SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
14 de febrero de 2017
LIBIA: METÁFORA DE LA SINRAZÓN
Guadi
Calvo. Global Research
Nadie
nunca podrá justificar, de ninguna manera, la operación de la OTAN,
con el aval jurídico de Naciones Unidas, para la destrucción de
Libia. Como lo hemos dicho aquí infinidad de veces, el país con el
más alto estándar de calidad de vida de África, y muy por encima
al de muchas naciones europeas. Quizás se cifre en esa realidad la
verdadera razón para haber sometido al pueblo y la patria del
Coronel Mohammed Gadaffi, al martirio iniciado en los primeros meses
de 2011 y que hasta hoy no ha cesado.
Las
barbarie a la que fue sometida Libia, ha generado no solo la
destrucción del Estado, sino la organización de un número
indeterminado de bandas armadas, casi la totalidad de ellas,
financiadas y abastecidas por las mismas potencias perpetradoras de
la “Primavera Árabe”: Estados Unidos, Reino Unido y Francia,
junto a las monarquías wahabitas de Arabia Saudita, Emiratos Árabes,
y Qatar.
El
propio desgobierno del país es lo que ha permitido que las
organizaciones de traficantes de personas y los carteles de la droga
conviertan las extensas costas libias a poco menos de 400 kilómetros
de Europa, en un trampolín para su “mercadería” rumbo a Europa.
La
situación se ha agravado mucho más a partir del 20 marzo de 2016,
fecha en que comenzó a funcionar el acuerdo ente la Unión Europea y
Turquía, para que esta última nación impida el tránsito de
refugiados rumbo a Europa.
Esta
situación obligó a los tratantes de personas a disponer nuevas
rutas lo que dio como resultado que los puertos libios,
fundamentalmente el de Misrata, sea el lugar indicado para seguir con
el “negocio”.
Si
bien Libia, ha sido el punto elegido por los subsaharianos desde la
vigencia del acuerdo con Turquía, se ha incrementado,
fundamentalmente, el número de sirios, iraquíes y afganos, que
pugna por llegar a Europa desde Libia.
El
año pasado fue por esta vía por donde llegaron más refugiados a
Europa, se calcula oficialmente en unos 180 mil. Mientras fueron 5
mil los que terminaron ahogados en el Mediterráneo, tras el
naufragio de las embarcaciones que los llevaban.
En
lo que va de 2017, la cifra de ahogados alcanza a 300. Según fuentes
“responsables” en las primeras dos semanas del año, casi 3 mil
refugiados llegaron a desde las costas libias, un número
sugestivamente menor frente a los 23.664 de la primera quincena de
2016, a la vez que el número de muertos fue menos “solo” 90.
Es
por este motivo que los 28 países miembros de la Unión Europea,
reunidos el pasado 3 de febrero en La Valeta, Malta, decidieron
implementar un plan de diez puntos para frenar la migración,
teniendo en la cooperación con Libia, el eje fundamental de ese
acuerdo. Lo que no se aclara es quién de todos los poderes en pugna
dentro del país, cuenta con el suficiente predicamento para
implementarlo.
El
plan prevé retener a los inmigrantes, al modo que se hace con
Turquía, con la diferencia que su presidente Recep Erdogán tiene el
poder suficiente para cumplirlo o dejarlo de cumplir según sus
necesidades de presión.
El
plan incluye la formación y el equipamiento de una Guardia Costera
libia, para controlar las acciones de las bandas de traficantes y de
paso evitar que los salvamentos sean realizados por naves europeas,
lo que de hecho los obliga a darles cobijo a los rescatados.
Todos
saben que retener el casi al millón de refugiados, tanto libios,
subsaharianos, como asiáticos, que esperan en las inmediaciones de
Misrata, una plaza en alguna de las muchas y precarias embarcaciones
que salen prácticamente a diario rumbo a Italia, es armar
literalmente una bomba de tiempo, con muy poco tiempo, por otra
parte.
Quienes
están a la espera de esas plazas no lo hacen justamente en las
mejores condiciones.
Los
refugiados, más allá de las traumáticas historias personales, ya
que quien no huye del hambre, huye de la guerra, deben sobrevivir en
los improvisados campamentos, que están siempre abarrotados, lo que
obliga a las personas a vivir en condiciones infrahumanas, casi sin
lugar para extenderse en el piso para dormir, por lo que suelen
hacerlos sentados y en muchos casos uno encima de otro. El número
refugiados con alto grado de desnutrición crece de manera diaria. A
lo que hay que sumarle todo tipo de enfermedades y el permanente
acoso de las “autoridades”.
Las
violaciones, la tortura, en más de una oportunidad la muerte y el
saqueo de sus pocas pertenencias es el pan diario de los refugiados.
La
Unión Europea desde el último acuerdo pretende devolver a los
refugiados que han logrado alcanzar territorio europeo, a estos
infiernos. Claro, ningún funcionario europeo está dispuesto a
reconocer la responsabilidad del continente de haber creado este
estado de cosas.
Tras
la reunión de Malta se ha acordado disponer de unos 130 millones de
euros, para cerrar la ruta a través del Mediterráneo medio, nada a
comparación de los 6 mil millones que la U.E. le entregó al Sultán
Erdogan.
Túnez
en la mira
A
Libia, no le falta ningún ingrediente como para no considerarla un
estado fallido, quizás únicamente comparable con Somalia, por lo
que queda claro entonces que este nuevo acuerdo europeo, solo es una
fachada, para que bandas de mercenarios en el rol de “prefectura
libia”, armada por la UE, se ponga a perseguir a quienes sin
ninguna duda eran sus socios en el tráfico de personas, hasta hace
pocas semanas o días quizás. No existe una autoridad libia, que
pueda controlar que esto no termine en un maridaje entre traficantes
y prefectos, para que se puedan seguir realizando buenos negocios.
Además
es imposible obviar que, si bien más acotadas, las milicias del
Daesh, siguen teniendo presencia en el país, y justamente muy cerca
de la costa, hasta hace pocas semanas una de las grandes fuentes de
ingresos de la organización wahabita, era justamente el tráfico de
personas, rumbo a Italia, lo que sin duda ha sido una buena pantalla
para infiltrar sus combatientes entre los contingentes de refugiados.
La
administración Obama, hasta el último día de su mandato, bombardeó
posiciones del Daesh, en las cercanías de Sirte, su capital en
Libia, como parte de la operación Odyssey Lightning, en que lanzaron
entre agosto y diciembre de 2016, 495 ataques aéreos en las
cercanías de Sirte, irónicamente el pueblo natal del coronel
Gadaffi.
Estos
ataques están obligando a que los hombres del califa Ibrahim,
comiencen a abandonar sus posiciones fijas y busquen expandirse por
los inmensos territorios sin control ninguno del sur del país y
filtrar, como ya está sucediendo hacia el Chad, Níger y Argelia.
De
ese éxodo de terroristas que operan en Libia a diferentes países
fronterizos es importante señalar la delicada situación de Túnez.
Según Naciones Unidas cerca de 5500 tunecinos, se habrían sumado al
Daesh desde su aparición en 2014. Según las autoridades tunecinas
cerca de 800 ya habrían regresado al país, también hay que
recordar que tanto los atentados del 14 de julio en Niza como al
mercado navideño de Berlín, fueron protagonizados por tunecinos.
En
Túnez, además de ser la cuna de la “Primavera Árabe” se
produjeron dos resonante ataque el primero fue al Museo Nacional de
Bardo en marzo de 2015, que dejó 25 muertos y 50 heridos y poco
después en junio del mismo años se produjo el segundo ataque en el
balneario de Susa, por acción de un lobo solitario, que dejó 39
muertos y 36 heridos.
