La trama. Sin comentarios |
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
17 de marzo de 2017
“CASTA” O “TRAMA”, LA TÁCTICA “PROGRE” DEL ENGAÑO ES LA MISMA
Por
Marat
Un
amigo y camarada querido me recomienda ahondar en el análisis de lo
que son y representan los “progres” y me sugiere deslindar a las
organizaciones de matriz obrera histórica de esa cosa en la que ha
devenido el aún publicitado término “izquierda” bajo la forma
del neolenguaje “progre”.
Tiene
mucha razón mi amigo. Tanto la socialdemocracia histórica, de
carácter reformista, a partir de Bernstein, como la corriente
comunista, que arranca de Marx y Engels y continúa con Lenin, Rosa
Luxemburgo y otros, tienen algo en común. Nacen de la clase
trabajadora, van a la clase trabajadora y son parte de esa misma
clase.
Hoy
la socialdemocracia histórica, convertida en social-liberalismo del
capital, agoniza, y la nueva, no tiene nada que decir, salvo invertir
términos para acabar en una Syriza o en Sanders que terminó
apoyando a una genocida con trastorno de la personalidad como Hillary
Clinton.
En
cuanto a los comunistas, diría, siendo generoso, que no estamos
precisamente en el momento previo a repetir lo de hace 100 años, el
asalto al Palacio de Invierno. Entre las sectas trotskistas y las
estalinistas se estableció el acuerdo tácito de convertir el oceáno
del marxismo, que era un pensamiento vivo, abierto, insurrecto y
humanista, en un riachuelo estancado con tendencia al lodazal y a las
enfermedades fecales. El marxismo y la idea comunista son mucho más que ellos. Han tenido durante decenios una voluntad de
hierro para conseguirlo. Finalmente, el marxismo es mucho más que
sus despojos. No lo lograrán.
Los
progres actuales son cínicos que han perdido la razón de aquello
que les hizo ser seres vivos, los mayores, pero les ha “colocado”
en muchos casos, y los jóvenes simplemente son ignorantes sin
conexión con las luchas de los desposeídos. Tendrán que cagarla
por sí solos. Podrán hacerlo. Soberbia no les falta.
Dicho
lo anterior, uno tiene la impresión de que estamos en el peor de los
escenarios políticos, sociales, ideológicos y, por supuesto,
económicos, a pesar de las proclamaciones de buenaventura y de
recuperación de los medios epígonos del capital y del conformismo
de quienes dices cosas como “no hay posibilidad de revolución.
Lo que hace falta, aquí y ahora (¡urgente! Rebajas por
fin de existencias) es un gobierno de cambio”. Cuando nos
aclaren su contenido y cómo harán para poner el cascabel al gato
del poder económico, seguro que nos convencen.
No
sé si la revolución social sucederá finalmente. Estoy convencido, con Rosa Luxemburgo, de que la disyuntiva es, ahora más que antes,
“socialismo o barbarie”. Sé que el mundo capitalista lleva
decenios dando signos de agotamiento pero, en tanto que no surja una
fuerza esclava que, nacida de la contradicción entre la producción
social y el beneficio privado, que se oponga con proyecto y voluntad
propias, la agonía criminal de la dominación continuará.
Hace
unos años llegaron con el mantra de “la casta”. No se sabía si
hablaban de políticos o de poder económico; indefinición calculada
al estilo de la los subproductos que vendía el 15M. Poco tardaron en
convertirse ellos mismos en “casta política”, en demostrar que
los cargos les enloquecían, que podían matarse entre ellos por lo
que para muchos era su primer puesto de trabajo: Querían envejecer dentro
de “lo viejo”. Han sido una camarilla de oportunistas sin
escrúpulos. Para ellos lo ideológico y lo estratégico solo eran
trampantojos de una lucha por el puesto, nunca por el poder. Jamás
tuvieron voluntad de tomarlo por asalto, ni por consenso. Solo
querían escañear sus currículums, que para eso son unos "preparaos".
