SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
21 de abril de 2016
ILUSIONES PROGRESISTAS DEVORADAS POR LA CRISIS
Jorge
Beinstein. Agencia APU
La
coyuntura global está marcada por una crisis deflacionaria
motorizada por las grandes potencias. La caída de los precios de las
commodities, cuyo aspecto más llamativo fue desde mediados del 2014
la de las cotizaciones del petróleo, descubre el desinfle de la
demanda internacional mientras tanto se estanca la ola financiera,
muleta estratégica del sistema durante las últimas cuatro décadas.
La crisis de la financierización de la economía mundial va
ingresando de manera zigzageante en un zona de depresión, las
principales economías capitalistas tradicionales crecen poco o
nada[1] y China se desacelera rápidamente. Frente a ello Occidente
despliega su último recurso: el aparato de intervención militar
integrando componentes armadas profesionales y mercenarias,
mediáticas y mafiosas articuladas como “Guerra de Cuarta
Generación” destinada a destruir sociedades periféricas para
convertirlas en zonas de saqueos. Es la radicalización de un
fenómeno de larga duración de decadencia sistémica donde el
parasitismo financiero y militar se fue convirtiendo en el centro
hegemónico de Occidente.
No
presenciamos la “recomposición”
política-económica-militar del sistema como lo fue la reconversión
keynesiana (militarizada) de los años 1940 y 1950 sino su
degradación general. La mutación parasitaria del capitalismo lo
convierte en un sistema de destrucción de fuerzas productivas, del
medio ambiente, y de estructuras institucionales donde las viejas
burguesías se van transformando en círculos de bandidos, novedoso
encumbramiento planetario de lumpenburguesías centrales y
periféricas.
La
declinación del progresismo
Inmersa
en este mundo se despliega la coyuntura latinoamericana donde
convergen dos hechos notables: la declinación de las experiencias
progresistas y la prolongada degradación del neoliberalismo que las
precedió y las acompaño desde países que no entraron en esa
corriente de la que ahora ese neoliberalismo degradado aparece como
el sucesor.
Los
progresismos latinoamericanos se instalaron sobre la base de los
desgastes y en ciertos casos de las crisis de los regímenes
neoliberales y cuando llegaron al gobierno los buenos precios
internacionales de las materias primas sumados a políticas de
expansión de los mercado internos les permitieron recomponer la
gobernabilidad.
El
ascenso progresista se apoyó en dos impotencias; la de la derechas
que no podían asegurar la gobernabilidad, colapsadas en algunos
casos (Bolivia en 2005, Argentina en 2001-2002, Ecuador en 2006,
Venezuela en 1998) o sumamente deterioradas en otros (Brasil,
Uruguay, Paraguay) y la impotencia de las bases populares que
derrocaron gobiernos, desgastaron regímenes pero que incluso en los
procesos más radicalizados no pudieron imponer revoluciones,
transformaciones que fueran más allá de la reproducción de las
estructuras de dominación existentes.
En
los casos de Bolivia y Venezuela los discursos revolucionarios
acompañaron prácticas reformistas plagadas de contradicciones, se
anunciaban grandes transformaciones pero las iniciativas se
embrollaban en infinitas idas y venidas, amagos, desaceleraciones
“realistas” y otras astucias que expresaban el temor
profundo a saltar las vallas del capitalismo. Ello no solo posibilitó
la recomposición de las derechas sino también la proliferación a
nivel estatal de podredumbres de todo tipo, grandes corrupciones y
pequeñas corruptelas.
Venezuela
aparece como el caso más evidente de mezcla de discursos
revolucionarios, desorden operativo, transformaciones a medio camino
y autobloqueos ideológicos conservadores. No se consiguió encaminar
la transición revolucionaria proclamada (más bien todo lo
contrario) aunque si se logró caotizar el funcionamiento de un
capitalismo estigmatizado pero de pié, obviamente los Estados Unidos
promueven y aprovechan esa situación para avanzar en su estrategia
de reconquista del país. El resultado es una recesión cada vez más
grave, una inflación descontrolada, importaciones fraudulentas
masivas que agravan la escasez de productos y la evasión de divisas
que marcan a una economía en crisis aguda[2].
En
Brasil el zigzagueo entre un neolioberalismo “social” y un
keynesianismo light casi irreconocible fue reduciendo el espacio de
poder de un progresismo que desbordaba fanfarronería “realista”
(incluida su astuta aceptación de la hegemonía de los grupos
económicos dominantes). La dependencia de las exportaciones de
commodities y el sometimiento a un sistema financiero local
transnacionalizado terminaron por bloquear la expansión económica,
finalmente la combinación de la caída de los precios
internacionales de las materias primas y la exacerbación del pillaje
financiero precipitaron una recesión que fue generando una crisis
política sobre la que empezaron a cabalgar los promotores de un
“golpe blando” ejecutado por la derecha local y
monitoreado por los Estados Unidos.
En
Argentina el “golpe blando” se produjo protegido por una
máscara electoral forjada por una manipulación mediática
desmesurada, el progresismo kirchnerista en su última etapa había
conseguido evitar la recesión aunque con un crecimiento económico
anémico sostenido por un fomento del mercado interno respetuoso del
poder económico. También fue respetada la mafia judicial que junto
a la mafia mediática lo acosaron hasta desplazarlo políticamente en
medio de una ola de histeria reaccionaria de las clases altas y del
grueso de las clases medias.
