28 de abril de 2021

EL ESTADO SIGUE SIENDO LA CUESTIÓN CENTRAL


Por Marat

Creyó que si trabajaba duro estaría protegido en su vida ,cuando se quedase en paro, al enfermar, en la vejez, cuandosus hijos necesitasen aprender. Pero habían cambiado las reglas del juego y nadie se lo había advertido”

(El texto es mío pero alguien lo convertirá en un meme y se lo atribuirá a un personaje histórico o un periodista se lo apropiará como suyo. Son cosas de Internet)

Hablar de lo que pasa hoy en términos de cómo le va a la clase trabajadora y a los sectores populares – esas clases medias que, a lo largo de la historia, siempre han querido verse reflejadas en la clase dominante y nunca en las subalternas y que ahora están siendo laminadas por la concentración del capital que acaba con el trabajo profesional autónomo- puede parecer algo propio de arqueólogos o de nostálgicos de la historia. Pero la historia es terca y devuelve a la realidad lo que antes nació de sus cimientos.

Cuando en 1973 empezó a quebrarse el crecimiento capitalista basado en inversiones del Estado en coberturas sociales y en consumo de masas como medio de expansión de los mercados, los Estados empezaron a involucionar sus políticas sociales y a crecer, en paralelo las tendencias autoritarias y la vigilancia tanto por parte de las empresas como de aquellos.

Los años posteriores han ido haciendo que los recortes, primero tentativos y muy finos, al Estado del Bienestar capitalista fueran casi imperceptibles. De hecho, creo que las protestas sindicales de los 70 y 80 en Europa fueron más producto de la capacidad de movilización sindical del momento que de la conciencia de la clase trabajadora en aquella época.

Más tarde las lonchas del salchichón social han ido siendo cada vez mayores y afectando a lo nuclear sobre lo que la socialdemocracia asentó su pacto social con el capital y su Estado: la sanidad pública, las coberturas de desempleo y las pensiones. Todo hacia la privatización, nada hacia su mantenimiento. Tampoco con los gobiernos social-liberales de los Partidos Socialistas ni con los de coalición europea de socialistas y excomunistas”, aunque llamar tal cosa a estos últimos sea como admitir que algún día lo fueron...y eso sería exagerar mucho, no para el neofascismo, que combina violencia política en sus proclamas y ultraliberalismo en sus propuestas económicas, y para el que un liberal compasivo como el Presidente de Canadá, como Justin Trudeau es un comunista.

Pero todas esas políticas antisociales han sido aplicadas por el Estado y éste es un Estado de clase, de la clase capitalista.

Confundir Gobierno y Estado puede ser fruto de la ignorancia o de la intencionada voluntad de la izquierda, la progresía.

No hace falta recurrir a Marx ni a Lenin para entender la esencia del Estado bajo el capitalismo. Debieran bastar casi 50 años de retrocesos de los derechos de la clase trabajadora, de recortes sociales y de privatizaciones para entender que el Estado responde a los intereses del capital y que las Constituciones que dicen proteger los derechos sociales y económicos de los más débiles no encuentran obstáculos del poder judicial para ser violadas por las nuevas leyes.

Retrocedemos como clase, no de un modo disciplinado sino en desbandada, vemos cómo los neutrales economistas nos venden el regreso hacia formas laborales neoesclavistas, aprendemos a pensar al modo en el que nos enseñan los medios de comunicación, sean los tradicionales o las redes sociales, aceptamos como válido el modelo ideológico de nuestros sobreexplotadores, porque explotados somos desde el momento en que aceptamos vender nuestra capacidad de trabajar a quien obtiene un beneficio por ello. Toda esa normalidad es parte del Estado capitalista porque él organiza la enseñanza, paga a las religiones, sostiene con subvenciones a todos los medios de comunicación, independientemente de su ideología, da legitimidad a los jueces que justifican el derecho de pernada de los peores salteadores de la política y del mundo empresarial, protege o hace la vista gorda ante sectores golpistas militares y ante policías criminales y fascistas porque algún día los necesitará ¿Ven ustedes muchas diferencias entre derecha e izquierda en estás cuestiones? Yo no y sé porqué no y porqué creo que confundir izquierda y comunismo es insultarnos a los comunistas.

Ayer, en un contexto que no viene al caso, me tocó hacer de ambulancia para una señora mayor de Getafe a la que las ambulancias privadas contratadas por la Comunidad de Madrid le habían dejado claro que no llegarían a atenderla hasta pasados 20 ó 25 minutos. No tenía buen aspecto la señora como para esperar tanto tiempo. Afortunadamente el Hospital Universitario estaba cerca, no tanto Urgencias, que estaba lo más alejado posible de la entrada. Me pregunto porqué se diseñan así muchos hospitales. 

En cualquier caso, la inexistencia de un servicio de medicina de urgencia, en lo referente a ambulancias rápidas cuando se necesitan, es lo que pasa cuando recortas y privatizas los servicios públicos y la lógica del mercado se impone por encima del derecho a la salud y la vida.

También es cierto que la señora afectada era mayor y, ya que la pandemia en Madrid ha sido una oportunidad para matar viejos en residencias, señora Ayuso, tampoco es cuestión de dejar pasar las posibilidades que se nos presentan en la vida para corregir el coste de las pensiones, ¿verdad? Matar viejos se va a convertir en un deporte federado en no demasiado tiempo. Lástima que los edadistas, los que odian a los mayores, no se suiciden, en coherencia con su fobia, antes de llegar a esa jodida etapa de la vida. 

Por todo lo anterior creo que para combatir al capitalismo no valen las tiritas que la progresía de izquierda le pone a las situaciones terribles de la clase trabajadora y los sectores populares. Hasta el grado del parche, siempre inútil, absolutamente insuficiente e insultante para quien sufre las peores condiciones de vida, es una burla patética porque está sujeto a la política partidaria de quien gobierne.

Ahora que la pandemia ya va acercándose a lo que los países venden como nueva normalidad, el capital, sus gobiernos de turno, pero siempre sus Estados permanentes, están preparando las peores recetas por parte del capital que puedan caber en la mente de los trabajadores y de los sectores populares.

Si ustedes siguen creyendo que cambiando el gobierno se cambian las políticas sociales realmente y no se limita la cuestión a una mera exhibición de algunos éxitos que no son ni para el conjunto de la clase ni le cambian el futuro real; si ustedes siguen creyendo que un gobierno cambia a un Estado, a ustedes no tengo nada que decirles. Sigan con su mentira.

El coletas tenía razón en una cosa, lo de que el cielo no se toma por consenso sino por asalto. Ahora solo falta decirle que su mentira es obscena porque la frase de Marx de tomar el cielo por asalto, referido a la Comuna de París, aludía a la necesidad de destruir el Estado burgués para construir, en su lugar, otro proletario y lo de Iglesias se limitaba a ocupar electoralmente esferas del gobierno y de otras áreas de influencia. Ahora su asalto se limita a sobrevivir. Es lo que pasa cuando disfrazas de transformación social la mera ocupación temporal, durante cuatro años, del gobierno y no del Estado.

Y es que de eso se trata, amiguitos progres de izquierda. De tomar, violentamente, porque no existe otro modo, el Estado burgués, y luego ya hablamos de tofu con sabor a pollo, de tíos embarazadEs, o de combatir al fascismo (ya veremos luego que solo es en campaña), nenes.

Ah, y vais a perder frente a Ayuso y VOX, no solo por impresentables de derechas como Gabilondo sino porque los barrios son para vosotros los lugares que visitar en campaña para hacer algo guayy ellos han sido capaces de transformar el cansancio y la frustración en fiesta y en su concepto de “libertadsin que vosotros, los progres, hayáis sido capaces de ofrecer una esperanza que valga en el aquí y ahora.

Tomar por la fuerza el Estado haría que la situación de los trabajadores fuese respetable, sencillamente porque, en el peor de los casos, el capital empezaría a estar interesado en pactar. En el mejor se abriría la posibilidad de aplastarlo. A partir de ahí vendrían las victorias que arrancásemos, si quisieramos hacerlo y nos importasen.

Pero es posible que estuviéramos hablando de elecciones y no de la realidad del Estado capitalista y de cómo acabar con él, ¿verdad? 



