros quienes la han traicionado y no la representan.

El proceso acelerado de descomposición del cadáver de la izquierda, que da lugar a una ruptura metabólica en formas múltiples de degradación ideológica, se origina en la ruptura política respecto a la base social y material en la que se asienta. Al alejarse de la producción, la izquierda negó la lucha de clases, nacida de la realidad del trabajo asalariado que muestra la contradicción entre el carácter colectivo del trabajo y la apropiación individual del beneficio por el capital.

Frente al eje vertebrador de la clase como elemento que aglutina a la mayoría social de los asalariados, e incluso de otras formas contractuales derivadas de la desregulación laboral de la fase capitalista actual, como las del falso autónomo o el autónomo dependiente, lo que se ha producido es una involución ideológica, patrocinada y fomentada por la izquierda (a partir de aquí progres), que se fragmenta en miles de identidades, cada vez más individualizadas y contradictorias entre sí, sin que existan elementos trasversales, por mucho que se predican, que les aglutinen en una suerte de frente común. Es el paradigma de la individualización liberal.

Si estos argumentos no bastaran para explicar la muerte y desaparición de la izquierda, el asalto progre a la razón, la renuncia de la herencia de la Ilustración, al análisis materialista de la realidad social y a la ciencia amplian el escenario de su degradación. Es lo que podríamos bautizar con el nombre del progre Pachamama.

Se ha vuelto un reaccionario. Desconfía abiertamente del pensamiento y el progreso científicos. Se apunta a cualquier cursillo de algún charlatán disfrazado de chamán sobre crecimiento espiritual; le van los cuencos tibetanos; ha descubierto que en la pobreza de la India (siempre la de otros) hay “gran sabiduría” difundida por algún santón de nombre impronunciable, que hasta el año pasado trabajaba en un call-center; está dispuesto a difundir cualquier delirante conspiración de la mafia farmacéutica, siguiendo devotamente a la monja antivacunas; hace saludos al sol en “Cusco”, tras visitar las “Lineas de Nasca”, y busca ávidamente cualquier hierbajo por las tiendas de parafarmacia, aunque a veces lo encuentra en el chino del barrio, tipo la chia. Hace unos pocos años eran las bayas de goji; le encanta la filosofía new age; es un iniciado en el esoterismo y el ocultismo y cree firmemente que el cáncer hay que tratarlo con medicina homeopática. Se ha montado su propia religión mistérica “pret a porter”, a partir de un empacho de sándalo y setas alucinógenas, que le han dejado más pallá que pacá. Entre el reiki, la sofronización, la aromaterapia y las flores de bach pasa la mayor parte de su tiempo libre; algo muy pacífico y compatible con ser jefe de Recursos Humanos en una empresa en la que se abusa de los becarios y raramente se alcanza el tercer contrato temporal; desconfía radicalmente de la civilización y cree en el mito del buen salvaje; sí un día jugó a revolucionario en los fines de semana, porque durante los días laborales tampoco era cosa de ser un héroe y jugársela en el trabajo, actualmente tiene montado un huerto urbano por parcelas de jardineras en la terraza de su casa.

La última estupidez de estos progres Pachamama, versión pijos a lo Silicon Valley, el modelo de empresa “diáfana”, “colaborativa” y “humana”, es el “agua cruda”, un agua que no se trata ni analiza, y que se vende a 6 € el litro, con lo que podrían pillarse un bonito cólera de diseño. Gente guay de la Era de Acuario.



El progresismo practica el doble juego de epatar por la chorrada y la bufonada y sorprender, al incauto y desclasado, con una política directamente de derechas.

Entre las primeras señalaré las relativas a dos medidas tomadas recientemente:
  • Suiza prohíbe cocinar langostas vivas en agua hirviendo” . Se propone en su lugar que sean “aturdidas” por un golpe o bien electrocutadas en su cerebro. No parece que el electroshock sea una medida que respete los derechos humanos de la langosta, aunque sí cabe que pueda curarles alguna depresión severa. Por mi parte, soy más partidario del aturdimiento mediante un disco de Los Pekos.
  • Carmena paga 52.000 euros para un informe de impacto de género sobre el soterramiento de la M-30”. Dejando de lado que, como soy un machista heteropatriarcal, desconozco el término “impacto de género”, me pregunto cómo vincular dicho impacto “de género” y el soterramiento. Y no dudo que ha de haberlo porque, como ha dicho la mente clarividente de la concejal podemita Rita Maestre, "el soterramiento de M-30 tiene por supuesto impacto de género", aunque no ha concretado cuál. Me pregunto si buscará una relación entre hacer deporte en Madrid Río (con la peatonal y de recreo construida sobre parte de la M-30 soterrada) y ver cuál es el porcentaje de empoderamiento femenino que ello aporta o si, directamente, es una traslación de la metáfora sexual de la penetración representada por las escenas cinematográficas de trenes entrando en túneles que alguna mente aberrada puede ahora imaginar con los coches que circulan dentro de la M-30. En cualquier caso, puede que en realidad lo que esté mostrando son posibles corruptelas de financiar a amiguetes del 15-M, como parece sugerir la ampliación de la noticia. Esto ya lo han hecho con anterioridad en un Ayuntamiento tan grande como Alcalá de Henares, uno de los municipios de mayor población de la región de Madrid. De cualquier modo, y tras los recortes sociales que aceptaron de Montoro, tirar el dinero en tal gilipollez, cuando son tan evidentes las necesidades sociales que hay en Madrid en barrios populares y que no son atendidas por este equipo de progres, es del tamaño de la app para encontrar las bolsas de excrementos de perros en los barrios
Entre las segundas, las que no se diferencian significativamente de la política que aplicarían los representantes políticos del capital, cabe mencionar otras dos recientes:
  • La propuesta por Ahora Madrid, y apoyada por el PSOE, de Carlos Granados, uno de los fundadores de la Asociación Francisco de Vitoria, la más ultraconservadora de la judicatura, como director de la Oficina Municipal Antifraude de Madrid. Pero, como fue Fiscal General del Estado con Felipe González, está garantizado su progresismo.
  • Los líos entre IU y Podemos por la exigencia del primero de mayor visibilidad dentro de la coalición, una vez que el segundo pierde fuelle.  Añadamos cómo Carmena ha resuelto la crisis de Sánchez Mato, tras destituirle como concejal de Hacienda y darle el premio de consolación de la concejalía de un segundo distrito (Latina), además del que ya tenía (Vicálvaro). La suma demuestra que resuelven sus querellas internas en claves de intercambio de cromos, sillones y chalaneos que permitan a esta alianza de arribistas sin escrúpulos vivir del erario público, con las mismas malas artes de lo que ellos antes llamaban la “vieja política”. El debate político sobre proyectos no existe porque, además de no tenerlos, son intelectualmente mediocres.
A estas alturas debiera quedar claro que los progres son la quintacolumna contra la clase trabajadora y sus conquistas sociales, a los que han desdeñado mientras se ocupaban de salvar koalas, decidir qué cabalgata podría irritar más al carca del barrio que, en algunos casos, es un pobre desgraciado también explotado, en lugar de organizar a los trabajadores contra el capital, soltar alguna sandez en redes sociales y esperar que el parlamentarismo burgués cayera rendido a sus pies y les entregará al Ibex 35 (el capitalismo para ellos no es más que unas cuantas marcas grandes y no las relaciones patrón-trabajador) atado de pies y manos, como si fuera las murallas de Jericó.

El progre de hoy es el que ha actuado de escudero de un independentismo burgués catalán que, envuelto en su bandera, ha intentado dividir a la clase trabajadora. El progre de hoy, amparado en la ilusión de crear una crisis institucional en el sistema político de la burguesía española, ha recibido el golpe de lleno sobre su propia mollera y de sus organizaciones, tanto en Cataluña como en España. En estos momentos, anda dando vueltas intentando ver cómo se quita la patata de encima. Desde España, pasando la responsabilidad de cabalgar las contradicciones de período aquél del derecho a decidir tan criticado desde dentro y desde los aledaños del partido morado a sus socios de En Común, Podemos ha decidido hacer un mutis por el foro.

Del mismo modo, muchas de esas organizaciones autodenominadas “comunistas” consideraron una obligación “revolucionaria” sustituir la lucha entre capital y trabajo por la lucha entre burguesías centrales y periféricas, esperando convertir un choque de trenes entre conceptos de democracia burguesa enfrentados en una oportunidad para una desestabilización del orden burgués y han acabado por comprobar que ni tocaron un pelo del poder económico y social del capital ni hicieron otra cosa que reforzar su hegemonía política.

A estas alturas que nos autoreivindiquemos quienes avisamos de las consecuencias que tendría el juego de estos sucursalistas del enfrentamiento interburgués carece de sentido. Aquellos que quisieron conocerlo pudieron hacerlo. Como cuando el 15-M o Podemos eran invictus, progres y falsos “commies” y mantenían su dictadura del “proGretariado” contra quienes sosteníamos la eterna bandera comunista de ni guerra entre pueblos ni paz entre clases, en esta ocasión también era duro dar la cara y recibir los insultos de la troupe . Éramos, según esos grandes pensadores de la revolución del nunca jamás, nazbols, careciendo de todo conocimiento teórico y real acerca de lo que significaba tal palabra, e “izquierda tricornio”. Uno de esos partidarios de la tiranía de lo que entonces era “políticamente correcto” dentro de la fauna “izquierdista”, en el sentido que Lenin le dio al término, ha terminado por admitir dónde ha acabado su ensoñación, sin autocrítica alguna, por supuesto.



Aún así, ha sido mucho más valiente, dado que no representa a nadie (es decir a miles de seguidores twitter: nadie y nada en el mundo real) que la fauna progre que se dice de izquierdas y que incluso, en algunos casos, secuestra el término comunista.

No obstante, algún día habrá que analizar cómo la preeminencia del discurso emocional de las patrias ha conducido a que dentro de nuestra clase, y de sectores que se dicen comunistas, penetre la idea irracional, primitiva y nacionalista contra nuestra clase. A día de hoy creo que, como mínimo, hay que combatir contra dos: ésta y ésta. De la segunda diré que entiendo que en la lucha contra el fascismo era necesario desplegar toda energía humana capaz de aplastarlo pero también que emplearla dejó sus consecuencias posteriores y que traicionar la idea comunista de la lucha de clases entonces sigue significando algo hoy.

De la mezcla de una y otra vías, nace una corriente nacionalista, aquí falangista, allí defensora de Pedro El Grande, que hoy se encuentra con una idea de gloria representada en un caso por Blas de Lezo y en el otro por Yuri Gagarin. Pero a las realidades de ambos países, lo que les ha marcado en los siglos que hoy explican su devenir, tuvieron más que ver con los maestros de la República española y con los editores de la revista Iskra, con la primera CNT y con los bolcheviques, a pesar de todas las diferencias ideológicas entre ellos, que con visiones exaltadas de una idea de pueblo que no era otra cosa que la idealización de las élites económicas y políticas que las viejas y nuevas clases usaron en su momento en su provecho.

Quienes hoy aún seguís reivindicándooos de izquierda, progres sin posibilidad de ser otra cosa, porque decís que podéis cambiar algo que merezca la pena (un día discutimos qué merece la pena), asumís que el cambio es que la Iglesia Católica pague el IBI pero nunca la paga cuando gobiernan los vuestros (salen en procesión), defendéis el derecho a la palabra y os parece que irrumpe cuando os ofende. En realidad, no tenéis nada que ofrecer a los trabajadores desde vuestros gobiernos de la nada. Nada que la clase trabajadora recibiera como homenaje o regalo vuestro. Nada que agradeceros y que no hubiera que lograr sin amenaza de huelga o con ella. Como en el caso de cualquier gobierno burgués.

Lo que hoy queda de vuestro paso por los parlamentos, los ayuntamientos y alguna consejería autonómica, es un vacío superior al que dejó Felipe González, padre de los tahúres y engañabobos desclasados. Votar bajo el régimen burgués es casi siempre error. Venís de la estupidez de un Presidente idiota y oportunista, que solo actuaba con encuestas por delante, llamado Zapatero. Sois la consecuencia ideológica del “algo tiene que haber mejor que Aznar”. Pero Aznar solo era un sádico acomplejado. La opción estúpida de un capital que pasaba al ataque sin la sutileza que hoy nos prestan los Macron y los Rivera que ahora tocan. Finalmente, podemitas y progres de IU sois tan inútiles a la idea de “progreso” que ya ha diseñado la burguesía que os habéis quemado sin jugárosla políticamente. Al menos Tsipras tuvo el valor de atreverse a ser un traidor a los trabajadores. Vuestro asalto a los cielos solo es el de la rana que se queda en el charco sin intentar siquiera el brinco que simula acercarse a un gobierno que os atemoriza. Ese gobierno es sucio, es el que vende a los explotados pero, al menos, significa dar la cara. Os habéis rendido al capital antes que os insinuara siquiera la idea de compraros.

Estamos ante el más formidable ataque a las pensiones de todo el período de estabilidad democrática de la burguesía, Unos 600 hombres y mujeres serán la cifra de muertos en accidentes laborales cuando se contabilicen los datos de diciembre de 2017, sin que a casi nadie le importe, porque ni tienen sindicatos que merezcan el nombre ni lobbys mediáticos que se escandalicen por sus muertes y, por supuesto, culpar al capitalismo es más duro profesionalmente que culpar a asesinos individuales. Puedes perder el puesto de trabajo si lo haces. No es moderno. Del mismo modo que no lo es que sepamos que 8 de cada 10 alemanes temen ser pobres por no poder pagar el alto precio del alquiler de sus viviendas. No faltará el idiota que crea que lo mejor es comprarla, aunque quizá no pueda pagarla y acabe perdiendo el derecho a techo. Mientras tanto vemos en España como el gas o la electricidad se comen las subidas miserables de las pensiones o de los salarios mínimos interprofesionales o cómo cada vez más empresas invitan a sus trabajadoras a congelar sus óvulos e incluso ofrecen ayudas para retrasar su maternidad.

No dejan de ser datos cogidos al azar entre los cientos que podrían ser presentados pero que a los progres e izquierdas organizadas parece importarles nada, si no es con el fin de lograr unos una interpelación parlamentaria o una entrada, los extraparlamentarios, en alguna web aún más desnortada ideológicamente que ellos.

Es hora de enterrar los cadáveres. A la clase trabajadora no le le han sido de utilidad ninguno de ellos, ni los progres, ni los que supuestamente están a la izquierda de tal izquierda.

La respuesta de la clase trabajadora no vendrá de quienes la usan para medrar como forma de empleo ni de quienes creen que la respuesta frente al momento político que le afecta sea seguir organizando procesiones, como tampoco antifascismos que degeneran en violencia de tribu urbana y que carecen de vínculo alguno con la clase, allí donde se produce la explotación y hay que pelear en la empresa cada día.

Organizar a la clase trabajadora no lo harán ni de Podemos o sus próximos ex socios, IU, ni los que sacralizaban la mani/concentración cuanto mas marginal mejor. La naftalina y la pose no hacen clase. 

Organizar a la clase trabajadora es otra cosa. Es ser con ella. Escucharla antes de tener la osadía de soltarle la soflama rancia. Ser parte de ella: vivir su propia historia en carne propia. No ser un liberado profesional con sueldo generoso. Entender su propio lenguaje para no decirle tonterías que no entiende ni tiene porqué entender porque es jerga fosilizada. Tampoco idealizarla porque no es cierto que la clase nunca se equivoque. Lo hace y mucho. Pero para que sus miembros más conscientes puedan estar siempre pegados a ella es clave que sepan traducirse mutuamente. Es el militante más comprometido el que debe ser capaz de extraer de la clase la explicación de lo que ésta pudiera llegar a entender por, su liberación. Es ahí donde debe producirse el diálogo entre clase y comunistas como parte de la misma. 

Hoy no existe la vanguardia comunista. Si existiera, el militante que os habla no habría necesitado 8 páginas para aclararse a sí mismo y compartir con otros militantes y con una parte de los sectores conscientes de su clase su búsqueda de conclusiones que algunos trabajadores, incluso escasamente conscientes, obtienen de forma más directa.

La labor de un comunista es captar, como savia del árbol, la esencia de la realidad, pero también la percepción de cada trabajador sobre lo que es para él el trabajo, cómo lo vive, qué deposita en él y sobre cómo se evade de esa realidad, de las miserias, de las cotidianeidades, de las pequeñas y grandes esperanzas de nuestra clase y, pegados a ella, darle vida a su proyección humana más allá de lo inmediato para entender, con ella, qué significa, de verdad, la emancipación del ser humano del reino de la necesidad, nacido de la realidad de la explotación, que el trabajador no “siente” como tal.

A partir de ahí, existe todo un mundo de compromisos diarios, en el curro, en el centro de salud como “pacientes” (nos llaman usuarios, con mentalidad privatizadora), en la escuela/instituto/universidad (donde toque como padres, donde sea como alumnos, siempre que podamos juntos en ambas cosas), en el barrio, cuando peleamos por una cancha deportiva para nuestros hijos o por un parque para andar nosotros, en el centro de tercera edad, porque no hemos muerto y estamos muy vivos y con ganas de decir que las cosas no son así, en...Y tratando de organizar a nuestra clase porque lo que importa no es la victoria inmediata, ni la que pudieran cedernos, sino que los trabajadores sepamos que, si tomamos el poder en los centros de trabajo y en los barrios, el universo es nuestro  

29 de diciembre de 2017

DE 2017 A 2018: LA POLÍTICA-FICCIÓN EN BUCLE PERMANENTE

Por Marat

1.-Hiperrealismo, máscara que esconde el mundo de lo real
Seguramente muchos de ustedes habrán pasado alguna vez delante de la fachada de un edificio en rehabilitación, cubierto por una lona que representa una escena, generalmente muy marcadamente “realista”, cuyo objetivo es engañar a la vista, creando efectos ópticos de una realidad intensificada, que sustituye la fealdad de la obra de construcción en proceso que se oculta tras ella. Es lo que se conoce como trampantojo.

El simulacro, la creación de una ilusión a través de una realidad virtual que sustituya a la real es hoy la práctica generalizada de las redes sociales, los medios de íncomunicación y aislamiento estanco de las opiniones, según se atienda a una audiencia de derechas o de “izquierdas”, “facha” (hoy es fascista todo el que no piensa y jalea lo que uno mismo cotorrea) o “progre”, “indepe” o “unionista” -cada lector/espectador parece pensar “mi medio me engaña muy bien”-. Hace tiempo que lo importante ya no es la realidad; es decir, las condiciones materiales que afectan a la vida de los seres humanos y que determinan sus vidas, sino la opinión publicada por el periodista mercenario de turno o por el “cuñao” más falsario de cualquier red social de enajenación colectiva.

Lo que los cursis llaman el imperio de la “posverdad”, o de las noticias falsas, no necesita atiborrar de mentiras a una audiencia cada vez más inerme para distinguir ficción de realidad sino que basta con esconder ésta bajo montañas de “información” más o menos veraz o distorsionada. La mentira más eficaz es la que no se basa en un dato falso sino la que es capaz de esconder otras realidades que al poder, siempre económico y siempre origen y superior de todos los demás “pseudopoderes” que le son vicarios, le interesa encubrir o reordenar dentro de la jerarquía de importancias que construyen la percepción social de un mundo de “realidades virtuales”.

2.-Antecedentes de la política-ficción
Hace ya unos cuantos años, el mundo entró en el escenario de la representación virtual, del como si, del cosmorama. El primer ejemplo que alcanza mi recuerdo es el del debut de la guerrilla zapatista. Un hijo universitario de la burguesía mejicana, enfundado en un pasamontañas, lanzó a un grupo de guerrilleros, más virtuales que reales, aunque el sacrificio mortal de una parte de dicho grupo no lo fue en absoluto, a las noticias de alcance mundial. El llamado “relato posmoderno” se había hecho carne y empezó a habitar entre nosotros. En lugar de las explosiones revolucionarias, se hizo teatro, mientras los esclavos modernos eran bautizados bajo el fuego de artillería del neocapitalismo, ahora sin frenos ni temores a la esperanza de los desheredados de la tierra, una vez destruido a manos de sus dirigentes el principal enemigo del capitalismo mundial en 1991. Fukuyama parecía tener razón con aquello del “fin de la historia”.

El conflicto, la barricada, la representación del clase contra clase en el cuerpo a cuerpo de un proletariado organizado y consciente sería sustituida, a partir de entonces, por la flashmob, y la propia representación, televisada, guionizada, filmada e incluso grabada en vídeos de móviles por los propios participantes, que se habían convertido, a sabiendas, en “rebeldes empotrados” en los medios de comunicación.

La pretendida resistencia mundializada vivió su Thermidor al pasar de Seattle, con sus bloques negros, al Porto Alegre de un Lula colaborador del capital mundial, donde los “antiglobalización” debatían abierta y amigablemente con Fundaciones como la Open Society Foundations o la Ford. Entonces, quienes tuvimos cierta sensación de que había algo que no era como nos decían, que el concepto de explotación había sido escamoteado para ocultarlo bajo el de cien mil menores opresiones y con antídotos “empoderadores” y  “economías colaborativas”, empezamos a sospechar que la revolución, si lo era de verdad, no iba a ser televisada.

Y llegaron, más tarde, las revoluciones árabes, que luego darían lugar a los inviernos yihadistas, con sus community manager financiados por fundaciones globalistas. Y aún después un 15M y un Podemos convertidos en grandes platós de televisión. Cuando estos últimos empezaron a fallarles a ambos, el soufflé se vino abajo.

Toda forma de protesta o de rebelión que no cuestiona la dominación capitalista, allí donde ésta y su plusvalía se producen, perpetúa y legitima a la misma como expresión de la democracia burguesa ligada a su orden, aún cuando se vea más o menos reprimida. Son válvulas de escape y, casi siempre, luchas entre fracciones de la propia burguesía.

3.-Danza espectral de simulacros en cascada
Es demasiado tedioso hacer un resumen de todo este año que acaba para dar paso a uno nuevo aún más vacío pero, contradiciendo a Machado, solo “pasajero” porque, con cada cambio de fecha, nuestra realidad colectiva se hará aún más estomagante, dando vueltas sobre sí mismo en un contínuo sin fin.

Debiera bastar con un análisis somero de algunas de las últimas noticias-trampantojo de estos días últimos para contraponer luego las realidades que en la agenda política y mediática y el cacareo de los tontos amplifican.

Si hace casi 3 meses la República catalana se declaró de forma “simbólica”, proclamándose y desproclámandose - “levantándose y sentándose”, que dijo cierto político de cuyo nombre no quiero acordarme-, dejando incólume la bandera española en el Palau de la Generalitat, yéndose de fin de semana buena parte del Govern y la otra al dorado turismo belga, todo el resto de lo que ha protagonizado la política del corral de comedias ibérico con posterioridad, salvo el encarcelamiento de un grupo de Consellers y de los Jordis, ha sido pura y simplemente una performance dentro de un mundo virtual, de ficción y pose.

En torno a la convocatoria del 1-O vino el delirio del diario El País con los hacker rusos que interferirían en el recuento de las votaciones, y su correlato “indepe” de que habría pucharazo, a pesar de que en varias ocasiones los gobiernos nacionalistas catalanes habían  recurrido a la empresa Indra, sobre la que ahora lanzaban sus sospechas. La frase de Mao de que “cuando un Estado no tiene enemigos, se los crea” se hacía realidad en sentido bidireccional. O al menos, demostraba que los necesita, imaginarios o reales.

En ese proceso, como afirmé en un anterior artículo, la clase trabajadora había carecido de representación política, toda vez que el debate electoral y previo, durante los últimos meses del procés, había sido ocultado y hasta rechazado tanto por los partidos burgueses (de las dos formaciones nacionalistas catalanas, de las tres españolas, así como de la progre de la CUP y de la transversal de los Comunes-Podemos, en cuyos programas los intereses de la clase trabajadora estaban absolutamente ocultados por el debate sobre el procés porque “esto va de democracia”. Y en relación a ese discurso en el que la pequeña burguesía catalana llevaba la voz cantante, tomaron postura todos los partidos parlamentarios españoles y catalanes.

Otra cosa es que el procés fuera o no, de verdad, “de democracia” y no de los intereses de una fracción de la pequeña y mediana burguesía catalana en afirmarse sobre su idea del “mercado único” de su territorio. Y sobre todo, otra cosa muy distinta es cómo empieza a pintarles, por encima de la aritmética parlamentaria, en la partida que juegan frente al Estado español.

Pero el demócrata, como representa a la pequeña burguesía, es decir, a una clase de transición, en la que los intereses de dos clases se embotan el uno contra el otro, cree estar por encima del antagonismo de clases en general. Los demócratas reconocen que tienen que enfrente a una clase privilegiada, pero ello, con todo el resto de la nación que los circunda, forman el pueblo. Lo que ellos representan es el interés del pueblo. Por eso, cuando se prepara una lucha, no necesitan examinar los intereses y las oposiciones de las distintas clases. No necesitan ponderar con demasiada escrupulosidad sus propios medios. No tienen más que dar la señal, para que el pueblo, con todos sus recursos inagotables, caiga sobre los opresores. Y si, al poner en práctica la cosa, sus intereses resultan no interesar y su poder ser impotencia, la culpa la tienen los sofistas perniciosos, que escinden al pueblo indivisible en varios campos enemigos, o el ejército, demasiado embrutecido y cegado para ver en los fines puros de la democracia lo mejor para él, o bien ha fracasado por un detalle de ejecución, o ha surgido una casualidad imprevista que ha malogrado la partida por esta vez. En todo caso, el demócrata sale de la derrota más ignominiosa tan inmaculado como inocente entró en ella, con la convicción readquirida de que tiene necesariamente que vencer, no de que él mismo y su partido tienen que abandonar la vieja posición, sino de que, por el contrario, son las condiciones las que tienen que madurar para ponerse a tono con él”. (“El 18 Brumario de Luis Bonaparte”. Karl Marx)

Luego vendría la resaca posterior, en la que todo lo virtual se precipitó. Casi todos los actores principales se lanzaron como posesos a emitir gestos, por aquello de que la democracia burguesa es no solo representación en cuanto a simbolización de un supuesto pueblo-universo, del que se esconden los antagonismos de clase, por una muestra de diputados, sino porque es pura escenificación y apariencia.

Así el PP, casi desaparecido del Parlament exigía a Arrimadas que se postulase para Presidenta del Govern, a sabiendas de que a ésta solo le quedaba “hacer un Rajoy”, al estilo de cómo éste hizo tras las elecciones del 20 de Diciembre del 2015, dada la imposibilidad de que los constitucionalistas sumaran los votos suficientes para formar gobierno.