En
Bolivia Evo Morales sufrió su primera derrota política
significativa en el referéndum sobre reelección presidencial, su
llegada al gobierno marcó el ascenso de las bases sociales
sumergidas por el viejo sistema racista colonial. Pero la mezcla
híbrida de proclamas antiimperialistas, postcapitalistas e
indigenistas con la persistencia del modelo minero-extractivista de
deterioro ambiental y de comunidades rurales y del burocratismo
estatal generador de corrupción y autoritarismo terminaron por
diluir el discurso del “socialismo comunitario”. Quedó así
abierto el espacio para la recomposición de las elites económicas y
la movilización revanchista de las clases altas y su séquito de
clases medias penetrando en un vasto abanico social desconcertado.
Ahora
las derechas latinoamericanas van ocupando las posiciones perdidas y
consolidan las preservadas, pero ya no son aquellas viejas camarillas
neoliberales optimistas de los años 1990, han ido mutando a través
de un complejo proceso económico, social y cultural que las ha
convertido en componentes de lumpenburguesías nihilistas embarcadas
en la ola global del capitalismo parasitario.
Grupos
industriales o de agrobusiness fueron combinando sus inversiones
tradicionales con otras más rentables pero también más volátiles:
aventuras especulativas, negocios ilegales de todo tipo (desde el
narco hasta operaciones inmobiliarias opacas pasando por fraudes
comerciales y fiscales y otros emprendimientos turbios) convergiendo
con “inversiones” saqueadoras provenientes del exterior
como la megaminería o las rapiñas financieras.
Dicha
mutación tiene lejanos antecedentes locales y globales, variantes
nacionales y dinámicas específicas, pero todas tienden hacia una
configuración basada en el predominio de élites económicas
sesgadas por la “cultura financiera-depredadora”
(cortoplacismo, desarraigo territorial, eliminación de fronteras
entre legalidad e ilegalidad, manipulación de redes de negocios con
una visión más próxima al videojuego que a la gestión productiva
y otras características propias del globalismo mafioso) que disponen
del control mediático como instrumento esencial de dominación
rodeándose de satélites políticos, judiciales, sindicales,
policiales-militares, etc.
¿Restauraciones
conservadoras o instauraciones de neofascismos coloniales?
Por
lo general el progresismo califica a sus derrotas o amenazas de
derrotas como victorias o peligros de regreso del pasado neoliberal,
también suele utilizarse el término “restauración
conservadora”, pero ocurre que esos fenómenos son sumamente
innovadores, tienen muy poco de “conservadores”. Cuando
evaluamos a personajes como Aecio Neves, Maurico Macri o Henrique
Capriles no encontramos a jefes autoritarios de élites oligárquicas
estables sino a personajes completamente inescrupulosos, sumamente
ignorantes de las tradiciones burguesas de sus países (incluso en
ciertos casos con miradas despreciativas hacia las mismas), aparecen
como una suerte de mafiosos entre primitivos y posmodernos
encabezando políticamente a grupos de negocios cuya norma principal
es la de no respetar ninguna norma (en la medida de lo posible).
Otro
aspecto importante de la coyuntura es el de la irrupción de
movilizaciones ultra-reaccionarias de gran dimensión donde las
clases medias ocupan un lugar central. Los gobiernos progresistas
suponían que la bonanza económica facilitaría la captura política
de esos sectores sociales pero ocurrió lo contrario: las capas
medias se derechizaban mientras ascendían económicamente, miraban
con desprecio a los de abajo y asumían como propios los delirios
neofascistas de los de arriba. El fenómeno sincroniza con tendencias
neofascistas ascendentes en Occidente, desde Ucrania hasta los
Estados Unidos pasando por Alemania, Francia, Hungría, etc.,
expresión cultural del neoliberalismo decadente, pesimista, de un
capitalismo nihilista ingresando en su etapa de reproducción
ampliada negativa donde el apartheid aparece como la tabla de
salvación.
Pero
este neofascismo latinoamericano incluye también la reaparición de
viejas raíces racistas y segregacionistas que habían quedado
tapadas por las crisis de gobernabilidad de los gobiernos
neoliberales, la irrupción de protestas populares y las primaveras
progresistas. Sobrevivieron a la tempestad y en varios casos
resurgieron incluso antes del comienzo de la declinación del
progresismo como en Argentina el egoísmo social de la época de
Menem o el gorilismo racista anterior, en Bolivia el desprecio al
indio y en casi todos los casos recuperando restos del anticomunismo
de la época de la Guerra Fría. Supervivencias del pasado,
latencias siniestras ahora mezcladas con las nuevas modas.
Una
observación importante es que el fenómeno asume características de
tipo “contrarrevolucionario”, apuntando hacia una política
de tierra arrasada, de extirpación del enemigo progresista, es lo
que se ve actualmente en Argentina o lo que promete la derecha en
Venezuela o Brasil, la blandura del contrincante, sus miedos y
vacilaciones excitan la ferocidad reaccionaria. Refiriéndose a la
victoria del fascismo en Italia Ignazio Silone la definía como una
contrarrevolución que había operado de manera preventiva contra una
amenaza revolucionaria inexistente[3]. Esa no existencia real de
amenaza o de proceso revolucionario en marcha, de avalancha popular
contra estructuras decisivas del sistema desmoronándose o quebradas,
envalentona (otorga sensación de impunidad) a las élites y su base
social.
