SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
7 de mayo de 2013
CONVERGENCIAS: ORIGEN Y DECLINACIÓN DEL CAPITALISMO
Jorge
Beinstein
Retorno al origen
En
ciertos rituales funerarios de tiempos remotos los muertos eran colocados en
posición fetal, por ejemplo se han encontrado restos de neardentales sepultados
de esa manera con la cabeza apuntando hacia el Oeste y los pies hacia el Este,
algunas hipótesis antropológicas sostienen que esa disposición del cadáver
estaba relacionada con la creencia en el renacimiento del muerto.
La
civilización burguesa a medida que avanza su senilidad parece reiterar esos
ritos, preparándose para el desenlace final apunta la cabeza hacia su origen
occidental y va acomodando el cuerpo degradado buscando recuperar las formas
prenatales intentando tal vez así conseguir una vitalidad irremediablemente
perdida.
El
fin y el origen aparentan converger, pero el anciano no consigue volver al
pasado sino más bien reproducirlo de manera grotesca, decadente. Hacia el final
de su recorrido histórico el capitalismo se vuelca prioritariamente hacia las
finanzas, el comercio y el militarismo en su nivel más aventurero “copiando” sus comienzos cuando
Occidente consiguió saquear recursos naturales, sobreexplotar poblaciones y
realizar genocidios acumulando de ese modo riquezas desmesuradas con relación a
su tamaño lo que le permitió expandir sus mercados internos, invertir en nuevas
formas productivas, desarrollar instituciones, capacidad científica y técnica.
En suma construir la “civilización” que llevó Voltaire a señalar: “la civilización no suprime la barbarie, la perfecciona”.
La
decadencia del mundo burgués imita en cierto modo a su origen pero no lo hace a
partir de un protagonista joven sino decrépito y en un contexto completamente
diferente: el de la gestación era un planeta rico en recursos humanos y
naturales disponibles, virgen desde el punto de vista de los apetitos
capitalistas, el actual es un contexto saturado de capitalismo, con fuertes
espacios resistentes o poco manejables en la periferia, con numerosos recursos
naturales decisivos en rápido agotamiento y un medio ambiente
global
desquiciado.
Fin de ciclo. Decadencia: del capitalismo industrial al
parasitismo.
Toda
la historia del capitalismo está atravesada por numerosas crisis de corta,
mediana y larga duración, de gestación, de nacimiento, de crecimiento, de
madurez, de decadencia, sectorial, plurisectorial, general etc. La actual coyuntura
global suele ser descripta empleando el término crisis (del neoliberalismo,
financiera, sistémica, del capitalismo, de civilización...), ¿se trata realmente
de una crisis o de algo más? ¿Nos encontramos ante una turbulencia devastadora
o no tan truculenta pero anunciadora de un nuevo orden mundial capitalista, es
decir de una regeneración sistémica o bien del canto del cisne de una
civilización caduca?, en el primer caso correspondería hablar de crisis de reconversión,
de destrucción creadora en el sentido shumpeteriano, en el segundo podría en principio
alcanzar con una sola palabra: decadencia.
Los
conceptos de crisis y decadencia son ambiguos, su uso
no resuelve completamente los interrogantes que plantea la descripción de la
realidad actual. Por lo general hablamos de crisis cuando nos enfrentamos a una
turbulencia o perturbación importante del sistema social, el concepto de decadencia suele ser asociado a la
idea de irreversibilidad, de trayectoria ineludible, de camino más o menos
lento, accidentado o calmo hacia la
extinción,
hacia el final. Sin embargo la historia muestra tanto largos procesos de declinación
que culminan con el fin de una sociedad o una civilización como fenómenos visualizados
como decadencias pero que en algún momento se convierten en renacimiento, en
inicio de una segunda juventud. Sobre todo durante ciertos períodos de transición
cultural donde se combina lo viejo declinante pero todavía hegemónico con lo nuevo
ascendente aunque soportando derrotas, fracasos propios de las experiencias demasiado
jóvenes, demasiado dependientes del “sentido
común” establecido por las antiguas verdades capaces
de sobrevivir durante mucho tiempo a su creciente divorcio
con
la realidad.
Muchas
veces una crisis prolongada atravesada por turbulencias que se van sucediendo unas
tras otras conformando una continuidad de calamidades aparece como un mundo que
se derrumba cuando puede llegar a ser el taller de forja de una nueva era. La
llamada “larga crisis del siglo XVII” que afectó a Europa y que se fue convirtiendo gradualmente en la
base de lanzamiento planetario de la modernidad occidental fue vista por buena
parte de sus contemporáneos más lúcidos como una época de desastres y
decadencia
universal.
Esa
visión se prolongó hasta bien entrado el siglo XVIII cuando la emergencia del iluminismo, de la
ideología del progreso, del culto a la Razón, se combinaron en las elites de Occidente con el fantasma de la
decadencia, simbolizada por la declinación del imperio romano. En 1734
Montesquieu publicada sus “Consideraciones
acerca de las causas de la grandeza y decadencia de los romanos” y curiosamente en 1776 en la Inglaterra donde
comenzaba
a abrirse paso la Revolución Industrial mientras Adam Smith publicada la primera
edición de “La riqueza de las naciones” estableciendo las bases teóricas del capitalismo liberal naciente,
marcando el avance optimista del racionalismo burgués, Edward Gibbon publicaba
la primera edición de su “Historia de la
decadencia y caída del Imperio Romano”
engrosando el espacio de las visiones pesimistas de las elites tradicionales de
Europa angustiadas por la declinación del universo cultural e institucional de
las aristocracias.
No
está de más recordar lo que podríamos calificar como obsesión y nostalgia
plurisecular recurrente de la cultura occidental en torno de la grandeza de la
Roma imperial, de su durable “pax romana” o dominación “universal” (del “universo”
colonial posible en esa época con centro en el Mar Mediterráneo). Desde la
tentativa de restauración del imperio varios siglos después de su derrumbe con
la proclamación en Roma de Carlomagno en el año 800 (y en consecuencia del
extinto Imperio Romano de Occidente), siguiendo con el
Sacro Imperio Romano Germánico (el “Primer Reich”) en el siglo posterior, llegando a los delirios
imperiales-romanos del emperador Napoleón, continuando con el Kaiserreich (“Kaiser” derivado
del Caesar romano) o “Segundo Reich” de Alemania desde 1871 radicalizado luego
por Hitler como “Tercer Reich”, la Italia fascista proclamada por Mussolini
como Tercera Roma (la “Terza Roma”
heredera de la Roma Imperial y de la Roma Papal) y por
supuesto falangistas, nazis y fascistas saludando con el brazo en alto, el
saludo romano imperial, para llegar finalmente (por ahora) a las elucubraciones
durante la década pasada acerca de la Pax
Americana imaginada por los halcones de George W. Bush como
una suerte de reedición a escala planetaria del Imperio Romano tal como lo plantearon
en su momento textos influyentes en el primer círculo del poder de los Estados Unidos
por autores como Robert Kaplan (1).
Pero
la nostalgia imperialista no puede prescindir del temor oculto que se esconde
por debajo de la euforia, porque el esplendor esclavista anunciaba su decadencia,
sus lujos parasitarios resultado de la incesante expansión del sistema se
convirtieron en el veneno mortal, la droga que alentó su ruina. Como señalaba
Juvenal: “El lujo, más insidioso que el enemigo extranjero, nos apoya su pesada
mano, vengando al mundo que hemos conquistado” (2). La
estrafalaria literatura que proliferó a comienzos del siglo XXI alentada
por
el triunfalismo de los halcones del Imperio desarrollando paralelos entre Roma
(de los césares) y Washington (de Bush) lo hizo en paralelo a la aparición de
numerosos textos referidos a la decadencia romana muchos de ellos estableciendo
similitudes con las potencias occidentales principalmente los Estados Unidos.
La
larga crisis del siglo XVII fue una enorme trituradora histórica de viejas
estructuras y mentalidades generando el declive de las monarquías absolutistas
de Occidente y más adelante favoreciendo el ascenso del capitalismo industrial
a partir de una crisis de nacimiento, del parto turbulento, dramático del mundo moderno entre fines del
siglo XVIII y comienzos del siglo XIX marcado por la revolución industrial en
Inglaterra, la Revolución Francesa, las guerras napoleónicas, la Restauración,
etc.
