SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
20 de septiembre de 2019
HAY ALGO QUE NO ES COMO TE CUENTAN
Por
Marat
Venía
a decir Marx que la burguesía es esa clase social que viste sus
intereses de clase como intereses colectivos o generales.
Vivimos
tiempos en los que frente a la realidad de una paulatina regresión
de las condiciones de trabajo y de vida de las clases trabajadoras al
pasado dickensiano del siglo XIX, los canales de transmisión del
discurso ideológico dominante y sus siervos nos machacan con un
“relato” -expresión tan del gusto de la izquierda y su hipócrita
moral progre destinado a construir un neolenguaje que pervierta los
hechos reales- paralelo que sirve para ocultar la realidad social.
Los
ejemplos de la cuidada elaboración de un programa de distracción
social son múltiples. Constituyen una muy bien elaborado simulacro
de “realidad” que aparenta cerrar toda posibilidad de disidencia
emancipadora desde una perspectiva de clase porque ésta queda
enterrada bajo un impresionante manto de otras “urgencias” y de
otras temáticas que el poder del capital, a través de sus creadores
y divulgadores del sentido y del discurso hegemónico, ha convertido
en asuntos de importancia pricipal.
Mientras
nos aterran con un Armagedón de terribles desgracias que acabarían
con una humanidad global que supuestamente es la causante del
terrible cambio climático, ocultan que es la necesidad de beneficio
del capitalismo el que destruye los pulmones arbóreos del mundo o
licúa los hielos hasta ayer perennes.
Mientras
nos presentan a heroínas de 12 años contra tan distópico futuro,
desde organismos internacionales exhortan a los gobiernos de las
naciones a actuar y los medios de desinformación apelan a la
conciencia ciudadana a cambiar sus comportamientos de consumo, las
estructuras de poder capitalista ocultan que es la necesidad de
acumulación del capital la causante de la destrucción de la
naturaleza y que las grandes corporaciones industriales ponderan cuál
es el nivel de degradación medioambiental aceptable y compatible con
un incremento sostenido del beneficio.
Mientras
los gobiernos del capital -todos aquellos que aceptan gobernar bajo
el sistema capitalista, sean del signo aparentemente diferenciado que
digan ser- adoptan, o aparentan adoptar, medidas de contención de la
contaminación y de la emisión de gases de efecto invernadero
-siempre sin poner en cuestión el interés económico de las clases
dominantes-, son las espaldas de la clase trabajadora las que
soportan la llamada transición ecológica. Los 100.000 artilugios
inventados de desplazamiento individual, la penalización y amenaza
de retirada de los coches viejos de los parques móviles nacionales,
los trabajadores de las plataformas de trabajo en bicicleta, que los
cínicos prefieren llamar “riders” para disimular el descenso a
los infiernos de sus condiciones de trabajo, la proliferación de
carriles bici, la amenaza de alza de impuesto a los carburantes que
intentó Macron, y que provocó la aparición de los chalecos
amarillos, son unas primeras señales de este regreso al proletariado
de los años 20 y 30 del pasado siglo pero ahora lo venden como
“cool” y “trendi”, esas expresiones pijas de los imbéciles.
Llamativamente, el nuevo ayuntamiento de derechas de Madrid se apunta
al carmenismo de los carriles bici. Quizá hayan comprendido muy bien
que los términos derecha e izquierda nada tienen que ver con las
categorías de clase explotadores y explotados, por mucho que tanto
ignorante voluntario o involuntario se empeñe en hacerlas
homologables.