La
marea contrarrevolucionaria es uno de los resultados posibles de la
descomposición del sistema imponiendo de manera exitosa en algunos
casos del pasado proyectos de recomposición elitista, en el caso
latinoamericano expresa descomposición capitalista sin recomposición
a la vista.
Si
el progresismo fue la superación fracasada del fracaso neoliberal,
este neofascismo subdesarrollado exacerba ambos fracasos inaugurando
una era de duración incierta de contracción económica y
desintegración social. Basta ver lo ocurrido en Argentina con la
llegada de Macri a la presidencia: en unas pocas semanas el país
pasó de un crecimiento débil a una recesión que se va agravando
rápidamente producto de un gigantesco pillaje, no es difícil
imaginar lo que puede ocurrir en Brasil o en Venezuela que ya están
en recesión si la derecha conquista el poder político.
La
caída de los precios de las commodities y su creciente volatilidad,
que la prolongación de la crisis global seguramente agravará, han
sido causas importantes del fracaso progresista y aparecen como
bloqueos irreversibles de los proyectos de reconversión
elitista-exportadora medianamente estables. Las victorias derechistas
tienden a instaurar economías funcionando a baja intensidad, con
mercados internos contraídos e inestables, eso significa que la
supervivencia de esos sistemas de poder dependerá de factores que
las mafias gobernantes pretenderán controlar. En primer término el
descontento de la mayor parte de la población aplicando dosis
variables de represión, legal e ilegal, embrutecimiento mediático,
corrupción de dirigentes y degradación moral de las clases bajas.
Se trata de instrumentos que la propia crisis y la combatividad
popular pueden inutilizar, en ese caso el fantasma de la revuelta
social puede convertirse en amenaza real.
La
estrategia imperial
Los
Estados Unidos desarrollan una estrategia de reconquista de América
Latina aplicándola de manera sistemática y flexible. El golpe
blando en Honduras fue el puntapié inicial al que le siguió el
golpe en Paraguay y un conjunto de acciones desestabilizadoras,
algunas muy agresivas, de variado éxito que fueron avanzando al
ritmo de las urgencias imperiales y del desgaste de los gobiernos
progresistas. En varios casos las agresiones más o menos abiertas o
intensas se combinaron con buenos modales que intentaban vencer sin
violencias militar o económica o sumando dosis menores de las mismas
con operaciones domesticadoras. Donde no funcionaba eficazmente la
agresión empezó a ser practicado el ablande moral, se implementaron
paquetes persuasivos de configuración variable combinando
penetración, cooptación, presión, premios y otras formas
retorcidas de ataque psicológico-político.
El
resultado de ese despliegue complejo es una situación paradójica:
mientras los Estados Unidos retroceden a nivel global en términos
económicos y geopolíticos, van reconquistando paso a paso su patio
trasero latinoamericano. La caída de Argentina ha sido para el
Imperio una victoria de gran importancia trabajada durante mucho
tiempo a lo que es necesario agregar tres maniobras decisivas de su
juego regional: el sometimiento de Brasil, el fin del gobierno
chavista en Venezuela y la rendición negociada de la insurgencia
colombiana. Cada uno de estos objetivos tiene un significado
especial:
La
victoria imperialista en Brasil cambiaría dramáticamente el
escenario regional y produciría un impacto negativo de gran
envergadura al bloque BRICS afectando a sus dos enemigos estratégicos
globales: China y Rusia. La victoria en Venezuela no solo le
otorgaría el control del 20 % de las reservas petrolíferas del
planeta (la mayor reserva mundial) sino que tendría un efecto dominó
sobre otros gobiernos de la región como los de Bolivia, Ecuador y
Nicaragua y perjudicaría a Cuba sobre la que los Estados Unidos
están desplegando una suerte de abrazo de oso.
Finalmente
la extinción de la insurgencia colombiana además de despejar el
principal obstáculo al saqueo de ese país le dejaría las manos
libres a sus fuerzas armadas para eventuales intervenciones en
Venezuela. Desde el punto de vista estratégico regional el fin de la
guerrilla colombiana sacaría del escenario a una poderosa fuerza
combatiente que podría llegar a operar como un mega-multiplicador de
insurgencias en una región en crisis donde la generalización de
gobiernos mafioso-derechistas agravará la descomposición de sus
sociedades. Se trata tal vez de la mayor amenaza estratégica a la
dominación imperial, de un enorme peligro revolucionario
continental, es precisamente esa dimensión latinoamericana del tema
lo que ocultan los medios de comunicación dominantes.
Decadencia
sistémica y perspectivas populares
Más
allá de la curiosa paradoja de un imperio decadente reconquistando
su retaguardia territorial, desde el punto de vista de la coyuntura
global, de la decadencia sistémica del capitalismo, la
generalización de gobiernos pro-norteamericanos en América Latina
puede ser interpretada superficialmente como una gran victoria
geopolítica de los Estados Unidos aunque si profundizamos el
análisis e introducimos por ejemplo el tema del agravamiento de la
crisis impulsada por esos gobiernos tenderíamos a interpretar al
fenómeno como expresión específica regional de la decadencia del
sistema global.
El
alejamiento del estorbo progresista puede llegar a generar problemas
mayores a la dominación imperial, si bien las inclusiones sociales y
los cambios económicos realizados por el progresismo fueron
insuficientes, embrollados, estuvieron impregnados de limitaciones
burguesas y si su autonomía en materia de política internacional
tuvo una audacia restringida; lo cierto es que su recorrido ha dejado
huellas, experiencias sociales , dignificaciones (suprimidas por la
derecha) que serán muy difícil extirpar y que en consecuencia
pueden llegar a convertirse en aportes significativos a futuros (y no
tan lejanos) desbordes populares radicalizados.
