9 de febrero de 2017

¿QUÉ SIGNIFICA HOY DEMOCRATIZAR LA COMUNICACIÓN?: BASTA DE LETANÍAS

Aram Aharonian. alainet.org

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? ¿Hablamos solo de redistribución de frecuencias radioeléctricas para garantizar el derecho humano a la información y la comunicación? ¿De qué forma la redistribución equitativa de frecuencias –éstas patrimonio de la humanidad- entre los sectores comercial, estatal o público, y popular (comunitario, alternativo, etc.) puede garantizar la democratización de la comunicación e impedir la concentración mediática?

A veces pienso que nos instan, nos empujan a pelear en campos de batalla equivocados o permitidos, mientras se desarrollan estrategias, tácticas y ofensivas en nuevos campos de batalla. El mundo avanza, la tecnología avanza… y pareciera que nosotros –desde lo que llamamos el campo popular- seguimos aferrados a los mismos reclamos, reivindicaciones de un mundo que ya (casi) no existe.

El mundo cambia sí, pero el tema de la comunicación, de los medios de comunicación social, sigue siendo, como en 1980 cuando el Informe McBride, fundamental para el futuro de nuestras democracias. El problema de hoy es la concentración oligopólica: 1500 periódicos, 1100 revistas, 9000 estaciones de radio, 1500 televisoras, 2400 editoriales están controlados por sólo seis trasnacionales. Pero ese no es el único problema.

Hoy los temas de la agenda mediática tienen que ver con la integración vertical de proveedores de servicios de comunicación con compañías que producen contenido, la llegada directa de los contenidos a los dispositivos móviles, la transnacionalización de la comunicación y su cortocircuitos con los medios hegemónicos locales, los temas de la vigilancia, manipulación, transparencia y gobernanza en internet, el "ruido" en las redes y el video como formato a reinar en los próximos años.

Estos son, hoy en día, juntos al largamente anunciado ocaso de la prensa gráfica y la vigencia de la guerra de cuarta generación y el terrorismo mediático, los vértices fundamentales para reflexionar sobre el tema de la democracia de la comunicación, mirando no hacia el pasado, sino hacia el futuro que nos invade.

Hipotéticamente, si realmente en nuestra región, el 33 por ciento de las frecuencias fueran concedidas a los medios populares, ¿quién abastecería de contenidos a tal cantidad de canales y radios? Entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?

Los que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y hegemonizar la información-formación del ciudadano.

¿Adiós televisión? Controlar los contenidos
Pasaron 140 años desde que Alexander Graham Bell utilizó por primera vez su teléfono experimental para decirle a su asistente de laboratorio: “Señor Watson, venga, quiero verlo”. Su invención transformaría la comunicación humana y el mundo. La empresa creada por Bell creció hasta transformarse en un inmenso monopolio: AT&T.

El gobierno estadounidense consideró luego que era demasiado poderosa y dispuso la desintegración de la gigante de las telecomunicaciones en 1982… pero AT&T ha regresado, anunciando la adquisición de Time Warner, una de las principales compañías de medios de comunicación y producción de contenidos a nivel mundial, para conformar así uno de los más grandes conglomerados del entretenimiento y las comunicaciones del planeta.

La fusión propuesta, que aún debe ser sometida a estudio por las autoridades, representa desde ya no solo una significativa amenaza a la privacidad y a la libertad básica de comunicarse, sino también un cambio paradigmático en lo que a lo que hoy entendemos como comunicación. Sería la mayor adquisición hasta la fecha y llegaría un año después de que AT&T comprara a DirecTV.

AT&T es hoy la décima entre las 500 compañías más grandes de Estados Unidos y si adquiriera Time Warner, que ocupa el lugar 99 de la lista Forbes, se crearía una enorme corporación, integrada verticalmente que controlaría no solo una amplia cantidad de contenidos audiovisuales, sino o la forma en que la población accedería a esos contenidos.
Según Candace Clement, de Free Press, esta fusión generaría un imperio mediático nunca antes visto. AT&T controlaría el acceso a Internet móvil y por cableado, canales de televisión por cable, franquicias de películas, un estudio de cine y televisión y otras empresas de la industria. Eso significa que AT&T controlaría el acceso a Internet de cientos de millones de personas, así como el contenido que miran, lo que le permitiría dar prioridad a su propia oferta y hacer uso de recursos engañosos que socavarían la neutralidad de la red.

Pelear guerras que ya no existen
El mundo no es el mismo de antes (tampoco el del 1980 cuando el Informe McBride), aunque tanto derecha como izquierda crean que seguimos en 1990. Es difícil, a quienes como uno vienen de la época de la tipografía y la linotipia, de los télex y teletipos -o del dogmatismo y la repetición de consignas-, asimilar los cambios tecnológicos y la realidad del mundo actual, del big data, de la inteligencia artificial, de la plutocracia…

Según los últimos cálculos, en el mundo hay unos 10 zetabytes de información (un zetabyte es un 1 con 21 ceros detrás), que si se ponen en libros se pueden hacer nueve mil pilas que lleguen hasta el sol. Desde 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. Y la única manera de interpretarlos es con máquinas.
El Deep Learning es la manera como se hace la Inteligencia Artificial desde hace cinco años: son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todos lo usan.

El Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta.

Si uno tiene Gmail en su celular con wifi, puede ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuvo cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (no tiene por qué creerme: vea www.google.com/maps/timeline). Es una información que uno les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instala la aplicación.
También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buenos negocios con nuestros datos. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de los celulares Movistar. De la noche a la mañana, la gente pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Hoy se puede saber dónde están las personas, pero también qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social.

El alemán Martin Hilbert, asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de EE.UU. señala que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook. “Se puede abusar también, como Barack Obama y Donald Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary Clinton no lo hizo, y perdió. Esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes (me gusta) tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no”, señala el científico.

Y “con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección”.

Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, los empezaron a atacar”, señala Hilbert.

Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar”. Lo más delicado es que no sólo pueden mandar el mensaje como más le va a gustar a esa persona, sino también pueden mostrarle sólo aquello con lo que va a estar de acuerdo.

Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles no. Si un robot reconoce células de cáncer, uno se ahorra al médico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, afirma Hilbert. Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores. El 99% de las decisiones de la red de electricidad en EEUU son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía.

No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y lo más importantes es entender en qué mundo vivimos. Por eso llama la atención que operadores mediáticos, que se autodefinen como radicales de izquierda, sigan insistiendo en la necesidad de pelear en escenarios que ya no existen, con léxicos que no corresponden a las realidades reales y tampoco a las virtuales, en aferrarse al pasado, lo cual es por demás retrógrado.

