16 de julio de 2014

DEL FIN DEL COMIENZO AL COMIENZO DEL FIN. CAPITALISMO, VIOLENCIA Y DECADENCIA SISTÉMICA

Jorge Beinstein. La Haine

De Libia a Venezuela pasando por Siria y México, Ucrania, Afganistan o Irak... en lo que va de la década actual hemos presenciado el despliegue planetario permanente de la violencia directa o indirecta (tercerizada) de los Estados Unidos y sus socios-vasallos de la OTAN, toda la periferia se ha convertido en su mega objetivo militar. La ola agresiva no se aquieta, en algunos casos se combina con presiones y negociaciones pero la experiencia nos indica que el Imperio no agrede para posicionarse mejor en futuras negociaciones sino que negocia, presiona con el fin de lograr mejores condiciones para la agresión.

Estas intervenciones cuando son “exitosas” como en Libia o Irak no concluyen con la instauración de regímenes coloniales “pacificados”, controlados por estructuras estables, como ocurría en las viejas conquistas periféricas de Occidente, sino con espacios caóticos atravesados por guerras internas. Se trata de la emergencia inducida de sociedades-en-disolución, de la configuración de desastres sociales como forma concreta de sometimiento lo que plantea la duda acerca de si nos encontramos ante una diabólica planificación racional que pretende “gobernar el caos”, sumergir a las poblaciones en una suerte de indefensión absoluta convirtiéndolas en no-sociedades para así saquear sus recursos naturales y/o anular enemigos o competidores... o bien se trata de un resultado no necesariamente buscado por los agresores, expresión de su fracaso como amos coloniales, de su alta capacidad destructiva asociada a su incapacidad para instaurar un orden colonial (“incapacidad” derivada de su decadencia económica, cultural, institucional, militar). Probablemente nos encontremos ante la combinación de ambas situaciones.

También es posible suponer que el Imperio en su decadencia se encuentra prisionero de una maraña de intereses políticos, financieros, mafiosos... conformando una dinámica audestructiva imparable que lo obliga a desplegar operaciones irracionales si observamos al fenómeno desde una cierta distancia histórica, pero completamente racionales si reducimos la observación al espacio de la razón instrumental directa de los conspiradores, a su micromundo psicológico (la razón de la locura como razón de estado o astucia mafiosa imponiéndose a la racionalidad en su sentido más amplio, superior).

Aunque esos desastres no representan necesariamente acciones de verdugos despiadados destruyendo paraísos periféricos, el capitalismo es una totalidad global y lo que aparece como la decadencia del centro imperial es la manifestación decisiva pero parcial de un fenómeno planetario que incluye a la periferia atrapada por la sobredeterminación burguesa universal (decadente) de sus sociedades. La operación de destrucción de Libia lanzando sobre su territorio oleadas de mercenarios y bombardeos pudo triunfar aprovechando la degradación del régimen kadafista, el golpe neonazi de Febrero de 2014 en Ucrania capturó al gobierno de una “república” resultado del desastre soviético que la había sumergido en una gigantesca podredumbre sucedido por la instauración de un capitalismo mafioso, la desestabilización de Venezuela orquestada por los Estados Unidos se apoya en sectores de las clases medias conducidos por la vieja burguesía local que no fue eliminada después de quince años de “revolución” (“bolivariana”, autoproclamada “socialista”) eternamente a medio camino... esas élites no fueron barridas del escenario aunque si irritadas, enfurecidas por el ascenso social de las clases bajas.

Todo esto nos conduce a la necesidad de establecer el momento de la historia del capitalismo en que nos encontramos. ¿Se trata del burdel sangriento global preludio de una nueva acumulación primitiva cuna de un futuro supercapitalismo o de los manotazos finales, desesperados de una civilización que ha entrado en el ocaso?.

Propongo responder a ese interrogante utilizando aquella vieja y tan repetida frase de Churchill en plena Segunda Guerra Mundial cuando al terminar la batalla de El Alamein señaló que ese hecho no era “el comienzo del fin (de la guerra) sino el fin del comienzo” de un proceso mucho más importante, decisivo. Nos encontramos actualmente en presencia del fin del comienzo, va concluyendo la etapa preparatoria de la declinación occidental que se prolongó durante varias décadas y comienza a emerger el comienzo del fin, el desmoronamiento del capitalismo como civilización que como otras civilizaciones en declive probablemente recorra una trayectoria temporal compleja de duración indeterminable de antemano.

Aunque no puedo dejar de señalar diferencias decisivas con las civilizaciones anteriores como su carácter planetario (no limitada a una región), la masa de población incluida en el proceso (actualmente unas siete mil millones de personas y no unas pocas decenas o centenas de millones), el descomunal desarrollo de sus fuerzas productivas por ejemplo con capacidad industrial y militar como para destruir completamente la vida en el planeta. Lo que plantea de manera radicalmente distinta la opción a la que se han enfrentado todas las decadencias de civilizaciones: superación o hundimiento en un largo desastre del que emergía más adelante una nueva civilización desde el espacio anterior o impuesta por una fuerza externa. Esto no es la decadencia de Babilonia devastada por los pantanos difusores de malaria generados por su propio desarrollo ni la de la Roma imperial abrumada por el parasitismo y la hipertrofia militar resultado de su dinámica imperialista marchando hacia el abismo mientras buena parte del resto de la humanidad ignoraba esos hechos1.

Violencia y decadencia sistémica
El fenómeno sobrederminante es la decadencia, demostrada por numerosos indicadores como la declinación en el largo plazo (desde los años 1970) de la tasa de crecimiento económico global motorizada por el enfriamiento tendencial del crecimiento de los países centrales y luego el acompañamiento de esta tendencia por un proceso de hipertrofia financiera que se articula con un despliegue parasitario sin precedentes: consumista, militar, burocrático.

Nos encontramos ante sociedades imperiales tan decadentes que ya no pueden movilizar militarmente a su juventud como en el siglo XX, aunque su capacidad financiera y sus avances tecnológicos le permiten contratar mercenarios en remplazo de las fuerzas operativas tradicionales (la oferta de lumpenes proveniente de todos los continentes es directamente proporcional al progreso de la decadencia), utilizar armas como los drones y otros artefactos mortíferos súper sofisticados que establecen una brecha técnica descomunal entre agresores y agredidos y abrumar con manipulaciones mediáticas a sus víctimas directas y al resto del mundo.

Estas “ventajas” son al mismo tiempo expresiones de poder y de debilidad, de capacidad destructiva pero también de descontrol ideológico de sus propias sociedades, de ilegitimidad interna de sus operaciones lo que sumado a su deterioro económico les impide pasar de la destrucción a la reconstrucción colonial de los territorios conquistados.

Las transformaciones burguesas de las sociedades europeas habían generado desde fines del siglo XVIII la posibilidad de integrar al conjunto de la población a sus distintas aventuras militares, de ese modo el ciudadano-soldado y la guerra de masas reemplazó al mercenario y a los ejércitos de las aristocracias. Los asesinos a sueldo dieron paso a los asesinos voluntarios o forzados que daban su vida no por dinero sino en defensa de la “patria”, de la “libertad”, etc.

Pero la decadencia del capitalismo y su transformación después del aggiornamento burgués de China y del derrumbe de la URSS en sistema único (es decir en dominación planetaria, visiblemente amoral de las élites parasitarias) derrumbó los mitos, las legitimaciones que permitían a los estados fabricar causas nobles para enviar a la muerte al ciudadano común.

La pérdida de legitimidad del aparato militar occidental aparece como un rasgo decisivo de la decadencia pero la reproducción imperialista continúa y el ejercicio de la violencia contra la periferia retoma la vieja tradición de los ejércitos mercenarios.

Ahora la propaganda del poder hacia sus poblaciones no tiene como objetivo arrastrarlas al campo de batalla (operación inviable) sino más bien obtener su aprobación pasiva o diluir su rechazo ante aventuras físicamente distantes presentadas como fenómeno virtual, como un elemento más del entretenimiento brindado por la televisión y otros medios de comunicación.

El despliegue bélico fue teorizado por la llamada “Guerra de Cuarta Generación” resultado de las reflexiones en el alto nivel militar de los Estados Unidos posteriores a la derrota de Vietnam visualizada como “guerra asimétrica” donde la fuerza enemiga con bajo nivel tecnológico y reducida potencia de fuego pero bien integrada a la población pudo derrotar al ejercito imperial poseedor de un elevado nivel tecnológico y un gigantesco poder de fuego.

La nueva doctrina militar apunta no a la simple destrucción de la fuerza militar enemiga sino principalmente al conjunto de la sociedad que la sostiene. La desintegración social (económica, moral, cultural, institucional) pasa a ser el objetivo buscado y ese proceso puede darse o no con intervenciones directas sino más bien con combinaciones variables de intervenciones externas (militares, mediáticas, económicas,etc.) y acciones de desestabilización interna.

Se establece de ese modo una amplia variedad de escenarios de agresión. En un extremo podemos ubicar a las guerras de Afganistan e Irak, en una zona intermedia a Libia, Siria o Yugoslavia y en el otro extremo a las llamadas intervenciones blandas o revoluciones coloridas como en Paraguay, Honduras o Ucrania. Todas ellas implican el despliegue intenso de acciones violentas al comienzo de la operación, en algún momento de la misma o como resultado de la victoria imperialista. Pero estas guerras de configuración variable no resuelven el problema de la dominación colonial de la periferia, el caos instalado entorpece, encarece o a veces hace imposible los saqueos sistemáticos.

El atajo de la Guerra de Cuarta Generación aparece como lo que realmente es: el máximo posible de agresión en un contexto de debilidad estratégica del agresor cuyo resultado no es solo la caotización periférica sino también la degradación interna. Las operaciones mafiosas hacia afuera terminan por consolidar practicas mafiosas dentro del aparato dominante del Imperio donde se extienden las camarillas parasitarias, las tendencias irracionales, las locuras elitistas, las rupturas de las reglas de juego institucionales.

Comienzo del fin: el mundo después de 2008-2013 .
El sexenio 2008-2013 marca la transición entre la declinación relativamente suave, controlada del sistema iniciada hacia comienzos de los años 1970 y su degradación general de la que estamos presenciando los primeros pasos.

La crisis desatada entre fines de los 1960 y comienzos de los 1970 no fue superada como las anteriores a través de una gran ola depresiva destructora de empleos y empresas que reduciendo salarios y concentrando la producción y la demanda solvente disparaba un nuevo ciclo ascendente de la economía, la era de las “crisis cíclicas” descritas por Marx había concluido. Aunque Marx explicaba que esas crisis recurrentes irían acumulando desorden en el sistema hasta que las fuerzas entrópicas adquirieran una dimensión tal que ya ninguna reconstrucción capitalista sería posible. Quedaba así pronosticada la crisis general del capitalismo, el esquema teórico derivado de la lógica de su dinámica de acumulación. Lo que de ningún modo podía ser pronosticado era su desarrollo histórico concreto, sus tiempos, sus protagonistas de carne y hueso, los atajos e innovaciones sociales que permitieran postergar o precipitar el desenlace.

La evaluación prospectiva de Marx era un escenario muy general que daba cabida a una amplia gama de futuros posibles, no se trataba de una profecía apocalíptica en la que se establece una fecha o como calcularla, descripciones precisas de actores y coreografía, etc. Pero ese esquema teórico permitía a Marx y Engels explicar por ejemplo que “dado un cierto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, aparecen fuerzas de producción y de medios de producción tales que en las condiciones existentes provocan catástrofes, ya no son más fuerzas de producción sino de destrucción” 2 lo que abría la reflexión acerca del carácter autodestructivo de la civilización burguesa en su etapa decadente más avanzada.

Y ello comenzó a ser innegable alrededor de 2008-2013 aunque mucho antes de ese período fueron apareciendo alertas al respecto casi siempre ignoradas por los grandes medios de comunicación y por las ciencias sociales, cuando se referían a posibles desastres ambientales, sanitarios o políticos los atribuían a manejos irracionales corregibles al interior del sistema. A lo que se plegaron “desde la izquierda” algunos adoradores masoquistas del capitalismo proponiendo una suerte de eternización de sus ciclos, tratando de destacar en la crisis en curso las señales de la próxima recuperación del sistema, pero esas señales eran puras fantasías o bien letanías conservadoras basadas en que “siempre” el capitalismo había conseguido superar sus crisis por supuesto a costa de los trabajadores lo que normalmente entristecía al auditorio (y no mucho al disertante).

Entre los variados factores de la decadencia se destacan dos que resultan decisivos: la degradación (e hipertrofia) financiera y la degradación (e hipertrofia) militar.

Desde 1990 (aproximadamente) mientras el Producto Bruto Mundial venía decrecíendo suavemente en progresión aritmética (desde los años 1970) la masa financiera comenzó a crecer en progresión geométrica. Los productos financieros derivados, su espina dorsal, pasaron de representar unas dos veces el PBM a fines de los 1990 a unas 12 veces en 2008 pero a partir de allí la expansión se estancó y tendió a decrecer poco a poco.