La
ilusión progresista de humanización del sistema, de realización de
reformas “sensatas” dentro de los marcos institucionales
existentes, puede pasar de la decepción inicial a una reflexión
social profunda, crítica de la institucionalidad mafiosa, de la
opresión mediática y de los grupos de negocios parasitarios. Ello
incluye a la farsa democrática que los legitima. En ese caso la
molestia progresista podría convertirse tarde o temprano en huracán
revolucionario no porque el progresismo como tal evolucione hacia la
radicalidad anti-sistema sino porque emergería una cultura popular
superadora, desarrollada en la pelea contra regímenes condenados a
degradarse cada vez más.
En
ese sentido podríamos entender uno de los significados de la
revolución cubana, que luego se extendió como ola anticapitalista
en América Latina, como superación crítica de los reformismos
nacionalistas democratizantes fracasados (como el varguismo en
Brasil, el nacionalismo revolucionario en Bolivia, el primer
peronismo en Argentina o el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala).
La memoria popular no puede ser extirpada, puede llegar a hundirse en
una suerte de clandestinidad cultural, en una latencia subterránea
digerida misteriosamente, pensada por los de abajo, subestimada por
los de arriba, para reaparecer como presente, cuando las
circunstancias lo requieran, renovada, implacable.
NOTAS
[1]
Si consideramos el último lustro (2010-2014) el crecimiento promedio
real de la economía de Japón ha sido del orden del 1,5 %, la de
Estados Unidos 2,2 % y la de Alemania 2 % (Fuente: Banco Mundial).
[2]
Un buen ejemplo es el de la “importación” de fármacos donde
empresas multinacionales como Pfizer, Merck y P&G hacen fabulosos
negocios ilegales ante un gobierno “socialista” que les
suministra dólares a precios preferenciales. Con un juego de
sobrefacturaciones, sobreprecios e importaciones inexistentes las
empresas farmacéuticas habían importado en 2003 unas 222 mil
toneladas de productos por los que pagaron 434 millones de dólares
(unos 2 mil dólares por tonelada), en 2010 las importaciones bajaron
a 56 mil toneladas y se pagaron 3410 millones de dólares (60 mil
dólares la tonelada) y en 2014 las importaciones descendieron aún
más a 28 mil toneladas y se pagaron 2400 millones de dólares (un
poco menos de 87 mil dólares la tonelada). Como bien lo señala
Manuel Sutherland de cuyo estudio extraigo esa información: “lejos
de plantearse la creación de una gran empresa estatal de producción
de fármacos, el gobierno prefiere darles divisas preferenciales a
importadores fraudulentos, o confiar en burócratas que realizan
importaciones bajo la mayor opacidad”. Manuel Sutherland,
“2016: La peor de las crisis económicas, causas, medidas y
crónica de una ruina anunciada”, CIFO, Caracas 2016.
[3]
Ignazio Silone, “L'École des dictateurs”, Collection Du
monde entier, Gallimard, París 1964.
19 de abril de 2016
LOS PARAÍSOS FINANCIEROS Y LA CORRUPCIÓN
Alejandro
Teitelbaum. Alainet
Fragmentos
de mi libro La armadura del capitalismo. El poder de las
sociedades transnacionales en el mundo contemporáneo. Editorial
Icaria, España, 2010).
I
.En pocos años los productos financieros derivados (futuros,
opciones, forwards, swaps, etc.) con fines especulativos o
supuestamente destinados a cubrir riesgos se multiplicaron
exponencialmente y su monto de hizo astronómico y totalmente
despegado de la economía real[1]. Todos esos productos financieros
circulan, en los hechos, como moneda, de manera que el papel de la
moneda de representar los valores creados en el proceso de producción
se ha distorsionado totalmente, pues la relación entre los valores
reales creados en el proceso productivo y los ficticios que circulan
en el mercado financiero es del orden de entre 10 a 1 y 20 a 1,
según diferentes estimaciones.
Existe
una sensación de euforia económica y circulan slogans tales como
“¿qué espera para hacerse rico?”, hasta que,
inevitablemente, estalla la crisis.
Es
en ese marco que se producen las crisis financieras, como la que
comenzó en 2007 y estalló a escala planetaria en 2008, que son
diferentes de las crisis cíclicas clásicas del capitalismo en las
que, después de un período más o menos largo de crecimiento
económico, la producción sobrepasa las posibilidades del mercado
(sobreproducción).
Esta
modalidad especial de crisis específicamente financieras, no son
crisis de sobreproducción pero producen graves “efectos
colaterales” sobre la industria y el comercio.
Estas
crisis tienen como centro de gravitación el capital-dinero y que,
por tanto, se mueven dentro de la órbita de los Bancos, de la Bolsa
y de las finanzas. Aunque las consecuencias son similares: las
empresas quiebran, los despidos se generalizan, aumenta la
desocupación y se acentúa la concentración monopolista hasta que
le economía se recompone sobre los escombros de la crisis que deja
un tendal de víctimas entre los trabajadores y los empresarios.
Los
actuales choques financieros, dice Chesnais (1) son el resultado de
una configuración específica del capitalismo en su etapa actual. No
es el resultado, como en las crisis capitalistas “clásicas”
hasta mediados del siglo XX, de una caída brutal de la producción
y del comercio.