Ahora,
tras poner en evidencia que su Vistalegre II no era sino el
esperpento de su propia fecha de nacimiento, han dado con un nuevo
invento, tras salir flojos de remos del envite: han creado el
término, que es menos que concepto, aunque quieran venderlo como
idea luminosa, de “la trama”.
Leamos
a los dos grandes teóricos podemitas del nuevo tótem llamado “trama”:
“Entonces,
¿por qué centrar el debate en el término trama? Primero, como
hemos dicho, porque define los poderes reales: económicos, políticos
y mediáticos. En segundo lugar, porque enlaza con una subjetividad
organizada; la trama se organiza, conspira, se articula y controla el
poder del Estado, haciendo de la corrupción un componente
estructural del sistema político. Aunque a alguno se le erice el
pelo, la actual forma del Estado no es la de un régimen democrático
salpicado por casos de corrupción, sino la de un régimen
oligárquico atravesado por la corrupción y apenas disimulado por
instituciones aparentemente democráticas. Más de cien años
después, y con una larga dictadura de por medio, la descripción que
Joaquín Costa efectuó de la Restauración canovista conserva una
vigencia asombrosa: “no es el régimen parlamentario la regla, y
excepción de ella los vicios y las corruptelas denunciadas en la
prensa y en el Parlamento; al revés, eso que llamamos desviaciones y
corruptelas constituyen el régimen, son la misma regla”(1)
Los firmantes de dicho texto
son Monereo y Hector Illueca, dos pelotilleros de Anguita -el que
decía aquello de que cumplir la Constitución y los derechos humanos
sería revolucionario, como si ambos no consagrasen el derecho a la
empresa privada, base del capitalismo y de la explotación- en su
Frente Cívico. Y ahora podemitas
Ambos
son dos subalternos
que intentan
colocar la idea de
que el Estado bajo el
capitalismo, y dentro de unas políticas de regeneración de la vida
pública, es neutro, lo
mismo que ya vendió en
su día el PCE
(“Eurocomunismo y Estado”,
de Santiago Carrillo)
y que el cadáver de dicho
partido vuelve
a mercadear
ahora
con su bufonada de que
la dictadura del proletariado
es
la “democracia participativa”,
como si la factura ideológica
burguesa que ha ido
adquiriendo el concepto en su evolución no
fuera una grosera falsificación
Para
algunos, el grupo de “Pablito y los podemitas” ha dado un giro a
la izquierda con la puesta en circulación de su nueva palabra tótem:
“la trama”. Si a ello se le une la convocatoria de
manifestaciones el 25 de Marzo por los derechos sociales, a los que
liga con los derechos humanos, señalando al Ibex 35 como el origen
del mal de esos derechos y, apuntando hacia las connivencias de los
dos principales partidos con el poder económico y mediático, la
convicción de dicho giro será plena para quienes siempre se
detienen en la apariencia, sin intentar rascar sobre su superficie
para dar con la realidad. Nada más lejos que tal creencia.
En
primer lugar, aunque la cultura política del podemita medio no sea
muy elevada, ni siquiera en ese racimo de “politólogos” que
dirigen el partido, en el caso de sus ideólogos, al menos en el de
Illueca y Monereo, presuponer ignorancia es ser demasiado generosos
con ellos. Simplemente son unos cínicos.
Por
mucho que disimulen estos matones de la metafísica podemita, conocen
a Marx y saben que, para él, el Estado capitalista es una
superestructura determinada por la infraestructura económica sobre
la que se asienta todo lo demás y conocen que, bajo el capitalismo,
el Estado no es un órgano neutro moldeable según quien gobierne y
su voluntad. No se les escapa aquello de “Hoy, el poder público
viene a ser, pura y simplemente, el consejo de administración que
rige los intereses colectivos de la clase burguesa” de
“El Manifiesto Comunista” de 1848. Recurrir a Joaquín Costa,
un regeneracionista, -con todas las connotaciones que tuvo el
regeneracionismo en España, incluidas las más reaccionarias-, para
explicar las viejas corruptelas, les revela como lo que son:
pequeñoburgueses que solo pretenden limpiar, fijar y dar esplendor
al Estado del capital al que quieren servir y ya, de hecho, sirven
En
segundo lugar, al destacar las connivencias entre Estado, grandes
corporaciones económicas y complejos comunicacionales, lo que hacen es enfatizar la corrupción que hemos mencionado, desviando con ello la
naturaleza de la formación económica capitalista, sus relaciones de
poder y entre las clases dominantes y subalternas (empresarios y
trabajadores) y el andamiaje juridico-legal que sustenta todo el
sistema y que lo dota de apariencia de legalidad.