Durante su ascenso la especulación financiera fue la muleta parasitaria que permitió a los consumidores, empresas y estados del Primer Mundo seguir gastando e invirtiendo aunque los rendimientos marginales de la avalancha financiera fueron decrecientes al cuadrado en términos de crecimiento del producto bruto de los países centrales, cada vez hacía falta más droga financiera para obtener cada vez menos expansión económica hasta que finalmente en 2008 el mecanismo se quebró, el peso financiero se hizo insostenible y se desató una seguidilla de auxilios estatales al sistema financiero para impedir su derrumbe.

Pero estos auxilios no reactivaban la economía solo frenaban la debacle financiera haciendo aumentar las deudas públicas hasta el punto en que el estado norteamericano estuvo dos veces al borde del default mientras las deudas publicas más las privadas de Japón llegaron en 2013 al 520 % del PBI, al 510 % de Gran Bretaña, etc. A partir de allí los auxilios se agotaron y el Primer Mundo ingresó en lo que en el mejor de los casos para él podría ser descripto como un largo periodo de estancamientos, recesiones y crecimientos anémicos que no debe ser pensado como una meseta de enfriamiento estable de la producción, el consumo y el empleo sino como un tobogán descendente.

El crecimiento cero o la declinación aunque sea suave significan el aumento tendencial del desempleo y en consecuencia el ingreso en un complejo fenómeno de desintegración social.

Por su parte la militarización de los Estados Unidos no terminó con el fin de la guerra fría, luego de un breve estancamiento hacia fines de los años 1990 recomenzó la expansión de los gastos militares de tal modo que para 2012 su volumen real (sumando todas la erogaciones con finalidad militar del estado, no solo las del Departamento de Defensa) se llega a una cifra equivalente a aproximadamente el 9 % del producto Bruto interno3. Lo que podríamos abarcar como área militar y de seguridad se deslizó del pasado “clásico” poblado por militares y agentes profesionales de tipo tradicional adscriptos directamente a la administración pública a una nueva etapa con participación ascendente de mercenarios, estructuras privadas contratadas por el estado, y una multitud de organizaciones públicas y privadas informales oscilando entre la legalidad y la ilegalidad, mezcladas con negocios clandestinos (drogas, prostitución, tráfico de armas, etc.). Guerra de Cuarta Generación, lumpen-burguesía financiera y lumpen-militarismo se conviertieron en el núcleo duro ideológico-físico de una élite imperial degradada que algunos autores señalan como lumpen-imperialista4.

Pero así como la mega burbuja financiera apuntaló primero el funcionamiento del sistema para luego convertirse en un salvavidas de plomo, la degeneración militarista-mafiosa y su novedosa doctrina aparecieron como la tabla de salvación de estructuras militares y de inteligencia ineficaces ante una periferia aparentemente lista para ser devorada pero que se les escapaba de las manos. Sin embargo esas esperanzas eran ilusorias, lo único que han conseguido es destruir países, fracasar en el intento o ambas cosas al mismo tiempo acumulando gastos y déficits fiscales: la criminalidad converge con la estupidez.

La “transición 2008-2013” significó un cambio fundamental en las formas de la guerra (su degradación radical) que dejó al descubierto el carácter de la mutación en curso del conjunto del capitalismo. Hacia mediados de los años 1950 y haciendo referencia a la por entonces reciente practica bélica nazi Johan Huizinga señalaba que históricamente la guerra siempre había formado parte de las civilizaciones o culturas “puesto que una comunidad (en guerra) reconocía a la otra (contra la que hacia la guerra) como humana... y separaba claramente y de manera expresa la guerra de la paz, por un lado, y de la violencia criminal, por otro. La teoría de la guerra total – destacaba el historiador- ha renunciado al último resto lúdico de la guerra (es decir a toda regla de juego) y con ello a la cultura, al derecho y a la humanidad en general”5

A mi entender la ruptura hitleriana con relación a la práctica y a la teoría de la guerra, es decir la “guerra total” y sus genocidios fue un anticipo, un primer ensayo en plena crisis capitalista de lo que actualmente aparece como Guerra de Cuarta Generación. En el primer caso se trató de una monstruosidad temprana, pionera “alemana” pero con antecedentes en la cultura más reaccionaria de los Estados Unidos, autores como Domenico Losurdo han establecido de manera rigurosa evidentes raíces ideológicas estadounidenses del nazismo6. Ese desastre expresaba la enfermedad de una civilización que todavía disponía de reservas sistémicas (morales, productivas, institucionales, etc.) como para reponerse y que aún no había sufrido una metástasis general. El tumor hitleriano fue extirpado a medias y el mal pudo sobrevivir ocultándose en las sombras a la espera de una nueva oportunidad, llegaron los juicios de Nüremberg, los crímenes de guerra (la violación de las reglas de juego de la guerra moderna) fueron condenados selectivamente de manera prolijamente desprolija.

Cuando hacia fines de los años 1930 Hermann Rauschning escribió una obra esencial para entender el funcionamiento del fenómeno: “La revolución del nihilismo”, acertó al señalar que “la esencia de la dominación nazi es el nihilismo”, la negación a la vez criminal y suicida de la realidad humana, pero se equivocó completamente cuando pronosticó que “ese fanatismo producido y difundido por la maquinaria del poder es tan vacío, tan artificial e inauténtico que todo ese gigantesco aparato podría derrumbarse de un día al otro a causa de un solo acontecimiento sin dejar ningún rastro de vida autónoma”7. Rauschning no supo (o no quiso) hundir el bisturí hasta el fondo, de hacerlo se hubiera visto obligado a colocar en el banquillo de los acusados al conservadurismo burgués en su conjunto y a partir de allí a los aspectos destructivos (y autodestructivos) de la civilización occidental a la que él se enorgullecía pertenecer.

Ahora cuando vemos al cáncer fascista propagarse tranquilamente por toda Europa al ritmo de la crisis, desde el avance irresistible del Frente Nacional en Francia hasta la victoria neonazi en Ucrania, pasando por Holanda, Belgica, Croacia, Hungría, los países bálticos, Grecia, etc. no podemos dejar de constatar el enraizamiento profundo del mismo no solo en la tragedia de los años 1920-1930-1940 sino en historias muchos más antiguas, en fanatismos religiosos, en genocidios coloniales y otras prácticas sociales de gran crueldad (el nazismo clásico no era superficial ni inauténtico, hundía sus raíces en la larga trayectoria criminal de Occidente).

Pero lo más significativo y terrible ha sido la reinstalación sin mayores escándalos de la doctrina hitleriana de la guerra total, rebautizada Guerra de Cuarta Generación y a veces edulcorada como “golpes blandos” o “suaves” o bajo la delirante presentación de guerras o bombardeos “humanitarios”. Ahora ya no se trata de una experiencia pionera y en cierto modo sorpresiva, “anormal” sino de un vale-todo aceptado por el conjunto de las élites imperialistas. El hecho de que la forma capitalista de hacer la guerra haya sufrido tal transformación está estrechamente vinculado a (forma parte de) la transformación del capitalismo en un sistema destructor de fuerzas productivas extendiéndose al contexto ambiental con sus tierras, mares, montañas, animales, etc. apuntando hacia la aniquilación de todo el patrimonio histórico de la humanidad, de toda la acumulación de civilizaciones.

¿Retorno al origen?
Podríamos establecer paralelos entre la coyuntura actual y los orígenes de la modernidad. Robert Kurz puso al descubierto los orígenes militares del capitalismo. Hacia el siglo XVI, según Kurz “no fue la fuerza productiva, sino por el contrario una contundente fuerza destructiva la que abrió el camino a la modernización, a saber, la invención de las armas de fuego. La producción y movilización de los nuevos sistemas de armas no eran posibles en el plano de estructuras locales y descentralizadas que hasta entonces habían marcado la reproducción social, sino que requerían en diversos planos una organización completamente nueva de la sociedad. Las armas de fuego, sobre todo los grandes cañones, ya no podían ser producidas en pequeños talleres, como las premodernas armas de punta y filo. Por eso se desarrolló una industria de armamentos específica, que producía cañones y mosquetes en grandes fábricas”8 .

Un buen ejemplo de ello es la presencia en pleno siglo XVI del célebre “Arsenal de Venecia” fabrica militar muy admirada en su época, probablemente la primera industria moderna, que inspiró a muchos emprendimientos militares y civiles posteriores y cuya organización productiva basada en una eficaz división de tareas esbozaba el modelo que varios siglos después en el inicio de la revolución industrial inglesa describió Adam Smith.

Fue efectivamente en torno de los desarrollos militares que se fueron generando redes comerciales y financieras que permitían a los príncipes y demás señores de la guerra lanzar sus aventuras.

Las mismas estaban destinadas a las luchas intestinas de las aristocracias y a la represión de las masas campesinas pero su objetivo principal era el pillaje de la periferia, disparador decisivo y alimentación duradera, plurisecular de la emergencia y consolidación del capitalismo, sus mercados internos centrales, su ciencia, su arte y su expansión industrial y tecnológica (existe por ejemplo una sobreabundante literatura referida a la incidencia de la inundación de oro y plata proveniente de las colonias americanas en la transformación burguesa de Europa) 9 .

Fue la alianza militar-parasitaria, entramado de mercenarios, aristocracia militarizada, comerciantes-bandidos, usureros de alto nivel, etc. la plataforma de lanzamiento de la conquista de la periferia permitiendo que una relativamente pequeña economía guerrera realizara un pillaje desmesurado con relación a su tamaño inicial. En el siglo XVI el producto bruto de Occidente apenas superaba el 10 % de lo que podríamos considerar como producto bruto mundial contra 23%-24 % China o 27%-28% India10.

Hubo una primera tentativa: las Cruzadas cuando aproximadamente en los siglos XII y XIII los occidentales lanzaron una sucesión de invasiones al rico Cercano Oriente ocupando parte de su territorio11.

Pero esa colonización fracasó pese a la enorme crueldad desplegada, los pueblos invadidos disponían de una capacidad militar que les permitió expulsar al invasor por medio de lo que podríamos llamar guerra de larga duración, la disparidad militar entre invasores e invadidos no fue lo suficiente grande como para sellar la derrota definitiva de las víctimas.

La situación fue cambiando desde el siglo XV y experimentó un gran viraje en el siglo XVI en que Occidente adquirió una superioridad técnico-militar decisiva sobre el resto del mundo.

La batalla de Lepanto (1571) probó la superioridad técnica occidental sobre el Imperio Otomano, la eficacia del Arsenal de Venecia estuvo detrás de esa victoria12, medio siglo antes los españoles habían utilizado su abrumadora superioridad técnica para aplastar al Imperio Azteca que no conocía la pólvora ni las armas de metal.

Esa superioridad militar de Occidente no fue producto del azar, se apoyó en el vertiginoso desarrollo de su ciencia militar durante los siglos XV y XVI, la ingeniería militar estuvo en el centro del Renacimiento europeo, heredaba a la ingeniería militar medieval que su vez mantenía vínculos con la ciencia militar de la antigüedad greco-romana. Bertrand Gille relata que “cuando en 1328 Felipe V de Valois concibió el proyecto de partir a las cruzadas Guy de Vigevano se convirtió en su consejero militar y escribió para el rey un tratado sobre maquinas de guerra...que puede ser considerado como uno de los principales antecedentes de la ciencia militar posterior”. Gille destaca que “ciertas ilustraciones del tratado presentan analogías sorprendentes con algunas imágenes de antiguos manuscritos griegos y romanos” que junto a otros desarrollos medievales demuestran según el autor una clara continuidad científico-técnica en el tema militar desde Grecia y Roma hasta llegar a los siglos XV y XVI 13.

La continuidad histórica de la “demanda” (el militarismo) para esa ciencia se remonta primero a la Edad Media europea una de cuyas características principales fue el sobre dimensionamiento de sus dispositivos bélicos, la excesiva proliferación de organizaciones militares conducidas por príncipes aspirantes a emperadores y titulares de “imperios” como Carlomagno pasando por señores de la guerra de todo tamaño, bandas de mercenarios, etc. Militarismo feudal enlazado históricamente con la Antigüedad europea guerrera e imperialista, constatemos solamente que como lo observa James O'Donnell con relación al imperio romano ya en decadencia: "después de llegar al trono en el año 284 el emperador Diocleciano y sus sucesores pudieron restaurar las fronteras romanas y el orden romano multiplicando por cinco o diez el número de soldados y funcionarios. Diocleciano aumentó el número de soldados a 400 mil y más tarde llegó a alcanzar los 650 mil”14.

En su libro “Matanza y cultura”15 Victor Hanson desarrolla la larga trayectoria belicista de Occidente y al referirse a sus victorias militares del siglo XVI señala que “el dinamismo militar europeo era un continuo de la Antigüedad clásica, no una consecuencia casual de la edad de la pólvora y del descubrimiento del Nuevo Mundo... desde Grecia hasta el presente... las afinidades demostradas por las sociedades occidentales en su forma de hacer la guerra resultan asombrosamente duraderas” y agrega luego: “las falanges macedonias, igual que el ejército de Cortés, la flota cristiana que combatió en Lepanto y la compañía de fusileros británicos que defendió Rorque's Drift (1879-África, las tropas coloniales fueron derrotadas por los zulúes) disponían de un armamento muy superior al de sus adversarios”.