Mucho
tiempo después Europa vivió una crisis relativamente larga entre 1914 y 1945,
fue pensada por los bolcheviques como la declinación universal del capitalismo
que abría las puertas a su superación revolucionaria, socialista-comunista. En
realidad se trató de un proceso complejo que combinaba elementos incipientes de
decadencia, significativos pero insuficientes como para conformar una avalancha
global imparable, con otros de recomposición, de rejuvenecimiento como la
intervención estatal en la economía, la masa
de
inventos, de ideas técnicas que se fueron transformando en innovaciones
abriendo un nuevo horizonte social y sobre todo la presencia de los aparatos
militares en expansión conjugando potencia y acción destructiva con
multiplicadores del consumo, la inversión y la renovación tecnológica de la
producción civil (keynesianismo militar).
Los
comunistas de los años 1920 subestimaban la capacidad de recomposición del mundo
burgués pero la extrema derecha, los fascistas de esa época la sobrestimaban,
le atribuían una esperanza de vida demasiado prolongada, así es como Mussolini proclamaba
triunfalista en un artículo de enero de 1921: “el capitalismo está ahora apenas en el inicio de su historia”, capítulo en el que el nuevo autoritarismo fascista proyectaba cumplir
un papel decisivo, refundador, recuperando las raíces más brutales del sistema.
El Duce lo sintetizaba ante la Cámara de Diputados italiana algunos meses
después: “la verdadera historia del capitalismo empieza ahora... hay que
abolir el Estado colectivista, tal como la guerra nos lo ha transmitido por la necesidad de
las circunstancias y volver al estado Manchesteriano” (3). Disciplinamiento dictatorial de la fuerza laboral y libertad
total para los
capitalistas.
Sin
embargo el sistema no podía regresar al siglo XIX, sus bloqueos estructurales
lo obligaban a utilizar la intervención estatal en la economía para desarrollar
nuevos espacios de rentabilización como la industria de guerra y las grandes
obras públicas. Lo que se empezaba a instalar no era el viejo capitalismo liberal
decimonónico sino su tabla de salvación militarista, intervencionista que en su
primera etapa europea durante los años 1920-1930 asumió la forma de mutación
ideológica desde el liberalismo hacia el
totalitarismo
fascista bajo el paraguas legitimador de la “comunidad
nacional” aplastando a los “intereses sectoriales”... de
los de abajo. Como señalaba Horkheimer “la
idea de comunidad
nacional (la “Volksgemeinschaft” de los nazis), levantada como objeto de idolatría no podía en última instancia ser
sostenida sino por medio del terror. Esto explica la tendencia del liberalismo a derivar
hacia el fascismo” (4).
La
recomposición estatista (keynesiana) del capitalismo central cuando emergió de
la Segunda Guerra Mundial tuvo una era dorada de apenas un cuarto de siglo (aproximadamente
1945-1970), luego se inició una sucesión de turbulencias que dura hasta el
presente.
Más
adelante desde los años 1980 apareció lo que los medios de comunicación anunciaban
como recomposición neoliberal del sistema, sin embargo los datos duros demuestran que más allá del
barullo mediático optimista se producía un deterioro sistémico que se
profundizaba con el correr de los años, las tasas de crecimiento productivo
global, principalmente en los países centrales, se fueron reduciendo como tendencia
de largo plazo, la economía mundial se fue financierizando hasta que hacia fines
de la primera década del siglo XXI la masa financiera global equivalía a veinte
veces
el
Producto Bruto Mundial, los estados, las empresas y los consumidores de las
naciones ricas se endeudaban vertiginosamente hasta quedar aplastados por las
deudas.
Esta
larga degradación tiene todas las características de una decadencia, lenta si la medimos según
los ritmos del siglo XX, se trata de una trayectoria de aproximadamente cuatro
décadas cuyo despegue puede ser situado en el período 1968-1973/74. A partir de
allí la expansión del capitalismo global se combina con el deterioro de sus
componentes fundamentales que van siendo cubiertas por el parasitismo
financiero y consumista, una militarización desestructurante y donde la
dinámica tecnológica está en el centro de una
depredación
sin precedentes de los recursos naturales. El recorrido no alcanza un punto de regeneración sino todo
lo contrario, hacia los años 2007-2008-2009 se produce un verdadero salto cualitativo y la decadencia se
radicaliza convirtiéndose en un fenómeno de autodestrucción.
Decadencia
general del sistema y no crisis larga ni de crecimiento como lo ocurrido en Europa en el siglo XVII y entre fines del siglo
XVIII y comienzos del siglo XIX, tampoco aparecen como en el período 1914-1945
expresiones de declinación mezcladas con otras de recomposición marcadas por la
declinación de Europa centro-occidental y el ascenso de los Estados Unidos.
Respecto
a esto último es necesario señalar que desde el punto de vista de la dinámica del
capitalismo mundial la China de comienzos del siglo XXI no es el equivalente de
los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX. La economía china es
periférica respecto de las potencias centrales, su desarrollo depende de su
estructura industrial-exportadora atada a sus principales clientes: los Estados
Unidos, la Unión Europea y Japón compradores del grueso de sus exportaciones
que constituyen aproximadamente la mitad de su producción industrial y en
consecuencia cerca del 25 % de su Producto Bruto Interno.
Lo
hace a partir de su mano de obra barata lo que permite a esas potencias
sobreexplotar de manera directa e indirecta a unos 230 millones de obreros
industriales y a un abanico aún más extendido de trabajadores chinos. Acumula mas
de 3,5 billones (millones de millones) de dólares de reservas, montaña de papeles
de valor futuro incierto, el endeudamiento estatal y empresario crece vertiginosamente
y su economía está plenamente integrada a la maraña financiera global que impacta
en su interior generando burbujas especulativas, distorsiones inflacionarias,
corrupción institucional (5).
Su
desinfle actual acorde con el estancamiento de los centros imperiales es
inevitable y las tentativas de las autoridades por suavizarlo, contenerlo
dentro de límites manejables choca cada vez más con una configuración social
elitista que bloquea la expansión del mercado interno. A esto se agrega la
rigidez de estructuras industriales transnacionalizadas, incorporadas a redes
comerciales y financieras globales, tecnológicamente modeladas por la demanda
de los países ricos cuya reconversión hacia la demanda local constituye una
suerte de cuadratura del círculo.
Mientras
tanto China ha salido de la existencia marginal y miserable a la que la había condenado
la decadencia del viejo imperio y la colonización occidental y hoy dispone de un
potencial industrial, científico-tecnológico, militar, etc. (producto de los
procesos de desarrollo iniciado hace algo más de seis décadas) que la convierte
en un protagonista decisivo de las futuras turbulencias internacionales.
La
visión de una China “más desarrollada” puede ser extendida al conjunto de la periferia, en especial a sus
grandes naciones como India, Brasil o Rusia y a otras de menor talla como
Sudáfrica, Argentina o Venezuela lo que conduce inevitablemente hacia el campo de
las ilusiones en torno de la renovación del capitalismo global a partir de la
periferia, de su despegue positivo respecto de la decadencia occidental (y
japonesa). Pero los datos sobre China, India, Brasil, Rusia, etc., muestran la
integración de esas economías a la red financiera global centrada en los
espacios especulativos de Occidente y si bien es cierto que las economías
periféricas emergentes siguen creciendo no es menos cierto que su crecimiento
se va desinflando, lo hace con un desfasaje temporal que se ha venido sosteniendo
durante el último lustro pero que podría ser corregido próximamente de manera
abrupta.
Aunque
esta aclaración debe ser asociada al hecho de que sobre todo durante la última década
se ha producido un cambio significativo en la geografía económica mundial donde
ahora una parte significativa de la periferia presenta niveles relativos de
desarrollo industrial, militar, urbano, etc. que la hacen menos sometida a la
jerarquía global tradicional del capitalismo, más independiente desde el punto
de vista político. Medido a “paridad
de poder de compra” la suma de los PBI de tres países periféricos
Brasil, India y China es hoy equivalente a la de las grandes economías occidentales
(Inglaterra, Francia, Canadá, Italia, Alemania y los Estados Unidos) y el comercio
entre los países del Sur es ya casi igual al que existe entre los países del
Norte.
La
agravación futura del deterioro del capitalismo global abre por consiguiente importantes
espacios de autonomía en la periferia que cuenta ahora con bases productivas y
culturales que le podrían permitir atravesar con mayor facilidad las barreras burguesas
y defenderse de eventuales agresiones externas.
