SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
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SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
15 de marzo de 2017
EL SUPREMO AVALA LA SUBCONTRATACIÓN DE SERVICIOS PARA ESQUIROLEAR UNA HUELGA
Diego
Lotito. La Izquierda Diario
El
Tribunal Supremo avala, contra una sentencia previa de la Audiencia
Nacional, que se subcontraten servicios en una huelga. Impedirlo,
dice la resolución, supone una protección "exorbitante"
del derecho a la huelga.
La sentencia es precursora, qué
duda cabe. Establece que los clientes de una empresa que no formen
grupo económico con ésta pueden neutralizar la acción de una
huelga subcontratando los mismos servicios.
Para el tribunal, impedir esto,
como había resuelto la Audiencia Nacional en el mismo caso y ha
entendido hasta ahora la jurisprudencia, supone una protección
"totalmente exorbitante" del derecho a la huelga.
La resolución judicial fue
dictada en noviembre de 2016, estableciendo un fallo opuesto al que
previamente había emitido la Audiencia Nacional otorgando la razón
al sindicato CGT en una demanda contra la empresa Altrad Rodisola,
especializada en el montaje y alquiler de andamios.
El
caso: Altrad Rodisola
Altrad Rodisola es una empresa
especializada en montar andamios y aislamientos en obras de
construcción en el sector químico y nuclear. El grupo francés
Altrad, del que forma parte Altrad Rodisola, es un grupo presencia en
una docena de países europeos, además de China, Estados Unidos o
regiones como el norte de África y tiene un volumen de negocio de
861 millones de euros y unos beneficios netos de 49 millones de
euros.
En 2015 la empresa comenzó un
proceso de reestructuración para reducir costes, modificando
arbitrariamente las condiciones laborales de la plantilla. El 20 de
agosto de ese año los sindicatos organizados en la empresa
convocaron a una huelga indefinida en la planta de Tarragona, acatada
por el 90% de la plantilla de cerca de 130 trabajadores.
Durante
el período que duró la huelga, varios de los trabajos que estaban
paralizados por lo huelga fueron realizados por empresas
subcontratadas por sus clientes, Dow Chemical y Basell Poliofelinas,
que para prestar dichos servicios manipularon y modificaron andamios
y materiales de Altrad.
Los
sindicatos denunciaron estas acciones como una abierta vulneración
del derecho de huelga. CGT llevó la denuncia a la Audiencia Nacional
y la sala de lo Social le dio la razón al entender que, si la
plantilla no hubiera estado en huelga por la defensa de sus
condiciones de trabajo, dichos trabajos no hubieran sido realizados
por otras empresas.
La decisión de la Audiencia
Nacional se ajustó a la doctrina que hasta ahora ha dicho que estos
servicios vulneran el derecho a la huelga. Pero sólo hasta ahora.
Altrad presentó un recurso que encontró cobijo en el Tribunal
Supremo, el cual dictó un fallo opuesto en la que sostiene que
impedir la subcontratación supone una protección "exorbitante"
del derecho a huelga.
“Si se impidiese a los
destinatarios de los trabajos, que no lo tuvieran prohibido por
contrato, contratar con otras [empresas], llegaríamos a sostener que
los consumidores habituales de un comercio no pudieran comprar en
otro, en caso de huelga en el primero, o que la empresa que tenga que
realizar determinados trabajos no pudiera recurrir a otra empresa de
servicios”, especifica el fallo.
En la sentencia que ahora viene
a anular el Supremo, la Audiencia Nacional, por el contrario, había
señalado que “los actos vulneradores del derecho de huelga
pueden ser realizados por terceros empresarios distintos del titular
de la empresa o centro de trabajo en cuyo ámbito se produce la
huelga, si tales empresarios tienen una especial vinculación con
aquél, como sucede en nuestro caso, en el que la demandada presta
servicios para los mismos, y tal vulneración se produce mediante los
actos del empresario principal que acude a contratar los servicios de
una nueva empresa contratista para realizar los trabajos que debían
ser desarrollados por los trabajadores que ejercen su derecho a la
huelga”.
Para la Audiencia Nacional, “la
vulneración tiene como efecto neutralizar el legítimo derecho a la
huelga” y la empresa “lo único que hizo fue comunicar a sus
clientes la huelga para que pudieran subcontratar temporalmente los
trabajos que Altrad hubiera desarrollado durante el transcurso de la
huelga, sin oponerse a que fuera manipulado por terceros su propio
material”.
Estos fundamentos son los que
el Tribunal Supremo ha venido a cargarse con su nuevo fallo,
eximiendo a la empresa de cualquier responsabilidad por el accionar
de sus clientes subcontratando los servicios que no podía prestar
por la huelga.
Para el tribunal que se
encuentra en la cúspide del poder judicial español, “no existe
una vinculación que justifique hacer responsable a Altrad de una
conducta en la que no ha participado y en la que no ha podido
intervenir para tomar la decisión”.
Según el TS, la actuación de
Altrad "consistió únicamente en comunicar a todos sus
clientes que no podía realizar los trabajos comprometidos con ellas
durante la realización de la huelga", y aún más, añade que
Altrad "no tiene una vinculación con sus clientes que le
permita codecidir con ellas la realización de esos trabajos por
terceras empresas de la competencia, ni tampoco se benefició de
ello, y sin que tampoco conste que hubiese colaborado”.
La sentencia, finalmente,
establece que no puede adjudicarse a Altrad que “haya impedido o
disminuido los efectos de la huelga, o menoscabado la posición
negociadora”.
Defender
el derecho a huelga
Los abogados de los grandes
capitalistas ya se frotan las manos. En un artículo
publicado en el diario Expansión, Íñigo Sagardoy, presidente
de Sagardoy Abogados, cree que la sentencia “es importante
porque sienta que la huelga es instrumento que se ejerce en el marco
del contrato de trabajo como una medida de presión sobre el
empresario mediante la imposición del perjuicio que deriva de la no
prestación del trabajo”.
Aunque las implicaciones
legales de la sentencia aún están por verse, la interpretación
alternativa de la jurisprudencia relativa al derecho a la huelga que
hace el Supremo ha dado estatus legal al esquirolaje mediante el
mecanismo de la subcontratación de servicios, abriendo un portal a
todo tipo de maniobras patronal para vulnerar el derecho de huelga.
En ese marco, resulta insólito
que CCOO considere que en la sentencia el Supremo “no corrige su
doctrina sobre el derecho de huelga”. En un comunicado
publicado en su sitio web, el sindicato asegura que “no es
cierto que la sentencia admita, sin más, que ante una huelga
convocada, se pueda suplir la actividad de los trabajadores acudiendo
a subcontratas. La empresa que es objeto de convocatoria no puede
acudir a esa forma de esquirolaje para desviar la producción, y en
este punto la Sentencia no introduce ningún cambio. Tampoco admite
que otras empresas, si están vinculadas con la que es objeto de
huelga, puedan desviar la producción por cualquier vía”.
Esta visión tranquilizadora se
corresponde con la actitud de pasividad y displicencia que
caracteriza a CCOO (y sus socios de UGT), que desde el estallido de
la crisis capitalista en 2008 han jugado un papel de contención de
la lucha de clases, optando en cada momento crítico por buscar la
“paz social” a costa de entregar cada vez más conquistas
y derechos de la clase trabajadora.
Cuando los capitalistas están
en crisis es cuando se caen las máscaras y ya no se toleran el
derecho de huelga, como tampoco el de reunión, de libertad de
prensa, etc. Este proceso de cercenamientos de las libertades
democráticas más elementales es el que viene avanzando a paso
rápido y con violencia en los últimos años en el Estado español,
a golpe de leyes mordaza, procesos judiciales… y también de
sentencias como la del Tribunal Supremo.
El derecho de huelga es,
sencillamente, el derecho de la clase trabajadora a coaccionar sobre
la producción y la circulación de las personas y mercancías como
un derecho legal y legítimo. La defensa irrestricta de este derecho
es una lucha elemental en la que deben embarcarse todas las
organizaciones obreras, políticas y sociales que se jacten de
defender las libertades democráticas. CCOO y UGT, lejos de sacar
mensajes tranquilizadores, deberían denunciar duramente este nuevo
ataque y convocar a la movilización en defensa del irrestricto
derecho a la huelga y contra todo tipo de vulneración de este
derecho fundamental.
Como escribiera Walter
Benjamin, “según la concepción de la clase obrera –opuesta
a la del estado–, el derecho de huelga es el derecho a
usar la violencia para imponer determinados propósitos”. Hay
que defenderlo con uñas y dientes.
13 de marzo de 2017
AFGANISTÁN-PAKISTÁN: EL CENTRO DEL TERROR
Guadi Calvo. Portal
Alba
Mientras que Daesh se bate en
una angustiosa retirada de la ciudad iraquí de Mosul, donde se
juramentaron como Estado Islámico en 2014, tras resistir el asedio a
que están sometidos desde comienzo de noviembre último, por tropas
del ejército iraquí, junto comandos norteamericanos, kurdos y
turcos; en Siria, el Ejercito Árabe Sirio junto a la aviación rusa
y comando iraníes y del Hezbollah los han despojado de importantes
núcleos urbanos y al parecer la última batalla se resolverá en
al-Raqa, la capital siria del grupo del Califa Ibrahim, para lo que
el presidente norteamericano Donald Trump, enviará 400 infantes,
abriendo una nueva arista a la compleja guerra siria, pero
posiblemente se extermine territorialmente al terrorismo integrista,
aunque sin duda los atentados se multiplicaran tanto en Siria como en
Irak, oleada que podría extenderse a Jordania y Líbano.
En Libia, otro de los
escenarios bélicos establecido por el Daesh en su guerra global, las
huestes del Califa se están disolviéndose tras la pérdida de su
capital Sirte, y según fuentes de inteligencia, mucho de eso
combatientes pugnan por alcanzar el norte de Mali para sumarse a la
nueva organización dirigida por al-Qaeda Global, Jamaat al-Nasr
Islam wa al-muminin (Grupo para la victoria del Islam y de los
fieles). (Ver: Sahelistán
del Nilo al Atlántico).
El Daesh solo parece
estar avanzado fuertemente tanto en Afganistán como en Pakistán,
donde no deja de protagonizar ataques de manera continua contra
cualquier tipo de objetivos.
Al igual que el Talibán, el
Daesh afgano, Wilayat Khorasan saca provecho de la cada
vez más tensa relación entre los dos hombres fuertes del gobierno
afgano, el presidente Asharf Ghani y el presidente ejecutivo
Abdullah-Abdullah, lo que no permite homogenizar políticas claras
frente al terrorismo.
Ambas organizaciones
integristas disputan territorialmente a las autoridades federales de
Kabul, provincias enteras. Se calcula que casi un 43 %, está en
manos de los grupos terroristas. Aunque es el Talibán quien controla
la mayor parte de ese porcentaje. Sin duda Trump tendrá que resolver
rápidamente su política en la región ya que la crisis está
desbordando tanto a las autoridades de Kabul como a Islamabad.
El último miércoles, un
comando del Daesh atacó el hospital militar Sardar Mohammad
Daud Khan de Kabul, con un saldo de al menos 49 muertos, en su
mayoría pacientes, médicos y enfermeros, además de los cuatro
atacantes, que dejaron cerca de 70 heridos. El hospital se encuentra
en uno de los sectores más seguros de la ciudad, ya que es vecino a
varias embajadas occidentales, incluso la norteamericana, y a la base
de la Unidad para la Respuesta de Crisis (CRU en inglés).