La dictadura y la posverdad
Hoy más que nunca la dictadura mediática, en manos de cada vez menos “generales” de las corporaciones, busca las formas novedosas de implantar hegemónicamente imaginarios colectivos, narrativas, discursos, verdades e imágenes únicas. Es el lanzamiento global de la guerra de cuarta generación, directamente a los usuarios digitalizados de todo el mundo.

Si hace cinco décadas la lucha política, la batalla por la imposición de imaginarios, se dilucidaba en la calle, en las fábricas, en los partidos políticos y movimientos, en los parlamentos (o en la guerrilla), hoy las grandes corporaciones de transmisión preparan una ofensiva que saltean los medios tradicionales para llegar directamente, con sus propios contenidos de realidades virtuales, a los nuevos dispositivos móviles de los ciudadanos.

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? ¿Hablamos de redistribución de frecuencias radioeléctricas cuando hoy el control emerge de la conjunción de medio y contenido? Los que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y hegemonizar la información-formación del ciudadano.

Cambia la radio. Bajo la mirada vigilante de otras naciones, Noruega se ha convertido desde el enero de 2017, en el primer país del mundo en apagar su señal de Frecuencia Modulada (FM), considerando que tiene 22 estaciones nacionales de radio digital, y aún hay espacio en su plataforma digital para otras 20.

La tendencia mundial –y latinoamericana- demuestra que los jóvenes televidentes ya están pasando del uso lineal de televisión hacia un consumo en diferido y a la carta, que bien puede optar el dispositivo fijo (el televisor) y optar por una segunda pantalla (computadora, tablet, teléfonos inteligentes).

Para los comunicólogos optimistas, de receptores pasivos, los ciudadanos están pasando a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales, productores-difusores, o productores-consumidores (prosumidores). Para los menos optimistas, si bien esa es una posibilidad teórica, la práctica demuestra que la producción y difusión quedarán en manos de grandes corporaciones, en especial estadounidenses, y los ciudadanos podrán ocupar la casilla de consumidores, en una arremetida del pensamiento, el mensaje, la imagen únicos.

Quizá aquellos que estamos desde hace años en la lucha creemos que la discusión sobre la democratización de las comunicaciones está socializada/masificada en nuestras sociedades. No lo está siquiera en aquellos donde se han hecho esfuerzos de esclarecimiento en este campo, como Argentina y Ecuador. Hay quienes sostienen que aún se trata de una discusión elitesca, entre los militantes políticos, de la comunicación y allegados.

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información en la que ahora se da en llamar la época de la posverdad, donde los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones, los imaginarios y las creencias personales?

Hoy, la posverdad es el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los líderes políticos. La sociedad es hoy un monumental simulacro, un plexo cuasi-infinito de significaciones sin referente ni realidad que las apoye, una especie de monumental ciencia-ficción que nos domina, dijera Baudrillard.

En 2016, The Economist hablaba del arte de la mentira, y señalaba que Trump es el principal exponente de la política de la posverdad, que se basa en frases que se sienten verdaderas, pero que no tienen ninguna base real. Una cosa es exagerar u ocultar, y otra, mentir descarada y continuadamente sobre los hechos. Y lo peor es que esas mentiras se van imponiendo en el imaginario colectivo.

Hoy se manipulan, se omiten, se tergiversan o se falsifican desde las cifras de la desocupación o del costo de la vida, mientras opinadores muy mediatizados predican distintas variantes del there is no alternative (no hay alternativa) thatcheriano.

Disculpe, entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?

NOTA DEL EDITOR DE ESTE TEXTO
El alemán Martin Hilbert, asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de EE.UU. Miente. Hillary Clinton abusó de los medios de predicción de la opinión, además de la intoxicación y de las mentiras en su campaña, y antes, durante el ejercicio de su cargo, en relación con los países en conflicto con Estados Unidos. Perdió, simplemente por ser menos eficaz en su relato y en el mensaje político que enviaba a los electores y, sospecho que, porque una parte del poder económico buscaba un títere con nueva cara, más acorde a los tiempos actuales.

Por lo demás deseo detenerme en una figura, Sean McBride, que ha nombrado el autor de este texto, y en su informe a la UNESCO: “Un solo mundo, voces múltiples. Leí este texto hace ya 33 años. Se lo recomiendo. Me impresionó la certeza de su análisis, el carácter visionario sobre el mundo que se avecinaba en las comunicaciones y, sobre todo, la valentía que se desprendía de sus propuestas, tanto que provocó la salida de EE.UU. de dicha institución, declarando la guerra frontal al citado informe.

El señor McBride era un auténtico socialdemócrata; de esos que creyendo que no es posible acabar con el capitalismo, están dispuestos a probar sus límites y a intentar reformarlo. Se equivocan plenamente, como la cruel realidad demostró más tarde con dicho informe, que acabó siendo rechazado años más tarde de su fecha de publicación (1980), tras un acoso insufrible contra su autor, y sustituido por otras líneas comunicacionales de trabajo acordes con los intereses de los grandes países capitalistas y con su concepto de la “libertad de información”, tan en línea con lo que hoy representan los grandes sistemas de manipulación de conciencias dominantes.

Solo algunas notas sobre el señor McBride. Fue jefe del Estado Mayor del Ejército Republicano Irlandés (IRA). Fundó el Partido Republicano Irlandés, de orientación socialista. En 1977 recibió el Premio Lenin de la Paz y tres años antes (1974) el Premio Nobel de la Paz, por su defensa de los derechos humanos. En 1977 fue presidente de la Comisión Internacional de Comunicación de la Unesco y en 1980 fue nombrado presidente de este organismo internacional. La Unesco entonces era otra Unesco. Y sí, fue miembro fundador de Amnistía Internacional y fue su presidente desde 1961 a 1974. Pero esa era también otra Amnistía Internacional y no el títere de los intereses del imperialismo norteamericano en el que se ha ido convirtiendo a partir de la década de los 80 del pasado siglo.  

8 de febrero de 2017

CUIDADO CON LAS EMPRESAS ZOMBIS

Michael Roberts. Asturbulla

La economía convencional está muy desconcertada por el fracaso de las principales economías a la hora de restaurar la tasa de crecimiento anterior de la productividad del trabajo desde el final de la Gran Recesión



Otros argumentan que el crecimiento de la productividad puede ser menor, pero que eso no es más que el resultado de las secuelas de la Gran Recesión, que hace que las empresas no están dispuestos a invertir en bienes de capital y prefieren especular en los mercados financieros o simplemente acumular efectivo. Hay algo de verdad en este argumento, como explicaré a continuación. Después de todo, tras una gran crisis, las empresas capitalistas acumulan dinero en efectivo en lugar de desperdiciarlo en inversión y producción adicional que posiblemente no encuentre un comprador. Y un estudio de la OCDE encontró apoyo para lo que llamó el elemento “pro-cíclico” de la productividad global post crisis. “Las empresas pueden responder a las fluctuaciones a corto plazo de la demanda mediante la variación de las tasas con las que utilizan su capital y mano de obra existentes, por ejemplo manteniendo de la mano de obra en el momento de la crisis a la espera de la recuperación o reduciendo la utilización del capital existente sin invertirlo”.

