SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
18 de febrero de 2016
RECESIÓN GLOBAL: ¿SEGUNDA TEMPORADA?
Paula
Bach. Izquierda Diario
“¿Por
qué sería conveniente prepararse para la próxima recesión?”,
se pregunta retóricamente Martin Wolf. “¿Qué
está frenando a la economía mundial?”,
indaga Joseph Stiglitz. Janet Yellen advirtió que “la
turbulencia mundial podría golpear el crecimiento”,
sugiriendo la intención de la Fed de postergar un nuevo incremento
de tasas de interés.
Hechos,
dichos y anuncios se retroalimentan. Ocho de las últimas nueve
sesiones bursátiles europeas cerraron en rojo conduciendo a las
plazas del viejo continente a su nivel más bajo en los últimos dos
años y medio (El País, 11-2-16). Las dudas sobre la capacidad de
pago del Deutsche
Bank primero y de Société Général de Francia luego, se
sumaron a una banca italiana atrapada en un mar de activos tóxicos,
actuando como propulsores claves de las últimas caídas. La bolsa
china no operó durante esta semana por los festejos del Año Nuevo
Lunar.
Tokio
cerró la semana con su peor racha desde 2008. A principios de año
el Banco de Japón –como síntoma de escasa inflación y debilidad
económica- anunció la implementación de una tasa de interés
negativa para los bancos que quieran ahorrar en la entidad (o sea,
quien quiera dejar allí su dinero, tendrá que pagar). Luego de que
Yellen exteriorizara sus temores, el Banco de Suecia volvió a bajar
las tasas de interés dejándolas en un nivel más negativo aún
(-0,5%), con el fin de debilitar su moneda y combatir las tendencias
deflacionarias. Suiza, Suecia, Dinamarca y el Banco Central Europeo,
hace rato que sostienen tasas de interés negativas.
La
propia Yanet Yellen sugirió ahora que no las descarta precipitando,
como era de esperar, una nueva caída de Wall Street. Michael
Roberts está en lo cierto: las tasas negativas son resultado de
la incapacidad de los tipos de interés cero de cumplir los objetivos
de crecimiento e inflación durante los años posteriores a la caída
de Lehman. Pero además, las tasas negativas afectan las ganancias de
los bancos y contribuyen a explicar el foco bancario de la actual
convulsión. Mientras tanto y como también pone de relieve Roberts,
Brad DeLong auguraba hace no mucho que “Los
economistas del futuro probablemente denominen a esta época como "La
más larga Depresión””.
El profesor de Berkeley recuerda que antes de la crisis de 2008 solía
enseñar a sus estudiantes que durante una perturbación en el ciclo
económico, se estaría a un 40% del retorno a la normalidad en un
año. Y que la tendencia de largo plazo apenas se vería afectada por
las alteraciones del ciclo de corto plazo.
Siempre
habría burbujas, pánicos, inflaciones y recesiones que presionarían
a la producción y al empleo fuera de su tendencia de largo plazo,
pero serían transitorias. Sin embargo recuerda también que en el
contexto de las secuelas de 2008, Stiglitz fue uno de los que
advirtió que él y los economistas que pensaban como él, estaban
equivocados. Y que sin políticas extraordinarias, sostenidas y
agresivas, nunca volveríamos a lo que antes de 2008 “pensábamos”
como normal. Ahora reconoce DeLong que él estaba equivocado,
mientras Stiglitz era quién tenía la razón. ¿Qué hay detrás de
tanto escepticismo?
Nueve
de las últimas cinco recesiones (o ficciones y realidades)
Las
políticas monetarias flexibles y el incremento
extraordinario de las deudas –incluyendo el apalancamiento
bancario y la continuada vulnerabilidad
de la banca europea-, constituyen fenómenos que acompañaron
como la sombra al cuerpo el débil desempeño de la economía mundial
durante los últimos años. Dicho con mayor precisión y como se
manifestó en múltiples
oportunidades, estos mecanismos junto con la vigorosa
recuperación de China a partir de 2010, fueron responsables de que
la economía mundial –aún a costa de un magro crecimiento- evitara
una depresión como aquella de la década del ’30 superando en
términos técnicos la recesión de 2008/9.