Se
estaría en presencia -sigue diciendo Chesnais- de una interacción
particular entre la esfera de la producción y la esfera de las
finanzas. Por un lado existe una disminución regular y durante un
largo período de la tasa de crecimiento en los países más
industrializados, que se puede describir como una sobreproducción
crónica que los grandes grupos oligopólicos logran por lo general
controlar con medidas en la esfera de la producción e
hipertrofiando la esfera financiera.
Dicho
de otra manera: si la producción no aumenta a un ritmo elevado y el
desempleo aumenta, la tasa de ganancia que obtienen los capitalistas
en la esfera de la producción tiende a estancarse o a disminuir y si
la gente se empobrece (desocupación y salarios congelados) consume
menos, es decir que el mercado, donde los capitalistas realizan el
beneficio, se achica.
La
“solución” capitalista a estos dos problemas (descenso de
la tasa de ganancia y amenaza de crisis de sobreproducción por
achicamiento del mercado consumidor) consiste en la hipertrofia y
desregulación del sistema financiero que les permite, por un lado,
despojar a los trabajadores y a los pequeños ahorradores en la
esfera financiera compensando así el descenso de la tasa de ganancia
en la esfera productiva y, por otro lado, expandir enormemente el
crédito a fin de crear un poder adquisitivo artificial en las clases
más modestas que viven endeudadas y se endeudan cada vez más.
Hasta
que no pueden responder por sus deudas y en ese momento las
“soluciones” capitalistas a las contradicciones
inherentes al sistema dejan de funcionar y se producen las crisis
financieras, porque el sistema real, es decir la esfera de la
producción y del intercambio y su contradicción fundamental (la
apropiación privada en forma de plusvalía que se interpone entre la
producción social y el consumo social) resurge: se acaba el
espejismo de la prosperidad y los pobres están más pobres que
antes.
El
2 de abril de 2009 se reunió en Londres el Grupo de los Veinte con
el objetivo proclamado de aportar soluciones para superar la crisis
pero en realidad con el doble propósito de distraer a la opinión
pública mundial con un show demagógico titulado “moralizar
al capitalismo” y ponerse de acuerdo sobre algunas medidas
destinadas a preservar al sistema y, dentro de él, la hegemonía
del capital financiero parasitario.
La
“moralización del capitalismo” consiste en los hechos en
señalar a la vindicta pública algunas ovejas negras demasiado
notorias, como Madoff y a algunos dirigentes de grandes empresas
transnacionales que perciben emolumentos desmesurados (en realidad
una gota de agua en el océano de las ganancias del gran capital) y
responsabilizarlos de todas las lacras y abusos inherentes al
sistema.
Y
relanzar la gran farsa del supuesto control de los paraísos
financieros.
El
resultado más concreto de la reunión de abril de 2009 del G20 fue
el billón 100.000 millones atribuidos al FMI, destinados a
apuntalar descalabros financieros locales que podrían propagar un
nuevo caos financiero a todo el planeta. Lo demás es puro
gatopardismo (cambiar algo para que todo siga igual). Por ejemplo se
mantuvo y se reforzó el papel del FMI y del Banco Mundial,
instrumentos de las grandes potencias y del poder económico
transnacional.
En
cuanto al control de los paraísos financieros, la famosa “lista
negra“ (ahora de diferentes tonalidades) de paraísos fiscales
fue elaborada por la OCDE hace diez años y no sirvió para nada. La
razón es muy simple: buena parte de los paraísos fiscales (que no
figuran en las listas) están en territorio de las grandes potencias
o controlados por éstas: la City de Londres, la isla de Jersey, la
isla de Man, el Estado de Delaware en Estados Unidos, Mónaco, Macao,
Hong Kong, las islas Caimán, etc., etc. Y quienes se sirven de los
paraísos fiscales son las grandes empresas transnacionales, los
grandes bancos y sus clientes y los grupos financieros, que son
intocados e intocables. Además, la “lista negra” o
“gris” es como una puerta giratoria. Así como se entra se
sale. Pero el G20 incluso dejó para más adelante el tema de las
sanciones a los paraísos fiscales.
Según
un autor, el profesor Michael Krätke [2], se estima que los más
ricos tienen alrededor de un 30% de su patrimonio colocado en plazas
financieras offshore. Más de un quinto (23%) de todos los depósitos
bancarios del mundo se halla en los paraísos fiscales, al menos 3
billones de dólares según cálculos conservadores. Casi el 50% de
las transacciones financieras transfronterizas mundiales pasan por
ellos. Dice Krätke que de acuerdo con los cautelosos análisis del
Tax Justice Network, los capitales disimulados en los paraísos
fiscales evaden impuestos por un monto de entre 250 y 300 mil
millones de dólares cada año.
Es
una buena parte del dinero que falta para reactivar la economía,
aumentar el poder de compra de los más pobres y en general para
mejorar la situación de las 3000 millones de personas que viven en
el mundo con menos de 2,5 dólares por día.
Como
señaló recientemente Eva Joly, más que controlar a los paraísos
fiscales habría que controlar directamente las finanzas de las
grandes empresas, los grupos financieros y los bancos que los
utilizan.
