28 de mayo de 2023

LA TRAMPA DE LA “HERENCIA UNIVERSAL” DE SUMAR

Foto de Brad West en Unsplash

Por Marat

No hay semana en la que los progres españoles no intenten, en Santa Alianza con su marca “umbrella” en Estados Unidos y sus homónimos europeos, colocar alguna de sus chucherías ideológicas, previamente adquiridas en el mercadillo liberal.

Abril se despedía con un nuevo aporte a la factoría de ideas mágicas de Sumar, dentro de los documentos base elaborados por uno de sus 35 grupos de trabajo, diseñados desde su fórmula de “participación democrática” para ir pergeñando su programa electoral: la “herencia universal” al cumplir la mayoría de edad, los 18 años.

La herencia universal consistiría en la entrega de 20.000 € del Estado español a cada ciudadano al alcanzar la mencionada edad. Con el paso de los días parece que la propuesta podría acabar incorporándose al programa de Sumar. En cualquier caso, no se determina el destino al que debiera dedicarse esta cantidad pero, si se vincula con los propagandistas modernos de la misma, Thomas Piketty y Anthony Barnes Atkinson, sería empleada para cuestiones como la entrada para la adquisición de una vivienda, el emprendimiento y la formación.

Conviene señalar que la universalidad de esta renta es más publicitaría que real puesto que, al no tener carácter retrospectivo para quienes hubiesen superado los 18 años, su carácter general sólo lo tendría al ser independiente de las rentas de sus familias (se supone que la casi totalidad de sus beneficiarios no estaría emancipado); esto es, al margen de que se trate de familias de rentas altas o bajas, algo en línea con los criterios extrañamente igualitarios de las Rentas Básicas Universales y sus variantes.

El coste de la herencia universal sería de unos 10.000 millones de euros al año para unos 500.000 jóvenes que anualmente alcanzan la mayoría de edad. Se financiaría vía impuestos a las rentas superiores a un millón de euros.

El objetivo socioeconómico declarado de la propuesta sería favorecer la "igualdad de oportunidades y combatiría las desigualdades" de origen.

Y ahora hablemos en serio de la llamada herencia universal para jóvenes de 18 años.

Para entender toda la quincalla ideológica que se esconde en la trastienda progre de la llamada herencia universal es necesario dar varios pasos atrás y desmontar, hasta verle las tripas, el objetivo aludido de favorecer “la igualdad de oportunidades y combatir las desigualdades de origen.

La sociedad capitalista se asienta en la dualidad de legitimación política y moral de la libertad y la igualdad, que nacen de la Revolución Francesa y de la “De los derechos del hombre y del Ciudadano” de 1789 (no confundir con la Declaración Universal de los Derechos Humanos) que, en su artículo 1º proclama: Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común”. Igualdad sí pero sin exagerar, no vayamos a caer en el comunismo.

Bajo la forma de dominación capitalista la igualdad es meramente declarativa ya que tiene un tratamiento jurídico diferente que el de la libertad.

En el concepto de ciudadanía liberal, el entramado del poder político se apoya en un orden legal que garantiza un conjunto de libertades políticas tales como el sufragio universal, el derecho a representar y ser representado, las libertades de expresión, opinión, asociación, reunión y manifestación pertenecen al ámbito de lo público y directamente político.

Pero la idea de igualdad, cuando va más allá de su enunciado legal, relativo a los derechos políticos, se estrella contra lo económico; de hecho, es en la economía donde la igualdad proclamada en la esfera jurídico-política se desmonta como falacia.

La sociedad capitalista se organiza sobre la libre concurrencia de los intereses particulares, sometidos al sistema económico de la propiedad privada empresarial. En esa libertad de concurrencia se encuentran tanto la empresa como el trabajador pero lo hacen desde distintas situaciones: mientras la empresa dispone del dinero para contratarle y de un número potencialmente muy amplio de trabajadores a los que puede contratar por igual o menor salario, el trabajador sólo puede vender su capacidad productiva a un número mucho más reducido de empresas.

