Las organizaciones políticas, como los productos y las marcas en las sociedades capitalistas, responden a los principios de la biología: nacen, crecen, se reproducen (casi siempre por mitosis) y mueren. Esto le ha pasado ya al PCE, sólo que muchos de sus afiliados aún no lo saben.
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
7 de octubre de 2015
APRENDER A CAMBIAR DE HOJA EN EL CALENDARIO COMUNISTA
Por Marat
Las elecciones generales de Diciembre traerán por
anticipado el definitivo ”invierno del
descontento” (Ricardo III. W. Shakespeare) de varias generaciones de
personas que se autodefinen como comunistas dentro de un partido cuya
metástasis se ha extendido más allá de su marca electoral y que, precipitado en
su agonía terminal por el golpe de gracia de la combinación de agentes internos
y externos, ha sido incapaz de comprender que su tercer y último acto no es
sino la carta de defunción de un proceso que viene de muy lejos y que tiene que
ver con la enorme distancia entre el nombre del partido, por un lado, y su
teoría y práctica por el otro.
Un partido que quiso alcanzar electoralmente las
cotas de representación electoral de su desaparecido hermano, en siglas y en
reformismo, italiano y que ahora da sus últimas boqueadas sin haber logrado
travestirse con éxito para alcanzar sus dirigentes las ansias de gobierno, que
no poder, de aquellos que durante tantos años fueron su modelo y aspiración
parlamentaria.
Un partido que en el camino de la transición política
perdió bandera de Estado, ruptura, identidad ideológica, desde muchos años
antes proyecto revolucionario, sus mejores cuadros, a los que nunca reemplazó
porque la formación política hubiera sido un obstáculo a su imparable camino
hacia la nada programática y su inevitable pérdida de influencia social, la
cuál ha sido paralela a la desaforada cooptación de su sindicato de referencia
hacia las estructuras corporativas de un Estado del Bienestar en extinción.
Un partido que un día tuvo 200.000 afiliados, que
no militantes, y hoy apenas llega a los 10.000 cotizantes. Quien se adentre en
las oficinas del Comité Central del partido en la calle Olimpo de Madrid sabrá
que dicho órgano de dirección apenas se ha reunido 2 veces en todo 2015. Que 4
secretarias son las que coordinan telefónicamente su actividad, que en la
práctica no existen comisiones tan trascendentales para un partido comunista
como la de Internacional o la de Economía, por citar sólo dos de las que no
operan. Un partido en fin cuya máxima institución teórica, la Fundación de
Investigaciones Marxistas, languidece sin pena ni gloria. Un partido sin vida
orgánica pero ya me contarán ustedes cómo uno se desdobla un lunes en la
asamblea de una agrupación comunista y el miércoles en la asamblea de su
coalición electoral y qué actividad con proyección política propia tiene la
primera que no sea la de modular la velocidad de la voladura de su coalición para
inyectar a algunos de sus dirigentes a sueldo en uno u otro lugar, o en ambos a
la vez, en ese engendro desclasado de “la gente”.
Hace bastantes años un hoy ex coordinador general
de la marca comercial de dicho partido que operaba –digo en pasado- en el
supermercado electoral, siempre enamorado de su propia pedantería rimbombante
dijo una frase que él mismo ignoraba hasta qué punto llegaría a ser profética: “algún día el alma inmortal del PCE transmigrará en
Izquierda Unida”. Y muy posiblemente antes de 6 meses ambas serán
enterradas juntas.
Las organizaciones políticas, como los productos y las marcas en las sociedades capitalistas, responden a los principios de la biología: nacen, crecen, se reproducen (casi siempre por mitosis) y mueren. Esto le ha pasado ya al PCE, sólo que muchos de sus afiliados aún no lo saben.
Las organizaciones políticas, como los productos y las marcas en las sociedades capitalistas, responden a los principios de la biología: nacen, crecen, se reproducen (casi siempre por mitosis) y mueren. Esto le ha pasado ya al PCE, sólo que muchos de sus afiliados aún no lo saben.
Hoy veo a militantes de una u otra formación o de
ambas rechinar dientes, retorcerse de dolor ante lo que sucede, dividirse en
100 fracciones minúsculas cada una de ellas, enfrentarse unos con otros por
defender las marcas mucho antes que los contenidos que fueron abandonados hace
ya muchos muchos años sin que apenas se quejasen más que unos pocos, mientras
iban siendo abandonados por miles en silencio o de un portazo, la mayoría hacia
sus casas, muy pocos hacia otros lugares, a pesar de que muchos de quienes
marcharon sigan sintiéndose comunistas pero perdidos como vacas sin cencerros.
El sentimiento de orfandad y de vacío de que
quienes han hecho de la pertenencia a un grupo un sentido y/o una forma de vida
es terrible, causa angustia, vértigo y profunda tristeza. Quienes hace ya
muchos años conocimos aquellos sinsabores, al abandonar la falsa sensación de
seguridad que da el sentido de pertenencia a un grupo, sabemos de ello. Muy
pocos han comprendido en esta vida que el auténtico militante comunista sabe y
debe autodisciplinarse y tener sentido de lo colectivo sin perder su carácter de librepensador, rasgo
indispensable para que un comunista, y cualquier persona más allá de cualquier
ideología, no pierda el sentido crítico y sea capaz de comprender cuándo la
herramienta es imprescindible y cuándo ha perdido su función y su condición de
tal.
Abrazarse al ser querido que yace inerte y frío,
abrazarse a un cadáver en descomposición no consuela ni da calor pero conlleva
el terrible riesgo de la septicemia por contagio.
Hay un proceso de duelo inevitable. Incluso hay una
necesaria etapa de descompresión que ha de hacer quien ha vivido muchos años
bajo la forma de una visión de la vida muy condicionada por una militancia que
la llena de sentido, en ausencia de otras cualidades que la enriquezcan-algo
muy triste, por otro lado-; algo así como una desprogramación.
La frustración vivida por el fracaso de los
proyectos colectivos, que tan a menudo se confunden con los personales, requieren
de un proceso de introyección y de reflexión que permitan empezar a ver sin
orejeras, analizar qué ha tenido uno
mismo que ver en ese fracaso, en qué medida no se ha sido corresponsable por
acción o por omisión ante el mismo.
Sólo una profunda autocrítica de cada militante
que se autodenomina comunista respecto a las políticas que ha aceptado
disciplinadamente (mal entendimiento del centralismo democrático) dentro de su
moribundo partido –Pactos de la Moncloa, aceptación y/o defensa de un
sindicalismo de concertación en el que ha militado, pactos de gobierno de la
marca electoral de su partido con los social-liberales sin lograr el
cumplimiento de uno sólo de los puntos programáticos pactados, apoyos de su
partido a la disidencia controlada de la revolución de color española que
supuso el 15-M con su ciudadanismo, transversalidad, inclusividad, oposición
radical a un discurso de clase y de lucha de clases y actuación como ariete
antiizquierda, las políticas de alianza con las nuevas socialdemocracias
representadas por los partidos del PIE y Syriza o los intentos de hacerlo en
España con la involución podemita, fetichismo parlamentario, malas relaciones
con los pocos partidos realmente comunistas que quedan en Europa, etc etc-
podría permitirle entender qué ha pasado, cómo su partido ha llegado a su
actual situación, decidir si desea ser parte de la reconstrucción de la idea
comunista en España, volverse a casa a llorar impotentemente su rabia o acabar
con Ángel Pérez a la cabeza en el Partido Socialista de Madrid, tras el pacto
de éste con Rafael Simancas para ingresar en esa cosa que hace muchos años
llamaron “la casa común de la izquierda”.
No suelo acudir al argumento de la traición como
explicación de las derivas ideológicas actuales de las izquierdas y de sus
prácticas políticas tan ajenas a lo que proclaman ser y pretender
programáticamente. Advierto que cuando hablo de programa no lo hago en clave electoral
sino en cuanto al proyecto de sociedad que los partidos dicen perseguir.
Como decía, el argumento de la traición no me
parece lo bastante sólido para explicar las derivas ideológicas de las
izquierdas hacia la derecha, el turboreformismo y su conversión en “izquierdas
del sistema”.
Con frecuencia ese recurso oculta mucho más de lo
que explica, funciona como apelación tranquilizadora para quien lo emite, por
cuanto que presupone una perspectiva contraria a la llamada traición y se agota
en sí mismo, sin llegar a desentrañar las auténticas razones de unas
involuciones ideológicas y políticas.
La traición política ha existido desde siempre,
desde los señores Vogt, hasta los agentes provocadores y los infiltrados,
pasando por los dirigentes que se venden “no
por el poco dinero que hace falta para comer, ni tampoco por el mucho que hace
falta para ser libre. Lo hacen siempre por sumas intermedias: las que sirven
para comprarse un coche más grande, o una casa, o una lancha motora, o
cualquier otra de las mierdas a las que la publicidad reduce el horizonte vital
de tantos cretinos”, como le hace decir Lorenzo Silva a León Zaldivar,
personaje de “El alquimista impaciente”.
Pero eso no resuelve el interrogante de porqué
sólo una parte de la militancia de dicho partido y de su marca electoral no
reaccionan ante el proyecto de sus dirigentes de disolver en breve ambas
organizaciones en nuevos engendros –porque hay varias alternativas a cada cuál
peor- ciudadanistas, desclasados, antiobreros y derechizados, mientras el resto
calla y quienes hoy vociferan sus cabreos –principalmente en redes sociales en
plan taberna cibernética- callaron durante tantos años.
Una primera interpretación es que a muchos de los
que reaccionan ante la destrucción de las siglas les importa muy poco el
contenido ideológico porque si les importara no estarían en organizaciones
socialdemócratas para las que sus interlocutores son Syriza pero no el KKE, en
organizaciones parlamentaristas que sólo creen en la vía electoral para
alcanzar el gobierno, que no el poder, cuyos interlocutores son vulgares
socialdemócratas desvergonzados como los Melenchon, los Lafontaine o los
Tsipras, y cuyas más “radicales” posiciones son el no al euro pero sí a la UE.
“Otra UE es posible” dicen descaradamente, obviando de forma cínica que el euro
carece de sentido sin la UE, que la UE es irreformable y antidemocrática de
origen y que su génesis está en la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del
Acero), lo que es capitalismo sin más.
No señores, la socialdemocracia no es el PSOE, que
es social-liberal, cosa que prefieren negar para no admitir que la
socialdemocracia de hoy son su partido y su marca electoral.
Estoy convencido de que muchos de ustedes se
declaran comunistas por puro sentimentalismo (revolución rusa de 1917,
revolución cubana, papel del PCE durante la guerra civil española) pero, si les
hablan de dictadura del proletariado o de toma insurreccional del poder, un
escalofrío de rechazo les recorre la espalda a la mayoría de ustedes, nos
califican a quienes creemos en ello de radicales, nostálgicos, fundamentalistas
o cualquier otra cosa parecida, casi como lo haría cualquier afiliado
“izquierdista” del PSOE, de esos que creen que se puede ser marxista y militar
en tal partido.
El problema es que ustedes han sido educados o
deformados durante decenas de años en la negación de lo que es el comunismo, en
un trabajo político pensado para dar cobertura a sus grupos parlamentarios y en
una lucha de masas de la que esperan recoger rápidamente réditos electorales
antes que para educar a la clase trabajadora, crear conciencia de clase y
acumulación de fuerzas. Sí, son una parte de ustedes muy luchadores, eso es
innegable, pero luchan por sacar un diputado más, con esa perspectiva política.
Tsipras y Syriza ya nos han demostrado para qué sirven los votos, los grupos
parlamentarios y el gobierno cuando se aceptan las reglas del juego de la
legalidad burguesa.
Por otro lado, muchos de los que callan lo hacen
porque creen que así le prestan el servicio a sus organizaciones de no poner
las cosas peor y porque gran parte de su afiliación es ya demasiado mayor como
para quedarle fuerza alguna de rebelión ante ese estado de cosas.
Eso sin contar con los trepas de la dirección y de
sus bases dispuestos a hacer carrera profesional dentro de las mil plataformas
“en común” más o menos filopodemitas en las que ha estallado el confluying
desnaturalizado y desvergonzadamente claudicante a la que les han llevado sus
mediocres jefecillos.
No voy a negar algunas correctas posiciones
mantenidas por su partido y su marca electoral como el apoyo a las huelgas
generales o su posición ante el tratado de Maastrich pero cuando el otro día un
viejo militante del PCE me hablaba del papel de su partido en la lucha contra
la OTAN no puede evitar revolverme. Yo entonces aún compartía partido con
ustedes. Y sé muy bien que las movilizaciones anti OTAN fueron principalmente
obra de la extrema izquierda con organizaciones como el Comité AntiOTAN o la
CEOP (Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas). La Mesa ProReferéndum
no era otra cosa que una superestructura de notables, sin proyección social o
réplicas locales de otras mesas. Eso sí, sirvió para que a partir de ella se
creara Izquierda Unida con izquierdistas tan importantes como Ramón Tamames y
su partidillo de bolsillo, los Carlistas o la secta del Partido Humanista.
¿Saben ustedes que en los Pactos de la Moncloa que su partido y su sindicato de
referencia firmaron existía una cláusula por la que la izquierda se comprometía
a no criticar al gobierno de la UCD por su convenio con los Estados Unidos sobre
el uso de territorio español para el mantenimiento en él de bases militares USA
y de la OTAN? ¿Entienden ahora por qué los primeros años de las Marchas a
Torrejón su partido se negaba a apoyarlas?
¿Entienden por qué al principio del movimiento antiOTAN el PCE se
resistía a meter el tema de las bases porque decía que aquello dividía al
movimiento? Por supuesto que lo dividía, entre aquellos que entendían que no se
podía hablar de la OTAN sin hablar también de las bases militares USA en España
y quienes aún atendían a pactos secretos respecto al asunto de las mismas.
Lo destruido ya no es reversible. Los muertos no
resucitan. Quien diga creerlo una de dos, o bien es un idiota sin remedio o
bien un cínico impenitente incapaz de tener la valentía y la honestidad de
admitir su cooperación necesaria, por acción o por omisión, en dicha
destrucción.
En cualquier caso, todos nos hemos equivocado
alguna vez o muchas. Lo que convierte a una persona en general, y a un
comunista en particular, en alguien valioso como ser humano y en parte de la
solución a la ya larga crisis del pensamiento y del movimiento comunista
español, europeo y mundial es su capacidad de análisis de la situación, de
autocrítica y de voluntad sincera de corregir el rumbo errático.
Ello exige un gran esfuerzo de evolución personal
por parte de quienes hoy están enterrados hasta la cintura en luchas fraticidas
internas, atrapados en una cultura autodestructiva, en el resentimiento por los
fracasos políticos y en el ensimismamiento en una actitud de plañideras que
conduce a la parálisis y a la caquexia política, impidiendo a cada militante
desplegar lo mejor de sí mismo.
Y conlleva, tras el análisis de la situación, un
profundo ejercicio de humildad, que debe superar aquella cultura del nosotros
somos el centro del mundo, porque hace ya muchos años que no es verdad, y la
generosidad para volver a la lucha decididos a dar lo mejor de sí mismos.
Dejad que los muertos entierren a sus muertos.
Pasad la hoja de un calendario que ya ha cumplido su ciclo. Aprended de Marx y
Engels, que no sólo fueron unos extraordinarios pensadores revolucionarios sino
agitadores y militantes políticos que, cuando comprendían que unas herramientas
políticas habían dejado de ser útiles, se esforzaban en crear otras más
eficaces y que superasen las inercias y vicios anteriores. Hoy eso significa
reforzar aquello que intenta recuperar la identidad comunista y superar la
mentalidad fraccionaria, cainita y sectaria pero también de cortos vuelos
reformistas y, sobre todo y por todo, como buenos marxistas, revisar lo hecho
hasta el momento, deshacerse de lo que no sirve y fortalecer lo que sirve. Eso
o cocerse uno en su propia salsa en un ejercicio de masoquismo autodestructivo.
Siento haber sido muy duro con ustedes y
con sus organizaciones pero no me pidan que entone un panegírico respecto a las
mismas, ni siquiera un responso piadoso, cuando ni ellas ni ustedes mismos dan
ejemplo público de autocontención, mesura, sensatez y “buen rollo” sino que ventilan
sus vendettas en plaza pública, atrapados en el interior de un cadáver del que
no aciertan a salir.
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6 de octubre de 2015
ASÍ FUE LA PRIMERA REUNIÓN DEL ESPACIO DE ENCUENTRO COMUNISTA DEL 26-S
Con permiso del camarada Carlos Tena que se lo curra muy bien |
encuentrocomunista.wordpress.com
Aunque el acto estaba anunciado para las 11:30 de la mañana, desde las 10:30 ya se reunían en la puerta del CAUM, en la calle Atocha, decenas de personas que no querían arriesgarse a quedarse sin sitio. Fue el momento de saludar a camaradas conocidos y también de poder poner cara a aquellos que habían contactado previamente por correo para el evento o a los que se seguía en Twitter desde hace tiempo pero nunca se había visto en persona. Lo que sí quedó claro desde esos primeros contactos fue la gran afluencia de camaradas de fuera de Madrid, que habían salido de madrugada para acudir al encuentro.
Aunque el acto estaba anunciado para las 11:30 de la mañana, desde las 10:30 ya se reunían en la puerta del CAUM, en la calle Atocha, decenas de personas que no querían arriesgarse a quedarse sin sitio. Fue el momento de saludar a camaradas conocidos y también de poder poner cara a aquellos que habían contactado previamente por correo para el evento o a los que se seguía en Twitter desde hace tiempo pero nunca se había visto en persona. Lo que sí quedó claro desde esos primeros contactos fue la gran afluencia de camaradas de fuera de Madrid, que habían salido de madrugada para acudir al encuentro.
El acto comenzó puntualmente con el aforo del CAUM completo, incluyendo a aquellos que tuvieron que instalarse en las salas que rodean al salón de actos principal. Antes de comenzar con el orden del día programado, desde la mesa se propuso guardar un minuto de silencio en conmemoración del cuarenta aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo. También hubo un recuerdo para los más de quinientos sindicalistas con amenazas de cárcel por participar en huelgas y, como no, al camarada encarcelado Alfon.
Presentación
El encargado de llevar el primer bloque del encuentro comenzó por aclarar varios puntos clave: quién era el grupo promotor del encuentro, qué lo motivaba, las orientaciones ideológicas de las que partían, las pretensiones iniciales y, finalmente, la estructura de trabajo durante la reunión que comenzaba. Además subrayaba que la intención no era celebrar una “liturgia” comunista, con oficiante y espectadores, sino llevar a cabo una reunión de trabajo colectivo y propositivo que permitiera a los comunistas recuperar empuje y avanzar.
El grupo comienza declarándose heredero de 1848 y del Manifiesto Comunista, de su estela en la Comuna de París, en la Revolución Soviética del 17, y en tantas revoluciones victoriosas o fallidas que jalonaron el siglo XX. Pero en ningún caso desde una postura nostálgica o autocontemplativa, sino desde una certeza de la vigencia presente y futura de una idea comunista que conserva toda su vigencia mientras existan explotadores y explotados.
Se hace especial hincapié en la necesidad de centrarse en lo que une a los marxistas de carácter comunista, no a los académicos integrados en instituciones y organizaciones socialdemócratas o social-liberales, puntos de unión que se resumen en cinco puntos: la lucha de clases, la centralidad de la clase trabajadora en las luchas, la dictadura del proletariado como dominación de clase, del mismo modo que la burguesía hoy impone la suya contra los trabajadores, el proceso insurreccional hacia el socialismo y, por supuesto, la construcción de una sociedad socialista. Frente a estos puntos centrales que deben unirnos a los comunistas, debemos colocar a un lado aquello que nos separa y nos está impidiendo avanzar.
En este sentido, Grecia merece ser destacada por haber marcado a día de hoy un punto de ruptura. Ha puesto de manifiesto los límites de la izquierda anti-austeridad que acepta los límites del juego parlamentario burgués. Más allá de lo que diga su programa, la aceptación del campo de juego ajeno y de sus reglas no pueden llevar más que a la traición, la frustración y la decepción. Grecia puede asemejarse dentro de la izquierda europea a lo que significó en 1903 la ruptura entre mencheviques y bolcheviques. Si nos limitamos a decir que Syriza nos ha fallado pero aceptamos que las reglas del juego son las mismas, nos estaremos equivocando radicalmente.
Los y las camaradas que han coincidido en el grupo promotor provienen de distintas experiencias. Hay gente que militó en el pasado en diversas organizaciones comunistas, comunistas que tienen una militancia sindical y también personas que no han militado previamente en partidos pero se sienten comunistas. Desgraciadamente la idea de que no se es comunista si no se está en un partido comunista comienza a no ser verdad si el partido no está a la altura de dar la respuesta adecuada. Y aún a pesar de ello, hay quien se reclama comunista y quiere organizarse. También convergen en el grupo diversas experiencias de la lucha social: desde la participación en la defensa de las conquistas democráticas amenazadas por este gobierno parafascista, pasando por la actividad sindical y también desde la lucha vecinal, ese terreno tan importante y sin embargo tan abandonado desde hace años al ciudadanismo y a las ideologías ajenas a la lucha de clases.
En este terreno del ciudadanismo se profundiza a través de una cita de Marx, cuando afirma que “la ideología dominante es la ideología de la clase dominante”. Las luchas sociales que apelan a “la gente”, a los ciudadanos o a la inclusividad son un producto de la propia burguesía que desgraciadamente ha comprado una gran parte de la izquierda. Un producto que esconde el hecho de que hay un sistema de producción concreto que genera un sistema de dominación concreto: todos somos ciudadanos y gente, pero unos son explotadores y otros somos explotados.
Entrando en lo que no es, el grupo aclara que no es una opción electoral ni parte con esa intención, ni siquiera a medio o largo plazo. Rechaza ser el salvavidas de los que saltan de una desaparecida opción electoral y buscan aferrarse a otra. Tampoco aspiran a ser una plataforma de grupos comunistas ni, por supuesto, algo detrás de lo cual haya un partido.
Desde la reflexión del grupo los partidos comunistas, aunque indudablemente necesarios, presentan actualmente deficiencias importantes. Es necesario fortalecer el espacio comunista desde la lucha ideológica, desde la formación política, desde el debate entre comunistas y desde la acción en la calle. Para poder efectuar esta labor es necesario que los comunistas que sí militan sepan diferenciar con qué perfil actúan en cada sitio: la pertenencia al espacio de encuentro comunista no es una pertenencia por cuotas, donde se acude “en representación de”, sino que se plantea como un espacio donde los comunistas acuden a compartir la reflexión, la formación, el debate y la lucha.
Una vez aclarados los orígenes e intenciones, se pasó a explicar el mecanismo con el que se iba a estructurar la reunión. El planteamiento giró alrededor de tres bloques de trabajo centrados en tres preguntas: ¿qué entendemos por un espacio de encuentro comunista?, ¿qué factores, políticas o propuestas pueden actuar de palancas que nos permitan ganar espacio ideológico o nos hagan ganar terreno entre la clase trabajadora? y ¿cómo nos organizamos para llevar a cabo las intenciones expresadas? Se abrirían turnos de palabra alrededor de cada bloque en el que todo el mundo pudiera aportar opiniones concretas y propositivas. Hay que resaltar que el gran número de asistentes hizo necesario limitar bastante el tiempo de cada intervención y, en contra de lo que suelen ser estas reuniones, la cooperación y la automoderación de los intervinientes hizo posible un gran número de palabras y un ritmo muy vivo en todos los bloques.
Bloque 1
Así pues, se pasó directamente al debate de la primera pregunta: ¿qué entendemos por un espacio de encuentro comunista? En total tomaron la palabra once intervinientes en esta sección y, aunque no siempre las intervenciones se centraban en la pregunta planteada, todas aportaron observaciones importantes al debate global. Recoger todas las intervenciones de manera concreta será objeto del acta, pero se puede hacer una recapitulación de aportaciones, en muchos casos expresadas por varios intervinientes.
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Abrir un debate sobre la cientificidad del Marxismo (decir revolucionario es una redundancia) y combatir la mentira del fin de la historia y del no hay alternativa.
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Poner coto a la colaboración de las organizaciones de nuestra clase en el apoyo a intereses de otras clases. En esta línea, imaginar una reforma a nuestro favor de instituciones como la Unión Europea o el Fondo Monetario Internacional es plantear un imposible. Hay que delimitar un espacio de intereses propio y pelearlo. Así mismo, poner en evidencia virus burgueses instalados plácidamente en la dinámica de la izquierda: el consenso, las primarias, etc.
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No desvincular la reflexión de la práctica. No nos podemos reunir para debatir, sino para actuar.
-
Ofrecer apoyo a los pequeños grupos de comunistas que subsisten en localidades más o menos pequeñas de todo el estado. Diversos asistentes relataron su realidad en su municipio y su lucha en solitario para mantener la combatividad frente a la desmovilización y al descreimiento.
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Explicar el pasado a la gente de la calle: ¿qué decisiones tomó la dirección comunista en la España del 75 y qué consecuencias tuvo? ¿cómo se explica la caída del bloque soviético? ¿quieren esos acontecimientos decir que el marxismo ha muerto?
-
Potenciar la formación y el análisis marxista. