18 de febrero de 2016

RECESIÓN GLOBAL: ¿SEGUNDA TEMPORADA?

Paula Bach. Izquierda Diario

¿Por qué sería conveniente prepararse para la próxima recesión?”, se pregunta retóricamente Martin Wolf. “¿Qué está frenando a la economía mundial?”, indaga Joseph Stiglitz. Janet Yellen advirtió que “la turbulencia mundial podría golpear el crecimiento”, sugiriendo la intención de la Fed de postergar un nuevo incremento de tasas de interés.

Hechos, dichos y anuncios se retroalimentan. Ocho de las últimas nueve sesiones bursátiles europeas cerraron en rojo conduciendo a las plazas del viejo continente a su nivel más bajo en los últimos dos años y medio (El País, 11-2-16). Las dudas sobre la capacidad de pago del Deutsche Bank primero y de Société Général de Francia luego, se sumaron a una banca italiana atrapada en un mar de activos tóxicos, actuando como propulsores claves de las últimas caídas. La bolsa china no operó durante esta semana por los festejos del Año Nuevo Lunar.

Tokio cerró la semana con su peor racha desde 2008. A principios de año el Banco de Japón –como síntoma de escasa inflación y debilidad económica- anunció la implementación de una tasa de interés negativa para los bancos que quieran ahorrar en la entidad (o sea, quien quiera dejar allí su dinero, tendrá que pagar). Luego de que Yellen exteriorizara sus temores, el Banco de Suecia volvió a bajar las tasas de interés dejándolas en un nivel más negativo aún (-0,5%), con el fin de debilitar su moneda y combatir las tendencias deflacionarias. Suiza, Suecia, Dinamarca y el Banco Central Europeo, hace rato que sostienen tasas de interés negativas.

La propia Yanet Yellen sugirió ahora que no las descarta precipitando, como era de esperar, una nueva caída de Wall Street. Michael Roberts está en lo cierto: las tasas negativas son resultado de la incapacidad de los tipos de interés cero de cumplir los objetivos de crecimiento e inflación durante los años posteriores a la caída de Lehman. Pero además, las tasas negativas afectan las ganancias de los bancos y contribuyen a explicar el foco bancario de la actual convulsión. Mientras tanto y como también pone de relieve Roberts, Brad DeLong auguraba hace no mucho que “Los economistas del futuro probablemente denominen a esta época como "La más larga Depresión”. El profesor de Berkeley recuerda que antes de la crisis de 2008 solía enseñar a sus estudiantes que durante una perturbación en el ciclo económico, se estaría a un 40% del retorno a la normalidad en un año. Y que la tendencia de largo plazo apenas se vería afectada por las alteraciones del ciclo de corto plazo.

Siempre habría burbujas, pánicos, inflaciones y recesiones que presionarían a la producción y al empleo fuera de su tendencia de largo plazo, pero serían transitorias. Sin embargo recuerda también que en el contexto de las secuelas de 2008, Stiglitz fue uno de los que advirtió que él y los economistas que pensaban como él, estaban equivocados. Y que sin políticas extraordinarias, sostenidas y agresivas, nunca volveríamos a lo que antes de 2008 “pensábamos” como normal. Ahora reconoce DeLong que él estaba equivocado, mientras Stiglitz era quién tenía la razón. ¿Qué hay detrás de tanto escepticismo?

Nueve de las últimas cinco recesiones (o ficciones y realidades)
Las políticas monetarias flexibles y el incremento extraordinario de las deudas –incluyendo el apalancamiento bancario y la continuada vulnerabilidad de la banca europea-, constituyen fenómenos que acompañaron como la sombra al cuerpo el débil desempeño de la economía mundial durante los últimos años. Dicho con mayor precisión y como se manifestó en múltiples oportunidades, estos mecanismos junto con la vigorosa recuperación de China a partir de 2010, fueron responsables de que la economía mundial –aún a costa de un magro crecimiento- evitara una depresión como aquella de la década del ’30 superando en términos técnicos la recesión de 2008/9.

Es cierto que un mundo inundado de dinero barato no estuvo exento de episodios de riesgo financiero –tener en cuenta la crisis europea de 2010/13 y posteriormente Grecia. Pero vale la pena recordar la ironía de Paul Samuelson cuando hace 50 años lanzó que “el mercado de valores había anticipado nueve de las últimas 5 recesiones”. Summers advierte que allende el sarcasmo, las señales deben ser tomadas en serio cuando son de larga duración y provienen de muchos mercados a la vez. La actual, parecería ser una de las cinco “buenas”.

¿Por qué los problemas de la deuda –incluyendo tanto las recientes caídas bursátiles chinas, como las de Wall Street, Japón y las derivadas del apalancamiento de los bancos europeos- se ponen de manifiesto ahora con tanta exaltación? ¿Qué explica el actual consenso de gran parte del ala de los economistas neokeynesianos con respecto a la insuficiencia o ineficiencia –incluso casi exagerada- de las políticas monetarias y la exigencia de políticas fiscales destinadas a reactivar la economía real? ¿Por qué razón la perspectiva de una nueva recesión mundial se dibuja en un horizonte más cercano o más lejano de los economistas de las tendencias ideológicas más diversas? Es evidente que un escenario nuevo se está delineando y una explicación sensata exige volver la vista hacia la correlación entre el mundo de las finanzas y el mundo de la economía real. Para decirlo gráficamente y en pocas palabras, China utilizó más cemento en los últimos tres años que Estados Unidos durante todo el siglo XX. Y como también se expresó desde esta columna -aún independientemente del destino inmediato del gigante asiático- lo que parece seguro es que su economía ya no está creciendo lo suficiente como para continuar atrayendo el capital de los países centrales que no tiene lugar para ser invertido en “casa”. Tampoco parece posible la continuidad de China como el gran motor de la demanda mundial cuestión que a su vez golpea a Alemania que la emplea como destino alternativo de los productos invendibles en la Eurozona.

El crecimiento de China a “tasas chinas” actuó como el “costado real” de masas de dinero barato enviadas al mundo por los países centrales. Y la comunión de ambos aspectos –el real y el financiero- garantizaron el ascenso vertiginoso de los precios de las materias primas y con él, el crecimiento de los llamados mercados “emergentes” y otros exportadores de materias primas que a su vez alojaron grandes masas de capital sin destino en los países centrales. Este proceso se está revirtiendo y en su curso parece estar poniendo de relieve el costado “ineficaz” de las políticas monetarias de los países centrales. Algo de esto parece verificarse en el incremento de la Reserva Federal norteamericana de las tasas de interés en “mal momento” y en los riesgos que ostenta en primer lugar el Deutsche Bank, o Société Général o los bancos italianos. Otros destinos “reales” del capital resultan aún insuficientes, como México, o poco probables –al menos por ahora- como India.

Algo más que una nueva fase
Más allá de los tiempos –impredecibles- y las formas, la conjunción de estos factores parecería estar augurando algo más que un nuevo episodio de la crisis. Si bien hasta cierto punto el proceso que comenzó en 2008 puede periodizarse en fases, dicha periodización debería evitar una operación sumatoria en la que cada episodio resulte la expresión fenoménica de un contenido idéntico. Sobre todo si se tiene en cuenta la definición del apartado anterior relativo a la sinergia entre lo “ficticio” y lo “real”, deben definirse -al menos en retrospectiva- dos grandes momentos.

El primero aquel que se corresponde técnicamente con la Gran Recesión internacional de 2008/9. El segundo está enmarcado por el concurso entre las medidas monetarias y el despegue chino. Es el momento en el que se espanta el fantasma de la Gran Depresión y la recesión se contiene. Por supuesto y como ya se mencionó, este momento se caracterizó por una debilidad endémica y no estuvo libre de diversos episodios incluyendo la conmoción de la banca europea o la inconclusa crisis griega.

Pero si estamos en lo correcto y lo que se está agotando es aquella sinergia, es muy poco probable que nuevas medidas monetarias sin la concurrencia de algún nuevo sector de la economía real, permitan retornar a las condiciones del momento precedente. Lo que aparentemente se está modificando es el sustrato –por llamarlo de algún modo- sobre el que se desarrollaron los acontecimientos desde 2010 a esta parte. Motivo por el cual, más allá de los tiempos y las formas que adquiera –insistimos-, parecería ser que estamos presenciando el inicio de un nuevo momento de la crisis económica mundial.

17 de febrero de 2016

UN PLAN B PARA NO IR A NINGUNA PARTE

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG:
Cuando los socialdemócratas critican a otros socialdemócratas acaban dando vueltas para no ir a ninguna parte o, lo que es peor, para acabar asumiendo lo que dicen combatir. En este caso, la propuesta Varoufakis para Europa, también conocida como Plan B para Europa.

Si se fijan, todos ellos pertenecen a la versión española de lo que se ha dado a conocer como el socialismo del siglo XXI, perteneciendo algunos de ellos incluso a la Asociación Político-Cultural Socialismo 21, que no pretende otra cosa que ocupar el espacio que por la izquierda dejó el PSOE y que no es otro que el de la socialdemocracia, que hoy ocupa IU, organización a la que la mayoría de ellos pertenece. Habrá quienes considerarán esta posición, sin aceptar que ya no hay espacio para la socialdemocracia porque el capital ya no quiere ni necesita pacto social y sin él no hay socialdemocracia que valga, como un avance porque hoy el PSOE es social-liberal.

Y todos ellos tienen también en común el hecho de pertenecer a la Plataforma Salir del Euro, que se cuestiona dicha moneda sin asumir que ella es un producto de la UE y que no se entiende el significado del euro contra la clase trabajadora sin entender la naturaleza capitalista de la UE desde su origen en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). No es que la UE haya involucionado hacia la Europa del capital o de los mercaderes, como quieran llamarla, sino que siempre fue eso, sólo que en una fase expansiva del capitalismo, por lo que entonces el capital podía permitirse y consideraba necesario contar con la complicidad del sindicalismo de concertación y de la socialdemocracia, ya fuera en sus versiones PPSS o eurocomunista.

En un momento dado de la construcción política y financiera de la UE, ésta necesitó de una moneda única, el euro, que no ha sido tan única dentro de esta institución supraestatal. El mercado único la necesitaba.

Desde esa socialdemocracia transnochada se entiende ese discurso tan calculado de arremeter en su texto contra el euro pero no hacerlo frontalmente contra la Unión Europea, abogando abiertamente por la salida de ella. Se limitan a desear, como buenos socialdemócratas en versión IU, cambiar la“actual UE”, como machaconamente insisten. Sólo Joan Tafalla, que ahora firma un texto distinto, se ha pronunciado púbnlicamente hace tiempo por salir de la UE y no sólo del euro. La socialdemocracia jamás se propondrá destruir el capitalismo sino sólo reformarlo y la UE es, siempre fue, puro capitalismo, con ropaje de pacto social y Estado del Bienestar o sin ellos. No se engañen, no hay economías mixtas entre capitalismo y socialismo porque no hay soluciones intermedias entre extraer la plusvalía a la clase trabajadora o no hacerlo, del mismo modo en que no se puede estar medio embarazada o soplar y sorber al mismo tiempo.

La UE no se jodió en Maastrich. Se jodió en origen pues era la arquitectura necesaria para un área económica capitalista europea y eso se sabía desde el principio. En Maastrich lo que hubo es un giro de tuerca para pasar del modelo de pacto social al de extracción de la plusvalía a la clase trabajadora sin la anestesia del Estado del Bienestar. Lógico que se asuma por parte de militantes de una organización que pretende buscar fórmulas para superar la crisis capitalista, no una estrategia para acabar con este sistema. Y esa postura política no es de ahora sino de hace 30 años, cuando dicha organización nació de las entrañas de un partido eurocomunista.

Resulta divertido ver cómo, dentro de los firmantes del llamamiento del Plan B para Europa, los autores de este texto critican a Varoufakis, el más coherente de los títeres “progresistas” del capital en su descarada posición política bersteiniana y salvan la cara de Lafontaine, un líder socialdemócrata del socialdemócrata Die Linke, proveniente del socialdemócrata SPD, siendo que ambos partidos gobiernan juntos varios landers.

Los encajes de bolillos para explicar una supuesta diferencia ideológica profunda entre unas supuestas corrientes “izquierdistas” del Plan B y otras corrientes más a la derecha, dentro de la que significativamente no nombran más que al ex ministro griego, para no incomodar a Podemos (Miguel Urban, eudiputado de Podemos, miembro de Anticapitalistas y firmante del llamamiento) al firmante de la postcomunista IU Alberto Garzón o la señora Colau resultan en la práctica ridículos, sobre todo cuando, tras titular del modo en que lo hacen su artículo y avisar de posibles divisiones entre ambas “corrientes” acaban por afirmar los siguiente:

A pesar de nuestro desacuerdo con el manifiesto por su huidiza posición y sus desenfocadas propuestas, consideramos que representa una contribución para despertar la conciencia de los ciudadanos sobre el crucial tema de Europa. Esta conciencia es decisiva para afrontar la desolación económica y social que se ha instalado en muchos países”.

¿Les sorprende a ustedes que los firmantes del texto que les presentó a continuación sean parte de ese movimiento llamado “Otra Europa es posible” cuando es sabido que el capitalismo es irreformable y que, en consecuencia, la UE también lo es? A mí no, como tampoco el papel histórico y presente jugado por la socialdemocracia como caballo de refresco del capitalismo, sea en las versiones de estos señores o de los líderes podemitas y sus correligionarios.

Ante la falta de voluntad revolucionaria y de falta de propuestas reales, la socialdemocracia juega al escondite, a la mitosis, reproduciéndose por partición, y al entretenimiento a una clase trabajadora europea y nacional que con unos o con otros seguirá experimentando las mismas curas de caballo que les aplica el capital a través de sus servidores políticos de turno.

Sin más, les dejo con este divertido intento de cuadrar el círculo de la socialdemocracia clásica y de la renovada, por su patético cinismo tan evidente en su fracaso futuro.

UN PLAN B PARA NO IR A NINGUNA PARTE

Ramón Franquesa/ Pedro Montes/ Joan Tafalla/ Diosdado Toledano. Crónica Popular


Después del encuentro celebrado en París el 23 y 24 de enero pasado, las personas y fuerzas políticas agrupadas en lo que se conoce como el plan B para Europa trasladan su caravana a Madrid los días 19, 20 y 21 febrero.

La puesta en marcha de estas iniciativas revela ante todo la precaria situación en la que se encuentra la Unión europea y el incierto proyecto de integración del Continente. Por mucho que se quiera pasar por alto la desolación social existente, el fracaso de la unión monetaria, el desconcierto político de Europa, es imposible no detectar un gran malestar general y no sentirse en la necesidad y obligación para los que se reclaman de la izquierda de decir algo sobre sobre el mal de fondo, las fracturas en las que se asienta la actual Unión.

A ello responde el llamado plan B, surgido tras el desastre que representó la claudicación del gobierno de Tsipras a la Troika en julio del pasado año. Todo se conmovió en la izquierda, por más que, en nuestro país en particular, se haya extendido un manto de silencio sobre el análisis y consecuencias de lo acontecido. Acaban de celebrarse las elecciones generales y nunca entró en el debate y las propuestas de los partidos el condicionante del tema europeo, y en el embrollo de la investidura se elude contumaz y sistemáticamente la respuesta que será forzoso dar a las exigencias de la Comisión europea, que exige nuevos ajustes y recortes sin tapujo alguno, con independencia del gobierno que se configure. http://planbeuropa.es/llamamiento/

Se agrupan en torno al plan B muchos personajes reconocidos de diferentes países. Inmediatamente se detecta que hay dos posiciones bien diferenciadas, cuya convivencia no podrá tener una gran vigencia temporal. Por un lado, están aquellos que habiendo comprendido correctamente la naturaleza política e ideológica de la unión monetaria, y sus inevitables consecuencias, que tan de manifiesto se han puesto en Grecia y en otros países periféricos, entre ellos España, no cabe otra solución que desmantelar la zona euro, bien sea por un acuerdo colectivo entre los países europeos, o bien sea porque unilateralmente los países estrangulados por el euro se desprendan el dogal que los asfixia. Participantes en París como Oskar Lafontaine, Costa Lapavitsas, Fréderic Lordon o Zoe Konstantopoulou, dejaron nítida su posición a favor de la ruptura de la unión monetaria.

Pero, junto a ellos, participan en esa iniciativa otras personas y organizaciones cuyas propuestas no están claras ni tampoco sus verdaderas intenciones políticas, pues no dejan despejada la respuesta que dar al euro ni tampoco la forma de acabar con el proyecto de la unidad europea levantado a partir del Tratado de Maastricht de 1992. Incluso hablan con desparpajo de “salvar Europa de si misma”, echándose sobre los hombros una responsabilidad que los pueblos nunca han pedido, sino más bien todo lo contrario como lo demuestran cada vez que han sido consultados. Se ha llegado a decir que en el plan B conviden dos almas, y cabe admitirlo así, sin perjuicio de las diferencias y matices que existen en cada una de ellas. (E n una reciente entrevista, Oskar Lafontaine ha mostrado discrepancias claras en relación con los objetivos que viene defendiendo Yanis Varoufakis , famoso ex-ministro griego que abandonó sin más las negociaciones del gobierno de Tsipras con la Troika ).

Desde luego, los promotores del encuentro de Madrid pertenecen sin duda alguna al sector del alma en pena, de los que no se sabe si suben o bajan, a juzgar por el documento lanzado para la convocatoria. La prensa se ha hecho eco de la edición de un manifiesto para la reforma de la Unión europea bajo la fórmula de un plan B. Vista la lista de los primeros firmantes, numerosos, reconocidos nombres, con autoridad legítima unos, con cargos otros, no es sorprendente esa irrupción mediática, ligada además al nombre de Varoufakis.

En el manifiesto es fácil detectar el origen ideológico de su elaboración, por más que siempre hay firmantes para todo, que se dejan seducir fácilmente cuando se habla de democracia y si de asuntos económicos se trata para no quedar descolgados en el limbo de la ignorancia. Son los partidarios del no pero si, tan frecuentes en la política. Los que tan cómodamente se instalan en la confusión y buscan coherencias con argumentos espurios.

Para muchos de ellos, es preciso criticar con mucha crudeza a la Unión europea por sus carencias y política, pero no proponer su liquidación. Paradójicamente denuncian los desastres para los trabajadores y demás capas populares provocados por la globalización que representa la zona euro, pero alegan que tiene la ventaja de que ha impulsado el “internacionalismo”. Afirman que las soluciones no pueden ser nacionales, ni revertir de nuevo la soberanía a los estados-nación, porque es algo superado históricamente, salvo para los gobiernos de cada país para mejor extorsionar a sus pueblos amparándose en la internacionalización del capital. Piensan que realmente no hay solución a los problemas de Europa y de los países miembros en el marco de la unión monetaria, pero ya estamos afortunadamente integrados bajo las exigencias y los dogmas del neoliberalismo y quizás convenga inventar reformas inviables que no supongan rupturas. Se trata de una nueva edición de la política TINA ( There is not alternative) practicada recientemente por el gobierno de Tsipras Todo ello nos recuerda al revisionismo taimado y viejo, arropado de sensibilidad social pero resignado e impotente para evitar lo que se denuncia. Cortinas de humo para alimentar el oscurantismo, no dejar ver con claridad a nadie y taparse las vergüenzas propias.

Toda reacción para combatir la UE actual es bienvenida, pero es muy penoso que tantas firmas ilustres junten su nombre para producir un manifiesto tan pobre, confuso, desorientado e inútil. Muchos cerebros para gestar un ratón de manifiesto tan lamentable, cuando la crisis europea golpea con tanta fuerza y en algunos países de la Unión el dolor y los sufrimientos y su extensión ciudadana alcanzan situaciones dramáticas, al punto de que se pueden avecinar encrucijadas políticas donde opciones siniestras pueden tener su oportunidad, como incluso se menciona en el manifiesto, o plan B.

Que a estas alturas se venga a reconocer que la UE no es democrática y que la política está dominada por los poderes económicos es un gran acierto analítico, si bien ha transcurrido demasiado tiempo para percatarse de ello y para sentirse en la obligación de demostrarlo. En efecto, la Unión europea y el sistema económico capitalista, en su versión más dogmática y neoliberal en que se sustenta, no son democráticos. Pero cabría exponerlo limpiamente, sin mezclar asuntos y sin amalgamar problemas. En Grecia, en julio del pasado año, no hubo un golpe de estado financiero, sino la entrega de un gobierno que, mandatado por los ciudadanos a no negociar nuevos ajustes y recortes, claudicó ante la Troika y aceptó estrangular con más fuerza a los trabajadores y capas populares griegas.

Tampoco aclara mucho citar el triste problema de los refugiados como ligado a la naturaleza de Unión europea, cuando sobre todo es una situación generada por el imperialismo americano y los juegos contradictorios y turbios de otros muchos países. En fin, desde el punto de vista ideológico, decir que las instituciones europeas trabajan a favor de una pequeña minoría es no haber entendido que esa pequeña minoría representa el poder de la gran burguesía europea con sus diferentes tensiones y luchas de poder. No es necesario ridiculizar a Marx para aclarar que en el capitalismo la inmensa mayoría está doblegada y supeditada a los intereses de la minoritaria, pero todopoderosa, clase dominante.

Con ese trasfondo analítico y la trivial conclusión de la falta de democracia en la Unión europea, la inanidad de las propuestas del manifiesto es tan manifiesta que cabe malévolamente pensar que su objetivo no es tanto poner fin a la situación desoladora en tantos sentidos que vive Europa como a confundir la población y darle un respiro a las instituciones europeas. Ante el malestar y las propuestas más radicales que han surgido, como la necesidad de que los países recuperen su soberanía económica y monetaria y abandonen el euro, ya sea cohesionada o aisladamente, el plan B cabe interpretarlo como un programa de viaje a ninguna parte. Como un intento de desviar la atención sobre los verdaderos problemas y sus causas e ilusionar con falsas expectativas a una población desorientada, a través de la potencia mediática que pueden acumular tantas firmas ilustres proclamando la nada.

La ambigüedad, la falta de rigor y la inconcreción de las propuestas como señas del manifiesto no impiden reconocer, como se ha dicho, que participan en torno al Plan B nombres de prestigio que tienen una posición firme y coherente sobre las implicaciones del euro y con la ineludible necesidad de desmontarlo. Toda reacción para combatir la UE actual es bienvenida, pero el tiempo es limitado: no caben debates académicos ni ocurrencias sin fundamento cuando está demostrado de modo fehaciente que la causa más decisiva del colapso de Europa es la unión monetaria.

Dada la existencia de núcleos de rechazo a la Europa de Maastricht y los trabajadores masivamente de una forma u otra se han expresado contra las consecuencias económicas y sociales de la moneda única, los firmantes del manifiesto, con gran sensibilidad política y un sentido acendrado del “internacionalismo”, se proponen generar un espacio de confluencia a escala europea, para luchar contra el "modelo" actual de la política de las instituciones europeas, rompiendo con la austeridad y democratizándolas radicalmente para que se pongan al servicio de la ciudadanía.

Nobles objetivos, aunque el manifiesto no se ocupa de desarrollar como acabar con la austeridad, ni como los países atrapados y en bancarrota con una enorme deuda pueden eludirla, ni cómo resolver las gravísimas contradicciones que encierra la unión monetaria, entre otras los tipos de cambio irrevocables que han desencadenado la crisis actual al provocar profundos desequilibrios económicos y financieros que no podrán corregirse con los vigentes cambios implícitos entre las monedas por países.

A pesar de nuestro desacuerdo con el manifiesto por su huidiza posición y sus desenfocadas propuestas, consideramos que representa una contribución para despertar la conciencia de los ciudadanos sobre el crucial tema de Europa. Esta conciencia es decisiva para afrontar la desolación económica y social que se ha instalado en muchos países”.

