14 de septiembre de 2015

AHORA QUE LA VERDAD EMERGE: CÓMO EEUU ALIMENTÓ EL ASCENSO DEL ISIS EN SIRIA E IRAQ

Seumas Milne. The Guardian

La guerra contra el terrorismo, aquella campaña sin fin puesta en marcha hace 14 años por George Bush, se está enredando en sí misma con contorsiones cada vez más grotescas. El lunes (01.06.2015) el juicio en Londres a un hombre sueco, Bherlin Gildo, acusado de terrorismo en Siria, se vino abajo tras quedar claro que los servicios de inteligencia británicos habían estado armando a los mismos grupos rebeldes a los que el encausado estaba acusado de apoyar.

La fiscalía abandonó el caso, al parecer para evitarle el bochorno a los servicios de inteligencia. La defensa argumentó que seguir adelante con el juicio habría sido una “afrenta a la justicia”, cuando resulta que había evidencia abundante de que el Estado británico había proporcionando “amplio apoyo” a la oposición siria armada.

[Ese apoyo] no sólo incluyó la “ayuda no letal”, de la cual se estuvo jactando el gobierno (incluía chalecos antibalas y vehículos militares), sino entrenamiento, apoyo logístico y suministros secreto de “armas a escala masiva”. Los informes mencionaban que el MI6 había cooperado con laCIA en una ruta “ratline” para la transferencia de armas de los arsenales libios a los rebeldes sirios en 2012, tras la caída del régimen de Gadafi.

Queda claro que el absurdo de enviar a alguien a la cárcel por hacer lo que los ministros y sus cargos de seguridad era ya demasiado.

Pero ese es sólo el último de una serie de casos similares. Menos afortunado fue un taxista de Londres, Anis Sardar, quien fue condenado a cadena perpetua hace quince días por haber participado en 2007 en la resistencia a la ocupación de Iraq por las fuerzas estadounidenses y británicas. La oposición armada a la invasión y ocupación ilegal claramente no constituye terrorismo o asesinato en la mayoría de las definiciones, incluyendo la Convención de Ginebra.

Pero lo que es o no es terrorismo depende ahora del ojo de quien mira. Y en ninguna parte eso es más cierto que en Oriente Medio, donde los terroristas de hoy son los combatientes contra la tiranía del mañana – y los aliados pasan a ser enemigos – a menudo por el desconcertante capricho de un político occidental en una conferencia telefónica.

En el último año, los Estados Unidos, Gran Bretaña y otras fuerzas occidentales han vuelto a Iraq, supuestamente por la causa de destruir al grupo terrorista hiper-sectario ‘Estado Islámico’ [ISIS] (anteriormente al-Qaida en Iraq). Esto ocurrió después de que el ISIS invadiera enormes trozos de territorio iraquí y sirio, y se auto-proclamara como califato islámico.

La campaña no va bien. El mes pasado, ISIS se expandió en la ciudad iraquí de Ramadi, mientras que en el otro lado de la frontera ahora inexistente sus fuerzas conquistaron la ciudad siria de Palmira. La franquicia oficial de Al-Qaeda, el Frente al-Nusra, también ha estado haciendo avances en Siria.

Algunos iraquíes se quejan de que los EE.UU. estaban sentados cruzados de mientras pasaba todo esto. Los estadounidenses insisten en que están tratando de evitar víctimas civiles, y reivindican éxitos significativos. En privado, los altos cargos afirman que no quieren ser vistos machacando bastiones sunitas en una guerra sectaria y arriesgarse a que sus aliados sunitas del Golfo se disgusten.