Otros estiman que crecimiento de la productividad ya se había ralentizado antes de la Gran Recesión y no se recuperará, porque ahora estamos en una época de bajo crecimiento y todas las innovaciones de alta tecnología se han agotado y los robots y la IA tendrán poco impacto en la economía en general. Este punto de vista ha sido tenazmente defendido por el economista Robert J Gordon, y por analistas más radicales. Lo que sugiere que es posible que el capitalismo se este acercando a su fecha de caducidad. Una vez más, este argumento tiene cierto mérito, pero, como he explicado en artículos anteriores, todavía no identifica la causa de la desaceleración de la inversión y crecimiento de la productividad desde el final de la Gran Recesión.

Ahora, una nueva investigación aporta luz al debate. El Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y la OCDE han producido recientemente informes que insisten en una característica clave del 'rompecabezas de la productividad'. Parece que el crecimiento de la productividad no tartamudea en todas partes en las economías capitalistas. En las principales economías, las empresas denominadas "frontera" están aumentando su productividad tan rápido como antes de la crisis financiera. Las decepcionantes cifras de productividad de la economía en general han de atribuirse a las empresas que se han quedado "por detrás de la frontera".

La OCDE considera que la rapidez de la "difusión" de la innovación y la productividad de las empresas más avanzadas a las retrasadas se ha ralentizado. El BCE también llega a la misma conclusión en su estudio de la productividad de la zona euro (donde es peor para los servicios que para la fabricación) y lo mismo el Banco de Inglaterra para el Reino Unido y que su efecto es sustancial. Lo que es más significativo es que el nuevo estudio de la OCDE encontró que la causa fue el gran número de empresas 'zombi' (empresas cuyos ingresos regulares dan a lo sumo para cubrir el servicio de sus intereses (si llegan), empresas que, parafraseando al gobernador Carney del Banco de Inglaterra, "dependen de la bondad de sus acreedores".

Los investigadores de la OCDE creen que estos zombis constituyen una alarmante gran parte de la economía. En los nueve países europeos que estudiaron, la parte del stock del capital privado total 'hundido' en las empresas zombi va del 5 al 20 por ciento. La sugerencia es que este tipo de empresas acaparan el capital y ocupan el mercado haciéndolo más difícil para las empresas nuevas y más prometedoras, obstaculizando su expansión y la reasignación de la mano de obra y del capital hacia las empresas más productivas y de más rápido crecimiento. El documento concluye que "la prevalencia de, y los recursos hundido en, las empresas zombis han aumentado desde mediados de la década del 2000, lo cual es importante teniendo en cuenta que las recesiones suelen ofrecer oportunidades para la reestructuración y la reasignación para mejorar la productividad" y que "una mayor proporción de capital de la industria hundido en las empresas zombi tiende a obstaculizar el crecimiento medido en términos de inversión y empleo de las empresa no zombi". Después de todo, “un aumento del 3,5% en la proporción de empresas zombi es más o menos equivalente al observado entre 2005 y 2013, en promedio, en los nueve países de la OCDE de la muestra, lo que se asocia con una disminución del 1,2% en el nivel de la productividad del trabajo en todas las industrias".

Esto confirma lo que he sostenido en un reciente debate sobre el papel de la rentabilidad. Los enormes beneficios obtenidos desde el fin de la Gran Recesión se han limitado principalmente a las grandes empresas: "sólo unas pocas mega empresas acumulan la mayor parte del dinero en efectivo, mientras que miles de pequeñas y medianas empresas (PYME) tienen poco dinero en efectivo y mucha más deuda. De hecho, una minoría son realmente empresas 'zombi' con beneficios que solo les permiten hacer frente al servicio de su deuda".

Es fácil ver por qué hay tantos zombis. A pesar de la relativa recuperación de la rentabilidad de muchas economías en el boom alimentado por el crédito de 2002 a 2006, no fue el caso de muchas pequeñas y medianas empresas. Por el contrario, acumularon más deuda mediante créditos bancarios. La Gran Recesión provocó un colapso en los beneficios e incluso después de 2009, la rentabilidad de estas empresas mejoró poco, mientras que la deuda se mantuvo alta. Sin embargo, las empresas zombis han sobrevivido porque las tasas de interés eran muy bajas y los bancos no han ejecutado los impagos. Este escenario ha llegado al extremo en Italia, donde los créditos bancarios morosos han alcanzado el 20% del PIB.

Como el BCE explica en un informe: "Mientras que los bancos que se beneficiaron del anuncio aumentaron su oferta global de préstamos, este suministro se dirigió fundamentalmente hacia empresas de baja calidad pero con relaciones crediticias pre-existentes con esos bancos. Como resultado, no hubo un impacto positivo sobre la actividad económica real, como el empleo o la inversión. En su lugar, estas empresas utilizaron sobre todo los fondos recién adquiridos para acumular reservas en efectivo. Por último, documentamos que las empresas solventes en las industrias con una prevalencia de empresas zombis sufrieron significativamente por la mala asignación de crédito, lo que ralentiza la recuperación económica".

De acuerdo con la investigación del liberal Instituto Adam Smith, 108.000 de las denominadas empresas de zombis en el Reino Unido sólo son capaces de pagar el interés de su deuda, lo que impide su reestructuración. En otras palabras, ralentizan la "destrucción creativa" del capital mediante la liquidación de los débiles por los fuertes.

Esto confirma estudios anteriores, como el del Journal of Finance (2009), ¿Por qué las empresas tienen tanto dinero en efectivo, que encontró que para poder competir, las empresas cada vez tienen que invertir más en tecnología nueva y experimental en lugar de aumentar la inversión en equipos existentes. Eso es más arriesgado: "la mayor importancia de la I + D en relación con los gastos de capital también tiene un efecto permanente en el coeficiente de caja. Debido a la menor tangibilidad de los activos, las oportunidades de inversión en I + D son más costosas de financiar que el capital que se utiliza para gastos externos. En consecuencia, una mayor intensidad de I + D en relación con los gastos de capital exige a las empresas tener una mayor reserva de caja frente a futuros choques que afecten al flujo de caja generado internamente". Así, las empresas tienen que acumular reservas en efectivo como fondo de amortización para cubrir posibles pérdidas en investigación y desarrollo.