Mientras
nos asustan con el envejecimiento de la población y la supuesta
insostenibilidad, no ya de las pensiones sino del conjunto de “su”
Estado del Bienestar, ocultan que el problema que nos presentan no es
de falta de ingresos del Estado, que es, por definición bajo el
capitalismo, capitalista, sino de la evidencia de que bajo el
capitalismo ningún gobierno del signo que sea asumirá el papel de
dejar de ser el consejo de administración de los intereses de la
burguesía ni le impondrá el sostenimiento de las pensiones y de las
formas de salario indirecto que conforman el ya sentenciado Estado
del Bienestar. Y es que como dice Alberto Garzón, sin ruborizarse:
“Sin
embargo, convendría recordar que todo Gobierno, independientemente
de su orientación ideológica, está sujeto a la dependencia
estructural del capital o, dicho de otra forma, todo Gobierno bajo el
capitalismo depende de que exista un beneficio esperado que estimule
la inversión”.
Y,
por si alguien se rompe las vestiduras ante tan sincera admisión del
papel mamporrero que cumple la izquierda respecto al capital,
conviene aclarar que lo dice en la web
de IU
Mientras
en España la opinión publicada por todo tipo de medios,
conservadores, fachas, progres y mediopensionistas, se empeñan en
poner a los políticos al pie de los caballos por su falta de respeto
a los electores y su despreocupación por los intereses del país -de
nuevo se reviste como intereses de todas la clases sociales los que
solo son de una clase-, se les escapa a los voceros del capital,
todos los medios, que la economía apenas se ve afectada por las
crisis políticas y que tiene su propia dinámica. Si la sociedad y
la economía belgas han sido capaces de sobrevivir hace ya algún
tiempo durante más de 500 días, la española puede hacerlo. Pero
generar ruido sobre la polítiquería ayuda a ocultar que se viene
una nueva fase la crisis capitalista y que, gobierne quien gobierne,
la cura de caballo que se aplicará de nuevo la pagará, como
siempre, la clase trabajadora.
Mientras
se nos presenta la nueva fase de la vieja crisis capitalista iniciada
en 1973 como una variante de la supuesta crisis financiera que nos
vendieron como explicación a sus causas en 2007, como un problema de
deuda o de como una consecuencia del enfrentamiento entre
proteccionistas (USA y Gran Bretaña) y librecambistas (UE) se está
ocultando que la causa real se encuentra en lo que primero fue una
crisis de sobreproducción y, enfrentada ésta durante los años que
sucedieron a 2007, desde la privatización de lo público y la
penetración del gran capital en los sectores antes ocupados por
autónomos y PYMEs, y posteriormente en una dificultad para la
realización del beneficio al no encontrar nuevos sectores de
producción en los que llevarlo a cabo. En este sentido creo muy
recomendable la lectura de dos
partes de un
mismo artículo de Rolando Astarita.
No
importa demasiado para los creadores de la ideología del capitalismo
que sus explicaciones sean falsas. Centrar en lo financiero la causa
de la crisis capitalista ayuda a ocultar que es en el mundo de la
producción, sea esta material (de productos) o inmaterial (de
servicios), donde se produce la explotación y la sobreexplotación
de la clase trabajadora, su empobrecimiento salarial creciente y la
causa de una caída del consumo que nos ha ido conduciendo a donde
estamos.
Mientras
tanto, y respetando los progres el orden burgués, sigan vendiéndonos
transversalidades inclusivas y el soniquete del “si se quiere, se
puede” (ya hemos visto en qué ha acabado la "ilusión democrática") y los pseuodocomunistas, anticomunistas en
su práctica política, la huida de la responsabilidad de organizar a
la clase en donde viven, planteándonos la defensa de monarquías
medievales orientales con ojiva nuclear o boliburguesías corruptas y
criminales contra su pueblo y, en concreto, contra los sectores
populares. Nos va a ir a todos de fábula y a esos impostores aún
mejor.
Para
terminar, creo haber expuesto varios ejemplos de falacias y lo que
ocultan. Les sugiero que continúen mediante sus comentarios otras
que ocultan la realidad actual de la lucha de clases, porque ésta
existe aunque sea la burguesa la que se emplea a fondo en ella, y de
la dominación capitalista.
1 de agosto de 2019
EL VÉRTIGO POLÍTICO DE UNOS PACTOS QUE NO FUERON
Por
Marat
"Quien
con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo.