23 de abril de 2021

AYUSO, VÍA VOX, GANÓ EL DEBATE (AL QUE NO FUE) DE LAS ELECCIONES MADRILEÑAS EN LA SER

Por Marat

La desestabilización política, comandada a la limón, entre la derecha extrema y los fascistas está dando sus frutos...con la connivencia, cuando no clara parcialidad, de jueces que no investigan atentados a sedes de partidos, disparos contra fotografías de miembros del gobierno español, o amenazas de militares en la reserva a las vidas de 26 millones de españoles. La ausencia de castigo ejemplar de la infame Margarita Robles, Ministra de Defensa augura los mismos riesgos a los que sometió a la II República el pusilánime liberal Azaña frente a los golpistas que acabaron por echarla abajo ¿Qué decir del Juzgado de Instrucción número 48 de Madrid que se ha negado a retirar el cartel xenófobo y mentiroso de VOX contra los Menores No Acompañados (MENAS), después de que se lo solicitase de urgencia la Fiscalía Provincial de Madrid?

El envío de sobres con amenazas de muerte en texto y balas a Marlaska, Iglesias y la Directora de la Guardia Civil, Gámez, fue el instrumento facilitador del triunfo de la ausente, Ayuso (PP), por vía interpuesta, la de su escudera Monasterio (VOX).

Ayuso ya había dejado claro que no participaría en el debate organizado por la cadena SER este viernes 23 de abril, especialmente después de que no le fuese excesivamente bien el organizado con anterioridad en Telemadrid. Otra cosa es la opinión militante de quienes ya han dado por descontado su voto aunque su candidata trastabille en cuando deja de tener un papel delante y alguien le apriete con los suficientes reflejos para hacerlo.

La democracia liberal-burguesa requiere de un importante grado de espectáculo. Al fin y al cabo se presenta como un combate de gladiadores dentro del circo romano que hoy representa la combinación de televisión y redes sociales.

Pero cualquiera que sepa un mínimo acerca de lo que es una performance – da igual que ésta sea sobre telebasura de casquería que sobre casquería política- tiene claro que el papel del clown no se improvisa sino que se prepara previamente.

Venían calentando motores. Ayuso lo ha hecho durante todo un año. Su última genialidad consistió en llamar mantenidos subvencionados a los sectores de la clase trabajadora que acabaron en las colas del hambre, a los que, por cierto, no alimentaban los compañeros Ministro de la Seguridad Social, Escrivá, ni el señor Iglesias, que tanto revindicó el Ingreso Mínimo Vital, en sustitución de unos derechos nacidos del trabajo por una especie de caridad pública (no lo hicieron porque no cubrieron con esa prestación ni a la sexta parte de quienes lo necesitaban) sino la solidaridad de asociaciones de vecinos, ONGs e instituciones de la iglesia católica como Cáritas, a la que desde hace años ataca VOX y Monasterio en particular, ahora por ocuparse de la atención a los menas.

Pero la telonera Monasterio ya venía preparando el espectáculo que habría de producirse en la SER cuando dijo aquello de que las mujeres no pueden salir a la calle en Madrid porque los menas las roban el bolso o cuando sugirió, horas antes del debate de la SER, en Radio Nacional de España, que las balas recibidas por Iglesias y los otros dos cargos amenazados podían ser una especie de autoamenaza.

La presentadora del debate de la SER, Ángels Barceló, echó el resto, abriendo fuego con la pregunta sobre los sobres con balas recibidos por los tres políticos mencionados más arriba – otra cosa es que hubiese planteado la cuestión cuando el debate ya estuviese avanzado y encarrilado y no para abrir boca-, buscando un pronunciamiento de Monasterio que, dada su trayectoria y la de sus compinches, no iba a producirse.

Ésta se reiteró en sus insinuaciones, negándose a condenar, sin matices, las amenazas aludidas y exigiendo, en cambio, que Iglesias condenase los altercados de Vallecas del mitin de VOX, a sabiendas de que el mismo había sido una provocación, desde su planteamiento hasta la actuación de Abascal en él, contra los vecinos del distrito.