Del mismo modo, en un trabajo reciente, Ben Broadbent, del Banco de Inglaterra, ha señalado que las empresas británicas se encontraban en un periodo con grandes obstáculos para la rentabilidad que disuaden la inversión, ya que perciben que es demasiado arriesgada. "Incluso si la crisis se originó en el sistema bancario, ahora hay mayores riesgos para la inversión - un aumento de la probabilidad percibida de muy malos resultados económicos ... .En realidad, muchas de inversiones implican costes a fondo perdido. Grandes proyectos de IED, formación en las empresas, I + D, la adopción de nuevas tecnologías, incluso reorganizaciones administrativas sencillas: cosas que pueden mejorar la productividad, pero que suponen riesgos en sus retornos y que no se pueden revertir fácilmente". Por lo tanto la rentabilidad del capital tiene que ser lo suficientemente alta como para justificar la inversión más arriesgada en alta tecnología y poder asumir una carga de deuda mucho mayor (incluso si los costes de su servicio hoy por hoy son menores). Las empresas no van a pedir más dinero prestado para invertir incluso si los bancos están dispuestos a prestarlo.

La teoría de la crisis de Marx se basa en la idea de que después de una crisis el capital sólo empezará a invertir para aumentar la productividad de la mano de obra si la rentabilidad está aumentando, y a un nivel suficiente. De hecho, las depresiones en la producción deben servir de base para una recuperación de la rentabilidad y la reducción de la carga de la deuda (crédito) acumulada hasta la crisis. Pero en este momento hay miles de pymes muy endeudadas que apenas se mantienen a flote a pesar de las bajas tasas de interés. Tienen una rentabilidad demasiado baja y una deuda demasiado alta. Están obstruyendo el sistema.

La rentabilidad en las principales economías se ha recuperado desde el mínimo registrado en el punto más bajo de la Gran Recesión en 2009. Según la base de datos AMECO de la Comisión Europea, el rendimiento neto del capital es entre 8-30% desde el año 2009 en las principales economías. Pero la recuperación no ha implicado que la rentabilidad haya vuelto a su nivel máximo (2005-7) antes de la gran crisis, oscilando de 0 a cerca de 14%. Y en el Reino Unido y Estados Unidos la rentabilidad está ahora cayendo, de acuerdo con AMECO.



Al mismo tiempo, los niveles de deuda de las empresas siguen siendo altos y crecientes.



Los estrategas más radicales del capital reconocen la solución "adecuada". Al comienzo de la Gran Depresión de la década de 1930, el entonces secretario del Tesoro, Andrew Mellon, advirtió que el mantenimiento zombi del capital "muerto" era un “riesgo moral”. "Liquidar los trabajadores, liquidar las acciones, liquidar los agricultores, liquidar las propiedades inmobiliarias ... se purgará la podredumbre del sistema. La gente trabajará más, vivirá una vida más moral. Los valores serán ajustados, y las personas más emprendedoras sustituirán a las menos emprendedoras".

Para el capital, la "solución" de la “destrucción creativa” en una depresión o crisis sigue ahí. "El principio fundamental del capitalismo, que sostiene que las malas compañías tienen que dejar paso a otras nuevas y mejores, está volviendo a reaparecer" dice Alan Bloom, jefe global de "reestructuración" de la consultora Ernst & Young. Y añade: "muchas empresas europeas están en lento declive y tienen necesidad urgente de una nueva dirección, una estructura de capital revisada o, en el peor de los casos, que se le permita quebrar”.

Con niveles de deuda empresarial más altas que antes de la crisis global y una rentabilidad menor en la mayoría de las economías, las empresas 'zombis' van a tener que ser eliminadas en un nuevo apocalípsis antes de que se consiga mejoras de la rentabilidad y la productividad.


6 de febrero de 2017

BRASIL: POLÉMICO ACERCAMIENTO DE TEMER Y LULA

foto: Temer y Lula en el sepelio de la mujer 
del ex presidente (EFE/Beto Barata)

Resumen Latinoamericano

5 febrero 2017.-Hubo gestos de clara conciliación entre el presidente y sus dos antecesores , Lula y Fernando H. Cardoso.

Hay varias señales que sugieren un ambiente político menos tenso para el presidente Michel Temer. Las dos más importantes vinieron de dos ex presidentes: Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inázio Lula da Silva.
El primero reveló que la política económica “permite imaginar una salida del pozo” y que sería “malo y muy complicado” intentar sacar a Temer del poder. Lula tuvo un gesto de clara conciliación cuando el jefe del Planalto lo visitó el jueves en el hospital Sirio-Libanés, donde se encontraba internada la ex primera dama Marisa Letícia, fallecida el viernes.

Un asesor del presidente, que lo acompañó en ese contacto, creyó ver en el acercamiento de ambos políticos un indicio de que Lula ablandaba su postura. Tanto que en el diario Folha de Sao Paulo se afirmó que, al volver a Brasilia, Temer dijo a sus colaboradores que quiere hacer una conferencia con sus dos antecesores.

El tema a tratar sería la reforma política que muchos intentaron y nadie consiguió. Podría convidar, inclusive, a otros ex jefes de Estado como José Sarney y Fernando Collor. En declaraciones a la prensa brasileña, asesores de Temer dijeron que lo mejor sería apresurar esa cumbre.

Al despedirse del actual presidente, Lula le aseguró que estaba dispuesto a conversar cuando lo llame. Y Temer le replicó que habrá de buscarlo en el futuro inmediato.

En el entorno “temerista” no dudan que el líder petista puede tener un peso importante en el escenario nacional. “Lula es un actor político con el que hay que retomar el diálogo”, postuló el senador Romeró Jucá, del Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB).

En el mismo sentido se expresó el ministro jefe de gabinete Eliseu Padilha, al señalar que “ese diálogo será ciertamente continuado”.

Del otro lado, se escucharon los mismos conceptos: “Ninguna divergencia o pelea política debe anular el diálogo”, sostuvo Lula. Una muestra de que pretende ir en esa dirección fue el largo abrazo en el que se fundió con Cardoso, y luego con el actual canciller José Serra, quien fuera candidato presidencial derrotado por él en octubre de 2002.

Es curioso, pero en el PT no saben aún qué ocurrirá con su histórico fundador. Unos suponen que podría verse muy afectado por la depresión posterior a la muerte de su compañera (luego de 43 años de casados). Otros, sin embargo, entienden que Lula podrá reaccionar con más y más política; y con viajes a lo largo y ancho de su país.

Esa es la variante más probable. Desde el punto de vista humano, era natural que Lula recibiera la solidaridad del mundo político. En el velorio de su mujer estuvieron el ex presidente del Senado, Renan Calheiros; el actual titular de ese cuerpo Eunício Oliveira; y los ministros Henrique Meirelles y Moreira Franco.

El senador Cassio Cunha Lima, del socialdemócrata PSDB, contó que Lula le había dado “mucha importancia” al hecho de que las relaciones personales no se han contaminado con las rivalidades políticas.