Un revelador rayo de luz, sobre cómo hemos llegado a esto, lo ha arrojado un informe secreto de la inteligencia estadounidenserecientemente desclasificado, escrito en agosto de 2012, y que predice de forma sorprendente – y efectivamente da la bienvenida – la perspectiva de un “principado salafista” en el Este de Siria, y un estado islámico controlado por al-Qaeda en Siria e Iraq. En marcado contraste con las afirmaciones occidentales del momento, el documento de la DIA (Agencia de Inteligencia de Defensa) identifica a ‘Al-Qaeda en Iraq’ (antes de convertirse en ISIS) y otros salafistas próximos como los “principales fuerzas que impulsan la insurgencia en Siria” – y afirma que “los países occidentales, los estados del Golfo y Turquía” estaban apoyando los esfuerzos de la oposición para tomar el control del Este de Siria.

Plantear la “posibilidad de establecer un principado Salafista declarado o no declarado”, prosigue el informe del Pentágono, “eso es exactamente lo que los poderes que apoyan a la oposición quieren, con el fin de aislar el régimen sirio, al que se considera la reserva estratégica de la expansión chií (Iraq e Irán)”.

Y exactamente eso es lo que sucedió dos años después. El informe no es un documento sobre políticas. Está redactado con censura y hay ambigüedades en el lenguaje. Pero las implicaciones son lo suficientemente claras. A un año de la rebelión siria, los EE.UU. y sus aliados no solamente estaban apoyando y armando a una oposición que sabían dominada por grupos sectarios extremistas; estaban dispuestos a ver como aceptable la creación de una especie de “estado islámico” – a pesar del “grave peligro” para la unidad de Iraq – a modo de zona colchón [buffer zone] sunita para debilitar a Siria.

Eso no significa que los EE.UU. hayan creado al ISIS, por supuesto, aunque algunos de sus aliados del Golfo sin duda jugaron un papel en ello – como reconoció el año pasado el vicepresidente de Estados Unidos, JoeBiden. Pero no había ‘al-Qaeda en Iraq’ hasta que los EE.UU. y Gran Bretaña llevaron a cabo su invasión. Y los EE.UU. ciertamente han aprovechado la existencia de ISIS contra otras fuerzas en la región como parte de una campaña más amplia para mantener el control occidental.

El cálculo cambió cuando ISIS comenzó a decapitar occidentales y a publicar atrocidades on-line, y los estados del Golfo están ahora respaldando a otros grupos en la guerra siria, como el Frente Nusra. Pero este hábito estadounidense y occidental de juguetear con grupos yihadistas, que luego vuelven para morderlos, se remonta al menos a la guerra de 1980 contra la Unión Soviética en Afganistán, que fomentó el al-Qaida original bajo la tutela de la CIA.

Ese hábito fue recalibrado durante la ocupación de Iraq, cuando las fuerzas estadounidenses liderados por el general Petraeus patrocinaron una guerra sucia, al estilo de la guerra sucia de los escuadronesde la muerte en El Salvador, para debilitar la resistencia iraquí. Y se repitió en 2011 en la guerra orquestada por la OTAN en Libia, donde ISIS la semana pasada tomó el control de Sirte, ciudad natal de Gadafi.

En realidad, la política de Estados Unidos y occidental en la conflagración que es ahora Oriente Medio está basada en clásico modelo imperial del ‘divide y vencerás’. Las fuerzas estadounidenses bombardean a unos grupos de rebeldes mientras apoyan a otros en Siria, y montan lo que de hecho son operaciones militares conjuntas con Irán contra ISIS en Iraq, mientras que dan apoyo a la campaña militar de Arabia Saudí contra las fuerzas hutíes respaldados por Irán en Yemen. Tan confusa como pueda parecer a menudo la política de Estados Unidos, unas debilitadas y divididas Iraq y Siria se adaptan a semejante enfoque a la perfección.

Lo que está claro es que al ISIS, y sus monstruosidades, no será derrotado por los mismos poderes que lo trajeron a Iraq y Siria en primer lugar, o cuyas decisiones militares, públicas o encubiertas, lo han fomentado en los años posteriores. Las intervenciones militares occidentales sin fin en el Oriente Medio solamente han traído destrucción y división. Es la gente de la región quienes pueden curar esta enfermedad – no los que incubaron el virus.

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