SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
5 de septiembre de 2016
LA MISERIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Ricardo
Arturo Salgado. Cubadebate.cu
En
nombre de la libertad de expresión, los medios de comunicación
alcanzaron en el siglo XXI niveles de manipulación tales que hoy son
los canales ideológicos de las clases dominantes por definición. Su
labor cotidiana, produce más miedos, odios, resentimientos e
inmovilidad que información; y esto produce más víctimas que
cualquier guerra en el mundo.
Alcanzando
el paroxismo de la cosificación en favor del dios mercado, los
medios de comunicación y muchos grupos de periodistas se han
constituido en carteles más peligrosos que ningún otro del crimen
organizado. Han sobrepasado los conceptos tradicionales de la
propaganda para convertirse en los agentes que provocan las agendas
nacionales e internacionales, al servicio de los sectores más
poderosos y conservadores del planeta, en negocios que implican miles
de millones de dólares y privilegios incalculables.
Estos
carteles de la comunicación se han encargado de reconfigurar la
cultura, la idiosincrasia, la moral y la ética. Estas últimas dos
reservadas hasta hace poco al ámbito de la religión. Con la
globalización ha venido también la concatenación de esfuerzos de
dominación hegemónica a través de estos medios que hoy definen
héroes y villanos en cada parte del planeta, y moldean el lenguaje a
la medida de los intereses que representan.
Por
esa razón el conflicto en Yemen se neutraliza, ocultando al agresor
saudita,o la victima de guerra palestina se vuelve merecedor del
“castigo” sionista. También así es que se legitima la
intervención gringa en las aguas territoriales chinas, o se producen
como salidas de un molde “primaveras” en lugares tan distantes
como Ucrania y Egipto, o Túnez y Guatemala. Ya las sociedades pueden
prescindir de jueces o complejos sistemas de justicia; el bien y el
mal, así como la culpabilidad o inocencia son definidos en el
tribunal de los medios de comunicación.
Habiendo
convertido a los periodistas y comunicadores en sicarios de la
información, estos a su vez han constituido la maquinaria más
grande de extorsión que existe sobre el planeta. Sin ese factor,
Lilian Tintori no existiría en el imaginario de muchos pueblos como
la heroína sacrificada que lucha por la libertad de su marido, y
tampoco sería posible Keiko Fujimori, ni Micheletti seria héroe
para una buena parte de gente en el continente.
Es
critico entender que estos comunicadores no necesitan ni decir la
verdad, ni saberla, eso es inmaterial. Pueden decir las mayores
idioteces, o hablar en lenguaje rimbombante que no entienden. Su
tarea es implantar no transmitir. De esa forma los actos más
deleznables se ven normales o se le imputan a cualquier transeúnte
involuntario. Si en el siglo XX vendieron el anti comunismo en combo
con el “sueño americano”, hoy son prodigios creadores de
pesadillas, conformismo, miedo y resignación.
Y
ese papel tiene una función principal, aislar el conocimiento,
convertirlo en un privilegio. Por eso ni la opinión crítica, ni
siquiera la opinión propia, están en discusión. Del mismo modo se
relega a los intelectuales y académicos a círculos de confinamiento
donde las ideas permanecen convenientemente distantes de las masas
que cada día que pasa se sienten más sedientas de escándalos,
shows, chismes, rumores, y calumnias, al tiempo que pierden toda
capacidad de asombro ante las cosas más horrendas.
Esto
es un tema preocupante que debe llamar a la reflexión orgánica,
sistemática y global. Toda la pudrición ideológica del sistema se
multiplica y es recibida con beneplácito por el público receptor,
sin percibir su condición de víctima. Debemos entender esto como
una parte central de nuestra lucha por la emancipación. No podemos
seguir preguntándonos la razón por la que los pueblos son
conformistas, o votan en contra de ellos mismos.
La
actividad política hoy no puede ignorar este hecho, menos aun cuando
se proponen cambios profundos en favor de los pueblos. Todo nuestro
continente, en especial nuestros proyectos de liberación, son
blancos directos y permanentes de esta maquinaria ideológica
sostenida en los avances tecnológicos.
El
caso de Venezuela es el más significativo. Aunque la escasez, la
falta de alimentos, la corrupción, los errores administrativos, y
muchos otros problemas son infinitamente más graves en países como
México y, Honduras, por mencionar dos, pero los pueblos del
continente se tragan toneladas de basura anti bolivariana todos los
días, sin percatarse de que ellos mismos,cientos de millones en
nuestros países, nunca han usado papel higiénico, o no pueden hacer
colas en supermercados por falta de dinero, o que nunca han tenido
acceso a una vivienda digna.
Es
tan extremo el asunto que el presidente de Honduras en su propaganda
reclama como grandes éxitos cuatro láminas de zinc, un poco de
cemento en el piso, y un fogón de ladrillos; según el eso es vida
digna. Pero el hecho de que nuestros pueblos se escandalicen por los
anaqueles vacíos en los comercios en Venezuela, y no se fijen en los
anaqueles de sus casas eternamente vacíos, no es casualidad. Existe
una construcción ideológica al lado de la guerra económica que
magnifican como una potente lupa los problemas que viven los
venezolanos, aunque los mantengan invisibles en el resto del mundo.
