4 de octubre de 2015

EL NEOPESIMISMO SE PUSO DE MODA

Eduardo Febbro. Página/12

La nueva corriente del pensamiento francés es un himno a la depresión, un acto de flagelación público cuyo látigo es el pesimismo, la tristeza y la repetida idea de que Francia está al borde del abismo. Varios intelectuales, de izquierda y de derecha, se han convertido en los portavoces recurrentes de una convicción según la cual su país se encuentra en una irrecuperable cuesta abajo, que la cultura francesa está en una fase moribunda, o que la inmigración vacía los fundamentos de la identidad nacional. Los vecinos europeos de Francia conocen la misma crisis, asimilan los mismos flujos migratorios, pero en ninguno de ellos sus intelectuales han hecho de esta configuración una teoría del ocaso. El filósofo y ensayista Michel Onfray, el polemista Eric Zemmour, el escritor Michel Houellebecq, el filósofo Régis Debray o el ensayista Alain Finkielkraut son los apóstoles de esta corriente que irriga la sociedad con una filosofía que consagra toda su energía en diagnosticar la defunción de la cultura. Sudhir Hazareesingh, profesor en Oxford y autor de un excelente ensayo sobre estos temas, Ese país que ama las ideas (Ce pays qui aime les idées), lo califica de “movimiento casi filosófico de pesimismo y declinismo en Francia”.

No cabe preguntarse ¿qué le pasa a Francia? A Francia le ocurre lo que le pasa al mundo. La pregunta es: ¿qué le ocurre a esos intelectuales, a menudo oriundos de la izquierda, cuyas tesis cruzan las aguas de la extrema derecha? La respuesta progresista tampoco aparece por ningún lado, la “pensée de gauche” se esfumó de la escena y estos pensadores pasan a invadir todo el espectro de los medios con sus desencantos y su dialéctica del fracaso. Michel Onfray, Eric Zemmour, Michel Houellebecq, Régis Debray o Alain Finkielkraut, estos cinco pensadores tienen, además, la cara de lo que venden: los tres primeros son de una pedantería autoritaria que da miedo, los dos últimos de una tristeza desértica. Estos neo pesimistas obtienen éxitos editoriales asombrosos. El libro de Eric Zemmour Le Suicide français (El suicidio francés) superó los 500 mil ejemplares vendidos. Homófobo, sexista, anti extranjeros, El suicidio francés (el título ya hiela la sangre) retrata a una Francia en irrecuperable declive, herida en lo más profundo de su identidad por el multiculturalismo, los homosexuales, las mujeres, los extranjeros y la permanencia de las conquistas que cierta izquierda hoy espectral supo arrancar a partir de los años ‘60. Según este polemista, Francia se muere bajo la gravitación de la libertad de las costumbres, por el retroceso de la “familia, la nación, el trabajo, el Estado, la escuela”. Zemmour promueve una sociedad colonial y blanca. En los escaparates del horror aparece igualmente Michel Houellebecq y su libro Sumisión (600 mil ejemplares vendidos). La novela ha sido celebrada como una obra literaria, pero es en realidad un aburrido panfleto, una infusión racista y sin aliento, triste como su autor, que narra una Francia gobernada por un islamista, Mohammed Ben Abbes, candidato del partido Fraternidad Musulmana. En esa novela llena de bostezos y obsesiones de un anciano miedoso, la Universidad de la Sorbona pasó a ser un centro de estudios islámico en donde las paredes exhiben versos del Corán.

El mismo nacionalismo xenófobo y la obsesión por el fin de la cultura francesa o su contaminación atraviesa la obra del filósofo Alain Finkielkraut. Los debates que genera son una prolongación de su libro La identidad infeliz. La palabra “identidad” reemplazó el concepto de República, la defensa de lo “autóctono” el principio de universalismo. Francia, en su prosa, se está desvaneciendo por culpa del vaciamiento cultural y la inmigración. La globalización y la izquierda son así los responsables de la contaminación. De allí previene también la saña contra las herencias de la izquierda y sus inclinaciones a la diversidad cultural y al derecho de las minorías. A esos defensores de la diversidad se los llama “islamo izquierdistas”. El agotador e inagotable Régis Debray vuelve a brillar en las primeras páginas de los semanarios con un alegato en el cual (semanario Le Point, de derecha) el intelectual “destruye a la izquierda”. Hace mucho que esa izquierda viaja en ambulancia, pero la moda vibra con los alegatos envenenados, el silencio de los atacados y las tramas mórbidas sobre la substitución de la esencia francesa por los semejantes oriundos de otras culturas y religiones. Precisamente, el profesor Sudhir Hazareesingh (Ese país que ama las ideas) califica a esta corriente de neoconservadores de “nacionalismo étnico”. El otro y la izquierda han sido sentados en el tribunal del presente. El caso del filósofo Michel Onfray es aún más alarmante. Pasó de la extrema izquierda a abrazar los ideales de lo que en Francia se llama “los soberanistas”, es decir, la idea política que antepone la soberanía a cualquier otra instancia (en este caso las europeas). También se convirtió en un paladín contra Europa y la izquierda, a la que acusa de haber abandonado al pueblo francés para consagrarse a los inmigrados. Aunque Onfray se define como un “soberanista de izquierda”, ocurre que el soberanismo es uno de los motores de la extrema derecha del Frente Nacional. A mediados de septiembre, el matutino Libération acusó a Onfray de “hacerle el juego” a la ultraderecha, de activar la ofensiva “no contra la derecha, sino contra la izquierda”. La trama de su pensamiento es más culta, más sutil, pero similar: así, por ejemplo, puso en tela de juicio la foto del niño (Aylan) encontrado ahogado en una playa de Turquía. La imagen habría servido para manipular a la opinión pública y sensibilizarla ante el drama de los refugiados. Algo parecido repitió el Frente Nacional. Su nacionalismo étnico se desnuda cuando afirma (entrevista al diario conservador Le Figaro): “El pueblo francés es despreciado desde que Mitterrand (ex presidente socialista francés, 1981-1995) convirtió el socialismo a la Europa liberal. Ese pueblo, mi pueblo, ha sido olvidado en provecho de micro pueblos de sustitución” (o sea palestinos, homosexuales, indocumentados). Onfray, en realidad, desarrolla las mismas obsesiones que los otros autores: Francia, o sea, el centro, está siendo sustituída por una cultura marginal (extranjeros, homosexuales, ect.). La impureza que carcome la nobleza y lo torna todo decadente.

