-
Que en el antagonismo capital-trabajo, los intereses de trabajadores y capitalistas son irreconciliables.
-
Que en los períodos en los que se produjeron elevaciones de los salarios, estas conquistas, que sólo son una parte de las que la clase trabajadora tiene ante sí, porque bajo el capitalismo no existe avance en las luchas que no pueda retroceder, no se hicieron sin organización de la clase ni lucha.
-
Que la clase trabajadora necesita organizarse autonómamente frente a los intereses de las llamadas clases medias, y por supuesto del capital, para defender los suyos propios.
-
Que sin la destrucción del sistema capitalista, toda conquista social de hoy tiende a perderse mañana. Ello que no significa que debamos abandonar la lucha por esa conquista porque toda lucha genera un incremento de la conciencia política y de clase y hasta las reivindicaciones inmediatas, si se enmarcan en la dialéctica capital-trabajo, producen un efecto desestabilizador para los intereses del capital, a la vez que permiten detectar sus límites y abren la posibilidad de que la clase trabajadora eleve el nivel de exigencia de sus objetivos.
-
Que la contradicción principal del capitalismo, que mientras la producción es social, la extracción del beneficio es privada, acaba creando las condiciones para las crisis del capitalismo. Con más parados y peores salarios de los trabajadores, el consumo cae y los beneficios empresariales se contraen. Pueden incluso recuperarse durante un tiempo -mediante despidos, reducciones salariales, incremento de productividad y exportación- pero la crisis rebrota porque el consumo se contrae y, en un entorno económico mundial abierto, las crisis se contagian. La receta de los capitalistas se repite, por efecto de competencia de los mercados, en todo el mundo y el comercio mundial se contrae.
-
Que aunque las crisis capitalistas se produzcan y se conviertan incluso en endémicas, ello no significa que el capitalismo caiga por si solo. Esperar a que lo haga, en plan “siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo” (proverbio árabe), es estúpido. Ninguna formación económica y social es sustituida sin que haya creado las fuerzas que han de destruirla.
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
30 de noviembre de 2016
LOS AUMENTOS SALARIALES Y EL PRINCIPIO DE PASCAL
Luis
Casado.15yultimo.com
En tu indecible ingenuidad tú
piensas que ganar un salario decente es lógico. O que los acuerdos
“win-win” terminaron por identificar los intereses de los
patrones y los asalariados (incluyendo a los profesionales que se
creen jefes), lo que según los verdaderos jefes también es lógico.
Empieza a despertar de tu letargo porque de ese modo, y con esa
lógica, estás perdiendo el invicto. Una parida de Luis Casado,
prohibida en las escuelas de Economía y Negocios…
Como de seguro sabes, la Lógica
pasa por ser una ciencia formal que estudia los principios de la
demostración e inferencia válida. Es lógico un razonamiento en el
que las ideas se desarrollan de forma coherente, sin que haya
contradicciones entre ellas.
No parece evidente, pero la
frase “los altos salarios son dañinos para los asalariados”
tiene su lógica. Una lógica de economista desde luego: lógica, o
lógico, no son sinónimos de decencia u honestidad, aún menos de
legítimo o de verdad absoluta.
La palabra viene del griego
antiguo λογική (logikḗ), que significa “dotado de razón,
intelectual, argumentativo”, que a su vez proviene de λόγος
(lógos), o sea “palabra, pensamiento, idea, argumento, razón o
principio”.
Espero que entiendas que estar
dotado de razón no significa que la tengas, así como no haber
pedido cuernos no permite deducir que no eres un cornudo. Ya habrás
oído eso de “el diablo se esconde en los detalles”. Con
este tipo de lógica te joden de lunes a domingo, 24 sobre 24, 365
días al año, uno más si es bisiesto.
Alarmantes titulares de la
prensa pregonan el fin de la humanidad: los beneficios de tal o cual
banco se redujeron a la mitad, tal o cual industria vio caer su cifra
de negocios, la demanda de tal o cual producto flaquea, los márgenes
comerciales son insuficientes, y otras preocupantes calamidades del
mismo calibre.
Confiésalo alma impía: te
cuesta recuperar el sueño, duermes intranquilo, a sobresaltos, y
últimamente constatas que transpiras más de la cuenta. No es para
menos. Es la lógica implacable –también llamada “dura ley
del mercado”– con la que te han succionado los miolos
(miolos: portugués figurativo por cerebro. De nada…).
Si las multinacionales ganan
plata, mucha plata, invierten para ganar más plata. Ergo, crean
empleo, aumentan la demanda corporativa, lo que a su vez incita a los
productores de los insumos correspondientes a invertir, ya ves hacia
donde va la lancha, hacia el paraíso en la Tierra.