De acuerdo con la prensa, el dirigente del PT advirtió a sus compañeros que no quería convertir la muerte de Marisa en un “espectáculo político” y le pidió que no hicieran manifestaciones. Con todo, no pudo evitar que a la llegada de Temer, los militantes le gritaran “asesino” y “golpista”.

Tal vez allí resida una contradicción. Y tal vez ésta no sea más que aparente. Hay una necesidad de los miembros del gobierno, de sus aliados y del propio Lula, de terminar con la inestabilidad política que procede, entre otras cosas, del proceso de Lava Jato. Ocurre que, como señaló la columnista Eliane Cantanhede, “el Lava Jato está vivo..y hay delaciones de Odebrecht en el camino”.

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG
La mentira tiene las patas muy cortas. Aquella campaña mediática y política de progres, socialdemócratas e izquierdistas de salón acusando de “golpe de Estado” a lo que no era otra cosa que un impeachment, mecanismo de destitución de un presidente que contemplan muchas constituciones de las democracias burguesas, se ha quedado con el culo al aire.

Tras la pataleta de los sectores del PT y aliados brasileños, latinoamericanos y progres de otras latitudes, vamos viendo cómo en realidad el otrora socio de Dilma, Temer, no representaba intereses económicos muy distintos a los del partido fundado por Luiz Inázio Lula da Silva (Lula).

La corrupción, previa a los gobiernos del PTB, propia de estos y, por supuesto de los gobiernos brasileños del capital que vendrán no eran, son, ni serán anomalías que dañan a la democracia brasileña. Bajo el capitalismo, la democracia no es sino un sarcástico simulacro. Eran en realidad un modo de asegurar la connivencia de los gobiernos con los poderes económicos, repartiendo una parte de la tarta, o piñata, como quiera llamarse.

La corrupción del lulismo de Dilma es la corrupción de su ex socio Temer y de todo el sistema político, partidario e institucional del orden burgués brasileño.

En ningún momento el lulismo significó un peligro para el gran capital brasileño ni latinoamericano sino una renovación de las élites políticas, con el fin de reforzar la legitimación del capital, abordar la modernización económica de una parte de las infraestructuras capitalistas brasileñas y ampliar el mercado hacia unas ficticias clases medias; estrategia esta última que se vino abajo con la caída del precio del petróleo. Políticamente aquello se vendió como “empoderamiento” de las clases populares, “palabro” que es parte del neolenguaje de la tecnopolítica progre, dentro de unas categorías de pensamiento diseñadas por los think tanks liberales anglosajones. En ningún momento las clases populares brasileñas tuvieron más poder, porque ese está siempre en el lado de quien detenta las palancas económicas y productivas de un país, el capital. Solo obtuvieron durante un breve tiempo el sueño de una democracia de consumo porque participaban de las migajas de productos y servicios que el capital brasileño necesitaba para reproducirse. El sueño acabó.

Han sido 14 años de gobierno del PT, uno de los más largos en la democracia brasileña. Finalizó cuando la crisis azotaba fuertemente a la economía brasileña y determinados sectores,fundamentalmente de las llamadas “clases medias”, ampliadas por el lulismo salieron a la calle contra la presidenta Dilma Rousseff y su gobierno. Cuando el capitalismo ve descontento en la calle, suele cambiar de Consejo de Administración, ya que no otra cosa son los gobiernos existentes bajo su orden/desorden económico. El objetivo de estos cambios de caras no es otro que el de limitar los daños y los efectos de la protesta a la representación política logrando, de ese modo, que no suba la marea.

Ahora toca ir encauzando el tono de la lucha entre los contendientes políticos, normalizando las “discrepancias” e institucionalizando la labor de oposición política, sobre todo en un tiempo de gran debilidad y confusión en la burocracia y entre las bases del PT Brasileño. Eso es todo amigos. No hay que buscarle otra explicación a toda la farsa montada durante el proceso que llevó hasta el desalojo del PT del gobierno ni a la búsqueda de relación “civilizada” entre el actual gobierno y su principal partido de oposición. Es parte de la vieja mascarada de la democracia burguesa.


2 de febrero de 2017

“EL AGOTAMIENTO DE LA FASE HISTÓRICA ACTUAL DEL CAPITALISMO”

Guglielmo Carchedi. Marxismo Crítico.

Un argumento clave para la teoría de la historia y la revolución de Marx es que “Ningún orden social perece antes de que se han desarrollado todas las fuerzas productivas a las que puede dar curso” (Crítica de la Economía Política, Prefacio). Ahora, si el marxismo es una ciencia, debe ser verificable empíricamente. Pero esta verificación es también importante por otra razón. Como dice Gramsci, “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no acaba de nacer” (Cuadernos de la cárcel , “La influencia del materialismo” y “crisis de autoridad”, Volumen I, tomo 3, pág. 311 , escrito alrededor de 1930). El análisis empírico también nos permite comprender por qué y sobre todo cómo lo viejo muere.

En la fase actual de la historia – es decir, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad – el capitalismo se encuentra con un límite cada vez más insalvables debido a la contradicción entre el crecimiento de la productividad del trabajo por un lado y las relaciones de producción, entre el trabajo y el capital, por el otro. Esta contradicción es cada vez más fuerte y el capitalismo está agotando su capacidad para desarrollarse en el contexto de esta fase histórica. La forma concreta adoptada por esta contradicción, su creciente incapacidad para desarrollarse, son crisis cada vez más violentas.

El punto clave es la tasa de ganancia, el indicador clave de la salud de la economía capitalista. En el ámbito de una nación o grupo de naciones, lo que cuenta es la tasa media de ganancia.

Consideremos en primer lugar la tasa promedio de ganancia de Estados Unidos, la nación que todavía es, con mucho, la más importante. Las estadísticas muestran que la tasa de ganancia de los EE.UU. está en un estado de caída irreversible. La caída es tendencial, es decir, a través de ciclos económicos ascendientes y descendentes. Sin embargo, la tendencia es claramente a la baja.


Gráfico 1. tasa media de ganancia, EE.UU., 1945-2010 1



La tasa de ganancia cae debido a la naturaleza específica de las innovaciones tecnológicas, el factor principal de su dinamismo. Las innovaciones, por un lado aumentan la productividad del trabajo, es decir, cada trabajador crea una cantidad cada vez mayor de mercancías con la ayuda de medios cada vez más avanzados de producción. Por otro, las innovaciones reemplazan a los trabajadores por medios de producción.

Gráfico 2. La productividad del trabajo y de los trabajadores de los medios de producción



La productividad se incrementó de 28 de millones de dólares por trabajador en 1947 a 231 millones en 2010, mientras que los trabajadores por medios de producción se redujo de 75 en 1947 a 6 en 2010. Dado que sólo el trabajo produce valor, una hipótesis que puede demostrarse empíricamente, una mayor cantidad de producto siempre contiene una menor de valor.