“Declinistas” (Francia se hunde), “diferencialistas” (nosotros antes que los invasores), “sustitucionistas” (la cultura francesa está siendo sustituida) son las tres banderas de una filosofía empapada en la nostalgia de un Jurassic Park compartido por la extrema derecha. Los ataques de Libération contra Michel Onfray suscitaron una reacción de un egocentrismo muy parisino: el próximo 20 de octubre, la “izquierda”, se reúne en la sala de la Mutualité de París (emblema de los mitines socialistas) para respaldar al ofendido filósofo. El Frente Nacional no deja escapar el beneficio de la convergencia entre él y esta izquierda soberanista y entristecida. Ocurre que, precisamente, esos intelectuales súper mediáticos promueven mejor que nadie sus ideas. En vistas del mitin del próximo 20 de octubre, su tesorero, Bertrand Dutheil de La Rochère, publicó una tribuna en el portal del Frente Nacional invitando a los intelectuales de izquierda a entablar un diálogo. El Frente Nacional ve claros puentes entre estos turbios moralistas de la identidad y el ombligo y sus ideales. El dirigente frentista convoca a un “diálogo sin concesión” a toda esa izquierda que “denuncia la traición de los partidos que aún se dicen de izquierda. Esos partidos que eligieron la globalización ultra liberal en nombre de Europa. Esos partidos que confunden el internacionalismo con las migraciones masivas que pesan sobre nuestros salarios y desmantelan la protección social”. En suma, el mundo contra Francia. El gran, sutil y universal espíritu rebelde de Europa está embrujado por un partido excluyente y una corte de plumíferos tristes y etno-obsesivos, neuróticos de la identidad y aburridos como un tango desafinado.

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG: El neopesimismo francés del que habla Febbro es la continuación, con un giro de tuerca aún más reaccionario, de la corriente de "los nuevos filósofos" iniciada en los años 70 del pasado siglo en dicho país. No es casual que entre los neopesimistas se encuentre Alain Finkielkraut, uno de aquella tendencia del pensamiento involucionista francés.

Conviene que cuando ponemos a Francia como modelo de progreso no olvidemos que ninguna sociedad está exenta de su doble condición de dios Jano (el de las dos caras). Si Francia nos dio 1789 también produjo la reacción thermidoriana. Si ha sido cuna del socialismo como corriente de pensamiento, también fue la de la colaboración del gobiernod e Vichy con los ocupantes nazis. 

En cuanto a Debray no estaría de más preguntarse por su responsabilidad en la caída y asesinato de Ernesto Guevara de la Serna (Che) y sus compañeros en las selvas de Bolivia, algo que él mismo ha intentado borrar de su biografía. 

Cuando la izquierda no da respuestas a la crisis sistémica y de civilización del capitalismo, es la extrema derecha la encargada de fabricar sus monstruos. 

En España tras el desastre del 98 de finales del XIX apareció una hornada de pensadores, escritores, poetas y filósofos que, desde una posición pesimista, también plantearon la necesidad de sacar al país de su frustración. Como quiera que el pesimismo es una corriente antiprogresista, al poner el dedo en la llaga de la nostalgia por lo perdido, también en aquella ristra de ajos intelectuales aparecieron los pensadores prefascistas como Ramiro Maeztu. Aquellos fueron llamados los regeneracionistas, no muy distintos de los hoy partidos de la regeneración en España. En Francia se llaman neopesimistas pero el combustible que les mueve tiene en común un mismo fondo: el llanto por lo perdido. 

Por lo demás, no comparto la insinuación de Febbro de que mantener una posición antiUE sea también reaccionaria. Depende desde qué presupuestos se mantenga esa postura. La UE, no tal y como está configurada, sino como lo que es -y no puede ser otra cosa porque nació como ágora de mercado y no cómo ágora política y es, desde ahí, irreformable, como lo es el capitalismo, por mucho que se empeñen en ello los que eufemísticamente rechazan el neoliberalismo para no asustar con posiciones claramente anticapitalistas y revolucionarias- es en buena medida una de las responsables de la reacción nacionalista, excluyente, racista y xenófoba porque, al anular las soberanías nacionales, provoca fuerzas de signo contrario. La otra es la izquierda que, mientras se mantenga en su postración, en su posición a la defensiva, en su aceptación del capitalismo amable que no volvera y en su asunción de discursos antagónicos y ajenos (los liberales en lo económico, ideológico y político) será una herramienta mellada e inútil para hacer frente a toda la involución global que se nos ha echado encima a la clase trabajadora. 

LOS NUEVOS ESTADOS DE VIGILANCIA

Ignacio Ramonet. Le Monde Diplomatique

La idea de un mundo situado bajo “vigilancia total” ha parecido durante mucho tiempo un delirio utópico o paranoico, fruto de la imaginación más o menos alucinada de los obsesos de la conspiración. Sin embargo, hay que reconocer la evidencia: vivimos, aquí y ahora, bajo la mirada de una especie de imperio de la vigilancia. Sin que lo sepamos, cada vez más nos observan, nos espían, nos vigilan, nos controlan, nos fichan. Cada día, nuevas tecnologías se refinan en el seguimiento de nuestro rastro. Empresas comerciales y agencias publicitarias registran nuestra vida. Pero, sobre todo, bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo o contra otras plagas (pornografía infantil, blanqueo de dinero, narcotráfico), los Gobiernos  –incluidos los más democráticos– se erigen en Gran Hermano y ya no dudan en infringir sus propias leyes para espiarnos mejor. En secreto, los nuevos Estados orwellianos  buscan establecer ficheros exhaustivos de nuestros contactos y de nuestros datos personales tal y como figuran en diferentes soportes electrónicos.

Tras la ola de ataques terroristas que ha golpeado, desde hace algunos años, ciudades como Nueva York, París, Boston, Ottawa, Londres o Madrid, las autoridades no han dudado en utilizar el gran pavor de las sociedades conmocionadas para intensificar la vigilancia y para reducir más la protección de nuestra vida privada.

Entendámonos: el problema no es la vigilancia en general, es la vigilancia masiva clandestina. Es evidente que, en un Estado democrático, las autoridades cuentan con toda la legitimidad, basándose en la ley y con la autorización previa de un juez, para poner bajo vigilancia a cualquier persona que consideren sospechosa. Como dice Edward Snowden: “No hay ningún problema si se trata de poner bajo escucha a  Osama Bin Laden. Siempre que los investigadores tengan que disponer del permiso de un juez –un juez independiente, un juez auténtico, no un juez secreto–, y puedan probar que existe una buena razón para emitir una orden, entonces pueden llevar a cabo ese trabajo. El problema se plantea cuando nos controlan a todos, en masa, todo el tiempo y sin ninguna justificación” (1).