Cuando miras largo tiempo al abismo, también éste mira dentro de
ti" (Friedrich Nietzsche. “Más allá del bien y del
mal”)
A
estas alturas explicar cómo fueron los juegos florales que
precedieron a las dos últimas sesiones fallidas de investidura del
candidato Sánchez o cuáles fueron los pasos que condujeron al doble
fiasco sería ocioso. Quienes hayan seguido el proceso ya tienen sus
propias configuraciones de los hechos en sus cabezas.
Me
parece mucho más interesante tratar de entender cuáles fueron las
motivaciones -frenos en realidad- que llevaron a los dos
protagonistas, Sánchez e Iglesias, principales del frustrado pacto
de investidura a hacerlo fracasar.
El
argumento aireado desde ciertos columnistas de la prensa de derechas
de que Iglesias podría merendarse cuando quisiera a Sánchez en un
gobierno de coalición, dada su supuesta mayor altura política, es
pintorescamente falaz, dado que el Presidente del gobierno tiene
siempre la potestad de nombrar y, sobre todo, de cesar ministros y
hasta vicepresidentes del mismo. Recuérdese el caso de Alfonso
Guerra y de su salida del gobierno González. Lo del menos sería la
argumentación de los motivos, dado que en política, algo que
debiera saberse, las decisiones preceden a las justificaciones.
En
cualquier caso, las crisis de gobierno para cambiar a miembros o
partes del ejecutivo son situaciones que los Presidentes de gobierno
prefieren no verse en la necesidad de afrontar, mucho más en una
situación como la que nos ocupa en la que la derecha y sus medios se
han ocupado de anunciar como de administración débil, dado los
apoyos que necesitaría para su constitución.
Tampoco
parece que el argumento sostenido por Podemos y su entorno,
“reconocido” por el propio Sánchez en noviembre de 2017 en el
programa “Salvados”, espolón de proa televisivo de as progresía,
de presiones por parte del IBEX (parece no haber otro capitalismo que
el que representan estas empresas cotizadas para los progres) para
que Podemos no entrase en el gobierno.
Es
obvio que el capital tratará siempre de potenciar las posibilidades
para formar gobierno a las opciones políticas que más le aseguren
la continuidad en la realización de sus beneficios y de poner
obstáculos a su logro por aquellos que puedan poner en peligro su
acumulación de capital. Pero éste, el de Podemos, no es el caso.
No
lo ha sido en el caso de la Comunidad de Castilla-La Mancha, no lo ha
sido en los gobiernos municipales de Barcelona o de Madrid. En el de
Madrid, la dedicación de la hasta hace muy poco socia de Podemos,
señora Carmena, a reducir el gasto, también sus partidas sociales y
a apoyar el pelotazo urbanístico del plan Chamartín no parecen
medidas que amenacen demasiado los intereses del capital.
Por
otro lado, la constante rebaja programática de Podemos desde su
constitución en marzo de de 2014 indica una constante e incansable
busca de la respetablidad burguesa dentro del supermercado de marcas
electorales.
Si
esto no fuera suficiente, el ejemplo del león griego (como le
denominó Pablo Iglesias en el cierre de la campaña de Syriza en
septiembre de 2015) Tsipras deja claro lo que cabe esperarse de la
denominada “izquierda alternativa”.
Podemos
es, como Iznogud, el califa en lugar del califa. Para entendernos la
socialdemocracia que viene a llenar el hueco dejado por el
social-liberalismo del PSOE, como la llamada izquierda radical
europea hace con respecto a los partidos socialistas. Esto, y no otra
cosa, es la izquierda de la izquierda. Y a estas alturas de la
historia ya debiera quedar claro cuál ha sido el papel histórico de
la socialdemocracia y su desfase actual respecto a un capitalismo que
ya no necesita pacto social alguno, que da por superada la etapa del
Estado del Bienestar y que en realidad es el que gobierna con títeres
interpuestos, sean estos del color asumido que sean.