El contrato de trabajo se establece entre una persona jurídica (empresa) y una persona física (trabajador individual). En la gran mayoría de los contratos de trabajo no hay negociación de los mismos, salvo para categorías específicas de alta cualificación, y esto sólo en una parte de los casos. No se negocia desde la igualdad de condiciones salariales, de trabajo, etc. El trabajador sólo tiene la opción de aceptar un contrato de trabajo previamente redactado por la empresa o de rechazarlo. Hasta ahí su libertad en una desigualdad de condiciones ante el contrato -esto sin contar los trabajos en la economía sumergida o las condiciones de trabajo y salariales no reflejadas en el contrato -. Pero, a partir del acuerdo desaparece la libertad del trabajador, obligado a venderse por horas, por meses, por años de su vida por un sueldo establecido previamente a la venta del producto de su trabajo por la empresa a la que ha generado un beneficio muy superior al salario recibido.

Es en el trabajo asalariado bajo las relaciones de producción capitalistas donde nace la desigualdad social de origen. Y es en la reproducción social donde se hereda una posición de clase determinada, y se perpetúa la desigualdad social, especialmente en períodos históricos en los que la movilidad social ascendente apenas funciona.

Cuando el objetivo buscado no es derribar el sistema capitalista y transformar la propiedad privada de la empresa en propiedad social (no confundir con propiedad estatal) para superar la contradicción capital-trabajo, fuente de la desigualdad social, sino una reforma del mismo que palíe sus peores lacras, la intervención política se realiza sobre la redistribución de la riqueza generada.

Pero desde el reformismo ya no se está planteando acabar con la desigualdad real, la de origen, la causada por la diferencia entre el enriquecimiento que genera el beneficio empresarial y el salario del trabajador, que es sólo una parte del valor que éste produce con su trabajo, sino “favorecer la igualdad de oportunidades”.

El concepto “igualdad de oportunidades” engarza dentro de una visión moralista que tiene su origen en la filantropía de economistas liberales como Stuart Mill, reformadores sociales cristianos como Thomas Paine, defensores de la idea del “bien común” como Adam Smith o jesuitas como Luigi Taparelli, que acuñó la expresión “justicia social”.

Desde el jesuitismo de Taparelli se avanzó hacia el socialismo fabiano, contrario a la lucha de clases, asumido después por el laborismo británico, el socialismo francés y el alemán, al que Marx combatiría en su “Crítica al Programa de Gotha

A lo largo de más de dos siglos la miseria intelectual de los Paine, continuada en el presente por los  Piquetty, los Raventós o los Van Parijs, ha intentado soslayar la desigualdad social, nacida de la explotación laboral para vender una falsa igualdad de oportunidades de quienes son desiguales desde la cuna y el trabajo. Los profetas  de esa calaña que hoy justifican el fin de las conquistas de la clase trabajadora a través de sus recetas de Renta Básica Universal son incapaces de responder a críticas como las planteadas en el artículo “Lo que no te cuentan los “progres” cuando hablan de la renta básica universal” (aquí) y al modo en que su propuesta trata de legitimar el fin del llamado Estado del Bienestar.

La llamada “igualdad de oportunidades” no es sino la coartada legitimadora del orden social capitalista, del mismo modo que el “interés general”, en cuya filosofía se integra la primera, es la argucia con la que la clase dominante pretende camuflar sus intereses particulares como intereses de toda la sociedad. En dicha retórica, y en la práctica política que conlleva, la diferencia entre derecha e izquierda es, en el mejor de los casos, de grado.

Dentro de la falacia de la igualdad de oportunidades adquiere toda su lógica el Ministerio de Igualdad de la señora Montero. Lo suyo no es intentar una igualdad de clase. Con igualar la situación de mujeres y hombres de la clase dominada ya le basta. Reto a cualquiera de ustedes a que me mencionen una sola ley del ministerio podemita de la señora Montero que sea de clase y no de género. El capitalismo, intocable.

REGALITOS EN CAMPAÑA QUE SON GATO POR LIEBRE

El cuerno de la abundancia ofreció en la campaña de las municipales y autonómicas regalitos para distintos segmentos de votantes como si se tratase de “las chuchesde Rajoy. Desde el cine a dos euros para pensionistas, el 50% en interrail por Europa para jóvenes, el aval del ICO para la compra de la primera vivienda, a las flores en cada balcón de Ayuso y los chupetes con el oso y el madroño de Almeida. Es la fiesta de la democracia.