No se trata solo de superioridad técnica sino de la extrema crueldad en su “forma de hacer la guerra” lo que lleva al autor (pese a su admiración hacia Occidente) a señalar que: “algunos estudiosos equiparan a Alejandro Magno con Cesar... o Napoleón con quienes compartía su voluntad de hierro, su genio militar innato y la búsqueda de un imperio más poderoso de lo que los recursos naturales de su tierra nativa les permitían. Alejandro en efecto guarda afinidades con ellos, pero a nadie se parece más que a Adolf Hitler”. El paralelo inevitable entre las falanges griegas, las legiones romanas, los cruzados, las tropas coloniales españolas, inglesas, francesas y los ejércitos hitlerianos establece el hilo conductor “occidental” de una larga sucesión de guerras, conquistas y matanzas.

La acumulación originaria del capitalismo se basó, fue exitosa gracias al saqueo desmesurado de una periferia y de recursos naturales gigantescos, relativamente “infinitos” dado el nivel técnico y la capacidad de rapiña de los imperialistas europeos de ese entonces. Pero esa desmesura es imposible actualmente, el planeta es demasiado pequeño para las necesidades de lo que sería un nuevo proceso de acumulación capaz de potenciar el parasitismo occidental hasta generar una suerte de supercapitalismo global.

Las potencias centrales son lo suficientemente grandes como para destruir al planeta (lo que significaría su autodestrucción) y es por ello, a causa de su gigantismo que no pueden salvarse, iniciar un nuevo ciclo ascendente devorando recursos humanos y naturales aunque para sobrevivir como imperio necesitan alimentarse de sus víctimas. Esto marca una diferencia cualitativa esencial con lo ocurrido hace cinco siglos, ahora la violencia imperialista no es la de un monstruo vigoroso, en su infancia o juventud sino la de un monstruo viejo y obeso.

Occidente
Es necesario asociar conceptos artificialmente disociados como “civilización occidental”, “civilización burguesa”, “Imperio” (occidental) y “capitalismo”. El capitalismo aparece como un fenómeno histórico con raíces geográficas occidentales bien delimitadas cargando una pesada herencia cultural específica. Occidente emergió como una empresa imperialista colectiva, agrupando a varios estados expandiéndose globalmente y al mismo tiempo enfrascados en feroces disputas intestinas, la unificación llegó luego de un largo recorrido plurisecular al final de la Segunda Guerra Mundial bajo el mando de una superpotencia neo europea: los Estados Unidos.

El estallido de la guerra en 1914 pero especialmente la ruptura rusa de 1917 marcó el inicio del declive occidental aunque la tendencia pareció revertirse desde los años 1990 con el desplome de la URSS y en cierto sentido antes a partir de la reconversión capitalista de China. Pero no fue así, de la desintegración soviética luego de una década de desastres apareció Rusia como potencia militar-energética crecientemente autónoma aunque manteniendo estrechos lazos comerciales y financieros con Occidente y del aburguesamiento chino no nació un país subdesarrollado dócil a los intereses norteamericanos como India o México sino una potencia periférica también con importantes márgenes de autonomía.

El deterioro general de la dominación occidental, de su jerarquía imperialista, es decir del capitalismo como sistema mundial ha engendrado el fenómeno de despolarización, de descontrol periférico, China y Rusia pero también Irán, y los juegos más o menos independientes de algunos estados “progresistas” de América Latina ilustran el proceso. Los “bárbaros” del siglo XXI se organizan sin tutela romana o negociando con la Roma moderna ya no como simples vasallos, pero esa Roma no puede reproducirse como tal, su parasitismo no puede sobrevivir sin los tributos crecientes de sus súbditos periféricos, necesita cada vez más sangre de sus víctimas (petroleo barato, litio, oro, cobre, salarios miserables, mayores ventajas comerciales, mega-transferencias financieras, etc.) mientras las víctimas van encontrando los caminos para reducir el pillaje gracias precisamente al debilitamiento del parásito (lo que no impide en ciertos casos que los bárbaros se pillen entre ellos).

Algunas precisiones nos pueden ayudar a entender mejor lo que está ocurriendo.

En primer lugar el hecho de que la consolidación de los estados burgueses centrales ha estado (y sigue estando) estrechamente asociada a la expansión y consolidación colonial, la extracción masiva de riquezas de la periferia permitió y sigue permitiendo la integración de las sociedades centrales y la permanencia de su guardián estatal-militar, el fin o el debilitamiento grave de dicha explotación marcaría el eclipse de esos estados y de sus bases sociales.

En segundo lugar la comprobación de que el capitalismo es un sistema basado en un encadenamiento de jerarquías fuertemente autoritarias, desde la empresa ascendiendo hasta llegar al centro del poder mundial a través de una compleja articulación de estados, grupos económicos, instituciones internacionales, medios de comunicación, etc. La jerarquía imperialista del capitalismo es inherente al mismo, es su forma histórica, concreta de reproducción, nunca fue una articulación pacífica sino un ensamble violento e inestable donde la autoridad es ganada y conservada con guerras, presiones, trampas, etc. Pero hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial esa jerarquía jamás pudo estructurarse en torno de un único centro estatal, superimperialista de poder, desde los inicios de la modernización y su sombra colonial nos encontramos ante sucesivas rivalidades y guerras interimperialistas.

La fantasía de la globalización regida por una sola potencia mundial aunque insinuaba concretarse en los lejanos años 1990 se fue desvaneciendo en la década siguiente, el sometimiento de Europa y Japón a la jefatura estadounidense continúa basada en la degradación de ambos socios menores, hechos recientes como los de Libia, Siria y Ucrania son buenos ejemplos de ello. Pero ocurre que el jefe imperial también se degrada lo que plantea la incertidumbre respecto del futuro de esa convergencia central. Por su parte la periferia se va descontrolando precisamente cuando más es necesario su control (superexplotación) para la reproducción del parásito, en consecuencia el imperio se enfurece, se desespera, rescata toda su memoria racista no solo para expulsar o reducir a la esclavitud a los intrusos periféricos que se instalan en los territorios imperiales sino para convertir a sus países de origen en zonas de libre cacería.

Está última etapa ilumina toda la historia anterior del sistema, destruye sus mitos decisivos, deja al descubierto su falsedad esencial. Sobre todo el mito del capitalismo como progreso, como etapa superior en la sucesión de civilizaciones, es decir como la más potente negación de la barbarie.

Buena parte de las ideologías anticapitalistas de los siglos XIX y XX planteaban la superación del capitalismo como una suerte de continuidad a un nivel superior, de negación inicial, revolucionaria, apoyada en los logros “positivos” del viejo mundo (el proyecto de ruptura albergaba condicionamientos culturales que aseguraban la reproducción de aspectos decisivos de la civilización burguesa).

Pero la degeneración en curso de ese sistema le quita el velo ideológico a su verdadero rostro, los logros 
aparentemente positivos de su tecnología (donde el capítulo militar es decisivo) aparecen inscriptos en un contexto de conquistas coloniales con centenares de millones de asesinatos, con liquidaciones de creaciones culturales calificadas despectivamente como atraso o subdesarrollo, depredando hasta la extinción a una amplia variedad de recursos naturales.

Es posible incluir un pequeño agregado entre paréntesis a la célebre expresión de Voltaire para afirmar que la civilización (burguesa) no ha suprimido a la barbarie sino que la ha perfeccionado. El capitalismo no debe ser asumido como una etapa en última instancia positiva en la marcha del progreso humano sino como una desgracia, como un desastre, una degeneración cuya no existencia hubiera evitado numerosas tragedias. El balance histórico de su evolución es globalmente negativo, muchos de sus progresos científicos y tecnológicos habrían sido obtenidos siguiendo probablemente otros ritmos y caminos pero en contextos sociales menos terribles.

Hegel en sus lecciones de filosofía de la historia establecía que el desarrollo de la libertad, componente de la marcha de la Civilización entendida como encadenamiento de civilizaciones, como la evolución del progreso universal, nacía penosamente en Oriente (es decir en la periferia) para realizarse integralmente en Occidente con la victoria mundial de su civilización, de la modernidad burguesa16. La soberbia eurocéntrica le impedía a Hegel percibir que la libertad periférica (embrionaria, en desarrollo) había sido aplastada, abortada, liquidada por un Occidente parasitario y depredador concretando la mayor matanza de la historia humana y que su civilización sanguinaria solo podía afirmarse una y otra vez por medio de la fuerza bruta, de sus dispositivos militares contra los pueblos oprimidos de la periferia (y cuando fue necesario también contra sus propias poblaciones como lo demostró el fascismo europeo del siglo XX ahora en pleno renacimiento).

La subestimación, el desprecio occidental, su visión deshumanizante de las culturas periféricas constituye una pieza clave de su ideología imperial estructurada durante muchos siglos de saqueo, la animalización de la imagen del hombre del “resto del mundo” formó parte de la construcción psicológica que facilitó al colonizador de Occidente la realización de los grandes genocidios legitimados como obra civilizadora. La ignorancia o desprecio de las riquezas culturales de la periferia, de la creatividad de sus bases sociales, del potencial de autonomía de sus comunidades campesinas no solo atrapó a los cerebros de las élites occidentales sino también a buena parte de sus enemigos internos, así fue como Gramsci pudo llegar a afirmar que en la vieja periferia precapitalista “el Estado era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa” mientras que en Occidente existía una robusta sociedad civil 17 lo que no permite explicar como hicieron las poblaciones andinas de América, por ejemplo, para sobrevivir culturalmente al genocidio inicial de la conquista seguido por más de cinco siglos de opresión y pillaje occidental u otras proezas culturales de los periféricos de Asia y África.

Es necesario entender que la declinación en curso del mundo occidental se convierte en degeneración de su trama ideológica y económica planetaria, es decir del capitalismo como totalidad universal. Desde los años 1970 se sucedieron las ilusiones referidas a las emergencias capitalistas no occidentales, desde el milagro japonés, pasando por los tigres y dragones de Asia (Corea del Sur, Taiwan, etc.) hasta llegar a China. En todos esos casos era evidente que las expansiones industriales-exportadoras que lideraban los desarrollos “milagrosos” se apoyaban en las necesidades de los mercados occidentales o de mercados periféricos fuertemente dependientes de esas demandas por consiguiente el deterioro de dichos mercados golpea a los capitalismos no-occidentales. Además hechos tales como la hipertrofia globalizada de las redes financieras establecían un solo espacio mundial estrechamente intercomunicado, la imposible desfinanciarización del capitalismo constituye un bloqueo común del que no pueden escapar ni el centro ni la periferia. Esta última además cuando se embarca en la prosperidad burguesa queda sometida al modelo consumista, a las pautas ideológicas occidentales que tienen un devastador efecto desestructurante (familiar, comunitario, ambiental).

A mediados de 2008 en pleno estallido financiero Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations de los Estado Unidos publicó un artículo donde daba la voz de alarma: la unipolaridad estaba condenada a muerte y no tendía a ser remplazada por la multipolaridad, estaba comenzado a emerger un mundo no-polarizado que el autor cargaba de imágenes caóticas18, Haass percibía que el fin de la jerarquía imperialista, unipolar desde 1991 y multipolar en toda la historia anterior del sistema (incluído el período de auge de imperio británico) podía llegar a ser una suerte de “fin del mundo”, de derrumbe de la “civilización”, es decir de desarticulación del capitalismo como cultura universal y por supuesto adelantaba algunas medidas correctivas que permitirían mitigar el supuesto desastre.

Haass tenía razón cuando alertaba acerca de que la no-polaridad albergaba el fantasma del fin de la “civilización” (burguesa), George W. Bush y luego Barak Obama han intentado impedir ese futuro introduciendo correctivos militares que han terminado por agravar la enfermedad del Imperio propagando el caos allí donde les ha sido posible.

Por su parte potencias periféricas como Rusia y China no están en condiciones de reordenar, en el sentido burgués del término, el desorden causado por la decadencia occidental desarrollando nuevos espacios capitalistas jerarquizados en remplazo de los viejos espacios agonizantes, no son fuerzas negentrópicas del sistema sino zonas capitalistas resistentes sumergidas también ellas en la decadencia global. Intentan frenar los manotazos que contra sus intereses lanza el imperio pero al resistir, contragolpear o avanzar sobre los flancos débiles del adversario contribuyen al “desorden” general, bloquean las tentativas de recomposición del dominio occidental del mundo y de ese modo agravan la degeneración global capitalismo.

La insurgencia global como necesidad histórica
Las élites dominantes de China y Rusia, también las de Brasil, India o Irán creen en la posibilidad de desarrollar sus capitalismos nacionales, hacen lo que hacen para no hundirse en el desastre al que lo quiere condenar Occidente pero el carácter global, profundamente interrelacionado del sistema del que forman parte condiciona sus astucias.

Todos esas zancadillas y empujones entre el centro y la periferia contribuyen a crear un panorama global enrarecido que en cualquier momento puede derivar en guerras y situaciones pre-bélicas a nivel regional amenazando algunas veces con transformarse en confrontaciones mundiales como ocurrió en 2013 a raíz de la situación siria y en 2014 con Ucrania.

Karl Polanyi describía la larga “pax europea” (salpicada por conflictos menores) vigente desde el fin de las guerras napoleónicas hasta 1914 resultado según él del rol armonizador, apaciguador de conflictos cumplido por algunos factores ocultos entre los que destacaba a la “haute finance”, los círculos financieros europeos más encumbrados que poniéndose por encima de los intereses políticos nacionales anudaban compromisos, negocios atravesando países y calmando por consiguiente la disputas interimperialistas19.

Pero Polanyi solo miraba la superficie del fenómeno en realidad los negocios de la “haute finance” se fundaban en la vertiginosa acumulación de capitales proveniente principalmente de la rapiña imperialista del mundo uno de cuyos pilares esenciales era la acción de los estados occidentales, el desarrollo de sus aparatos militares (decisiva fuente de negocios) y de las consiguientes megalomanías “patrióticas” de las respectivas burguesías nacionales rivales. Polanyi señala que “los Rothschild no estaban sujetos a un gobierno; como una familia, incorporaban el principio abstracto del internacionalismo ; su lealtad se entregaba a una firma, cuyo crédito se había convertido en la única conexión supranacional entre el gobierno político y el esfuerzo industrial en una economía mundial que crecía con rapidez”20. En realidad el rol “pacificador” de los Rothschild formaba parte un doble juego peligroso pero muy rentable. Por un lado excitaban a las bestias alentando sus ambiciones (y de inmediato les pasaban la cuenta) y por otro las calmaban cuando amenazaban hacer un desastre, pero esa sucesión de excitantes y calmantes aplicadas a bestias que absorbían drogas cada vez mas fuertes terminó como tenía que terminar: con un gigantesco estallido (Agosto de 1914).

Trasladándonos al mundo actual es necesario afirmar que la globalización de negocios no establece un manto transnacional pacificador sino todo lo contrario, sobre todo en los centros globales de poder político-militar incentivando megalomanías criminales.

Es al interior del sistema global decadente que se desarrollan las ilusiones, esperanzas y rebeldías de la periferia. La ilusión de afianzar capitalismos autónomos bajo las banderas de la restauración de la “identidad rusa” o del “socialismo de mercado” chino o de un “socialismo” a medias como en Venezuela o de una sociedad basada en el islam como en Irán o de capitalismos “progresistas” como en Brasil, Argentina o Ecuador. Pero también la resistencia al invasor en Afganistan o en Libia hasta llegar a la guerra prolongada por el socialismo de las FARC en Colombia, a las protestas sociales en Europa, etc. Ese gran rompecabezas no constituye una insurgencia global ni mucho menos un movimiento en vía de articulación sino un proceso sumamente heterogéneo donde se presentan erupciones efímeras, ciclos de larga duración, tentativas de desarrollo capitalista relativamente autónomos, rebeliones anticapitalistas, etc. que pueden ser vistos de distintas maneras, una de ellas es la de una gran turbulencia periférica que se va expandiendo en medio de contradicciones de todo tipo anunciando al mismo tiempo escenarios futuros de insurgencia popular contra el sistema y su contrario: el hundimiento en degradaciones prolongadas.

Es ese espacio complejo al que las potencias occidentales tratan de aplastar, aislar, demonizar, triturar, allí se reproduce un gigantesco proletariado universal, varios miles de millones de campesinos, obreros, marginales, comerciantes miserables, etc. condenados a la muerte o a la supervivencia infrahumana por la dinámica decadente del sistema. Constituyen una realidad plural que se opone naturalmente a la homogeneización esclavizante de Occidente intentando preservar y/o construir identidades, espacios de libertad, sobrevivir, vivir dignamente.

Los próximos años dirán si desde esa masa proletaria irrumpe la insurgencia global que desplegando su pluralidad vaya convergiendo en la segunda ofensiva contra el imperio, la primera ocurrió en el siglo XX a partir de la Revolución Rusa convirtiéndose en una rebelión global que se prolongó durante cerca de seis décadas abarcando desde China hasta Cuba, pasando por Argelia, Vietnam, Nicaragua.

Hace medio siglo estaban de moda en Europa occidental autores que denunciaban la pérdida de hegemonía de la región superada por superpotencias extraregionales como la URSS, los Estados Unidos o Japón. Uno de esos textos, de gran éxito editorial, fue “El rapto de Europa”21 de Luis Diez del Corral, su tesis era que naciones extra europeas le estaban robando o ya le habían robado a Europa su mayor creación cultural: la modernidad.

Deslumbrado por el mito griego el autor no recapacitó lo suficiente acerca de su significado histórico: Zeus roba, rapta a Europa, princesa del Cercano Oriente engañada por el dios que mimetizado como toro la induce a que lo monte cosa que aprovecha el ladrón para secuestrarla y llevarla a su isla. El origen del Occidente histórico es el engaño y el robo, su propio nombre: Europa es el de un trofeo producto del robo. 

En última instancia si el mundo no occidental se apropiara de la modernidad occidental no estaría haciendo otra cosa que recuperar el capital más los intereses de las riquezas que el ladrón le había quitado durante siglos: oro, plata, petróleo, cereales, centenares de millones de vidas humanas. En realidad el planeta está hoy completamente modernizado, para unos (el centro del mundo) eso significa desarrollo capitalista, poder, privilegios mientras que para el resto quiere decir subdesarrollo capitalista, miseria, frustraciones.

De todos modos la “apropiación periférica de la modernidad” es un anzuelo envenenado, es la ilusión de reproducir los supuestos logros culturales de la civilización burguesa de manera independiente o enfrentando a Occidente, cuando el esclavo imita al amo o pretende regenerar a su comunidad adoptando-adaptando sus fundamentos ideológicos lo que consigue es bloquear la creatividad revolucionaria de su base social (así lo demuestra la experiencia histórica del siglo XX)22, cree haber encontrado el hilo de Ariadna que le permitirá salir del laberinto, se aferra al mismo y marcha triunfalmente hacia la salida... en realidad se ha aferrado a la cola del diablo que astutamente lo deriva hacia pasadizos aún más siniestros.

Pero la modernidad ha ingresado al estado de decrepitud y la liberación de sus víctimas centrales y periféricas solo puede ser lograda por medio de la negación absoluta del capitalismo, su completa destrucción, para desde sus cenizas construir un mundo nuevo. Nada autoriza a suponer que esa proeza (la mayor de la historia humana) sea inevitable, la regeneración postcapitalista es históricamente necesaria aunque no constituye un fenómeno inexorable impuesto por supuestas leyes de la historia. Se trata de una tarea que requiere un gigantesco esfuerzo voluntarista animado por ideas resultado de prácticas insurgentes, rebeldías más o menos radicalizadas, de pruebas, errores, fracasos, éxitos efímeros o duraderos. 

Notas:
1 Las decadencias de civilizaciones anteriores y las reflexiones contemporáneas sobre las mismas en la medida en que lograban una visión de cierta amplitud asociaban a dichas decadencias con futuras renovaciones o instalaciones de nuevas civilizaciones en el mismo territorio. A nivel mundial mientras una civilización decaía otras permanecían o emergían. Ahora dado el potencial autodestructivo del capitalismo global aparece la posibilidad histórica del “fin de la historia” no en el sentido idílico (siniestro) del mundo liberal feliz que hace algunas décadas nos proponía por ejemplo Francis Fukuyama sino como desastre universal.
2 Marx y Engels, “La ideología alemana”, Ediciones Progreso, Moscú, 1974.
3 En 2012 los gastos del Departamento de Defensa llegaron a unos 700 mil millones de dólares, si a los mismos se les adicionan los gastos militares que aparecen integrados (diluidos u ocultos) en otras áreas del Presupuesto (Departamento de Estado, USAID, Departamento de Energía, CIA y otras agencias de seguridad, pagos de intereses, etc.) se llegaría a una cifra cercana a los 1,3 billones (millones de millones) de dólares. Esa cifra equivale al 50 % de los ingresos fiscales previstos o al 100 % del déficit fiscal. Esos gastos representaron casi el 60 % de los gastos militares globales y si les sumamos los de sus socios de la OTAN y de algunos países vasallos extra-OTAN como Arabia Saudita, Israel, Colombia o Australia estaríamos entre el 75 % y el 80 % del gasto global (Ref: Jorge Beinstein, “Capitalismo del Siglo XXI. Militarización y decadencia”, Ed. Cartago, Buenos Aires 2013).
4 Narciso Isa Conde, “Estados neoliberales y delincuentes”, Aporrea, 20/01/2008, www.aporrea.org/a49620.html
5 Johan Huizinga, “Homo ludens” (1954), Emecé Editores, Buenos Aires, 1968.
6 Domenico Losurdo, “Las raíces norteamericanas del nazismo”, Enfoques Alternativos, nº 27, Octubre de 2006, Buenos Aires.
7 Hermann Rauschning, “La révolution du nihilisme”, Gallimard, Paris, 1980 .
8 Robert Kurz, “Los orígenes destructivos del capitalismo”, 1997, ttp://www.oocities.org/pimientanegra2000/kurz_origen_destructivo_capitalismo.htm
9 En otros textos he presentado un concepto de Anouar Abdel Malek a mi entender esencial para entender el fenómeno, se trata del “surplus histórico” acumulado durante siglos por Occidente resultado de un saqueo universal sin precedentes, patrimonio imperialista basado en la destrucción del contexto ambiental y de civilizaciones de todos los continentes (Anouar Abdel Malek, “Political Islam”, Socialism in the World, Number 2, Beograd 1978.
10 Angus Maddison,”The World Economy: Historical Statistics”, OECD 2003.
11 René Grousset la calificó como “la primera expansión colonial de Occidente”. Renée Grousset, “Las cruzadas”, EUDEBA, Buenos Aires, 1965.
12 “El poder veneciano se basaba en su capacidad para fabricar armas de acuerdo a los modernos principios de la especialización y la producción capitalista” señala Victor Davis Hanson para agregar que “tres años después de Lepanto el monarca francés Enrrique III, que se encontraba en Venecia, visitó el Arsenal que, para su asombro, montó, botó y equipó una galera en una hora! En condiciones normales, el Arsenal, recurriendo a principios de construcción naval, financiación y producción en masa comparables únicamente a los del siglo XX, era capaz de botar una flota entera de galeras en el espacio de unos pocos días”, Victor Davis Hanson, “Matanza y cultura. Batallas decisivas en el auge de la civlización occidental”, Fondo de Cultura Económica-Turner, México D.F. / Madrid 2006.
13 Bertrand Gille, “Les ingénieurs de la Renaissance”, Herman, Paris 1964.
14 James O'Donnell, “La ruina del imperio romano”, Ediciones B, Barcelona 2010.
15 Victor Davis Hanson, op cit.
16 G.W.F Hegel, “La Raison dans l`Histoire”, Union Générale d`Editions, 10/18, Paris 1965 .
17 Antonio Gramsci, “Cuadernos de la cárcel”, Ed. Era, México, 1999.
18 Richard N. Haass, “The Age of Nonpolarity. What Will Folow U.S. Dominance”, Foreign Affairs, Mai/June 2008.
19 Karl Polanyi, “The Great Transformation.The Political and Economic Origins of Our Time”, Bacon Press, Boston, Massachusetts, 2001.
20 K. Polanyi, op. cit.
21 Luis Diez del Corral, “El rapto de Europa”, Alianza Editorial, Madrid 1974.
22 Desde los avatares burocráticos de la historia soviética hasta llegar al realismo burgués de los dirigentes chinos pasando por los diversos nacionalismos más o menos “socialistas” o capitalistas del Tercer Mundo.

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15 de julio de 2014

LOS TRABAJADORES POBRES SON TRES VECES MÁS QUE LOS RECOGIDOS POR LA ENCUESTA DE ESTRUCTURA SALARIAL

Colectivo Ioé. Barómetro Social de España

Los trabajadores y trabajadoras en riesgo de pobreza son tres veces más que los contabilizados por la última Encuesta de Estructura Salarial, cuya metodología excluye del cómputo al 71% de quienes perciben –en cómputo anual- ingresos inferiores al Salario Mínimo Interprofesional.  

El INE publicó el pasado 25 de junio la última Encuesta de Estructura Salarial (EES)[1], correspondiente a 2012, y los medios de comunicación han subrayado algunos de sus hallazgos, entre ellos una caída del salario medio y el incremento de la desigualdad salarial, que afecta especialmente a quienes perciben salarios por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI)[2]. Este segmento representaba el 8,8% de la población asalariada en 2008 y en 2012 alcanzó el 12,2%. Por tanto, los resultados de la EES indican que durante los años de crisis el conjunto de la clase trabajadora ha disminuido sus ingresos (deterioro del salario medio) y que ha aumentado el segmento de “trabajadores pobres” (quienes no llegan al SMI a lo largo del año). Con ser preocupantes estas conclusiones no dan cuenta adecuada de la realidad; si tomamos en cuenta la Estadística de Salarios de la Agencia Estatal de Administración Tributaria, la franja de trabajadores pobres sería tres veces más grande, alcanzando al 32,9% de perceptores de rentas salariales en 2012.

¿Cómo se explica semejante discrepancia entre las dos fuentes, ambas de carácter oficial? Tanto una como otra parten de la misma base (las declaraciones del modelo 190 que las empresas cumplimentan por los salarios que pagan) pero, mientras la Estadística de la AEAT incluye todas las declaraciones efectuadas a lo largo del año, la Encuesta de Estructura Salarial se basa en una muestra, que tiene por efecto dejar fuera a varias categorías de trabajadores con bajos salarios, elevando artificialmente el salario medio y ofreciendo una imagen mucho más edulcorada de la polarización salarial. Las operaciones metodológicas a las que aludimos son básicamente las siguientes:

  • No se incluyen las personas asalariadas en la agricultura, la ganadería y la pesca (743.00 en 2012 según la EPA, en su mayoría hombres) ni las empleadas de hogar (653.450, mayoría mujeres). Ambos sectores con salarios muy bajos.
  • Tampoco se incluye a quienes no perciben salarios en el mes de octubre, siendo además condición necesaria para entrar en la muestra haber trabajado al menos otro mes del mismo año (además de octubre). Por esta vía quedan fuera un elevado número de perceptores de salarios que conjugan a lo largo del año períodos de empleo y de desempleo (como referencia en 2012 las cuatro aplicaciones trimestrales de la EPA recogen una media de 2,7 millones de personas en paro que habían perdido su empleo hacía menos de un año).
  • Además, a las personas que no han trabajado todo el año se les asigna una percepción equivalente a un empleo continuado.  Por ejemplo, una persona que sólo ha trabajado dos meses (uno de ellos octubre) y que ha cobrado mil euros por mes, aparecerá reflejada en la Encuesta como perceptora de 12.000 euros, y no de 2.000.

Como resultado de estas operaciones el salario medio de la EES es bastante más elevado (22.726 euros) que el de la AEAT (18.601 euros); además, la Encuesta de Estructura Salarial invisibiliza, no sólo a los sectores de la agricultura y el servicio doméstico (1,4 millones de empleos), sino a gran parte de la mano de obra asalariada en situación más precaria que alterna a lo largo del año períodos de empleo y de desempleo (en torno a 2,5 millones de personas).

El gráfico 1 recoge la distribución de los salarios por tramos en relación al Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Se puede observar que la Encuesta de Estructura Salarial excluye del cómputo al 71,3% de quienes cobran por debajo del SMI, mientras mantiene valores similares en los tramos restantes.


Gráfico 1. Polarización de los salarios en España en relación al Salario Mínimo Interprofesional (2012)


La mitad de la población asalariada cobra menos de mil euros
El Barómetro Social de España utiliza habitualmente la Estadística de Salarios de la AEAT para conocer la desigualdad salarial en España. Aunque esta fuente se limita a los salarios declarados (no incluye la economía sumergida), al menos no excluye del cómputo a las categorías más precarias y eventuales del empleo formal, tal como hacen las Encuestas de Estructura Salarial o de Coste Laboral, ambas del INE. A continuación recogemos a grandes rasgos, aprovechando la información recogida en el Barómetro, cómo han evolucionado en las dos últimas décadas el capital en acciones y los salarios, y cómo éstos se distribuyen en 2012.

Entre 1994 y 2007 el valor monetario de las acciones empresariales, según el Banco de España, creció de manera extraordinaria, pasando de 0,4 a 2,8 billones de euros, a precios constantes, lo que multiplicó por siete su precio de mercado (ritmo interanual medio del 16%)[3]. Al llegar la crisis, las acciones perdieron el 30% de su valor (830.000 millones de euros), pero el ritmo interanual de las pérdidas en los cinco años de crisis (6%) ha sido bastante menor que el ritmo de ganancias en los catorce años previos de crecimiento (16%). El valor del conjunto de las empresas en 2012 se situaba en el mismo nivel que en 2004, es decir, habían perdido bastante menos de la mitad de lo ganado en los años anteriores.

En contraste con lo anterior, el salario medio de la población trabajadora quedó casi congelado entre 1994 y 2007, avanzando sólo el 1,9% en el conjunto del período. Por su parte, la masa salarial (el total de retribuciones de la población asalariada) creció el 81%, algo por encima del PIB (70%), debido al extraordinario incremento de la ocupación (de 12 a 20 millones), con una tasa de empleo temporal tres veces superior a la media de la Unión Europea por aquellos años. Entre 2007 y 2012 la masa salarial (medida en euros constantes) se ha reducido un 19%. Este descenso podría atribuirse “simplemente” a la caída del empleo; sin embargo, paralelamente se ha registrado una caída del 8% del salario medio real (en euros constantes). De este modo, la participación de los salarios en la renta nacional, que había descendido continuamente durante el último ciclo de crecimiento, ha vuelto a caer con la adopción de políticas “de ajuste” desde 2010. En suma, se está perpetuando una tendencia estructural a la redistribución regresiva de la renta.

La polarización entre los salarios altos y bajos ha sido muy elevada en todo el período estudiado pero se ha incrementado de forma importante en la etapa de crisis. Si en 2007 los asalariados “ricos” (percepciones por encima de cinco veces el Salario Mínimo Interprofesional) recibían un ingreso 17,6 veces superior a los “pobres” (percepciones por debajo del SMI), en 2012 la diferencia aumentó a 18,9. La situación existente en 2012 (último año publicado) queda reflejada en el Gráfico 2, que muestra la magnitud de distintos segmentos de los asalariados y la de sus respectivos ingresos.


Gráfico 2. Diferencias de salario por tramos en 2012

El tramo inferior (menos de mil euros/mes) está formado por quienes perciben salarios en cómputo anual por debajo de 1,5 veces el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), o sea, menos de 962 euros/mes (el SMI era de 641 euros). Aquí se sitúa el 45% de las personas asalariadas, a las que habría que sumar a quienes se encontraban en paro de larga duración (más de un año buscando empleo) que en 2012 eran 3 millones. Si incluimos a este colectivo “empleable” y buscador de empleo –según la definición de la EPA- en el cómputo global de la población asalariada, la proporción de trabajadores con ingresos brutos mensuales inferiores a mil euros llega al 50%.

Los tramos intermedios (entre mil y dos mil quinientos euros/mes) perciben entre 1,5 y 4 veces el SMI; suponen el 43,6% de la población ocupada y constituyen el colchón entre la mayoría de bajos ingresos y los mejor retribuidos.

El tramo superior (más de dos mil quinientos euros/mes) incluye al 10% de personas asalariadas. A su vez, en la cúspide de este segmento destaca una minoría del 1% (exactamente el 0,8%) con salarios por encima de 10 veces el SMI. En este grupo se sitúan los 900 consejeros y miembros de la alta dirección de las empresas incluidas en el Ibex 35 cuyos ingresos medios en 2013 fueron de 54.000 euros mensuales. Se trata de un grupo social formalmente asalariado pero cuyas funciones son las de dirección de las empresas representando directamente los intereses de sus propietarios.

Los datos muestran el éxito de la estrategia de salida de la crisis adoptada por las élites europeas y españolas, la llamada “devaluación interna”, que pasa por un empobrecimiento de la población trabajadora: por un lado, mediante el descenso de las rentas salariales y del monto y tasa de cobertura de las prestaciones de desempleo; por otro, a través de los recortes y privatización de recursos públicos que repercuten en la calidad y la universalidad de las políticas de educación, salud, pensiones, atención a la dependencia, servicios sociales, etc. Pero, además, la creciente precarización y desigualdad social necesitan legitimarse mediante una permanente referencia  a la “salida de la crisis”, que sobredimensiona los síntomas positivos y desenfoca o directamente falsea los datos más negativos, como el alcance de la precarización laboral.

[1] La Encuesta de Estructura Salarial se aplica con la misma metodología en toda la Unión Europea con el fin de conocer la distribución de los salarios, lo que no justifica –en nuestra opinión- dejar fuera del cómputo a varias categorías del empleo asalariado precario y eventual cuya incidencia es particularmente grande en el caso de España.

[2] El SMI fijado por el gobierno para 2012 fue de 8.979,60 euros al año, equivalentes a 641 euros al mes en catorce pagas. Una cantidad muy próxima al nivel de ingresos que servía para determinar el umbral de la pobreza ese mismo año (8.321 euros/año, 594 euros/mes en hogares de un solo miembro, según la Encuesta de Condiciones de vida). Debido a esta proximidad, se considera bajo el umbral de la pobreza o “pobreza laboral” a quienes reciben percepciones salariales por debajo del SMI.

[3] Uno de los factores que explican el crecimiento y revalorización de las empresas españolas en este período fue la inversión de capital extranjero que hizo de España uno de los países con mayor deuda externa privada del mundo. Según datos del Banco de Pagos Internacionales, entre 2003 y 2008 la deuda externa privada de España pasó de 0,7 a 2,1 billones de dólares (en el mismo período la deuda externa pública pasó de 0,2 a 0,3 billones).

14 de julio de 2014

CAÍDA DEL COMERCIO MUNDIAL ACELERA LA "DESDOLARIZACIÓN" DEL PLANETA

El Blog Salmón

La desaceleración del comercio mundial continúa a sus anchas a medida que la caída de la demanda configura la tendencia global del declive del comercio. Se han minimizado los efectos de la caída de la demanda, así como se han minimizado los efectos del alto desempleo. Muchos han pretendido hacer creer que "todo continuará igual o mejor" con el alto desempleo. Pero el impacto que el desempleo tiene en la demanda resulta desastroso para el conjunto de la economía mundial. En este aspecto, la caída de la demanda mundial de bienes no solo afecta la demanda mundial de comercio marítimo sino también la demanda de las divisas con que este comercio mundial funciona

Durante décadas, todo el comercio mundial ha operado con los dolares de Estados Unidos. De hecho, todas las compras de petróleo o gas natural se realizan con dólares. El hecho de que la rusa Gazprom esté sugiriendo a sus clientes comenzar a operar con monedas distintas del dólar rompe una tradición de medio siglo. Si añadimos que el presidente de la petrolera francesa Total SA señaló que "no hay ninguna razón para seguir negociando el petróleo en dólares", invitando a transar el petróleo en euros, veos que el declive del dólar está en plena marcha. La compra de petróleo en euros no sólo otorgaría una fuerte apetencia por la moneda europea sino que aceleraría el desplazamiento del dólar.

En las actuales circunstancias, el dólar cae por el significativo descenso del comercio mundial (como refleja el Baltic Dry Index), y también por el efecto sustitución que comienza a generar en otros países el respaldo a otras monedas como el Yuan chino, el rublo ruso o la rupia india para realizar transacciones. Debemos recordar que durante más de 40 años el petróleo se ha cotizado y transado exclusivamente en dólares, lo que le ha dado a Estados Unidos la hegemonía monetaria y financiera que hoy tiene. Sin embargo, pensar que se pudiera transar en otra moneda era casi una herejía hace una década. Toda la invención de la guerra de Irak con todos los pretextos de arnas químicas y o terrorismo no fue más que una guerra en represalia a la intención de Saddam Hussein de transar el petróleo en euros, como se lo formuló a Europa el año 2000. Por eso que decir ahora que "No hay ninguna razón para seguir pagando el petróleo en dólares", es una señal del cambio de los tiempos y del fastidio que genera la hegemonía monetaria de Estados Unidos.

Estados Unidos puede comenzar a ser aislado por donde más le duele: las relaciones monetarias basadas en el billete verde. Y esta operación anti-dolar puede verse fortalecida esta semana cuando los países BRICS declaren la creación de su propio banco de desarrollo. Un banco que pretende competir con el Banco Mundial y enfocarse en los problemas que al Banco Mundial no le interesan. el desarrollo de los países emergentes y la cooperación a espaldas de las instituciones como el Banco Mundial o el FMI dominadas por Estados Unidos. Las instituciones residentes en Washington siempre ha defendido los intereses de Estados Unidos en desmedro del resto del mundo. Por eso el banco de los BRICS puede significar un cambio radical en la hegemonía del dólar y de Estados Unidos.

13 de julio de 2014

MUNDO POST CRIMEA: SEXTA CUMBRE DE LOS BRICS EN FORTALEZA (BRASIL)

Estación compresora de gas en Kovalivka, Ucrania
Alfredo Jalife-Rahme. alfredojalife.com

Resulta significativo que la sexta cumbre de los BRICS en Fortaleza (Brasil) suceda en un escenario de fractura geoestratégica entre las tres superpotencias vigentes: Estados Unidos, Rusia y China, tripolaridad que acepta el general Martin Dempsey, jefe de las fuerzas armadas conjuntas de Estados Unidos.

La cumbre de Fortaleza sería la más importante de todas por su localización en el continente americano y sus históricos alcances que sepultan la caduca doctrina Monroe en un ambiente de nueva multipolaridad.

La cartografía geoestratégica ha cambiado dramáticamente en los recientes meses en el "mundo post Crimea", que ha acentuado las tendencias esbozadas en 2008 durante la guerra de Rusia contra Georgia y que tuvo como epílogo la secesión de Osetia del Sur y Abjasia.

A partir de la guerra entre Georgia y Rusia se trazó la primera "línea roja del Kremlin" en la etapa de su restauración relativa por el presidente Vlady Putin, quien ha jugado a las mil maravillas la carta de los hidrocarburos y los oleo/gaseoductos como arma disuasiva para impedir el desmembramiento de lo que quedó de Rusia después de la disolución de la URSS y también con el propósito de frenar el irredentismo de la tripleta Estados Unidos/OTAN/Unión Europea (UE) en la "periferia inmediata" de Moscú.

El "mundo post Georgia", desde el punto de vista del posicionamiento militar, representó las tendencias que se iniciaron en la primavera de 2004 cuando Estados Unidos y sus aliados no pudieron controlar el petróleo de Irak, lo cual dio lugar al nuevo barómetro de la geoeconomía planetaria con el inicio irreversible del alza del crudo, que se ha quintuplicado desde entonces a más de 100 dólares el barril y que llegó a un notable pico de 150 dólares.