En nuestro país, todos los intentos por eludir la cuestión europea serán baldíos. Arrojada por la puerta del debate político sin consideración, la cuestión del euro y de la UE, se colará por la ventana por la sencilla razón de que la Troika amenaza y es muy poderosa y la economía española muy frágil y vulnerable. Los partidarios de cualquiera de las versiones del llamado plan B deberán esforzarse aún mucho para salir de la retórica y para dar una respuesta concreta y real a los problemas reales y concretos de nuestro pueblo.


16 de febrero de 2016

CON MI MÚSICA Y LA FALLACI A OTRA PARTE

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG:
El artículo de un profesor de periodismo uruguayo bien podría haber sido escrito por un profesor de cualquier universidad española, ya que alude a un fenómeno que podemos considerar prácticamente universal y que prefiero no desvelarles para que lo haga el autor por sí mismo, ya que el texto es corto. Quizá demasiado largo para más de uno, al no ser un meme ni un tuit con un máximo de 140 caracteres.

Dedicado a la que dice de sí misma que es "la generación más preparada de la historia", aunque seguramente a estas alturas quepa ya incorporar a la dedicatoria a muchos que exceden la edad propia de esos alumnos.

Sin más.

CON MI MÚSICA Y LA FALLACI A OTRA PARTE
Leonardo Haberkorn. El informante

Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez.

No dictaré clases allí el semestre que viene y no sé si volveré algún día a dictar clases en una licenciatura en comunicación.

Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla.

Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies.

Claro, es cierto, no todos son así.

Pero cada vez son más.

Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 90 minutos -aunque más no fuera para no ser maleducados- todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es lo que hacen.

Además, cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado.

Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante en 20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no tenía ni la más mínima idea. Les pregunté si sabían qué uruguayo estaba en medio de esa tormenta. Obviamente, ninguno sabía. Les pregunté si conocían quién es Almagro (1). Silencio. A las cansadas, desde el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿no era el canciller?

Así con todo.

¿Qué es lo que pasa en Siria? Silencio.

¿De qué partido tradicionalmente es aliado el PIT-CNT? (2) Silencio.

¿Qué partido es más liberal, o está más a la "izquierda" en Estados Unidos, los demócratas o los republicanos? Silencio.

¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí!

¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno.

Conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado. Es como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales.

En un ejercicio en el que debían salir a buscar una noticia a la calle, una estudiante regresó con esta noticia: “todavía existen kioscos que venden diarios y revistas”.

En la Naranja Mecánica, al protagonista le mantenían los ojos abiertos con unas pinzas, para que viera una sucesión interminable de imágenes, veloces, rápidas, violentas.


Con la nueva generación no se necesitan las pinzas.

Selfies, Facebook, Naranja Mecánica- Una sucesión interminable de imágenes de amigos sonrientes les bombardea el cerebro. El tiempo se les va en eso. Una clase se dispersaba por un video que uno le iba mostrando a otro. Pregunté de qué se trataba, con la esperanza de que sirviera como aporte o disparador de algo. Era un video en Facebook de un cachorrito de león que jugaba.

El resultado de producir así, al menos en los trabajos que yo recibo, es muy pobre. La atención tiene que estar muy dispersa para que escriban mal hasta su propio nombre, como pasa.

Llega un momento en que ser periodista te juega en contra. Porque uno está entrenado en ponerse en los zapatos del otro, cultiva la empatía como herramienta básica de trabajo. Y entonces ve que a estos muchachos -que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre- los estafaron, que la culpa no es solo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos. Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo.

Entonces, cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia.

Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante.

No quiero ser parte de ese círculo perverso.

Nunca fui así y no lo seré.

Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien. Lo mejor posible.

Justamente, porque creo en la excelencia, todos los años llevo a clase grandes ejemplos del periodismo, esos que le encienden el alma incluso a un témpano. Este año, proyectando la película El Informante, sobre dos héroes del periodismo y de la vida, vi a gente dormirse en el salón y a otros chateando en WhatsApp o Facebook.

¡Yo la vi más de 200 veces y todavía hay escenas donde tengo que aguantarme las lágrimas!

También les llevé la entrevista de Oriana Fallaci (3) a Galtieri (4). Toda la vida resultó. Ahora se te va una clase entera en preparar el ambiente: primero tenés que contarles quién era Galtieri, qué fue la guerra de las Malvinas, en qué momento histórico la corajuda periodista italiana se sentó frente al dictador.

Les expliqué todo. Les pasé el video de la Plaza de Mayo repleta de una multitud enloquecida vivando a Galtieri, cuando dijo: "¡Si quieren venir, que vengan! ¡Les presentaremos batalla!".

Normalmente, a esta altura, todos los años ya había conseguido que la mayor parte de la clase siguiera el asunto con fascinación.

Este año no. Caras absortas. Desinterés. Un pibe despatarrado mirando su Facebook. Todo el año estuvo igual.

Llegamos a la entrevista. Leímos los fragmentos más duros e inolvidables.

Silencio.
Silencio.
Silencio.

Ellos querían que terminara la clase.

Yo también.

NOTAS DEL EDITOR DE ESTE BLOG:
(1) Almagro, Luis: Fue canciller de Uruguay en el Gobierno del Frente Amplio desde 2010 y marzo de 2015. Jugó un papel de intermediación entre el gobierno bolivariano de Venezuela y la guarimbera oposición.
(2) (PIT-CNT): Plenario Intersindical de Trabajadores-Convención Nacional de Trabajadores. Central sindical uruguaya.
(4) Leopoldo Galtieri: https://es.wikipedia.org/wiki/Leopoldo_Fortunato_Galtieri Seguramente este enlace sea una de las biografías más benevolentes sobre el dictador pero, como no estoy seguro de que lean algo más realista, me conformo con dejarles el mencionado.

15 de febrero de 2016

LA ERA DEL VACÍO IDEOLÓGICO ABSOLUTO (partes 1, 2)

Juan Manuel Olarieta. Movimiento Político de Resistencia Global

Primera parte
Uno de los aspectos más importantes de la crisis política actual no es el fin del bipartidismo sino el fin de los partidos, de todos ellos, incluso de los que se llaman como tales, y su consecuencia es la inexistencia de recambio. Como se comprobó durante la transición, desde 1939 el Estado español se lo ha jugado todo a una carta y espera que su apuesta le dure eternamente.

Esa es la verdadera esencia de la crisis política actual. La maquinaria del Estado parece haber adquirido vida propia y se niega en rotundo a cualquier (re)cambio, incluso el más insignificante.
A su vez, los viejos partidos políticos que aún subsisten (PSOE, PNV) y sus sucedáneos postmodernos (coaliciones, mareas), son un reflejo exacto de este Estado: están para impedir que cambie nada. Si esos partidos y sucedáneos políticos tienen algún plan es para cambiar de gobierno, no para cambiar de Estado. En la medida en que lo que ahora está en crisis no es el gobierno, como creen, sino el Estado, no hay ninguna alternativa sino una sucesión de elecciones y gobiernos que no van a salir de la crisis sino a profundizar en ella.

Los sucedáneos postmodernos de los partidos políticos, todos ellos, han hecho suyo aquel principio del socialdemócrata alemán Eduard Bernstein: “Los objetivos no son nada y el movimiento lo es todo”. Es el movimiento por el movimiento, marear la perdiz. A esa farsa, a la falta de un plan y de un programa político, es a lo que llaman hoy “democracia”.

No se trata de organizaciones no sepan lo que quieren sino de que no quieren nada y al decir esto me refiero -obviamente- a que no quieren “nada nuevo”. Se conforman con lo que hay.

En la literatura corriente esta situación se ha descrito de muchas maneras, por ejemplo, como desideologización, como que ya no hay derecha ni izquierda, etc. Esta semana la revista “Cambio 16” pregunta en su portada de manera retórica: “¿El espectáculo entierra las ideologías?” Comparen ahora este titular con el del libro de un ministro de Obras Públicas del franquismo, Fernández de la Mora, “El fin de las ideologías”, escrito hace 50 años.