Con ayuda de algoritmos cada vez más perfeccionados, miles de investigadores, de ingenieros, de matemáticos, de estadistas y de informáticos buscan y clasifican la información que generamos sobre nosotros mismos. Satélites y drones de mirada penetrante nos siguen desde el espacio. En las terminales de los aeropuertos, escáneres biométricos analizan nuestros andares, “leen” nuestro iris y nuestras huellas digitales. Cámaras de infrarrojos miden nuestra temperatura. Las pupilas silenciosas de las cámaras de vídeo nos escrutan en las aceras de las ciudades o en los pasillos de los hipermercados. También siguen nuestra pista en el trabajo, en las calles, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en los aparcamientos, en los ascensores, en los centros comerciales, en las carreteras, en las estaciones, en los aeropuertos...

Cabe señalar que la inimaginable revolución digital que vivimos, que ya ha transformado tantas actividades y profesiones, también ha trastornado totalmente el ámbito de los servicios de información y de la vigilancia. En la época de Internet, la vigilancia ha pasado a ser algo omnipresente y perfectamente inmaterial, imperceptible, “indetectable”,  invisible. Además, se caracteriza técnicamente por una simplicidad pasmosa. Se acabaron los trabajos de albañilería para instalar cables y micrófonos, como en la célebre película La Conversación (2), donde podíamos ver cómo un grupo de “fontaneros” presentaba, en un Feria consagrada a las técnicas de vigilancia, ‘chivatos’ más o menos elaborados equipados con  cajas rebosantes de cables eléctricos que había que esconder en los muros o en el suelo...

Varios estrepitosos escándalos de esa época –el caso Watergate en Estados Unidos, el de los “fontaneros de Le Canard enchaîné” en Francia–, fracasos humillantes para las oficinas de los servicios de información, demostraron los límites de estos antiguos métodos mecánicos, fácilmente detectables y localizables.

Hoy en día, poner a alguien bajo escucha ha pasado a ser algo de una facilidad desconcertante. Al alcance del primero que llega. Una persona normal y corriente que quiera espiar a alguien de su entorno puede encontrar en venta libre en el comercio un amplio abanico de opciones: nada menos que media docena de programas informáticos para espiar (mSpy, GsmSpy, FlexiSpy, Spyera, EasySpy) que “leen” sin problemas los contenidos de los teléfonos móviles: mensajes de texto, correos electrónicos, cuentas en Facebook, Whatsapp, Twitter, etc. Con el auge del consumo en línea, la vigilancia de tipo comercial también se ha desarrollado enormemente, dando lugar a un gigantesco mercado de nuestros datos personales, que se han convertido en mercancías. Durante cada una de nuestras conexiones a una página web, las cookies guardan el conjunto de las búsquedas realizadas y permiten establecer nuestro perfil de consumidor. En menos de veinte milésimas de segundo, el editor de la página visitada vende a los posibles anunciantes la información que nos concierne revelada por las cookies. Apenas unas milésimas de segundo más tarde, la publicidad que se supone que causa más impacto en nosotros aparece en nuestra pantalla. Y así quedamos ya fichados definitivamente.

De alguna manera, la vigilancia se ha “privatizado” y “democratizado”. Ya no es un asunto reservado sólo a los servicios estatales de información. Pero, a la vez, la capacidad de los Estados en materia de espionaje masivo ha crecido de modo exponencial. Y esto también se debe a la estrecha complicidad entablada con las grandes empresas privadas que dominan las industrias de la informática y de las telecomunicaciones. Julian Assange lo afirma: “Las nuevas sociedades como Google, Apple, Amazon y, más recientemente, Facebook han tejido estrechos vínculos con el aparato de Estado en Washington, en particular con los responsables de Asuntos Exteriores” (3). Este Complejo de la seguridad y de lo digital –Estado + aparato militar de seguridad + industrias gigantes de la Web– constituye un auténtico imperio de la vigilancia cuyo objetivo, muy concreto y muy claro, es poner Internet, todo Internet y a todos los internautas bajo escucha. Para controlar la sociedad.

Para las generaciones de menos de cuarenta años, la Red es, simplemente, el ecosistema en el que han pulido su mente, su curiosidad, sus gustos y su personalidad. Desde su punto de vista, Internet no es sólo una herramienta autónoma que se utilizaría para tareas concretas. Es una inmensa esfera intelectual donde se aprende a explorar libremente todos los saberes. Y, de forma simultánea, un ágora sin límites, un foro donde las personas se reúnen, dialogan, intercambian y adquieren, a menudo de forma compartida, una cultura, conocimientos, valores.

Internet representa, a ojos de estas nuevas generaciones, lo que era para sus mayores, de forma simultánea, la escuela y la biblioteca, el arte y la enciclopedia, la polis y el templo, el mercado y la cooperativa, el estadio y el escenario, el viaje y los juegos, el circo y el burdel... Es tan fabuloso que “el individuo, en su placer por evolucionar en un universo tecnológico, no se preocupa por saber, y menos aún por comprender, que las máquinas gestionan su día a día. Que cada uno de sus actos y gestos es grabado, filtrado, analizado y, eventualmente, vigilado. Que, lejos de liberarlo de sus obstáculos físicos, la informática de la comunicación constituye sin duda la herramienta de vigilancia y de control más increíble que el ser humano haya podido crear jamás” (4).

Este intento de control total de Internet representa un peligro inédito para nuestras sociedades democráticas: “Permitir la vigilancia de Internet –afirma Glenn Greenwald, el periodista estadounidense que difundió las revelaciones de Edward Snowden– viene a ser lo mismo que someter a un control estatal exhaustivo prácticamente todas las formas de interacción humana, incluido el pensamiento propiamente dicho” (5).

Ésta es la gran diferencia con los sistemas de vigilancia que existían antes. Sabemos, desde Michel Foucault, que la vigilancia ocupa una posición central en la organización de las sociedades modernas. Éstas son “sociedades disciplinarias” donde el poder, por medio de técnicas y de estrategias complejas de vigilancia, busca ejercer el mayor control social posible (6).