No se puede entender el "mundo post Georgia" de 2008 sin el inicio ascendente e irreversible de la cotización del oro negro a partir de 2004, considerando que Rusia es la máxima potencia gasera del planeta, seguida por Irán, luego por Qatar y en cuarto lugar por Turkmenistán.

Se deduce así que el "arma petrolera" no va sola y que necesita de la cobertura de 4 mil 300 bombas nucleares hoy en manos de Rusia.

Mucho más que China, Rusia ha vuelto a mostrar su dentadura militar, lo cual empuja al incipiente orden multipolar y, en paralelo, a la irresistible expansión del bloque de los BRICS que apunta a incorporar como nuevos miembros a Irán y Argentina.

La secuencia crono-geopolítica es pasmosa: irresistible alza petrolera a partir de la primavera de 2004; nacimiento de los BRICS (oficiosa en 2006 y oficial en 2009), que de un bloque cuatripartita pasó a uno pentapartita; y el "mundo post Georgia" en 2008.

Tal es la inicial plataforma multipolar que luego se concatenó con el reciente "mundo post Crimea" de 2014.

Se pudiera argumentar que el Grupo de Shanghai, como contrapunto a la expansión oriental de la OTAN en la década de los 90 del siglo pasado, epitomizó el mínimo vital del poder y la geografía de Rusia que restañaba sus heridas después de la "catástrofe geopolítica" (Putin dixit) cuando Moscú solamente esperaba la oportunidad propicia para detener la ofensiva en sus fronteras por la tripleta de Estados Unidos/OTAN/UE.

La oportunidad para detener la vertiginosa caída vertical de Rusia se la brindó la doble debacle militar de Estados Unidos en Afganistán y, sobre todo, en Irak, cuando Bush hijo no pudo controlar el pletórico petróleo de ese país en la primavera de 2004.

El "mundo post Crimea" ha acentuado la recuperación relativa del vital espacio geopolítico de Rusia en su "periferia inmediata", lo cual ha llevado a la reincorporación de la superestratégica península de Crimea y a su preponderancia militar en el Mar Negro, los cuales desencadenaron tanto el acuerdo gasero histórico de Rusia con China como la eclosión de la Unión Euroasiática con Bielorrusia y Kazajstán.

Hoy la batalla mercantil cunde ferozmente en los dos océanos que bañan las costas de Estados Unidos, quien busca controlar las dos terceras partes del comercio mundial mediante sus dos polémicos tratados: 1) la Asociación Transpacifica (TPP, por sus siglas en inglés), destinado a cercar, si no a contener, a China y, de paso, a Brasil y al Mercosur y, desde luego, a toda el ALBA; y 2) la Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés), mediante la cual Estados Unidos busca atraer en su trampa a la UE, hoy fracturada económica y políticamente, mediante el espejismo de la burbuja del fracking y su shale gas para que rompa sus relevantes lazos energéticos con Rusia.

No todos los proyectos mercantilistas de Estados Unidos han sido exitosos, como lo demuestran sus mayúsculos fracasos recientes: a escala local el fenecido Plan Puebla-Panamá y a escala regional la sepultada ALCA.

Hoy asistamos a "neorregionalismos" mediante la formación de bloques regionales con sus respectivos liderazgos: Estados Unidos (con la absorción de Canadá y México); Brasil (con el Mercosur y en lucha por controlar a Unasur y al ALBA); Alemania (atormentada con su dilema ontológico: controlando lo que quede de Europa o quizá creando la anhelada "ruta de la seda" con China y Rusia; China (con el ASEAN-10, si es que no lo descarrila antes Estados Unidos atizando el fuego en los mares del Sur y Este de China) y Rusia (Unión Euroasiática).

Las fortalezas y vulnerabilidades de cada uno de los cinco miembros de los BRICS afectan al todo.

Aun dentro de los BRICS existen niveles y gradientes de poder que no son equiparables entre todos sus miembros, como es el rubro nuclear, donde exhibe en su seno a una superpotencia atómica de la talla de Rusia (a la par de Estados Unidos) y a potencias medianas como China (con 250 bombas) e India (de 80 a 100).

Notablemente, Sudáfrica poseía seis bombas nucleares antes de que los gobiernos post apartheid las desmantelaran en forma unilateral y voluntaria, mientras Brasil tiene prohibido en su Constitución adoptar las bombas atómicas pese a que posee el know-how para fabricarlas.

Dada la anárquica coyuntura presente del desmantelamiento unipolar estadounidense –a partir de la confrontación entre el G-7 y los BRICS: desde Ucrania hasta el nuevo califato del siglo XXI–, la sexta reunión cupular de los BRICS en Fortaleza simboliza la aceleración propicia para encaminar el nuevo orden multipolar que asienta como nunca el singular momento histórico de Sudamérica como nuevo gran actor geopolítico.

12 de julio de 2014

EL IMPERIALISMO ORQUESTÓ LA PRIMAVERA ÁRABE

Juan Manuel Olarieta. La Haine

Santiago Alba Rico y otros miembros significados de Izquierda Anticapitalista siempre sostuvieron el carácter espontáneo de la Primavera Árabe.

Un documento confidencial elaborado en 2010 por el Departemento de Estado confirma que la denominada Primavera Árabe no sólo no fue espontánea sino que estuvo promovida de forma activa por el imperialismo estadounidense después de un largo periodo de maduración.

El documento, que tiene cinco páginas, lo ha publicado la organización Middle East Briefing (1), que pudo tener acceso al mismo recurriendo a la legislación sobre libertad de información. Se titula “Middle East Partnership Initiative: Overview” y está fechado el 22 de octubre de 2010.

La Primavera Árabe comenzó en diciembre de aquel año con el derrocamiento del gobierno en Túnez, denominada “Revolución de los Jazmines” y desde entonces sacudió a varios países, afectando a Egipto, Libia, Yemen y Siria y causando cruentas guerras civiles y una conmoción sin precedentes en el mundo árabe.

No obstante, los preparativos empezaron varios años antes, cuando en 2002 la Casa Blanca empezó a elaborar los planes de desestabilización que forman parte del programa regional “Middle East Partnership Initiative” dirigido contra países del norte de África y Oriente Medio apoyándose en ONG locales que son los tentáculos de la diplomacia imperialista.

El gobierno de Obama no escatimó en gastos para interferir sobre los asuntos internos de los países árabes. En 14 años se han gastado 600 millones de dólares en unos 1.000 grandes proyectos políticos. La financiación de las ONG ha supuesto más de la mitad de los proyectos del plan, señala el documento. Los agentes de enlace con las ONG locales los designa la embajada de Estados Unidos en cada país.

La Iniciativa “no suministra fondos a los gobiernos extranjeros y no negocia acuerdos bilaterales de asistencia”, señala el informe, que establece una lista de los países destinatarios con prioridad: Yemen, Arabia Saudita, Túnez, Egipto y Bahrein. Libia y Siria fueron añadidos un año después de la elaboración del informe por el Departamento de Estado.

En Egipto el gobierno de Estados Unidos se centró en la Hermandad Musulmana, a la que consideraba compatible con la política imperialista de Estados Unidos. El gobierno de Obama aseguraba incluso el “servicio post-venta” de las ofensivas de desestabilización, que forman parte de la remodelación del “Gran Oriente Medio”.

En septiembre de 2011 la Iniciativa creó una oficina especial de coordinación de las transiciones políticas en aquella región estratégica, poniendo a William B. Taylor al frente. Se trata de un diplomático con experiencia en campañas de desestabilización ya que fue el embajador de Estados Unidos en Ucrania durante la “revolución naranja” de 2006 a 2009.

Según el informe del Departamento de Estado, su tarea es la de coordinar la asistencia de Estados Unidos a las “democracias emergentes” el norte de África y Oriente Medio, incluyendo a Egipto, Túnez y Libia.

Contra viento y marea, Santiago Alba Rico y otros miembros significados de Izquierda Anticapitalista siempre sostuvieron el carácter espontáneo de la Primavera Árabe (2) que, según dijeron, sirvió luego de detonante para que estallara el movimiento de los indignados del 15-M en la Puerta del Sol. Esther Vivas llegó a decir que la Primavera Árabe tuvo un carácter “internacionalista”, pero eso nunca lo entendí muy bien. En aquel momento pensé que la indignación estaba dirigida -entre otras cosas- contra la Casa Blanca. Ahora mismo me da la impresión de que la indignación no era de unos contra otros, sino que es muy posible que se tratara de la misma indignación, es decir, que la Casa Blanca y los indignados compartieran el mismo estado de ánimo.

Uno de los motivos que me lleva a pensar de esa manera es que tras la “Revolución de los Jazmines”, el Foro Social Mundial se pudo reunir en Túnez en marzo de 2013. Creo que es a eso a lo que Vivas llama “internacionalismo”: el imperialismo abría las puertas a la “democracia”, no sólo en el interior de aquel país árabe, sino a 5.000 indignados procedentes de todas las partes del mundo, que dos años después se pudieron congregar allá en paz y libertad para que luego Vivas nos lo pudiera contar a nosotros (3).

No sólo los árabes; todos los pueblos del mundo debemos sentirnos deudores de la política benefactora del Departamento de Estado, el Pentágono, la CIA y la Casa Blanca.

(1) U.S. State Dept. Document Confirms Regime Change Agenda in Middle East, http://mebriefing.com/?p=789
(2) Santiago Alba Rico, Libia, el caos y nosotros, Gara, 19 de septiembre de 2011, http://www.anticapitalistas.org/Libia-el-caos-y-nosotros
(3) Esther Vivas, Del Foro Social Mundial a las Revueltas Árabes, http://cemsenmoviment.wordpress.com/tag/movimiento-antiglobalizacion/

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG: Quizá también le interese:
La paradójica patraña de la “ilusión democrática”: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2014/07/la-paradojica-patrana-de-la-ilusion.html

7 de julio de 2014

LA PARADÓJICA PATRAÑA DE LA “ILUSIÓN DEMOCRÁTICA”

Y tú que la quieres sólo en lo político, ¿dónde estás?
Por Marat

1.-Antecedentes del gran renacimiento democrático también llamado “regeneración”
No mucho más tarde de que la gran crisis capitalista, mayor por sus dimensiones -no sólo económica sino también social, energética, climática y de civilización-que la de 1929 se iniciase comenzaron lo que desde el psicoanálisis cabría denominar como pulsiones sociales; una serie de “revoluciones democráticas”, o pretensiones de tales, que tuvieron una doble expresión:

En el mundo árabe/musulmán lo que se llamó “primavera árabe” y que, con la excepción de Túnez, un país muy occidentalizado y en el que los procesos de modernización eran muy anteriores a la llamada “revolución de los jazmines”, y se habían producido desde tiempos del Presidente Burguiba, trajo como consecuencia involuciones políticas (Egipto), guerras civiles (Siria), Estados fallidos, caos y fundamentalismo islámico criminal (Libia)

En el resto de países árabes/musulmanes el fracaso fue la tónica general (Marruecos, Argelia, Yemen, Baréin, Kuwait, Líbano, Jordania, Omán, Arabia Saudita, Yibuti,...) Significativamente en las oligarquías dinásticas del petróleo amigo de los EEUU del Golfo Pérsico el fracaso fue tan absoluto que se redujo en horas y no tuvo repercusión social y política alguna. La estabilidad política fue premiada desde USA y las exigencias democráticas de su Presidente, Barak Obama, fueron inexistentes, al contrario de lo sucedido en Túnez, Egipto, Siria o Libia, en donde éste se implicó, en unos casos desde los servicios de inteligencia (Túnez, Egipto), en otros militarmente (Siria, Libia). El caso marroquí y el argelino tuvieron su consideración particular porque se trataba de países fundamentales para contener un fundamentalismo islámico mucho más agresivo hacia USA que en Siria o en Egipto, países en los que la Casa Blanca actuó como un acelerante de los conflictos.

En Occidente, la llamada “revolución islandesa” (o “revolución de las cacerolas”) tuvo el éxito de derrocar al anterior gobierno conservador, lograr un “gobierno de izquierdas”, hacer una nueva Constitución, lograr que dos banqueros implicados en quiebras fraudulentas visitaran brevemente la cárcel, hacer que Islandia fuera un buen pagador de la deuda contraída internacionalmente y de perder las elecciones a manos de una derecha que ha vuelto sobre sus fueros. Quien quiera saber más de dicha performance política y el bulo que la acompañó puede consultarlo aquí

Sin embargo el mito sirvió para alimentar los cuentos que posteriormente vendería el movimiento indignado a nivel mundial y alguna de sus criaturas políticas posteriores. 