Esto también se aplica al trabajo mental. Se habla mucho estos días de Internet como un nuevo horizonte del desarrollo del capitalismo. En un reciente artículo[2] analizo la naturaleza del trabajo mental y argumento que puede ser productivo de valor y plusvalía, al igual que el trabajo objetivo, equivocadamente llamado material. Sin embargo, incluso el trabajo mental está sujeto a las mismas reglas que determinan el trabajo en el capitalismo. Por un lado, las nuevas formas de trabajo mental dan lugar a nuevas y más terribles formas de explotación y nuevas posibilidades para aumentar aún más la tasa de explotación de los trabajadores mentales. Por otro lado, las nuevas tecnologías reemplazan el trabajo mental con medios de producción, al igual que sucede en el trabajo objetivo. A pesar de sus características específicas, el trabajo mental no es el elixir de la eterna juventud del capitalismo.

Consideremos ahora la economía mundial. La misma tendencia de la tasa de ganancia en los EE.UU. puede ser observada a nivel mundial.

Gráfico 3. tasa de ganancia en todo el mundo y el G7, 1963-2008 (índice 1963 = 100)



Nótese la diferencia entre la tasa de ganancia del G-7 y el resto del mundo. Para comenzar desde los últimos años de la década de 1980, el G-7 han sufrido una crisis de rentabilidad (tendencia negativa), mientras que la tasa de ganancia tiene una tendencia global positiva. Esto significa que otras naciones han desempeñado un papel cada vez mayor para mantener la tasa de ganancia en todo el mundo.

La siguiente tabla pone la fase actual de desarrollo capitalista en un contexto histórico más amplio.

Gráfico 4.



Los gráficos 1, 3 y 4 muestran que la tasa de ganancia no cae en línea recta, sino a través de ciclos ascendentes y descendentes. Y la tendencia a caer es frenada y revertida debido contra-tendencias de forma temporal. Hay tres tendencias principales contrarias a la caída de la tasa de ganancia. Los tres son capaces de frenar esta caída sólo temporalmente.

La primera es que las innovaciones tecnológicas disminuyen el valor de cada unidad de producto. Esto también se aplica a los medios de producción. El denominador de la tasa de ganancia puede caer y la tasa de ganancia puede crecer. Esto es cierto en el corto plazo, pero en el largo plazo existe incertidumbre. Si la tasa de ganancia cae, el valor de los medios de producción debe crecer. Esto es lo que pone de manifiesto el siguiente gráfico

Gráfico 5 . Valor de los medios de producción (% del PIB), EE.UU., 1947-2010



En este gráfico se confirma lo que Marx anticipó en los Grundrisse: una sola máquina puede costar menos, pero la totalidad del precio de las máquinas que sustituyen a esa máquina aumenta no sólo en términos absolutos sino también en relación con el precio de salida. A la larga, esta contra-tendencia no ha funcionado.

La segunda contra-tendencia es el aumento de la tasa de explotación. Los trabajadores producen más valor y plusvalía si trabajan más tiempo y con mayor intensidad. Y cuanto más plusvalía producen, mayor es la tasa de explotación, mayor es la tasa de ganancia. Esto es lo que ocurrió a partir de 1986, con el advenimiento del neoliberalismo y el ataque salvaje a los salarios. La tasa de explotación se elevó a los niveles más altos de la posguerra, con la excepción de 1950.

Gráfico 6. Tasa de explotación, EE.UU., 1945-2010



El gráfico a continuación relaciona la tasa de explotación con la tasa de ganancia.

Gráfico 7. Tasa de explotación y la tasa de ganancia, 1947-2010



Las dos tasas están estrechamente relacionados. Esta tabla puede ser leída como si la tasa de ganancia estuviera determinada por la tasa de explotación: hasta mediados del decenio de 1980 cuanto más disminuye la tasa de explotación más baja es la tasa de ganancia. Por el contrario, a partir de los años 1980 a 2010, cuanto mayor es la tasa de explotación, mayor es la tasa de ganancia. La conclusión de cualquier economista neoliberal es que, para aumentar la tasa de ganancia debe aumentar la tasa de explotación, es decir, que tiene que recurrir a las políticas de austeridad (para el trabajo, no para el capital).

Ahora bien, es cierto que la tasa de ganancia aumenta cuando lo hace la tasa de explotación. Pero de ahí no se deduce que mejore la economía y que se pueda salir de la crisis aumentando la tasa de explotación. La tasa de ganancia media puede aumentar debido al aumento de la tasa de explotación, aunque, a diferencia de un capitalista individual, lejos de denotar una mejora de la economía, puede ocultar un empeoramiento. Es decir, puede ocultar una disminución de la producción de plusvalía por unidad de capital invertido y una mayor asignación a favor del capital. Pero sólo la producción de plusvalía (no su reparto) por unidad de capital invertido denota el estado de salud de la economía capitalista.

La medición de la tasa de ganancia determinada únicamente por el valor excedente producido se obtiene calculando la tasa de ganancia con una tasa de explotación constante.

Gráfico 8. Margen de beneficio con la tasa de explotación constante, EE.UU., 1947-2010



Como se muestra, la producción de plusvalía por unidad de capital invertido tiende a decrecer a lo largo de toda la fase histórica actual. Este gráfico se puede dividir en dos períodos, de 1947 a 1986 y en ambos la tasa de ganancia cae.

Gráfico 9.



y desde 1987 a 2010.

Gráfico 10.



En este período, la tasa de ganancia con una tasa de explotación constante también cae en el período comprendido entre mediados de la década de 1980 hasta la actualidad, y que es el del neoliberalismo. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad, el sistema es cada vez menos capaz de producir plusvalía por unidad de capital invertido, un hecho oculto por una creciente tasa de explotación, pero revelado si la tasa de explotación se mantiene constante. El aumento de la tasa de ganancia con una tasa variable de explotación desde mediados de la década de 1980 en adelante no denota una mejora de la economía, sino su deterioro, como lo demuestra la tendencia de la tasa de ganancia con una tasa de explotación constante. La torta disminuye, mientras que aumenta la parte que se apropia el capital.

Veamos ahora la tercera contra-tendencia. El aumento de la tasa media de explotación a nivel global y, por lo tanto, la compresión de los salarios, significa, de una parte, que el poder adquisitivo de las masas se reduce y, por otra, que el valor excedente producido no puede ser invertido en sectores productivos debido a que la tasa de ganancia cae en estos sectores. Por consiguiente, el capital emigra a sectores improductivos, como el comercio, las finanzas y la especulación. Los beneficios de estos sectores son ficticios, son deducciones de los beneficios obtenidos en la esfera productiva.

Gráfico 11. beneficios reales y financieros, las ganancias de miles de millones de dólares, 1950-2010, EE.UU.