Eva
Joly, que fue hasta 2002 jueza de instrucción en Francia a cargo de
la investigación de grandes “affaires” y renunció a
causa de las presiones políticas que recibió destinadas a trabar su
acción, escribió: “...yo pensaba que estábamos ante una
criminalidad superficial, marginal, accidental, una especie de falta
de moral individual. Hoy tengo la certidumbre de que la criminalidad
financiera está incrustada en la economía y que ensombrece nuestro
porvenir” (nuestro el subrayado) [3].
El
G20 prometió la ayuda de los organismos financieros internacionales
para renovar la deuda, no para abolirla, se olvidó del calamitoso
cambio climático y de las políticas agrícolas, pese a que la
crisis alimentaria mundial recomienza después de una muy corta
pausa.
En
el G20 se habló de inyectar 5 billones de dólares en la economía
mundial, lo que implica, como con el plan Obama, fabricar dinero
desmesuradamente.
El
17 de junio de 2009 Obama anunció las modalidades de un plan de
regulación del mercado financiero, frente al cual la prensa
especializada como The Economist y el Financial
Times se mostraron escépticos. Ya la ley Corporate
Auditing Accountability aprobada en 2002 demostró en los
hechos ser totalmente ineficaz. En el plan de Obama la Reserva
Federal (FED) será directamente responsable de los grandes Bancos
denominados “too big to fail” (demasiado grandes para que
quiebren). Es decir la FED (formada por lo grandes Bancos) se
controlará a sí misma y en su propio beneficio.
Sumando
el plan Obama de marzo y los precedentes de Obama y de Bush de
salvataje del capital financiero se han puesto en juego –por lo
menos- dos billones de dólares.
El
plan Obama y las decisiones del G20 permiten prever una
profundización de la crisis económica y/o su repetición cada vez
más frecuente y la probabilidad de una fuerte inflación con
recesión (stagflación), con las graves consecuencias sociales
que ya se conocen.
II.
La corrupción es un fenómeno mundial, en el que las grandes
sociedades transnacionales ocupan un lugar importante como
corruptores activos. La corrupción es un delito que requiere dos
autores: el que corrompe (corrupción activa) y el que se deja
corromper (corrupción pasiva).Tiene graves consecuencias económicas
y sociales y es un justo motivo de preocupación para quienes se
interesan por una gestión honesta de la administración de los
Estados y porque haya un control democrático de dicha gestión.
Hay
formas de corrupción que no se contemplan en las definiciones
habituales ni se tratan en las conferencias internacionales, que
también distorsionan gravemente el funcionamiento de las
instituciones democráticas en la adopción de decisiones de política
económica y social, como son (tanto en los países pobres como en
los países ricos) el financiamiento abierto o encubierto de los
partidos políticos, de ONGs, de medios de comunicación de masas,
etc.
La
promoción de la lucha contra la corrupción no es siempre inocente y
a veces obedece también a intereses particulares bien definidos.
En
la lucha sin cuartel por los mercados nacionales e internacionales
(de servicios, de armamentos, de bienes de consumo industrial y
civil, etc.) hay empresas que están en posición ventajosa (por su
poderío económico, porque su oferta es mejor en precio y/o calidad,
porque el espionaje industrial y comercial les permite tener mejor
información para negociar los contratos [la red anglosajona de
espionaje Echelon] o porque simplemente cuentan con el respaldo
[económico, político y militar] de algunas grandes potencias).
Las
empresas que no cuentan con estas ventajas, para poder competir con
ciertas posibilidades de éxito, tienen que recurrir con más
frecuencia a la corrupción de los funcionarios públicos y de los
dirigentes de empresas privadas que representan a la contraparte en
sus negociaciones comerciales.
La
corrupción puede neutralizar así esas ventajas comparativas que
hemos mencionado, de que gozan grandes empresas transnacionales.
De
ahí que sobre todo las grandes empresas transnacionales de origen
estadounidense, con el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos,
estén interesadas en imponer internacionalmente medidas
anticorrupción (aunque no es seguro que se propongan respetarlas
ellas mismas) para seguir beneficiándose de las aludidas ventajas
comparativas (véase Bernard Cassen, Arrière-pensées dans la
lutte anticorruption, en Le Monde Diplomatique, mayo 2001, pág.
8).
Es
sintomático que se interesen particularmente en la lucha contra la
corrupción el Banco Mundial y una ONG dedicada específicamente al
tema: Transparency International.
El
papel del Banco Mundial en la economía planetaria y qué intereses
sirve son temas suficientemente conocidos y no vale la pena
extenderse.
No
obstante, cabe comentar que el ex Director del Banco Mundial, Paul
Wolfowitz, obligado a renunciar el 17 de mayo de 2007 por haber
aumentado indebidamente el salario a su amiga funcionaria en el
Banco, antes de ocupar ese cargo en 2005, en su condición de
Secretario adjunto de defensa de Estados Unidos participó en la
política de Estados Unidos para la reconstrucción de Irak, que
incluía multimillonarios proyectos cuestionados por corrupción y
mala gestión.
Escribe
Emad Mekay, corresponsal en Washington de Inter Press Service
en un artículo difundido el 26 de abril de 2006 (« Corrupción:
las pocas nueces del ruidoso Wolfowitz ») : …« Desde que
asumió la presidencia del Banco Mundial, Wolfowitz evitó examinar
proyectos de la institución en Iraq, a pesar de la existencia de
numerosos informes sobre fraude en la nación ocupada y dentro de su
gobierno, patrocinado por Estados Unidos. Por ejemplo, un préstamo
del Banco Mundial por 100 millones de dólares destinado a la
construcción de 82 escuelas se resolvió en noviembre pasado sin las
debidas diligencias en materia de control de la corrupción. Lo
mismo ha sucedido con proyectos en los que el Banco está
involucrado, relativos al suministro de agua, los servicios
sanitarios, el desarrollo urbano y las emergencias de salud de Iraq,
al igual que otros de asistencia técnica, los que suman de 500
millones de dólares, según los críticos ».