Las mareas postmodernas han alcanzado la vieja aspiración franquista del vacío ideológico absoluto. Les falta de todo porque tratan de llegar a “todos”. Su clientela es indefinida, igual que los discursos de Franco, que también empezaban con aquel “Españoles todos”.

Por el contrario, los partidos políticos, como su propio nombre indica, representan sólo a una parte de la sociedad de manera explícita, indicándolo hasta en las siglas. Así mientras el viejo PSOE nació para ser un partido “socialista” y “obrero”, los postmodernos no quieren tener ningún contenido de clase, aunque lo tengan, naturalmente.

Como suele ocurrir, hay quien ha hecho de la necesidad virtud y aplaude este nuevo fenómeno político, el fin de los partidos políticos tradicionales y la aparición de sucedáneos “transversales”, “inclusivos”, “participativos”, “asamblearios”, que “cuentan con sus bases”, con “primarias”, etc.

Es el triunfo del menchevismo, que también tiene múltiples manifestaciones, que no son solamente orgánicas. Por ejemplo, por utilizar un concepto elaborado por Stalin, este tipo de nuevos sucedáneos políticos no sólo no tienen ideología sino que tampoco tienen estrategia porque para tenerla hay que pretender cambiar algo. Los que tengan alergia a Stalin pueden recurrir a la terminología anglosajona, que también diferencia entre “politics” y “policy”. Lo que los partidos y los medios llaman hoy “política” carece de “policy”, de dirección, de rumbo. Es como el burro dando vueltas en torno a la misma noria.

Las nuevas coaliciones no aspiran a cambiar nada porque el Estado se lo da todo (des)hecho. Son distintas variaciones de la misma partitura. Todos hablan de agrupar fuerzas, pero nadie dice para qué. Hace 20 años se burlaron de Anguita cuando exigía “programa, programa, programa”, algo que no tiene sentido en la era del pragmatismo, de la táctica sin estrategia, del salto de unas elecciones a las siguientes.

No se trata exactamente de que los nuevos sucedáneos políticos no tengan estrategia sino de que dan por buena la que ya hay establecida en el Estado. A falta de dirección propia, es el Estado el que lleva de la mano a los sucedáneos políticos, y no al revés. La falta de estrategia convierte a los nuevos sucedáneos políticos en las piezas sumisas que el Estado necesita. El seguidismo político es su razón de ser.

Por sí mismos, los movimientos sociales reivindicativos no dan más que sí de lo que hemos visto. Además de eso hace falta otra cosa: que tengan una dirección, un rumbo, un programa, algo que sólo un partido político revolucionario les puede dar.

Segunda parte
En la lucha de clases no sólo el proletariado necesita una dirección política, sino el Estado también. Sin embargo, quienes deben dirigir al Estado, los partidos políticos, no sólo no dirigen sino que son dirigidos -en todo o en parte- por el Estado.

Como en los tiempos absolutistas previos a la revolución burguesa, el Estado moderno parece haber adquirido vida propia; se retroalimenta y da la impresión de que se dirige a sí mismo, lo cual no puede ser más nefasto y explica, al menos en parte, las modernas crisis políticas, de las que España es un modelo acabado.

¿Cómo determina un Estado su propia estrategia? Expresado de otra manera: ¿quién ha sustraído a los partidos políticos su función de imponer o de cambiar la estrategia del Estado?, ¿cómo se ha llevado a cabo esa sustracción?

No siempre de la misma forma, evidentemente, aunque siempre coincide en que hay cosas a las que se las considera como esencialmente “apolíticas”. Es el caso de los nombres de los pueblos, como Guadiana del Caudillo en Extremadura, y de las calles, como Marqués de Salamanca, que se consideran como “tradiciones” que hay que respetar. Hace 100 años un ayuntamiento puso un nombre a una calle y ese mismo ayuntamiento no se lo puede cambiar. A veces es peor: ni siquiera se lo quiere cambiar. Cuando cambia el nombre de una calle es porque le obliga la ley de la Memoria Histórica. Sin ella lo dejarían tal y como está.

Pues bien, si los ayuntamientos no están para cambiar algo tan simple, ¿para qué los elegimos?, ¿por qué los cargos municipales no se convierten en vitalicios y se les encomienda vigilar para que nunca cambie nada?

Sin embargo, el aeropuerto de Madrid, que tradicionalmente se llamaba “de Barajas”, le han cambiado el nombre por el de “Adolfo Suárez” y nadie ha protestado por un gasto tan innecesario. En el futuro si alguien quiere cambiarle el nombre al aeropuerto le dirán que es -siempre ha sido- el nombre “tradicional”.

Una de las formas de secuestro político es la internacionalización o transformación de los problemas internos en problemas internacionales. No hay más que ver la proliferación contemporánea de organismos de todo tipo (UE, OIT, OMC, OTAN, FMI) que lo sirven todo ya precocinado y listo para el consumo, de manera que el político de turno no tenga otra cosa que referirse a lo que llega de un tinglado mundial que también parece tener vida propia. Así, las “recomendaciones” de la OMS sobre los diversos virus y pandemias mundiales son como las encíclicas de los Papas; están fuera de discusión.

En otros casos la política se solapa con la ciencia (o con una apariencia de ella). Es otro retorno a la vieja tecnocracia de los últimos años del franquismo. Así, en las últimas elecciones tanto Ciudadanos como Podemos acudieron a los “expertos” (Luis Garicano, Vicenç Navarro y Juan Torres) para elaborar su programa económico.

Pero si un país pone su política económica en manos de los universitarios, ¿para qué necesitamos a los partidos políticos? La sanidad pública es obra de los médicos, la política exterior de los diplomáticos, la militar de los generales... y así sucesivamente. No hace falta partidos políticos para nada; bastan los sucedáneos.

Los “expertos” se caracterizan porque son “apolíticos”, lo mismo que los jueces, como es bien sabido. Su tarea también es “apolítica” y consiste en poner determinados asuntos fuera del alcance del debate público: si alguien no tiene título universitario, tampoco tiene conocimientos, ni competencia para hablar de determinados problemas. Es mejor que permanezca callado. Es uno de los aspectos fundamentales de la dominación política: que el sometido se aperciba de su inferioridad frente al “experto” como el alumno del maestro.

Llega un punto en el que se pierde la costumbre de debatir, sobre todo acerca de ciertos asuntos, que se acaban convirtiendo así en “incuestionables”, en eso que llaman “cuestiones de Estado” precisamente porque el Estado no se puede cuestionar. Cuando alguien pretende introducir en el debate ese tipo de cuestiones es un “antisistema” o, como se decía antiguamente, un anarquista, alguien que quiere acabar con el Estado, con todos los Estados, con cualquier tipo de Estado, porque la burguesía no concibe otro Estado diferente al suyo.

En todos los Estados hay muchas “cuestiones de Estado” y muy pocos sucedáneos que se atrevan a tocarlas, e incluso a hablar siquiera de ellas. Hay regiones enteras del funcionamiento de un Estado de las que jamás se polemiza. Otras están declaradas como secreto “de Estado” para que nadie pregunte por ellas. Finalmente, las hay que están incluso criminalizadas: es un delito hablar sobre ellas o exponer un criterio diferente del oficial.

Son los viejos “arcanos” de los tiempos medievales, ese tipo de cuestiones que definen al Estado y, por extensión, a cualquier movimiento político dentro del mismo. Basta analizar el lenguaje con el que un movimiento político se refiere a una cuestión de Estado, para que se desnude a sí mismo. “Dime de lo que no hablas y te diré quién eres”.

Por eso cuando alguien viaja a otro Estado se queda sorprendido de que haya asuntos de los que allá nadie habla, o al revés, de que allá se hable con toda naturalidad de asuntos que en el país de origen nadie plantea.

Cuando alguna ciencia quiera medir el índice de democracia de un país, podrá recurrir a la cantidad y la calidad de las “cuestiones de Estado”. De paso le servirá también para medir el grado de servilismo de los sucedáneos políticos hacia el propio Estado.