Pensemos
por ejemplo en la ola de movimientos sociales y los crecimientos productivos de
América Latina en la última década, en China pasando de 50 millones a 230
millones de obreros industriales en un cuarto de siglo, en una periferia donde
la comunicaciones se han expandido exponencialmente: la masificación de
internet era a comienzos de la década pasada una marca distintiva de los países
centrales pero actualmente en la periferia los usuarios de internet superan las
1500 millones de personas contra poco más de 600 millones en los países
centrales.
Esto
nos lleva al primer indicador de la decadencia global: la declinación sin
remplazo a la vista del centro dominante (occidental) del sistema. La integración
(política, militar, financiera, etc.) de las grandes potencias capitalistas en
torno de los Estados Unidos conformó una suerte de imperialismo colectivo que solo
una grado muy avanzado de la decadencia podría llegar a deshacer y por otra
parte ninguna de las economías importantes de la periferia está en condiciones de
convertirse en superpotencia imperialista planetaria. Queda planteada la
posibilidad teórica de un capitalismo mundial sin centro imperialista, es decir
sin un amo capaz de imponer reglas de juego al conjunto del sistema ante lo
cual las mismas serían el resultado de una suerte de idílica armonía universal.
De ese modo una formación social esencialmente autoritaria conseguiría funcionar
de manera democrática en el plano internacional estableciendo reglas de juego mínimamente
estables: un verdadero milagro histórico. La otra alternativa sería la del funcionamiento
del sistema sin reglas de juego estables reproduciéndose positivamente en medio
del caos: un milagro histórico aún mayor.
A
este indicador decisivo es posible agregar otros como la tendencia (desde los
años 1970 hasta el presente) a la desaceleración del crecimiento global, la
hipertrofia (hegemónica) de las redes financieras cuya expansión ha ingresado
en el nivel de metástasis invadiendo-degradando a la totalidad del sistema
global, la evidencia de rendimientos productivos decrecientes de la revolución
tecnológica que sometida a la dinámica del capitalismo parasitario se va
convirtiendo en un factor de destrucción neta de fuerzas productivas, el
estancamiento o declinación en la extracción de recursos naturales
no
renovables decisivos (por ejemplo el petróleo), la decadencia del estado burgués,
su transformación en los países centrales en un aparato manipulado por bandas
mafiosas, la desintegración social en el centro, principalmente en los Estados
Unidos.
La
distintas “crisis” de las últimas cuatro décadas quedan entonces inscriptas en
un proceso de decadencia sistémica de larga duración. La última crisis abierta
en 2007-2008 inauguró una etapa donde la decadencia experimenta un gigantesco
salto cualitativo, la tendencia iniciada en los años 1970 a la reducción de la
tasas de crecimiento económico global comienza a tocar piso: el fatídico
crecimiento cero al que ya ha llegado la Unión Europea, Japón lo ha atravesado
y ahora navega en la recesión y los Estados Unidos agota sus últimas artimañas
financieras, las reactivaciones son cada vez más costosas y
menos
eficaces.
Los
países centrales ya se encuentran recorriendo una nueva etapa donde la
desocupación
a gran escala, la concentración acelerada de ingresos y el
desmantelamiento
de tejidos productivos pasan a ser aspectos “normales”
de su vida económica y donde las discursos acerca
de una futura recomposición han periodo toda credibilidad. Lo que parecía ser
una bravuconada de especialistas cuando el banco francés Natixis anunciaba en
agosto de 2012 que “la crisis en la zona euro puede durar hasta veinte años” aparece hoy como un pronóstico relativamente realista (6). Lo que no
parece realista es suponer que la “zona
euro” podría sobrevivir como espacio monetario común durante
dos décadas de contracción económica permanente, salvo que la referencia
futurista a la “zona euro” se limite al espacio geográfico.
Es
necesario ir más allá de la economía integrándola a la totalidad social lo que
nos permite describir estrategias, interacciones perversas entre estructuras
militares, financieras, mediáticas, religiosas, parlamentarias, etc. de las
potencias centrales, es decir mecanismos de reproducción del sistema cuyos manipuladores
se sumergen en el pantano de la desesperación, de la psicología del náufrago
sin esperanza. El capitalismo global bloqueado desde el punto de vista económico
elabora y pone en ejecución estrategias político-militares de rapiña periférica
destinadas a apropiarse y explotar intensamente hasta el agotamiento al
conjunto de recursos naturales del planeta y exprimir hasta su extinción los
mercados periféricos compensando así la reducción de los beneficios productivos
y de los mercados internos centrales. Apuntando contra la mayor parte del
territorio global y una población de varios miles de millones de personas que
lo habitan, dicha estrategia amenaza provocar el mayor desastre humano y
ambiental de la historia.
Se
trataría de la liquidación de la periferia devorada en unas pocas décadas, pero
la historia del capitalismo desde sus orígenes es la de la articulación
imperialista entre centro y periferia, esta última como base esencial en la reproducción
ampliada de la civilización burguesa, su destrucción integral equivaldría a la
anulación de un pilar decisivo del sistema. Más aún, si visualizamos al
“centro” y a la “periferia” como formas específicas de la totalidad mundial
capitalista (no hay desarrollo en el centro sin subdesarrollo en la periferia)
la anulación del suburbio global, su transformación en un caos no es el
aplastamiento de una realidad externa sino de un espacio inferior interno estrechamente interrelacionado con los niveles superiores del sistema
global a través de un conjunto de redes visibles e invisibles, de infinitas
interpenetraciones, la destrucción de la periferia es autodestrucción del mundo
burgués, de su historia, de subsistemas decisivos para su reproducción.
La
destrucción de Irak, Afganistan, Libia, Siria, México y de las próximas
víctimas puede llegar a ser pensada por los miembros más duros de las élites
imperiales como una autodestrucción parcial, sacrifico necesario para la
supervivencia del sistema, en ese caso nos encontramos ante un pensamiento
delirante, una profunda crisis de percepción de la realidad escindida artificialmente
entre dos planetas: el propio, humano, desarrollado, y el otro, simiesco, inferior,
subdesarrollado, condenado a perecer. Pero las estrategias imperiales no se
limitan a circular por el mundo imaginario, golpean al mundo real y al hacerlo
desestructuran al sistema en su totalidad: la destrucción de la periferia se convierte
en autodestrucción del capitalismo como totalidad universal.
Los orígenes: del parasitismo al capitalismo industrial.
Occidente
inició su carrera imperial con una primera arremetida que terminó en fracaso.
Al despertar el segundo milenio se produjeron paralelamente fenómenos cuya
interacción creó las bases para una gran transformación social. Las cruzadas
fueron el primer intento serio, a gran escala de ocupación y saqueo colonial de
un espacio externo rico y su largo desarrollo engendró cambios y ampliaciones
significativas de las actividades militares. Por otra parte redes de mercaderes
y banqueros comenzaron a desplegarse implantando embriones de capitalismo.
En
la misma época impulsado por un sector “modernizador” de la Iglesia, los monjes cistercienses, se desarrolló un conjunto
de innovaciones técnicas calificado por algunos historiadores como “primera revolución industrial” causando
transformaciones de la producción agrícola en espacios limitados de Europa occidental
(introducción del molino hidráulico, del arado de metal, difusión de mejoras de
semillas, etc.). También se dieron importantes pasos estableciendo elementos
embrionarios para futuros desarrollos de la ciencia moderna uno de cuyos
capítulos decisivos fue la desacralización de la
“naturaleza”,
su percepción como realidad externa, hostil pero que podía ser
racionalizada,
controlada, explotada, base de las grandes revoluciones tecnológicas del capitalismo...
y del desastre ambiental que ahora conocemos (7).
Nos
encontramos así ante el despliegue de una gran transformación cultural apoyada
en el militarismo colonial y en emergencias comerciales y financieras,
engendrando desarrollos técnico-productivos, ideológicos, etc. El ascenso del
parasitismo colonial, militar, comercial y financiero comenzaba a producir
modernidad burguesa.
Pero
las cruzadas fueron derrotadas, la expansión colonial hacia el rico Medio
Oriente fue contrarrestada por la resistencia de las víctimas frustrando el
saqueo, por otra parte los esfuerzos y éxitos iniciales de los saqueadores
había desordenado a su retaguardia: la cristiandad
occidental (el espacio imperialista). La combinación
de esos procesos generó en Occidente un retroceso productivo general, luchas
intestinas, el deterioro del sistema
alimentario
y del estado de salud de la población. Todo eso culminó hacia mediados del siglo
XIV con la “peste negra”, epidemia que se expandió fácilmente en una sociedad frágil
atravesada por hambrunas y causó un gigantesco derrumbe demográfico.