En
cuanto a Transparency International, citamos a
continuación fragmentos de una nota aparecida en la página 23 de Le
Monde Diplomatique de noviembre del 2000 (nuestra la traducción)
:
"
Transparency International fue fundada en 1993 por el Sr. Peter
Eigen, un ex funcionario del Banco Mundial…Clasifica a los países
en función de la corrupción existente en las administraciones y en
los hombres políticos. La organización se ha fijado como regla no
denunciar por su nombre a las empresas corruptoras. Sus ataques se
dirigen exclusivamente contra los Estados. Es la principal debilidad
de su acción porque ciertas sociedades transnacionale no tienen
raíces nacionales y T.I. las elimina de entrada de sus estudios.
…El
presupuesto de la organización en 1999 fue de 2 millones y medio de
dólares. Un tercio proviene de donaciones de grandes fundaciones
internacionales, otro tercio proviene de organismos para el
desarrollo y de organizaciones internacionales como el Banco Mundial
y el último tercio es cubierto por grandes empresas… (como IBM y
General Electric)… ".
General
Electric, uno de los "sponsors" de T.I., fue
condenada en 1997 a una multa de 25 millones de dólares por actos de
corrupción en Egipto (de la misma fuente).
Pero
con independencia de las intenciones de algunos promotores de las
campañas contra la corrupción, ésta es una lacra real que es
preciso denunciar y combatir y cuyas causas profundas y mecanismos es
necesario desentrañar.
La
corrupción de los funcionarios públicos es un delito en muchos
países, por lo menos formalmente.
Pero
en los países más ricos, aunque existe cierto rigor para sancionar
a los propios funcionarios públicos incursos en corrupción pasiva,
no se castiga a los propios nacionales que corrompen a funcionarios
extranjeros, es decir que incurren en corrupción activa.
Una
excepción a esto último son los Estados Unidos, donde se sancionó
en 1977 una ley sobre las prácticas de corrupción en el exterior,
bajo el impacto de los casos de sobornos pagados por las empresas
Lockheed, Northrop y Gulf Oil. Pero las legislaciones europeas
son mucho más "liberales" y no castigan el soborno
a funcionarios extranjeros. Más aún, en Alemania, en Suiza y en
Bélgica, entre otros países europeos, el fisco autoriza a deducir
de los impuestos tal clase de gastos, es decir que la corrupción de
funcionarios extranjeros está de hecho legalizada.
Hace
unos años, cuando se debatió en la Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas el tema de la corrupción, los
representantes de los países ricos intentaron atribuir el fenómeno
exclusivamente a los países del Tercer Mundo, pero éstos se
opusieron a tal enfoque y la Comisión adoptó finalmente una
resolución indicando que la corrupción constituía un fenómeno
mundial.
En
los 8º y 9º Congresos de las Naciones Unidas sobre la Prevención
del Delito y Tratamiento del Delincuente se abordó el tema de la
corrupción. En el 9º Congreso, el ex juez italiano Antonio di
Pietro dijo que en materia de corrupción no cabía hacer la
diferencia entre países en desarrollo y países desarrollados, que
el análisis debía basarse en la "democracia de la
responsabilidad" y no la "democracia de la
prosperidad", que el fenómeno rebasaba las fronteras
nacionales y que afectaba no solo a los funcionarios sino al sector
privado. (Noveno Congreso de las Naciones Unidas sobre la Prevención
del Delito y Tratamiento del Delincuente, 29/4 al 8/5/95, Capítulo
V‑A, párrafo 248, A/CONF.169/16).
En
los últimos años se han aprobado convenios internacionales contra
la corrupción:
La
Convención Interamericana de 1996, la Convención de la OCDE de
1997, vigente desde 1999, la Convención Penal Europea sobre la
corrupción, aprobada por el Consejo de Europa el 27 de enero de
1999, abierta a la firma de los Estados en la misma fecha y en vigor
desde el 1º de julio de 2002 (esta última en: Serie de tratados
europeos Nº 173 – www.coe.int) y la Convención civil europea
contra la corrupción, en vigor desde el 1 de noviembre de 2003.
La
Convención Penal Europea sobre la corrupción de 1999 es, de los
cuatro instrumentos citados, el más completo, pues describe con
cierta minuciosidad los diferentes casos de corrupción :
a)
corrupción activa y pasiva de funcionarios públicos nacionales;
b)
corrupción de miembros de asambleas públicas nacionales,
c)
corrupción de funcionarios públicos extranjeros y de miembros de
asambleas públicas extranjeras;
d)
corrupción activa y pasiva en el sector privado;
e)
corrupción de funcionarios internacionales y de miembros de
asambleas parlamentarias internacionales,
f)
corrupción de jueces y funcionarios de cortes internacionales;
g)
tráfico de influencia y
h)
blanqueo del producto de los delitos de corrupción.
Otro
aspecto muy importante de la Convención Penal Europea sobre la
corrupción es que en su artículo 18 establece la responsabilidad
penal de las personas jurídicas. Dicha responsabilidad no figura en
la Convención Interamericana, en tanto que la Convención de la
OCDE deja a la decisión de los Estados la posibilidad de optar entre
la responsabilidad penal, civil o administrativa. El mismo artículo
18 establece la responsabilidad penal de las personas físicas que
tienen la representación de las personas jurídicas y la de los
instigadores y cómplices.