Al
menos a Podemos, a pesar de la puesta en escena gritona e
hiperventilada de sus huestes (radicales de salón), cabe admitirle
una mayor dignidad que la de la Izquierda Unida de antes de Garzón y
con Garzón, muchos de cuyos miembros se autodenominan comunistas,
insultando a tan digna ideología, al igual que hacen los cabestros
de la extrema derecha cuando tildan de comunista a Podemos. Una
formación cuya autodenominación es la de “la izquierda” no es
otra cosa que socialdemocracia mal disfrazada que intenta legitimarse
desde el voto y su presencia en el circo parlamentario del Estado
burgués. A la altura del siglo XXI los intentos de justificar su
“parlamentaritis” (cretinismo parlamentario para Marx) con el
recurso a la presencia de los bolcheviques en la Duma rusa
prerevolucionaria indica que ni han aprendido las elecciones
posteriores de la historia en cuanto a la “utilidad” que dan las
lecciones a los comunistas y que ellos de tal no tienen nada.
Así
pues, el argumento de las presiones de la CEOE que dio Sánchez para
la no presencia de Podemos en un hipotético gobierno PSOE hace algo
más de año y medio suena a cuerno quemado y a anticipación de la
fase de disculpas cambiantes de estos meses para no integrarle en el
mismo.
En
realidad, los ataques mediáticos a Podemos y a Iglesias desde los
medios de la derecha y la extrema derecha no son tan diferentes a los
que le hacen al PSOE y a Sánchez, a pesar de que este partido y la
izquierda no son otra cosa que una de las patas de la legitimación
del orden político y económico de la burguesía y Sánchez un
cínico sin escrúpulos ni ideología pero con una autoconfianza
digna de mejor causa. Y es que para que la ficción de un pluralismo
real funcione es necesaria una apariencia de tensión sistémica
donde todo es consenso respecto al sistema de dominación del
capital, cuyo instrumento de legitimación es la democracia burguesa,
que cada vez se niega más a sí misma.
El
motivo por el que Sánchez y el PSOE han hecho todo lo posible para
evitar un auténtico gobierno de coalición no es otro que el de
cobrarse la pieza de Podemos y de su dirección, acabando con este
partido, al arrastrarle a unas nuevas elecciones generales.
Unas
elecciones generales que le pueden costar al PSOE y a su secretario
general la presidencia del gobierno, al desmovilizar a parte de su
electorado, harto del espectáculo de estos meses. Pero Sánchez,
animado por esa especie de Rasputín palaciego que es Iván Redondo,
ha visto la ocasión para que los votos perdidos primero por
Zapatero, un patético correveidile de las izquierdas, y después por
el fallecido Pérez Rubalcaba, y guarecidos en Podemos durante estos
años, vuelvan ahora a lo que en el pasado llamaban “la casa común
de la izquierda”, el PSOE. Podemos
ya cumplió su papel de guardar los votos del PSOE y ahora Sánchez
pasa a recogerlos....si le sale bien la operación.
Luego
habrá factores coadyuvantes y añadidos a la decisión de frustrar
el pacto de gobierno de coalición por la dirección “socialista”,
tales como el carácter errático e inestable de Iglesias o la imagen
que pueda contaminar a un gobierno el tener un socio en
descomposición política. Pero todos ellos son de orden menor y no
la razón principal de la teatralización del desencuentro desde el
PSOE.
Asistimos
a una lenta recuperación del bipartidismo, no por la confianza en
los dos grandes partidos (PP y PSOE) sino por la creciente decepción
que van generando los ya no tan nuevos partidos (C´s y Podemos). La
dirección del PSOE añora los viejos tiempos sino de las grandes
mayorías de González sí al menos la del último Zapatero y sabe
que la estabilidad la logrará en buena medida, aunque no en
exclusiva (vuelve a a amenazar una nueva fase de la ya eterna crisis
capitalista en el horizonte, lo que acabará con cualquier veleidad
de incremento del gasto público) mediante mayoría absoluta o
suficiente para gobernar cómodamente. Es la hora de que los votos
del PSOE, guardados durante estos últimos 5 años en Podemos vuelvan
a casa. E Iglesias también lo sabe.