Ese
mega desastre significó la sepultura del feudalismo que venía siendo
desestabilizado por su expansión interna y externa. Ello incluyó a su sistema
militar, el año 1348 es el del inicio de la peste
negra pero en 1346 se produjo la batalla de Crecy donde
la caballería francesa con sus imponentes y pesadas armaduras, fuerza blindada
aparentemente invencible, fue derrotada por la infantería inglesa marcando el
ocaso de la vieja configuración social.
Pero
la segunda arremetida colonial fue exitosa, la sucesión de olas de pillaje y
control de la periferia iniciada en el siglo XV culminó casi quinientos años
después con la dominación total del planeta. Los pilares sobre los que se instaló
la modernidad fueron en primer lugar la depredación periférica que potenció la
expansión comercial y financiera y apoyado por esta última el desarrollo de las
estructuras militares, su renovación técnica, parte esencial del desarrollo de
estados despóticos. Fue ese complejo colonial, estatal, militar, comercial y
financiero el padre de la modernidad burguesa, acumulando riquezas, destruyendo
estructuras sociales internas y creando mercados prósperos, acaparando tierras,
expulsando campesinos hacia las ciudades, formando desde fines del siglo XVIII masas
de pobres urbanos mano de obra barata del capitalismo industrial.
Históricamente no fue el capitalismo productivo (y la cultura burguesa en
general) la cuna del estado moderno, del militarismo y de las finanzas sino
exactamente al revés.
Con
toda razón Robert Kurz se refería a “los
orígenes destructivos del capitalismo” colocando
al desarrollo militar como disparador de la modernidad (9). El “Arsenal de Venecia” fábrica militar avanzada
del siglo XVI sin cuya existencia es imposible explicar el resultado de la
batalla de Lepanto, es decir la victoria estratégica de Occidente sobre el
Imperio Otomano, fue una de las escuelas más importantes de organización industrial,
sus innovaciones en materia de división y programación del trabajo sentaron las
bases de la producción capitalista.
Pero
junto al señor de la guerra, a la monarquía despótica, se encontraba al
banquero a su vez ligado a negocios comerciales, por ejemplo la Casa Fugger facilitando
fondos al emperador Carlos I y su descendiente Felipe II titulares de un
extendido sistema colonial.
La
revolución industrial llegará más de dos siglos después parada sobre un enorme surplús histórico (10) que
no solo fue acumulación de riquezas coloniales sino también disciplinamiento
social por parte del estado y su dispositivo militar.
Esta
vez el parasitismo pudo parir capitalismo con tanto éxito que consiguió ocultar
la memoria de sus orígenes y de ese modo instalar trampas ideológicas
destinadas no solo a construir legitimidad productivista sino también para confundir
tanto a sus partidarios como a sus enemigos.
Uróboros.
El
mito de uróboros, de la serpiente que se devora a si misma atraviesa varias
civilizaciones
desde la Grecia clásica hasta el Antiguo Egipto llegando al Occidente medieval,
se funda en la ilusión conservadora de que la serpiente empieza devorando su cola
y al hacerlo va regenerando su propio cuerpo en un juego infinito donde el comienzo
es a la vez fin y viceversa consumándose el eterno retorno, la inmortalidad del
mundo. El mito parecería encontrar una referencia concreta en casos observables
de ese animal alimentándose y suicidándose al mismo tiempo, el espectáculo es
aterrador.
La
confrontación entre el mito y su referencia real sugiere la reflexión en torno
de lo que podría ser calificado como “trampa
de uróboros”: la civilización burguesa al igual que otras civilizaciones
anteriores en decadencia considera que al devorar su parte más lejana, menos
próxima a la cabeza imperial recupera fuerzas y dinamiza su funcionamiento. No experimenta
ninguna sensación de horror, no se angustia sino todo lo contrario, provisoriamente
se siente mejor, mejora su autoestima fundada en el aplastamiento y pillaje de
los débiles. Para que se ponga en marcha y avance el proceso de suicidio es necesario
que el suicida realice una suerte de ruptura psicológica con la parte de su cuerpo
que está siendo sacrificada. La cola deja de ser cola o tal vez pasa a ser la
cola de otro animal, la periferia deja de ser periferia del sistema y se
convierte en otro universo, sus habitantes dejan de ser seres humanos. La
realidad se aparta de la cabeza, la crisis de percepción se convierte de locura
suicida.
El
fenómeno tiene antecedentes en la historia del sistema, en sus mecanismos de reproducción
desde sus orígenes más lejanos atravesando sus etapas más prósperas. Dicho de
otra manera debajo de las revoluciones culturales y productivas de la modernidad,
del progreso en su sentido más amplio podemos encontrar pistas que nos conducen al
actual proceso de autodestrucción sistémica global. La disociación hombre-naturaleza
fundamento de las revoluciones técnicas de la modernidad convirtiéndose
finalmente en degradación ambiental planetaria, la explotación imperialista de
la periferia, interacción desarrollo-subdesarrollo como motor histórico de la
expansión global de fuerzas productivas tendiendo ahora al exterminio de
sociedades y recursos naturales, las finanzas impulsoras de mercados e
inversiones industriales transformándose en devoradora de tejidos productivos y
capacidades de consumo, etc.
El
mito de uróboros se expresó en la tradición europea-nórdica como Jörmungander una gigantesca
serpiente cuyo crecimiento, en una de las versiones del tema, la lleva a rodear
completamente al planeta hasta llegar a su propia cola iniciándose la autofagia
presentada como el resultado inevitable del éxito del proceso expansivo que
encuentra el límite superior, el máximo nivel de expansión no como frontera
externa al monstruo sino como autobloqueo. La solución a la tragedia no pasa
por persuadir a la serpiente completamente decidida a seguir el rumbo elegido
inscripto en su dinámica de desarrollo sino en la metamorfosis, la
transformación radical de la bestia en un ser diferente. No hay otro
capitalismo posible lo que abre la perspectiva del postcapitalismo, instala dramáticamente
su necesidad histórica.
------------------------------------------------------
(1),
Robert Kaplan, “El retorno de la Antigüedad”, Ediciones B, Barcelona, 2002.
(2),
Juvenal, Satiras, Editorial Gredos, Madrid, 1991, Satira VI.
(3),
Angelo Tasca, “El nacimiento del fascismo”, pp. 152-153, Crítica, Barcelona,
2000.
(4), Max
Horkheimer, “Éclipse de la Raison”, pp. 29-30, Payot, París, 1974.
(5),
Los datos estadísticos aquí señalados se apoyan en cifras de los años 2011 y
2012.
(6), Natixis, “The euro-zone crisis may last 20 years”, Flash
Economics-Economic Research, August 16th
2012
- No. 534
(7),
Jean Gimpel, “La révolution industrielle du Moyen Age”, Éditions du Seuil,
Paris, 1975.
(8),
La batalla de Crecy constituyó un acontecimiento decisivo pero no había sido el
primero de la serie, en 1302 las milicias populares de Courtrai (Belgica) había
derrotado a pié con picas y lanzas a la caballería feudal del Conde de Artois.
La Caballería feudal se fue desmoronando gradualmente golpeada por una realidad
social en transformación, hacia 1415 la batalla de Agincourt donde nuevamente
la caballería francesa es aniquilada por la infantería inglesa cierra
definitivamente el ciclo militar del feudalismo. El proceso se desarrolló a lo
largo del espacio europeo durante algo más de un siglo, por ejemplo la
infantería suiza derrotó a golpes de hacha (una alabarda de más de dos metros
de longitud) a la caballería austríaca en Morgarten (1315), Laupen (1339),
Sempach (1386).
(9),
Robert Kurz, “Los orígenes destructivos del capitalismo”, 1997,
http://www.oocities.org/pimientanegra2000/kurz_origen_destructivo_capitalismo.htm
(10), Anouar Abdel Malek, “Political Islam”, Socialism in the World,
Number 2, Beograd 1978.
6 de mayo de 2013
DIVERGENCIAS EN "EL PARAISO": PELEA POR LOS RESTOS DEL 15M
NOTA DEL EDITOR DE
ESTE BLOG:
Los textos y posiciones enfrentadas que les presento a
continuación no son sino la evidencia de que el proceso de descomposición del
15M, más allá de lo que este hoy dividido movimiento logre reunir en una falsa
escenificación de unidad los días 10, 11 y 12 de Mayo, se ha acelerado.
