SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
14 de junio de 2017
FILIPINAS: DAESH BUSCA REFUGIO EN EL SUDESTE ASIÁTICO
Guadi
Calvo. elantiimperialista.blogspot.com
Se
cumplen tres semanas de la toma de la ciudad filipina de Marawi (Ver:
Filipinas:
Daesh por un lugar en el mundo)
por parte del grupo Abu-Sayyaf
(Padre de la Espada), el grupo wahabita, que junto a la organización
Maute,
representan en ese país del sudeste asiático al Daesh.
Tras
el ataque y la pronta respuesta de las fuerzas de seguridad, el
presidente Rodrigo Duterte, que se encontraba de visita en Moscú,
impuso en la isla de Mindanao, la ley marcial.
Durante
estos últimos 21 días, un número indeterminado de muyahidines,
ha mantenido a raya, ya no solo al ejército y la aviación filipina,
sino también a los efectivos estadounidenses de la base Zamboanga
del Comando de Mindanao Occidental (Wesmincom).
Según
el coronel Edgard Arévalo, portavoz de las Fuerzas Armadas filipinas
(FAF), son cerca de 200 los terroristas y 58 los miembros la FAF que
han muerto, desde el 22 de mayo, día de la toma de la ciudad Marawi,
capital de la provincia de Lanao del Sur, en la sureña isla de
Mindanao.
Si
bien desde antes de la toma de Marawi, se calculaba en unos 1.500 los
miembros del grupo integrista en Filipinas, se ha detectado en estas
últimas semanas, ya no solo el ingreso al país de combatientes de
naciones cercanas como Malasia e Indonesia, sino también hombres
llegados de Arabia Saudí, Yemen y Chechenia, que podrían llegar a
ser muyahidines desplazados de Siria e Irak, con alto nivel de
entrenamiento. Para la toma de Marawi, según datos de la
inteligencia filipinas, se dispusieron unos 400 militantes locales y
cerca de 50 extranjeros.
Con
esta operación Daesh, pretendería no solo tomar Marawi, sino
además dos o tres ciudades cercanas, con el fin aislar la zona del
resto de país y declarar a la isla de Mindanao Wilayat o
provincia Islámica.
Mindanao
por ser el lugar de la minoría musulmana de Filipinas, ha sido
prácticamente dejada de lado por todos gobiernos cristianos que se
han sucedido en Manila, capital del país, convirtiéndola de hecho
en la región más pobre de Filipinas, generando en la población de
la isla un resentimiento y resistencia larval contra el poder
central.
La
primera fase de la maniobra no resultó como estaba planeada por los
wahabbistas, porque coincidió con un operativo de fuerzas de
seguridad que tenían la información de la presencia de Isnilon
Hapilon, el comandante de Abu Sayyaf y emir del sudeste
asiático, se encontraba en algún barangay o barrios de
Marawi, desbaratando así las primeras fases de la toma.
Aunque
el presidente filipino Rodrigo Duterte, negó enfáticamente la
asistencia de efectivos norteamericanos, Washington confirmó que
había proporcionado apoyo a las FAF, para batir los últimos
bolsones de resistencia wahabita en Marawi. Además el
Pentágono asistió con vigilancia aérea con aviones P-3 Orion,
escuchas electrónicas, asistencia en comunicaciones y entrenamiento.
Si
bien Filipinas y Estados Unidos han sido históricamente importantes
aliados el actual presidente, quien hace un año llegó al poder,
había prometido en su campaña expulsar toda presencia militar
norteamericana del país.
Según
las autoridades de Manila, si bien todavía resta eliminar algunos
focos de resistencia terrorista, que están siendo hostigados desde
el aire por tres aviones OV-10 Bronco, la ciudad estaría
prácticamente reconquistada.
Este
último lunes se ha visto después de tres semanas, izar la bandera
de Filipinas en el centro de la ciudad en coincidencia con el 119
aniversario de la independencia.
La
enorme mayoría de la población, unas 200 mil personas, lograron
huir de la Marawi en los primeros días de combate, aunque se estima
que cerca de 2 mil todavía permanecían en manos de los terroristas
y entre 100 y 150 civiles habrían resultado muertos, aunque se sabe
bajó las ruinas de muchos edificios bombardeados, posiblemente se
encuentren muchos más cuerpos.
Son
varias las razones para que los terroristas hayan podido resistir
tantos días al asedio del ejército y la aviación filipinas, en
primer lugar es que muchos de los muyahidines o bien son
oriundos de la zona o tienen lazos de parentesco y amistad con
pobladores locales, que les ha permitido a lo largo de este último
año preparar lugares de refugio y almacenamiento de armas, además
del área de la ciudad prácticamente montada sobre un lago, está
rodeada de terrenos anegadizos, lagunas y bañados, que hacen muy
difícil el tránsito de unidades militares.
En
estos últimos días las acciones de la aviación de Manila se ha
concentrado sobre las mezquitas de la ciudad, se estima unas
cincuenta, ya que se creer han sido los refugios elegidos por los
terroristas. Mientras que las autoridades insisten en que Isnilon
Hapilon el líder de Abu Sayyaf y los hermanos Omar y Abdullah
Maute, continúan dentro de Marawi encabezando la resistencia.
Por
el mar y como aceite
El
temor que por el mar y como el aceite se puedan propagar las
consecuencias de esta operación sobre Marawi, sacude hoy a los
países vecinos de Filipinas. La perfecta organización de los
miembros del Daesh en el país y la constatación del arribo
de combatientes desde las guerras de Medio Oriente, ha puesto en
alerta máxima al resto de los países de sudeste asiático. En los
últimos días de la batalla de Marawi, se ha detectado, por ejemplo,
la presencia de unos cuarenta combatientes provenientes de la vecina
Indonesia, el país con más población musulmana del mundo con cerca
de 204 millones de fieles.
Tras
la toma de Marawi, el procurador general de Filipinas, Jose Calida
advirtió que lo sucedido en la isla de Mindanao: “ya no es una
rebelión de los ciudadanos filipinos. Se ha metamorfoseado en la
invasión de terroristas extranjeros, con la intención de extender
las acciones a otras zonas del sudeste asiático”.
Se
entiende que la decisión de profundizar la siempre latente
intensiones independentistas de la isla de Mindanao, donde se asienta
la mayoría de la comunidad musulmana de Filipinas, no ha sido en
este caso una disposición de miembros locales del fundamentalismo,
sino que la orden ha emanado directamente del Abu Bakr al-Bagdadí o
Califa Ibrahim, líder y fundador del Daesh, a quien por estos
días la prensa está dando nuevamente por muerto, tras un bombardeo
en Mosul.
La
estimaciones de al-Bagdadí se fundamentan en que las condiciones
objetivas del sudeste asiático, son notoriamente propicias, con una
importantísima comunidad musulmana en Malasia, Singapur, Brunei,
Indonesia, Tailandia y Filipina, son regiones acostumbradas a guerras
y revoluciones, ya han pasado por conflictos en su momento de corte
marxista y nacionalista, sumado a las características geográficas
ya que al ser territorios, a excepción de Tailandia, insulares,
selváticos y montañosos, hace mucho más difícil las operaciones
para ejércitos regulares.
Los
dos atentados suicidas en la capital de Indonesia, Yakarta, del 24 de
mayo, que mataron a tres policías y dos civiles, reivindicadas por
el Daesh, aunque con diferentes nomenclaturas el terrorismo
wahabita tiene presencia en ese país desde el 2002, son sin
duda una muestra de apoyó a sus hermanos que combaten en Marawi.
Previendo
los resultados de las diferentes alianzas que operan sobre “su
territorio” en Siria e Irak, desde marzo de 2016 Daesh
ha cambiado los métodos de reclutamiento, para estimular a sus
seguidores a hacerlo en los grupos ya existentes del sudeste
asiático, incluso comenzado de desviar hombres y recursos a aquellas
organizaciones, como Jemaah Islamiyah que opera desde 1993 en
Indonesia, vinculado desde siempre a al-Qaeda, que produjo
resonantes atentados como el de Bali en 2002, dejando más de 200
muertos. Aunque grupos armados del integrismo musulmán ha tenido
presencia en todos esos países organizaciones como Ansar
al-Khilafa o Mujahidin Indonesia, que desde los ochenta o
antes han pugnado por establecer un estado teocrático de inspiración
wahabita, fundados por veteranos de la guerra afgano-soviética
y que en el presente han actuado en los conflictos de Medio Oriente,
han enviado contingentes de hombres, no solo para participar sino
fundamentalmente para conseguir un aprendizaje que trasladarían a
sus países de origen, se estima que por Siria e Irak, han pasado más
de 2 mil hombres del sudeste asiático, y que muchos de ellos serían
los que hoy estarían combatiendo en Marawi.