Esta voluntad por parte del Estado de saberlo todo sobre los ciudadanos está legitimada políticamente por la promesa de una mayor eficacia en la administración burocrática de la sociedad. Así, el Estado afirma que será más competitivo y, por lo tanto, servirá mejor a los ciudadanos si los conoce mejor, de la forma más profunda posible. Sin embargo, al haber pasado a ser cada vez más invasiva, la intrusión del Estado ha terminado provocando, desde hace tiempo, un creciente rechazo entre los ciudadanos que aprecian el santuario de la vida privada. Desde 1835, Alexis de Tocqueville señalaba ya que las democracias modernas de masas producen ciudadanos privados cuya principal preocupación es la protección de sus derechos. Y que esto hace que sean particularmente quisquillosos y belicosos contra las pretensiones intrusivas y abusivas del Estado (7).

Esta tradición se prolonga en la actualidad en la persona de los “lanzadores de alertas”, como Julian Assange y Edward Snowden, ambos perseguidos ferozmente por Estados Unidos. Y, en defensa de ellos, el gran intelectual estadounidense Noam Chomsky afirma: “Para estos ‘lanzadores de alertas’, su lucha por una información libre y transparente es una lucha casi natural. ¿Tendrán éxito? Depende de la gente. Si Snowden, Assange y otros hacen lo que hacen, lo hacen en su calidad de ciudadanos. Están ayudando al público a descubrir lo que hacen sus propios Gobiernos. ¿Existe acaso una tarea más noble para un ciudadano libre? Y se los castiga severamente. Si Washington pudiera echarles el guante, sería peor aún. En Estados Unidos existe una ley de espionaje que data de la Primera Guerra Mundial; Obama la ha usado para evitar que la información difundida por Assange y Snowden llegue al público. El Gobierno va a intentarlo todo, incluso lo indecible, para protegerse de su ‘enemigo  principal’.  Y el ‘enemigo principal’ de cualquier Gobierno es su propia población” (8).

En la era de Internet, el control del Estado alcanza dimensiones alucinantes, ya que, de una manera o de otra, como ya se ha dicho, confiamos a Internet nuestros pensamientos más personales e íntimos, tanto profesionales como emocionales. Así, cuando el Estado, con ayuda de tecnologías súper poderosas, decide pasar a escanear nuestro uso de Internet, no sólo rebasa sus funciones, sino que, además, profana nuestra intimidad, deshuesa literalmente nuestro espíritu y saquea el refugio de nuestra vida privada.

Sin saberlo, a ojos de los nuevos “Estados de vigilancia”, nos convertimos en clones del héroe de la película El Show de Truman (9), expuestos en directo a la mirada de miles de cámaras y a la escucha de miles de micrófonos que exponen nuestra vida privada a la curiosidad planetaria de los servicios de información.

A este respecto, Vince Cerf, uno de los inventores de la Web, considera que “en la época de las tecnologías digitales modernas, la vida privada es una anomalía...”(10). Leonard Kleinroc, uno de los pioneros de Internet, es aún más pesimista: “Básicamente –considera–, nuestra vida privada se ha acabado y, por así decirlo, es imposible recuperarla” (11).

Por una parte, muchos ciudadanos se resignan, como si de una especie de fatalidad de la época se tratara, al fin de nuestro derecho al anonimato. Por otra parte, esta preocupación de defender nuestra vida privada puede parecer reaccionaria o “sospechosa” porque sólo aquellos que tienen algo que esconder intentan esquivar el control público. Por lo tanto, las personas que consideran que no tienen nada que reprocharse ni nada que ocultar, no son hostiles a la vigilancia del Estado. Sobre todo si ésta, tal y como lo prometen y lo repiten las autoridades, está acompañada por una ganancia sustancial en materia de seguridad. Sin embargo, este discurso –“Dadme un poco de vuestra libertad, os la devuelvo centuplicada en garantía de seguridad.”– es una estafa. La seguridad total no existe, no puede existir. Es un engaño. Sin embargo, la “vigilancia total” se ha convertido en una realidad indiscutible.

Contra la estafa de la seguridad, cantinela constante de todos los poderes, recordemos la lúcida advertencia lanzada por Benjamin Franklin, uno de los autores de la Constitución estadounidense: “Un pueblo dispuesto a sacrificar un poco de libertad por un poco de seguridad no merece ni lo primero ni lo segundo. Y acaba perdiendo las dos”.

Una sentencia de perfecta actualidad y que debería animarnos a defender nuestro derecho a la vida privada, cuya principal función no es otra que proteger nuestra intimidad. Jean-Jacques Rousseau, filósofo de la Ilustración y primer pensador que “descubrió” la intimidad, nos dio el ejemplo. ¿No fue él también el primero en rebelarse contra la sociedad de su tiempo y contra su voluntad inquisidora de querer controlar la conciencia de los individuos?

“El fin de la vida privada sería una auténtica calamidad existencial”, ha subrayado igualmente la filósofa contemporánea Hanna Arendt en su libro La condición humana (12). Con una formidable clarividencia, en su obra señala los peligros para la democracia de una sociedad donde la distinción entre la vida privada y la vida pública estaría establecida de forma insuficiente, lo que, según Arendt, significaría el fin del hombre libre. Y arrastraría a nuestras sociedades, de manera implacable, hacia nuevas formas de totalitarismo.

(1) Katrina van den Heuvel et Stephen F. Cohen, ? “Edward Snowden: A ‘Nation’ Interview”, The Nation, Nueva York, 28 de octubre de 2014.
(2) La Conversación (The Conversation), 1973. Dirección: Francis F. Coppola. Intérpretes: Gene Hackman, John Cazale, Cindy Williams, Harrison Ford, Robert Duvall. Palma de Oro 1974 en el Festival de Cannes.
(3) Ignacio Ramonet, “Entrevista a Julian Assange: ‘Google nos espía e informa al Gobierno de Estados Unidos’”, Le Monde diplomatique en español, diciembre de 2014.
(4) Jean Guisnel en su prefacio al libro de Reg Whitaker, Tous fliqués. La vie privée sous surveillance, Denoël, París, 2001 (en español: El fin de la privacidad. Cómo la vigilancia total se está convirtiendo en realidad, Paidós, Barcelona, 1999).
(5) Glenn Greenwald, No place to hide. Edward Snowden, the NSA, and the US Surveillance State, Metropolitan Books, Nueva York, 2014.
(6) Michel Foucault, Vigilar y castigar, Biblioteca Nueva, Madrid, 2012.
(7) Alexis de Tocqueville, La democracia en América, Akal, Madrid, 2007.
(8) Ignacio Ramonet, “Entrevista con Noam Chomsky: Contra el imperio de la vigilancia”, Le Monde diplomatique en español, abril de 2015.
(9) El Show de Truman (The Truman Show) (1998). Dirección: Peter Weir. Intérpretes: Jim Carrey, Ed Harris.
(10) Marianne, París, 10 de abril de 2015.
(11) El País, Madrid, 13 de enero de 2015.