Los terroristas consiguieron
infiltrase, vestidos como agentes sanitarios, cerca de las 9 de la
mañana, hora de gran concentración de público. El primero de los
terroristas hizo detonar su chaleco explosivo, junto a la entrada,
mientras los tres restantes, armados con fusiles de asalto AK-47 y
granadas, abrieron fuego de manera indiscriminada, para después
atrincherarse en el interior edificio. Tras lo que se estableció un
tiroteo de casi 7 horas, con las fuerzas especiales afganas, que
ingresaron al Hospital descolgándose desde dos helicópteros a los
techos del edificio.
El hecho remite gravedad
extrema ya que nunca antes había sido atacado un hospital, el
presidente Ghani, declaró: “que en todas las religiones se
considera a los hospitales como lugares seguros, por lo que este
ataque, es hacerlo contra todo Afganistán”. Mientras que la
cúpula del Talibán emitió rápidamente un comunicado por el que
deslindaban cualquier tipo de responsabilidades respecto a ese hecho.
Desde comienzo de año, tanto
el Talibán como el Daesh vienen protagonizado cadenas de
ataques en la capital afgana, y en muchos puntos del interior, que
prevé que con el inicio de la primavera recrudecerán las acciones
fundamentalistas.
Las administración Obama dejó
en el país centro asiático unos 5.000 efectivos, concentrados en
trabajo de asistencias a las tropas en el marco de la operación
“Apoyo Decidido”, aunque a partir de la embestidas de
estos últimos meses algunos expertos opinan que Estado Unidos,
tendría que elevar el número de efectivos a 8.800, para mejorar el
adiestramiento y asesoramiento de las fuerzas afganas.
Este ataque al hospital se
produjo días después de dos operaciones suicidas por parte del
Talibán, también en Kabul, contra una estación policial y una
oficina de los servicios de inteligencia, que dejaron en total 42
muertos y 122 heridos.
Este último sábado en la
localidad de Nawshar, en la sureña provincia Zabul, al menos ocho
policías fueron asesinados, cuando se encontraban durmiendo, por dos
talibanes, infiltrados en esa fuerza. Tras el ataque los terroristas
huyeron con armamento.
“Primero fueron
envenenados y luego tiroteados”, informó el portavoz del
gobernador provincial, Gul Islam Sial. Este último hecho remite al
sucedido el lunes 27 de febrero en un puesto policial de Lashkar Gah
en la provincia de Helmand, cuando otro infiltrado en la fuerza
policial ejecutó a once agentes mientras dormían, tras lo que huyó
con armamento
A última hora del sábado el
aeropuerto militar de la provincia afgana de Jost, donde radica un
gran número de tropas norteamericanas, fue atacado por tres hombres,
que tras ser repelidos huyeron.
Según fuentes norteamericanas,
ataques de infiltrados en fuerzas de seguridad han dejado el año
pasado, entre enero y noviembre de 2016, en 56 hechos 151 muertos y
79 heridos.
El sábado 11, en el norte de
Afganistán, en la capital de la provincia de Kunduz, cerca de 30
alumnas debieron ser hospitalizadas, tras un ataque con gas venenoso
contra su escuela. Mientras que, por un ataque similar a una escuela
de Kabul, otras seis niñas fueron internadas.
Según testigos del atentado en
Kunduz, dicen haber visto a un hombre vestido de negro, con su boca y
nariz cubierta con un trapo, lanzar una botella, de la que
inmediatamente se desprendió un gas, con un fuerte olor agrio, tras
lo que las primeras afectadas comenzaran a caer desmayadas. Este ha
sido el tercer ataque de estas características en Kunduz en la
última semana. Las escuelas de mujeres son un blanco favorito por el
terrorismo integrista ya que “filosóficamente” la
educación femenina es prohibida.
El 2016 fue un año de intensa
actividad insurgente donde se produjeron la mayor cantidad de
víctimas civiles en una década, ese número tiende a aumentar para
2017.