El ex President Puigdemont, con poco cuerpo de mártir, pero mucho de turista de lujo, que había mantenido curiosos rifirrafes con su ex vicepresident Junqueras, que ocupaba una celda en la cárcel de Estremera, acerca de la dignidad con la que cada uno afrontaba las consecuencias del 1-O y de quién debía ser President tras las elecciones del 21-D, a pesar de ser el más votado de las candidaturas independentistas demostraba una querencia por su “exilio” de pegote digna de mejor causa.

El ex portavoz del Govern, Jordi Turull, manifestaba recientemente la posibilidad de que el candidato de los independentistas, Carles Puigdemont fuera ungido “urbi (a la ciudad sagrada de la patria catalana) et orbe” (y al mundo, en Bruselas) President de forma telemática o, en palabras de desaprobación de tal despropósito del Lehendakari Urkullu, “por Internet”. Con un Iphone de última generación, siempre se podrían hacer Consells de Govern por whatsapp. Al fin y al cabo, la wikidemocracia o democracia 2.0 creó la frikada del Partido X y permite disponer de una app para saber dónde hay bolsas para recoger excrementos caninos. Las Carmenadas del cambio nunca defraudan… a las extravagancias de los pijoprogres y animalistas.

Pero como todo lo que degenera tiende a empeorar aún más, el efecto Arrimadas, asociado a la tendencia del independentismo catalán a no respetar su propio sentido del ridículo, dio alas a una iniciativa que, partiendo de lo estrambótico, ha alcanzado altas cotas de popularidad. Me refiero a la iniciativa Tabarnia (Tarragona y Barcelona).

Ésta, nacida años atrás, encontró, ante las vacaciones de los políticos y la menor generación de ridiculeces mediáticas propias de ellos, su oportunidad en las redes sociales. Sin duda, el triunfo de Ciudadanos en Cataluña dio alas a los sectores españolistas para relanzar la idea. Con la complicidad del renacido patriotismo español fuera de la República Simbólica de Catalunya, la operación Tabarnia alcanzó rápidamente una difusión inconcebible en otras fechas.

A través del simétrico juego de las ideas fuerza y los conceptos que el propio independentismo catalán había acuñado a lo largo de años: Barcelona is not Catalonia/ Catalunya is not Spanish, Catalunya ens roba/Espanya ens roba, Tabarnia da a Cataluña mucho más de lo que recibe/Cataluña da a España mucho más de lo que recibe, etc., los tabarneses plantearon una reivindicación autonómica al margen de Cataluña y dentro del Estado español tan real como la República catalana, han puesto el dedo en la llaga del soberanismo catalán y le ha dejado sin discurso, hasta el punto de que algunos de ellos les acusan de insolidarios, de ricos y privilegiados contra el resto de Cataluña y de secesionistas ¿Quien iba a decir a los “indepes” que iban a españolear tanto en sus argumentos?

Sea como sea, Tabarnia contra Cataluña, Cataluña contra Tabarnia, constituyen la expresión más evidente de que un discurso identitario en términos de pueblo y de patria conducen al absurdo de olvidar que hay otras realidades no nacionales, constituidas por las clases sociales, siempre antagónicas entre sí. Cuando las organizaciones políticas “progres” (esa cosa que hoy siguen reclamando muchos como la izquierda) abandonan la defensa de la clase trabajadora, lo que encontramos es el discurso de una gran burguesía que no quiere perder un mercado más amplio, el español y el internacional asociado al mismo a través de la UE), que dan eco a Tabarnia, contra una pequeña y mediana burguesías, potenciadas al calor del dinero público de la Generalitat. Sus enfrentamientos solo los puede pagar la clase trabajadora silenciada en dicha confrontación.

Y mientras tanto, si Ferreras, el reportero más dicharachero de toda La Sexta, que se cayó de pequeño en el plató de Al Rojo Vivo, se va a de vacaciones y no puede retransmitir la política del circo parlamentario en plan “atención: minuto y resultado” del “furbo”, siempre nos quedará el diputado de guardia “indepe”, superRufián, haciendo honor a su nombre y, desde la máquina de escribir a las esposas de sexo divertido (pudo haber sacado un pollo de plástico de un maletín, ¿porqué no?), involucionar ahora hacia la adolescencia de un “niño rata” de los videojuegos


Pero no hay culebrón que no sea eterno. Antes de brindar con cava, la señora Colau seguirá poniendo en aprietos a sus socios podemitas, que culparon a los indepes de romper el consenso del 78, poniendo un lazo marillo gigante en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona por la libertad de los Jordis. Tampoco es cosa de encadenarse o convocar una mani, que al fin y al cabo otros le han descubierto que es más cómodo y sencillo, en lugar de salir a las calles frías y llenas de gente que va en masa a terminar de hacer las compras para Nochevieja, firmar en change.org la petición del premio Nobel de la Paz a los dirigentes de dos entidades supersubvencionadas por la Generalitat, como si fueran Nelson Mandela.

En fin, puedo imaginarme todo lo que no ha sucedido, a partir de este mundo de política virtual, incluido a Puigdemont dando las campanadas de las 12 de la última noche del año para TV3.

4.-La realidad que oculta el trampantojo catalán
Estoy convencido de que ustedes me van a disculpar de que, llegados a este punto, sea algo más parco en su extensión.

El catalán que no haya leído La Vanguardia, El Periódico (impuesta o no la austeridad de la que se habla en en este segundo enlace por Montoro. Esto último importaba poco a los patriotas pequeñoburgueses) a comprobar como el Govern de Catalunya ha liderado los recortes sociales en el Estado español, dato que también pueden encontrar en otros medios, debe de pensar, sobre todo si va a colegios privados y utiliza una sanidad de pago, que tiene el mejor de los sistemas de protección pública posibles. Los trabajadores catalanes no son de esa opinión.

Y ahora hablemos de cómo el gobierno español ha usado el asunto de la “amenaza independentista”, que veremos que acaba como rosario de la aurora, para tapar golpe tras golpe contra la clase trabajadora. Y solo me voy a referir a cuestiones muy cercanas en el tiempo.

Noticia de hoy mismo: el gobierno español endosa el pago de 96,38 millones de € a Castor, la empresa de Florentino Pérez, a los consumidores a través del recibo del gas. Si piensas  que, porque "el Barça es mes que un club", lo que está haciendo el gobierno español es apoyar al Real Madrid y no al capitalismo, como hizo a Generalitat con Aguas de Barcelona, el Banco de Sabadell, o La Caixa es que eres muy, muy parcial, amigo.

Seguimos: Quinto año en el que las pensiones suben el mínimo legal establecido, el 0,25%. Así van a quedar sus porquerías de pensiones, si ustedes no ganaron lo suficiente para aspirar a una vejez digna. Culpa suya les dirán. Ustedes saben que no y conocen a quienes señalar como culpables: sus empresarios. Esos a los que los políticos protegen ¿No será hora de ir por el poder real a reclamar lo nuestro?

Continuamos: La subida del salario mínimo en 2018 será de 29 €. La de la luz al inicio de 2018 se estima en un 2,6% (unos 10 euros) y la del 6,2%, según la OCU entre un 7,1 y un 8,2%, Vean ustedes en qué se les queda esos 29 euros.

CCOO y UGT dicen que esto abre el camino a un cambio de tendencia, el de ir subiendo el resto de los salarios. Están convencidos de que el interés de las empresas porque consumamos justificará los ascensos salariales que necesitamos y merecemos ¿Sin luchas? ¿Dijeron algo de las horas que nos obligaban a trabajar gratis? ¿Han planteado alguna lucha, fuera de las que imponen sus afiliados en alguna empresa porque les va la vida en ello? ¿Creéis que no han merecido estos años de silencio del sindicalismo vertical algo más que la esperanza de que caigan las migajas que necesita repartir el patrón para mantener el consumo sin movilizarnos?

5.-¿Y ahora qué?
Si no eres un tonto a las tres, de los que siguen creyéndose lo de que va a caer “el régimen del 78”, pasando de cuestiones como correlación de fuerzas, organización política, compromiso militante y cuestiones que no atañen al mero cambio de cosmética política sino que van al fondo de la dominación de una clase por otra, creo que es el momento de plantearse qué hacer.  
En realidad, proponer esto es muy cansado en medio de tanto Che Guevara del twitter y de tanto niñato desclasado que cree que meterse con Carrero Blanco o con Franco, hoy 40 y tantos años después de que uno de ellos reventará en la cama y el otro alcanzase altos vuelos, es revolucionario.

Tú, que sustituyes los gritos del bar de antaño por tus tonterías en las redes sociales, ¿qué has hecho para comprometerte? ¿Cuándo has dicho a la empresa que te estaban escamitando incluso el salario de convenio? ¿Qué has hecho, más allá de ir a una de esas manis “ciudadanistas” que pedían democracia, sin mayor riesgo; desde luego no para organizar un grupo sindical alternativo y de clase a las porquerías de CCOO y UGT?

Si lo has hecho: gracias tovarich, eres de los míos.

No pido imposibles. Solo la coherencia necesaria para no subir los decibelios si eres un puñetero cuñao desclasado o un cibercapullo de los que se pasa el día tomando el poder o perdiendo su vida en un mundo virtual que no cambiará jamás nada.

COMPROMISO COTIDIANO EN EL MUNDO REAL. 

22 de diciembre de 2017

CATALUÑA GIRA AÚN MÁS A LA DERECHA Y EL “RÉGIMEN DEL 78” HA INICIADO SU RECAMBIO

Por Marat

Los resultados electorales del 21-D arrojan en Cataluña un claro giro a la derecha en una sociedad que políticamente no se venía expresando en términos electorales desde el antagonismo capital-trabajo (tampoco en España) desde hace ya muchos años.

Pero al menos, durante buena parte de los años previos a la crisis capitalista, se había mantenido la ficción de un eje derecha-izquierda como sucedáneo o eco cada vez más apagado, en el mejor de los casos, del citado antagonismo. Lo cierto es que en la práctica, independientemente de a quién apelasen como sujeto social, ambas corrientes políticas lo hacían pensando en captar un voto desclasado que se identificaba con el concepto ideológico de clases medias. Eso vale para Cataluña y para España, como también para el mundo capitalista occidental.

Más allá del antagonismo nacionalismo catalán-nacionalismo español o, si lo prefieren independentismo catalán vs. unionismo/constitucionalismo, los resultados electorales arrojan una mayoría aritmética de 74 diputados electos en el Parlament abiertamente liberales en sus políticas económicas (37 de Ciudadanos, 34 de Junts per Catalunya y 3 del PP) de un total de 135; una mayoría absoluta que no se configurará como tal para la formación del Govern pero sí para aprobar medidas contra la clase trabajadora. No duden ustedes que, si los independentistas forman gobierno (Junts per Catalunya, ERC y CUP) y llegan a legislar, si no se produce la continuación del artículo 155 de la Constitución que imposibilite el funcionamiento del Govern de la Generalitat, habrá entendimiento entre indepes y españolistas en las políticas de recortes y contención del gasto social.

Descontados esos 74 diputados, abiertamente liberales, tenemos dos grupos políticos no muy alejados de políticas de derechas, independientemente de cuál sea su autodefinición política, que suman 49 diputados arrojando, como saldo provisional junto a los anteriores, la suma de 123 diputados:
  • 32 diputados de ERC que representan a la pequeña burguesía catalana y que han sido coautores dentro de la anterior formación con los ex convergentes (Partido Demócrata Europeo Catalán, PDeCat) de las políticas antisociales llevadas a cabo por el Govern.
  • 17 diputados del PSC, partido de orientación social-liberal, al igual que su hermano a nivel estatal, el PSOE.
Nos quedan, hasta alcanzar la cifra total de 135 parlamentarios, 12 diputados de “izquierdas”, formados por:
  • 8 diputados de Catalunya en Comú-Podem (antes Catalunya Sí que es Pot), cuyo mensaje ha sido percibido confuso respecto a la dinámica de oposición entre banderas y patrias (creo que no es muy necesario perder el tiempo en explicaciones sobre las ambivalentes y oportunistas posturas de Ada Colau o las idas y venidas de Pablo Iglesias respecto al caso catalán). No se molesten en justificarlas ni en dar explicaciones sobre la dificultad de disponer de un perfil propio en medio de la polarización de discursos nacionalistas de unos y otros. El caso es que los trabajadores catalanes las han rechazado.
  • 4 diputados de las CUP, partido clave para sostener al anterior Govern de los recortes sociales y cuyas objetivos electorales han fracasado con rotundidad al perder 6 de sus 10 diputados anteriores. Su propósito de reorientar la hegemonía de “izquierdas” dentro del bloque independentista ha fracaso estrepitosamente, toda vez que ERC, partido al que generosamente tildan de izquierda, ya ha asumido que votará a Puigdemont como Presidente, el cuál ha salido reforzado dentro de las pugnas internas del tripartito.
Ésta es la radiografía de la composición del parlamento catalán entrante desde el eje derecha-izquierda. No haré perder el tiempo a los lectores con lo que gana o pierde cada fuerza política con representación en el mismo ni con los votos que ha obtenido cada opción y las pérdidas o ganancias de ellas en relación con las anteriores elecciones autonómicas. Con los cambios de nombre en el caso de la coalición Junts per Sí, ahora Junts per Cataluña y ERC-Cat Sí por separado, y de Catalunya Sí que es Pot, ahora Catalunya en Comú-Podem, disponen ustedes de los resultados provisionales en este enlace.

En cualquier caso, las autodenominadas izquierdas han dejado de lado dicha categoría para subordinarse a la agenda nacionalista en términos de independencia sí/independencia no. Da igual los aspectos sociales que llevasen en su programa porque:
  • Catalunya en Comú-Podem tenía por objetivo fundamental defender una salida al atolladero catalán en clave de un referéndum pactado con el Estado español, lo que subordinaba todos los demás aspectos a los “derechos democráticos de Cataluña”, quedando oscurecida cualquier otra cuestión. Como partido que no era de clase sino de “la gente” era incapaz de conectar con el hilo rojo de las luchas históricas de los trabajadores, de disponer de una propuesta propia y ajena a la centralidad de la cuestión nacional catalana y vinculaba la defensa de lo público a derechos humanos y no a las conquistas logradas por dichas luchas. Al no sentirse representados los trabajadores en esa supeditación a la hegemonía del discurso nacionalista que impregnaba toda la campaña, no solo no ganó votos sino que los perdió respecto a las anteriores autonómicas, si bien no de forma muy acentuada, en sus propios feudos. A ello se añade el fracaso de que presentándose como una candidatura “fresca” no conectó con los nuevos votantes jóvenes de clase trabajadora.
  • Su único consuelo es que no serán la llave para la formación de un gobierno independentista burgués que no les necesita, ni se verán en la disyuntiva de apoyar al sector unionista, al que la aritmética parlamentaria no le da para proponer un gobierno alternativo. Pero las tensiones internas que se le acumulan al Podemos nacional, entre otras muchas razones también por el tema catalán, acabarán abriendo unas heridas en la coalición con “los comunes”, por las posiciones de Ada Colau, que tensarán las relaciones internas de la misma y pueden acabar, con el tiempo, por hacer saltar su unidad.
  • En cuanto a la CUP, su adscripción a la categoría izquierda es la del izquierdismo pequeñoburgués, en el sentido que Lenin da a este tipo de posiciones, un radicalismo de formas antes que de fondo. La absoluta claudicación de sus demandas sociales y económicas al objetivo de la independencia, como mostró en el pasado sosteniendo al gobierno independentista de los recortes, le ha pasado factura y sus posibilidades de presión, más allá de que sean necesarios para sostener al futuro Govern, serán menores porque ya no pueden desandar su estrategia, so pena de incrementar los enfrentamientos entre sus distintas corrientes hasta acabar con este grupo político.
El éxito de Ciudadanos, logrado especialmente en el llamado “cinturón rojo”, nada ha tenido que ver con el falso relato sobre el supuesto españolismo fascista de los sectores obreros inmigrantes sino con que los trabajadores de esas ciudades han sentido el vértigo de la desestabilización económica y el enfrentamiento entre comunidades al que le abocaba la aventura independentista.

La sociedad abomina del vacío. Cuando una posición es abandonada, no queda desierta sino que es ocupada por otros. Si la izquierda no ha puesto por delante la unidad de los trabajadores a un lado y otro del Ebro, desde la identidad de clase que abandonó hace ya muchos años, no debe sorprender que en las ciudades con mayoría de trabajadores esa unidad haya sido sustituida por la de permanencia dentro del Estado, sobre la base de la memoria de a dónde conducen los enfrentamientos “nacionales”. No obstante, pronto veremos a ciertos grupúsculos pseudorevolucionarios tildar de fascistas a los trabajadores que han votado Ciudadanos, lo que indica la distancia de una posición clasista en su delirante discurso y su absoluta desconexión con la realidad de la clase a la que estigmatizarán.

Lo importante del resultado electoral no es la correlación de fuerzas en el circo parlamentario catalán, como tampoco lo sería dentro del español, sino lo que representa como plasmación de las corrientes ideológicas dominantes en la sociedad o, como dirían los progres postmodernos, el relato que se impone.

En cuanto a correlación de fuerzas entre las derechas del Estado español es de prever una reorientación de las preferencias políticas por parte del capital y de sus medios de comunicación hacia Ciudadanos, en la medida en que el Partido Popular pudiera ser ya una opción políticamente amortizada.

La posibilidad de condena de la cúpula del PP por su entramado mafioso, unida a la eventualidad de que la estrategia de este partido abra una crisis interna en su liderazgo, si éste no es capaz de impulsar un patriotismo españolista que actué de revulsivo ante el rebrote de la crisis catalana o de encontrar fórmulas de pacto entre la burguesía independentista catalana y la española, podría precipitar la necesidad del capital de encontrar un nuevo “juguete” político de sustitución.

Si. hasta el momento, Ciudadanos ha sido una opción en barbecho en la estrategia del capitalismo dentro de su supermercado electoral de marcas parlamentarias, la emergencia de los acontecimientos y la necesidad de estabilidad política para mantener la confianza empresarial e inversora, bien podría ser éste el momento para el recambio dentro de la derecha política española.

Podríamos asistir entonces a una versión más o menos controlada en el tiempo de una operación Macron, en este caso Rivera, a la española. Cierto que el factor sorpresa ya no existe en cuanto al joven político catalán, ya que no es un recién llegado a la política nacional, que ha deteriorado un tanto su imagen en sus pactos con el gobierno del PP y que su carisma es limitado pero, si fue posible con un mediocre empáticamente plano como Aznar, porqué no con Albert Rivera.

Si éste es el nuevo caballo de refresco, como antes lo fue Podemos frente a un PSOE absolutamente en la UCI tras el agotamiento del zapaterismo, pronto veremos una intensiva labor mediática de maquillaje de Ciudadanos que atenúe su liberalismo mediante “imaginativas” propuestas sociales y que acentúe su liberalismo político en cuanto a libertades personales (sexuales, de género, etc.) para modernizarlo con tintes progres, al igual que la llamada izquierda hizo en el pasado con el invento podemita.

Por lo que respecta a Podemos cabe esperar que su crisis se acentúe no solo por los factores “nacionales” (Bescansa frente a Iglesias) sino por su derechización progresiva (Ayuntamiento de Madrid, elección del ex JEMAD Julio Rodríguez como secretario general de Madrid), sus divisiones internas (anticapitalistas, errejonistas, pablistas), tensiones crecientes en sus confluencias estatales (con IU), autonómicas (Mareas) y locales (cese de Sánchez Mato y posibilidad de salida del grupo Madrid-129 de Ahora Madrid), sino por el carácter de lastre de Pablo Iglesias dentro de la coalición, derivado de su liderazgo bonapartista y sus zigzagueantes cambios tácticos.

Dicha crisis, podría facilitar que un PSOE que no acaba de recuperarse con suficientes bríos, pero que empieza a invertir a su favor el saldo de votantes que antes migró hacia Podemos, encuentre un balón de oxígeno que refuerce el liderazgo de Pedro Sánchez.

En este caso, y con los retoques constitucionales que sean necesarios, veremos que el llamado “régimen del 78” empieza a resolver su crisis, si encuentra un acomodo a la cuestión catalana que, a pesar de la euforia con la que los líderes independentistas han recibido su triunfo electoral requiere, para sus burguesías, de una solución que impida el deterioro inversor y económico que incluso puede acentuarse en los próximos días. Si ello es así, en las próximas semanas se incrementará la presión del gran capital catalán y español para un entendimiento y racionalización del conflicto sobre la pequeña burguesía catalana y los partidos independentistas y unionistas en pro del “bien común” porque con las cosas del beneficio empresarial no se juega (léase en modo ironía).

Si la hipótesis del aggiornamento del “régimen del 78” se cumple, es probable que volvamos a una segunda transición política en la que un partido de la derecha clásica (PP) es sustituido por otro remozado de los denominados emergentes (Ciudadanos) y que la otra pata del “régimen” (PSOE), que estuvo en la UCI, vaya pasando a convaleciente y se vea paulatinamente recuperado. Ese será el fin de la izquierda, hace tiempo reconvertida en progre. Su apuesta por una reforma exclusiva del sistema político, fuera de la lucha de clases, la ha ido enajenando de los trabajadores desde mucho antes de la crisis catalana.

En cuanto a los sectores pseudoradicales en lo político, que esperaban de una crisis de la legitimación institucional su transformación en revolución social, mediante la subordinación a todo independentismo burgués habido y por haber que procurase la destrucción del Estado español, su línea política los ha alejado absolutamente de la clase trabajadora respecto a la que históricamente han sido inoperantes frente al reformismo oficial. Son absolutamente ajenos a los trabajadores y a sus necesidades reales. Ésta les percibe como sectores con vocación marginal que intentan utilizarla sin atender a su propia realidad.

Sea en la versión del reformismo oficial o del marginalismo izquierdista, lo cierto es que izquierda no es igual a socialismo, que el camino de ambas pasa por limitarse a cambiar la forma de Estado, sin luchar por acabar con la base social y económica del poder capitalista, y que cualquier intento de recuperar la idea de izquierda es baldío porque la expresión política no es equivalente a la realidad social y solo desde la realidad de ésta puede abordarse un proyecto revolucionario.

Merece una mención muy de pasada, pues su peso político real en España es progresivamente decreciente, la situación de ese republicanismo pequeñoburgués, defendido por unas izquierdas que ven en la República el curalotodo de nuestra realidad nacional y de la situación de la clase trabajadora, que ahora cree ver un acelerador para una República Federal española, tras la reincidencia de Puigdemont en la República catalana. Un mínimo repaso de las hemerotecas demuestra palmariamente que Convergencia Democrática de Cataluña, lo mismo que Unió Democrática en su momento, fueron vireyes representantes del monarquísmo en Cataluña. La República catalana sería tan oportunista y tan burguesa como lo fue el republicanismo de las derechas españolas en 1931 porque la correlación política e ideológica de fuerzas del momento se lo permite.

Apelar tercamente a una recuperación del concepto izquierda es tan inútil como hacerlo a la conciencia de clase de los trabajadores, pensando en el innatismo de la misma. Consuela a quienes hacen tales proclamas pero es absolutamente inútil porque parte de deseos que carecen de relación con el análisis concreto de la realidad concreta. La izquierda es lo que es. Su degradación en todos los sentidos la hace irrecuperable. Para los sectores subalternos carece de otro significado que no sea la del “todos son iguales” y, en consecuencia, no funcionará por más que uno se empeñe en repetir fórmulas mágicas.

Solo desde la vuelta a lo social, desde el descenso al escalón de lo material, no al idealismo, a la realidad concreta de la clase, a la escucha activa y respetuosa de sus voces múltiples y contradictorias, pero vividas desde la inmediatez de su existencia, desde el ejemplo del compromiso no oportunista, desde el compartir sus propias experiencias y desde el ser uno más entre muchos, se puede ganar la dirección política de la clase. Quienes hablan de izquierda debieran saber que Lenin no se movió en sus términos, como Marx tampoco lo hizo, y que Octubre se construyó desde las necesidades concretas del pan, paz y tierras. Solo sobre ello se pudo asentar la revolución socialista.

En mi opinión, eso ya no se construye desde la idea de partido porque el parlamentarismo burgués está en crisis (crisis del reformismo) y porque la idea de partido como guía o como hacedor de los cambios sociales es falsa. Son los trabajadores quienes cambian el mundo y no las organizaciones como algo externo y superior a ella.

Esto requiere organizarse fuera de la política entendida como aceptación de las formas de representación burguesa, y desde la democracia de base, no como transversalidad interclasista al estilo del asambleismo de las plazas, sino frente a los intereses de otras oposiciones intermedias incapaces de expresarla. Se trata de volver a recuperar la idea de clase contra clase.

El tiempo pasa, los acontecimientos no se repiten más que en la apariencia de sus formas. Repetir la misma fórmula que se ha demostrado errónea solo conduce al fracaso. Pero, si todo vacío tiende a ser rellenado, quienes han abandonado una acción pegada a los trabajadores están dando en toda Europa, también en España, una baza preciosa a un fascismo que está aprendiendo de un modo muy inteligente a conectar con lo que les afecta en su día a día.

18 de diciembre de 2017

¿HABLAMOS DEL PARO CON CINCUENTA Y TANTOS? A QUIEN CONMIGO VA (5)

Por Marat

Oficialmente hoy he vuelto al paro, tras unos 50 días de contrato de mierda, con un salario aún más de mierda.

Eso en una empresa que antes colaboró con la Púnica del PP, y fue implicada en tal investigación, que ahora ha trabajado en una encuesta sobre salud para el ayuntamiento de AhoraMadrid, en la que las 6 horas eran de suplicio al mando de una histérica que solo sabía gritarnos mientras encuestábamos, con 15 minutos de descanso de unas pantallas que nos quemaban los ojos y unos cascos que incrementarán nuestras deficiencias auditivas.

Eso por 693 €, que intentaron dejar en 590 € a los entrevistadores que nos habían ofrecido la primera cantidad, que no perdimos porque tuvimos la entereza de exigir lo que era nuestro. No me quejo. Hay mucha gente cobrando menos y en una situación, por el momento, peor que la mía.

Cualquiera que con más de 50 años esté trabajando en el sector que sea no dejará de saber lo que es la sobreexplotación (explotación es lo que sufre un asalariado por el hecho de serlo y dejar una plusvalía al patrón).

Sé que los que me quieren dirán con soy un imbécil por jugarme la posibilidad de encontrar de nuevo un trabajo al denunciar esto, ya que a estas alturas es muy fácil saber quién soy. Es fácil identificarme, cierto, pero en mi hambre mando yo y aún me respeto lo bastante como para callar. Al fin y al cabo tampoco daño a mi imagen pública. No soy un progre de esos que traicionarán a la clase trabajadora presentándose a las elecciones del Circo Estatal Parlamentario (cargos de representación). No es que me limite a no creer en ellos. Es que son, desde un análisis mínimamente realista, la posibilidad de elegir entre las facciones que representarán a nuestros explotadores. En todo caso, soy lo bastante mayor para saber lo que hago y para no tener una moral de esclavo.