Tras el modelo de “revolución a la islandesa” vino, ya abiertamente en los países occidentales, básicamente en España (Democracia Real Ya, 15M), USA (Occupy Wall Street) y parcialmente Méjico (Yo soy 132) la gran fábula de la “revolución democrática” que traería, frente a la gran crisis capitalista, gobiernos “realmente democráticos”, honestos y no corruptos, transparentes, que hicieran elecciones primarias en sus partidos, presentarán listas abiertas al parlamento y, como se puso de moda, desde unos meses después de Mayo de 2011, nacientes de un movimiento “desde abajo”

Tiempo antes se nos había contado en qué consistiría un gobierno democrático. Resumiendo de un modo un tanto esquemático, pero no demasiado, sería el que propiciase la “democracia participativa” desde las ILPs (Iniciativa Legislativa Popular o firme todo lo que le pongan por delante porque esto es democracia, aunque se limpien el culo con sus firmas), los referendos (Suiza, el gran paraíso fiscal los hace a troche y moche y USA, donde apenas vota el 45% electores, y quien no tenga padrino no sale senador ni congresista, hace tropecientos de ellos en cada elección presidencial) y la wikidemocracia 2.0: usted participa por Internet de las decisiones que le afectan y que son importantes para el país. Lo que no le dicen es que hay alguien, como en los referendos, que decide sobre qué se le consulta y sobre qué no y decide cuál es y cómo se hace la pregunta. Y esa es una clave fundamental de todo este asunto “democrático”. Hay extraños partidillos que lo que venden no es el contenido ni el significado de esa democracia sino el método digital del mismo y hay quienes se lo han comprado para elegir candidatos a dirigir sus organizaciones en sus listas....cerradas y señaladas por sus dirigentes mesiánicos.

No está de más señalar el horizonte de alguna reciente estrella política mediática en cuanto a los modelos de referencia en que se fijaría esa “modernización” democrática de clases medias:

“Yo no tengo modelos porque se puede aprender de todos. Si vamos a construir una nueva sociedad, tenemos que nutrirnos, por ejemplo, del Estado del Bienestar noruego, de la participación política de Suiza, de los instrumentos revocatorios en Venezuela o California... Aprender de las mejores experiencias y corregir lo que ha fallado, y eso implica no ser dogmático, no calcar un modelo”

Se le olvida mencionar a este alumbrador de la nueva era que el capitalismo noruego está abriendo el paso al abandono del Estado del Bienestar -ya he dicho alguna vez que las conquistas de las clases trabajadoras bajo el capitalismo son efímeras-, que la participación política en Suiza es compatible con que este país sea uno de los mayores paraísos fiscales del capitalismo y que sus consultas jamás atentarán contra este sistema y, por supuesto, que lo más importante de la democracia venezolana no está en sus poderes revocatorios, con ser estos positivos, sino en su organización en comunas y en la introducción de métodos de gestión empresarial no capitalistas, bases del socialismo. 

Está claro, por las palabras expresadas en la anterior cita cuáles son las referencias principales del discurso “progresista” y sus límites de las llamadas clases medias. No quiero imaginar cuáles son las de los sectores menos progresistas de las mismas. 

Pero si estas afirmaciones del político en alza destinado a representar el voto y los intereses de las clases medias no fueran suficientes añadamos otras que tal vez aporten algún esclarecimiento al “izquierdista” despistado:

“Si decimos que democracia es que los ciudadanos tengan sanidad, educación y las mínimas condiciones para desarrollar su vida digna, ni siquiera en España hay democracia.”

¿Cómo interpretar estas palabras de monsieur Alberto Garzón? ¿Acaso cuando el capitalismo no estaba en crisis sino en períodos expansivos y la necesidad de consumo favorecía tanto mejores salarios directos como indirectos (servicios públicos) y se mantenía el Estado del Bienestar era el capitalismo más democrático? ¿Cuándo fueron electivos los cargos de director de empresa y de empresario? Nunca, ¿verdad? Democracia no es simplemente alimentar al trabajador. Es sobre todo el control colectivo de todo lo que afecta a la vida social y de la persona y eso incluye lo que “los obsoletos y desfasados comunistas” llamábamos antaño el control obrero de la producción y que los marxistas modernos llamamos autogestión no sólo pero también en los centros de trabajo. Eso es democracia igualmente; democracia económica y social. Pero no parece que vayan por ahí ni las aspiraciones de las clases medias ni las de los “modernos progresistas”.

Dicho todo lo anterior, de ambos modelos de “revoluciones democráticas” cabe extraer algunos elementos comunes:

Donde estas “primaveras” han tenido alguna repercusión, su base social se ha encontrado en la pequeña y mediana burguesías  Para estos sectores, los cambios de gobierno posibilitarían políticas que favoreciesen el mantenimiento de sus niveles de vida. En España no ha sido precisamente así. Parece que tampoco en Islandia. Creo que tampoco en Egipto ni en Túnez. 

La importancia de Internet y de las redes sociales en las demandas indignadas mundiales ha sido determinante. Lo que se ha llamado espontáneas  protestas en las redes sociales no habrían sido posibles sin expertos en community manager y redes sociales. Este otro ejemplo para América Latina sirve también para España.  

La adulación a la juventud como un valor en sí mismo, como tópico de generación de futuro y como colectivo humano al que atribuir un valor meritocrático. Consideren ustedes el vínculo de los estudiantes Erasmus en la exportación a Europa del movimiento indignado y la machacona insistencia en la preparación de los líderes de Podemos y especialmente del señor Iglesias para contarnos que está capacitado para ser Presidente de Gobierno.  Cabe concluir de este planteamiento que Evo Morales no está preparado para dirigir su país y que un trabajador sin master ni inglés como segundo idioma no debe de ser cargo elegible. 

2.-Crisis de legitimación democrática y crisis económica 
Habermas, un ex marxista, no un postmarxista como algunos afirman, se enfrenta en 1973  a lo que llama “problemas de legitimación del capitalismo tardío” en una obra del mismo nombre. Para él los factores que explican dichos problemas no nacen sólo de los factores económicos  (imposibilidad de producir lo socialmente necesario: un concepto hoy más que discutible) de un capitalismo planificado sino de la incapacidad del sistema político e institucional para aportar decisiones racionales en la medida deseada y para mantener la legitimación del sistema político.

Sin embargo, esos factores de los que él habla no aparecen con toda su fuerza hasta el estallido de la actual crisis capitalista -casi 35 años después- y sobre todo afectan a los sectores sociales cuya posición económica de partida se ha visto menos vulnerada desde la época en la que Habermas señala las debilidades sistémicas hasta la actual. 

Las llamadas clases medias (sean reales o propietarias de medios de producción o ficticias y dependientes salarialmente) han vivido un proceso de achatamiento, proletarización y de descenso social vertical muy marcados en este período de la crisis capitalista pero las clases trabajadoras han vivido una pauperización creciente desde la primera fase de esta crisis que se inició mucho antes, en 1973. Un análisis de los salarios directos e indirectos (coberturas sociales) muestra en el mundo capitalista occidental una tendencia no siempre sostenida pero creciente hacia la transferencia de las rentas del trabajo al capital mucho antes de 2007. 

Sin embargo, y en ausencia de un relato sociológico y político de la segunda fase de la crisis capitalista -la iniciada en 2007- de la clase trabajadora y de sus supuestos representantes: los sindicatos y las organizaciones de “izquierdas”- el discurso dominanfe que nos hemos encontrado es básicamente conservador: el de la reivindicación de esas denominadas clases medias de no descender de estatus, sea a través de la conservación del llamado Estado del Bienestar, sea a través de la denuncia de que están siendo exterminadas por el proceso de dualización social que genera la redistribución de la riqueza nacional a favor de la gran burguesía, en sus palabras, “los más ricos”. No existe desde esta clase una propuesta política en positivo y capaz de presentar una alternativa al capitalismo realmente existente distinta al manido "otro sistema" o la socorrida alusión hacia transitar a sociedades "postcapitalistas". No parece que tengan interés en una mayor concreción de su "propuesta".  

No voy a expresar el relato político de la clase trabajadora porque no es a mí a quien le corresponde hablar en su nombre sino a ella misma y porque mi clase no ha tenido ni medios de difusión ni voz política y sindical que la represente -el sindicalismo y las organizaciones con peso político que hace mucho tiempo fueron obreras hoy son mesocráticas-. No obstante creo que no se reconoce en sus formaciones de antaño porque no expresan sus necesidades. 

Tampoco esta vez, al contrario de como lo hizo el 22 de Marzo pasado, hito precedido por movilizaciones obreras y de las clases trabajadoras especialmente señaladas (Gamonal, limpiezas de Madrid y Alcorcón, Sniace, Panrico, Coca-Cola,...), creo que siga la estela de las próximas "huelgas ciudadanas" (Botín, Amancio Ortega y Joan Rossell son también ciudadanos) y de consumo -este último concepto de huelga es especialmente cínico e hiriente para millones de familias de bajos recursos que hacen huelga de consumo diario al no poder alcanzar el mínimo necesario y tener que recurrir a la caridad/solidaridad públicas-, no porque la clase trabajadora tenga respuestas, que no las tiene si carece de sindicatos combativos y robustos y de expresiones políticas propias, sino porque no verá claro qué es lo que se le está ofreciendo como hito de lucha y seguramente porque no se sienta representada en dicho llamamiento. Sin que sirva de precedente porque no soy libertario, creo que hay cierta respuesta anarquista al llamamiento de la nueva convocatoria del 22-M que es básicamente asumible desde una posición de izquierda revolucionaria, independientemente de lo que hagan luego los anarquistas cuando se aproxime la fecha. 

Lo que se ha producido desde el 22-M hasta la fecha es una recomposición en la dirección de las marchas y hay datos que me permiten sostener esta afirmación.

Soy consciente de que la actual situación en las empresas convierte la posibilidad de una huelga general, no ya revolucionaria sino simplemente de protesta y resistencia, en un acto heroico para sus seguidores y de resultado más que inseguro pero también lo soy de que una huelga ciudadana y de consumo es lo mismo que aquello que en Agosto de 2011 planteaban ciertos sectores indignados del 15M como huelga sin sindicatos; esto es, un llamamiento a la protesta ajenas a las claves de lucha de la clase trabajadora, que son las de golpear sobre la esfera económica para repercutir en la dimensión política.  

Cambiando de tercio, unas clases medias que históricamente fueron partidarias del “orden”, una vez asentadas en un estatus que les ha llevado durante gran parte del siglo XX y de los inicios del XXI hacia un consumo de masas y hacia el falso concepto de libertad basado en el narcisismo del individuo a través de su reflejo en la mercancía, han buscado sólo en el nivel político-institucional una respuesta al desorden que no nace de esa esfera sino de la económica.

Esta incoherencia se explica desde el carácter tradicionalista de unas clases que, reflejándose en la gran burguesía en la que se miran pero no alcanzan, buscan la estabilidad y perdurabilidad de un orden económico que se les escapa. No atentan contra la injusticia del mismo, carecen de crítica moral hacia la idea de desigualdad. La igualdad que pretenden les basta si mantiene su espacio de pervivencia. Y, en tanto que no cuestionan la estructura económica desplazan hacia el político su protesta “indignada”. Estas clases ven en el Estado, no su naturaleza de clase capitalista, sino el ideal “romántico” de un regulador “neutro” de los diversos intereses sociales. Y al comprobar que este supuesto carácter de árbitro no se da, no cuestionan  la naturaleza del Estado sino a sus gobernantes circunstanciales. Queda para ellos la Administración como un ente del que salvan su condición de instrumento de la dictadura de una clase y hacia el que desplazan todas sus iras.

La exigencia de “las clases medias” tiene un carácter parasitario. El que busca en el Estado su propia salvación como clase y que, cuando no encuentra satisfacción a sus aspiraciones, demanda una nueva institucionalidad

Para las clases medias y los productos políticos nacidos de ellas, la crisis capitalista no pone en evidencia la cuestión de la igualdad ni de la propiedad. Creen en la privada y su igualdad huye del “fantasma” de la proletarización que se les viene encima para soñar en un mundo eternamente “seguro”  y “superior”.

3.-Contradicción entre la política y la economía
Si el mundo real, todos los expertos de cualquier ideología y el sentido común de las personas dicen que el poder no se encuentra desde hace tiempo en el Estado y sus instituciones sino en manos del capital -decía Carlos Marx que  "los gobiernos son simples Consejos de Administración de la burguesía"-, cabe preguntarse porqué buscar principalmente en las instituciones políticas la posibilidad de actuar sobre unas estructuras cuyo poder real está fuera de las mismas.  

Las llamadas clases medias y sus movimientos sociales y organizaciones reformistas defenderán la restitución de sus posiciones perdidas mediante una orientación de sus demandas hacia el Estado, hacia un Estado que ha desaparecido para siempre, el del Bienestar. 

Tiene todo su sentido. Ellas fueron, mucho más que las clases trabajadoras, las grandes beneficiarias  del despliegue del Estado Social a través de la educación, la sanidad, las pensiones públicas,... El modelo wellfariano de Estado es lo que permitió ascender socialmente a un sector de la población, al permitirle reservar parte de sus ingresos al ahorro y al consumo. 

Conscientes de este hecho, las clases medias y sus expresiones políticas “defienden lo bueno del sistema” sin la crítica radical (de raíz) a la base material sobre el que éste (el capitalismo) se asienta: la propiedad privada de los medios de producción, la apropiación privada de un beneficio social y colectivamente producido. La parte en la que el Estado es social sí es reclamada (mareas ciudadanas y sus diversas composiciones). La parte en la que el Estado revela su naturaleza de clase y actúa como soporte jurídico e instrumento coercitivo de la estabilidad del orden/desorden económico no es cuestionada desde las llamadas clases medias. Carecen de horizonte fuera del capitalismo y del Estado capitalista pues creen que ambos son los garantes de su subsistencia como clase, a pesar de que si algo ha demostrado esta crisis capitalista es la brutal transferencia de las rentas bajas e intermedias hacia las altas, con la consiguiente y creciente dualización social entre las grandes fortunas de la burguesía y unas cada vez más proletarizadas clases medias, que se van aproximando en estatus a las trabajadoras aunque no en autopercepción de sí mismas y de sus roles sociales.