El debate
ahora es si sólo calle y compulsiva agitación de manitas gandhianas u operación
hacia la institucionalidad política –concurrencia electoral-, después de haber
gritado en las plazas aquello de “el próximo parado que sea un diputado” o “que
no, que no, que no nos representan, que no”, sin distinguir colores, ni
posiciones, ni siglas, ni partidos.
El zafio oportunismo de una gran parte de quienes negaron no
esta o aquella representación, con lo de “PSOE y PP la misma mierda es” o acuñaron
el término de “PPSOE”, mientras una parte de quienes agitaban el 15M, IU, se
aprestó a gobernar con el PSOE en Andalucía, ahora busca la redefinición de un
movimiento que jamás tuvo proyecto, porque el narcisismo autorreferencial y
autosatisfecho de matriz ultrarreformista era todo su proyecto, en una
operación electoral que buscará la “democracia real” de cambiar una democracia
gravemente jibarizada por otra líquida, sólo institucional, cuatro ILPs, dos
referendos y mucha cibervotación. Eso sí, le añadirán el asunto de alguna
nacionalización de bancos y de una pizca de sectores estratégicos y dirán que
eso “democracia económica” u “otro sistema económico más democrático y
participativo” porque la idea de luchar por el socialismo a esta gente le
produce urticaria. Al fin y al cabo su referente, ahora globo pinchado del que todos
ellos renegarán porque fracasó, no porque fuera un camelo de clases medias, que
renegaban de un cambio profundo en la base económica de la sociedad y en las
relaciones sociales de producción, de la “revolución –inexistente- islandesa”
es un reclamo que ya no pueden utilizar pero su reformismo de chichinabo
fracasará porque en esta crisis del capitalismo el poder no se gana con cambiar
las caras de los gobernantes sino que se toma porque el poder nunca fue de los
gobiernos, y ahora menos, sino de las grandes estructuras empresariales del
capital. Acabarían siendo por ese camino, de vencer en unas elecciones, otro
fracaso anunciado a lo Hollande. Del mismo modo que la asambleitis por única
bandera y la visión libertaria del conflicto, una opción divergente de la
operación electoral de parte del 15M, ha acabado por crear un populismo
antipolítico que está dando lugar al grillismo, aún sin un beppe español (todo
llegará) pero cuyo único objetivo es un “no a todo”, sin alternativa y que,
finalmente acabará siendo desmovilizador, para terminar por franquearle el
paso, ante la evidencia de su inutilidad, a “soluciones políticas” que tuvieron
su éxito en los años 30 del pasado y que ya apuntan con fuerza en Grecia y en otros
países de Europa.
No, no es lo mismo el PSOE, que el PP, como tristemente está
demostrando el PP. Y, por supuesto, no es lo mismo IU y sus adláteres por la
izquierda, que el social-liberal y ya casi muerto PSOE pero las Syrizas, en el
mejor de los casos, sólo sirven para ganar, o perder, tiempo, no para construir
una opción de derribo del capitalismo. Para eso hace falta un partido comunista
y una bandera revolucionaria y los sucedáneos de tal que hoy se reclaman tal no
son sino sombras de autoproclamadas vanguardias que sólo pretenden mantener su espacio, sin la
generosidad necesaria para edificar una polifonía de voces comunistas plurales
pero unidas.
De lo que está pasando algunos avisamos desde el primer día,
a pesar de que el globo del 15M estuviera mediáticamente hinchado, como toda
disidencia controlada, por la prensa vocera del capital y sus versiones
pseudoprogres y por las páginas de una supuesta “izquierda alternativa” que de
lo segundo tiene muy poco y de lo primero cada vez se reconoce menos tanto la
música como la letra.
Luego vinieron las mareas, en las que el sindicalismo reformista
y el pretendido alternativo se negaron a ejercer un liderazgo de clase –lo de
ellos es la ciudadanía-, dejando que las mareas, de escasa formación política y
gran antipoliticismo y antipartidismo, fueran construyendo su mensaje de
negación de la vanguardia revolucionaria y de confusión ideológica en una
macedonía de voces e ideas que serán pronto inútiles para parar la oleada
fascio-liberal.
Y a éstas se les ha sumado la idea de los diversos procesos
constituyentes: el de IU y compadres, agotado en un “republicanismo aséptico”,
sin anclaje en aspiraciones en defensa de los intereses de la clase
trabajadora, y el tapado de Bildu y sectores de la “izquierda independentista
catalana”, mediante sus delegaciones de Izquierda Castellana y algún otro grupo
menor. Es la versión de una parte de los asaltacongresos, que gritan mucho,
hacen discursos aparentemente incendiarios, llenándose la boca de pueblo
(ciudadanismo), obviando un diseño de clase y con decreciente ruido y nueces. Para los independentistas que mueven en la
distancia a sus mariachis el objetivo no es otro que crearle problemas al
Estado centralista sin pretensión alguna de cambiar el mundo de base. Pero se
envolverán en una aparente radicalidad que no dejará fruto alguno porque su
intención no es fructificar sino una táctica diversiva que avive un fuego sin
llama ni combustible.
Este escenario de proyectos múltiples y cada vez más
divergentes, con frecuencia abiertamente enfrentados, parirá ratoncitos cada
vez más pequeños, dejará una ascendente frustración entre quienes se desencantan
de aquella ilusión de los primeros días y hoy dicen “no es eso”, y una
posterior desmovilización, justo cuando más necesario era incrementarla.
Continuarán los discursos ciudadanistas, interclasistas, la
ambivalencia antiinstitucionalidad- reinstitucionalización gattopardiana, el
reformismo agotado en la crítica al político y a los bancos, sin más globalidad
ni radicalidad transformadora y profunda, mientras no surja el sujeto político
que plantee la pelea en términos absolutamente distintos. Pero el tren irá ya
parándose en la inercia de un movimiento desacelerado. Y esto no es lo grave,
sería bueno si ello significara la apertura de un nuevo tiempo de lucha y
transformación real, pero la realidad es que la práctica de tierra quemada que
estos “indignados” dejan hará aún más difícil, si es que se logra, que las
banderas rojas vuelvan a izarse.
Sin más, les dejo con algunos textos que nos hablan de cómo
anda esa jaula de grillos que un día se llamó 15M:
DENUNCIAMOS LA
ESTRATEGIA DE IZQUIERDA UNIDA DE FAGOCITACIÓN DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES
Tomalaplaza. Acampadasol
“…tenemos que seguir
impulsando el conflicto social y la movilización a la vez que facilitamos los
cauces que nos conduzcan a crear un espacio común en el que elaborar el
proyecto que nos permita tomar el poder institucional y su soporte de
contrapoder popular.”
La cita incluida como entrada está extraída literalmente de
la propuesta de estrategia sobre movimientos sociales que dirige a la ejecutiva
de Izquierda Unida uno de sus integrantes. En ella se detalla la estrategia de
fagocitación que debe seguirse para absorber los movimientos sociales en su
ámbito -prácticamente no dejan ninguno fuera- y, como la propia cita menciona
“tomar el contrapoder popular”, o dicho de otra forma, tomar los colectivos
sociales y las asambleas populares. Desgraciadamente, tenemos constancia que
esta estrategia ya se está llevando a cabo en colectivos que promueven
iniciativas que Izquierda Unida considera significativas, para sacar así los
réditos electorales que busca.
Consideramos que esta estrategia persigue un doble objetivo.
En primer lugar, pretende desnaturalizar y desmotivar otra vías de
participación políticas distintas del voto periódico institucional, mostrando
la impresión errónea de que votarles supondrá la solución integral de nuestros
problemas, y eliminando toda “injerencia” popular. Como segunda función, se
trata de edulcorar, neutralizar y deslegitimar (1) las iniciativas que se
vienen realizando por estos colectivos autónomos desde hace tiempo mediante la
deliberación y el consenso, iniciativas que un partido jamás podría llevar a
cabo, y con esa falsa apariencia de impulsarlas, sólo pretende acrecentar el
conflicto para lograr el cambio de gobierno y con ello la impunidad acerca de
su participación en el saqueo (2) y su dependencia del poder económico.
Desde el respeto a sus militantes, exigimos a Izquierda
Unida, y a cualquier otra formación parlamentaria, respeto por los movimientos
sociales. Si su deseo de pedir la colaboración de estos movimientos emanados
desde abajo como las asambleas populares en el Gobierno es sincero, no es esta
la forma de hacerlo, sino desde el respeto y sin injerencias, menos aún
mediante absorciones o fagocitaciones (3). Los colectivos autónomos que desde
una absoluta libertad y diversidad formamos la intrincada red social popular no
tenemos deseo alguno de acceder al poder institucional, sino que deseamos
participar desde fuera del mismo, en muchos casos, denunciando sus carencias o
imposiciones, regulándolo, controlándolo, ignorándolo o combatiéndolo,
cambiándolo radicalmente, ayudando a quienes excluye o reprime, hasta un
etcétera inclasificable. Por su parte, IU es un partido político que desea
acceder a ese poder institucional tal cual se encuentra, a través de la colecta
de votos, son dos formas de lucha muy diferentes. Dejarlo todo en manos de la
lucha parlamentaria de IU -que como vemos quiere fagocitar al resto bajo la
apariencia de una unión ni acertada ni necesaria para esa lucha- es un error
que no podemos cometer.
No construiremos un mundo nuevo sobre los tejados del viejo,
tendremos que acceder a sus mismos cimientos. Las estructuras verticales que
Izquierda Unida, y todo el poder parlamentario, representan, defienden y no van
a modificar, son incompatibles con la participación horizontal que promovemos.
Desde este grupo de trabajo queremos ofrecer todo nuestro apoyo y solidaridad a
los colectivos que van a sufrir y ya sufren esta estrategia, exigiendo a las
formaciones parlamentarias que se acerquen a ellos con respeto por su trabajo,
sus estructuras y funcionamiento, y si no es el caso como ahora les invitamos a
rechazarlo con toda su fuerza. Todo encuentro o “espacio común” pasa por estas
premisas, ser un espacio abierto no dirigido ni instrumentalizado, sin ir más
lejos como la plaza de los movimientos sociales del 18 de mayo, por ejemplo.
Todo el poder a las asambleas, no nos representan.
INDIGNADOS DEL 15M
DEBATEN CREAR UN FRENTE DE IZQUIERDAS PARA IR A LAS ELECCIONES
Kaosenlared.
Estudiar esta posibilidad y debatir sobre su viabilidad es
precisamente el objetivo del grupo de trabajo que un grupo de personas ligadas
al entorno del 15-M han creado bajo el nombre 'Confluencia'.
Agencias
"La idea es
impulsar las diferentes iniciativas que están saliendo para crear un frente
amplio de progreso que pudiera presentarse a las elecciones con un programa
básico e impulsar una transformación social, siempre subordinándose a la
participación ciudadana y a la opinión del pueblo", ha asegurado Hernández.
Tal y como ha confirmado este abogado, en este proceso
colaboran, además de activistas de colectivos como Juventud Sin Futuro, la
plataforma Democracia Real Ya, 'Constituyentes' o las asambleas surgidas del
15-M, integrantes de Izquierda Unida y otros partidos de izquierda, pues el
objetivo sería crear un "frente amplio" capaz de hacerse "con el
poder".
En este sentido, Hernández ha explicado que los partidarios
de esta evolución, ante la que el 15-M siempre se había mostrado reacio desde su
origen hace dos años, son conscientes de que además de la movilización
ciudadana, es necesario dar un paso más y entrar en las instituciones para
conseguir cambiar las cosas.
"Hay que cambiar
el sistema desde las dos vías. El que se hable de participación institucional,
algo que es ser realista, no significa que dejar de haber una presencia
permanente de la ciudadanía en las diferentes luchas", ha aclarado. "Debe haber un elemento más, que no es
antagónico a estar en la calle", ha insistido.
La Asociación Democracia Real Ya, escisión de la plataforma
con el mismo nombre citada anteriormente, que decidió constituirse como
asociación, también está estudiando la posibilidad de crear un frente
electoral.
Así lo ha confirmado su presidente, Pablo Erlantz, quien ha
reconocido en declaraciones a Europa Press que "hay gente dentro de la asociación que cree que esa vía hay que
contemplarla ya", y que un buen momento para ponerla en marcha serían
las próximas elecciones municipales, teniendo en cuenta el éxito cosechado por
Beppe Grillo y su Movimiento Cinco Estrellas en las municipales italianas antes
de presentarse a las legislativas.
"Se está hablando
de esta posibilidad", ha insistido Erlantz, para matizar, no obstante,
que “el objetivo no sería presentarse a
las elecciones en sí sino tratar de cambiar el sistema". "No queremos ser un partido político al
uso. Sólo lo haremos si podemos cambiar las cosas", ha asegurado.
En este sentido, ha aclarado que son conscientes de que
presentarse a las elecciones y entrar en las instituciones supondría "legitimar las reglas del juego"
que consideran injustas, como por ejemplo la ley electoral, aunque ha admitido
que cada vez son más las voces partidarias de la necesidad de cambiar el
sistema desde dentro.
Asimismo, ha explicado que el objetivo, en el caso de que
finalmente los socios de Democracia Real Ya acepten la idea, sería crear un
frente amplio que represente los intereses de la ciudadanía y en el que se
integrarían todos aquellos colectivos favorables a este cambio.
INFORMACIÓN
COMPLEMENTARIA:
ACTIVISTAS DEL 15-M Y
PARTIDOS DE IZQUIERDA PLANEAN IMPULSAR UN FRENTE ELECTORAL
Miembros de IU, Izquierda Anticapitalista, Democracia Real
Ya o asambleas de barrios llevan meses celebrando reuniones en las que estudian
la posibilidad de crear una plataforma para concurrir a las elecciones
El agravamiento de la crisis, aseguran, les lleva a explorar
la vía institucional sin dejar de lado la respuesta en la calle a los recortes
y las políticas "neoliberales" del Gobierno
ELENA HERRERA
Hace casi dos años, cuando la indignación estalló en las
calles y las plazas de ciudades de toda España, lo que acabó por definirse como
15-M era un movimiento de gente desencantada con un sistema político y
económico que, decían, ni les gustaba ni les representaba. Exigían ser
escuchados. Pedían otros políticos y otras políticas. Y denunciaban el mal uso
de las instituciones. Pronto se les instó desde varios frentes a organizarse, a
crear estructuras y a confluir en el "sistema" ante el que se habían
levantado. Pero la mera idea de converger en un partido político creaba
repulsión en los grupos que se crearon al calor de estas protestas.
Las cosas, sin embargo, parecen haber cambiado ahora. Desde
hace unos meses, activistas ligados al 15-M y cargos y militantes de
formaciones como Izquierda Unida e Izquierda Anticapitalista mantienen
reuniones con el objetivo de impulsar una plataforma electoral. Aunque la idea
es incipiente, sí evidencia un cambio de postura. A estos encuentros,
impulsados principalmente por personas que están o han estado vinculadas a IU,
han asistido además de los citados y siempre a título personal y nunca en
representación de sus colectivos, miembros de Juventud Sin Futuro, Democracia
Real Ya (DRY), el Frente Cívico de Julio Anguita, la plataforma Construyendo la
izquierda –más cercana al PSOE– o participantes de las asambleas de barrio que
surgieron cuando los tentáculos del 15-M comenzaron a expandirse más allá de la
Puerta del Sol. La formación ecosocialista Equo también fue convocada, pero
declinó la invitación al considerar que la propuesta es parte de una estrategia
de IU para acercarse a los movimientos sociales.
De hecho, en un comunicado hecho público este miércoles, el
grupo de trabajo de Política que surgió de la acampada de Sol, denuncia una
"estrategia" de IU de "fagocitación
de los movimientos sociales". "Las
estructuras verticales que Izquierda Unida, y todo el poder parlamentario,
representan, defienden y no van a modificar, son incompatibles con la
participación horizontal que promovemos", señalan.
Explorar nuevas
opciones
Todas las personas consultadas para la elaboración de este
reportaje coinciden en que en la órbita de los movimientos surgidos tras el
15-M sí hay más disposición a apostar por la vía institucional sin dejar de
lado la respuesta en la calle a la crisis y la forma en que el Gobierno insiste
en atajarla. La posibilidad de concurrir a las elecciones bajo una nueva marca
ya no es algo que se repudie. De hecho, aseguran que estos encuentros no son ni
muchos menos los únicos y que hay fraguándose otras iniciativas similares.
Aunque el foco está en Madrid, existen movimientos en otras ciudades.
Está previsto que esta iniciativa, que todavía no tiene
nombre, tome una forma más definida en junio, cuando está previsto que se
celebren unas jornadas a las que asistirán los colectivos que vienen
reuniéndose de forma periódica en los últimos meses.