(12) Hanna Arendt, La condición humana,  Paidós, Barcelona, 2005.

3 de octubre de 2015

ESTADOS UNIDOS Y EL DESIGNIO DESESTABILIZADOR

Editorial. La Jornada

De acuerdo con un estudio de los investigadores Alexander Main y Dan Beeton, realizado a partir del análisis de cables del Departamento de Estado filtrados por Wikileaks, Estados Unidos ha alentado la desestabilización política en diversos países de América Latina, como parte de una estrategia para reconstruir su hegemonía en la región, la cual se ha visto fracturada por el arribo al poder de gobiernos de signos ideológicos distintos, pero renuentes a aceptar acríticamente el llamado Consenso de Washington. Según los autores, en el contexto de la referida estrategia se llegó a contemplar la posibilidad de asesinar al presidente de Bolivia, Evo Morales, en el marco de la crisis política que protagonizaron el gobierno de La Paz y las oligarquías secesionistas de la llamada región de la Media Luna (Santa Cruz, Beni, Tarija y Pando), en 2008.

El referido plan constituye, en lo esencial, una reiteración de las inveteradas manías estadunidenses para desestabilizar a gobiernos soberanos en el continente, que entre otras cosas han llevado a Washington a perpetuar por más de seis décadas un bloqueo improcedente en contra de Cuba, que ha sido complementado con diversas maniobras de desestabilización en la isla. Por lo demás, Washington ha patrocinado y organizado programas golpistas como el que se puso en marcha contra Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954 y el que derivó en el sangriento cuartelazo del 11 de septiembre de 1973 en Chile; formó escuadrones de la muerte en Centroamérica en los años 80 del siglo pasado, y envió, a finales de esa década, fuerzas invasoras a Granada y a Panamá.

Por desgracia, el patrón golpista se ha reactivado en el pasado reciente y ha afectado a diversos gobiernos y países desde 2002, cuando el presidente venezolano Hugo Chávez fue temporalmente derrocado y secuestrado por militares desleales; se repitió en escala menor en Bolivia en 2008; logró, un año más tarde, subvertir el orden democrático en Honduras, y se reprodujo, sin éxito, en la sublevación policiaca contra Rafael Correa en Ecuador, en 2010. Recientemente, en naciones como Venezuela y Argentina se han dado movilizaciones pretendidamente ciudadanas en las que puede apreciarse, sin embargo, la mano no tan invisible de Washington, con la novedad de que el correlato discursivo actual de esa asonada está basado en supuestos “afanes de desarrollo democrático” en esas naciones.

Esa estela de episodios da cuenta de que la pretendida vocación democrática de Estados Unidos no es más que una falacia, y que la superpotencia, por lo general, no tiene empacho en subvertir regímenes legítimamente constituidos cuando éstos se oponen a sus intereses hegemónicos en la región.

Con todo, el plan denunciado en la publicación referida deja fuera una de las vías menos violentas y acaso más efectivas de que se ha valido Washington para consolidar y reparar su hegemonía regional. Tal es el caso del adoctrinamiento ideológico de las élites que conducen política y económicamente a naciones del continente, como ha sucedido en México. En efecto, la adopción acrítica del neoliberalismo por los gobiernos de nuestro país en las últimas tres décadas no solamente ha arrojado nefastos resultados sociales y económicos, también ha supuesto un lastre para las posibilidades de transformación del régimen político, bloqueadas sistemáticamente por esas propias élites mediante recursos no precisamente democráticos y con el conocimiento e incluso el beneplácito de Estados Unidos.

Por fortuna, el designio desestabilizador comentado ocurre en un momento en que las naciones de la región se han provisto de mecanismos de interacción multinacional que escapan a la preceptiva de Washington y que, en forma contraproducente, ha profundizado el aislamiento de la superpotencia en la región. A pesar de ello, queda demostrado que Washington, lejos de ser un garante de la legalidad internacional y la democracia, se ha convertido en un violador consuetudinario y sistemático de tales principios.

2 de octubre de 2015

OMC RECORTA PREVISIÓN DE COMERCIO MUNDIAL DE 3,3% A 2,8% PARA ESTE AÑO

Marco Antonio Moreno. El blog salmón

La Organización Mundial de Comercio ha recortado su previsión de crecimiento para este año de 3,3 a 2,8 por ciento. Un significativo descenso que da cuenta de la desaceleración económica en curso y que tiene su epicentro en China, un país en el cual no dejan de reventar las burbujas especulativas. Este nuevo pronóstico, revisado a la baja a partir de la previsión de 3,3 por ciento hecha en abril, significa que 2015 será el cuarto año consecutivo con el crecimiento del comercio mundial por debajo del 3 por ciento, la mitad de la media anual entre 1990 y 2008, antes de la crisis financiera.

El pronóstico de la OMC implica que el crecimiento se acelerará este año, desde el 2,5 por ciento de 2014. Pero sus expectativas se han demostrado en repetidas ocasiones demasiado optimistas pese a que la esperanza de la recuperación económica global ha retrocedido.

El informe de la OMC señala que aún hay riesgos potenciales para la economía mundial. Estos incluyen una desaceleración mayor a la esperada en las economías emergentes y en desarrollo, y la posibilidad de flujos financieros desestabilizadores ante la eventual subida de los tipos de interés por la Reserva Federal de Estados Unidos. Además, hay que agregar los costos imprevistos asociados a la crisis migratoria en Europa.

La desaceleración de China provocó que la OMC redujera su pronóstico de crecimiento para las importaciones de Asia a 2,6 por ciento, por debajo del 5,1 por ciento de la proyección en abril, y las exportaciones asiáticas a 3,1 por ciento de la anterior previsión de 5,0 por ciento.

La caída de la demanda de China fue una de las razones principales por las que el comercio mundial se redujo en los dos primeros trimestres de 2015, con una contracción respecto al trimestre anterior de 0,7 por ciento. La caída de la demanda en Brasil y el derrumbe de los precios del petróleo y las materias primas también contribuye en esa tendencia negativa.

Esto indica que el comercio mundial está sufriendo su mayor contracción desde la crisis de 2008 lo que puede ser una señal de que la globalización alcanzó su punto máximo. Durante décadas el comercio mundial creció al doble de la tasa de crecimiento económico como resultado de lo que se dio a conocer como la hiperglobalización.

Sin embargo, el estallido de las burbujas especulativas y la pérdida de 13 billones de dólares en últimos tres meses es un claro indicador que la economía mundial se encuentra sin motores de crecimiento. La desaceleración actual no es sólo el resultado del aterrizaje chino, sino también de la debilidad económica que envuelve a Europa y Estados Unidos.

27 de septiembre de 2015

CRÓNICA VIVIDA DEL ENCUENTRO COMUNISTA DEL 26-S

No ha fallado la fotografía. Simplemente vamos aprendiendo
a protegernos de las prácticas represivas del capital y sus
esbirros gubernamentales de turno. Si tiene usted dudas sobre
el éxito de la convocatoria, pregunte a algún asistente
Por Marat

“Un minuto de silencio en nombre de los camaradas asesinados por el franquismo el 27 de Septiembre de 1975. Y aunque esté fuera de ese minuto, toda nuestra solidaridad con el comunista Alfon, encarcelado por sus ideas y por su comportamiento combativo, y con los 500 sindicalistas que pueden llegar a ser juzgados por haber intervenido en las huelgas contra el capital y sus gobiernos durante estos años”. Así comenzaba la primera reunión del espacio de encuentro comunista el pasado 26 de Septiembre.

Una hora antes, desde las 10:30, había grupos de comunistas frente al portal del CAUM, donde iba a desarrollarse la reunión. Saludos efusivos, reconocimientos, personas que se ponían cara por primera vez, aunque hiciese tiempo que colaborasen juntos a través de las redes. Aunque sólo fuese por esto –el lado humano de la convocatoria- ya merecía la pena el encuentro

Pasaban los minutos y las caras de satisfacción por la afluencia de camaradas, la inmensa mayoría desconocidos, porque partíamos de un llamamiento desde la Red, se iban sucediendo.

Gentes de muy diversas zonas del Estado español iban llegando, preguntando, intercambiando palabras y teléfonos, complicidades tejidas a lo largo de los años y esperanzas con aquella convocatoria que podía iniciar la posibilidad de otra forma de tratarnos entre los marxistas.

Teníamos por delante una enorme tarea, la de levantar una nueva cultura de relación entre comunistas sin y con carné. Una cultura de encuentro, vocación de compartir, deseo de contaminarnos mutuamente para enriquecernos y aprender todos con cada aportación, capacidad de sumar y de poner por delante lo que nos une y dejar a un lado lo que nos separa, formación política, debate, apertura de frentes de lucha y capacidad de hacer atractiva la idea comunista a amplias capas de nuestra clase, la trabajadora.

Teníamos claro también que, si todo esto éramos capaces de transmitirlo y contagiarlo entre los sin y con carné, podríamos recuperar la fuerza y la presencia del discurso comunista como corriente política, ayudando a convertir lo que hoy se llama simplemente lucha antiausteridad o lucha social en auténtica lucha de clases.

A las 11.30, cuando se iniciaba puntualmente el encuentro, se cumplía matemáticamente lo que desde hacía días sabíamos en el grupo promotor del encuentro que iba a suceder: leno del local hasta la bandera, desbordando el aforo previsto inicialmente.

Mis camaradas del grupo promotor del espacio de encuentro comunista me habían elegido para presentar el acto. A lo largo de mi vida me ha tocado hacer cosas parecidas pero ésta era la primera vez que me sentía plenamente identificado con quienes habíamos puesto en marcha este proyecto y con el viaje que estábamos iniciando. En mis pasadas militancias siempre supe lo que me tocaba hacer pero también que aún no era aquel plenamente mi lugar, un ámbito con el que me sintiera completamente identificado.

Fijar posición ideológica de arranque era una necesidad del encuentro: lucha de clases, identidad y centralidad de la clase trabajadora en las luchas frente a conceptos ideados por la burguesía y admitidos por el reformismo como ciudadanismo, transversalidad,” gente” u otras vaguedades disolventes del antagonismo capital-trabajo, derribo del capital mediante proceso insurrecional y no fetichismo parlamentario, dictadura del proletariado, como dominación de clase frente a la de la burguesía, y construcción del socialismo. Esas eran las bases innegociables de las que partíamos y que fueron refrendadas.

En consecuencia, dejamos claro que Grecia era el punto de escisión entre socialdemócratas y comunistas en Europa y en España. Del mismo modo que en 1903 se produjo la ruptura entre mencheviques y bolcheviques. Ello independientemente de que el polo comunista tuviese aún mucho recorrido de construcción por delante.

No voy a cansarles a ustedes ni con mi intervención, ni con todos los temas que me tocó explicar antes de entrar en materia. Sólo les diré que esa materia versaba sobre una única pregunta lanzada, a quemarropa a los asistentes: qué entendía cada un@ de ell@s por un espacio de encuentro comunista.

Espacio-de-encuentro-comunista: sólo el nombre era toda una provocación. Luego descubriríamos que era un acierto.

Fue difícil comenzar a imaginar colectivamente qué diablos –algo no pensado antes desde un punto de arranque como el de los “comunistas independientes”- era tal cosa. Pronto nos dimos cuenta de que se llamaba complicidad, necesidad, búsqueda, posibilidad, otra manera de relacionarnos.

A la camarada Maite –del grupo promotor y valiosa militante comunista- le tocó plantear a la sala el interrogante sobre qué cuestiones podían actuar como palancas transformadoras de la realidad política y social que nos acercasen a nuestra clase, la trabajadora, que no es ni una acumulación indefinida de “ciudadanos”, ni un amasijo de “gente”, ni un conglomerado de transversales, sino la evidencia de que vivimos bajo la dominación del capital a la que los trabajadores (CLASE) han de combatir con la LUCHA de clases. 

Y aquí fue donde yo perdí el sombrero porque se sucedieron múltiples intervenciones entre los asistentes al acto, a cuál más atinada y propositiva, desde la lucha ideológica hasta las cuestiones en las que los comunistas debemos centrarnos, pasando por los frentes de combate y de masas en los que debemos estar presentes o por el lenguaje necesario en 2015 para conectar mejor con nuestra propia clase y serle útil. Una comunista dijo algo que parece de Perogrullo pero que un marxista no debe nunca olvidar: que que no nos dirigimos a los trabajadores porque somos parte de ellos.

Por último Enrique, otro de los camaradas del grupo promotor, y auténtico animador del mismo, enfrentó a la sala al desafío de arrancar algunos apuntes sobre cómo organizar todo lo que habíamos planteado.

Suscitó múltiples intervenciones, desde cómo abordar un desarrollo territorial del espacio hasta cómo plantear la comunicación de éste, pasando por la organización en función de la realidad de cada grupo de comunistas de dicho espacio.

Entre esas palabras, las de Nicolás García-Pedrajas nos sembraron de sentido común, de reflexión inteligente sobre las necesidades organizativas y de propuesta en positivo, algo que ustedes conocerán cuando la web del espacio de encuentro comunista les dé a conocer una versión más operativa y menos embargada aún por el emocionado subjetivismo, algo en lo que no debe caer un marxista –pero “errare humanum est”-, de lo que ha sido la convocatoria del 26-S, que lo que éste que escribe les está transmitiendo. Yo aún ando bajo el síndrome del encuentro.

El camarada Enrique dejó por delante la necesidad de un segundo encuentro, éste ya de organización que se plantease cómo avanzar para atender a los desafíos políticos, ideológicos, militantes y de lucha. Porque, y lo dejó claro, nuestro fin es ese, el de la acción política revolucionaria.

Por en medio quedó olvidado, aunque no ignorado, algún intento de determinado sector de trasladar a la sala los conflictos de su organización de origen, lo que no era otra cosa que una lectura de la convocatoria en clave interna por parte de un grupo concreto y una mala comprensión de lo que es el espacio de encuentro comunista. Pero ni a la gran mayoría de los asistentes, ni al espacio de encuentro comunista ni a los convocantes del mismo nos compete ni interesa lo más mínimo entrar en cuestiones ni en luchas partidarias ajenas. Cada palo debe aguantar su vela.  Nuestra tarea es la de elevar el nivel de los comunistas, no la de entrar en cuestiones espurias ni en mezquindades o enfrentamientos que tienen en realidad muy poco de políticas e ideológicas y que no nos aportan nada.

Para mí ha quedado clara una cuestión fundamental: he tardado muchos años en lograrlo pero, al fin, estoy con los míos. Con los que es posible abrir camino a las ideas en las que creo, con fraternidad, comprensión, voluntad de acuerdo y posibilidad de construir una nueva cultura de relación entre comunistas y una propuesta que nos devuelva al protagonismo en la pelea.

Al acabar el acto, varios militantes del espacio de encuentro comunista hablamos con militantes de diversos partidos comunistas que asistieron al acto. La respuesta fue siempre la misma: “un acierto”, “algo que tenemos que cuidar”, “una idea sobre la que seguir trabajando”, “un avance frente a lo que hemos conocido antes”, “la mejor reunión en años”… Contemplar los rostros de satisfacción de tantos comunistas que habían asistido a la convocatoria, aceptado el formato de la propuesta, mostrado su actitud positiva y respetuosa en sus intervenciones y que habían expresado su deseo de que el inicio tuviera continuidad, nos señaló el sentido del camino para posteriores desarrollos de la propuesta y para la búsqueda de fórmulas de incorporación a la misma a los asistentes con ganas de sumarse a la tarea. 

Ahora es cuando a este naciente espacio de encuentro comunista, en el que ya nos sentimos arropados tanto los que no tenemos carné como otros que lo tienen, tenemos por delante el auténtico desafío: organizarnos y ser capaces de identificar qué es lo que más le duele al capital y cómo conectamos con nuestra clase.

Pero, como decía Kipling, “esa es ya otra historia” y yo espero estar aquí para contársela

De lo tratado en profundidad de un modo más objetivo y menos vivencial van a tener noticias ustedes en muy breve tiempo. Pero yo quería hablarles hoy desde la piel, las sensaciones, el latir del encuentro y mi propia subjetividad; algo que no es muy marxista pero de lo que no debemos prescindir del todo porque atendiendo a Gohete, citado por Lenin, «la teoría es gris amigo mío, pero el árbol de la vida es eternamente verde».

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG: Por cierto, hay un malnacido que se hace llamar Pedro Sin Nombre que intenta echar mierda sobre el resultado de esta convocatoria desde una web de mierda y podemita durante meses llamada "Insurgente". En esa web de mierda mis artículos han sido censurados durante años pero ahora, ¡oh casualidad!, el tal "Perro" Sin Nombre introduce mi texto, con la cooperación de la vomitiva web, para soltar sus porquerías y mentiras sobre cómo se desarrolló el encuentro. Pregunten acerca del mismo a alguien más que haya estado en él, además de a este tipejo que es el muñeco útil de cierto grupúsculo político. Y pregunten hasta qué punto su intervención tuvo algo que ver con el resto de los asistentes a la asamblea. 

En definitiva, que tal y como se percibe en su texto y fue su comportamiento, absolutamente discordante con el ambiente general del encuentro, nuestras dudas están en si es un tarado de los que viven en dimensiones paralelas ajenas al resto del mundo, un intoxicador y provocador a sueldo de qué intereses o un alienígena del planeta Raticulín.

Ya le concedí demasiada importancia. La escoria no merece mayor atención, sea una web o un tipejo que "no tiene nombre", aunque otros nos presentásemos en el acto citado con el real (Óscar López), que no necesitamos esconder, y con el apodo.

24 de septiembre de 2015

“SEGURIDAD GLOBAL DEL AGUA” Y ALIMENTOS, SEGÚN ESTADOS UNIDOS

Alfredo Jalife-Rahme. La Jornada

El Departamento de Estado requirió una evaluación sobre la Seguridad global del agua a la comunidad de espionaje de Estados Unidos: ICA (por sus siglas en inglés), encabezada por la dupla DIA/CIA (https://goo.gl/MnNrch).

ICA se concentró en un número de países que son estratégicamente importantes para Estados Unidos y en temas transfronterizos en siete cuencas acuíferas en riesgo: Nilo, Tigris/Eufrates, Mekong, Jordán, Indus, Brahmaputra y Amu Darya (http://goo.gl/6MrckZ), que, coincidentemente, forman parte del aciago arco de la crisis de Zbigniew Brzezinski.