Mientras que en los años 1950 los beneficios financieros fueron del 3,1% de los beneficios reales, en 2010 se habían convertido en el 136,5%.

Implícito en este movimiento está el crecimiento de la deuda global. El crecimiento de las ganancias ficticias se produce a través de la creación de capital ficticio y la emisión de títulos de deuda (por ejemplo, bonos) y de ulteriores y sucesivos títulos de deuda sobre aquellos títulos de deuda. Así se ha creado una montaña de títulos de deuda interconectados debido a un crecimiento explosivo de la deuda global.

Gráfico 12. El dinero y la deuda como porcentaje del PIB mundial, 1989-2011 EE.UU.



La moneda real que es la representación del valor, del trabajo contenido en los productos.. Es llamada dinero-fuerza. Es una fracción muy pequeña comparada con las tres formas de crédito. Pero el crédito es deuda, no riqueza, y la deuda no es moneda, aunque puede cumplir algunas de las funciones del dinero.

El enorme aumento de la deuda y la crisis financiera que sigue a continuación son una consecuencia de la crisis en los sectores productivos, la caída de la tasa de ganancia con una tasa de plusvalía constante, y no su causa. Este enorme aumento de la deuda en sus diversas formas es el sustrato de las burbujas especulativas y de las crisis financieras, incluida la que está por venir. Aunque en este caso, el aumento de la tasa de ganancia debido a las ganancias ficticias alcanza su límite, desencadenando las recurrentes crisis financieras.

El capitalismo está en un curso de colisión consigo mismo. Las contra-tendencias siempre actúan menos y por eso:

(1) los medios de producción son cada vez más caros, ya que requieren una proporción creciente del PIB, en lugar de ser cada vez más baratos;

(2) el aumento de la tasa de explotación aumenta la tasa de ganancia, pero este aumento es engañoso, ya que no indica un aumento del valor excedente producido sino su declive, junto con una mayor apropiación del mismo por el capital;

(3) el crecimiento exponencial del capital ficticio no hace más que inflar la burbuja especulativa hasta provocar su explosión. Este será el catalizador de la crisis en los sectores productivos.

Las señales de que se acerca la próxima crisis son claras: por un lado, la tendencia a la baja en el mundo, de forma irreversible, de la tasa de ganancia, aunque con espasmos debido a las contra-tendencias; de otro, los factores que serán los catalizadores de la crisis de rentabilidad, que son:

(1) los primeros signos de guerras comerciales que, si se producen, reducen el comercio internacional y, por lo tanto, la realización de la producción de valor y de plusvalía.

(2) los brotes de guerras, especialmente en las regiones ricas en petróleo que pueden ampliarse de repente en guerras entre las grandes potencias. El capital de las naciones productoras de armas aumentaría sus ganancias, pero las zonas en conflicto sufrirían una destrucción de capital y, por tanto, de su capacidad de producir valor y plusvalía. Este último sería el caso si el conflicto se desbordara más allá de las fronteras locales.

(3) el crecimiento de los movimientos de derecha y ultra-nacionalistas también alimentada por las políticas neoliberales y que constituyen un caldo de cultivo cultural propicio para aventuras militares.

Se podría argumentar que el capitalismo puede recuperarse si no en el mundo occidental, si en las llamadas economías emergentes. Este es un término ideológico para calificar a aquellas economías que, en la arena imperialista, han sido economías dominadas y cuya función es contribuir más que otras economías dominadas a la reproducción del sistema capitalista mundial. La falacia de este argumento es que las fuerzas productivas de las llamadas economías emergentes son las de los países tecnológicamente avanzados y, por lo tanto, chocan con los mismos límites, a saber, el aumento de la productividad del trabajo, por una parte, y la reducción continua de la fuerza de trabajo, por otra, provocando una caída tendencial de la tasa ganancia. Después de un período inicial de expansión, vuelve a surgir la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, incluyendo el exceso de producción que resulta de esa caída. China, la India, los BRICS sufren la misma enfermedad que aflige al mundo occidental. Para poner sólo un ejemplo, el grado de dependencia tecnológica de la industria siderúrgica de China de la tecnología de los países avanzados varía de 65% para la producción de energía, el 85% para la fundición y procesamiento de productos semi-acabados, y el 90% para los sistemas de control, análisis, seguridad, protección del medio ambiente, etc.

También se podría argumentar que el capitalismo podría tener una nueva etapa de desarrollo gracias a políticas de redistribución keynesianas como producto de la inversión masiva del estado. En una situación en la que las políticas neo-liberales de carnicería social han fallado lamentablemente, la opción keynesiana vuelve al primer plano. Pero, ¿quién puede financiarlas? No los trabajadores, ya que en una situación de crisis, es decir, de estancamiento o disminución de la producción de plusvalía, unos salarios más altos significan menores beneficios. No el capital, porque la rentabilidad ya es tan baja, que las ganancias se reducen aún más. ¿El estado, entonces?. Pero ¿dónde puede encontrar el dinero? No puede tomarlo ya sea del trabajo o del capital, por las razones alegadas. Por lo tanto debe recurrir a la deuda pública. Pero esta ya es alta y también contribuye al crecimiento de la burbuja. La respuesta keynesiana es que el Estado debe recurrir a la deuda pública temporalmente para financiar grandes proyectos de inversión pública. Las inversiones iniciales podrían favorecer otras inversiones, y estas otras más aún, en una cascada multiplicativa de empleo y creación de riqueza. En ese momento, los mayores ingresos del estado podrían ser utilizados para reducir la deuda pública. Este es el multiplicador keynesiano. Pero no funciona.

Después de las primeras inversiones realizadas por el Estado, los capitalistas que acometen las obras públicas deben hacer pedidos a otros capitalistas. Estos capitalistas son los que ofrecen los precios más baratos, los capitalistas cuyos trabajadores son más productivos y cuyo capital es más eficiente y, por tanto, los que emplean proporcionalmente más medios de producción que trabajo. Es decir, son los capitalistas que producen menos plusvalía por unidad de capital invertido. En cada paso de la cadena de la inversión, el trabajo aumenta en términos absolutos, pero disminuye en porcentaje, por lo que la tasa media de ganancia cae. Por otra parte, el mayor crecimiento del capital implica la desaparición de los capitalistas más débiles, los que proporcionalmente utilizan más trabajo que medios de producción. Cuando la cadena de inversiones se cierra, hay menos trabajadores empleados, se produce menos plusvalía y la tasa media de ganancia cae. El análisis empírico lo confirma: a un gasto público creciente corresponde una disminución de la tasa de ganancia.