13 de febrero de 2016

PETRÓLEO, CAÍDA DE LAS BOLSAS Y ECONOMÍA MUNDIAL

Rolando Astarita. Rolando Astarita Blog

Esta nota continúa temas desarrollados aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí.

Los mercados bursátiles del mundo volvieron a caer fuerte ayer, jueves 11 de febrero. El Dow Jones bajó 1,6%; el Stoxx Europe 600 Index (un índice compuesto que representa 600 empresas de capitalización grande, mediana y pequeña de 18 países europeos) perdió el 3,4%; en Hong Kong la caída fue del 3,85% y en Tokio del 2,3%. Los más golpeados fueron los bancos. Las acciones del banco griego Ergasias y el italiano Unione di Banche Italiani cayeron 13%; Societé Generale 12% luego de informar ganancias menores a las esperadas y que hacía aprovisionamiento por potenciales costos legales; Deutsche Bank, Credit Suisse Group y Standard Chartered tuvieron pérdidas del 5%. El West Texas Intermediate cayó 4,9% para terminar en 26,24 dólares, el mínimo valor en 13 años. Como contrapartida, subieron los bonos públicos, y el precio del oro aumentó 4,6%; un signo de que se busca refugio en liquidez o valores seguros. “Los mercados temen un riesgo sistémico inminente como el provocado por la quiebra de Lehman Brothers”, dice Sylvain Loganadin, analista de FXCM, una compañía dedicada a la comercialización de divisas (La Nación, 12/02/15).

Si bien hoy viernes las bolsas y el petróleo rebotaban, las pérdidas en lo que va del año son significativas. Con los cierres de ayer, Wall Street llevaba perdido un 10% desde principio de año; Londres el 11,3%; el Stoxx Europe 600 el 17%, Tokio 17,4%, Hong Kong 15,4% Brasil 9,3%. A pesar de que hoy viernes las bolsas rebotaron, la situación sigue siendo muy difícil. Dado que en otras notas me he referido a la debilidad de la economía a nivel global, en esta entrada solo actualizo algunas cuestiones.

La caída del petróleo
El petróleo está cayendo desde julio de 2014, cuando cotizaba arriba de los 90 dólares el barril. Estamos ante una guerra de precios, que sigue desarrollándose a nivel global. Como se ha dicho repetidas veces, la demanda se ha enlentecido, principalmente por la desaceleración de la economía china. Pero también cuenta la debilidad de Europa y Japón, y la fuerte caída de las economías de Brasil y Rusia. A su vez, la oferta se incrementó. EEUU pasó de producir 5,5 millones de barriles diarios en 2005 a 8,7 millones en 2014 y 9,7 millones en 2015. Por otra parte Arabia Saudita, que durante mucho tiempo actuó como regulador en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), ha aumentado su producción para ganar mercado. El presupuesto saudí depende crucialmente del petróleo. Rusia también elevó su producción en 2015, ayudada por la depreciación del rublo. En los próximos meses se espera, además, que, levantadas las sanciones, la producción de Irán se haga sentir a pleno en el mercado. El resultado ha sido la acumulación de inventarios; por fuera de EEUU la capacidad de almacenamiento en tanques está prácticamente agotada, y en EEUU está cerca de alcanzar el límite (WSJ, 11/02/16).

Una economía mundial débil y vacilante
El trasfondo de la caída del petróleo es una economía mundial débil y vacilante. En 2015 la zona del euro creció solo 1,5%; Japón 0,6%; Rusia decreció 3,7% y Brasil 3,8%. La economía de EEUU, la más importante, creció en 2015 el 2,5%; pero en el cuarto trimestre lo hizo solo el 0,7% (tasa anualizada). Los factores que contribuyeron positivamente al crecimiento en el último trimestre de 2015 fueron el consumo personal, la inversión en construcción residencial y gasto público; los negativos fueron la inversión privada en inventarios, inversión fija no residencial y exportaciones. La producción industrial se mantiene débil; recién en mayo de 2014 alcanzó el pico previo a la recesión. La utilización de capacidad instalada en el segundo trimestre de 2015 se mantenía en 77,8%, dos puntos porcentuales por debajo del promedio 1972-2014 (Reserva Federal, http://www.federalreserve.gov/releases/g17/revisions/Current/DefaultRev.htm).

La segunda economía en importancia, China, se ha venido desacelerando en los últimos años desde las tasas de crecimiento de 10% o superiores. En 2015 creció un estimado del 6,9% y en 2016 crecería 6,3% (FMI). Pero muchos piensan que esas cifras están infladas. Sobre China pende una bomba de tiempo financiera (véase las notas referenciadas al inicio). Según fuentes privadas, el sistema bancario habría multiplicado sus activos por 10 en la última década, para alcanzar los 34,5 billones de dólares. El sistema bancario en las sombras (instrumentos que se emiten fuera de balance y prometen altos rendimientos) creció 600% en los tres últimos años, de acuerdo a datos del grupo UBS. Todo este sistema está al borde de la quiebra. En un contexto de sobreinversión y sobreacumulación en muchas ramas, y construcción residencial empujada por el crédito especulativo, cada vez es más difícil cumplir con las deudas. No es de extrañar que China haya estado sufriendo fuertes salidas de capital. Desde la devaluación de agosto de 2015 el Banco de China ha liquidado más de 400.000 millones de dólares de sus reservas para sostener la moneda. Aunque la situación cambiaria está bajo control por ahora, debido al superávit en cuenta corriente de 350.000 millones de dólares (y sus reservas suman 3,2 billones), la salida de capitales es una expresión de las debilidades de fondo.

La inversión global no se ha recuperado
Marx sostenía que la clave de la solidez de una economía es la acumulación del capital, esto es, la reproducción ampliada del capital; o lo que en la economía convencional se conoce como inversión (aunque no es idéntica a la acumulación tal como la entiende Marx). En cualquier caso, la inversión es el talón de Aquiles de la economía global. En este sentido, en un trabajo publicado en marzo de 2015, R. Banerjee, J. Kearns y M. Lombardi, del BIS, plantean con razón que “a pesar de las muy fáciles condiciones de financiación globales, la inversión se ha mantenido baja después de la Gran Recesión”. Afirman también que históricamente la incertidumbre acerca del estado futuro de la economía y los beneficios esperados juegan un rol clave en la inversión, y que las condiciones financieras tienen un papel menos destacado. Y lo que ha sucedido después de la Gran Recesión “parece estar en línea con lo que se podría haber esperado basado en las relaciones del pasado. Una recuperación más fuerte de la inversión parecería depender de la reducción de la incertidumbre económica y de expectativas de un crecimiento futuro más fuerte” (“Why is investment weak?”, http://www.bis.org/publ/qtrpdf/r_qt1503g.htm).

Plantean luego que la inversión es el componente principal que explica las fluctuaciones cíclicas; la caída de 2008 se debió en gran medida al colapso de la inversión, que contrajo la demanda agregada; lo que llevó a la peor recesión en los países adelantados en décadas. Después de la recesión, la inversión se recuperó en algunos países, pero en otros –entre ellos, Italia, Francia, Alemania y Japón- no ha vuelto a su nivel anterior a la recesión. Esto a pesar de las inyecciones monetarias, las bajas tasas de interés y la subida de los mercados bursátiles. Los autores señalan que las ganancias con respecto al stock de capital de las empresas no financieras se han mantenido relativamente altas en EEUU, Canadá y Gran Bretaña (10%), Alemania (7,5%) y Japón (5,5%) durante el período 2009-14, pero la inversión no mejoró. La explicación más probable de este hecho, según estos investigadores, es que las empresas tienen incertidumbre acerca de la evolución de la demanda futura y por lo tanto acerca de los posibles beneficios. En otras notas he planteado que la excesiva capacidad (resultado de la sobreacumulación) y la fragilidad financiera pueden estar en la base de esta debilidad de la inversión; debilidad que se mantiene incluso cuando la tasa de ganancia es relativamente elevada. A su vez, la demanda débil incide negativamente en las ganancias actuales, afectando con ello las expectativas de ganancias futuras y las inversiones. En este sentido, una desaceleración brusca de las ganancias puede ser disparadora de la recesión. José Tapia, en un trabajo reciente, y refiriéndose a EEUU, anota que las ganancias de las corporaciones estadounidenses han caído en 2014, y que la caída de las ganancias ha antecedido las recesiones en las últimas décadas. “Cada crisis [desde 1981] es precedida por una caída en el retorno sobre el capital, lo que aparece como un crecimiento negativo de los beneficios” (“Toward a New Global Recession? Economic Perspectives for 2016 and Beyond”, The Brooklyn Rail, 3/02/16). Esta relación entre tasas de ganancia, ganancias e inversión está en el centro de las explicaciones sobre las crisis, y deberá ser motivo de más investigación. Lo importante ahora es subrayar la debilidad de la inversión como fundamento último de la debilidad de la economía mundial.