Y ahora vayamos al grano, a lo que de verdad importa.

El salario del trabajador se compone de tres partes:

  • El salario directo: el sueldo neto que recibe a final de mes, lo que cobra.

  • El salario indirecto: educación, sanidad,…

  • El salario diferido: pensiones, coberturas de desempleo.

El salario indirecto nace de los impuestos. El diferido fundamentalmente de la parte del salario bruto descontada cada mes al trabajador.

Atravesamos un tiempo el que a la clase trabajadora no le va especialmente bien

  • En sanidad la protesta social ha demostrado que el problema es nacional y que si en Madrid el avance hacia la destrucción de la sanidad pública está pronto a ser logrado donde gobierna la izquierda la cosa sólo va un poco mejor ¿ O es que no han habido manifestaciones en defensa de la sanidad pública donde gobierna el PSOE? En esos lugares no es para tirar cohetes

  • En pensiones recomiendo la lectura de la parte que afecta a las mismas en mi artículo “Transfondo del show a hostia limpia de la izquierda”. En resumen: 29 años el período de cálculo de las pensiones futuras, edad de jubilación a los 67 años, incremento de años para acceder al 100% de la pensión, entrada de capital privado en los sistemás de pensiones,…

  • Sugiero la lectura de un texto anterior por lo que afecta a la Reforma Laboral: se mantiene el despido fácil y barato de la reforma Rajoy, dejando como estaba en el despido improcedente los 33 días por año trabajado y un tope de 24 meses, permite, como anteriormente sucedía, que la empresa cambie sustancialmente las condiciones de trabajo de un empleado y le despida con un máximo de 20 días por año trabajado, con un tope de 12 meses, no recupera los salarios de tramitación y perpetúa la precariedad laboral, aunque con el bonito nombre de “fijos discontinuos”.

Más allá de todas las promesas que hizo el PSOE para convertir unas autonómicas y municipales en unas generales adelantadas están dos hechos evidentes:

  • Los regalitos electorales, incluídos los 38,5 millones para salud mental, y otras 100 chuches van en detrimento del gasto social incluido en los Presupuestos Generales del Estado.

  • El gasto en los posibles "regalitos" prometidos es puramente coyuntural y va en detrimento del que estructuralmente debería corresponder a gasto público.

La "herencia universal" de Sumar tiene de fondo un sesgo liberal opuesto a la tradición de las organizaciones de la clase trabajadora, antes de que dejaran de defender sus intereses, y lo es porque supone varias dejaciones políticas e ideológicas concretas.

La primera es la desrresponsabilización por parte de Estado capitalista, que lo es gobierne el partido que gobierne, de la protección social, vía impuestos y aportaciones de trabajo a la protección social de los ciudadanos y particularmente de las clases subalternas para trasladar dicha responsabilidad al individuo en una especie de "toma 20.000 € al cumplir la mayoría de edad y búscate la vida". Es el sueño húmedo de cualquier liberal; hallar una forma de ir desmantelando el Estado social sin que implosione de golpe su legitimidad. 

La segunda es la desvinculación de las nuevas formas de redistribución social, llámense Ingreso Mínimo Vital, Renta Básica Universal, Renta Garantizada o Herencia Universal, de los derechos conquistados por la clase trabajadora, como son la sanidad pública, las pensiones o las coberturas de desempleo, para ser sustituidos por otros de tipo potestativo y asistencial, que son más fácilmente eliminables por factores coyunturales como un cambio de gobierno o una crisis económica aguda, al no estar asociados a los derechos nacidos del trabajo. 

Es cierto que el segmento de población activa más golpeada por el paro es el juvenil pero también lo es que 20.000 € no resolverían su situación  y que si ese dinero se dedicase a los posibles fines de los que hasta el momento se ha hablado (entrada a la compra de la primera vivienda, formación y emprendimiento), la falacia se mostraría con toda claridad. Si estás en paro, el banco no te concederá una hipoteca, aunque dispongas de 20.000 €. Esto en un país en el que en 2022 las prestaciones por desempleo  cubren al 68,7% de los parados mientras en 2009 alcanzaban al 80%. A los 10 años entre el 65 y el 70% de los negocios creados por emprendedores habrán fracasado, con su consiguiente endeudamiento, según afirman los expertos en la materia. En cuanto a emplear dicho dinero en formación, ¿no será ésta una nueva forma de continuar con el proceso privatizador en los ciclos de enseñanza pública no obligatoria, como sucede en la primera?

Aún siendo regalitos envenenados diferentes, la Renta Básica Universal y la Herencia Universal están dentro del mismo objetivo de desmonte por fases del llamado Estado del Bienestar a lo largo de las distintas etapas de la vida de la persona. 

Es sintomático que un un economista poco sospechoso de bolchevismo como Santiago Niño Becerra sea quien arroje luz sobre este tipo de regalitos:

 "El sistema de pensiones que hemos conocido es insostenible, por ello, y entre otras razones, se impondrá la renta básica: una especie de ingreso medio que absorberá subsidios y pensiones y a partir de aquí que cada cual se las componga como pueda"

Espero que la elección de la papeleta electoral entre el mal mayor y el mal menor les haya resultado provechosa.

26 de abril de 2023

TRASFONDO DEL SHOW A HOSTIA LIMPIA DE LA IZQUIERDA

 Por Marat

Y Pedro Navaja, puñal en mano le fue pa' encima

El diente de oro iba alumbrando toa la avenida, ¡hizo fácil!
Mientras reía, el puñal le hundía sin compasión

Cuando de pronto sonó un disparo como un cañón

Y Pedro Navaja cayó en la acera mientras veía, esa mujer
Que revólver en mano y de muerte herida, a él le decía

"Yo que pensaba: hoy no es mi día, estoy salá"
"Pero Pedro Navaja, tú estás peor, no estás en na'"

(…)

Pedro Navaja, matón de esquina

Quien a hierro mata, a hierro termina

Valiente pescador, pa'l anzuelo que tiraste

En vez de una sardina un tiburón enganchaste”

(“Pedro Navaja”. Rubén Blades)


Lo mínimo que cabe exigir a los guionistas de una serie de intriga política es un compromiso, no con la verdad, que es cosa de curas y profesores de ética en educación secundaria, sino con un contenido y trama lo bastante interesantes y novedosos como para que el espectador sienta que es tratado como si fuese inteligente, aunque los hechos demuestren que rara vez lo es.

No es el caso. La escenificación del enfrentamiento entre los socios minoritarios del gobierno del PSOE es de una cutrez impresionante. Está en línea con las performances del programa de telebasura “Sálvame”. En consonancia, el director de dicho programa, Jorge Javier Vázquez, fue una de las estrellas invitadas al acto público de presentación de Sumar en Magariños. Si un exnazi como Jorge Verstrynge pudo transitar desde la Alianza Popular, precursora del PP, al PSOE, luego a Izquierda Unida y, por último, recalar en Podemos, por qué un excelso representante de la casquería televisiva no iba a apadrinar a lady Díaz.

Quien opte por entrar en los dimes y diretes, en quién inició la agresión y quién se supone que se limita a defenderse, en los distintos hitos del enfrentamiento Sumar-Podemos, carecerá de toda perspectiva de lo que realmente sucede en el espacio parlamentario, o con vocación de tal, a la izquierda del PSOE y lo hará, desde una perspectiva limitada al juego reformista y a la apuesta por uno de los dos contendientes.

Conviene situarse en el contexto del conflicto y entender el trasfondo del mismo para ver lo que se juega en esta timba de tahúres políticos.

Hablemos de hechos.

El marco postpandemia, las políticas del Plan de Recuperación (fondos Next Generation) de la UE, la amenaza de una posible nueva recesión de la economía mundial y europea, los tipos de interés elevados y las tasas de crecimiento particularmente bajas, son el marco que explica la aceptación de la política económica y social del gobierno de coalición.

El PSOE tiene a gala mostrarse ufano de las coincidencias de su política económica y social con las de la Comisión Europea. Es lógico porque sus votantes son aún más acríticos y desinformados que los de Unidas Podemos de lo que representa aquella respecto a los recortes del Estado Social que tanto una como otra parte del gobierno español venden como avances sociales y mejoras en las políticas de igualdad. Ejemplos hay unos cuantos pero baste citar la la reforma de las pensiones y la tan reivindicada como gran éxito progresista, la reforma laboral.

La reforma de las pensiones responde a los requerimientos del ya viejo Pacto de Toledo de “corregir el excesivo” gasto en pensiones, se abre la puerta a su privatización, mediante un sistema dual, con la idea de los planes de pensiones paneuropeos, que supone la entrega de parte de las cotizaciones de los trabajadores al capital financiero; el período de computo pasa de 25 a 29 años y la edad de jubilación se consolida en los 67 años, lo que perjudicará especialmente a los más jóvenes por su precariedad laboral y la revisión del modelo de financiación de las pensiones cada tres años, propuesto por la AIREF (de donde proviene el ministro de la Seguridad Social, Escrivá), no necesitará pasar por el Parlamento, lo que implica una burla a la representación de la soberanía nacional.

La reforma laboral mantiene el despido fácil y barato de la reforma Rajoy, dejando como estaba en el despido improcedente los 33 días por año trabajado y un tope de 24 meses, permite, como anteriormente sucedía, que la empresa cambie sustancialmente las condiciones de trabajo de un empleado y le despida con un máximo de 20 días por año trabajado, con un tope de 12 meses, no recupera los salarios de tramitación y perpetúa la precariedad laboral, aunque con el bonito nombre de “fijos discontinuos”.

Es llamativo como el candidato de IU a la alcaldía de Oviedo, Gaspar Llamazares, trata de dar la vuelta a la subsidiariedad (Tratado de Maastrich de la UE) de las políticas económicas, de empleo y sociales del gobierno español y la orientación ideológica de las mismas respecto de la Unión Europea. Dice así este buen hombre:

“El paradigma de la izquierda está cambiando, queramos o no queramos darnos cuenta. Por ejemplo, la UE ya no es la que era, no es la misma desde el proceso de la pandemia y, probablemente, no sea la misma después de lo que va a ocurrir en la guerra y la crisis financiera que se anuncia. Digamos que está en una evolución y no una evolución negativa que explica cómo convergen ciertas políticas. Resulta que un gobierno social-comunista, protervo, que iba a desmantelar no sé qué, coincide con las políticas de la UE en estos momentos”.

El término “desmantelar” es un “lapsus linguae” en boca de quien sabe bien que en los tiempos que corren y en los venideros hay y habrá que hacer lo que haya de hacerse, lo haga el de la empanada gallega o la reedición del gobierno más progresista de la historia, como gustan decir en Unidas Podemos.

Mientras continúen fluyendo los fondos europeos se seguirá subsidiando (no confundir con la subsidiariedad antes citada) mediante ayudas temporales, raquíticas en cuantía a cada beneficiario, que no nacen de derechos conquistados sino de la voluntad del ejecutivo, las consecuencias de las reformas sociales y económicas que van desmantelando, ahora sí, los últimos flecos del Estado Social.

En lo relativo a estas políticas no hay diferencias entre los socios de gobierno, ni entre los miembros de Sumar en el Parlamento y entre los de Podemos, por lo que mal puede intentar argumentarse que Yolanda Díaz y Sumar están a la derecha de Pablo Iglesias y Podemos, cuando estos dos últimos sacan pecho por su supuesta influencia decisiva en lo que llaman la orientación progresiva de las mismas.

Los enfrentamientos entre Sumar y Podemos empezaron a cobrar un carácter de guerra pública cuando el horizonte electoral empezó a complicarse, manipulaciones del CIS aparte, tanto para el PSOE como para Unidas Podemos, especialmente para el socio minoritario que, encuesta tras encuesta, iba cayendo.

Para entonces Podemos era ya percibido por amplios sectores de la izquierda social, intelectual y, en menor medida política, porque representaban menos que Podemos, parte del problema y no de la solución. De ahí nace el camino que lleva hasta Sumar y la conciencia por parte de Podemos de que ya no podría liderar un proyecto de reconstrucción de la izquierda sino, en el mejor de los casos, ser parte del mismo, algo que tampoco tenía tan claro que le dejarán ser. Demasiada humillación para Podemos que reclamaba en base a un pasado del que carece en el presente. “Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras” (Comisión Nacional del Mercado de Valores)

No hay suficientes cargos con buen sueldo para tantos candidatos dispuestos a pillar cacho. La situación hoy de Podemos ya no es la riada que entonces parecía que iba a anegar al PSOE. Ahora apenas se mueve el riachuelo. Hoy en la enfrentada izquierda hay muchas más ambiciones personales que satisfacer y previsiblemente muchos menos asientos para acomodarlas.

Podemos, las imposiciones de un restringido aparato que en el pasado parecía todopoderoso y sus purgas internas, han generado un inmenso resentimiento en exsocios y exmiembros, dispuestos ahora a tomarse su venganza. No deben olvidarse tampoco los miembros aún activos, y pasivos, del mismo, que irán abandonando el barco, según sondeos y resultados electorales en mayo y en diciembre vayan demostrando que apenas flota. Los asaltacielos y sus restos acabarán asfaltando los suelos.

La decepción y el hastío que los podemitas han provocado entre intelectuales e “influyentes profesionales” son más poderosos en su aproximación actual o, al menos, neutralidad hacia Sumar, que el poder de atracción de éste y su reina mediática.

Las diferencias programáticas entre Podemos y Sumar son previsiblemente mínimas, como la experiencia de la participación de los distintos componentes de Unidas Podemos en el gobierno de coalición ha demostrado. Las diferencias son de matiz, tono y talante.

De ahí que las dos figuras centrales de la bronca necesiten extremar esas diferencias formales, a través sus púgiles principales: Yolanda Díaz y su sonrisa eterna y excesiva, que busca el voto por simpatía personal, antes que por ideas, y el rictus crispado y colérico de Pablo Iglesias, secundado por Irene Montero y Ione Belarra, que busca el refrendo del izquierdista que se cree rojo porque grita fuerte en twitter.

¡Qué recuerdos, aquellos del eslogan podemita de “su odio, nuestra sonrisa”! Pronto, de seguir el reparto de hostias entre los miembros de ambas facciones, a Yolanda Díaz también se le irá amargando la sonrisa, mientras los fans de uno y otro lado irán menguando, más por el aburrimiento derivado de la falta de novedad en el espectáculo que por la inteligencia necesaria para entender que donde no hay sustancia todo es irrelevancia. Bienvenidos al gran circo americano de la política como ficción.

En la política de las democracias liberales todo es percepción. Cuando el espectador y potencial votante compara tonos, estilos y expresiones, ve que, a pesar de las coincidencias programáticas, la suavidad de Sumar y de Díaz es más coherente para un mismo reformismo que no saca los pies del cesto que la nota macarra y bronca de Iglesias y Montero, por lo que llegan mejor y con más aceptación sus mensajes. Venden el mismo apósito, como si fuera un fármaco, pero mientras el primero parece paliativo, el segundo resulta simplemente irritante para la mayoría de la audiencia, incluso la potencialmente próxima.

En cualquier caso y como la política es asunto de percepción y también de información, la imagen que presenta Díaz de su gestión, y la que se está proyectando sobre Sumar con los ERTEs, la reforma laboral y las subidas salariales es mucho más fácilmente vendible que el fiasco penal del “sólo sí es sí”, la “ley trans”, que ha dividido al feminismo y la campaña de brocha gorda del “Ahora que ya nos ves”, por mucho que Montero y Podemos se empeñen en decir lo contrario.

El agotamiento de Podemos, como oferta política de peso en la combinatoria postelectoral e “ilusionante”, requiere de una metamorfosis del bucle neoreformista y postlaborista, iniciado por el PCE con la invención de Izquierda Unida; aquella de la sopa de letras del oportunismo político más burdo (Tamames, los carlistas, Izquierda Republicana y el propio PCE), se reencarna ahora en Sumar. Se trata de mantener abierta la “ilusión del cambio progresista”. Conviene que se sepa que “ilusión” viene del nominativo latín “illusio” y de su genitivo “illusionis”, que significan “engaño”, proveniendo ambos de “illusus” que, etimológicamente, ha dado en el español “iluso”. A su vez, “illusus” es el participio del verbo “illudere”, que significa “burlarse de”, “mofarse de”.

Significativamente, en castellano ilusión tiene un significado más positivo, el de “esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”.Y, más significativamente aún, esa segunda acepción está muy conectada con el marketing, la publicidad y la política, del mismo modo que el mercado de consumo bajo el capitalismo y su formato político de la democracia representativa se investigan con las mismas herramientas de medición distributiva (encuesta) y de análisis estructural (técnicas cualitativas). Se trata de generar el deseo que mantenga al consumidor/elector integrado dentro de un único orden social, el del capitalismo y su arquitectura política.

Dentro del eje posicional derecha vs. izquierda, ésta corre el riesgo de ver su segmento muy reducido por el debilitamiento paulatino de su nicho más izquierdista, el de Unidas Podemos. La sangría de votos de la coalición, la pérdida de socios, el desgajamiento de partes del propio Podemos, las broncas internas del propio partido, la salida de miembros destacados del mismo, las purgas de muchos de sus dirigentes a niveles nacional, autonómicos y locales, las luchas de poder, la negativa imagen externa proyectada por Pablo Iglesias sobre su propio partido, la erosión producida por su participación en el gobierno, su debilidad territorial, derivada de una escasa militancia y de la desaparición de sus círculos, ha envejecido velozmente a un partido en apenas 9 años. El agotamiento de Unidas Podemos es, ante todo, la crisis de Podemos, pues Izquierda Unida es, desde 2015, un cadáver político sin enterrar.

Ahora, en la moviola del eterno retorno, Podemos se cuece en su salsa de circulitos morados y los conjurados alrededor del “significante vacío” Sumar le señalan como al “típico izquierdista tristón, aburrido, amargado” e intentan impedir que se les acerque mientras parecen decir “ven”. Dice Alberto Garzón “algo de esto ya lo he vivido antes”. El uróboro se come la cola.

La novedad, siempre hay algo nuevo en todo lo repetido (en ocasiones puede llegar a ser más sustancial de lo evidente en el decurso de los acontecimientos futuros), está en cómo se está construyendo Sumar y en cómo se creó Podemos.

Podemos tomó la forma inicial de simulado movimiento asambleario post15M aunque, como éste, tenía su propio núcleo duro que había de “orientar” sus pasos. Salvo los aventureros oportunistas de Izquierda Anticapitalista, históricamente habituados al entrismo (antes lo hicieron en Izquierda Unida como Espacio Alternativo), el Podemos original no integraba más partidos. Con el tiempo se iría configurando como tal, con su propio aparato ya jerarquizado y la salida de los “anticapis”, que se quedaron

Sumar, en cambio, se conforma antes como alianza de organizaciones y partidos (Izquierda Unida, PCE, Más Madrid/Más País, Verdes Equo, Alianza Verde, Cataluña en Común, Compromís, Galicia en Común, Coalición por Melilla, Proyecto Drago, Chunta Aragonesista, Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (Ceuta), Iniciativa del Pueblo Andaluz y Batzarre. Llamativamente una parte de ellos son escisiones de Podemos y socios y exsocios de Podemos. Ello puede tanto suavizar las tensiones entre Podemos y Sumar como excitarlas. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de ellos los que participan con algún protagonismo en esta granizada de hostias a un lado y otro del ring son largamente conocidos como intrigantes de largo recorrido en las organizaciones por las que han pasado (en asuntos de transfuguismo son unos cuantos los que dejan a Toni Cantó a la altura de un aficionado), eficaces martillos de herejes y vividores de la política como primera y única profesión de la que sólo la biología habrá de jubilarles.

Aunque los primeros pasos de Sumar se dieron, en la fase de consulta, como “una asociación que quiere servir para impulsar un movimiento ciudadano”, según se expresa aún en su web, más allá de la presencia en las fotos del acto de Magariños, la realidad es que estamos ya en una fase del protagonismo de los partidos. La primera fase tenía por objeto vestir de aspecto participativo al títere de la “ilusión”, con un guiño a los nostálgicos del 15-M, al contar con el economista keynesiano Joseph Stiglitz entre sus asesores. No hay necesidad de alarmar al mundo de la empresa incorporando a un economista marxista.

En esto no hay originalidad alguna: Sumar sigue milimétricamente el proceso de formación de Izquierda Unida en 1986, con un PCE infinitamente más débil y una IU que busca su resurrección con otro disfraz y una líder con más aceptación social demoscópica que cualquiera de los coordinadores generales que tuvo aquella.

En cualquier caso, la desigualdad entre un Sumar formado por una coalición de siglas y encabezado por una lideresa con escasa conexión orgánica, salvo su carnet del PCE deja a ésta, por carismática que sea su proyección política, en una situación de debilidad tanto interna como externa.

En el intercambio de caricias entre Sumar y Podemos, éstas se concentran, tanto para su emisión como para su recepción, en Yolanda Díaz, que sólo puede contar como infantería más activa con opinadores mediáticos, fans de las redes sociales y un cierto entusiasmo comedido de algunos de comunicación (La Sexta, El País, El Diario, la Ser).

Pero no puede contar con la asistencia bélica de Izquierda Unida, los Comunes o Equo porque para las elecciones municipales y autonómicas próximas van integrados en las candidaturas conjuntas de Unidas Podemos y sus denominaciones locales en gran parte del territorio. Los partidos de ámbito regional no se implican abiertamente en esa guerra porque su objetivo es reforzarse dentro de las sinergias de la marca paraguas Sumar y ésta no se presentará a las elecciones del 28-M. En cuanto al errejonismo su guerra con los podemitas es de baja intensidad.

Podemos dispone de un ejército más estructurado, cohesionado y variado. Además de sus dirigentes con acogida médiática general, al menos para esta guerra (Iglesias, que dirige toda la estrategia, Montero, Belarra, Echenique, Pablo Fernández), disponen de algunos medios muy cercanos (Público, CTXT) y un medio propio (Canal Red, ahora en TDT), de impacto y audiencia limitados, pero desde los que se imparte doctrina, artillería constante contra su socio de gobierno, el PSOE y pellizcos a Yolanda Díaz. Así mismo, Podemos cuenta con un conjunto de opinadores que se encargan en sus entornos amigos de que no decaiga el enfrentamiento y de varios miles de hooligans en redes sociales, especialmente fanatizados en twitter que agitan el insulto por bandera argumental.

Así las cosas, es la propia Yolanda Díaz, salvo asistencias limitadas, la que debe responder a las invectivas podemitas, Cuando acierta en tono y contenido de la respuesta, el éxito es de todo Sumar. Cuando yerra, como en el caso del tratamiento que hizo a la figura de Iglesias en la entrevista de Évole, transmitiendo la idea del enfrentamiento Podemos-Sumar en algo personal, justo la idea que los primeros buscan que cale socialmente, el error es suyo.

Del mismo modo que la opinión de un periodista no es la suya sino la de su medio, la orientación de la entrevista no la marcó Évole sino La Sexta. No hay error de Évole. En la guerra de ésta con Podemos, Sumar es un instrumentos útil, pero no ignoran que el objetivo de su matriz mediática Atresmedia es que el PP gobierne tras las próximas elecciones generales.

¿Quién ganará esta guerra a hostia limpia? Es seguro que Podemos no. Tras las autonómicas y municipales llegará la constatación de muchos de sus todavía miembros, sobre todo de los no electos, de su fracaso histórico, al ver a donde han llegado tras su primer Vistalegre. No creo que aún sea el “sálvese quien pueda”, faltan las generales pero, para éstas, ya volarán las agujas de los relojes de sus cargos pidiendo sitio en Sumar, con la cabeza de Iglesias y Montero (el resto son 0), como busca Yolanda Díaz y casi todos sus socios, y antes le pasó a Cayo Lara, salvando la distancia en honorabilidad entre uno y otros.

Y a Sumar, ¿cómo le irá? En primera instancia depende de cómo les vaya a sus partidos coaligados en las autonómicas y municipales, por mucho que Sumar no se presente a ellas, y de cómo gestione Yolanda Díaz su participación en las campañas de sus socios.

A quienes vayan en coalición con Podemos no les irá bien porque las listas son cerradas, aunque ya se sabe que todo se matiza luego para consumo interno.

Según cómo le vaya a Colau, a Compromís y a Más Madrid, la cosa de Sumar tirará mejor o peor.

Y sobre todo a Sumar le irá según sumen sus miembros lo suficiente o no con Podemos y con el PSOE el 28-M.