Además de que el Estado capitalista revista una evidente naturaleza de clase, tampoco posee ya las palancas de intervención en la economía porque las abandonó desde la desregulación de la economía (financiera, comercial, jurídico-laboral, asistencial) mundial y ya, aunque hipotéticamente quisiera recuperarlas (a través de gobiernos de signo reformista: keynesianos, populistas o socialdemócratas) no podría hacerlo sin violar todo el orden social, económico y jurídico en el que se asienta el sistema capitalista. Dado que la “democracia burguesa” -y no a otra aspira la nueva  institucionalidad propuesta por las llamadas clases medias y sus alternativas políticas- ha involucionado desde el Estado del Bienestar hasta el Estado liberal del siglo XIX en el XXI, ninguna reforma política podría cambiar el actual capitalismo con una mera ocupación del gobierno, puesto que si algo ha demostrado la aventura islandesa, los gobiernos “progresistas” europeos y el “sí se puede” de Obama es lo superficial y reversible de  los pretendidos cambios que no afectaron en nada ni a la naturaleza del Estado del capital ni a éste mismo. 

A pesar de toda esta gran paradoja que hasta aquí he descrito, las pequeña y mediana burguesías no pueden plantear otro camino que el de la “ilusión democrática” (la llamada democracia participativa, que en nada cambia la naturaleza de la democracia capitalista”), la creación de una nueva institucionalidad -nueva en el remozamiento de los agentes políticos que intervendrán en el sistema de partidos y en algunos retoques cosméticos, no en su orientación ideológico-política- y en la reclamación de la vuelta a un tipo de Estado intervencionista en lo económico-social que ya no volverá para nivelar diferencias sociales sino, en todo caso, para reafirmarlas y acentuarlas.   

4.-“Revolución democrática” que es involución social y política
El ciclo de las revoluciones burguesas que tuvieron su momento fundacional en 1789, para proseguir en 1820, 1830 y 1848 fue identificado también como el de las revoluciones democráticas o liberales. 

Marx y Engels rendirían admiración por esta burguesía por su capacidad para revolucionar tanto la sociedad, como sus bases económicas, políticas y jurídicas y morales:

“Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus «superiores naturales» las ha desgarrado sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel «pago al contado». Ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades escrituradas y adquiridas por la única y desalmada libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal.
La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores asalariados.
La burguesía ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones familiares, y las ha reducido a simples relaciones de dinero.
La burguesía ha revelado que la brutal manifestación de fuerza en la Edad Media, tan admirada por la reacción, tenía su complemento natural en la más relajada holgazanería. Ha sido ella la primera en demostrar lo que puede realizar la actividad humana; ha creado maravillas muy distintas a las pirámides de Egipto; a los acueductos romanos y a las catedrales góticas, y ha realizado campañas muy distintas a las migraciones de pueblos y a las Cruzadas.
La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.” (I Burgueses y proletarios. “El Manifiesto Comunista”. K. Marx y F. Engels

Unos 160 años más tarde, un nuevo proyecto de revolución burguesa, éste de las llamadas clases medias, -2010 en Egipto y Túnez, y 2011, con el movimiento de los indignados- volvió a plantear su desafío.

Pero al contrario que la burguesía en el siglo XIX, que conformaba una clase ascendente, pujante y con iniciativa, fuerza transformadora de la economía y las relaciones sociales de producción, la política, la sociedad, la cultura y los valores, esta “revolución ciudadana y democrática” de las llamadas clases medias nace de estratos sociales en retirada, que reaccionan a la defensiva, sin una alternativa de sociedad global a la vigente sino limitada a exigir una nueva institucionalidad desde la que salvar su existencia, sin admitir que esa institucionalidad no los amparará porque el aparato del Estado es inerme para enfrentar al gran enemigo laminador de esas clases: el capitalismo en su actual fase fagocitadora. Sus propuestas de reformas económicas no pasan de mantener el Estado del Bienestar y revertir los procesos que afectan a su pérdida de estatus -expresado, por supuesto, desde otras fórmulas-pero sin afectar a la esencia misma del capitalismo: unas relaciones sociales de producción explotadoras, opresivas, injustas y opuestas al propio desarrollo libre de la humanidad.  

Como en el siglo XIX hizo la burguesía, ahora las clases medias intentan camuflar sus intereses de clase bajo la apariencia del interés general o colectivo y desde ese falaz presupuesto han planteado su proyecto como revolución ciudadana. 

Al intentar de enmascarar los intereses de su clase como “intereses de todos” o como intereses de la nación, inventan el pretendido discurso del 1% contra el 99%, tratando de que olvidemos que una parte de ese pretendido 99% está formado por clases medias patrimoniales, que poseen empresas medianas y pequeñas desde la que despiden a sus trabajadores, les rebajan el sueldo y las condiciones laborales y se apropian de la plusvalía que estos producen. Dicen que lo hacen por la necesidad de competir y de sobrevivir en un mercado dominado por las grandes empresas y transnacionales pero lo cierto es que cuando las cosas les fueron mejor, las PyMES no destacaron por su filantropía hacia sus empleados, repartiendo entre ellos una parte de sus beneficios, sino que, al igual que las grandes corporaciones, se apropiaron particularmente de la riqueza creada colectivamente por aquellos.      

Otro sector de las llamadas clases medias son asalariados de ingresos medios y medio-altos, lo que, de hecho, los convierte en trabajadores, aunque su desclasamiento ideológico les impida ver que sus  intereses serán laminados justamente por un capitalismo que no discuten en lo esencial porque hasta ahora ahora les ha permitido vivir un simulacro de “democracia económica” a través del consumo y no han perdido las esperanzas de que el capitalismo supere su crisis y les devuelva a su antaño condición hoy amenazada. Pero la realidad es que el capitalismo sale de sus crisis creando las condiciones para otras nuevas. Y eso les afecta a las llamadas clases medias que, aunque no cuestionen la esencia del capitalismo sino que básicamente lo defiende porque este sistema fue que en el pasado creó las condiciones para la expansión de las mismas, por sus necesidades de ampliar su base de consumo y de consenso social, no volverán a la situación de partida previa a esta gran crisis.     

Llamativamente esta gran paradoja entre un capitalismo que le condena a ser una especie en riesgo de extinción y un Estado que cree que salvará unos intereses de grupo que no podrá salvar, la eluden las llamadas clases medias con una apelación al “gobierno de los mejores”

Las llamadas clases medias han accedido durante décadas a la educación pública y a las ayudas a la enseñanza (becas, cursos de actualización, intercambios en la UE, masters,...), lo que les ha generado el espejismo de la vía educativa para el ascenso social o, cuando menos, para mantener sus estatus. Coherentemente con la sospecha, nunca admitida, de que las crisis continuadas del capitalismo son sus enemigas, han buscado refugio en los aledaños del Estado (la política, la administración que, aún gravemente herida, no ha acabado con la ilusión de la carrera funcionarial para toda la vida, las ayudas a los emprendedores, aprovechadas en su escasez siempre por los avispados mediante contactos,...). 

En un mercado de la oferta de candidatos decreciente, han inventado la gran idea “democrática” de la meritocracia. Las mejores notas, los estudios más avanzados, la “generación más preparada de la historia”...Se abona un discurso que justifica que sólo los miembros más competitivos de la manada puedan acceder a los mejores puestos/pastos disponibles. Una nueva vía hacia la elitización de la política y de los servidores públicos justificada precisamente por aquellos que se dicen enemigos de “la casta”

Es curioso cómo algunas de las alternativas frente a esa “casta”, teorizada en su día por pensadores prefascistas y por quienes han establecido alianzas con los fascistas británicos, crean en partidos de profesores y digan que ellos son los más preparados de la Historia para dirigir un gobierno. Argumento según el cual un indígena de clase baja y sin estudios superiores como Evo Morales no está capacitado para dirigir su país. ¿Merece esto más comentario? 

Si esto no fuera suficiente para desmontar la falacia del discurso middle class, quienes tengan ganas de seguir leyendo y no responder con sus rebuznos a argumentos que se les entregan uno tras otro, no les sentaría mal leer este enlace que desmonta una falacia ideológica de origen neoliberal, y que muestra el carácter enormemente desigualitario e injusto de una sociedad meritocrática. He conocido no uno, sino muchos titulados en viarias carreras y políglotas que son a la vez imbéciles profundos. De hecho, uno de ellos ha saltado recientemente desde el palatino lameculismo felipista de antaño hasta el caballo de los nuevos tiempos, las nuevas consignas y los nuevos valores.  Es cierto que no le falta la razón a este sujeto cuando afirma que “el grueso de votantes de Podemos no fueron tanto los jóvenes del 15-M que acamparon en la Puerta del Sol como sus propios progenitores: los profesionales de los servicios públicos que protagonizaron en 2012 las mareas blanca y verde. Y esa clase media de edad adulta no se dejará impresionar tan fácilmente”. Se juega su supervivencia como clase en ello. 

5.-La “ilusión democrática” creará monstruos:
Cada proyecto fracasado en la historia de la humanidad ha abierto camino a sus enterradores. La democracia burguesa e incluso la pantomima de revolución democrática de estas llamadas clases medias contiene un valor que todo revolucionario debe defender con tanto ahínco como su propia vida: el de las libertades democráticas de expresión, reunión, asociación, opinión y manifestación. 

Hoy la dictadura de clase de la gran burguesía no ha resuelto ni la evolución de su crisis económica, de legitimación y de civilización ni cuál será la dinámica de las protestas sociales en el futuro contra el desorden moral e inhumano que ha creado. 

Es previsible, en consecuencia, que tema auténticos estallidos sociales, en lugar de simulacros de tales, y que espere que, si las alternativas de disidencia controlada y sistémica que protege fracasan, se radicalicen aún más las luchas sociales hasta un  punto en el que el capitalismo no pueda satisfacerlas ni integrarlas. 

La ilusión democrática dará paso, más temprano que tarde, y aunque circunstancialmente el capital pudiera sortear esta crisis, no la siguiente, que será devastadora, a una decepción brutal no sólo entre las llamadas clases medias sino entre los sectores de los trabajadores, muy minoritarios, que han seguido su estela. 

Las clases trabajadoras no es que no hayan dicho su última palabra, es que aún no han encontrado el vehículo político y sindical para expresar la primera, aunque en gran parte de Europa el abandono de las izquierdas les esté conduciendo a expresar su rabia a través de los canales enemigos de las mismas por naturaleza: populismos (no los hay de derechas y de izquierdas. Todos ellos son de derechas porque rebajan a los seres humanos a la condición de idiotas adictos a un líder “necesario”) y fascismos.  

Las clases medias fracasarán en su intento de supervivencia tanto por su naturaleza social como política. En lo social vivirán la contradicción entre su anhelo pseudodemocrático (falsa igualdad económica con unas clases altas a las que no alcanzarán) y su condición real (clases que, temiendo al socialismo por su carácter realmente igualitario, serán paciente y gradualmente eliminadas por el proceso de concentración de la riqueza que conlleva la actual fase del capitalismo). Su egoísmo natural, que les lleva a defender sus intereses por encima de los de la amplia mayoría de los trabajadores, que se encuentran debajo de ellas, hará el resto en el nivel de sus propuestas políticas sin destino socio-economico. La redención de sus contradicciones estaría en la subordinación de su proyecto de supervivencia de los individuos que la componen a otro mucho más grande que ella como clase y como aspiración humana. Unirse sin pretensión de dirigir, ni de suplantar, ni de imponer a la lucha contra la explotación económica, social, cultural y humana que sufren las clases trabajadoras pues el destino que les espera en la evolución previsible del capitalismo es el de la distopía Mad Max, la salida de matar o morir a nivel meramente de individuos, sin que les quepa esperar solidaridades colectivas. La humanidad no sobrevivirá esta vez bajo la lógica destructiva del canibalismo social.

De no ser ésta la ruta elegida por las clases medias, la repetición de la ruta hitleriana, como expresión del “horror vacui” ante su propia destrucción, precipitará su condena. La historia enseña a quienes no la niegan y entierra a los idiotas que la rechazan o la ignoran. Y quienes la desprecian tendrán, como clase, una tentación ante sus ojos, una vez que fracase su "ilusión democrática". Decepcionados de su viaje hacia un concepto de pueblo que, ante todo, refleja los ideales de esas llamadas clases medias, bien pudieran acabar concluyendo que, puesto que su ruta hacia la democracia ha sido un engaño, el fascismo pudiera ser un buen cobijo bajo el que abrigarse

Mientras tanto, las clases trabajadoras aún deberán esperar la llegada de su tren que parta hacia la estación de Finlandia. Falta que los auténticos socialdemócratas tiendan la mano a los comunistas, y que estos tengan la inteligencia de aceptarla, para subir a ese convoy. Tengo dudas de que ello suceda pero siguen siendo dudas enamoradas.  No en vano Lenin solía recurrir a la cita de Goethe: "Mientras que el campo de la vida es verde, el campo de la teoría es gris” 

  
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