SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
20 de marzo de 2017
6 AÑOS DE LA INVASIÓN DE LA OTAN EN LIBIA: UN PAÍS MASACRADO
Telesur
Tras
seis años de la intervención militar de la OTAN en Libia, el país
se encuentra devastado y los grupos terroristas se han extendido por
su territorio. El caos, los desplazamientos forzosos, la inseguridad
y la incertidumbre matizan la vida diaria de la población.
El
19 de marzo de 2011, la Organización del Tratado del Atlántico
Norte (OTAN) emprendió una agresión militar. Sin dilación, la
noche de ese día comenzaron los bombardeos sobre el país.
Paralelamente,
se llevaron a cabo medidas de embargo para congelar activos de la
National Oil Corporation y del Banco Central de Libia. De esta
manera, las reservas internacionales del pueblo libio fueron
arrebatadas por Occidente.
La
ofensiva imperialista comenzó en Bengasi, la segunda ciudad de
Libia, en la que se destruyó el aeropuerto y el puerto, que dejó
incomunicados a decenas de miles de libios.
Mustafa
Abdul Jalil, líder del Consejo Nacional de Transición de Bengasi en
2011, admitió que los manifestantes asesinados en Bengasi por la
acción de la OTAN, fue responsabilidad de un grupo de espías y
mercenarios que no eran libios.
Los
libios de piel oscura sufrieron la exclusión y el despojo de sus
derechos, su estatus socioeconómico y político con el derrocamiento
del Gobierno. El tratamiento a los libios de piel oscura bajo el
gobierno de Gaddafi había sido elogiado por el propio Consejo de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas en un informe de 2011, que
señaló que el líder libio “hizo todo lo posible por asegurar su
desarrollo económico y social, específicamente para suministrar
oportunidades económicas y protecciones políticas a libios negros y
a trabajadores migrantes de países africanos vecinos”.
En
apenas siete meses de operación militar, la OTAN efectuó 10.000
ataques con 40.000 bombas y misiles contra los libios. Como
resultado, 120.000 libios murieron de acuerdo a cifras de la Cruz
Roja Internacional.
Trípoli,
la capital, fue bombardeada poco después de Bengasi. Enfrentamientos
entre las milicias y fuerzas leales a Gaddafi dejaron miles de
desplazados.
El
enfrentamiento entre grupos extremistas que operan en Libia ha
provocado el desplazamiento de más de 400.000 personas y una
situación de incertidumbre para las personas atrapadas en las zonas
de conflicto, según un informe de la ONU sobre la situación en este
país publicado el 23 de diciembre de 2014.
Con
el asesinato de Gaddafi surgieron milicias afines al EI como Farj
Libia, Libyan Islamic Fighting Group, Ansar, Al Sharia y otros
minoritarios. “Hay muchos grupos armados, unos 1.700, con muchos
objetivos distintos.
Como
resultado de la intervención militar de la OTAN, que propició el
derrocamiento del gobierno libio, surgieron dos parlamentos y dos
gobiernos paralelos, uno en Trípoli -apoyado por las milicias Fajr
Libia, aliadas de Misrata- y otro en Tobruk (a más de mil kilómetros
de distancia), reconocido por Occidente. Cada uno de ellos luchan por
ganar el apoyo de las miles de milicias que se enfrentan en el país
y ha dejado como resultado una nación con profundas divisiones
regionales, étnicas y locales.
En
2016, un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)
alerta nuevamente sobre las violaciones de derechos humanos en Libia,
entre ellas, las miles de decapitaciones, detenciones arbitrarias,
torturas con electricidad y golpes.
El
documento revela que la situación en el país no ha cambiado desde
el 2014, cuando otro informe de la ONU advirtió sobre los ataques
indiscriminados contra civiles, bombardeos de hospitales, secuestros,
torturas y ejecuciones ilegales.
Entretanto,
la OTAN se prepara para una nueva posible invasión. El secretario de
Defensa de Estados Unidos, Ashton Carter, entregó recientemente a la
Casa Blanca un plan en el que se detalla el paso a paso para poner en
marcha operaciones militares en toda Libia con la supuesta intención
de combatir el terrorismo.
Antes
de las bombas de la OTAN, Libia tenía el nivel de vida más alto de
África e incluso por encima de Rusia, Brasil y Arabia Saudita.
La
electricidad era gratuita para todos los ciudadanos y la vivienda era
un derecho. En este sentido, a los recién casados se les otorgaba el
equivalente a 50.000 dólares para comprarse una casa.
En
materia de salud, si un libio no podía hallar la educación o
atención médica que buscaba, el gobierno de Gaddafi les daba los
fondos necesarios para conseguirlos fuera del país.