La
situación obligó al gobierno tunecino a anunciar a principios de
2016, la construcción de un muro, con financiación alemana y
estadounidense, en la frontera libia de 459 kilómetros que
constituiría por una empalizada de arena de 250 kilómetros y una
fosa de dos metros de profundidad. Además de vigilancia electrónica,
y la asistencia de helicópteros artillados.
Un
detallado informe sobre el perfil de los terroristas tunecinos dice
que el 90% son menores de 40 años, el 7% son solteros y el 32%
procede de ámbitos urbanos.
El
4% son universitarios y la gran mayoría se ha radicalizado en
mezquitas y con la lectura de textos wahabitas. Otra de las razones
para la radicalización es la económica a consecuencia de la falta de
trabajo.
Los
barrios periféricos de la capital tunecina, que contiene barriadas
como la de Ettadhamen, con más de medio millón de habitantes, el
integrismo controlan un número importante de mezquitas que instigan
a la radicalización.
La
situación en el Magreb, debido a la sinrazón occidental del ataque
a Libia ha dejado abierta esa herida que no cerrará durante muchos,
muchos años y no dejará de producir más muertes.
9 de febrero de 2017
¿QUÉ SIGNIFICA HOY DEMOCRATIZAR LA COMUNICACIÓN?: BASTA DE LETANÍAS
Aram
Aharonian. alainet.org
¿De
qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la
comunicación y de la información? ¿Hablamos solo de redistribución
de frecuencias radioeléctricas para garantizar el derecho humano a
la información y la comunicación? ¿De qué forma la redistribución
equitativa de frecuencias –éstas patrimonio de la humanidad- entre
los sectores comercial, estatal o público, y popular (comunitario,
alternativo, etc.) puede garantizar la democratización de la
comunicación e impedir la concentración mediática?
A
veces pienso que nos instan, nos empujan a pelear en campos de
batalla equivocados o permitidos, mientras se desarrollan estrategias,
tácticas y ofensivas en nuevos campos de batalla. El mundo avanza,
la tecnología avanza… y pareciera que nosotros –desde lo que
llamamos el campo popular- seguimos aferrados a los mismos reclamos,
reivindicaciones de un mundo que ya (casi) no existe.
El
mundo cambia sí, pero el tema de la comunicación, de los medios de
comunicación social, sigue siendo, como en 1980 cuando el Informe McBride, fundamental para el futuro de nuestras democracias. El
problema de hoy es la concentración oligopólica: 1500 periódicos,
1100 revistas, 9000 estaciones de radio, 1500 televisoras, 2400
editoriales están controlados por sólo seis trasnacionales. Pero
ese no es el único problema.
Hoy
los temas de la agenda mediática tienen que ver con la integración
vertical de proveedores de servicios de comunicación con compañías
que producen contenido, la llegada directa de los contenidos a los
dispositivos móviles, la transnacionalización de la comunicación y
su cortocircuitos con los medios hegemónicos locales, los temas de
la vigilancia, manipulación, transparencia y gobernanza en internet,
el "ruido" en las redes y el video como formato a reinar en
los próximos años.
Estos
son, hoy en día, juntos al largamente anunciado ocaso de la prensa
gráfica y la vigencia de la guerra de cuarta generación y el
terrorismo mediático, los vértices fundamentales para reflexionar
sobre el tema de la democracia de la comunicación, mirando no hacia
el pasado, sino hacia el futuro que nos invade.
Hipotéticamente,
si realmente en nuestra región, el 33 por ciento de las frecuencias
fueran concedidas a los medios populares, ¿quién abastecería de
contenidos a tal cantidad de canales y radios? Entonces, ¿de qué
estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la
comunicación y de la información?
Los
que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos,
satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los
contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y
hegemonizar la información-formación del ciudadano.
¿Adiós
televisión? Controlar los contenidos
Pasaron
140 años desde que Alexander Graham Bell utilizó por primera vez su
teléfono experimental para decirle a su asistente de laboratorio:
“Señor Watson, venga, quiero verlo”. Su invención transformaría
la comunicación humana y el mundo. La empresa creada por Bell creció
hasta transformarse en un inmenso monopolio: AT&T.