El
PP y la burguesía catalana del 3-4%, los
empresarios corruptores, la Fundación Civio, Transparencia
Internacional y, en general el sistema capitalista en España,
estarán agradecidos con semejante enfoque. Contribuyen
a dar fuerza de ley a la propuesta, que ya ha entrado en el Congreso
de los Diputados, que ayudará a legalizar la corrupción, al
enterrar bajo una serie de procedimientos legales cuestiones
que no estarán presentes en los documentos de relación entre
políticos/miembros de las administraciones del Estado y empresarios
grandes, medianos y pequeños. Estos
podrán continuar
engrasando la máquina capitalista, bajo la apariencia de legalidad,
como ya sucede en Estados Unidos y en muchos países de la Unión
Europea. Aunque el artículo fue publicado hace mucho
tiempo como para que hoy lo hicieran en el mismo lugar (ATTAC) y
proviene de
autora argentina, de otras latitudes distintas a Estados Unidos y la
Unión Europea, la política y la legislación comparadas son
disciplinas muy empleadas que ayudan a que nos sirva su reflexión.
El texto, relacionado con las propuestas regularizadoras de los
lobbies, se llama “Legalizar
la corrupción.
En
tercer lugar, al tener
que ver el argumentario de “la trama”
con el Ibex 35 -el
libro del podemita Rubén Juste “Ibex
35, una historia herética del poder de España”
es
parte del complejo ideológico del asunto-, lo que se escamotea es un
análisis de la crisis capitalista y
de toda
la estructura económica
de
España. Ésta
es mucho más que el Ibex 35,
Se
oculta, con un planteamiento como el de ·la trama”, la
forma
e la
que las legalizadas nuevas relaciones laborales favorecen a la
acumulación capitalista, a la vez que potencian la sobreexplotación
de los asalariados y convierten a los parados en servidumbre barata y
permanente (ejército industrial de reserva, que decía Marx, y que
hoy podríamos llamar trabajadores de disponibilidad incondicional).
Bajo
la consigna de que las
ballenas del capitalismo español nos desposeen y roban queda
enterrada la realidad de una pirámide social en la
que todo propietario de empresa con trabajadores está en condiciones
de hacer con ellos lo que quiera, no solo las grandes empresas, de
las que no se mencionan ni las condiciones de trabajo ni las
contractuales.
Es
la vieja consigna tramposa indignada del 1% contra el 99%, como si no
existieran ni la proximidad vital de la explotación concreta ni otra
realidad empresarial que las 35 empresa citadas.
En
cuarto lugar, en la medida en que la categoría “trama” se
contrapone para los podemitas al concepto derechos, debiera llamar
la atención que Podemos hable de los siguientes derechos concretos:
ingresos, vivienda, infancia, sanidad, pensiones, servicios sociales,
ayudas a la dependencia, alimentación y no precariedad-. Pero
excluye el derecho al trabajo. Ello les sitúa en el marco de
aceptación del concepto “ocupación efectiva del trabajador”
del Estatuto de los Trabajadores. Éste indica que el empresario ha
de facilitar al trabajador funciones propias de su categoría
profesional -de acuerdo con la jornada que el trabajador tenga
atribuida, y el resto de las condiciones pactadas en el contrato-, y
los medios necesarios para su ejercicio, como consecuencia del
contrato de trabajo y de la necesaria asunción del riesgo que ello
implica. Pero ello no significa un compromiso real del empleador con
el trabajador sino la aceptación de unas condiciones dadas, siempre que el
trabajo realmente se efectúe; esto es, si te dan trabajo. Para ser más claros aún, para el Estatuto de los Trabajadores, que es el que de verdad rige, y no los derechos meramente enunciativos de la Constitución, si tienes trabajo, tienes los derechos señalados respecto al modo y condiciones de su desempeño, pero ello no significa en absoluto que tengas derecho al trabajo. Podemos, sibilinamente, se sitúa fuera de la defensa del derecho
al trabajo. Es consciente de que en la práctica el tener un trabajo no es un derecho. Pero lo hace sin atreverse claramente a ofrecer, de modo explícito y
alternativo, su vieja consigna de la Renta Básica Universal, que va y
viene en su formulación, de la que, en un futuro capítulo expondré
su carácter liberal, reaccionario y precursor del “búscate la
vida, que ya no hay nada público, Págatelo con el dinero que te
dimos”.