Gráfico 13. El gasto público (% del PIB) y la tasa de ganancia con tasa variable de plusvalía, EE.UU., 1947-2010



La correlación es negativa (-0,8). Este gráfico muestra que hasta la década de 1980 el aumento de los gastos del estado no pudo frenar la caída de la tasa de ganancia. El argumento keynesiano falla. Desde la década de 1980 en adelante, la tasa de ganancia aumenta junto con el gasto público. Todavía crece, debido a que la tasa de explotación crece y no por que lo haga el gasto público. De hecho, si la tasa de plusvalía se mantiene constante, la correlación negativa se aplica a todo el período secular, incluido el período del neoliberalismo, de la década de 1980 en adelante.

Gráfico 14. El gasto público (% del PIB) y la tasa de ganancia con una tasa constante de plusvalía, EE.UU., 1947-2010



Este gráfico muestra que durante toda esta fase histórica el crecimiento de los gastos del Estado no ha sido capaz de frenar y revertir la caída de la producción de plusvalía por unidad de capital invertido, es decir, la caída en la tasa de ganancia que mide la salud del capital, la tasa de ganancia a una tasa constante de plusvalía.

Este mismo resultado tiene lugar en cada crisis concreta: aumento de los gastos del gobierno un año antes de la crisis en todos los diez casos. No pueden evitar las crisis.

Gráfico 15. diferencias en puntos porcentuales del gasto público a partir del año antes de la crisis hasta el año pasada la crisis



La falacia del razonamiento keynesiano es que no tiene en cuenta las consecuencias de las políticas de inversión del gobierno para la tasa de ganancia, que es la variable clave de la economía capitalista. La razón de la correlación negativa es, como acabo de decir, que con cada ronda de inversión, la inversión en medios de producción es, en porcentaje, más alta que en fuerza de trabajo, según lo predicho por la teoría marxista.

Pero las políticas de gasto público, si no pueden frenar la crisis, ¿puede ser el medio para salir de la crisis? La teoría keynesiana es válida sólo si el aumento del gasto público de los gobiernos el año posterior a la crisis incrementa la tasa media de ganancia. Con la tasa de ganancia con una tasa de explotación constante, la tesis de que la recuperación se debe a un aumento en el gasto del gobierno falla en los diez casos. Las políticas keynesianas no pueden aumentar la producción de plusvalía por unidad de capital invertido.

Gráfico 16 . diferencias en el gasto público (% del PIB) y en la tasa de ganancia con tasa constante de plusvalía desde el último año de la crisis hasta el primer año después de la crisis



En resumen, el aumento del gasto público a partir del año antes de la crisis hasta el año posterior a la crisis no puede evitar que la crisis estalle; y el aumento del gasto del gobierno el último año de crisis y el primer año posterior a la crisis no consigue reactivar la rentabilidad del sistema. Ambos resultados contradicen la teoría keynesiana.

Ante el fracaso tanto de las políticas económicas keynesianas como las neoliberales, no parece que haya otra salida que la que genera espontáneamente el capital mismo: una destrucción masiva de capital. Así salió de la crisis de 1933 sólo mediante la Segunda Guerra Mundial. Sí salió de la crisis no fue porque el capital físico fuese destruido. Si el capital es ante todo una relación de producción, una relación entre el capital y el trabajo, la guerra provocó la destrucción y la regeneración del capital como una relación de la producción. Con la economía de guerra, se pasó de la esfera civil, plagado de un alto desempleo, con un bajo nivel de utilización de los medios de producción, y una tasa de ganancia descendente, a una economía militar caracterizada por el pleno empleo tanto de la fuerza de trabajo como de los medios de producción, con la realización garantizada por el estado del material militar, con altos niveles de beneficios y de rentabilidad y altos niveles de ahorro. Después de la guerra tuvo lugar la reconversión de la economía militar en economía civil. El gasto del gobierno como porcentaje del PIB se redujo de alrededor del 52% en 1945 al 20% en 1948, es decir, en la llamada edad de oro del capitalismo. Los altos niveles de ahorro garantizaron el poder adquisitivo necesario para absorber los nuevos medios de consumo, que a su vez requirieron la producción de nuevos medios de producción. Se aplicó toda una serie de invenciones originadas durante la guerra para la producción de nuevos productos. En los EE.UU., el aparato productivo estaba ileso. Pero en los demás países beligerantes se produjo una inmensa destrucción de medios de producción y fuerza de trabajo. El capitalismo fue revitalizado para un cuarto de siglo. Pero ¿a qué precio? Un cuarto de siglo de reproducción ampliada costó decenas de millones de muertes, sufrimientos atroces e inmensas miserias. Así es como los trabajadores, además de financiar la guerra, tuvieron que pagar para revitalizar el sistema.

Después de la llamada Edad de Oro, que sin embargo no estuvo libre de la caída de la tasa de ganancia (ver gráficos 1 y 6 arriba), el sistema ha entrado en un largo declive que dura ya cerca de medio siglo, sin que se vea luz al final del túnel. ¿Vamos hacia un colapso inevitable que ponga fin al capitalismo? No creo que el capitalismo se autodestruya. No está en la naturaleza de la bestia. El capitalismo saldrá de la crisis, pero sólo después de una destrucción suficiente de capital, tanto financieros como en la esfera productiva. Pero es difícil imaginar en este punto la forma que adoptará esa destrucción de capital. La forma en que se destruirá el exceso de capital determinará la forma que tomará la capital, siempre y cuando supere esta fase histórica. Desde la crisis de 1929 solo se salió con la Segunda Guerra Mundial.

Un principio fundamental de la teoría marxista es la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción. La fuerza productiva es la productividad del trabajo; las relaciones de producción son la relación capital / trabajo. La contradicción es la siguiente: cuanto más aumenta la productividad del trabajo, más trabajo expulsa el capital. La caída de la tasa de ganancia es la expresión concreta de esta contradicción. Esta contradicción es una piedra angular del sistema capitalista y, por lo tanto, también de su etapa actual de desarrollo. La característica específica de la presente fase histórica es que esta contradicción se hace más difícil de resolver y es cada vez más explosiva. La capacidad de supervivencia de la actual fase histórica se está agotando, el capitalismo tiende a morir. Pero no puede morir sin ser reemplazado por un sistema superior y, por lo tanto, sin la intervención de la subjetividad de la clase. Sin esa subjetividad, se renovará y entrará en una nueva fase en la que su dominio sobre el trabajo será aún mayor y más terrible. Una condición para que esto no suceda es que las luchas sacrosantas de los trabajadores por una mayor inversión estatal para reformas y mejores condiciones de vida y condiciones de trabajo se lleven a cabo en la óptica de la oposición irreconciliable entre el capital y el trabajo, y no en la perspectiva keynesiano de la colaboración de clases.

Notas:

1) Los datos están deflacionados y se refieren sólo a los sectores productivos de valor.

2) Carchedi, 2014, ‘Old wine, new bottles and the Internet’, Work Organisation, Labour & Globalisation, Vol 8, No 1.