"Hay sectores
vinculados al 15-M, como los grupos libertarios, que ni lo ven ni lo van a ver.
Pero algunos sí pensamos que hay que pelear la opción institucional. Hay que
converger porque si no, nos despellejan", señala Chema Ruiz, activista
antidesahucios y responsable de movimientos sociales de IU. "A la
presencia permanente en la calle es necesario apostar por el control del poder
político y ahí el electoral es un ámbito a explorar", analiza Ramón
Hernández, abogado. Junto a una decena de personas, Hernández ha puesto en
marcha Confluencia, un grupo de trabajo encaminado a "crear espacios de convergencia" entre movimientos
sociales y a su vez de estos con la ciudadanía y a avanzar hacia un frente que
agrupe a la "disidencia antineoliberal en torno a un programa común".
Kike Castelló, activista de DRY, también observa este
viraje. "Existe la sensación de que
hay que explorar todas las opciones. Llevamos dos años haciendo política en la
plazas, ¿por qué no hacerlo en las instituciones?", se pregunta. "Viendo lo mal que lo está haciendo el
Gobierno da la sensación de que cualquiera podría gestionar mejor",
amplía. No obstante, como colectivo, la parte de DRY que decidió no
transformarse en asociación –hace un año algunos de los miembros de esta
plataforma impulsora del 15-M decidieron separarse para dar una forma jurídica
al colectivo y estudian ahora la posibilidad de presentarse a las elecciones–
reitera su voluntad de no convertirse ni confluir en ningún partido político a
pesar de que algunos de sus miembros sí lo hagan.
Desde Izquierda Anticapitalista, Miguel Urbán, miembro de
esta formación situada a la izquierda de IU, intenta hacer un llamamiento a la
calma. "Es importante que no nos
mediatice el tema electoral. Lo que más tiene que importarnos es converger
juntos, crear espacios de debate". Sin embargo, Urbán cree que la
gente está "ansiosa" por conseguir victorias. "Muchos ven que saliendo a la calle no se cambia nada, que se han
roto las reglas del juego... y ven ejemplos ilusionantes como los de Syriza –la
coalición de izquierdas griega que se consolidó como segunda fuerza política en
el país– o los Gobiernos progresistas de América Latina".
El recorrido que pueda tener esta iniciativa es incierto.
Nadie niega que aglutinar bajo una hipotética candidatura unitaria a colectivos
tan diferentes entre sí es casi una quimera. Sin embargo, la sensación es que
si de estos encuentros surgen "convergencias", puntos de encuentro o
incluso un programa de mínimos, ya se habrá ganado una batalla al inmovilismo. "Un frente común de izquierdas que
pueda optar al poder con propuestas opuestas al neoliberalismo de PP y PSOE no
es una opción tan descabellada", concluye el activista de DRY Kike
Castelló.
DESMONTANDO A LOS
“QUINCEMAYISTAS” DE BEPPE GRILLO
La República
Este sábado 4 de Mayo de 2013 hemos visto como se difundía a
través de las redes sociales y por medio de las agencias de prensa –
principalmente por medios de comunicación ligados a la derecha – una noticia
que anuncia que “El 15-M debate crear un
frente de izquierdas y presentarse a las elecciones al estilo del Movimiento
Cinco Estrellas (M5S) que lidera el cómico Beppe Grillo”. Pues bien, permítanme unas líneas para
desmontar una noticia que no es tal, y tras la cual no puede esconderse ningún
movimiento de izquierdas.
Para empezar la noticia habla del 15M como si hubiese
portavoces en dicho movimiento espontáneo surgido hace un par de años y como si
la cuestión hubiese sido debatida en las plazas(ya que fue ahí donde surgió el
movimiento). Seguramente habrá sido debatida, pero no habrá ido más allá de
alguna tertulia cerrada, algún grupo de Google o de Facebook o en algún
despacho de alguna organización de derechas con ganas de remover un poco las
aguas en la orilla izquierda para ver si pesca algo. Por tanto, eso de que el
15M quiere crear un partido político al menos debería ir acompañado de una
explicación sobre donde se ha tomado esa decisión y quién se ha arrogado la
representatividad de aquel movimiento de masas que hoy no es tal.
En segundo lugar se habla de que en dicho movimiento existen
también miembros de Izquierda Unida y de DRY. De los segundos no lo dudo, y
mucho menos tras el intento por parte de un grupo derechista de apropiarse de
las siglas hace aproximadamente un año. Lo primero es abiertamente falso, ya
que cualquier afiliado a Izquierda Unida tiene como mínimo claro lo que es la
representatividad en los movimientos, y además nunca participaría en la
fundación de un movimiento de derechas. Y digo de derechas siendo benevolente,
porque en Italia el señor Beppe Grillo representa algo que no tiene nada que
ver con los valores de la izquierda: la antipolítica y el racismo.
Y me remito al blog del inspirador de estos presuntos
“quincemayistas”, Beppe Grillo, quien en un artículo publicado hace unos años
decía cosas como estas:”Un país no puede vivir por encima de sus posibilidades.
Un país no puede resolver los problemas de sus ciudadanos con los problemas
causados por las decenas de miles de gitanos en Rumania que llegan a Italia”.
En su blog Grillo rechaza la posibilidad de conceder la
ciudadanía a los hijos de inmigrantes y ha afirmado en alguna ocasión que solo
quiere italianos en el Movimiento Cinco Estrellas. El cómico populista-racista
no ha tenido reparos de acercarse al grupo neofascista Casa Pound, admirador de
Benito Mussolini, y habla de que se acerca el momento en que todos los partidos
desaparecerán.
En definitiva, ahí va un nuevo intento de confundir a los
hastiados y a los desencantados con todo y con todos, el mejor caldo de cultivo
para el populismo de derechas. Por eso, desde la izquierda, desde la clase
trabajadora, desde las clases populares, solo cabe la unidad en la lucha, la
política de clase y el combate contra la antipolítica, es decir, contra el
fascismo.
CIUDADANOS Y
MOVIMIENTOS SOCIALES DE SEVILLA SE ALÍAN CON VISTAS A PRESENTARSE A UNAS
ELECCIONES
Se constituye en Sevilla una "Asamblea ciudadana"
con el horizonte de concurrir a las elecciones y desbancar al poder
constituido.
Juan Torres (ATTAC), los abogados Jose Ignacio Aguilar
(Intercomisión Vivienda 15M) y Juan Moreno Yagüe (Democracia 4.0), Antonio
Losada (ex secretario general de CGT Sevilla), Federico Noriega (Asambleas
Ciudadanas Constituyentes y Ecologistas en Acción), la profesora de Ciencias de
la Información María Lamuedra (Universidad del Bien Común) y Esteban de Manuel
(Coordinador de EQUO Andalucía).
María Iglesias. ElDiario.es
El Salón de actos de la Facultad de Económicas de la
Universidad de Sevilla acogió el viernes 8 de marzo una reunión de cien
personas que se proponen unir a ciudadanos y movimientos sociales indignados
con la coyuntura política y socioeconómica para "promover el tránsito a una nueva etapa democrática", con
el horizonte, para conseguirlo, de presentarse a próximas citas
electorales.
El centenar de asistentes a la asamblea acudió por
convocatoria de una treintena de activistas que se reunieron el 21 de febrero
en la Casa de las Sirenas sevillana, entre ellos miembros de 15-M, ATTAC,
Democracia Real Ya, Foro Social, Democracia 4.0, En Lucha, SAT, Ecologistas en
Acción, de los partidos Izquierda Anticapilatista, Primavera Andaluza y CUT-BAI
y también representantes de formaciones políticas como IU o EQUO.
"Nuestra
pretensión es bastante clara y simple: queremos promover un gran acuerdo de
ciudadanía desde la base social, en torno a una serie de medidas básicas que
permitan frenar la agresión neoliberal y modificar el marco institucional de
corrupción y falta de derechos en el que estamos , y todo ello construyendo
órganos estables de poder popular de amplia base democrática capaces de
colaborar con las luchas de resistencia y con la satisfacción de las necesidades
humanas básicas y constituyendo candidaturas electorales de ciudadanía, fruto
de nuevos tipos de participación social y bajo un nuevo contrato social de
representación que someta siempre a los elegidos al poder de la ciudadanía que
lo mandata".