Si por desgracia las
multinacionales no ganan plata –peor aún si por acaso pierden–,
y si la demanda es insuficiente porque tú mismo no consumes lo que
hace falta, se detiene la inversión, se reduce la demanda, crece el
desempleo, los productores de los insumos correspondientes se van a
Babia, vuelve a crecer el desempleo, y ya la tenemos liada. Ergo,
estamos donde estamos.
Esa lógica implacable hace que
el triste currante que eres –que somos– vive deseando que la
empresa que lo emplea gane mucho dinero. Ahora bien, David Ricardo,
clásico entre los clásicos, escribía hace dos siglos (1817): “No
puede haber un aumento del valor del trabajo sin una caída del
lucro”. Una forma de aclararte que –en la economía que
conocemos– el lucro empresarial es inversamente proporcional al
nivel de salarios.
De ahí que la frase: “Los
altos salarios son dañinos para los asalariados”, tenga su
lógica: el asalariado comprende –debe comprender– que pedir un
aumento de su pinche estipendio va contra sus propios intereses.
La lógica implacable va aún
más lejos: la productividad del currante crece cuando la empresa
despide, por poner un ejemplo, el 20% de los efectivos. Los que
quedan tienen que producir lo mismo, o aún más, que la plantilla
precedente, trayendo consigo el tan ansiado aumento de productividad.
Si el currito tuvo la suerte de
nacer en Chile sabe que su AFP invierte en las empresa
s que le emplean a él mismo.
Si quiere obtener –para sus pinches fondos de pensión– la
rentabilidad de sueño con la que le engañaron, no puede sino desear
que las empresas ganen más dinero, en otras palabras, que reduzcan
el número de trabajadores que emplean.
No sé si esto te dice algo o
si eres definitivamente asopado, pero claramente el currante entra en
esquizofrenia militante.
Explicancia: si pide más
salario perjudica a la empresa, y por carambola a sí mismo. Si tiene
la suerte de conservar su pijotero empleo se daña a sí mismo
porque, para garantizar su pensión, más valdría que le
despidiesen. Encerrado en un dilema de tipo “¿el sartén o las
brasas?”, “¿cáncer o disección aórtica?”, “¿caipirinha o
caipiroska?”, “¿Donald o Trump?”… el currante pierde el
juicio.
Esta lógica implacable, que
mantiene a los trabajadores tranquilitos y les aleja del
sindicalismo, explica los titulares de la prensa y de la TV. Hoy, por
ejemplo, el Wall Street Journal(WSJ) pone en primera página:
“Facing a slowdown in
growth and tough credit conditions, businesses hold back on
spending”, lo que en cristiano quiere decir exactamente lo que
te cuento: “Frente a una desaceleración del crecimiento y duras
condiciones de crédito, las empresas paran la inversión”.
El WSJ se refiere a China, pero
para el caso que nos ocupa da lo mismo que el WSJ hable de
Beluchistán, del Estado de Aguascalientes, o de pueblitos como
Cumpeo, Venta de Pantalones, Kagar o
Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch (así se
llama…).
Aún cuando los bancos
centrales emiten dinero trucho en cantidades industriales (el último
en poner a funcionar la imprenta fue The Bank of England, también
llamado The Old Lady), la banca privada, que está hasta el cuello
con créditos irrecuperables, no osa ofrecerle créditos a nadie.
(Dicho sea de paso, hay tanto capital inutilizado que las tasas de
interés son negativas: te pagan por darte un crédito. Pides 100 y
reembolsas 98. Jauja. Jauja te digo).
Mientras tanto, la misma
prensa, la misma TV, te cuenta que aumentó el número de
milmillonarios, que la concentración de la riqueza alcanza niveles
que dan náuseas, y que media docena de privilegiados posee más
patrimonio que la mitad de la humanidad. Desde ese punto de vista
todo va bien.
Lo que nos permite esculpir en
el bronce otra frase: “Los bajos salarios son beneficiosos para
el riquerío”. Frase que también tiene su lógica. Una lógica
implacable.
NOTA
DEL EDITOR DE ESTE BLOG
La mordacidad de Luis Casado
(no están los tiempos para almíbares) no nos dice qué conclusiones
debemos extraer tras su texto pero creo que el lector inteligente que
no sea un reaccionario sacará las adecuadas para la clase
trabajadora por sí solo.
Si les sirve de algo, les
aporto las mías, aquellas de las que siempre he estado convencido:
29 de noviembre de 2016
NI ASALARIADOS NI AUTÓNOMOS, “TRABAJADORES INDEPENDIENTES”. ASÍ SERÁ EL NUEVO EMPLEO FLEXIBLE.