Por más que ese gatito de angora que es Iglesias para el capitalismo, él, sus giros programáticos desde la fundación de Podemos, los sapos que se ha tragado,…, hubiese querido evitar el desastre, si te mandan cuatro balas, una para ti, otra para tu mujer y dos para tus padres, te dicen que estáis sentenciados a la pena capital, cosa que está fea, y la candidata de los fascistas a la Comunidad de Madrid da a entender que es un montaje y que no te cree, además de negarse a condenar el intento de intimidación, te sientes un tanto incómodo.

A Iglesias no le quedaba otra opción que exigir la retractación de Monasterio respecto a sus retiradas palabras o coger la puerta y largarse, previo aviso de hacerlo, y eso hizo, mientras la cínica e indecente fascista le conminaba a ello. He ahí la victoria de Ayuso, por vía interpuesta de su esbirra. Cualquier oportunidad de debate programático, de hablar de la gestión de la pandemia en Madrid, de propuestas políticas, para hacer frente a la situación de cientos de miles de trabajadores y autónomos empobrecidos, estaba ya cegada. La mierda rebosaba ya los micrófonos de la SER. Y Monasterio se encargó de seguir lanzando lodo para rematar el programa, sin otras cortapisas que los amagos de enfado- ¡ayyy, no seas mala!- de Ángels Barceló.

Si hubiera habido un ápice de ética periodística por parte de la moderadora, hubiera expulsado del debate a la portavoz dual de VOX-PP o le hubiera cerrado el micrófono por el resto del programa.

Si los otros portavoces de izquierda, Gabilondo y Mónica García, hubiesen tenido un mínimo de dignidad se hubieran ido con él coletas. De Bal, el candidato de C´s nada que decir porque carece, como su presidenta Arrimadas, del más elemental sentido de la decencia y la autoestima, toda vez que, expulsados del gobierno de Ayuso, se empeñan en volver al lugar en el que fueron humillados. Por fortuna, los resultados del 4M nos evitarán ver un espectáculo tan bochornoso por parte de un partido que aparentó ser socialdemócrata en Cataluña y acabó por ser liberal-conservador, previo paso por la foto de Colón.

La jugada estaba planificada de antemano. Los dos tuits, el del PP y el de VOX, luego borrados, señalando a Iglesias la misma expresión- cierra al salir- son un argumento más que confirma la tesis antes planteada.

Las posteriores intervenciones de los opinadores oficiales de la SER, tanto de Barceló, como de sus contertulios de mesa camilla y abrevadero de tocino radiofónico que tendían a repartir culpas entre la fascista provocadora y calumniadora y el coletas, equilibrando actuaciones, son de una vileza repugnante. Poner en la balanza, siquiera, a la víctima potencial y a la individua que cuestiona la veracidad de la amenaza y estimula a los matones de su cuerda, es abyecto.

Pero la estrategia ha funcionado. Monasterio ha salvado a Ayuso de nuevos debates. A partir de ahora solo habrá ruido y ventilador de la mierda sin posibilidad alguna de datos.

Iglesias no me parece un político respetable. Desde el minuto 0 de la fundación de Podemos vengo denunciando el engaño que suponen tanto él, como su camarilla y su partido para las necesidades de la clase trabajadora, tanto las inmediatas, que atañen a su subsistencia material, como a las secundarias, que se refieren a su liberación del trabajo explotado y al desarrollo de su potencial humano.

De alguien que se disfrazó de incendiario para acabar siendo la coartada exigentemente social de un gobierno social-liberal que seguirá el sendero de Zapatero, como éste lo hizo del de González, para terminar aceptando los dictados de recortes sociales, privatizaciones y conculcación de derechos del capital europeo, poco puedo esperar.

Pero, al contrario que esa multitud de decepcionados de la ilusión democrática, como antes lo fueron del 15M, al que también combatí, no soy alguien que coloque a todos mis adversarios al mismo nivel.

Sé que hay tontos útiles y fanáticos – de ese mal no está exenta ninguna ideología, incluso las más emancipadoras- que consideran que el enemigo principal es el que aparenta pertenecer a la misma rama del árbol, por más que la historia haya señalado con sus hechos a los mayores monstruos que convirtieron el siglo XX en una pesadilla. Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie, escribió Theodor Adorno. No pertenezco a esa secta ni a ninguna otra. Con mi propia cabeza asumo mis contradicciones y sé cuál es no mi adversario, los pseudorrevolucionarios, sino mi enemigo absoluto: el fascismo, hijo del capitalismo.

También sé que esta vez la guerra, como la mayoría de las batallas que han de precederla, está perdida de antemano porque, frente a la izquierda, por naturaleza meramente reformista, pero ahora tecnocrática, postmoderna, alejada de las vidas de la gente común, pequeñoburguesa, biempensante, timorata ante la lucha descarnada de clases, preocupada por cuestiones de derechos por cuotas y no por los de la inmensa mayoría, está un fascismo orgulloso, pujante, seguro de sí mismo, reinventado en nombre de una falsa libertad, la del individuo contra el colectivo, que da la batalla ideológica, que ha organizado a su base social en esferas de influencia y que suministra material de odio a aquellos a los que la izquierda hace más de 50 años abandonó, dotándoles de bandera, falsos propósitos, mensajes, por más que falsos, muy sencillos de entender, y una aureola romántica de oposición en la que el más descerebrado e ignorante de los seres humanos puede sentirse parte de una comunidad de nuevos resistentes.

Frente a todo eso no hay nada.

No se puede combatir al fascismo si no se combate al capitalismo. Aquél nace siempre cuando las crisis capitalistas no son meramente coyunturales y las necesidades humanas de amplias capas de la población afectan de manera extraordinaria tanto a sus condiciones de vida material como espiritual.

Hoy no es posible desde los gobiernos social-liberales, o progres si lo prefieren, un gasto social suficiente para demostrar que el reformismo es capaz de paliar, que no solventar, las necesidades de las clases trabajadora y populares. Se asume la deuda de partida y nadie afrontaría el riesgo de amagar de nuevo a lo Tsipras para acabar por aceptar, como el gobierno griego de entonces, todas los castigos posteriores. Se traga de entrada, a ver si las nuevas medidas de austeridad son menos sangrientas que los de la fase anterior de la crisis capitalista.

Tampoco hay proyecto emancipador alguno que sea capaz de conquistar mentes y corazones hacia una sociedad igualitaria, emancipada del trabajo asalariado y en la que el ser humano pueda desarrollar todo su potencial intelectual, solidario y liberado de sus necesidades inmediatas. El socialismo es negado por aquellos que son acusados de ser comunistas por parte de quienes inculpan de tal cosa a alguien con un mínimo de empatía hacia sus vecinos.

En los años 30 del pasado siglo la bestia triunfó y aplastó al antifascismo en toda Europa. Afortunadamente, existía la Unión Soviética, que acabó con ella. No fue el desembarco de Normandía el que la derrotó.

Incluso si se derrotase a Ayuso y VOX mordiese el polvo de no poder asaltar el gobierno de la Comunidad de Madrid, algo que no desearía el PP porque sabe que con su candidata puede no ser suficiente, una victoria de la izquierda representaría muy poco. Tan solo significaría enfrentarse al hecho de no poder hacer una política social muy diferente a la de la derecha, entre otras cosas porque el terreno de juego económico es ajeno incluso a España. La realidad la marca la marcha del capitalismo a nivel mundial y lo que dicta éste es la recuperación de la tasa de ganancia del capital, no de los niveles de vida de las clases trabajadoras. Ahí está la piedra de toque que asegura el futuro al fascismo reformado, ahora de tipo turboliberal.

Sin embargo, creo que aún son importantes los gestos, por cuanto pueden señalar ejemplos; ahora el lenguaje políticamente correcto llama a eso referentes. Así nos va, que no nos entiende ni Cristo. A él sí que le entendían los que menos han comprendido siempre y más necesitaban saber.

Por eso creo que el numerito montado por Gabilondo, el intelectual tolerante con lo que jamás debe ser tolerado y pusilánime igualador de falsos radicales con criminales fascistas, y de Mónica García, alguien para mí más respetable, una hora y pico después de que Iglesias tuviese un inédito arranque de dignidad, obligado por las circunstancias, es deshonesto y tardío. Haber dejado solos al tonto a las tres de Edmundo Bal con Rocío Monasterio y con la progre de nómina Ángels Barceló hubiera sido lo que correspondía.