En su diagrama El agua del planeta (http://goo.gl/x6hxyE), ICA dramatiza la captura aplastantemente mayoritaria del sector agrícola tanto en el uso de agua fresca retirada (de consumo y no consumo) como en su uso de agua retirada por sector –respectivamente 68 y 93 por ciento– frente al minoritario uso doméstico/industrial y eléctrico, sumado a la evaporación de los depósitos.

ICA oculta la geopolítica del agua del siglo XXI (http://goo.gl/WPFeLs) y evalúa que en los próximos 10 años “varios países importantes para Estados Unidos experimentarán problemas acuíferos –escasez, calidad pobre o inundaciones– que amenazan la inestabilidad y los fracasos de los países e incrementan las tensiones regionales que los distraen de trabajar  con Estados Unidos en objetivos políticos importantes para Estados Unidos”, cuando los problemas del agua impedirán la habilidad de países clave para producir alimentos  y generar energía, constituyendo un riesgo a los mercados globales de alimentos y restringiendo su crecimiento económico.

Como resultado de las presiones demográficas y el desarrollo económico, el norte de África, Medio Oriente y el sur de Asia confrontarán los mayores desafíos  para lidiar con los problemas del agua.

A mi juicio, entre los BRICS, India es la más vulnerable, en tanto Brasil, Rusia y China son superpotencias hidráulicas.

ICA paraliza en forma perentoria la capacidad de desalinizar el agua por los países costeros afectados.

No es nada desdeñable la correlación que plantea en los países en vías de desarrollo entre el manejo del binomio agua/agricultura con su PIB.

Las oportunidades de liderazgo global de Estados Unidos son únicas –¡claro, sin contar California ni su expoliación de los ríos Bravo y Colorado!–, según ICA: el “conocimiento ( expertise) de Estados Unidos en el manejo del agua es ampliamente reconocido ”, por lo que el mundo en vías de desarrollo acudirá a Estados Unidos para encabezar a la comunidad (sic) global al desarrollo e implementación de políticas sanas para el manejo de los recursos de agua a nivel local/nacional/regional.

Juzga que existirá presión para que Estados Unidos se comprometa más a hacer del agua una prioridad global con el apoyo a proyectos de desarrollo mayores, incluyendo la ayuda financiera, mediante la “difusión satelital y otros datos sensibles remotos e instrumentos de modelo hidrológico que llevarán a que Estados Unidos apoye el desarrollo de acuerdos legales e institucionales que resuelvan las disputas del agua".

El beneficio de Estados Unidos provendrá de una incrementada demanda de exportaciones agrícolas conforme aumenta la escasez de agua en varias partes del mundo, que dependerán de mercados abiertos, en lugar de buscar acuerdos bilaterales tierra/arrendamiento en otros países para conseguir su seguridad alimentaria. ¡Ni más ni menos que el neoliberalismo global acuífero/agrícola!

Ahora entendemos los alcances del plan israelí de la fétida ley Korenfeld de Conagua (http://goo.gl/yFyEZY).

Un capítulo fundamental de la evaluación de ICA concierne a los riesgos a la agricultura y al crecimiento económico, cuando “en los próximos 10 años el agotamiento del abasto subterráneo en algunas áreas agrícolas –debido al pobre manejo– representará un riesgo al mercado alimentario tanto nacional como global”.

Resulta que numerosos países han sobrexplotado su agua subterránea para satisfacer su creciente demanda alimentaria, por lo que el agua subterránea agotada y degradada puede amenazar la seguridad alimentaria y, por ende, amenazar la disrupción social.

En el México neoliberal itamita hace mucho que fue enterrada la seguridad alimentaria (http://goo.gl/o3WHDL).

Por cierto, el tema de la pendiente reforma agrícola de México lo acabo de abordar en la Cámara de Diputados (https://goo.gl/PGJav9).

ICA cita una perogrullada: cuando el agua asequible para la agricultura es insuficiente, los trabajadores agrícolas pierden su empleo con menores cosechas para cultivar. Hoy 35 por ciento de la fuerza laboral global está empleada en la agricultura, con un alto porcentaje en varios países en vías de desarrollo donde la agricultura consume hasta 95 por ciento del uso total de agua, de acuerdo con la FAO.

Entre la laboricida automatización robótica y los drones, sumados al control tecno-agrícola, ¿cómo piensa Estados Unidos manejar tanto magno desempleo global, con su subsecuente disrupción social?

ICA juzga que varios avances en la producción agrícola se han debido al uso sin precedente de las finitas reservas subterráneas, cuando 99 por ciento del agua fresca asequible del planeta se encuentra en los acuíferos, de los que 2 mil millones de personas dependen del agua subterránea como su única fuente acuífera.

Otro problema radica en que la extracción de agua de los acuíferos excede la tasa de relleno, cuando ciertos sistemas subterráneos necesitan varios siglos para su reposición.

ICA calcula que el sobregiro anual total de los acuíferos en el mundo sean quizá el doble del flujo anual del río Nilo.

Según datos satelitales de la NASA, el agua es agotada más rápido en el norte de India que en otras zonas comparables del mundo.

En 2005, el Banco Mundial evaluó que la irrigación subterránea apoya en forma directa o indirecta 60 por ciento de la agricultura irrigada, y 15 por ciento de la producción alimentaria de India depende del uso insustentable de agua subterránea.

El enfoque de Estados Unidos es privatizador, con el manejo y las inversiones del agua mediante la tecnología que reduce la cantidad de agua necesitada para la agricultura.

A mi juicio, el golpe de Estados Unidos es doblemente letal: lidera la agricultura global y su utilización casi monopólica de la tecnología hidráulica.

El control de Estados Unidos sería total mediante una estructura integrada de manejo del recurso acuífero que evalúa el ecosistema entero y entonces usa la tecnología y la infraestructura para la utilización eficiente del agua, control de inundaciones, redistribución del agua y preservación de la calidad.

En forma perturbadora, ICA cita el aciago acuerdo entre Estados Unidos y México sobre los términos de reparto de agua de los ríos Colorado y Bravo y sus principales afluentes, que permite a Estados Unidos las contribuciones de los afluentes de los ríos mexicanos, sin el acceso de México a las contribuciones de los afluentes de los ríos de Estados Unidos.


No es ninguna novedad el entreguismo masoquista del “México neoliberal itamita”. ¿Tal sería su aplicación al resto del mundo?