No
hace mucho tiempo se rego como pólvora en las redes sociales la
noticia de un alcalde en México que buscando su reelección admitió
sin vergüenza alguna que era corrupto y que si robaba. Poco después,
la noticia era que había logrado su reelección de manera holgada.
Hasta el mismo crimen organizado ocupa amplios espacios mediáticos
para “normalizar” una cultura particular, que tiene como centro
la violencia que comparte con la cultura yanqui.
En
nuestros procesos políticos hemos apostado a llevar a su máxima
expresión la opinión popular. Posiblemente sea necesario redefinir
el significado de “libertad de expresión”. ¿El derecho a ser
informado pertenece al pueblo, o es un privilegio de las clases
dominantes? Esas interrogantes tienen gran relevancia y la seguirán
teniendo en las décadas que vienen. ¿No deberían los pueblos,
entonces, tener la opción de ser consultados sobre lo que quieren
que hagan quienes informan?
31 de agosto de 2016
LA LISTA DE ORWELL
George Orwell, escritor, anticomunista y chivato |
Jorge
Ángel Hernández. La pupila insomne
El
afamado escritor británico George Orwell, autor de la igualmente
célebre novela 1984, se empleaba de lleno y con
conocimiento de causa en el entramado de la Guerra Fría cultural.
Desempeñaba su papel de colaborador activo de la CIA, sobre todo a
través del intelectual agente Arthur Koestler, con quien bromeaba
calculando el grado de traición que podrían alcanzar las “bestias
negras favoritas” de su lista de denuncias. En su meticuloso
diario, Orwell compiló los nombres de treinta y cinco personas en
1949, pero engrosó rápidamente el número en ese mismo año, hasta
llegar a 125 sospechosos de simpatizar con el comunismo o de
colaborar con él directamente. La abultada lista sería entregada
por él mismo al Departamento de Investigación de la Información
(IRD, por sus siglas en inglés).
Orwell
denunciaría así a quien se consideraba su amigo, el poeta Stephen
Spender, por su “tendencia a la homosexualidad” y por ser
“muy poco fiable” y “fácilmente influenciable”.
El célebre e incluso autor superior a él mismo, John Steinbeck,
fue incluido en su nómina de bestias negras por considerarlo
“espurio, pseudoingenuo”, y asimismo Upton Sinclair,
apenas por calificarlo de “muy tonto”. El político y
periodista panafricanista George Padmore, radicado en Londres luego
de haber abandonado el comunismo soviético, pasa a su lista por
“antiblanco” y probable amante de Nancy Cunard.
Kingsley
Martir, director del New Statesman and Nation, donde Orwell
publicaba, quedaría en su lista como “liberal degenerado. Muy
deshonesto”. El intelectual, actor y cantante negro Paul
Robeson también fue víctima de sus acusaciones por ser muy
“antiblanco, partidario de Wallace”, y J. B. Prestley por
“simpatizante convencido”, “muy antiamericano” y con
posible vínculo organizativo con el anticomunismo. Michael Redgrave,
quien aparecería después en el filme 1984, también quedaría
enlistado por el paranoico colaborador de la CIA. A esas alturas,
Orwell sabía que lo aquejaba una tuberculosis que no había
respondido favorablemente al tratamiento especial que desde los
Estados Unidos le enviaran. Pronto, la enfermedad lo llevaría a lo
que, con despiadado humor negro, Mary McCarthy consideraría, por la
fuerza del giro a la derecha de sus últimos actos, una feliz muerte
prematura.
Coincidiendo
en el tiempo con la lista de Orwell, organizaciones racistas de los
Estados Unidos boicotearon conciertos de Paul Robeson, quien, a pesar
del peligro que corría, se negó a refugiarse en la Unión
Soviética, donde, según declaró públicamente, se sintió
verdaderamente tratado como una persona. Sus motivos respondían a un
patriotismo vital: consideraba un deber heredado reconstruir su país.
La
filmación y distribución de Rebelión en la granja
(Animal farm) estuvo totalmente orientada por la CIA. Primero, con la
gestión que acometieron los agentes Carleton Alsop y Finis Farr,
cumpliendo orientaciones de su superior E. Howard Hunt, de conseguir
los derechos a través de la viuda, Sonia Brownell, con quien Orwell
se había casado en 1949, en el hospital donde se hallaba ingresado.
El propio Hunt revela en detalles las gestiones en sus Memorias,
publicadas en 1974.
Las
más famosas novelas, Rebelión en la granja (Animal
farm) y 1984 no fueron sino parte de su plan de trabajo
como colaborador del IRD. Cada una cumple a cabalidad las normas de
comunicación de requisito, así como la dirección de contenido que
establecía al socialismo como un experimento fallido. Si bien en
ambas es posible hallar referencias al entorno británico inmediato,
que el público podía relacionar y disfrutar sin demasiado esfuerzo,
muchas de las cuales fueron suprimidas en las respectivas versiones
cinematográficas, el superobjetivo de ambas obras se enfoca en el
anticomunismo. En ninguna de ellas da paso a la más mínima
esperanza.
Arthur
Koestler, artífice de las nuevas direcciones de guerra fría que el
IRD alentaba, recibió en su círculo a George Orwell desde 1940. Los
propósitos del Departamento estaban enfocados justamente en atraer a
los rebeldes de tradición izquierdista que se habían declarado en
contra del poder central socialista. El uso de desertores y
descontentos liberales era objetivo central de su política, aunque
muchos de ellos no fuesen avisados de que el financiamiento de sus
obras procedía de la CIA. El propio Koestler, quien venía de
Hungría y de un periplo comunista activo, se lanzaría al objetivo
con la novela El cero y el infinito (Darkness at Noon),
centrada en los excesos de los llamados procesos de Moscú.
El
biógrafo autorizado de George Orwell, Bernard Crick, lo consideraba
“un hombre profundamente reservado, austero, sencillo, y en cierto
modo, inhibido.” Visto así, pueden tratarse de rasgos de
personalidad común, incluso estos que añade: “Es de dudarse
que tuviera amigos íntimos con los que pudiera desahogarse y
discutir problemas y dificultades”. Sabidas sus aventuras de
colaboración con Koestler, estas características adquieren un matiz
diferente, que bien remiten al comportamiento del espía con
objetivos definidos.
“Hablaba
con sus amigos sobre cuestiones de carácter público: libros,
política y rarezas de la historia natural o de la vida urbana
–agrega Crick–. Podía disertar incansablemente sobre pájaros, y
Cyril Connolly, maliciosamente, comentó una vez que Orwell
difícilmente podía sonarse la nariz sin sospechar y denunciar un
cartel de los fabricantes de pañuelos”. Su radio de acción se
extendía a varios círculos de relaciones, como lo revela el propio
Crick: “Tenía diversos círculos de amigos y conocidos: poetas
bohemios pobres y aspirantes a novelistas en los pubs de Bloomsbury,
la elegante camarilla de las revistas literarias, en la que figuraban
Connolly y Spender, los periodistas de Tribuney una variada fauna de
activistas de izquierda, algunos anarquistas británicos relacionados
con Freedom Press y la librería, y su viejo círculo de Southwold”.
Spender
figuraría en la lista, lo que demuestra que ese hombre, reservado y
austero, desarrollaba una plena habilidad de atraer a las personas,
fingir amistad y sonsacarles sus criterios para, como planteaba el
objetivo del IRD, sacarlos primero de las publicaciones y
denunciarlos y juzgarlos una vez que se les comprobaran vínculos
reales con organizaciones o personas comunistas. Horizon, de Cyril
Connolly fue la primera de las revistas en desaparecer por falta de
financiamiento en 1950. Agrega incluso Crick que, en general, Orwell
“mantenía separados estos mundos y quizás era anormalmente
reservado acerca de a quienes conocía y a quienes no pero,
ocasionalmente, podían coincidir en su piso para un té de las cinco
(al que era muy aficionado)”.
La
compartimentación de amistades y relaciones de trabajo es algo
natural en el medio, desde luego, y servía a su verdadero objetivo
de hacer de vigilante, lo que cumplió cabalmente con su lista a
menos de un año de su muerte. La compartimentación es, por demás,
un requisito indispensable para el espionaje. Si hay, como lo han
advertido algunos críticos posteriores, desgarramiento en estas
novelas, se debe sobre todo a que Orwell cumplía parte de las
funciones que se satirizan en ellas: denunciaba a quienes diferían
en criterios políticos, excluía a los homosexuales y camuflaba su
racismo con acusaciones de extremismo activista.
El
propietario editorial Fredric Warburg, quien publicara Animal
farm, con Secker & Warburg, se tomaría activo interés
en su posterior producción cinematográfica, completamente
financiada por la CIA y, por tanto, con un guión minuciosamente
revisado por el Consejo de Estrategia Psicológica (Psychological
Strategy Board), programa secreto aprobado por el presidente Truman
para llevar a cabo la guerra sicológica con el bloque socialista.
Este proceso de revisión provocó cambios sustanciales en sus
perspectivas ideológicas y, sobre todo, en los giros simbólicos que
actuaban en los patrones de juicio de la masa. Secker & Warburg
sería, además, uno de los elementos del llamado “triple pase”
de tapadera para el financiamiento de la revista Encounter, que
editaría el supuestamente peligroso Stephen Spender.
Orwell,
quien falleció en la noche del 21 de junio de 1950, dejó
inconcluso, apenas esbozado, un proyecto de novela en tres volúmenes
cuyo tema era la decadencia del viejo orden, la revolución
traicionada y el análisis del totalitarismo inglés. Así,
continuaría siendo fiel al objetivo del IRD y buscaría, con la fama
de apoyo, elevar el nivel de sus propuestas literarias por encima de
la trilogía de preguerra. Pero este proyecto no consiguió
abultarse, ni siquiera al punto que lo hiciera su primera lista de
bestias negras anticomunistas.
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