Ignacio
Muro. economistasfrentealacrisis.com
NOTA
DEL EDITOR DE ESTE BLOG
No es frecuente que este blog recurra a economistas reformistas para explicar el
momento actual del capitalismo pero como no entra en el diagnóstico
de la crisis capitalista, ni apenas en su prognosis, creo interesante
incorporar este texto para explicar de qué modo la desregulación
del sistema de relaciones sociales de producción está afectando a
sectores crecientes de la clase trabajadora, en este caso a través
de esa porquería llamada “economía colaborativa”, que hasta
hace poco el propio reformismo jaleaba bajo la denominación de
“economía del bien común”.
Sin más, les dejo con el
interesante artículo de Ignacio Muro.
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Los trabajos esporádicos que
empiezan a asociarse a la economía colaborativa ya tienen un
nuevo estatus formal: la de trabajadores independientes. La
realización de microtareas ocasionales de corta duración, esa
sucesión de ‘trabajos a ratos’ típicos de la economía
gig no se ajustan ni a la tipología de trabajador asalariado
tradicional ni a la del autónomo.
Aunque su conexión a ‘lo
colaborativo’ sugiere una relación entre iguales representada
por la condición peer-to-peer, su rasgo esencial es la dependencia
de plataformas tecnológicas que ofrecen aplicaciones de servicios
con ánimo de lucro. Es en el trabajo que propician estos actores
mercantiles donde surge la necesidad de crear el nuevo estatus de los
“trabajadores independientes”, que son los encargados de
atender, a ratos, una cartera de servicios muy precisa a cambio de
percibir una remuneración construida por la plataforma según un
algoritmo.
De como la tecnología
condiciona las nuevas relaciones de producción
No todo es Uber o Airbnb ni
existen pautas comunes a las relaciones que impulsan las plataformas
tecnológicas. Sebastian Reyna secretario de la UPTA, y por tanto
profundo conocedor del trabajo autónomo, defiende que es necesario
hacer un diagnóstico de cada modelo que aparece en el mercado,
analizando la naturaleza de la relación entre los protagonistas,
sean productores de servicios, consumidores o plataformas de
intercambio. Y así es. No obstante, la presencia constante de la
tecnología aporta rasgos comunes a esta parte de la economía que
acabará contaminando al conjunto de los sectores.
-
Las fronteras entre trabajo y no-trabajo se vuelven difusas, imposibles de medir. Cualquier hora a lo largo de día puede ser de trabajo, disponible pero no ocupado o no disponible, es decir, de ocio. Cuando no hay horarios, la plena disponibilidad no presupone obligación de atender un servicio. El individuo es libre para engancharse o desengancharse y por tanto decide la frontera entre el horario de trabajo y el no-trabajo.
-
La geolocalización, más que la presencia física, es un factor que aporta identificación al servicio. Es la ubicación de los intervinientes definidas por GPS la que determina o condiciona los intercambios. La gestión de la movilidad puede ser el diferencial que da ventajas competitivas a unos servicios sobre otros. Cualquier lugar puede ser lugar de trabajo.
-
El control de actividad sobre el servicio prestado también es tecnológico y forma parte esencial del éxito de las apps de relevancia, al menos en tres sentidos: proximidad al demandante (cercanía, disponibilidad, respuesta rápida), control sobre los rendimientos (tiempo ocupado, garantía de culminación del servicio) y el perfil de comportamientos (antigüedad en la comunidad, frecuencia de servicios, valoración de los usuarios).
-
La tecnología interrumpe o puede interrumpir la conexión entre trabajo autónomo y economía informal o sumergida, profundamente interiorizada en las sociedades actuales. El hecho de que su forma de pago habitual sea con tarjeta de crédito, aporta formalidad a la transacción y la distingue del trabajo autónomo actual, que se sirve de los pagos en metálico para amparar la informalidad.
Como consecuencia, en torno a
esas plataformas surgen nuevas relaciónes de trabajo que se sitúan
entre el trabajo autónomo y el de empleado asalariado. Los nuevos
trabajadores se parecen a los empleados tradicionales, en algunos
aspectos: prestan servicios que están perfectamente definidos y
estandarizados por las empresas/ plataformas para las que trabajan,
que son las que controlan cuánto pagan por ellos. Pero, al mismo
tiempo, se parecen a los contratistas o autónomos porque pueden
elegir cuándo y cuánto trabajan y pueden trabajar para múltiples
negocios a la vez.
Uber y Amazon a la
vanguardia de las relaciones de trabajo (y de sus conflictos)
Uber ha sido la plataforma que
más ha avanzado en un negocio en el que las relaciones con los
conductores prestadores del servicio son determinantes para su
negocio. Junto a Amazon Flex, la filial de Amazon que organiza la
distribución de la paquetería de la empresa a partir de la figura
del ‘repartidor esporádico’ al que dice ofrecer hasta 25$
al mes, necesitan que esa actividad pueda realizarse a precios bajos,
sin tener que pagar costes como el salario mínimo o la contribución
empresarial a la seguridad social de los trabajadores.
Ambas conforman la vanguardia
de las experiencias en conflictos de interpretación de la economía
de las plataformas. La sentencia contra Uber en el Reino Unido,
todavía recurrible, por la que se considera a sus conductores como
‘empleados’ y no como autónomos, tiene su contrapunto en
otras producidas en EEUU, en San Francisco recientemente, y antes
otros municipios de California y del estado de Massachusetts. En
estás se sanciona que son autónomos pero tienen derecho a ser
compensados parcialmente por los costes sociales (por valor de 100
millones de $). Siguen pendientes nuevas sentencias en Florida,
Pensilvania y Arizona.
Uber encabeza el nuevo lobby
para evitar que la regulación laboral invada las nuevas relaciones
de trabajo de la economía gig, la más interesada en construir a su
medida un estatus específico para el trabajo fuera de los patrones
clásicos. Pero no es la única. Detrás de ella y de Amazon Flex
hay otras plataformas que ofrecen diversos servicios manuales como
limpieza de casas, hacer reparaciones, transportar compras, cocinar,
conducir; y también plataformas que prestan nuevos servicios
intelectuales como programar, traducir, corregir contenidos. El
actual limbo legal está dando lugar ya a costosas batallas legales
sobre los derechos y deberes de las partes y sobre la protección de
los trabajadores. Por eso les urge avanzar en la regulación.
Ni asalariados ni autónomos,
“trabajadores independientes”
La creación de una nueva
categoría legal, la de los “trabajadores independientes”,
como posición intermedia entre la de trabajador dependiente y la del
contratista independiente o, en nuestra nomenclatura, entre
asalariado y autónomo, es el camino elegido. Esa es, al menos, la
propuesta realizada por Seth Harris de la Universidad de Cornell y
Alan Krueger de la Universidad de Princeton para la fundación
Hamilton Project en su trabajo “A
proposal for modernizing labor laws for the twenty-first-century
work: the ‘independent worker’”.
El propósito declarado, crear
un nuevo estatus que resuelva la actual incertidumbre jurídica, no
oculta la oportunidad para dar una nueva vuelta de tuerca a la
flexibilidad del mercado laboral, ‘dar un paso más´
–dicen- en la autonomía del trabajador representado por la máxima
“cada cual su propio jefe”.
-
Este estatus incluiría algunos derechos colectivos como la negociación sobre los términos del contrato y las condiciones de trabajo y conllevaría por tanto, el derecho a organizarse en sindicatos. Pero impediría disfrutar de otros que juzgan específicos de la relaciones laborales que no tendrían sentido cuando son los trabajadores los que deciden cuándo trabajar.
-
Salario mínimo. No debe existir para estos colectivos, dicen, porque el trabajo no es medible en tiempo (horas de trabajo) sino por tareas lo que haría difícil o imposible administrar adecuadamente ciertas protecciones vinculada a las retribuciones horarias. No contemplan una nueva realidad extendida en algunas plataformas: que los servicios se ofrezcan al mejor postor en subastas a la baja lo que asegura condiciones de explotación sin ningún mínimo ni protección.
-
Seguro de desempleo. No lo contemplan porque se trata de un derecho asociado a los empleados que pierden sus trabajos involuntariamente y no a aquellos que entran o salen de ellos con plena discrecionalidad. Ignoran los conflictos derivados de la exclusión, no suficientemente justificada, de un trabajador de la comunidad de prestadores del servicio. Recomiendan sin embargo a los titulares de la plataforma ofrecer la sindicación de seguros de desempleo privados y voluntarios
-
Seguridad Social. El informe recomienda flexibilizar las aportaciones, cotizando en relación a los ingresos, y a las plataformas asumir la mitad del pago de las contribuciones que les correspondiera como autónomos. En la medida en que se trata de trabajos esporádicos es obvio que el nuevo status deja en el aire la asistencia sanitaria, las bajas por enfermedad, o las asistencias por maternidad y es fuente segura de precariedad ante situaciones de riesgo e insuficiente jubilación. Sugiere que esos servicios formen parte del paquete de beneficios voluntarios ofrecidos por el empleador a través de seguros privados.
En definitiva: una nueva
oleada de flexibilidad y de desprotección, fuente probable de
futuras desigualdades añadidas, es la herencia previsible a la que
apuntan las nuevas propuestas de regulación laboral, que se pondrán
en marcha si el tiempo, los jueces o la sociedad organizada no les
presta suficiente y pronta atención.
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