Por
lo demás, no hay nada nuevo que ustedes, si quisieran, no debieran
haber intuido ya. La decisión sobre lo que uno es en esta vida,
yunque, martillo o masa amorfa, le corresponde a cada cual. Sigan
disfrutando de First Dates y de Jugones.
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16 de marzo de 2017
EXPROPIACIÓN, FUNDAMENTO DEL CAPITAL
Ezequiel
Hernández. Divulgación marxista
Famosamente
dice Marx que el capital viene al mundo “chorreando
lodo y sangre”
(cap.
24 de "El
Capital”) y
muestra una historia de violencia que fue desatada porque era
necesaria para cumplir un fin, el fin último de la clase
capitalista, que es la ganancia. Y la ganancia sólo puede producirse
cuando una masa de desesperados se agolpa ante las puertas de las
fábricas rogando que por piedad se les permita vender su capacidad
de trabajo, para soñar con vivir al menos un día más. En el mundo
de la igualdad de derechos y oportunidades.
Porque
un hombre que tiene su propia tierra va a emplear su fuerza de
trabajo para su propio provecho y no requiere del permiso de nadie
para trabajar. ¡Un hombre así es libre, verdaderamente libre!
El
hombre verdaderamente libre no le sirve al capitalista. Éste
necesita hombres disminuidos, temerosos, que no tengan derecho a
trabajar por su cuenta, en definitiva, hombres que no puedan ejercer
la libertad que está impresa en las inútiles Constituciones. El
hombre libre no necesita al capitalista, pero el capitalista necesita
hombres que lo necesiten… entonces ¿qué hace? Convierte a los
hombres orgullosos y dueños de sí mismos, en hombres despojados,
castigados por la amenaza de un hambre que no pueden saciar por sus
propios medios. Donde ayer bastaba el rudo esfuerzo para sobrevivir,
ahora es necesario pedir permiso…
Esta
fue la tarea en que se ocupó la burguesía desde que el mundo la
parió. Primero fueron, en tanto campesinos acomodados de aldea,
serviles cómplices de los señores feudales para ayudar a explotar a
quienes eran sus compadres, los campesinos más pobres. En cuanto la
presión de los tributos feudales se hizo demasiado pesada para estos
pobres campesinos, fueron perdiendo tierras y ya no pudieron ser
autosuficientes. ¡Acá empezó la fiesta! Se había separado al
hombre de aquello que lo hacía autónomo, se lo había desposeído.
Ahora
los campesinos acomodados podían venir “al rescate”.
Ahora el hombre orgulloso necesita al capitalista. El que no tiene
medios de producción necesita al que sí tiene medios de producción.
El campesino acomodado por fin puede adueñarse de la capacidad de
trabajar del hombre despojado, y se convierte plenamente en
capitalista. Ahora puede pagar un salario lo suficientemente bajo
como para extraer una ganancia de la relación asalariada, de la
diferencia entre lo que paga al trabajador y el valor del trabajo que
obtiene. De la explotación.
Y
lo que empezó en el pequeño mundo feudal se universalizó con la
expansión europea, con la conquista del mundo. Y a cada parte del
planeta que el capitalismo quería transformar a su imagen y
semejanza, la revolucionaba de la misma manera, “liberaba”
a los hombres de su relación directa con la naturaleza, y aniquilaba
las bases de su autonomía y de su verdadera libertad. Ningún país
desarrolló un proletariado hasta que no se limitó y cercenó el
acceso a la tierra, y miles y millones de campesinos fueron
expulsados. Las oleadas de hombres buscando trabajo surgían de este
proceso mundial de desposesión.