Es
cierto que un mundo inundado de dinero barato no estuvo exento de
episodios de riesgo financiero –tener en cuenta la crisis europea
de 2010/13 y posteriormente Grecia. Pero vale la pena recordar la
ironía de Paul Samuelson cuando hace 50 años lanzó que “el
mercado de valores había anticipado nueve de las últimas 5
recesiones”. Summers advierte que allende el sarcasmo, las
señales deben ser tomadas en serio cuando son de larga duración y
provienen de muchos mercados a la vez. La actual, parecería ser una
de las cinco “buenas”.
¿Por
qué los problemas de la deuda –incluyendo tanto las recientes
caídas bursátiles chinas, como las de Wall Street, Japón y las
derivadas del apalancamiento de los bancos europeos- se ponen de
manifiesto ahora con tanta exaltación? ¿Qué explica el actual
consenso de gran parte del ala de los economistas neokeynesianos con
respecto a la insuficiencia o ineficiencia –incluso casi exagerada-
de las políticas monetarias y la exigencia de políticas fiscales
destinadas a reactivar la economía real? ¿Por qué razón la
perspectiva de una nueva recesión mundial se dibuja en un horizonte
más cercano o más lejano de los economistas de las tendencias
ideológicas más diversas? Es evidente que un escenario nuevo se
está delineando y una explicación sensata exige volver la vista
hacia la correlación entre el mundo de las finanzas y el mundo de la
economía real. Para decirlo gráficamente y en pocas palabras, China
utilizó más cemento en los últimos tres años que Estados Unidos
durante todo el siglo XX. Y como también se expresó desde esta
columna -aún independientemente del destino inmediato del
gigante asiático- lo que parece seguro es que su economía ya no
está creciendo lo suficiente como para continuar atrayendo el
capital de los países centrales que no tiene lugar para ser
invertido en “casa”.
Tampoco parece posible la continuidad de China como el gran motor de
la demanda mundial cuestión que a su vez golpea a Alemania que la
emplea como destino alternativo de los productos invendibles en la
Eurozona.
El
crecimiento de China a “tasas
chinas” actuó
como el “costado
real” de masas de
dinero barato enviadas al mundo por los países centrales. Y la
comunión de ambos aspectos –el real y el financiero- garantizaron
el ascenso vertiginoso de los precios de las materias primas y con
él, el crecimiento de los llamados mercados “emergentes”
y otros exportadores de materias primas que a su vez alojaron grandes
masas de capital sin destino en los países centrales. Este proceso
se está revirtiendo y en su curso parece estar poniendo de relieve
el costado “ineficaz”
de las políticas monetarias de los países centrales. Algo de esto
parece verificarse en el incremento
de la Reserva Federal norteamericana de las tasas de interés en
“mal momento”
y en los riesgos que ostenta en primer lugar el Deutsche Bank, o
Société Général o los bancos italianos. Otros destinos “reales”
del capital resultan aún insuficientes, como México, o poco
probables –al menos por ahora- como India.
Algo
más que una nueva fase
Más
allá de los tiempos –impredecibles- y las formas, la conjunción
de estos factores parecería estar augurando algo más que un nuevo
episodio de la crisis. Si bien hasta cierto punto el proceso que
comenzó en 2008 puede
periodizarse en fases, dicha periodización debería evitar una
operación sumatoria en la que cada episodio resulte la expresión
fenoménica de un contenido idéntico. Sobre todo si se tiene en
cuenta la definición del apartado anterior relativo a la sinergia
entre lo “ficticio” y lo “real”,
deben definirse -al menos en retrospectiva- dos grandes momentos.
El
primero aquel que se corresponde técnicamente con la Gran Recesión
internacional de 2008/9. El segundo está enmarcado por el concurso
entre las medidas monetarias y el despegue chino. Es el momento en el
que se espanta el fantasma de la Gran Depresión y la recesión se
contiene. Por supuesto y como ya se mencionó, este momento se
caracterizó por una debilidad endémica y no estuvo libre de
diversos episodios incluyendo la conmoción de la banca europea o la
inconclusa crisis griega.
Pero
si estamos en lo correcto y lo que se está agotando es aquella
sinergia, es muy poco probable que nuevas medidas monetarias sin la
concurrencia de algún nuevo sector de la economía real, permitan
retornar a las condiciones del momento precedente. Lo que
aparentemente se está modificando es el sustrato –por llamarlo de
algún modo- sobre el que se desarrollaron los acontecimientos desde
2010 a esta parte. Motivo por el cual, más allá de los tiempos y
las formas que adquiera –insistimos-, parecería ser que estamos
presenciando el inicio de un nuevo momento de la crisis económica
mundial.
17 de febrero de 2016
UN PLAN B PARA NO IR A NINGUNA PARTE
NOTA
DEL EDITOR DE ESTE BLOG:
Cuando
los socialdemócratas critican a otros socialdemócratas acaban dando
vueltas para no ir a ninguna parte o, lo que es peor, para acabar
asumiendo lo que dicen combatir. En este caso, la propuesta
Varoufakis para Europa, también conocida como Plan B para Europa.
Si
se fijan, todos ellos pertenecen a la versión española de lo que se
ha dado a conocer como el socialismo del siglo XXI, perteneciendo
algunos de ellos incluso a la Asociación Político-Cultural
Socialismo 21, que no pretende otra cosa que ocupar el espacio que
por la izquierda dejó el PSOE y que no es otro que el de la
socialdemocracia, que hoy ocupa IU, organización a la que la mayoría
de ellos pertenece. Habrá quienes considerarán esta posición, sin
aceptar que ya no hay espacio para la socialdemocracia porque el
capital ya no quiere ni necesita pacto social y sin él no hay
socialdemocracia que valga, como un avance porque hoy el PSOE es
social-liberal.
Y
todos ellos tienen también en común el hecho de pertenecer a la
Plataforma Salir del Euro, que se cuestiona dicha moneda sin asumir
que ella es un producto de la UE y que no se entiende el significado
del euro contra la clase trabajadora sin entender la naturaleza
capitalista de la UE desde su origen en la Comunidad Europea del
Carbón y del Acero (CECA). No es que la UE haya involucionado hacia
la Europa del capital o de los mercaderes, como quieran llamarla,
sino que siempre fue eso, sólo que en una fase expansiva del
capitalismo, por lo que entonces el capital podía permitirse y
consideraba necesario contar con la complicidad del sindicalismo de
concertación y de la socialdemocracia, ya fuera en sus versiones
PPSS o eurocomunista.
En
un momento dado de la construcción política y financiera de la UE,
ésta necesitó de una moneda única, el euro, que no ha sido tan
única dentro de esta institución supraestatal. El mercado único la
necesitaba.
Desde
esa socialdemocracia transnochada se entiende ese discurso tan
calculado de arremeter en su texto contra el euro pero no hacerlo
frontalmente contra la Unión Europea, abogando abiertamente por la
salida de ella. Se limitan a desear, como buenos socialdemócratas en
versión IU, cambiar la“actual UE”, como machaconamente
insisten. Sólo Joan Tafalla, que ahora firma un texto distinto, se
ha pronunciado púbnlicamente hace tiempo por salir de la UE y no
sólo del euro. La socialdemocracia jamás se propondrá destruir el
capitalismo sino sólo reformarlo y la UE es, siempre fue, puro
capitalismo, con ropaje de pacto social y Estado del Bienestar o sin
ellos. No se engañen, no hay economías mixtas entre capitalismo y
socialismo porque no hay soluciones intermedias entre extraer la
plusvalía a la clase trabajadora o no hacerlo, del mismo modo en que
no se puede estar medio embarazada o soplar y sorber al mismo tiempo.
La
UE no se jodió en Maastrich. Se jodió en origen pues era la
arquitectura necesaria para un área económica capitalista europea y
eso se sabía desde el principio. En Maastrich lo que hubo es un giro
de tuerca para pasar del modelo de pacto social al de extracción de
la plusvalía a la clase trabajadora sin la anestesia del Estado del
Bienestar. Lógico que se asuma por parte de militantes de una
organización que pretende buscar fórmulas para superar la crisis
capitalista, no una estrategia para acabar con este sistema. Y esa
postura política no es de ahora sino de hace 30 años, cuando dicha
organización nació de las entrañas de un partido eurocomunista.
Resulta
divertido ver cómo, dentro de los firmantes del llamamiento del Plan
B para Europa, los autores de este texto critican a Varoufakis, el
más coherente de los títeres “progresistas” del capital en su
descarada posición política bersteiniana y salvan la cara de
Lafontaine, un líder socialdemócrata del socialdemócrata Die
Linke, proveniente del socialdemócrata SPD, siendo que ambos
partidos gobiernan juntos varios landers.
Los
encajes de bolillos para explicar una supuesta diferencia ideológica
profunda entre unas supuestas corrientes “izquierdistas” del Plan
B y otras corrientes más a la derecha, dentro de la que
significativamente no nombran más que al ex ministro griego, para no
incomodar a Podemos (Miguel Urban, eudiputado de Podemos, miembro de
Anticapitalistas y firmante del llamamiento) al firmante de la
postcomunista IU Alberto Garzón o la señora Colau resultan en la
práctica ridículos, sobre todo cuando, tras titular del modo en que
lo hacen su artículo y avisar de posibles divisiones entre ambas
“corrientes” acaban por afirmar los siguiente:
“A
pesar de nuestro desacuerdo con el manifiesto por su huidiza posición
y sus desenfocadas propuestas, consideramos que representa
una contribución para despertar la conciencia de los ciudadanos
sobre el crucial tema de Europa.
Esta conciencia es decisiva para afrontar la desolación económica y
social que se ha instalado en muchos países”.
¿Les
sorprende a ustedes que los firmantes del texto que les presentó a
continuación sean parte de ese movimiento llamado “Otra Europa es
posible” cuando es sabido que el capitalismo es irreformable y que,
en consecuencia, la UE también lo es? A mí no, como tampoco el
papel histórico y presente jugado por la socialdemocracia como
caballo de refresco del capitalismo, sea en las versiones de estos
señores o de los líderes podemitas y sus correligionarios.
Ante la falta de voluntad revolucionaria y de falta de propuestas reales, la socialdemocracia juega al escondite, a la mitosis, reproduciéndose por partición, y al entretenimiento a una clase trabajadora europea y nacional que con unos o con otros seguirá experimentando las mismas curas de caballo que les aplica el capital a través de sus servidores políticos de turno.
Ante la falta de voluntad revolucionaria y de falta de propuestas reales, la socialdemocracia juega al escondite, a la mitosis, reproduciéndose por partición, y al entretenimiento a una clase trabajadora europea y nacional que con unos o con otros seguirá experimentando las mismas curas de caballo que les aplica el capital a través de sus servidores políticos de turno.
Sin
más, les dejo con este divertido intento de cuadrar el círculo de
la socialdemocracia clásica y de la renovada, por su patético
cinismo tan evidente en su fracaso futuro.
UN
PLAN B PARA NO IR A NINGUNA PARTE
Ramón
Franquesa/ Pedro Montes/ Joan Tafalla/ Diosdado Toledano.
Crónica Popular
Después
del encuentro celebrado en París el 23 y 24 de enero pasado, las
personas y fuerzas políticas agrupadas en lo que se conoce como el
plan B para Europa trasladan su caravana a Madrid los días 19, 20 y
21 febrero.
La
puesta en marcha de estas iniciativas revela ante todo la precaria
situación en la que se encuentra la Unión europea y el incierto
proyecto de integración del Continente. Por mucho que se quiera
pasar por alto la desolación social existente, el fracaso de la
unión monetaria, el desconcierto político de Europa, es imposible
no detectar un gran malestar general y no sentirse en la necesidad y
obligación para los que se reclaman de la izquierda de decir algo
sobre sobre el mal de fondo, las fracturas en las que se asienta la
actual Unión.
A
ello responde el llamado plan B, surgido tras el desastre que
representó la claudicación del gobierno de Tsipras a la Troika en
julio del pasado año. Todo se conmovió en la izquierda, por más
que, en nuestro país en particular, se haya extendido un manto de
silencio sobre el análisis y consecuencias de lo acontecido. Acaban
de celebrarse las elecciones generales y nunca entró en el debate y
las propuestas de los partidos el condicionante del tema europeo, y
en el embrollo de la investidura se elude contumaz y sistemáticamente
la respuesta que será forzoso dar a las exigencias de la Comisión
europea, que exige nuevos ajustes y recortes sin tapujo alguno, con
independencia del gobierno que se configure.
http://planbeuropa.es/llamamiento/
Se
agrupan en torno al plan B muchos personajes reconocidos de
diferentes países. Inmediatamente se detecta que hay dos posiciones
bien diferenciadas, cuya convivencia no podrá tener una gran
vigencia temporal. Por un lado, están aquellos que habiendo
comprendido correctamente la naturaleza política e ideológica de la
unión monetaria, y sus inevitables consecuencias, que tan de
manifiesto se han puesto en Grecia y en otros países periféricos,
entre ellos España, no cabe otra solución que desmantelar la zona
euro, bien sea por un acuerdo colectivo entre los países europeos, o
bien sea porque unilateralmente los países estrangulados por el euro
se desprendan el dogal que los asfixia. Participantes en París como
Oskar Lafontaine, Costa Lapavitsas, Fréderic Lordon o Zoe
Konstantopoulou, dejaron nítida su posición a favor de la ruptura
de la unión monetaria.
Pero,
junto a ellos, participan en esa iniciativa otras personas y
organizaciones cuyas propuestas no están claras ni tampoco sus
verdaderas intenciones políticas, pues no dejan despejada la
respuesta que dar al euro ni tampoco la forma de acabar con el
proyecto de la unidad europea levantado a partir del Tratado de
Maastricht de 1992. Incluso hablan con desparpajo de “salvar Europa
de si misma”, echándose sobre los hombros una responsabilidad que
los pueblos nunca han pedido, sino más bien todo lo contrario como
lo demuestran cada vez que han sido consultados. Se ha llegado a
decir que en el plan B conviden dos almas, y cabe admitirlo así, sin
perjuicio de las diferencias y matices que existen en cada una de
ellas. (E n una reciente entrevista, Oskar Lafontaine ha mostrado
discrepancias claras en relación con los objetivos que viene
defendiendo Yanis Varoufakis , famoso ex-ministro griego que abandonó
sin más las negociaciones del gobierno de Tsipras con la Troika ).
Desde
luego, los promotores del encuentro de Madrid pertenecen sin duda
alguna al sector del alma en pena, de los que no se sabe si suben o
bajan, a juzgar por el documento lanzado para la convocatoria. La
prensa se ha hecho eco de la edición de un manifiesto para la
reforma de la Unión europea bajo la fórmula de un plan B. Vista la
lista de los primeros firmantes, numerosos, reconocidos nombres, con
autoridad legítima unos, con cargos otros, no es sorprendente esa
irrupción mediática, ligada además al nombre de Varoufakis.
En
el manifiesto es fácil detectar el origen ideológico de su
elaboración, por más que siempre hay firmantes para todo, que se
dejan seducir fácilmente cuando se habla de democracia y si de
asuntos económicos se trata para no quedar descolgados en el limbo
de la ignorancia. Son los partidarios del no pero si, tan frecuentes
en la política. Los que tan cómodamente se instalan en la confusión
y buscan coherencias con argumentos espurios.
Para
muchos de ellos, es preciso criticar con mucha crudeza a la Unión
europea por sus carencias y política, pero no proponer su
liquidación. Paradójicamente denuncian los desastres para los
trabajadores y demás capas populares provocados por la globalización
que representa la zona euro, pero alegan que tiene la ventaja de que
ha impulsado el “internacionalismo”. Afirman que las soluciones
no pueden ser nacionales, ni revertir de nuevo la soberanía a los
estados-nación, porque es algo superado históricamente, salvo para
los gobiernos de cada país para mejor extorsionar a sus pueblos
amparándose en la internacionalización del capital. Piensan que
realmente no hay solución a los problemas de Europa y de los países
miembros en el marco de la unión monetaria, pero ya estamos
afortunadamente integrados bajo las exigencias y los dogmas del
neoliberalismo y quizás convenga inventar reformas inviables que no
supongan rupturas. Se trata de una nueva edición de la política
TINA ( There
is not alternative)
practicada recientemente por el gobierno de Tsipras Todo ello nos
recuerda al revisionismo taimado y viejo, arropado de sensibilidad
social pero resignado e impotente para evitar lo que se denuncia.
Cortinas de humo para alimentar el oscurantismo, no dejar ver con
claridad a nadie y taparse las vergüenzas propias.
Toda
reacción para combatir la UE actual es bienvenida, pero es muy
penoso que tantas firmas ilustres junten su nombre para producir un
manifiesto tan pobre, confuso, desorientado e inútil. Muchos
cerebros para gestar un ratón de manifiesto tan lamentable, cuando
la crisis europea golpea con tanta fuerza y en algunos países de la
Unión el dolor y los sufrimientos y su extensión ciudadana alcanzan
situaciones dramáticas, al punto de que se pueden avecinar
encrucijadas políticas donde opciones siniestras pueden tener su
oportunidad, como incluso se menciona en el manifiesto, o plan B.
Que
a estas alturas se venga a reconocer que la UE no es democrática y
que la política está dominada por los poderes económicos es un
gran acierto analítico, si bien ha transcurrido demasiado tiempo
para percatarse de ello y para sentirse en la obligación de
demostrarlo. En efecto, la Unión europea y el sistema económico
capitalista, en su versión más dogmática y neoliberal en que se
sustenta, no son democráticos. Pero cabría exponerlo limpiamente,
sin mezclar asuntos y sin amalgamar problemas. En Grecia, en julio
del pasado año, no hubo un golpe de estado financiero, sino la
entrega de un gobierno que, mandatado por los ciudadanos a no
negociar nuevos ajustes y recortes, claudicó ante la Troika y aceptó
estrangular con más fuerza a los trabajadores y capas populares
griegas.
Tampoco
aclara mucho citar el triste problema de los refugiados como ligado a
la naturaleza de Unión europea, cuando sobre todo es una situación
generada por el imperialismo americano y los juegos contradictorios y
turbios de otros muchos países. En fin, desde el punto de vista
ideológico, decir que las instituciones europeas trabajan a favor de
una pequeña minoría es no haber entendido que esa pequeña minoría
representa el poder de la gran burguesía europea con sus diferentes
tensiones y luchas de poder. No es necesario ridiculizar a Marx para
aclarar que en el capitalismo la inmensa mayoría está doblegada y
supeditada a los intereses de la minoritaria, pero todopoderosa,
clase dominante.
Con
ese trasfondo analítico y la trivial conclusión de la falta de
democracia en la Unión europea, la inanidad de las propuestas del
manifiesto es tan manifiesta que cabe malévolamente pensar que su
objetivo no es tanto poner fin a la situación desoladora en tantos
sentidos que vive Europa como a confundir la población y darle un
respiro a las instituciones europeas. Ante el malestar y las
propuestas más radicales que han surgido, como la necesidad de que
los países recuperen su soberanía económica y monetaria y
abandonen el euro, ya sea cohesionada o aisladamente, el plan B cabe
interpretarlo como un programa de viaje a ninguna parte. Como un
intento de desviar la atención sobre los verdaderos problemas y sus
causas e ilusionar con falsas expectativas a una población
desorientada, a través de la potencia mediática que pueden acumular
tantas firmas ilustres proclamando la nada.
La
ambigüedad, la falta de rigor y la inconcreción de las propuestas
como señas del manifiesto no impiden reconocer, como se ha dicho,
que participan en torno al Plan B nombres de prestigio que tienen una
posición firme y coherente sobre las implicaciones del euro y con la
ineludible necesidad de desmontarlo. Toda reacción para combatir la
UE actual es bienvenida, pero el tiempo es limitado: no caben debates
académicos ni ocurrencias sin fundamento cuando está demostrado de
modo fehaciente que la causa más decisiva del colapso de Europa es
la unión monetaria.
Dada
la existencia de núcleos de rechazo a la Europa de Maastricht y los
trabajadores masivamente de una forma u otra se han expresado contra
las consecuencias económicas y sociales de la moneda única, los
firmantes del manifiesto, con gran sensibilidad política y un
sentido acendrado del “internacionalismo”, se proponen generar un
espacio de confluencia a escala europea, para luchar contra el
"modelo" actual de la política de las instituciones
europeas, rompiendo con la austeridad y democratizándolas
radicalmente para que se pongan al servicio de la ciudadanía.
Nobles
objetivos, aunque el manifiesto no se ocupa de desarrollar como
acabar con la austeridad, ni como los países atrapados y en
bancarrota con una enorme deuda pueden eludirla, ni cómo resolver
las gravísimas contradicciones que encierra la unión monetaria,
entre otras los tipos de cambio irrevocables que han desencadenado la
crisis actual al provocar profundos desequilibrios económicos y
financieros que no podrán corregirse con los vigentes cambios
implícitos entre las monedas por países.
“A
pesar de nuestro desacuerdo con el manifiesto por su huidiza posición
y sus desenfocadas propuestas, consideramos
que representa una contribución para despertar la conciencia de los
ciudadanos sobre el crucial tema de Europa.
Esta conciencia es decisiva para afrontar la desolación económica y
social que se ha instalado en muchos países”.
En
nuestro país, todos los intentos por eludir la cuestión europea
serán baldíos. Arrojada por la puerta del debate político sin
consideración, la cuestión del euro y de la UE, se colará por la
ventana por la sencilla razón de que la Troika amenaza y es muy
poderosa y la economía española muy frágil y vulnerable. Los
partidarios de cualquiera de las versiones del llamado plan B deberán
esforzarse aún mucho para salir de la retórica y para dar una
respuesta concreta y real a los problemas reales y concretos de
nuestro pueblo.
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