Caída del petróleo y su efecto en la demanda
En algunos escritos se ha sostenido que la caída de los precios del petróleo obedece a una decisión de EEUU, que tendría el objetivo de mejorar su economía y la de sus aliados, en perjuicio de los países atrasados exportadores del crudo. Es una explicación que además de subjetivista (la he criticado aquí), impide entender la dinámica real de las crisis. En primer lugar, aclaremos que ni siquiera es verdad que los países adelantados importan más petróleo que los atrasados, o en desarrollo. “Los mercados emergentes han representado la mayor parte del consumo mundial de petróleo desde 2014, según la Agencia Internacional de Energía, AIE. En el cuarto trimestre de 2015, la demanda de los países en desarrollo ascendió a poco más de la mitad de los 95 millones de barriles consumidos por día en el mundo” (WSJ, 10/02/16). De manera que la relación es más compleja que lo que pretende el esquema.

Pero la cuestión tiene más aristas. Es que muchas veces se ha considerado el precio del petróleo como una variable independiente, que decide, en última instancia, la marcha de la economía. En este respecto, el tópico ha sido la explicación de la crisis en los países adelantados de 1974-5 por la subida previa de los precios del petróleo. José Tapia, en el trabajo citado, escribe:

Para algunos economistas como James Hamilton y Ben Bernanke una variable macroeconómica importante es el precio del crudo; la idea es que los altos precios del petróleo estrangulan fuertemente la actividad económica, llevando a la recesión. Dado que los precios del petróleo han de hecho aumentado antes de cada recesión de la economía mundial en décadas recientes, los datos parecen dar alguna credibilidad a este enfoque. De todas maneras, un examen más a fondo de los números –como lo hicieron Lutz Kilian y Martin Stuermer- reduce mucho la credibilidad de esa interpretación. Sucede que los precios del petróleo suben cuando la economía global se expande y aumenta la demanda de energía. De manera que es la expansión global la que aumenta los precios del petróleo. Esto a su vez podría contribuir a disparar la crisis, pero primero, la evidencia de que altos precios del petróleo tienen un efecto directo en reducir la actividad económica es más bien débil; en segundo lugar, las subidas de los precios del petróleo tienen su causa en la expansión previa. Los precios del petróleo han estado a niveles muy bajos en meses recientes y el acuerdo general es que esto se debe al bajo nivel de actividad económica en la mayor parte de la economía mundial”.

Sin embargo, algunos economistas piensan que si baja el precio del petróleo debería haber un efecto estimulante sobre la demanda en EEUU u otros países importadores. La caída del petróleo equivaldría a un recorte de los impuestos; de manera que se perjudicarían las compañías petroleras, pero aumentaría la demanda de otros bienes. Dado que mucho del petróleo es importado, habría una ganancia neta. En base a este esquema, economistas del JP Morgan predijeron, en enero de 2015, que los menores precios agregarían un 0,7% de crecimiento a la economía de EEUU; ahora dicen que la baja de los precios pueden haber recortado el crecimiento un 0,3%, y que en 2016 apenas sumaría un 0,1%. Los analistas de Goldman Sachs directamente dicen que no habrá ningún efecto positivo. En cualquier caso, parece evidente que la caída del petróleo (también de los minerales y productos agrícolas) no ha dado los beneficios usualmente esperados. ¿Qué sucede?

Una primera cuestión a anotar es que la caída de los precios del petróleo está afectando de manera muy fuerte las inversiones energéticas (también de las mineras y de los negocios vinculados al agro). La extracción del crudo con el método fracking hizo que la participación de la industria en la inversión total subiera de un promedio anual por debajo del 5% entre 1985 y 2005, al 10% en 2012-3, para volver a bajar ahora al 5% (cálculos del Deutsche Bank). La disminución de la inversión y la producción se traduce en despidos y menos demanda. Algo similar ocurre con la minería. En segundo lugar, la caída de la demanda de los países atrasados o en desarrollo, se traduce en caída de exportaciones desde los países adelantados. Pero en tercer lugar, y más importante, es que si las perspectivas globales de la economía son inciertas, el aumento de poder de compra no se traduce necesariamente en su ejercicio efectivo, o sea, en gasto en consumo o inversión (es el ABC de la crítica a la ley de Say). Más todavía, la baja del precio del petróleo, en el marco de la debilidad de la demanda, genera fuertes presiones deflacionarias. Y la deflación afecta negativamente a la demanda. Es que en la medida en que los precios bajan, es redituable mantenerse líquido. Máxime si hay fuerte incertidumbre (véase Keynes Teoría General, capítulo 19). Por eso la actual corrida hacia los bonos del Tesoro y el oro.

Pues bien, en la zona del euro la tasa anual promedio de subida de precios (incluye energía y comida) entre 2000 y 2006 rondaba el 2%. Pero durante la recesión, en julio de 2009, llegó a ser negativa 0,6%. Con la recuperación posterior, alcanzó el 3% en noviembre de 2011, para bajar luego de forma sostenida. En diciembre de 2015 fue 0,2%. Es una situación cercana a la deflación. Esto a pesar de que la tasa de interés de referencia del Banco Central Europeo es 0,05%, y la tasa que paga por depósitos de los bancos es negativa. Además, el BCE inyecta mensualmente 60.000 millones de euros mediante la compra de activos. En Japón hay una situación similar: la tasa anualizada de inflación en diciembre fue también del 0,2%. Para contrarrestar las presiones deflacionarias el Banco de Japón acaba de establecer la tasa de referencia en terreno negativo, -0,1%. Pero la demanda no repunta. Y en EEUU la tasa anual de inflación de diciembre fue de 0,7%. La Reserva Federal aumentó la tasa de interés de referencia al 0,5% en diciembre, en una movida destinada a comenzar paulatinamente una subida. Pero ahora estaría reconsiderando el asunto, en enero dejó la tasa sin variaciones. En definitiva entonces, en el marco de las tendencias deflacionarias y desconfianza en la economía, no hay razón para esperar que la caída del precio del petróleo sea compensada automáticamente por un aumento compensador del gasto.

Repercusiones en el sistema financiero
La caída de los precios de los commodities, y del petróleo en primer lugar, afectó también al sistema financiero. Contra lo que piensan los defensores de la tesis de la “primacía de las finanzas en el mundo contemporáneo”, lo financiero depende necesariamente de la generación y realización del valor y la plusvalía. Si esto no sucede, los prestamistas e intermediarios financieros estarán en problemas. Y el crédito es tanto una palanca de la acumulación, como también es un factor que impulsa la sobre producción y la especulación, y con ello contribuye a generar las condiciones de las crisis.

