Jorge Beinstein. La Haine
La “crisis global” (todavía se la sigue llamando así) sigue su curso, se va profundizando con el correr de los años, deteriora las instituciones de las potencias centrales, quiebra las tramas económicas y culturales que cohesionaban a esas sociedades, queda al descubierto como decadencia es decir como proceso de deterioro general irreversible. También va llegando a los denominados “países emergentes” derrumbando el mito del rejuvenecimiento capitalista desde la periferia, de la superación burguesa del neoliberalismo occidental gracias a la intervención del estado.
Los años 2008 y 2013 constituyen períodos donde se aceleró la declinación del capitalismo, en ambos casos el desastre tuvo como origen al centro imperial para luego propagarse hacia el conjunto del sistema global. Podríamos establecer un corte aún más preciso y fijar los meses de Septiembre de 2008 y Septiembre-Octubre de 2013 como los “momentos” en los que la historia universal incrementó bruscamente su velocidad cuando la acumulación de degradaciones produjo un gran salto de cantidad en calidad. Desde el punto de vista de los amos del sistema es posible hablar de “annus horribilis” es decir años de grandes desgracias, aunque desde el lado de las víctimas, de los miles de millones de seres humanos que habitan en el subsuelo del planeta burgués podemos afirmar que se trata de “annus mirabilis”, de períodos donde el sistema avanza claramente hacia su ruina es decir de acontecimientos “maravillosos” que alientan la esperanza en la posible conquista de un mundo mejor.
El 15 de septiembre de 2008 en los Estados Unidos el gigante financiero Lehman Brothers se declaró en quiebra y American International Group (AIG) considerado el líder mundial de seguros y servicios financieros necesito ser rescatado por la Reserva Federal. La crisis provocada por el desinfle de la burbuja inmobiliaria norteamericana se propagó rápidamente, estallaron otras burbujas inmobiliarias y bursátiles en Europa y Asia y los gobiernos de las grandes potencias inyectaron en los años siguientes varios millones de millones de dólares con el fin de impedir el hundimiento del sistema financiero internacional pilar decisivo de la economía mundial. No consiguieron recomponer su dinámica anterior ni mucho menos la de las estructuras productivas pero si lograron evitar (postergar) el derrumbe.
Así es como a partir de 2008 la masa financiera global que se venía expandiendo de manera exponencial dejó de crecer, en realidad experimentó un decrecimiento suave, es lo que constatamos cuando comparamos a la especulación en “productos financieros derivados” (corazón del parasitismo financiero global) con el Producto Bruto Mundial. A mediados de 1998 esos negocios equivalían a cerca de 2,4 veces el valor nominal de la economía planetaria, llegaron a 4,3 veces hacia fines de 2002, a 8,5 veces a fines de 2006 y a 11,7 veces a mediados de 2008 en pleno delirio especulativo, bajando lentamente desde entonces: 10,5 a fines de 2009,
10,6 a mediados de 2011, cayendo a 8,9 a fines de 2012 y a 8,6 a mediados de 2013 (1).
El estancamiento de la masa financiera, peor aún su desinfle, marca el fin del largo crecimiento drogado del capitalismo global durante la financiarización neoliberal. Desde los años 1970 se produjo la reconversión financiera del capitalismo que permitió la reproducción ampliada del área imperial del sistema: los estados centrales se endeudaban y subsidiaban a la industria (gastos militares, reducciones fiscales de todo tipo, etc.) y frenaban la desaceleración del consumo (subsidios a los desempleados), las empresas se endeudaban para seguir invirtiendo y los consumidores se endeudaban sosteniendo a esos grandes mercados, por otra parte las caídas tendenciales en las tasa de ganancias productivos de grandes grupos económicos eran más que compensadas por la expansión de los negocios financieros.
Pero finalmente la burbuja estalló en el año 2008, lo ocurrido a partir de entonces fue una degradación financiera-productiva “controlada”, las deudas públicas y privadas de las potencias centrales tradicionales siguieron creciendo, la Unión Europea se estancó para entrar finalmente en recesión, Japón transitó un camino aún más dramático (Fukushima mediante) y los Estados Unidos tuvieron un crecimiento anémico que a lo largo de 2012-2013 amenazaba convertirse en estancamiento o directamente en recesión. El sistema había ingresado en una nueva etapa.
Guerra y petrodólares.
La crisis de 2008 no terminó con la ola militarista de los Estados Unidos por el contrario la potenció, mucho antes de esa crisis frente a su debilitamiento financiero y productivo la élite imperial estaba convencida de que solo la utilización de su superioridad militar podía revertir los retrocesos económicos o al menos frenar su desarrollo. La victoria occidental en la Guerra Fría parecía confirmar esa hipótesis, la avalancha militarista de la era Reagan durante los años 1980 continuada por la presidencia de George Bush (padre) le había dado la estocada final a la Unión Soviética obligándola a competir en una carrera armamentista que desbordó su capacidad económica y burocrática declinante. Liquidada la URSS los Estados Unidos aparecían como la única superpotencia militar, el planeta quedaba a su disposición.
Ahora, desde hace algo más de una década, asistimos a una suerte de mega Vietnam diversificado en varios espacios geográficos con diferentes intensidades y modalidades, la mirada del Imperio hacia el resto del mundo es principalmente militar, la periferia aparece ante los ojos de su élite dominante como un vasto campo de batalla.
Los golpes de estado en Honduras (2009) y Paraguay (2012), la acentuación de las intervenciones sobre Colombia y Venezuela y las actividades de desestabilización en otros países latinoamericanos señalan que el Imperio ha lanzado una ofensiva de gran alcance sobre la región, a esto debemos sumar el desarrollo de un segundo frente de guerra en África cuyo momento más
dramático ha sido la destrucción de Libia pero apuntando al mismo tiempo hacia el mundo árabe, ambas ofensivas convergen con la prosecución de la guerra larga en Medio Oriente y Asia Central: el tercer frente, y el despliegue de un cuarto frente de fuerzas militares cada vez más extendido e intenso en Asia-Pacífico apuntando contra China.
Hacia comienzos de la década actual los Estados Unidos desplegaban cuatro megafrentes simultáneos, toda la periferia no controlada por Occidente se encontraba atacada o amenazada, de ese modo la agresividad de los halcones de la era Bush (cuando su Secretario de Defensa Ronald Runsfeld afirmaba que los Estados Unidos podían desarrollar exitosamente dos guerras al mismos tiempo) fue luego ampliada en la era Obama.
El doble rostro del Imperio (decadencia económica y social por un lado y militarismo por el otro) sugiere el interrogante acerca de si la ola militar es sustentable en el mediano-largo plazo, en realidad no es seguro que pueda ser respaldada ni siquiera en el corto plazo, basta con comprobar que los gastos militares reales de los Estados Unidos se aproximan a los 1,3 billones (millones de millones) de dólares si a los gastos del Departamento de Defensa sumamos aquellos con finalidad militar de otras áreas de la administración pública (Departamento de Estado, Departamento de Energía, NASA, etc.) y los intereses pagados por el endeudamiento necesario para su realización. Esa cifra equivale en el Presupuesto 2013 a la casi totalidad de la recaudación prevista de impuestos personales directos o al 140 % del déficit fiscal proyectado.
Entonces si la militarización no es económicamente sustentable debemos interrogarnos acerca de si existe alguna lógica, alguna racionalidad superior que explique el fenómeno.
Wallerstein respondió al interrogante hace algunos años de manera contundente: los Estados Unidos se encontrarían ante la alternativa de aceptar una declinación honorable (opción “racional”) o bien tirar la casa por la ventana. En resumen: las élites imperiales al seguir el segundo camino demostrarían que se han vuelto “locas”, que la decadencia ha quebrado su racionalidad. La explicación es sencilla, directa, pero en última instancia superficial, ignora sobre todo la conexión necesaria entre racionalidad y realidad, entre lo teóricamente viable y la viabilidad práctica de la teoría lo que condiciona a la racionalidad, le hace poner los pies sobre la tierra. Nos encontramos ante la dinámica histórica concreta de la racionalidad instrumental (de la racionalidad burguesa) tal como se presenta a comienzos del siglo XXI, en tanto expresión de la evolución, las contradicciones, los dramas, las necesidades, las posibilidades de las fuerzas imperialistas dominantes que la desarrollan, en este caso las elites occidentales. Se trata de una racionalidad solo interesada en la eficacia de los mecanismos de preservación y expansión del poder, cada vez más empantanada en el corto plazo, absolutamente desinteresada de las consecuencias en el largo plazo. En ese sentido el encadenamiento de “soluciones racionales” de problemas concretos puede llegar a ser un seguro camino hacia el desastre, hacia el estallido del sistema, el esfuerzo racional (y amoral) de recomposición, de preservación del capitalismo decadente, deviene autodestrucción.
Occidente se encuentra embarcado en una guerra planetaria uno de cuyos objetivos es el saqueo de los recursos naturales de la periferia, en primer lugar los energéticos, el éxito de la empresa le permitiría realizar una drástica contención de costos productivos asegurando niveles aceptables en las tasas de ganancias de los grandes grupos industriales y en consecuencia amplios beneficios y expansiones de negocios de las redes financieras... y del parasitismo consumista de las clases medias y altas de los Estados Unidos y Europa.
La “guerra del petróleo” esta asociada a otra guerra: la financiera focalizada en la desgastada hegemonía del dólar que gira en torno de un factor decisivo: los petrodólares.
En 2012 la exportaciones globales de petróleo alcanzaron aproximadamente los 2 billones(millones de millones) de dólares, pero este comercio “físico” generó negocios especulativos en los mercados de productos financieros derivados del orden de los 30 billones de dólares (2) equivalentes a cerca del 42 % de Producto Bruto Mundial de ese año o bien a unas 2 veces el Producto Bruto de los Estados Unidos o a unas 13 veces el valor de sus importaciones. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial los negocios petroleros (tanto comerciales como financieros) fueron realizados en dólares y desde comienzos de los años 1970 en “petrodólares” sin respaldo oro, pero la declinación de la moneda norteamericana y del peso económico relativo de la superpotencia causaron la paulatina reducción de la hegemonía del dólar. No se trató solo del desplazamiento de los Estados Unidos en el mercado petrolero global sino del conjunto de los países del Primer Mundo cuyo consumo petrolero relativo viene declinando. Controlar las principales áreas productivas y redes de comercialización es para los Estados Unidos y sus socios europeos más Japón no solo una prioridad “energética” agravada por la entrada en la era del estancamiento de las extracción global de petróleo sino también un gravísimo tema financiero. Si la demanda de dólares llegara a declinar de manera decisiva, y en consecuencia su precio relativo respecto de las otras monedas internacionales importantes (en especial las emergentes como el yuan o el rublo) y también del oro, entonces se podría derrumbar todo el edificio parasitario norteamericano arrastrando al conjunto del primer mundo, los Estados Unidos ya no serían capaces de sostener su consumo civil ni sus gastos militares alimentados por un déficit comercial y fiscal pagados con papeles (dólares y títulos del Tesoro).
En 1970 el primer mundo consumía el 70 % de la producción petrolera global, cuando estalló la “Primera Guerra del Golfo” en 1991 esa cifra había descendido al 54 %, en el 2005 caía al 49,6 % y en 2012 al 41,2 % (3). La “guerra de eurasia” iniciada en 1991 y acelerada una década después buscaba el control occidental sobre un área que abarcando a las cuencas del Mar Caspio y del Golfo Pérsico albergan cerca de dos tercios de las reservas mundiales de petróleo. La victoria militar habría acorralado a Rusia (segundo productor mundial de petróleo en 2012) obligándola someterse a Occidente.
Pero los Estados Unidos no pudieron ganar esa guerra y cuando intentaron sancionar a Irán dejándole de comprar su petróleo y obligando a la Unión Europea a hacer lo mismo lo iraníes pudieron vender el producto a China remplazando al dólar por el yuan o a India a cambio de oro. El primer mundo ya no es el mercado mayoritario del petróleo y tampoco consigue controlar su producción en consecuencia su dominación financiera declina rápidamente.
La ruptura de 2013
En el año 2013 se produjeron tres hechos decisivos.
En primer lugar la ofensiva militar-planetaria de los Estados Unidos iniciada a comienzos de los años 1990 (posguerra fría) encontró por primera vez una barrera que no pudo atravesar, su intervención en Siria no pudo pasar (como había ocurrido en el caso libio o antes en Yugoslavia, Irak o Afganistan) a la etapa de la acción directa, en este caso realizando bombardeos masivos sobre ese país. Su confrontación con Rusia hizo fracasar la operación en septiembre de 2013, no faltaron los comunicadores occidentales para calificar al hecho como el comienzo de una nueva guerra fría, en realidad se trató del fin de la posguerra fría y el ingreso a una nueva era marcada por el debilitamiento militar estratégico de los Estados Unidos. Solo en la zona de Medio Oriente y Asia central quedan en difícil posición sus vasallos tradicionales como Arabia Saudita, Israel o Turquía y aumenta la influencia de Rusia que por ejemplo firmó en noviembre un acuerdo de integración militar con Armenia, Bielorusia y Kazajistán que proyecta ser rápidamente ampliado a Tayikistán al mismo tiempo que se estrechan las relaciones militares ruso-egipcias.
No se trata de un simple desplazamiento de influencias en esas regiones sino también de un duro golpe a la imagen de omnipotencia de su maquinaria militar y al conjunto de intereses económicos y políticos directamente vinculados a la misma. Y lo que es mucho más grave: se ha producido una brutal pérdida de eficacia del principal instrumento de disuasión global de los Estados Unidos, esto no significa el fin de sus agresiones pero causa un notable desconcierto estratégico que agrava la crisis de percepción en su más alto círculo de poder.
Un segundo acontecimiento significativo fue el amago de cesación de pagos del estado norteamericano en Octubre de 2013. Por segunda vez en esta década los Estados Unidos estuvieron al borde del default con una deuda pública federal que en ese momento alcanzaba los 16,7 billones (millones de millones) de dólares equivalentes al 105 % de su Producto Bruto Interno del año 2012 (hacia fines de noviembre de 2013 superaba los 17,2 billones de dólares) pero sumadas todas las deudas públicas y privadas se llega a algo más del 360 % del PBI. No se produjo el default pero si la evidencia de un grave deterioro político-institucional, durante días las cúpulas políticas jugaban al default, intercambiaban chicanas y golpes bajos hasta llegar a la fecha límite del 17 de Octubre tratando de sacarse ventajas con una bomba financiera que si hubiera estallado habría producido una catástrofe financiera global sin precedentes y seguramente hundido a la economía estadounidense en la hiper recesión. Ahora todo esperan el próximo juego del default sin que se sepa en que puede llegar a terminar.
El telón de fondo es el deterioro financiero de una economía aplastada por las deudas cuyos crujidos cada vez más fuertes ponen al descubierto a una clase política que juega a la cesación de pagos y a la explosión del capitalismo global como si estaría disputando el resultado de un partido de béisbol o de alguna elección municipal. La tragedia es asumida con absoluta frivolidad, la decadencia anestesia a las élites dirigentes.
Estos dos hechos: el fracaso político-militar en Siria más el escándalo político-institucional del default (y el pantano económico en el que se apoya) alientan un tercer fenómeno desestructurante: el agotamiento de la unipolaridad imperial, la rápida pérdida de poder relativo mundial de los Estados Unidos. Eso impulsa el avance de potencias regionales y de por lo menos dos que aspiran a un rol global destacado: Rusia y China, sin embargo esos movimientos no imponen la construcción de un mundo multipolar es decir el reparto completo del planeta entre un grupo reducido de imperios, lo que se viene produciendo (y ahora se acelera) es un proceso de despolarización (y no de multiporalización) donde ni una ni tres superpotencias pueden controlar al sistema global. Es la jerarquía imperial del capitalismo como tal manipulada por un amo o varios, que recorre toda la historia del sistema, la que se encuentra en decadencia. Ello involucra en primer lugar a los viejos polos como los Estados Unidos, las grandes potencias europeas occidentales (Alemania, Inglaterra, Francia) y Japón. Pero también a las nuevas o renovadas potencias, la economía china se viene desinflando siguiendo así la ruta que a su sistema industrial exportador le marcan sus grandes clientes declinantes: los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. La economía rusa se estanca en 2013 y las previsiones para 2014 son peores, la recesión en Europa afecta a sus exportaciones energéticas. India y Brasil no se encuentran en mejor situación, en ambos casos la economía se estanca y amenaza entrar en recesión. Todas las grandes economías se encuentran atrapadas por la crisis, las tradicionales y las emergentes, las aferradas al neoliberalismo y las que practican el capitalismo de estado. El motor de la decadencia es el G7 mientras que el BRICS va ingresando gradualmente (por ahora) en el proceso común.
La despolarización global aparece como un fenómeno complejo, con imágenes contradictorias donde algunas potencias retroceden y otras avanzan, donde algunas aparentan recuperarse para luego volver a declinar, otras parecen zafar de la ola depresiva para más adelante sufrir los impactos de las fuerzas entrópicas globales. Es necesario entender los detalles, las especificidades pero sin perder de vista el panorama más amplio: la decadencia sistémica global.
La despolarización no instaura una suerte de capitalismo global democratizado, con menos imperialismo, con más autonomías nacionales o regionales articuladas expandiendo sus fuerzas productivas, la ilusión de la despolarización progresista no es menos irreal que la de la multipolaridad ordenada. La realidad presenta al sistema marchando hacia convulsiones cada vez mayores, hacia la generalización del desorden, la autodestrucción ambiental, la reproducción ampliada de la economía tendiendo a cero y anunciando convertirse en negativa. Es el capitalismo en vía de agotamiento que al despolarizarse se desarticula presentando horizontes futuros de barbarie pero también de insurgencias portadoras de utopías liberadoras.
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(1), Fuente: Bank for International Settlements, http://www.bis.org/statistics/derstats.htm
(2), Gati Al-Jebouri, CEO Lukoil International Trading and Suply Company, Litasco SA, “International Oil Market and Oil Trading”, Haute Ecole de Gestion, Geneva, September 19, 2008 & BP Statistical Review of World Energy, 2013
(3), BP Statistical Review of World Energy, 2013.
2 de diciembre de 2013
1 de diciembre de 2013
30 de noviembre de 2013
LA OCDE ALERTA SOBRE EL DETERIORO DE LA SALUD DE LOS ESPAÑOLES
Joaquín Mayordomo. Cuarto Poder
No hay que ser muy listo para darse cuenta de que los
recortes sanitarios no le traerán nada bueno a una gran mayoría de españoles. Ahora
le ha tocado emitir su veredicto a la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), un órgano que
aglutina a los 24 países más industrializados del mundo. La OCDE analiza los
“hachazos” que un día sí y otro también le está dando el Gobierno al
presupuesto sanitario y, de paso, al Sistema Público de Salud. La
conclusión a la que esta organización llega es que el Gobierno, con su política
y recortes, está poniendo en peligro la salud de los españoles. Sin entrar
en detalles, cifras o porcentajes, cabe decir que la OCDE, en su informe Panorama
de la salud 2013 alerta del rápido aumento que en España están
teniendo las listas de espera quirúrgica, con el consiguiente riesgo de que
haya personas que jamás lleguen a operarse (sobre todo, si son pobres) pues “morirán antes de que les toque pasar por
quirófano”, añado yo, a la vista de alguna experiencia últimamente
conocida.
Ahora mismo, en nuestro país, las personas pendientes de
una operación podrían rondar las 600.000 si tenemos en cuenta que a
finales del pasado año eran ya 571.395 los usuarios de la sanidad
pública que aguardaban una llamada para pasar por quirófano. En cuanto
al tiempo de espera, éste supera los 100 días de media, con picos de más de 150
días en alguna especialidad. Sobre esto la OCDE también pone ejemplos;
ejemplos que bien podrían sacarle los colores a la ministra Ana Mato.
Mientras en Holanda el tiempo de espera para una operación de cataratas es de
30 días y una intervención de cadera, de 45, aquí, en España, la espera para
estas intervenciones supera los tres y cuatro meses respectivamente.
No es baladí este tema, no, porque, ya se sabe, al
PP lo que le interesa es que usted pase a ser un cliente en lugar de paciente,
que es lo que era hasta ahora. Y si ya es un cliente, lo lógico es que usted
pague. ¿Pague? Sí. Pague por operarse suscribiendo un seguro privado, o pague a
toca teja… ¡Pero pague! También puede usted aceptar operarse en un
hospital privado —nada de acudir a su hospital de referencia como
es su derecho— como ya se le viene ofertando a multitud de pacientes en la
comunidad de Madrid y en otras comunidades gobernadas por los populares. En
este caso, si usted acepta esta derivación al hospital privado, no pagará —que
ya lo pagó por adelantado con sus cuotas a la Seguridad Social—, aunque el
beneficio de ese trabajo no revertirá en la sanidad pública, como sería lo
lógico —y dado que usted es un ciudadano con derecho a una asistencia gratuita
a cargo del Sistema Nacional de Salud—, sino en el negocio privado que es ese
hospital (o clínica) al que usted ha aceptado acudir para operarse.
Pero volviendo al informe de la
OCDE, en general, este organismo señala que toda Europa ha reducido su gasto en
salud algunas décimas, un 0,2% de media en los períodos 2009-10 y
2010-11, al verse obligados algunos países, como es el caso de España, a
imponer importantes recortes para reducir el déficit presupuestario y la deuda
pública que arrastran. Pues… Para muestra un botón: en la
ley de Presupuestos Generales para 2014, el Ministerio de Sanidad, Servicios
Sociales e Igualdad reduce un 35,6% su dotación. Si a esto se le añade
que ya ese gasto se redujo, de media, en los tres ejercicios anteriores, un
106% (6.700 millones de €), a nadie le extrañe que las luces de alarma
se hayan encendido hasta en la misma OCDE.
Y aquí surge la inevitable pregunta: ¿qué sistema sanitario
le aguarda a los españoles si no hay más que recortes? Pues, según la OCDE, lo
que va a suceder tras este recorte espectacular de dinero es que aquellas
personas pertenecientes a grupos sociales desfavorecidos van a renunciar —están
renunciando ya— a la medicación por no disponer de recursos y, lógicamente
también, a someterse a un seguimiento y control de las enfermedades crónicas
que padecen. Esto es lo que dice la OCDE, nada sospechosa, por otra parte, de
ser una organización demagoga o de izquierdas. Y también apunta esta
institución, “portavoz” de los países más ricos del mundo, que, a la larga,
tanto copago, tanta disminución de la cartera de servicios, tanto reducción de
personal al no ser sustituidos los profesionales que se van jubilando, y tanto
cierre de centros y supresión de horario de tarde, están generando ya, y van
a generar más todavía en el futuro, graves problemas de salud pública,
consecuencias económicas graves para los más pobres, y un coste añadido a las
arcas del Estado, se mire como se mire, a corto, medio y largo plazo.
El espectacular incremento que se ha dado en las listas de
espera quirúrgicas en España —incremento al que no escapan otros países como
Portugal, Inglaterra o Irlanda; algo que a los españoles no le servirá,
supongo, de mucho consuelo—, es el indicador más real, más fidedigno, de que en
el Sistema Público de Salud español algo va mal; yo diría que muy mal. La
asfixia económica que están suponiendo para pensionistas y jubilados las
distintas medidas de copago o la guerra entablada por el Gobierno autonómico de
Madrid, en su intento de privatizar gran parte de la sanidad madrileña, no son
más que puntas del iceberg de un proyecto más amplio y de más calado que no es
otro que el modelo sanitario que el Partido Popular está dispuesto a imponerle
a los españoles. Y éste es: si la salud puede ser un negocio, se dicen, lo
único que tenemos que hacer, desde el Gobierno, es convertir al usuario en
cliente. Así de fácil.
26 de noviembre de 2013
CON LA NUEVA ÉPOCA DE CRISIS GLOBAL ¿SOBRE QUÉ DEBERÍAN ESTAR PENSANDO L@S REVOLUCIONARI@S?
Larry Holmes. workers.org
El ataque a los conductores de autobuses escolares de
Boston por la antisindical empresa Veolia es un ejemplo del final de las normas
en la lucha de clases
Basado en una charla dada por Larry Holmes, Primer
Secretario del Partido Workers World-Mundo Obrero, en una reunión del liderazgo
el 20 de octubre.
El trabajo de masas y el trabajo político e ideológico deben
basarse en una comprensión común de las formas en que la totalidad de la crisis
global actual del sistema capitalista ha cambiado la dinámica de la lucha de
clases a nivel mundial.
La base analítica para tal entendimiento común no es algo
nuevo para much@s revolucionari@s. En los últimos años se ha escrito sobre
ella; WW-MO ha publicado varios libros sobre el tema. El desarrollo de la
crisis capitalista y sus consecuencias para la lucha de clases es un proceso
vivo. En consecuencia, una evaluación marxista de ello también debe ser un
trabajo continuo.
Tener una comprensión de las características de lo que hemos
denominado “el capitalismo en un callejón sin salida” es un punto de partida.
Por si solo este entendimiento no proporciona un modelo de cómo l@s revolucionari@s
deben responder a todos los acontecimientos de la lucha de clases diaria contra
el capitalismo y el imperialismo. Pero no puede haber discusión sobre qué hacer
si no estamos reaccionando a la misma crisis.
“El capitalismo de bajos salarios” y “El capitalismo en un
callejón sin salida”, escritos por el compañero Fred Goldstein son considerados
ejemplares por much@s en el movimiento progresista, e incluso por algunos
miembros de la clase dominante. Goldstein muestra cómo la producción
capitalista y la división del trabajo están globalizadas; por qué la crisis de
sobreproducción capitalista es permanente; por qué la tecnología que se ha
utilizado para desplazar y empobrecer a l@s trabajador@s, será no obstante, uno
de los grandes clavos en el ataúd del capitalismo y cómo el papel del capital
financiero ha crecido en relación a la producción de las cosas y los servicios
útiles a la sociedad.
Pero, ¿qué pasa con el significado político e ideológico de
estos cambios para la lucha de clases?
Sin una comprensión común de la imagen global y la forma en
que han cambiado las normas de la lucha de clases en todo el mundo, muchas
fuerzas progresistas serán como pequeñas embarcaciones en una terrible tormenta,
navegando en círculos porque no son capaces de ver a través de la lluvia. Para
adaptarse a las necesidades de la lucha de clases hoy, se necesita ser capaz de
ver y cambiar las concepciones que se han vuelto obsoletas.
A lo largo de las formaciones revolucionarias, hay
diferentes niveles de conciencia, diferentes experiencias y puntos de vista de
lo que es más importante hacer. Estas incluyen algunos que se consideran a sí
mismos comunistas revolucionarios y tienen una visión del mundo similar a la
nuestra.
Un punto decisivo en la lucha de clases
Todas las organizaciones que invierten en la lucha de clases
se han acostumbrado, en un grado u otro, a las normas que rigen en gran medida,
el curso de la lucha de clases a nivel mundial y la lucha por el socialismo y
el comunismo. Estas normas superficialmente, parecían ser inalterables durante
mucho, mucho tiempo. Sin embargo, estas normas han llegado a un punto decisivo.
¿Cuáles son estas normas?
En un sentido relativo, la dinámica de la lucha de clases
está en constante cambio. La clase capitalista siempre está librando una lucha
en contra de l@s trabajadores y de l@s oprimidos. La única variación es el
alcance y la intensidad de los ataques capitalistas. Del mismo modo en un
sentido relativo, la clase obrera, sus organizaciones y sus organizaciones de
vanguardia también están cambiando constantemente.
Pero incluso con estos cambios constantes hasta hace muy
poco, las normas de la lucha de clases no parecen haber sido afectadas. ¿Qué
significaría un cambio en las normas de la lucha de clases? Desde la
perspectiva de la clase obrera, las normas cambiarían si hubiera un cambio
sustancial, generalizado y constante en la voluntad de la clase obrera de
participar en la lucha de clases, junto con un aumento igualmente fundamental
en la conciencia de clase, la conciencia política e incluso la ideológica de
amplios sectores de la clase obrera.
Es evidente que, a pesar de las tremendas luchas en
Wisconsin, Chicago y Carolina del Norte, no se puede decir hasta el momento que
la clase obrera en su conjunto, haya roto con las viejas normas. Por otra
parte, la escalada en la ofensiva de la clase dominante capitalista contra la
clase obrera en la mayor parte del mundo ya no puede ser descrita como fases
meramente episódicas de explotación y opresión más profunda. Por el contrario,
el nivel actual del asalto capitalista no tiene precedentes, es generalizado,
más o menos permanente y en aumento.
La norma principal que persiste obstinadamente, pero no
puede persistir indefinidamente, es que la evolución ideológica de la clase
obrera y sus organizaciones todavía se encuentra muy por detrás de la evolución
de la crisis del sistema capitalista. La contradicción entre el desarrollo
económico y la conciencia política nunca ha sido mayor de lo que es hoy. Pero
eso también está cambiando.
La convención de la AFL-CIO en Los Ángeles mostró que el
movimiento obrero organizado [en EE.UU.] se esfuerza por llegar a un acuerdo
con la realidad de que las normas de la lucha de clases han cambiado. En
particular, hay una conciencia de que el movimiento obrero organizado no puede
sobrevivir defendiendo solo a una parte cada vez menor de la clase obrera
contra la ofensiva capitalista.
Hay por lo menos el comienzo de la comprensión de que el
destino del movimiento sindical depende en gran parte de su capacidad para
abrazar plenamente – en lo que respecta tanto a la organización como al
programa – el hecho de que un porcentaje mucho mayor del clase obrera no está
organizada y que cada vez una parte más grande de la clase trabajadora está
desempleada o marginalmente empleada.
La principal lección de la reciente convención de la AFL-CIO
fue que mostró a parte de su liderazgo, que el movimiento sindical en su forma
actual sería destruido por el capitalismo mundial si no se hace un cambio
fundamental.
Sin embargo, las propuestas planteadas en la convención de
LA fueron, como mucho, medias tintas e insuficientes para extender el alcance
de los sindicatos a las decenas de millones de trabajador@s oprimid@s que
necesitan ser organizados y movilizados. Más importante aún, no hubo ningún
indicio en la convención de que el movimiento sindical se mueva en una
dirección anticapitalista, de organización de masas, y clasista, lejos de las
inhibiciones impuestas por el Partido Demócrata liderado por capitalistas.
Algunos sindicalistas muy buenos y militantes creen que si
el sindicalismo fuera más militante y rechazara el sindicalismo empresarial y
la colaboración de clases, se podrían remediar todos los problemas. Esto es
cierto por supuesto, pero es sólo una parte de la verdad.
La otra parte de la verdad la resumió nada menos que Karl
Marx, cuando habló hace más de 150 años sobre la dirección que el movimiento
obrero debe tomar eventualmente:
“Aparte de sus propósitos originales, [los sindicatos]
deben ahora aprender a actuar deliberadamente como centros organizadores de la
clase obrera para su completa emancipación. Deben ayudar a todo movimiento
social y político que tienda en esta dirección. Deben considerarse y actuar
como abanderados y representantes de toda la clase obrera”. Extraído de un
documento escrito por Karl Marx en 1866 titulado “Los sindicatos: su pasado,
presente y futuro”.
Perspectiva revolucionaria y la lucha de clases
El ataque a los conductores de autobuses escolares de Boston
por la antisindical empresa Veolia con sede en Francia, es un ejemplo del final
de las normas en la lucha de clases. La grave situación de l@s trabajador@s y
l@s oprimid@s en Detroit es otro.
Hay una contradicción inherente entre un programa de lucha
mínimo y el programa máximo que esta crisis exacerba.
Ya se trate de la lucha contra la destrucción de los
sindicatos o de la lucha de lxs trabajadores para ganar el derecho básico a
organizarse en el sur, como marxistas revolucionarios nunca podemos perder de
vista el hecho de que nuestra clase no puede conseguir victorias en la lucha o
que sus necesidades sociales se realicen bajo el capitalismo.
De hecho, una característica distintiva de la actual crisis
capitalista – aunque sea una característica general y fluida a la que puede
haber y habrá muchas excepciones – es que mientras más profunda y permanente
sea la crisis económica capitalista, más probable es que la lección más
importante que la clase obrera obtenga, es que todo el sistema capitalista debe
ser abolido. Esta es una conclusión inevitable de que los sectores importantes
de nuestra clase y sus organizaciones de vanguardia tienen que llegar, aunque
sea desigualmente. Esta conclusión es la revelación ideológica central.
Si no hay una perspectiva revolucionaria, sin un objetivo
socialista, la lucha de clases se convierte en un callejón sin salida para
nuestra clase.
Al mismo tiempo, l@s revolucionari@s deben involucrarse en
la lucha del día, ya sea local o internacional, y participar en la lucha con el
entusiasmo, la táctica y la energía necesaria para llevar la lucha hasta su
límite – ganando a veces incluso.
Pero el resultado de cualquier lucha es temporal. Esto es
cierto si l@s trabajador@s salen temporalmente victoriosos o si nuestra clase
sufre una derrota temporal. Todo es temporal, porque la lucha continúa y va y
viene, al menos hasta que el capitalismo se haya depositado con seguridad en el
basurero de la historia.
Ni que decir, la crisis del capitalismo en un callejón sin
salida obliga a lxs revolucionarios presentar el programa máximo de la
revolución socialista. Igual de importante es que las destrezas para orientar
la lucha de clases desde un nivel menor a uno superior – una tarea que requiere
una gran experiencia para llevarla a cabo – siempre deben ser refinadas,
revisadas y renovadas.
Una cosa obvia que puede deducirse de los cambios en la
dinámica de la lucha de clases global, es no permitir que cualquier subdivisión
de nuestra clase – sobre una base geográfica, organizada, no organizada o
cualquier otra – -libre su propia batalla con el establecimiento capitalista
que más que nunca está centralizado (centralizado por el mayor papel global del
capital financiero). Incluso donde no se pueda efectuar una solidaridad
generalizada de clase, tiene que ser dado a conocer que la estrategia de la
lucha contra un sinnúmero de batallas por separado con el capital es una
estrategia perdedora para nuestra clase.
La lucha ideológica por el comunismo no puede ser disminuida
o totalmente olvidada en medio de la lucha diaria de masas.
Entre un programa mínimo y uno máximo, se pueden desarrollar
las reivindicaciones de transición, así como los objetivos que tejan un puente
entre los dos extremos. La solidaridad de clase y el internacionalismo de la
clase obrera se convierten en algo más que consignas, son decisivas en este
periodo. Lo mismo sucede con la necesidad de aumentar la organización de masas
de nuestra clase en el nivel político más alto.
Si hubiera habido una gran pancarta en el escenario de la
convención de la AFL-CIO — una bandera que reflejara que la única forma de que
la lucha de l@s trabajador@s triunfe, es destruyendo el capitalismo – eso
habría sido una gran contribución al movimiento por un mundo socialista.
La construcción de asambleas populares y asambleas de l@s
trabajador@s es útil porque las asambleas impulsan la necesidad de organización
de clase masiva. La característica más insidiosa de la crisis capitalista
mundial es que plantea, de la manera más nítida y más decisiva, una crisis
política para el movimiento obrero. ¿Qué crisis? La más simple: si la
perspectiva no es que nuestra clase se organice tanto en la base más amplia y
más ideológica posible dadas las circunstancias, la crisis capitalista se
utilizará para enfrentar a trabajador/a contra trabajador /a en una escala cada
vez mayor.
Incluso si las asambleas de trabajador@s no se entienden completamente,
la concepción de una asamblea de trabajador@s, automáticamente, intuitivamente,
será vista por much@s como ideológica. Se entenderá como un audaz intento de
organizar a la clase obrera sobre una base más ideológica y política, además de
organizarse por las demandas básicas y en defensa contra los ataques.
No se puede luchar contra el capitalismo sobre la base de
una vieja concepción del sindicalismo en la lucha de clases, de confiar en las
reformas capitalistas, o en una política que aborde sólo una parte de nuestra
clase.
25 de noviembre de 2013
DE LA BALCANIZACIÓN DE MÉXICO, SEGÚN STRATFOR, AL MAR MEDITERRÁNEO DE EE.UU. DE SPYKMAN
![]() |
Remoción de escombros en el complejo administrativo
B2 de la
Torre de Pemex, el primero de febrero de 2013
Foto Carlos Ramos Mamahua
|
Alfredo Jalife-Rahme. La Jornada
Pareciera que México se encuentra atrapado sin salida en el juego geoestratégico que libra Estados Unidos para controlar el Golfo de México y el Mar Caribe, como parte de su nuevo rediseño militar/energético y de seguridad, cuando se ha replegado a su primera línea defensiva después de la fallida guerra contra Siria y el advenimiento del nuevo orden tripolar que hoy comparte con Rusia y China.
Llama poderosamente la atención la espada de Damocles que pende sobre la cabeza de México mediante ominosas amenazas financieras –fuga de capitales (a la que Carstens, del Banco de México, se prepara afanosamente, de su propia confesión), caída bursátil y devaluación del peso, expuestas por Bloomberg (Bajo la Lupa, 24/7/13), el cordobista zedillista presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, Luis Téllez Kuenzler, y Rozental & Asociados (Bajo la Lupa, 10/11/13)–, al unísono de perturbadores planteamientos del portal israelí-estadunidense Stratfor sobre La guerra de las drogas en México: balcanización que conduce a desafíos regionales (18/4/13).
¿A quién conviene “la balcanización de los cárteles” de México?
Tristan Reed, analista táctico (sic) de Stratfor, aborda el organigrama, cronograma y flujograma de los cárteles y la tendencia a su fracturación (sic) a redes regionales del crimen geográficamente más compactas, a partir de la desaparición en la década de los 80 del cártel de Guadalajara que controlaba las rutas del narcotráfico a Estados Unidos a través de la mayor parte de México.