La
Convención europea puede ser una fuente de inspiración para
iniciativas y acciones, en los planos nacional y regional e
internacional.
La
Convención de la OCDE no es directamente aplicable en los Estados
signatarios y requiere una legislación interna de aplicación. No
incluye a las filiales instaladas en países no miembros de empresas
que tienen su sede principal en los Estados miembros, es decir se
acepta la ficción jurídica de la autonomía de la filial, sin
«levantar el velo» de la realidad económica de que dichas
filiales forman un todo con la sociedad matriz. Eso permite continuar
empleando prácticas de corrupción a través de las filiales
instaladas en países no miembros. Este sistema lo usan habitualmente
las sociedades transnacionales estadounidenses para eludir la
legislación de Estados Unidos contra la corrupción y, por cierto,
lo utilizan también las sociedades transnacionales basadas en otros
países.
Pero
a pesar de dichos convenios y aunque se advierten ligeros progresos,
la corrupción siguen gozando de buena salud, por ejemplo en la Unión
Europea.
Por
ejemplo la Comisión Europea trabaja en equipo con las grandes
sociedades transnacionales europeas (la Mesa Redonda de los
Industriales Europeos - ERT).
La
corrupción es muchas veces un factor determinante de las
privatizaciones y "desregulaciones" y de las
condiciones en que éstas se realizan.
La
faz internacional de esas privatizaciones con matices delictivos
incluye el asesoramiento técnico y la financiación del Banco
Mundial. Por ejemplo, éste aprobó en diciembre de 1992 un crédito
de 30 millones de dólares, al 7,6 por ciento de interés anual,
destinado al Perú, para financiar la asistencia técnica al programa
de privatizaciones de dicho país. El Banco Mundial no sólo organiza
el despojo del patrimonio nacional de diversos países, sino que se
hace pagar por las víctimas del despojo y además con intereses
usurarios.
En
Le Monde Diplomatique de julio de 2001, en un recuadro al pie
de la página 15 se cita a un funcionario del Gobierno francés que
habla de los «rapaces que en nombre de la libre empresa, por
ejemplo en ocasión de las privatizaciones, se apoderan con total
impunidad de sectores enteros de la economía ».
Un
cable de Interpress Service del 18 de octubre de 2005
dice :
“El
Índice de Percepción de la Corrupción de la organización
Transparencia Internacional vuelve a mostrar este año la
comprometida situación del Sur, que cuenta con una pequeña ayudita
de los bancos del Norte industrial.
"La
fuga total de capitales anual de África es de unos 150.000 millones
de dólares, mientras que el total del flujo de asistencia que recibe
el continente asciende a 25.000 millones", dijo
a IPS Chandrashekhar Krishnan, director ejecutivo de la filial de
Transparencia en Gran Bretaña.
"Esa
fuga de capitales representa, básicamente, la ruta de los bienes
estatales en manos de políticos corruptos", agregó
Krishnan. "Ese dinero es depositado en instituciones
financieras de Londres, de Zurich, de Nueva York."
"Sugiero
que los gobiernos occidentales hagan mucho más para asegurarse de
que sus sistemas financieros no sean utilizados para lavar dinero",
recomendó.
Pero
el hecho de que los bancos de Gran Bretaña, Suiza y Estados Unidos
reciban dinero sucio no queda marcado en el Índice de Percepción de
la Corrupción de Transparency International» (IPS,
18/10/2005).
NOTAS:
(1)
La mondialisation financière, (François Chesnais., editor)
ed. Syros, Paris, 1996, Cap. 8.
[2]
Michael Krätke, Paraísos fiscales. Publicado por Sin Permiso
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1716. 2 de marzo de
2008.
[3]
Eva Joly, Notre affaire à tous, Ed. Les Arènes, Paris, junio
2000, pág. 183. En julio 2003 Eva Joly publicó otro libro: Est-ce
dans ce monde-là que nous voulons vivre?, Edición Les Arènes,
donde relata las persecuciones y amenazas que sufrió mientras
instruía la causa ELF. Véase también Christian de Brie, Dans
l’archipel planétaire de la criminalité financière, en Le
Monde Diplomatique, abril 2000). En febrero de 2002 la jueza Eva Joly
anunció su retiro de la función judicial. Su anuncio fue precedido
por algunos días por un anuncio similar del juez Eric Halphen y de
la noticia del traslado, a su pedido, de la jueza Laurence
Vichnievsky a otras funciones. Un año antes había abandonado la
carrera judicial la jueza Anne José-Fulguères. Todos ellos se
ocupaban de asuntos de corrupción y de negociados de gran
envergadura y todos denunciaron las fuertes presiones, provenientes
de los medios políticos y económicos, de que fueron objeto.
NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG: Sobre Transparencia Internacional les sugiero vean cuáles son algunas de las fundaciones donantes de la misma: https://www.transparency.org/whoweare/accountability/who_supports_us/2/
La mano de George Soros que mece la cuna es alargada.
NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG: Sobre Transparencia Internacional les sugiero vean cuáles son algunas de las fundaciones donantes de la misma: https://www.transparency.org/whoweare/accountability/who_supports_us/2/
La mano de George Soros que mece la cuna es alargada.
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