Cualquier
persona que deseaba ser agricultor recibía gratis tierra, una casa,
animales, equipo de agricultura y semillas y en caso de haber pedido
un préstamo de cualquier tipo, la tasa era de un 0 por ciento de
interés por ley.
En
otros aspectos, la economía libia era libre del Fondo Monetario
Internacional. El banco central libio emitía dinero sin deuda, a
diferencia del bloque occidental que la atacó militarmente.
El
monumental proyecto Gran Río Artificial, que proveyó de agua
gratuita a los libios y otros pueblos africanos, fue bombardeado por
la OTAN y provocó una crisis acuífera en Libia, sobre todo en
Trípoli.
Con
la intervención militar de la OTAN, liderada por Estados Unidos, el
pueblo libio perdió su prosperidad, calidad de vida y estabilidad
política y social.
17 de marzo de 2017
“CASTA” O “TRAMA”, LA TÁCTICA “PROGRE” DEL ENGAÑO ES LA MISMA
La trama. Sin comentarios |
Por
Marat
Un
amigo y camarada querido me recomienda ahondar en el análisis de lo
que son y representan los “progres” y me sugiere deslindar a las
organizaciones de matriz obrera histórica de esa cosa en la que ha
devenido el aún publicitado término “izquierda” bajo la forma
del neolenguaje “progre”.
Tiene
mucha razón mi amigo. Tanto la socialdemocracia histórica, de
carácter reformista, a partir de Bernstein, como la corriente
comunista, que arranca de Marx y Engels y continúa con Lenin, Rosa
Luxemburgo y otros, tienen algo en común. Nacen de la clase
trabajadora, van a la clase trabajadora y son parte de esa misma
clase.
Hoy
la socialdemocracia histórica, convertida en social-liberalismo del
capital, agoniza, y la nueva, no tiene nada que decir, salvo invertir
términos para acabar en una Syriza o en Sanders que terminó
apoyando a una genocida con trastorno de la personalidad como Hillary
Clinton.
En
cuanto a los comunistas, diría, siendo generoso, que no estamos
precisamente en el momento previo a repetir lo de hace 100 años, el
asalto al Palacio de Invierno. Entre las sectas trotskistas y las
estalinistas se estableció el acuerdo tácito de convertir el oceáno
del marxismo, que era un pensamiento vivo, abierto, insurrecto y
humanista, en un riachuelo estancado con tendencia al lodazal y a las
enfermedades fecales. El marxismo y la idea comunista son mucho más que ellos. Han tenido durante decenios una voluntad de
hierro para conseguirlo. Finalmente, el marxismo es mucho más que
sus despojos. No lo lograrán.
Los
progres actuales son cínicos que han perdido la razón de aquello
que les hizo ser seres vivos, los mayores, pero les ha “colocado”
en muchos casos, y los jóvenes simplemente son ignorantes sin
conexión con las luchas de los desposeídos. Tendrán que cagarla
por sí solos. Podrán hacerlo. Soberbia no les falta.
Dicho
lo anterior, uno tiene la impresión de que estamos en el peor de los
escenarios políticos, sociales, ideológicos y, por supuesto,
económicos, a pesar de las proclamaciones de buenaventura y de
recuperación de los medios epígonos del capital y del conformismo
de quienes dices cosas como “no hay posibilidad de revolución.
Lo que hace falta, aquí y ahora (¡urgente! Rebajas por
fin de existencias) es un gobierno de cambio”. Cuando nos
aclaren su contenido y cómo harán para poner el cascabel al gato
del poder económico, seguro que nos convencen.
No
sé si la revolución social sucederá finalmente. Estoy convencido, con Rosa Luxemburgo, de que la disyuntiva es, ahora más que antes,
“socialismo o barbarie”. Sé que el mundo capitalista lleva
decenios dando signos de agotamiento pero, en tanto que no surja una
fuerza esclava que, nacida de la contradicción entre la producción
social y el beneficio privado, que se oponga con proyecto y voluntad
propias, la agonía criminal de la dominación continuará.
Hace
unos años llegaron con el mantra de “la casta”. No se sabía si
hablaban de políticos o de poder económico; indefinición calculada
al estilo de la los subproductos que vendía el 15M. Poco tardaron en
convertirse ellos mismos en “casta política”, en demostrar que
los cargos les enloquecían, que podían matarse entre ellos por lo
que para muchos era su primer puesto de trabajo: Querían envejecer dentro
de “lo viejo”. Han sido una camarilla de oportunistas sin
escrúpulos. Para ellos lo ideológico y lo estratégico solo eran
trampantojos de una lucha por el puesto, nunca por el poder. Jamás
tuvieron voluntad de tomarlo por asalto, ni por consenso. Solo
querían escañear sus currículums, que para eso son unos "preparaos".
Ahora,
tras poner en evidencia que su Vistalegre II no era sino el
esperpento de su propia fecha de nacimiento, han dado con un nuevo
invento, tras salir flojos de remos del envite: han creado el
término, que es menos que concepto, aunque quieran venderlo como
idea luminosa, de “la trama”.
Leamos
a los dos grandes teóricos podemitas del nuevo tótem llamado “trama”:
“Entonces,
¿por qué centrar el debate en el término trama? Primero, como
hemos dicho, porque define los poderes reales: económicos, políticos
y mediáticos. En segundo lugar, porque enlaza con una subjetividad
organizada; la trama se organiza, conspira, se articula y controla el
poder del Estado, haciendo de la corrupción un componente
estructural del sistema político. Aunque a alguno se le erice el
pelo, la actual forma del Estado no es la de un régimen democrático
salpicado por casos de corrupción, sino la de un régimen
oligárquico atravesado por la corrupción y apenas disimulado por
instituciones aparentemente democráticas. Más de cien años
después, y con una larga dictadura de por medio, la descripción que
Joaquín Costa efectuó de la Restauración canovista conserva una
vigencia asombrosa: “no es el régimen parlamentario la regla, y
excepción de ella los vicios y las corruptelas denunciadas en la
prensa y en el Parlamento; al revés, eso que llamamos desviaciones y
corruptelas constituyen el régimen, son la misma regla”(1)
Los firmantes de dicho texto
son Monereo y Hector Illueca, dos pelotilleros de Anguita -el que
decía aquello de que cumplir la Constitución y los derechos humanos
sería revolucionario, como si ambos no consagrasen el derecho a la
empresa privada, base del capitalismo y de la explotación- en su
Frente Cívico. Y ahora podemitas
Ambos
son dos subalternos
que intentan
colocar la idea de
que el Estado bajo el
capitalismo, y dentro de unas políticas de regeneración de la vida
pública, es neutro, lo
mismo que ya vendió en
su día el PCE
(“Eurocomunismo y Estado”,
de Santiago Carrillo)
y que el cadáver de dicho
partido vuelve
a mercadear
ahora
con su bufonada de que
la dictadura del proletariado
es
la “democracia participativa”,
como si la factura ideológica
burguesa que ha ido
adquiriendo el concepto en su evolución no
fuera una grosera falsificación
Para
algunos, el grupo de “Pablito y los podemitas” ha dado un giro a
la izquierda con la puesta en circulación de su nueva palabra tótem:
“la trama”. Si a ello se le une la convocatoria de
manifestaciones el 25 de Marzo por los derechos sociales, a los que
liga con los derechos humanos, señalando al Ibex 35 como el origen
del mal de esos derechos y, apuntando hacia las connivencias de los
dos principales partidos con el poder económico y mediático, la
convicción de dicho giro será plena para quienes siempre se
detienen en la apariencia, sin intentar rascar sobre su superficie
para dar con la realidad. Nada más lejos que tal creencia.
En
primer lugar, aunque la cultura política del podemita medio no sea
muy elevada, ni siquiera en ese racimo de “politólogos” que
dirigen el partido, en el caso de sus ideólogos, al menos en el de
Illueca y Monereo, presuponer ignorancia es ser demasiado generosos
con ellos. Simplemente son unos cínicos.
Por
mucho que disimulen estos matones de la metafísica podemita, conocen
a Marx y saben que, para él, el Estado capitalista es una
superestructura determinada por la infraestructura económica sobre
la que se asienta todo lo demás y conocen que, bajo el capitalismo,
el Estado no es un órgano neutro moldeable según quien gobierne y
su voluntad. No se les escapa aquello de “Hoy, el poder público
viene a ser, pura y simplemente, el consejo de administración que
rige los intereses colectivos de la clase burguesa” de
“El Manifiesto Comunista” de 1848. Recurrir a Joaquín Costa,
un regeneracionista, -con todas las connotaciones que tuvo el
regeneracionismo en España, incluidas las más reaccionarias-, para
explicar las viejas corruptelas, les revela como lo que son:
pequeñoburgueses que solo pretenden limpiar, fijar y dar esplendor
al Estado del capital al que quieren servir y ya, de hecho, sirven
En
segundo lugar, al destacar las connivencias entre Estado, grandes
corporaciones económicas y complejos comunicacionales, lo que hacen es enfatizar la corrupción que hemos mencionado, desviando con ello la
naturaleza de la formación económica capitalista, sus relaciones de
poder y entre las clases dominantes y subalternas (empresarios y
trabajadores) y el andamiaje juridico-legal que sustenta todo el
sistema y que lo dota de apariencia de legalidad.
El
PP y la burguesía catalana del 3-4%, los
empresarios corruptores, la Fundación Civio, Transparencia
Internacional y, en general el sistema capitalista en España,
estarán agradecidos con semejante enfoque. Contribuyen
a dar fuerza de ley a la propuesta, que ya ha entrado en el Congreso
de los Diputados, que ayudará a legalizar la corrupción, al
enterrar bajo una serie de procedimientos legales cuestiones
que no estarán presentes en los documentos de relación entre
políticos/miembros de las administraciones del Estado y empresarios
grandes, medianos y pequeños. Estos
podrán continuar
engrasando la máquina capitalista, bajo la apariencia de legalidad,
como ya sucede en Estados Unidos y en muchos países de la Unión
Europea. Aunque el artículo fue publicado hace mucho
tiempo como para que hoy lo hicieran en el mismo lugar (ATTAC) y
proviene de
autora argentina, de otras latitudes distintas a Estados Unidos y la
Unión Europea, la política y la legislación comparadas son
disciplinas muy empleadas que ayudan a que nos sirva su reflexión.
El texto, relacionado con las propuestas regularizadoras de los
lobbies, se llama “Legalizar
la corrupción.
En
tercer lugar, al tener
que ver el argumentario de “la trama”
con el Ibex 35 -el
libro del podemita Rubén Juste “Ibex
35, una historia herética del poder de España”
es
parte del complejo ideológico del asunto-, lo que se escamotea es un
análisis de la crisis capitalista y
de toda
la estructura económica
de
España. Ésta
es mucho más que el Ibex 35,
Se
oculta, con un planteamiento como el de ·la trama”, la
forma
e la
que las legalizadas nuevas relaciones laborales favorecen a la
acumulación capitalista, a la vez que potencian la sobreexplotación
de los asalariados y convierten a los parados en servidumbre barata y
permanente (ejército industrial de reserva, que decía Marx, y que
hoy podríamos llamar trabajadores de disponibilidad incondicional).
Bajo
la consigna de que las
ballenas del capitalismo español nos desposeen y roban queda
enterrada la realidad de una pirámide social en la
que todo propietario de empresa con trabajadores está en condiciones
de hacer con ellos lo que quiera, no solo las grandes empresas, de
las que no se mencionan ni las condiciones de trabajo ni las
contractuales.
Es
la vieja consigna tramposa indignada del 1% contra el 99%, como si no
existieran ni la proximidad vital de la explotación concreta ni otra
realidad empresarial que las 35 empresa citadas.
En
cuarto lugar, en la medida en que la categoría “trama” se
contrapone para los podemitas al concepto derechos, debiera llamar
la atención que Podemos hable de los siguientes derechos concretos:
ingresos, vivienda, infancia, sanidad, pensiones, servicios sociales,
ayudas a la dependencia, alimentación y no precariedad-. Pero
excluye el derecho al trabajo. Ello les sitúa en el marco de
aceptación del concepto “ocupación efectiva del trabajador”
del Estatuto de los Trabajadores. Éste indica que el empresario ha
de facilitar al trabajador funciones propias de su categoría
profesional -de acuerdo con la jornada que el trabajador tenga
atribuida, y el resto de las condiciones pactadas en el contrato-, y
los medios necesarios para su ejercicio, como consecuencia del
contrato de trabajo y de la necesaria asunción del riesgo que ello
implica. Pero ello no significa un compromiso real del empleador con
el trabajador sino la aceptación de unas condiciones dadas, siempre que el
trabajo realmente se efectúe; esto es, si te dan trabajo. Para ser más claros aún, para el Estatuto de los Trabajadores, que es el que de verdad rige, y no los derechos meramente enunciativos de la Constitución, si tienes trabajo, tienes los derechos señalados respecto al modo y condiciones de su desempeño, pero ello no significa en absoluto que tengas derecho al trabajo. Podemos, sibilinamente, se sitúa fuera de la defensa del derecho
al trabajo. Es consciente de que en la práctica el tener un trabajo no es un derecho. Pero lo hace sin atreverse claramente a ofrecer, de modo explícito y
alternativo, su vieja consigna de la Renta Básica Universal, que va y
viene en su formulación, de la que, en un futuro capítulo expondré
su carácter liberal, reaccionario y precursor del “búscate la
vida, que ya no hay nada público, Págatelo con el dinero que te
dimos”.
Por
lo demás, no hay nada nuevo que ustedes, si quisieran, no debieran
haber intuido ya. La decisión sobre lo que uno es en esta vida,
yunque, martillo o masa amorfa, le corresponde a cada cual. Sigan
disfrutando de First Dates y de Jugones.
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