Marx
explica todo esto en el cap. 24, y luego en el capítulo siguiente
(cap.
25) presenta la prueba irrefutable (1) de la contradicción entre
el capitalismo y el trabajo personal autónomo: estudia el proceso
paralelo que necesariamente debe ocurrir en los territorios en donde
el capitalismo se va expandiendo y forma colonias con personas que
han podido adquirir tierras propias. Es el caso de colonias como
Estados Unidos, Australia, etc. En algún momento el capitalismo
necesita, para despegar y desarrollarse plenamente, primero: que se
agote la disponibilidad de tierras, y segundo: que las tierras ya
ocupadas por pequeños granjeros independientes sean expropiadas
progresivamente, en un proceso de concentración de la tierra que a
lo largo de décadas va liquidando al campesinado. Esto es lo que
ocurrió en los casos mencionados y está ilustrado en el gran libro
de Steinbeck “Las
uvas de la ira”
(de cuya película extraigo las imágenes). También es lo que vemos
en nuestros días en China y en India, donde millones de campesinos
son expulsados de sus tierras para pasar a formar la gigantesca
reserva proletaria que el capitalismo mundial necesita.
Sin
mas introducción, los dejo con un extracto del mencionado Capítulo
XXV de El Capital (aunque es un capítulo tan corto que conviene
leerlo directamente de la fuente, y completo):
“La
economía política procura, por principio, mantener en pie la más
agradable de las confusiones entre la propiedad privada que se funda
en el trabajo personal y la propiedad privada capitalista
diametralmente contrapuesta , que se funda en el aniquilamiento de la
primera. En el occidente de Europa, patria de la economía política,
el proceso de la acumulación originaria se ha consumado en mayor o
menor medida. En esta región, o el modo capitalista de producción
ha sometido directamente la producción nacional en su totalidad, o,
allí donde las condiciones aún no están desarrolladas, por lo
menos controla indirectamente las capas sociales que siguen vegetando
a su lado, capas degenerescentes que corresponden al modo de
producción anticuado. El economista aplica a este mundo acabado del
capital las nociones jurídicas y de propiedad vigentes en el mundo
precapitalista, y lo hace con un celo tanto más ansioso y con tanta
mayor unción, cuanto más duro es el choque entre su ideología y
los hechos. No ocurre lo mismo en las colonias. El modo capitalista
de producción y de apropiación tropieza allí, en todas partes, con
el obstáculo que representa la propiedad obtenida a fuerza de
trabajo por su propio dueño, con el obstáculo del productor que, en
cuanto poseedor de sus propias condiciones de trabajo, se enriquece a
sí mismo en vez de enriquecer al capitalista. La contradicción
entre estos dos modos de producción y de apropiación,
diametralmente contrapuestos, existe aquí de manera práctica. Allí
donde el capitalista tiene guardadas sus espaldas por el poder de la
metrópoli, procura quitar de en medio, por la violencia, el modo de
producción y de apropiación fundado en el trabajo personal. El
mismo interés que en la metrópoli empuja al sicofante del capital,
al economista, a explicar teóricamente el modo de producción
capitalista por su contrario, ese mismo interés lo impulsa aquí “to
make a clean breast of it” [a sincerarse], a proclamar sin tapujos
la antítesis entre ambos modos de producción. A tal efecto, pasa a
demostrar cómo el desarrollo de la fuerza productiva social del
trabajo, la cooperación, la división del trabajo, la aplicación de
la maquinaria en gran escala, etcétera, son imposibles sin la
expropiación de los trabajadores y la consiguiente transformación
de sus medios de producción en capital. En interés de la llamada
riqueza nacional, se lanza a la búsqueda de medios artificiales que
establezcan la pobreza popular. Su coraza apologética se desmigaja
aquí como yesca echada a perder.