Una frontera cada vez más
caliente
Pakistán ha decidido cerrar
indefinidamente los pasos fronterizos con Afganistán, de Torkham y
Chaman, en la provincia suroccidental de Baluchistán, que había
clausurado de manera provisoria tras el ataque a el templo sufí de
Sehwan Sharif a mediados de febrero, mientras las autoridades de
Kabul, no tengan resultados efectivos de combate contra el
extremismo. Según Islamabad, desde territorios afgano, cruzan la
frontera a Pakistán atacan y vuelven a sus santuarios.
Las autoridades pakistaníes
habían abierto los pasos este último jueves para permitir el paso
de ciudadanos de ambos países que habían quedado de uno y otro
lado. Para volverlos a cerrar inmediatamente, tras resolver la
cuestión. La actitud de Islamabad sigue generando más tensión
entre los dos países vecinos.
Kabul ha debido atender a más
de doscientas familias residentes cerca de la frontera tras los
ataques de la artillería pakistaní a posibles centros terroristas
fronteras adentro de Afganistán.
Tras la apertura del jueves de
uno de los pasos en la provincia de Nangarhar, dos hombres, una mujer
y un niño murieron aplastados, tras una estampida generada por cerca
de 20.000 ciudadanos afganos, que en territorio de Pakistán
esperaban desde una semana atrás permiso para cruzar. En la
localidad de Torjam otros 24 mil afganos han cruzado a pie la
frontera mientras que 700 paquistaníes hicieron el camino inverso.
Nadie sabe cuándo se volverán
a abrir los pasos fronterizos vitales para el comercio de uno y otro
lado, que ha generado ya perdidas por millones de rupias.
Es claro que el movimiento
Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) y el capítulo pakistaní del
Daesh, sumado a otras organizaciones menores, también son
responsabilidad de Islamabad. El fenómeno del wahabismo no se
detiene en fronteras y se afianza cada vez más fuerte en las áreas
tribales debido al abandono de los gobiernos centrales. Los cierres
fronterizos no son más que un “marketing”, ya que todos saben
que las bandas terroristas, transitan por los mismos pasos que lo han
hecho los contrabandistas desde siglos, los que jamás fueron ni
detectados, ni detenidos.
Tras los recientes ataques en
territorio pakistaní el congresista estadounidense del partido
Republicano Ted Poe, presidente de la Subcomisión de Terrorismo de
la Cámara, presentó este último jueves, un proyecto que declara a
Pakistán “Patrocinador estatal del terrorismo” y un
aliado poco confiable, acusando a Islamabad de haber colaborado con
enemigos de los Estados Unidos.
Si bien es cierto que Osama bin
Laden o la red salafista afgana de la familia Haqqani, encontraron
apoyo y seguridad en Pakistán, no es menos cierto que fueron las
políticas norteamericanas en la región, desde hace casi cuarenta
años, las que han entrenado, armado e incentivado a estas
organizaciones, que fueron utilizadas según los intereses del
Departamento de Estado. Cuestión de la que ningún presidente
norteamericano desde Jimmy Carter hasta la fecha se ha hecho cargo.
A partir de la presentación
del proyecto del representante Poe, el presidente Trump deberá
publicar un informe dentro de los próximos 90 días, que demuestre o
no, la implicación de Pakistán con el terrorismo.
Mientras todo esto sucede en
Washington, en la mañana del domingo, mientras se escriben estas
líneas se conoce que un nuevo ataque se llevó a cabo en la ciudad
de Dera Ismail Khan, en la siempre conflictiva provincia pakistaní
de Khyber Pakhtunkhwa, donde una bicicleta con carga explosiva fue
activada, dejando por lo menos siete muertos y un número todavía
indeterminado de heridos, sin que todavía ninguna de las
organizaciones terroristas se haya adjudicado el ataque.
Asía Central históricamente
ha sido uno de los lugares más sensibles del planeta y todos sabemos
que, de una u otra manera lo que allí suceda, tarde o temprano
afectará al resto del mundo.
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