El
gobierno estadounidense consideró luego que era demasiado poderosa y
dispuso la desintegración de la gigante de las telecomunicaciones en
1982… pero AT&T ha regresado, anunciando la adquisición de
Time Warner, una de las principales compañías de medios de
comunicación y producción de contenidos a nivel mundial, para
conformar así uno de los más grandes conglomerados del
entretenimiento y las comunicaciones del planeta.
La
fusión propuesta, que aún debe ser sometida a estudio por las
autoridades, representa desde ya no solo una significativa amenaza a
la privacidad y a la libertad básica de comunicarse, sino también
un cambio paradigmático en lo que a lo que hoy entendemos como
comunicación. Sería la mayor adquisición hasta la fecha y llegaría
un año después de que AT&T comprara a DirecTV.
AT&T
es hoy la décima entre las 500 compañías más grandes de Estados
Unidos y si adquiriera Time Warner, que ocupa el lugar 99 de la lista
Forbes, se crearía una enorme corporación, integrada verticalmente
que controlaría no solo una amplia cantidad de contenidos
audiovisuales, sino o la forma en que la población accedería a esos
contenidos.
Según
Candace Clement, de Free Press, esta fusión generaría un imperio
mediático nunca antes visto. AT&T controlaría el acceso a
Internet móvil y por cableado, canales de televisión por cable,
franquicias de películas, un estudio de cine y televisión y otras
empresas de la industria. Eso significa que AT&T controlaría el
acceso a Internet de cientos de millones de personas, así como el
contenido que miran, lo que le permitiría dar prioridad a su propia
oferta y hacer uso de recursos engañosos que socavarían la
neutralidad de la red.
Pelear
guerras que ya no existen
El
mundo no es el mismo de antes (tampoco el del 1980 cuando el Informe
McBride), aunque tanto derecha como izquierda crean que seguimos en
1990. Es difícil, a quienes como uno vienen de la época de la
tipografía y la linotipia, de los télex y teletipos -o del
dogmatismo y la repetición de consignas-, asimilar los cambios
tecnológicos y la realidad del mundo actual, del big data, de la
inteligencia artificial, de la plutocracia…
Según
los últimos cálculos, en el mundo hay unos 10 zetabytes de
información (un zetabyte es un 1 con 21 ceros detrás), que si se
ponen en libros se pueden hacer nueve mil pilas que lleguen hasta el
sol. Desde 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la
prehistoria hasta el 2014. Y la única manera de interpretarlos es
con máquinas.
El
Deep Learning es la manera como se hace la Inteligencia Artificial
desde hace cinco años: son redes neuronales que funcionan de manera
muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Apple y Google y
todas las Siri en el teléfono, todos lo usan.
El
Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y
adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes
empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está
siendo convertir la democracia en una dictadura de la información,
haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta.
Si
uno tiene Gmail en su celular con wifi, puede ver en Google Maps un
mapa mundial que muestra dónde estuvo cada día, a cada hora,
durante los últimos dos o tres años (no tiene por qué creerme: vea
www.google.com/maps/timeline).
Es una información que uno les permites coleccionar al aceptar los
términos de licencia cuando instala la aplicación.
También
las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el
plan, hacen buenos negocios con nuestros datos. Por ejemplo, Smart
Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de los
celulares Movistar. De la noche a la mañana, la gente pasó a tener
un sensor de sí mismo 24 horas al día. Hoy se puede saber dónde
están las personas, pero también qué compran, qué comen, cuándo
duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida
social.
El
alemán Martin Hilbert, asesor tecnológico de la Biblioteca del
Congreso de EE.UU. señala que algunos estudios ya han logrado
predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en
Facebook. “Se puede abusar también, como Barack Obama y Donald
Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary Clinton no lo hizo,
y perdió. Esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y
250 likes (me gusta) tuyos en Facebook, se puede predecir tu
orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y
políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas,
si tus papás son separados o no”, señala el científico.