12 de junio de 2017
PROLETARIADO Y CLASES SOCIALES, HOY
Agustín
Guillamón. elsalariado.info
El
proletariado se define como la clase social que carece de todo tipo
de propiedad y que para sobrevivir necesita vender su fuerza de
trabajo por un salario[1]. Forman parte del proletariado, sean o no
conscientes de ello, los asalariados, los parados, los precarios, los
jubilados y los familiares que dependen de ellos. En España forman
parte del proletariado los seis millones de parados y los dieciséis
millones de asalariados que temen engrosar las filas del paro[2],
amén de una cifra indefinida de marginados, que no aparecen en las
estadísticas porque han sido excluidos del sistema.
La
clase obrera es una clasificación social OBJETIVA, que designa a
todo aquel que mantiene una relación SALARIAL con un patrón (ya sea
privado o estatal) al que vende su fuerza de trabajo (sus brazos y su
inteligencia). La clase obrera forma parte del proletariado, que
incluye además a parados, jubilados y marginados. Los proletarios no
son propietarios de medios de producción. El salario es la principal
forma de esclavitud moderna. LA RELACIÓN SALARIAL no es sólo de
carácter social y económico, sino también político, puesto que
determina el modo de existencia de quienes no tienen ningún poder de
decisión sobre su propia vida.
La
clase media incluye hoy a algunos trabajadores “autónomos”, esto
es, trabajadores independientes y “autoexplotados”, algunos
técnicos y profesionales altamente cualificados y a los empresarios
sin asalariados. La alta clase media estaría formada por empresarios
con algunos trabajadores asalariados, pero sin influencia política
decisiva.
Capitalistas
serían todos los propietarios de medios de producción, o altos
gerentes con poder de decisión (aunque fueran asalariados) de
grandes empresas privadas o estatales. Constituyen menos del uno por
ciento de la población, pero su influencia política es absoluta, y
determinan las líneas económicas que se aplican y afectan a la vida
cotidiana de la totalidad de la población. Su lema sería: “Todos
los gobiernos al servicio del capital; cada gobierno contra su
pueblo”.
La
democracia parlamentaria europea se ha transformado rápidamente,
desde el inicio de la depresión (2008), en una partitocracia
“nacionalmente inútil”, autoritaria y mafiosa, dominada por esa
clase dirigente capitalista apátrida, que está al servicio de las
finanzas internacionales y las multinacionales. Se produce una
profunda y extensa proletarización de las clases medias, una
masificación del proletariado y la erupción violenta e intermitente
de irrecuperables colectivos, suburbios y comunidades marginadas,
antisistema (no tanto por convicción, como por exclusión). Los
Estados nacionales se convierten en instrumentos obsoletos (pero aún
necesarios, en cuanto garantes del orden público y defensa armada de
la explotación) de esa clase capitalista dirigente, de ámbito e
intereses mundiales.
La
sociedad capitalista actual, que nos permite la anterior
clasificación social en tres clases fundamentales, aún admite en el
seno de cada clase una infinita gradación de situaciones económicas,
sociales, políticas y culturales, pero se identifica con la
EXPLOTACIÓN de los trabajadores por los capitalistas, y tiende a una
rápida polarización entre el proletariado (más la clase media
proletarizada) y la ínfima minoría de los todopoderosos dirigentes
(inferior al uno por ciento y apátrida).
Todo
el mundo entiende que existe explotación cuando se habla del trabajo
infantil esclavo en manufacturas de la India o China, que producen
zapatillas o ropa de marca para multinacionales, con jornadas de 18 ó
20 horas, sin más paga que alimento y jergón en el mismo lugar de
trabajo, que venden sus productos en USA o Europa. Y se escandalizan,
con razón, ante esa explotación del trabajo infantil esclavo.
Hay
que entender que la EXPLOTACIÓN del trabajo asalariado es la ESENCIA
de la sociedad capitalista. Todos los asalariados padecen la
explotación capitalista (no sólo los niños hindúes). Cuanto más
desarrollada es la productividad del trabajo colectivo de una
sociedad, mayor grado de explotación experimentan sus trabajadores,
aunque puedan consumir más mercancías. La feroz lucha entre los
capitalistas por superar y sobrevivir al competidor, impulsa el
incremento de la explotación de los trabajadores, al margen de la
buena voluntad o ética de cada empresario individual. Los capitales
se fusionan y concentran, atacando sin límites las condiciones de
vida y laborales de los trabajadores, amenazando con irse a otro país
o con contratar más barato entre los millones de parados sin
recursos. En cada país un puñado de transnacionales efectúa ventas
anuales que superan ampliamente los presupuestos nacionales y empuñan
el poder de dar trabajo, o no, a millones de desposeídos.
El
proletariado, que tiende a abarcar hoy a un 75/80 por ciento de la
población española, se puede clasificar en asalariados, precarios,
parados, prejubilados, jubilados y marginados. La clase media sufre
una fortísima proletarización, con amplios sectores de
profesionales (en el ámbito de la medicina, arquitectura, enseñanza,
tecnologías y servicios sociales), funcionarios y medianos o
pequeños empresarios (colectivos que hace cinco años percibían
elevados ingresos) que se proletarizan, o incluso quedan marginados
económica y socialmente.
El
elevadísimo número de parados y el estadísticamente desconocido
número de excluidos (por paro de larga duración y/o no percepción
de ingreso alguno) hace que los asalariados, en su conjunto, se
precaricen colectivamente en sus condiciones laborales y
existenciales hasta extremos impensables hace unos años en España y
Europa. Incluso desaparece la negociación de los convenios
colectivos por sectores o empresas, que son sustituidos por
condiciones mínimas y miserables de contratación. Los suburbios se
convierten en guetos de excluidos del sistema, que el Estado intenta
aislar entre sí, entregando su dominio a las bandas, la droga, las
mafias, las escuelas, los trabajadores sociales, oenegés, etetés,
prisiones y policía, para que conjuntamente impongan el control y/o
sacrificio económico, político, social, moral, volitivo, y si hace
falta también físico, de “todos los que sobran”, con el
objetivo preciso y concreto de desactivar su potencial
revolucionario, intentando convertir esos barrios periféricos en
colmenas de muertos vivientes, a los que las instituciones estatales
les han declarado una guerra total de exterminio y aniquilación.
La
tesis neosituacionista y milenarista de la desaparición del
proletariado muestra no sólo su irracionalidad y falsedad, frente al
inmenso incremento del proletariado en países como China, Sudáfrica,
Brasil o la India, sino su falta de comprensión de la nueva realidad
europea, y de la proletarización de las clases medias, surgida con
la depresión iniciada en el 2008. Primitivistas y “pro-situs” se
han quedado anclados en sus trasnochados análisis, tan
desmovilizadores como artificiales e inútiles, confundiendo las
características propias de las fases keynesiano/fordista (1945-1975)
y neoliberal/toyotista (1976-2007) del capitalismo, con su esencia.
Catastrofistas, ludditas, antidesarrollistas, profetas, tecnófobos e
idealistas de distinto pelaje y orientación, coinciden en un punto
fundamental, que nos desarma como clase revolucionaria en lucha
contra el sistema capitalista: afirman que el proletariado ha
desaparecido y/o ha dejado de ser el sujeto revolucionario.
Identifican una parte con el todo. Confunden clase obrera industrial
con proletariado. Desprecian como a bárbaros groseros y desclasados
al proletariado de los guetos. Son reaccionarios brillantes y
coherentes, muy útiles hoy al capital; pero que pronto desaparecerán
en la nada de la necedad y la extravagancia.
La
lucha de clases no es sólo la única posibilidad de resistencia y
supervivencia frente a los feroces y sádicos ataques del capital,
sino la irrenunciable vía de búsqueda de una solución
revolucionaria definitiva a la decadencia del sistema capitalista,
hoy obsoleto y criminal, que además se cree impune y eterno.
Revolución o barbarie; lucha de clases o explotación sin límites;
poder de decisión sobre la propia vida o esclavitud asalariada y
marginación.
[1]
Es decir, la clase de los asalariados sin reservas (económicas, se
entiende). [Nota de El Salariado]
[2]
Aquí, pensamos, habría que matizar las palabras del autor. Pues
evidentemente dentro de los 16 millones de asalariados se incluye un
cierto porcentaje que sí son propietarios. [Nota de El Salariado]
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