El hecho es que las inversiones en nuevas explotaciones mineras y petroleras fueron financiadas, en los últimos años, por accionistas, bancos y diversos inversores. Según D. Domanski, J. Kearns, M. Lombardi y H. Song Shin, economistas del BIS, la deuda total del sector del petróleo y gas, a comienzos de 2015, era de aproximadamente 2,5 billones de dólares, dos veces y media más elevada que a fines de 2006 (“Oil and debt”, http://www.bis.org/publ/qtrpdf/r_qt1503f.htm). A partir de 2008, las compañías petroleras se endeudaron tanto con los bancos como en el mercado de bonos. Los bonos emitidos pasaron de 455.000 millones de dólares en 2006 a 1,4 billones en 2014; un crecimiento del 15% anual. Los créditos sindicatos (organizados por bancos) crecieron de 600.000 millones a 1,6 billones de dólares en el mismo período; un aumento anual del 13%. La deuda emitida por las empresas de petróleo y de energía representa hoy el 15% tanto del total de la deuda calificada como grado de inversión, como del total de alto rendimiento. Una gran parte de esa deuda ha sido emitida por empresas estatales de países atrasados o en desarrollo, como Rusia, Brasil y China. Las petroleras estadounidenses también se endeudaron fuertemente. Su deuda representa el 40% del total de préstamos sindicados y bonos de deuda. Muchas lo hicieron para financiar las inversiones; los gastos anuales de capital de las empresas de petróleo y gas se duplicaron entre 2000 y 2013, llegando ese último año a 900.000 millones de dólares.

Pero la caída de los precios del petróleo – que sostiene el valor de los activos que respalda las deudas de las empresas- reduce la rentabilidad, aumenta el riesgo de default y genera más costos financieros. Por eso los rendimientos de los bonos han estado aumentando; los autores anotan una subida de casi 500 puntos básicos entre junio de 2014 y febrero de 2015. Pero desde entonces la situación ha empeorado. Los bonos de muchas empresas vinculadas al petróleo se han derrumbado; lo mismo sucede con los seguros contra default, los CDS. Fondos mutuos vinculados al petróleo también han sufrido pérdidas. Además, la caída del precio del petróleo aumenta los riesgos de falta de liquidez. Las empresas muy endeudadas van a reducir fuertemente sus gastos, vendiendo instalaciones y despidiendo gente. En cuanto a la producción, los que están muy endeudados intentarán sostener los niveles de output, o incluso aumentarlos para hacer frente a las deudas. Notemos que esta constricción es importante en las crisis, como apuntó en su momento Marx: cuando hay que saldar deudas, se vende a cualquier precio; lo que profundiza las caídas. Y aumentan las quiebras: “S&P dice [diciembre 2015] que el número de defaults de corporaciones globales ha superado los 100 en 2015, el doble que el año pasado y la cifra más alta desde 2009, y más de la tercera parte ocurrió en el sector de la energía” (http://oilprice.com/Energy/Energy-General/Tick-Tock-Time-Running-Out-for-Struggling-Oil-and-Gas-Drillers.html).

Como no podía ser de otra manera, muchos bancos están sintiendo el pinchazo. No es una situación de la gravedad que revistió la crisis de las hipotecas, pero de todas maneras es preocupante. En enero el Bank of America informó que en el cuarto trimestre de 2015 había aumentado las provisiones por pérdidas en créditos en 260.000 millones de dólares; la mayor parte de las mismas vinculadas a la energía. Según el informe, 8.300 millones de dólares estaban colocados en actividades de exploración y producción de “alto riesgo”, sobre un total de 21.000 millones de exposición en el sector (http://www.nytimes.com/2016/01/20/business/oil-market-tests-banks-ability-to-weather-losses.html?_r=0).

Paralelamente Citigroup, Wells Fargo y JP Morgan informaron que cuestiones vinculadas al petróleo pesaron en sus ganancias trimestrales. Wells dijo que 17.000 millones de dólares estaban colocados en compañías de energía que no tenían grado de inversión. Citigroup comunicó que 32% de sus préstamos en energía fueron también a empresas por debajo del grado de inversión. BOK Financial, que incluye bancos de Oklahoma y Texas provisionó 22.500 millones de dólares por posibles pérdidas (ídem).

Esta situación, aunque todavía no está afectando seriamente la reserva de capital de los bancos, afecta las ganancias y el problema puede agravarse en un futuro más o menos cercano. Es que cuando los precios eran altos, muchas empresas tomaron protección para resguardarse de caídas. En consecuencia, algunas compañías todavía están recibiendo 80 dólares por barril (para pérdida de los especuladores en los mercados swap que tomaron el lado alcista). Sin embargo, por estas semanas esas protecciones estarán expirando y las carteras crediticias de los bancos lo van a sentir. Las caídas de las acciones de los bancos se relacionan lógicamente con esta situación. Es posible también que las condiciones de crédito se endurezcan para las otras ramas de la economía.

Un párrafo aparte merecen los llamados bonos basura (junk bonds), a los que ya hicimos mención. Se trata de bonos de alto rendimiento esto es, que financian inversiones arriesgadas. La deuda en bonos basura en energía, en EEUU, alcanzó los 210.000 millones de dólares. Es aproximadamente el 16% del total del mercado de bonos basura, que alcanza los 1,3 billones de dólares. Cuando los precios del petróleo eran altos, el asunto se presentaba como un gran negocio. Cuando bajan, habrá inevitablemente grandes pérdidas.

Los bancos europeos también tienen problemas, tanto por la debilidad general de la economía, como por las inversiones en energía. Según un estudio de la firma Jefferies, los bancos europeos apostaron en exceso al petróleo y gas; la suma rondaría los 100.000 millones de euros. El más complicado es el Deutsche Bank, que informó pérdidas en 2015 por 6800 millones de euros. La acción del banco se ha desplomado en lo que va del año un 40%, y hay temor de que no pueda cumplir con el pago de la deuda convertible en acciones que emitió en 2014 por 4300 millones de euros. El Deutsche también está muy comprometido por acusaciones de haber manipulado la tasa de interés interbancaria. HSBC, por su parte, está en un proceso de reestructuración, y anunció el despido de miles de trabajadores. Los bancos italianos también están en problemas: en noviembre de 2015 los créditos en mora alcanzaban los 201.000 millones de euros. La acción de Unicredit cayó el 45% en 2016. De conjunto, los títulos de los bancos europeos cayeron en promedio el 25%. Los CDS (credit default swaps, seguros contra quiebra) de los grandes bancos europeos se han duplicado. Es posible por eso que en un futuro se endurezcan las condiciones del crédito. Un crack financiero, en este marco, impactaría de lleno en la economía global.

En conclusión, nada autoriza a sostener que la caída de los precios del petróleo pueda ser la base de una recuperación de la economía mundial. Es cierto que no se puede decir que estamos en una recesión –el producto mundial creció 3,1% en 2015, y crecería 3,4% en 2016, según proyección del FMI- pero la economía sigue débil, y se acumulan las tensiones y problemas. Incluso el pronóstico del FMI está afectado por la creencia en que la caída de los precios del petróleo automáticamente elevará el gasto, en especial en la zona del euro. Hemos argumentado por qué esto no es necesariamente así; y no lo está siendo, hasta el momento. Además, la fragilidad del sistema financiero es importante y es expresión de las dificultades crecientes en una economía global en la cual la inversión sigue débil. La situación del sistema financiero en China es particularmente explosiva. Por eso no se puede descartar que se desate una nueva y profunda recesión mundial.

Todo apunta a que, en el mejor de los casos, continuará el bajo crecimiento. Lo cual impactará en la vida de cientos de millones de personas. Según la OIT; en 2014 había en el mundo más de 201 millones de desempleados, 31 millones más que antes de la crisis. Preveía que en 2015 el desempleo mundial aumentara en 3 millones, y en 8 millones en los siguientes cuatro años. 61 millones de seres humanos han perdido su trabajo desde el estallido de la crisis. Los jóvenes son los más afectados. 74 millones de personas entre 15 y 24 años buscaban trabajo en 2014. En 2014 la situación del empleo estaba empeorando en América Latina y el Caribe, Rusia, China y algunos países árabes. Se espera también que el empleo vulnerable se mantenga constante, alrededor del 45% del empleo total en los próximos años. El número de trabajadores con empleo vulnerable en 2014 era de 1440 millones de personas (22 millones más que en 2012). Es la consecuencia más directa y palpable del semi-estancamiento en que está sumergida la economía mundial desde hace años.