Pero no es de mí de quien quería hablar. Según un informe del BBVA, nada sospechoso de bolchevismo marxista, “casi cuatro de cada diez desempleados del Estado español mayores de 50 años, en concreto el 39,2%, lleva buscando empleo cuatro años o más” . No me verán ustedes, como pretende la noticia, enfrentar a mayores frente a jóvenes. Unos y otros pertenecemos a la misma clase del agobio, de los desheredados, de los que no importamos más que como cifra, de los que no somos interesantes para el capital, de los que los partidos naturales de éste esperan que no votemos y de los que quieren heredar a esos representantes del poder burgués dicen que somos gente, y no clase, e intentan convertirnos en su demagogia para no cambiar nada de nada y pedirnos que sí votemos  para ponerle cataplasmas a todo esto.

En este trabajo he conocido a mujeres y hombres que me decían cosas como “ya estoy en los márgenes del mercado laboral”, “es lo que me queda”, “para la gente de mi edad no hay mas que esto” o “tengo que pagar mi alquiler o me echan. No tengo opción”. Son mi gente. Y no por viejo. Los jóvenes, si no vais de politólogos, frikis y niños rata o pijos, sois de mi banda. No hay diferencia entre vuestro futuro y el nuestro, el de los viejunos. Peleamos por sobrevivir.

Con suerte, una parte de nosotros -¡qué importa los que se queden en el camino hacia su limosna!- alcanzaremos los 400-450 € de paro para, finalmente, los que hayan completado el tiempo suficiente de cotización, tras haber enlazado muchos trabajos precarios, y demasiado tiempo desempleados, lograr los 426 € de salario mínimo de inserción.

Voy a decirles algo a los simpáticos amigos progres del capital: esa porquería que intentan vender como Renta Básica Universal es una gran mentira, basada en el toma unos 400 € y búscate la vida, ya sin coberturas sociales.

Lo que los trabajadores de cualquier edad, jóvenes y mayores, hemos de defender es la protección frente al desempleo, el empleo estable, los salarios dignos y las pensiones. Nos las hemos ganado con nuestras luchas por nuestra dignidad, nuestro futuro, el de nuestros hijos y, en muchos casos, el de nuestros nietos. No es nuestra tarea entrar al juego de la burguesía, como hacen los vendedores de crecepelo para calvos y explicar cómo cuadraríamos las cuentas sin expropiar al capital ni irritarle en exceso. Y dicho esto, saber que lo que ayer conquistamos lo perdimos hoy y que nada puede garantizar esas victorias como el gobierno de nuestra clase. Y ese no lo obtendremos por las urnas ni la aceptación de las reglas del juego parlamentario sino organizándonos para asaltar el Estado burgués, destruirlo y crear uno de nuestra clase. Sin tribunos que hablen en nuestro nombre ni representantes que pacten el nivel de explotación que vamos a continuar consintiendo.

Y mientras tanto, los pequeñoburgueses progres que digan que son revolucionarios o lo que les apetezca, que adopten gatitos, besen coles, peleen por acabar por el techo de cristal de las burguesas profesionales que explotarán a las trabajadoras, mientras les piden sororidad, o se dediquen a intentar justificar la prostitución como libertad de la mujer oprimida.

Nuestro papel como trabajadores es organizarnos, concienciarnos, formarnos y establecer solo nuestra hoja de ruta, sin atender a cantos de sirena como los anteriores o los de las patrias porque la lucha de los explotados no conoce fronteras y quienes se las ponen son nuestros opresores y sus cómplices, lleven el disfraz que lleven.

11 de diciembre de 2017

VUELVEN LA HEROÍNA Y LOS CAMELLOS A NUESTROS BARRIOS. ES HORA DE PELEAR POR LA VIDA

Por Marat

El 21 de Noviembre pasado los medios de comunicación informaban, en medio de un ruido mediático centrado en “otras cuestiones”, de una noticia que mereció un tratamiento más destacado y una mayor acogida social de los obtenidos: la aprehensión del mayor alijo de heroína de esta droga en España por la policía. 331 kilos de enorme pureza que llegó al puerto de Barcelona, con destino a los narcopisos de Barcelona y Madrid.

Quien tuviera los oídos abiertos al mundo y a lo que en él sucede de verdad, y no a lo que nos dicen quienes marcan la agenda de nuestras vidas que hemos de escuchar, llevábamos algún tiempo oyendo que la heroína estaba empezando a asomar de nuevo en los barrios obreros, que era mucho más pura y barata que en el pasado, que una generación nueva, de nuestros jóvenes, se asomaba otra vez a la locura, que pronto no sería ya el caballo llamado muerte de los viejos yonkis en extinción sino que tendría nuevo un nuevo reemplazo de esclavos.

A los 23 años, hace ahora casi 33, mientras me quedaba solo cerrando bares con un amigo, celebrando los últimos estertores de su cumpleaños, vi los ojos parados de la muerte de una chaval que no superaría los 25 al ayudar a sacar su cadáver del water de un pub que ya no existe en la Plaza de Malasaña (Madrid).

Un mes antes perdí a otro amigo, de esos que conoces un día en el bar de la facultad y que al verano siguiente vuelve en los huesos, habiendo sido antes un gordito simpático ligón y, al preguntarle por su delgadez, te dice que por la dieta del cucurucho. Pero su atonía muscular, sus ojeras y su desinterés por todo me indicaban otra cosa. Ese curso ya no volvió tras las vacaciones de semana santa. Supe luego que había muerto y también de qué.

Casi 15 años después perdí a otro amigo más, alguien a quien había conocido como alumno de un curso que dí sobre investigación social y técnicas cualitativas. Simplemente desapareció tras haber vuelto, supuestamente, a su tierra, Gandía. La policía le dio por muerto. No pude parar su proceso de destrucción por más que lo intenté.

En mi barrió vi algunos matados hace unos 10 años. No podía evitar un sentimiento de asco y pena a partes iguales.

Me olvidé de todo después de eso.

Pero hacia finales de noviembre de este año distintos medios echaron su ojos sobre el barrio de Tetuán (Madrid) y su pretendida degradación. Hace unos 4 años trabajé durante unos meses en una zona que estaba alrededor de las calles que quedan desde la plaza de Castilla hacia Bravo Murillo, a la altura del metro de Tetuán. Noté que ante los atracos habituales, el puterió envejecido, la basura que inundaba las calles y la degradación general del barrio no había apenas intervención policial ni acción municipal que intentase dignificar la zona. A solo unas manzanas de Plaza de Castilla, a tan poca distancia de la milla de oro del capitalismo patrio e internacional.

Soy un hombre lento, que diría J.M. Coetzee. Me doy cuenta de las cosas siempre muy pasadas éstas, a veces semanas. Pensé para mí luego: alguien quiere hablar ahora de la degradación de un barrio que lleva mucho tiempo degradado. Y me vino a la cabeza El Raval, ese barrio al que siempre iba cuando viajaba a Barcelona hace años. Putas, yonkis, mezquitas fundamentalistas semilegales, sijs pacifistas, peluquerías del tercer y cuarto mundo, locutorios y tiendas de móviles para inmigrantes pobres, lavanderías, basuras en las calles, buena y mala gente, bares magníficos llenos de gente canalla y pantagruélicos bocadillos de butifarra. Un mundo imperfecto, un mundo del deshecho humano y de lo mejor que nuestra especie da, un mundo mejorable y dignificable. Lo convirtieron en un barrio al que querían llenar de centros culturales que no respondían a las necesidades sociales del barrio, en un lugar lleno de oficinas de la generalitat y el ayuntamiento, en un barrio con nuevos edificios, tras destruir los viejos, para la clase media y media alta. La pelea aún continúa. Hay quienes resisten defendiendo lo mejor del viejo barrio, luchando porque éste sea mejorado pero sin expulsar a las clases populares que lo han habitado históricamente. Contra la gentrificación.

Nunca he hecho apología de la pobreza ni de lo cutre. Creo que nos merecemos aquello por lo que peleamos, no por nacer, sino por defenderlo. Creo que hay una diferencia enorme entre defender los derechos conquistados por los explotados y hacer por ampliarlos y derrotar a nuestros enemigos de clase y pensar que los “Derechos Humanos” deben garantizarnos nada. Las cosas no vienen de cuna sino de lucha.

Dicho esto, tengo mis sospechas de que el capital, es decir, los bancos, los especuladores inmobiliarios, los constructores, determinados políticos, nos estén echando encima a la miseria asesina de los vendedores de droga en nuestros barrios con el fin de reconvertirlos en espacios para la mal llamada clase media, una vez que expulsaron a los jóvenes hace 20 años de Madrid a los pueblos del sur.

Hace pocos días supimos que la zona de Puente de Vallecas se había llenado de basura en narcopisos. Los vecinos se están organizando contra esos menuderos de la muerte. Es lo que toca y lo que hay que hacer.

