El gran cómico Stephen Colbert escribió un libro hace unos años en el que se burlaba de la arrogancia infantil de los que ya (ojalá) perdieron el futuro. El título: América otra vez: rehacer la grandeza que nunca no fuimos.
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
10 de noviembre de 2015
CAMBIOS Y REACCIÓN
David
Brooks. La Jornada
Lo
más alarmante de que Donald Trump vaya a la cabeza en las
preferencias de la contienda republicana para la candidatura
presidencial, es pensar quiénes son esos millones que lo apoyan con
tanto entusiasmo. ¿Quiénes son los que responden con tal exaltación
a un mensaje xenofóbico que culpa a los otros por el fin de la
grandeza estadounidense? ¿Cómo es que un bufón multimillonario tan
peligroso se vuelve héroe para tantos?
No
es tan extraño que una estrella de reality shows sea protagonista en
una contienda electoral que a veces parece más un espectáculo
producido y dirigido por patrocinadores empresariales que un
ejercicio esencial de lo que aquí llaman democracia. Pero una clave
mucho más importante para entender el fenómeno no consiste en
analizar a Trump, sino los trumpistas.
Parte
de esta clave está en el título de su nuevo libro, America
lisiada; cómo volver a hacer grande a America. Volver a hacer, o
hacer de nuevo, es un mensaje muy cuidadosamente diseñado. Estados
Unidos está discapacitado, dañado, ha perdido su grandeza y hay que
volver a hacerlo grande. Va dirigido a un amplio sector que percibe
que el Estados Unidos de antes se ha perdido, que se desvanece.
¿Y
quién tiene la culpa? Según Trump, los otros, los que no son de
aquí, los inmigrantes y el resto del mundo donde Estados Unidos ha
dejado de imponer su voluntad y ha cedido a otros (con Putin, con
China, como también en el terreno del comercio internacional). Hay
que sacar a los otros del país, hay que imponer la voluntad
estadounidense de nuevo en el mundo, hay que volver a lo que era.
Trump
y sus filas tienen toda la razón. Estados Unidos no es el de ayer
aquí adentro (ni en su margen de maniobra allá afuera). Se está
viviendo el fin de ese Estados Unidos definido por ser blanco,
anglosajón y guiado por una visión semireligiosa protestante de lo
que se llamaba el sueño americano. Y esto tiene implicaciones
profundas.
Y
algunos sectores viven este fin con consecuencias dramáticas. Una
nueva investigación de los economistas Anne
Case y Angus Deaton (quien ganó el premio Nobel de economía
este año) de Princeton sacudió al país en los últimos días al
encontrar un dramático e inesperado incremento en la tasa de
mortalidad entre hombres blancos de entre 45 y 54 años de edad en
Estados Unidos por alcoholismo, drogas, suicidio y más.
Los
datos revelan que los más afectados son hombres blancos con estudios
sólo hasta preparatoria y que enfrentan marginación en la fuerza
laboral. Los investigadores señalan que entre los factores de este
incremento de la tasa de mortalidad –fenómeno tan único en
Estados Unidos– es la reducción en oportunidad económica para
este sector, el incremento en la desigualdad y que el sueño
americano no se cumplirá para ellos (es decir, que cada generación
será más próspera que la anterior).
No
se ha detectado algo parecido en un desplome de la expectativa de
vida en el mundo desarrollado desde los primeros días de la epidemia
del sida, y es parecido –aunque menos grave– a lo que sucedió en
Rusia después del colapso de la Unión Soviética.
Ese
sector fue, hace unas décadas, el símbolo del sueño estadounidense
–los que obtenían empleos de por vida en el sector industrial y,
en gran parte por los sindicatos, lograron una vida estable de clase
media. Pero desde finales de los años 70 esto se ha revertido por el
desmantelamiento del sector industrial, el traslado de producción al
extranjero, acelerado por acuerdos de libre comercio, y una guerra
abierta contra los sindicatos– y con ello este sector ha visto un
desplome en ingresos y oportunidades.
Paul
Krugman, economista premio Nobel, lo resume así: “los datos
muestran una sociedad apremiada por la desesperanza… Algo terrible
le sucede a la sociedad blanca estadounidense”.
Trump
tiene un eco entre este sector. El veterano periodista y columnista
Harold Meyerson, del Washington Post, señala que “Trump obtiene
su apoyo principalmente de republicanos de clase trabajadora, quienes
son atraídos por su oposición a acuerdos comerciales, su apoyo del
Seguro Social y Medicare (programas de bienestar social) y su
denigración de los inmigrantes; un programa similar al de los
partidos racistas-populistas de derecha de otros países con apoyo de
trabajadores como el Frente Nacional en Francia.”
Por
supuesto, no todos los trabajadores blancos están con Trump. De
hecho, el mensaje del socialista democrático Bernie Sanders, del
lado demócrata, también está generando apoyo sorprendente (para
las cúpulas) entre amplios sectores de trabajadores blancos y de
todos los colores. Pero lo de Trump también se nutre con el otro
gran cambio en este país: el fin del Estados Unidos blanco.
La
Oficina del Censo de Estados Unidos proyecta que para 2044 los
blancos pasarán a ser una minoría más en este país; o sea, que
será un país de mayoría de minorías, con los blancos como la
minoría más grande, pero ya no superarán el 50 por ciento de la
población (los blancos actualmente representan 62 por ciento).
En
los últimos 50 años han llegado 59 millones de inmigrantes a
Estados Unidos (el porcentaje de los nacidos en el extranjero de esta
población está a un nivel casi récord: 14 por ciento). Y durante
ese tiempo, estos inmigrantes y sus descendientes representan 55 por
ciento del crecimiento de la población, y con ello están
transformando la composición racial y étnica del país, reportó el
Centro
de Investigación Pew este año.
El
cambio asusta, y no es nada nuevo que un político utilice el miedo
para transformarlo en reacción; son reaccionarios pues. Tal vez el
fenómeno Trump es más bien la confirmación de que su Estados
Unidos está por desaparecer y está naciendo otro en el que él y
otros políticos como él serán relegados a ser una minoría
irrelevante.
El gran cómico Stephen Colbert escribió un libro hace unos años en el que se burlaba de la arrogancia infantil de los que ya (ojalá) perdieron el futuro. El título: América otra vez: rehacer la grandeza que nunca no fuimos.
El gran cómico Stephen Colbert escribió un libro hace unos años en el que se burlaba de la arrogancia infantil de los que ya (ojalá) perdieron el futuro. El título: América otra vez: rehacer la grandeza que nunca no fuimos.
5 de noviembre de 2015
LOS “50 JAMES BOND DE OBAMA” EN SIRIA: ¡PARA COMBATIR A 230.000 YIHADISTAS!
Alfredo
Jalife-Rahme. La Jornada
En
coincidencia con el estreno de la película Spectre, de James Bond
(http://www.007.com/), mata de risa el montaje hollywoodense del
envío por Estados Unidos de 50 "soldados especiales" en la región
kurda de Siria para combatir a 230 mil yihadistas sunitas que operan
en Levante.
Como
los bienes raíces, la geopolítica es ante todo ubicación, y no
pasa inadvertida la sinergia de Estados Unidos con los kurdos sirios.
Funcionarios
de Estados Unidos se jactan del "efecto multiplicador" que tendrán sus
50 "soldados especiales", catapultados sin el permiso formal de nadie:
ni del Congreso de Estados Unidos ni de la ONU ni del gobierno sirio
ni de la Liga Árabe de 22 países ni de la Organización para la
Cooperación Islámica de 57 países (http://goo.gl/dt0AlG).
A
finales de 2014, Fuad Hussein, jefe de la oficina de Massoud Barzani,
presidente de la región autónoma kurda en Irak, en entrevista con
Patrick Cockburn –considerado entre los óptimos comentaristas de
Medio Oriente–, evaluó el número de combatientes yihadistas
sunitas en 200 mil: "ocho veces mayor que las estimaciones de los
servicios de inteligencia occidentales (léase: la CIA), que los
colocan en 31.500" (http://goo.gl/UxDuho).
¿Por
qué conviene a la CIA subestimar exageradamente el número de
yihadistas sunitas que deambulan entre Irak y Siria?
Fuad
Hussein pondera que Daesh/Isis/Isil "gobierna en la tercera parte
tanto de Irak como de Siria, que comprende en su totalidad una
población de entre 10 y 12 millones que viven en un área de 250.000" kilómetros cuadrados, el mismo tamaño que Gran Bretaña", lo cual "otorga a los yihadistas una extensa mancomunidad de reclutas
potenciales".
Con
las recientes y vastas adquisiciones territoriales de los yihadistas
en Siria, la cifra enunciada por Fuad Hussein sobre el ejército
irregular de yihadistas sunitas se ha abultado sustancialmente en el
lapso de un año con la adicional llegada de otros 30 mil
provenientes de la extensa geografía islámica, que comprenden
específicamente 3 mil combatientes de Chechenia (Cáucaso ruso),
según The New York Times (http://goo.gl/Ynje9g), y a quienes habría
que agregar otro tanto de la región islámica de Xinjiang en China
(http://goo.gl/ajhTkD).
Según
Al-Quds Al-Arabi (12/8/14), solamente los "escuadrones de la muerte
yihadistas", los siniestros dhabbihah, alcanzarían 15 mil verdugos
(http://goo.gl/yrf3Fe).
¿Por
qué la CIA se habrá "equivocado" en forma tan burda en sus
estimaciones?
Ya
había advertido sobre el Yihadistán, en lo que "Putin tuvo razón en
Siria" (http://goo.gl/vrv3vD).
El
proyecto irredentista del califato yihadista (Califato Qoqaz), el
Yihadistán, comprende la península ibérica (Al-Andalus), todo el
norte de África, el cuerno de África (Somalia) y el sub Sáhara,
pasando por los Balcanes y el Cáucaso (frontera con Rusia), hasta
Khurasan (Asia Central), frontera con el subcontinente indio y China
(http://goo.gl/ygZstq).
Hoy
existen "batallones islámicos repletos de chechenos que ayudan a
Ucrania en su guerra contra los rebeldes secesionistas", según NYT
(http://goo.gl/JwTpwX), lo que conecta los dos teatros regionales
simultáneos de guerra: Ucrania con el binomio geográfico de
Siria/Irak.
Según
Marcus Papadopoulos, redactor en jefe de la revista británica
Politics First, "El petróleo es uno de los componentes claves del
auge de los terroristas. Si la coalición de Estados Unidos realmente
quisiera deshacerse de los militantes, en primer lugar habría
destruido la infraestructura petrolera de los terroristas, pero no lo
hace. ¿Por qué? Porque los militantes sirven a los intereses de
Occidente y, en particular, los de Estados Unidos, que, a su vez,
entiende que si priva a los militantes de su principal fuente de
financiación, los terroristas dejarán de obedecer, algo que ahora
permite a Washington mantener la región bajo tensión" (https://goo.gl/mnaOlx).
Ni
con sus 50 James Bond juntos –las "fuerzas especiales" de "efecto
multiplicador"– podrá Obama combatir a más de 230 mil yihadistas
sunitas, que se irán incrementando en forma exponencial y conforme a
los intereses bursátiles de sus apostadores, lo cual constituye de
dos cosas: una, repartirse el féretro de la balcanización en la
región kurda del norte de Siria, como aprecia Réseau Voltaire
(http://goo.gl/wVrGnk) –y, por extensión, la muy cantada
pulverización de Irak (http://goo.gl/qphEbs)–, y/o servir "como
escudo humano de protección" a sus impresentables "aliados" –los
rebeldes sirios "moderados" de Al Qaeda, con todas sus mutaciones y
disfraces hollywoodenses–, para inmunizarlos de los exitosos
bombardeos rusos, como aduce el investigador británico Finian
Cunningham: "La decisión de Obama de enviar fuerzas especiales a
Siria es vista ampliamente como una escalada militar de Estados
Unidos en ese país. El envío de tropas también señala que Estados
Unidos trata de prevenir los éxitos rusos en borrar los instrumentos
de Washington para el cambio de régimen en Siria" (https://goo.gl/zstSQU).
La
deliberada confusión lingüística del gabinete de Obama, entre "moderados" (sic) de Al Qaeda y yihadistas, forma parte del "caos
controlado" geopolítico que asedia las fronteras sunitas del RIC
(Rusia, India y China).
Quizá
debido a la Babel geopolítica y lingüística imperante en la Casa
Blanca, Edward Luce, del Financial Times, no perciba "plan" ni "estrategia" en el envío de los 50 comandos por Estados Unidos, quien
está perdiendo la partida en Siria frente a Putin, "mejor jugador de
poker que Obama", cuando las primeras semanas de los bombardeos rusos
han transcurrido conforme a su plan. El régimen de Assad ya no
enfrenta el colapso y Rusia ha consolidado su relevancia geopolítica
y ha revivido su presencia naval en el oriente del mar Mediterráneo
(http://goo.gl/soi4Vp).
Cuando
en Estados Unidos el electorado ha dado la espalda a Jeb, de la
decadente "casa de los Bush" (http://goo.gl/fpUC9V), que llevó a la
otrora superpotencia unipolar a su doble desastre geoestratégico
(derrotas en Afganistán e Irak) y geofinanciero (quiebra de Lehman
Brothers en 2008).
Edward
Luce anhela el trasplante cerebral de Obama con los genes bélicos
del nepotismo dinástico de los Bush y arremete contra su mentalidad
de "abogado" que pierde la visión holística y actúa "caso por caso",
con un "incremental manejo reactivo de las crisis".
Los
circuitos bursátiles de la City (Londres) no saben nada de guerras
nucleares ni de geoestrategia y uno de sus pugnaces portavoces,
Edward Luce, cita sin desparpajo a Joseph Dunford, el jefe de las
fuerzas armadas conjuntas de Estados Unidos, quien "tomó" (sic) su
puesto un día después del inicio de los bombardeos aéreos rusos en
Siria: "Si un país representa una amenaza existencial a Estados
Unidos, debo señalar a Rusia".
La
torre de Babel lingüística y geopolítica de Obama refleja el
trilema geoestratégico de Estados Unidos: 1) la guerra termonuclear
contra Rusia, donde nadie gana, y que ya fue evitada en Ucrania; 2)
la descomposición caótica global en curso, y 3) el acomodamiento
del nuevo orden tripolar de Estados Unidos con Rusia y China.
Obama
deja la óptima decisión tripolar a su sucesor, mientras opta en
forma transitoria por su torre de Babel geopolítica con los
yihadistas.
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