A juicio de Tristan Reed, la nueva tendencia a la balcanización ha continuado “por más de dos décadas y ha impactado a la mayoría de los grupos carteleros en México” cuando se escindieron la Federación de Sinaloa y el cártel del Golfo.
Stratfor oculta la bidireccionalidad de los cárteles con sus operadores financieros en Estados Unidos, como el quebrado banco Stanford y su pestilente consejo de administración (Bajo la Lupa, 4/3/09, 16/12/09 y 12/6/11;http://sunlightfoundation.com/press/articles/2009/03/12/financier-was-well-connected-dc-internationally/print/ yhttp://www.proceso.com.mx/?p=113163) y el blanqueo generalizado de la banca nacional cuando fue expuesta la Operación Casablanca (http://www.nytimes.com/1998/05/19/world/us-indicts-26-mexican-bankers-in-laundering-of-drug-funds.html), previamente a su adquisición por la banca trasnacional.
Stratfor oculta también el blanqueo del hoy desaparecido banco Wachovia fusionado en Wells Fargo (http://www.theguardian.com/world/2011/apr/03/us-bank-mexico-drug-gangs ), que lavó asombrosamente cerca de 400 mil millones de dólares.
Hoy tanto la Federación de Sinaloa como Los Zetas (provenientes del cártel del Golfo), según Stratfor, enfrentan desafíos regionales crecientes con el advenimiento de nuevos actores regionales que profundizan la balcanización (http://es.scribd.com/doc/185604937/Balcani-Zac-i-On ).
¿La balcanización cartelera de México se reflejaría en la otra balcanización de la federación política mexicana cuando el caso sui generis de Michoacán se puede volver paradigmático en medio de extrañas solicitudes de separación política en el norte del país (Baja California y Chihuahua)?
Por cierto, de nueva cuenta Stratfor (http://www.stratfor.com/analysis/mexico-rumors-surround-pemex-explosion ), basado en rumores sin confirmar, maneja la perturbadora posibilidad de que el estallido en la Torre de Pemex haya sido un atentado por motivos políticos o perpetrado por los cárteles.
A menos que desee enviar un mensaje subliminal, ¿por qué Stratfor expone en forma desaseada rumores sin confirmar?
En forma perturbadora, The Financial Times plantea que una de las consecuencias del estallido en la Torre de Pemex habría sido el alejamiento entre Pemex y Petrobras (http://blogs.ft.com/the-world/2013/02/the-consequences-of-pemexs-explosion/ ohttp://www.ft.com/intl/cms/s/0/eb947824-6c88-11e2-953f-00144feab49a.html#axzz2l97hqenS ).
Nos encontramos así ante un tablero de ajedrez global/regional/local donde la otrora superpotencia unipolar, Estados Unidos, mueve sus fichas para la consecución de sus objetivos primordiales: la seguridad energética de Norteamérica, al unísono de la seguridad del hogar de Norteamérica, como requisitos para la incrustación del “México neoliberal itamita” al Comando Norte/Norad.
En la mira se encontrarían los pletóricos yacimientos de hidrocarburos en el Golfo de México, que se desea rebautizar como Golfo de Estados Unidos, lo cual parece revivir el concepto del geoestratega estadunidense/holandés Nicholas John Spykman en referencia al Mar Mediterráneo de Estados Unidos, un mare nostrum similar al del imperio romano, que integra la superficie del Golfo de México/Golfo de Estados Unidos (1.55 millones de kilómetros cuadrados) y del Mar Caribe (2.754 millones de kilómetros cuadrados) que en su totalidad arrojan una superficie de 4.304 millones de kilómetros cuadrados.
Ante el retroceso unipolar estadunidense y el ascenso del nuevo orden mundial tripolar (Estados Unidos /Rusia/China) –que se selló con el acuerdo de un nuevo condominio entre Washington y Moscú en el Medio Oriente, en sustitución del caduco Sykes-Picot del colonialismo franco-británico–, la administración Obama repliega sus banderas y refuerza su primera línea defensiva vital en el resucitado Mar Mediterráneo de Estados Unidos, donde se juega el devenir de los pletóricos hidrocarburos de México en el Golfo de México/Golfo de Estados Unidos, sin contar la estruendosa declaración del secretario de Estado, John Kerry, sobre el deceso de la Doctrina Monroe, que había adelantado Bajo la Lupa hace dos años (11/12/11).
¿Le beneficia a Estados Unidos la balcanización de México, por la vía de los cárteles, quienes se abastecen obscenamente de armas en los quioscos transfronterizos?
Es obligado tener en el radar varias hipótesis, desde las angelicales hasta las infernales. Una versa sobre la gran bondad de la seguridad energética de Norteamérica –con Canadá (con libre paso de canadienses WASP: blancos, protestantes, anglosajones) y México (sin los brownies y con muro de la ignominia, drones y patrulla fronteriza)– que servirá para el prometido ASPAN y sus elusivas seguridad y prosperidad que no han beneficiado en lo absoluto al “México neoliberal itamita”. El tiempo lo dirá.
Pero otra hipótesis obligadamente antipódica se centra en los juegos pérfidos de los poderes de todos los tiempos, en específico, en referencia a México, cuyo proceso de balcanización, por la vía de los cárteles de la droga, es explotado sin rubicundez por Stratfor, muy vinculado a los complejos militares de Tel Aviv y el Pentágono, por cierto, hackeado por Anonymous, quien expuso sus redes tanto en México (Ver Bajo la Lupa, 28/12/11) como en el mundo occidental.
¿Para qué serviría balcanizar a México después del obsequio de las aguas profundas del Golfo de México financierista por la entreguista/masoquista contrarreforma Peña/Videgaray/Aspe a las cuatro grandes petroleras anglosajonas?
¿Con la balcanización de México se podría gestar, entonces, el cambio de nombre del Golfo de México a Golfo de Estados Unidos para que no quede rastro arqueológico alguno de Pemex?
23 de noviembre de 2013
EUROPA EN RIESGO DE DEFLACIÓN
Entrevista a Simon Tildford, del Centre for European Reform
Según el experto, la baja en la tasa de interés del BCE no
alcanza. En Europa el panorama apunta a uno de los fantasmas más temidos: una
combinación de estancamiento y deflación como la vivida por Japón desde los
’90.
Marcelo Justo. Página/12
A nadie le gusta que suban los precios, pero hoy los 17
países de la Eurozona temen lo contrario: la deflación. En octubre, la
inflación interanual se redujo hasta el 0,7 por ciento, el nivel más bajo desde
2009, muy lejos de la meta del 2 por ciento que tiene el Banco Central Europeo.
Si a esto se le suma que, según los datos difundidos, el crecimiento descendió
a un 0,1 por ciento, el panorama apunta a uno de los fantasmas más temidos: una
combinación de estancamiento y deflación como la vivida por Japón desde
principios de los ‘90. El Banco Central Europeo sorprendió a los mercados hace
más de una semana bajando la tasa de interés de 0,5 a 0,25 por ciento, y dio un
respiro a su sector exportador. Pero en entrevista con Página/12, Simon
Tilford, subdirector del Centre for European Reform, en Londres, consideró que
no será suficiente.
–La Eurozona salió de la recesión en el segundo trimestre
de este año con un crecimiento del 0,3 por ciento. Los datos de
julio-septiembre bajan ese nivel a un 0,1. ¿Estamos en esa doble trampa de
estancamiento económico y deflación?
–El crecimiento que se dio hasta ahora ha sido por el sector
exportador, pero la Eurozona es demasiado grande para que esto sea suficiente.
Su dinámica económica precisa el mercado doméstico y el crecimiento del
consumo. Normalmente luego de períodos tan prolongados de recesión hay un
efecto rebote por el que las economías tienen varios trimestres consecutivos de
crecimiento real. Eso no está sucediendo en la eurozona porque no hay una
recuperación en la demanda doméstica debido a que los salarios están
planchados, y las empresas no saben si invertir porque con salarios planchados
no hay garantía de que las inversiones sean rentables.
–El presidente del BCE, Mario Draghi, consiguió
neutralizar el ataque especulativo sobre España, Italia y el euro diciendo que
el BCE haría todo lo que estuviera a su alcance para evitar una desintegración
de la Eurozona. Ahora acaba de bajar las tasas de interés para neutralizar el
peligro de una deflación. ¿Es suficiente?
–Por mucho tiempo el BCE consideró que el problema era la
inflación. Es un paso positivo que se hayan dado cuenta de la gravedad del
tema, pero no es una solución. El corte de las tasas de interés va a favorecer
un poco a los exportadores, va a ayudar a los deudores, porque abarata un poco
el costo de los préstamos, pero hasta ahí llega.
–¿Cuál es el problema con la deflación?
–En toda economía hay momentos de deflación o inflación. Por
ejemplo, el precio de las computadoras ha bajado durante mucho tiempo. Pero
cuando el precio general de los productos baja puede tener efectos
devastadores, porque la deuda pública y privada tiene que ser pagada con un
Producto Interno Nominal que está bajando. Para darle un ejemplo, cuanto más
bajo el nivel de inflación, mayor el superávit fiscal que se necesita para
pagar la deuda. Y el problema es que la tasa de interés, ahora en un 0,25 por
ciento, no puede caer mucho más: no puede bajar del cero por ciento. De manera
que no hay mucho margen de maniobra.
No se ve que vaya a haber más inflación el
próximo año porque la recuperación económica es muy débil, la política fiscal
es contractiva y no es posible devaluar el euro, que está muy fuerte. La
Eurozona tendría que estar creciendo alrededor de un 2 por ciento para evitar
la deflación. Eso no está sucediendo.
–La inflación del 0,7 por ciento es un promedio. En
Grecia, los precios cayeron un 2 por ciento, en Alemania subieron un 1 por
ciento. El desempleo en Alemania es del 5,2, en España del 26,6 y en Grecia del
27,7 por ciento. ¿Cómo se hace para actuar entre tantas necesidades?
–La Eurozona necesita una mayor inflación en Alemania. Esto
le permitiría a Italia y España, los dos países clave en este momento de la
crisis del euro, ganar competitividad frente a los alemanes. En los primeros
ocho años del euro, Alemania tuvo una inflación del 1,5 por ciento mientras que
en otros países era del 3.
Necesitamos ahora que ocurra exactamente lo
contrario. Si no sucede, no se ve cómo la deuda de los países del sur europeo
será sostenible. Siempre se habla de los problemas estructurales de los países
del sur, pero no se habla de los problemas estructurales de Alemania. La
demanda doméstica germana crece apenas un 0,5 por ciento, algo que no es
suficiente para generar inflación. Tampoco estamos viendo un incremento fuerte
de salarios o del consumo y la inversión empresaria está empezando a caer.
Alemania tiene que resolver estos problemas para que haya una salida para la
eurozona.
–¿Hay peligro de deflación como sucedió en Japón?
–Muchas veces se habla del peligro de que Europa sufra una
década perdida como la que padeció Japón. Pero en muchos sentidos las cosas
parecen peor en Europa, sobre todo en términos de crecimiento económico, porque
la eurozona tiene menos herramientas para combatir la deflación que Japón. Los
japoneses tienen su propia moneda, su banco central. En España o Italia, si los
precios caen, no pueden hacer mucho. Lo que se necesita en estos casos son
herramientas heterodoxas para bajar el valor de la moneda y combatir la
deflación.
–¿Es posible todavía una desintegración del euro?
–Tal como están las cosas creo que veremos un aumento de los
niveles de deuda y mayores tensiones políticas y sociales. Los pronósticos del
FMI y de la Comisión Europea son preocupantes. Ambos coinciden en que habrá
bajo crecimiento y baja inflación, lo que hará muy difícil bajar los actuales
niveles de deuda. El peor es que la deuda aumente mucho más y que la gente
empiece a perder la paciencia que ha tenido hasta ahora. El peligro allí es que
los gobiernos no pueden compaginar la democracia con los requisitos de su
programa político y los riesgos de manejar el euro.
–Se habla mucho de si América latina está preparada para
un remezón externo. Se podría hacer la misma pregunta sobre Europa. El mismo
Draghi advirtió que podía haber shocks externos.
–Muchos políticos pensaron sinceramente que los problemas
del euro se solucionarían y que volvería el crecimiento económico. Esto no ha
sucedido. No cabe duda de que la crisis continuará por bastante tiempo. En
principio, con las tendencias actuales, creo que el euro va a sobrevivir. Pero
esto puede cambiar si hay un shock externo, por ejemplo, una fuerte
desaceleración de la economía mundial, porque la economía europea depende cada
vez más de sus exportaciones. Si Estados Unidos abandona su programa de
flexibilización cuantitativa también sería un gran impacto.
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