(…)
En primer término, Wakefield descubrió en las colonias que la
propiedad de dinero, de medios de subsistencia, máquinas y otros
medios de producción no confieren a un hombre la condición de
capitalista si le falta el complemento: el asalariado, el otro hombre
forzado a venderse voluntariamente a sí mismo. Descubrió que el
capital no es una cosa, sino una relación social entre personas
mediada por cosas (…)
“Si
el capital”, dice Wakefield, “estuviera distribuido en porciones
iguales entre todos los miembros de la sociedad […], a nadie le
interesaría acumular más capital que el que pudiese emplear con sus
propios brazos. Es este el caso, hasta cierto punto, en las nuevas
colonias norteamericanas, donde la pasión por la propiedad de la
tierra impide la existencia de una clase de trabajadores
asalariados“. Por tanto, mientras el trabajador puede acumular para
sí mismo y lo puede hacer mientras sigue siendo propietario de sus
medios de producción, la acumulación capitalista y el modo
capitalista de producción son imposibles. No existe la clase de los
asalariados, indispensable para ello. ¿Cómo, entonces, se llevó a
cabo en la vieja Europa la expropiación del trabajador, al que se
privó de sus condiciones de trabajo, y por tanto la creación del
capital y el trabajo asalariado? Mediante un contrat social de tipo
absolutamente inédito.
“La
humanidad… adoptó un sencillo método para promover la acumulación
del capital“, misión que, naturalmente, desde los tiempos de Adán
espejeaba en la imaginación de los hombres como fin último y único
de su existencia: “se dividió en propietarios de capital y
propietarios de trabajo… Esta división fue el resultado de un
concierto y combinación voluntarios“. En una palabra: la masa de
la humanidad se expropió a sí misma para mayor gloria de la
“acumulación del capital”. Ahora bien, habría que creer que el
instinto de este fanático renunciamiento de sí mismo debería
manifestarse sin trabas especialmente en las colonias, pues sólo en
éstas existen hombres y circunstancias que podrían transferir un
contrat social del reino de los sueños al de la realidad. ¿Pero
para qué, entonces, la “colonización sistemática“,
antitéticamente contrapuesta a la espontánea y natural? Pero, pero,
pero: “En los estados septentrionales de la Unión norteamericana
es dudoso que una décima parte de la población pertenezca a la
categoría de los asalariados… En Inglaterra… la gran masa del
pueblo está compuesta de asalariados”. El impulso autoexpropiador
de la humanidad laboriosa, en efecto, para mayor gloria del capital,
tiene una existencia tan tenue que la esclavitud, según el propio
Wakefield, es el único fundamento natural de la riqueza colonial. La
colonización sistemática de Wakefield es un mero pis aller
[paliativo], ya que tiene que vérselas con hombres libres, no con
esclavos. “Sin esclavitud, en las colonias españolas el capital
habría sucumbido o, por lo menos, se habría contraído,
reduciéndose a las pequeñas cantidades que cualquier individuo
puede emplear con sus propios brazos. Esto ocurrió efectivamente en
la última colonia fundada por los ingleses, donde un gran capital en
simientes, ganado e instrumentos pereció por falta de asalariados, y
donde ningún colono posee más capital que el que puede emplear con
sus propios brazos”.
La
expropiación de la masa del pueblo despojada de la tierra, como
vemos, constituye el fundamento del modo capitalista de producción.
La esencia de una colonia libre consiste, a la inversa, en que la
mayor parte del suelo es todavía propiedad del pueblo, y por tanto
en que cada colono puede convertir una parte de la misma en su
propiedad privada y en medio individual de producción, sin impedir
con ello que los colonos posteriores efectúen la misma operación.
Este es el secreto tanto de la prosperidad de las colonias como del
cáncer que las roe: su resistencia a la radicación del capital.
“Donde la tierra es muy barata y todos los hombres son libres;
donde cualquiera que lo desee puede obtener para sí mismo un pedazo
de tierra, no sólo el trabajo es muy caro en lo que respecta a la
parte que de su propio producto toca al trabajador, sino que lo
difícil es obtener trabajo combinado, a cualquier precio que sea“
(1)
Lo que se llama consecuencia observacional, para quienes busquen
formas de contrastar empíricamente la teoría marxiana.
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