Desde
la actuación de Podemos la razón principal del fracaso de las
negociaciones ha estado en la tensión entre la necesidad de ocupar
“poder” para parar la hemorragia en sus filas y retener el máximo
posible del voto que se le escapa como arena entre los dedos, por un
lado, y por el otro, la intuición de Iglesias de que por mucho
ministerio social que lograse, con contenido o sin él, la podadora
de Bruselas iba a recortar el gasto al máximo -y sin él no el no
hay política social ni reversión de anteriores recortes que valgan-
y los pocos éxitos que el gobierno pudiese materializar los iba a
capitalizar Sánchez y el PSOE y no el coletas ni Podemos, pues el
primero sería el Presidente (él concentra la valoración de una
administración) y el PSOE, por conformar la mayoría de los
ministerios.
Como
la Penélope de la Odisea, que deshacía por la noche lo que tejía
por el día, el Podemos negociador, favorable al pacto y hasta
contemporizador, mostrándose flexible y haciendo concesiones una
detrás de otra (el sacrificio del Mesías redimiendo a los suyos)
era saboteada por poner la entrada en el gobierno muy por delante del
acuerdo programático, las exigencias en público de ministerios
concretos, la demostración ante su auditorio de la desconfianza en
el candidato a socio y la actitud de vigía receloso que exhibe sus
exigencias como modo de control al gobierno, papel que le está
encomendada a la oposición en una sistema de democracia formal.
Ingenuo
papel este último pues no hay mayor vigilante sobre el gobierno, sea
monocolor o compuesto, que el poder fáctico del capital, de sus
medios de opinión, de las instancias judiciales del Estado y de los
poderes en la sombra de los altos estamentos del funcionariado.
La
realidad es que Iglesias temía que, al asumir Podemos sus parcelas
de gobernabilidad adquiriese también la factura del coste social de
carecer de autonomía de lo político para llevar a cabo políticas
sociales con presupuesto real y suficiente en un país
semiintervenido en lo económico desde las altas instancias de la UE
y del capital.
Como
el asno de Buridán que muere por inanición al no saber elegir
entre un montón de avena y un cubo de agua (la versión dominante
habla de dos montones de heno), Iglesias (el “negociador”
Echenique fue solo su brazo tonto o chico de los recados, lo que ha
sido siempre) entró en catatonía y finalmente implosionó en un
fracaso de unas negociaciones (ahora sigue atrapado en el bucle del
gobierno de coalición sin encontrar la puerta de salida) que el
tahúr Sánchez jamás se planteó llevar a buen puerto, pues solo
ganaba tiempo para agotar los plazos y convocar nuevas elecciones,
que ya veremos si no son un fiasco, no solo para Podemos sino también
para el PSOE y el propio Sánchez.
En
realidad, ninguno de los dos actores, Sánchez e Iglesias, cada uno
por distinto motivo, tenía intención real de un pacto de coalición
de gobierno pero, como son malos actores y abusaron de la
sobreexposición de su teatro de vodevil, se les notó demasiado, lo
que ha acabado con la paciencia de un tipo de votante que oscila
entre el cinismo y la penosa ingenuidad de creerse que hay
diferencias reales entre los gobiernos de derecha y de izquierda,
máxime en tiempos de crisis capitalista, en la que el gasto es
absolutamente antagónico con el beneficio y la elevación de la tasa
de ganancia.
Otras
consideraciones de carácter más psicológico, como la mala sintonía
entre los dos machos alfa, la desconfianza mutua, la torpeza de los
negociadores y otros “relatos” queden para los Peñafieles de la
opinión publicada y el chascarrillo fácil.
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