Ya han entrado también en barrios como Villaverde, Latina, Usera, Carabanchel. No ha sucedido ahora. Hace tiempo de eso pero los medios de comunicación ya hablan de ello. Hay evidentes intereses en utilizar esta cuestión para fines inconfesables, económicos y políticos. Les importa un carajo la vida de las víctimas que van a caer bajo la dictadura mortal de la aguja o el chino. Madres y padres necesitan organizarse antes de que se oculte el problema humano. Todos ellos barrios de nuestra clase, la trabajadora. Podemos verlo de muchas maneras. Yo lo veo de un modo básico: van a por nosotros. Y dicho esto, creo que es el momento de organizarse.

Como pelearon las madres gallegas en su día, con Carmen Avendaño y Erguete al frente de la lucha de entonces. Es el momento de aprender de ellas. De darnos cuenta de que esos canallas asesinos van por nuestros hijos y de hacer frente a esa inmundicia. Reivindiquemos la vida, la sonrisa y la esperanza de un mundo en el que podamos ser.

En este blog no os pediré vuestro acuerdo con mi línea política pero será un lugar que expresará las voces de vuestra protesta contra los asesinos de vuestros hijos cuando queráis que lo haga. Del mismo modo os pido que en vuestra lucha no se mezclen sectas religiosas ni políticas. Mantened vuestra independencia. Será vuestra credibilidad

7 de diciembre de 2017

ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. 39 AÑOS DE COMPLICIDAD REFORMISTA CONTRA LA CLASE TRABAJADORA

Colección de payasos del sistema parlamentario español.
Solo faltaban los de los grupos catalalanes y vascos. Sus
payasadas las hacen en circos locales
Por Marat

El pasado 6 de febrero se ha conmemorado por tierra (largo puente vacacional), mar (filibusteros mediáticos) y aire (conmilitones del circo estatal de marcas parlamentarias) la fiesta del 39 aniversario de la aprobación de la Constitución española.

Es socorrido entre los progres y la socialdemocracia (no me refiero al PSOE, social-liberal) hablar de ella con un tono de tanguista estafado, apelando al incumplimiento de los supuestos derechos sociales de la Constitución española.

El señor Anguita fue el precursor socialdemócrata de esta cantinela tontuna, manteniendo inasequible al desaliento la exigencia de que se cumpliera la Constitución en cuanto a los citados derechos sociales. Para él y para los posteriores coordinadores federales de la socialdemócrata IU, una Constitución que cumpliera con dichos derechos sería casi revolucionario.

En el caso de los progres de Podemos nos encontramos con una combinación calculada de estímulo de la estupidez y de mentiras a partes iguales en cuanto a la defensa de los mágicos derechos sociales de la Constitución española. Pablo Iglesias, a quien ahora la web oportunista llamada Insurgente que tanto le defendió en su día, llama traidor, ha declarado: "Uno de los grandes acuerdos de la Constitución de 1978 era la garantía de los derechos sociales para todos los ciudadanos y una promesa de prosperidad que en muchos aspectos se cumplió. Ese gran acuerdo está roto".

Decía Lenin, a propósito de este tipo de vendedores de productos homeopáticos que, “se denomina ilusiones constitucionalistas al error político que consiste en tomar por existente, normal, jurídico, reglamentado y legal, en una palabra, “constitucional”, un régimen que en realidad no existe” (“Entre dos revoluciones”. V. Illich).

Y es que el régimen de democracia parlamentaria, ratificado en referéndum el 6 de Diciembre de 1978, consagra en su artículo 38 “la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado”. Y, por si fuera poco claro al respecto, señala que “los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad, de acuerdo con las exigencias de la economía general”. Para entendernos, la clave que va a definir el lugar que le corresponden a los mitológicos derechos sociales es el de la rentabilidad capitalista. Si no hay un beneficio suficiente, y de determinar cuánto es un “beneficio suficiente” de las empresas se encargan lo economistas liberales, se pueden guardar reformistas y progres dichos derechos en el lugar en el que se entierran las decepciones nunca admitidas: la papelera de reciclaje de sus "relatos". En cuanto a la coletilla final que se añade al párrafo, “y, en su caso, de la planificación” es solo un señuelo para dummies que asocian exclusivamente planificación y sistema económico socialista. Solo la demagogia liberal puede defender que los ministerios de economía de los gobiernos, los bancos centrales y otras instituciones (estadísticas oficiales, organismos sectoriales empresariales, etc.) no llevan a cabo intentos, más o menos logrados, a pesar del carácter cíclico de las crisis capitalistas, de planificar la “economía libre de mercado”.

Pero la clave de la obscena mentira que se encuentra tras la “ilusión constitucionalista”, que promueven progres y socialdemócratas respecto a la exigencia de cumplimiento de los famosos derechos sociales, está en el diferente tratamiento que tienen los “derechos fundamentales” de la sección primera del Capítulo II, “Sobre derechos y libertades” del texto constitucional y los relativos a los “derechos” de la sección segunda, que podemos calificar de simples derechos o principios jurídicos de tipo potestativo o, para entendernos, derechos respecto a los que no existe un mandato imperativo constitucional en cuanto a su implementación.

Aclaremos un poco más de qué estamos hablando: según señala el economista marxista Diego Guerrero, “la distinción [entre ambos tipos de derechos] no es irrelevante porque, tal y como reconoce el artículo 53.2, "cualquier ciudadano podrá recabar la tutela" de los primeros "ante los Tribunales ordinarios", mientras que no ocurre lo mismo con los segundos. Pues bien, aunque curiosamente, los derechos de sindicación y huelga se incluyen entre los de la sección 1ª (art. 28), el derecho al trabajo, que debería ser previo a los citados, sólo aparece dentro de la segunda sección (en el art. 35), indicando que ningún español puede reclamar ante los tribunales su derecho al trabajo. (“Desempleo, keynesianismo y teoría laboral del valor”. Apartado 5. “El derecho al trabajo y el desempleo en la Constitución española”. Diego y Marina Guerrero)

Si el trabajo, del que emanan todos los demás derechos (pensiones, la educación, la sanidad, etc.), por ser la base sobre la que se sustenta la idea roussoniana de contrato social entre trabajadores y capitalistas dentro de las constituciones burguesas no está garantizado, imaginen lo que sucede con los derivados citados del mismo.

Tienen razón los podemitas en la idea de que el contrato social capital-trabajo ha sido roto pero no porque no se cumplan los mal llamados derechos sociales en la Constitución (en la práctica no se tienen esos derechos porque no son de obligado cumplimiento) sino porque al agotamiento del modelo keynesiano de acumulación capitalista le ha sobrevenido el de acumulación por desposesión de la que habla David Harvey (vuelta a la rapiña de la acumulación originaria señalada por Marx en relación a los bienes comunes, que aquí sería la vía privatizadora de lo público).

El fraude “ideológico” (en el peor sentido del término que le da Marx, el de representación invertida de la realidad o falsa conciencia) de podemitas, progres, charlatanes de nuevas identidades opuestas a las de las clases sociales,…) es el de vincular los supuestos derechos sociales del ya mortecino Estado del Bienestar con los Derechos Humanos, esos que pretenden que existen por el mero hecho de haber nacido y estar vivos, como si fueran compatibles con la lógica del beneficio y la inversión productiva para el capital. Su claudicación política es tan indecente que intentan enterrar el carácter histórico de las luchas de la clase trabajadora por la conquista de sus derechos (jornada laboral de 8 horas, protección social, educación pública y acceso a la cultura, etc.). Son los cómplices pequeñoburgueses y servidores del Estado capitalista, necesarios para una nueva vuelta de tuerca contra la clase trabajadora. Con su venta de la “ilusión democrática”, según la cuál lo más grave que existe en España es una falta de democracia, burguesa, juegan a patriotas de una u otra bandera, según les indiquen los zigzags enloquecidos de su oportunismo y a ocupantes parásitos de escaños del parlamento a costa de los impuestos pagados por la clase trabajadora. Lenin definió muy bien a esa ralea:

Sólo los canallas o los bobos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder” (V. Illich, “Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes”, Obras Completas, Tomo X)

Hace algún tiempo publiqué un artícuo sobre el salvaje atentado contra las pensiones que estaba realizando el brazo político temporal del capital, el PP. Se llamaba “Desmontando la trampa del fin de las pensiones públicas”. Pueden encontrarlo en la página 50 del enlace que acabo de ponerles. Estamos ya en la fase de aterrorización de la clase trabajadora o del juego de la aceptación de lo que se le viene encima, mientras la vileza burguesa y sus “granujas republicanos de la democracia” entretienen a los ingenuos y desclasados con banderas patrióticas catalanas o españolas. Se venden 17 Ínsulas Baratarias al cacique local más interesado en la oferta o, en su defecto, 17 “naciones” leales al precio de “cupos” que pagará la clase trabajadora con el sudor que le quede por ser robado. Y, mientras tanto, venga el negocio de los planes de pensiones a los que puedan pagárselas. Y al resto...que les vayan dando.