Y
“con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de
tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor
que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un
empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató
a Cambridge Analytica para la elección”.
“Usaron
esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada
ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que
también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones
de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos
5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que
clasificaron a cada individuo según esos datos, los empezaron a
atacar”, señala Hilbert.
Por
ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”,
algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a
una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más
patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su
hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero
aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que
ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que
quieres escuchar”. Lo más delicado es que no sólo pueden mandar
el mensaje como más le va a gustar a esa persona, sino también
pueden mostrarle sólo aquello con lo que va a estar de acuerdo.
Al
final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas
se pueden automatizar y cuáles no. Si un robot reconoce células de
cáncer, uno se ahorra al médico. Más del 50% de los actuales
empleos son digitalizables, afirma Hilbert. Y ya no hablamos de
reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino
también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores.
El 99% de las decisiones de la red de electricidad en EEUU son
tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía.
No
es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue
su camino. Y lo más importantes es entender en qué mundo vivimos.
Por eso llama la atención que operadores mediáticos, que se
autodefinen como radicales de izquierda, sigan insistiendo en la
necesidad de pelear en escenarios que ya no existen, con léxicos que
no corresponden a las realidades reales y tampoco a las virtuales, en
aferrarse al pasado, lo cual es por demás retrógrado.
La
dictadura y la posverdad
Hoy
más que nunca la dictadura mediática, en manos de cada vez menos
“generales” de las corporaciones, busca las formas novedosas de
implantar hegemónicamente imaginarios colectivos, narrativas,
discursos, verdades e imágenes únicas. Es el lanzamiento global de
la guerra de cuarta generación, directamente a los usuarios
digitalizados de todo el mundo.
Si
hace cinco décadas la lucha política, la batalla por la imposición
de imaginarios, se dilucidaba en la calle, en las fábricas, en los
partidos políticos y movimientos, en los parlamentos (o en la
guerrilla), hoy las grandes corporaciones de transmisión preparan
una ofensiva que saltean los medios tradicionales para llegar
directamente, con sus propios contenidos de realidades virtuales, a
los nuevos dispositivos móviles de los ciudadanos.
¿De
qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la
comunicación y de la información? ¿Hablamos de redistribución de
frecuencias radioeléctricas cuando hoy el control emerge de la
conjunción de medio y contenido? Los que controlan los sistemas de
difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen
y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta
por monopolizar mercados y hegemonizar la información-formación del
ciudadano.
Cambia
la radio. Bajo la mirada vigilante de otras naciones, Noruega se ha
convertido desde el enero de 2017, en el primer país del mundo en
apagar su señal de Frecuencia Modulada (FM), considerando que tiene
22 estaciones nacionales de radio digital, y aún hay espacio en su
plataforma digital para otras 20.
La
tendencia mundial –y latinoamericana- demuestra que los jóvenes
televidentes ya están pasando del uso lineal de televisión hacia un
consumo en diferido y a la carta, que bien puede optar el dispositivo
fijo (el televisor) y optar por una segunda pantalla (computadora,
tablet, teléfonos inteligentes).
Para
los comunicólogos optimistas, de receptores pasivos, los ciudadanos
están pasando a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales,
productores-difusores, o productores-consumidores (prosumidores).
Para los menos optimistas, si bien esa es una posibilidad teórica,
la práctica demuestra que la producción y difusión quedarán en
manos de grandes corporaciones, en especial estadounidenses, y los
ciudadanos podrán ocupar la casilla de consumidores, en una
arremetida del pensamiento, el mensaje, la imagen únicos.
Quizá
aquellos que estamos desde hace años en la lucha creemos que la
discusión sobre la democratización de las comunicaciones está
socializada/masificada en nuestras sociedades. No lo está siquiera
en aquellos donde se han hecho esfuerzos de esclarecimiento en este
campo, como Argentina y Ecuador. Hay quienes sostienen que aún se
trata de una discusión elitesca, entre los militantes políticos, de
la comunicación y allegados.
¿De
qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la
comunicación y de la información en la que ahora se da en llamar la
época de la posverdad, donde los hechos objetivos son menos
influyentes en la opinión pública que las emociones, los
imaginarios y las creencias personales?
Hoy,
la posverdad es el arma de desorientación masiva de la opinión
pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los
líderes políticos. La sociedad es hoy un monumental simulacro, un
plexo cuasi-infinito de significaciones sin referente ni realidad que
las apoye, una especie de monumental ciencia-ficción que nos domina,
dijera Baudrillard.
En
2016, The Economist hablaba del arte de la mentira, y señalaba que
Trump es el principal exponente de la política de la posverdad, que
se basa en frases que se sienten verdaderas, pero que no tienen
ninguna base real. Una cosa es exagerar u ocultar, y otra, mentir
descarada y continuadamente sobre los hechos. Y lo peor es que esas
mentiras se van imponiendo en el imaginario colectivo.
Hoy
se manipulan, se omiten, se tergiversan o se falsifican desde las
cifras de la desocupación o del costo de la vida, mientras
opinadores muy mediatizados predican distintas variantes del there is
no alternative (no hay alternativa) thatcheriano.
Disculpe,
entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la
democratización de la comunicación y de la información?
NOTA
DEL EDITOR DE ESTE TEXTO
El
alemán Martin Hilbert, asesor tecnológico de la Biblioteca del
Congreso de EE.UU. Miente. Hillary Clinton abusó de los medios de
predicción de la opinión, además de la intoxicación y de las
mentiras en su campaña, y antes, durante el ejercicio de su cargo,
en relación con los países en conflicto con Estados Unidos. Perdió,
simplemente por ser menos eficaz en su relato y en el mensaje
político que enviaba a los electores y, sospecho que, porque una
parte del poder económico buscaba un títere con nueva cara, más
acorde a los tiempos actuales.
Por
lo demás deseo detenerme en una figura, Sean McBride, que ha
nombrado el autor de este texto, y en su informe a la UNESCO: “Un
solo mundo, voces múltiples. Leí
este texto hace ya 33 años. Se lo recomiendo. Me impresionó la
certeza de su análisis, el carácter visionario sobre el mundo que
se avecinaba en las comunicaciones y, sobre todo, la valentía que se desprendía de sus propuestas, tanto que provocó la salida de EE.UU. de dicha
institución, declarando la guerra frontal al citado informe.
El
señor McBride era un auténtico socialdemócrata; de esos que creyendo
que no es posible acabar con el capitalismo, están dispuestos a
probar sus límites y a intentar reformarlo. Se equivocan plenamente,
como la cruel realidad demostró más tarde con dicho informe, que
acabó siendo rechazado años más tarde de su fecha de publicación (1980), tras un acoso insufrible contra su autor, y sustituido por otras líneas
comunicacionales de trabajo acordes con los intereses de los grandes
países capitalistas y con su concepto de la “libertad de
información”, tan en línea con lo que hoy representan los grandes
sistemas de manipulación de conciencias dominantes.
Solo
algunas notas sobre el señor McBride. Fue jefe del Estado Mayor del
Ejército Republicano Irlandés (IRA). Fundó el Partido Republicano
Irlandés, de orientación socialista. En 1977 recibió el Premio
Lenin de la Paz y tres años antes (1974) el Premio Nobel de la Paz,
por su defensa de los derechos humanos. En 1977 fue presidente de la
Comisión Internacional de Comunicación de la Unesco y
en 1980 fue nombrado presidente de este organismo internacional. La
Unesco entonces era otra Unesco. Y sí, fue miembro fundador de Amnistía Internacional y fue su presidente desde 1961 a 1974. Pero esa era también otra Amnistía Internacional y no el títere de los intereses del imperialismo norteamericano en el que se ha ido convirtiendo a partir de la década de los 80 del pasado siglo.
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