Es la síntesis de la convocatoria de asamblea que firmaron a
título personal 29 activistas, entre ellos el Catedrático de Economía Aplicada
Juan Torres (ATTAC), los abogados Jose Ignacio Aguilar (Intercomisión Vivienda
15M) y Juan Moreno Yagüe (Democracia 4.0), Antonio Losada (ex secretario
general de CGT Sevilla), Federico Noriega (Asambleas Ciudadanas Constituyentes
y Ecologistas en Acción), la profesora de Ciencias de la Información María
Lamuedra (Universidad del Bien Común) y Esteban de Manuel (Coordinador de EQUO
Andalucía).
De las instituciones
municipales a las europeas
"Hay que
reiniciar la democracia -aseguró De Manuel-. Nos encontramos en una situación de emergencia y tenemos que estar a la
altura. Para cambiar los cimientos, para no estrellarnos, tenemos que acceder
al poder". Su compañero del grupo de siete que presidía la asamblea,
Juan Antonio Marcos, investigador de la Facultad de Económicas, planteó ganar "pueblo a pueblo, ciudad a ciudad para,
en el futuro, agregarse a una estructura autonómica, nacional y europea".
Pero De Manuel fue tajante: "La
escala local tiene un potencial enorme para resolver problemas y poner en
práctica un nuevo sistema pero no podemos salir hoy de aquí sólo con el
horizonte de las municipales, sino con la idea de alcanzar el objetivo antes de
que culmine la legislatura y con el horizonte estatal y europeo, porque si no
disparamos a la Troika no resolveremos nada".
La iniciativa incluye contar con partidos políticos y
sindicatos. "Sin la gente que está
en los partidos y sindicatos -declaró el coordinador de EQUO-A- no tendremos la
mayoría social que necesitamos para lograr el cambio". Federico
Noriega ahondó en esa línea: "En las
próximas elecciones va a haber candidaturas ciudadanas porque es una situación
de emergencia nacional. Éste es el viento de la historia y quien se oponga a él
será barrido como ya lo han sido los partidos comunistas y socialistas
tradicionales en Grecia e Italia".
"No son ideas ni
de izquierdas ni de derechas, sino de gente honesta"
Juan Torres fue uno de los más vehementes: "No despreciamos a los partidos pero
esto tiene que ser otra cosa. Hay que movilizar al 60 o 70% de la sociedad para
sortear el inminente peligro de caer en manos del fascismo. Para recuperar la
democracia secuestrada tenemos que ir a un programa de mínimos: que la
Constitución deje de ser papel mojado, reformarla para que las Iniciativas
Legislativas Populares no se bloqueen sistemáticamente, una ley electoral justa
que no favorezca a PP, PSOE y nacionalistas, parlamentarios que hayan trabajado
y no sido políticos toda su vida, una fiscalidad justa, que el que robe o haga
negocio con la deuda pública vaya a la cárcel aunque sea rico. Esas ideas no son ni de izquierdas ni de
derechas, sino de gente honesta. Tenemos que convencer a una mayoría
social, concurrir a las elecciones unidos, y ganarlas".
Los convocantes de la asamblea explicaron que su objetivo es
"una alianza transitoria, un
tránsito hacia un nuevo sistema democrático". Tras el cual cada
persona o grupo, según su ideología, defenderá sus ideas en otros partidos que
surgirán en la nueva etapa democrática.
Para alcanzar el objetivo de hacer crecer el proyecto, Juan
Torres propuso a los cien asistentes convertirse en "un nudo de red". "Si
cada uno nos comprometemos a convencer a diez personas en un mes seremos mil y
si esos mil hacen lo mismo articularemos una marea imparable".
Creación de un órgano
ejecutivo: la coordinadora
Pese al deseo común de los asistentes de desalojar el poder
establecido y articular una alternativa, los enfoques expuestos el viernes eran
heterogéneos (incluso contrarios en ciertos puntos, pues si bien algunos
proponían crear "Agrupaciones de
electores" para presentarse a las municipales, otros advertían que esa
fórmula nunca logrará una victoria nacional).
Las discrepancias tienen que ver con el contenido ideológico
del mismo y con la forma de vertebrar la unión de todos. Para armonizar esa
diversidad se planteó crear una coordinadora de la que formarán parte cuantos
lo deseen y asistan a una reunión que se celebrará antes del 22 de marzo, en
lugar y fecha decidido vía redes sociales por los asistentes a la Asamblea 8-M.
La coordinadora se centrará en tres objetivos:
autoproclamación ("el primer paso
para cambiar las cosas es reconocernos como actores, mirarnos al espejo y decir
aquí estamos, esto podemos y vamos a cambiarlo", argumentó Federico
Noriega), creación de grupos de trabajo para elaborar un programa de mínimos
que pueda asumir esa mayoría social del 60%, y elección del día para la
presentación pública de la iniciativa a la ciudadanía.
"Mi propuesta es
-expuso el coordinador de EQUO, Esteban de Manuel-crear candidaturas en las ciudades y promover un plebiscito popular
sobre la dimisión de Gobierno, la creación de un Gobierno de Transición y la
celebración de elecciones constituyentes con una ley electoral y unas listas
justas".
El impulso, en este preciso momento, de este movimiento
-llamado provisionalmente "Asamblea
ciudadana de Sevilla"- no es casual. Sus promotores reconocen que se
trata de un paso más tras "las
iniciativas de convergencia social que están dándose en nuestra ciudad como las
Mareas, el Bloque Crítico y el 15M". Y es que, de hecho, parece haber
tenido un papel destacado el que asambleas de 15 M hayan difundido en enero un
manifiesto en el que proponen "coordinar
un frente común" y "preparar
el asalto electoral de la ciudadanía a todas las instituciones políticas".
Referentes: Grecia,
Islandia e Italia
En la mente de todos está el sorpasso de Syriza al PASOC en
Grecia, el hundimiento en Islandia de los partidos tradicionales ante una coalición
cuyo punto programático era la reforma de la Constitución para la regeneración
política, y la recientísima victoria electoral en Italia -como partido más
votado tras las coaliciones de izquierda y derecha- del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo creado sobre un programa
de cinco ideas: agua pública, transporte, desarrollo, conectividad y medio
ambiente.
"Aunque sobre el
papel pudiéramos tener mucho en común con el M5E por la crítica al
funcionamiento del sistema y la corrupción, nuestra propuesta política nace de
modo diametralmente opuesto -explica Federico Noriega. No desde un hombre de
personalidad arrolladora sino de muchos ciudadanos y colectivos
movilizados". Si bien ni él ni Juan Torres descartaron que, a medida
que crezca el movimiento, surjan una o varias figuras de liderazgo, con el
referente en su imaginario de gente como Ada Colau de la Plataforma de
Afectados por la Hipoteca.
Queda aparcado de momento "por prematuro" el tema del líder o de las siglas. José
Ignacio Aguilar (Intercomisión viviendas 15M) se refirió más bien a "pequeños liderazgos": "el punto de arranque obligado es
contar con una masa crítica que se considere capaz de impulsar el proyecto, que
recoja personas de distintos sectores de la ciudad, con pequeños liderazgos.
Partir sin esa masa crítica sería un error grave, nos condenaría al
fracaso".
El reto de sumar a
Izquierda Unida
Sí se tiene en cuenta ya la necesidad de evitar un
fraccionamiento de la oposición a las políticas neoliberales imperantes. A este
respecto, la duda que no quedó despejada en la asamblea es cuál será el
posicionamiento de Izquierda Unida, uno de cuyos miembros en el comité
provincial, Javier García, está entre los firmantes de la Asamblea 8M.
"Izquierda Unida
tiene que plantearse -expuso el catedrático Juan Torres- si en una situación de emergencia nacional
como la actual se conforma con entre un 15 y un 25% de respaldo popular, en el
mejor de los escenarios por ellos imaginados. Con ese apoyo no se puede llegar
al poder y revertir la situación". En opinión de Torres y citando a
Manuel Castells "hay que promover la
revolución, que no es partirle la cabeza a la gente sino hacer cambios no
previstos. Revolución democrática frente a la conservadora que iniciaron hace
30 años Thatcher y Reagan y que ha llegado a episodios como el cambio de
presidentes por la UE en Grecia e Italia sin contar con los ciudadanos, o el
secuestro de la Constitución en España, volviéndola rígida, enlatada".
En paralelo al cierre de una fecha anterior al 22 de marzo
para la reunión de la Coordinadora, sus impulsores afirman que celebrarán
encuentros de coordinación con iniciativas parecidas en el resto de Andalucía y
España, con reuniones ya previstas en Madrid, Valencia y Tenerife.
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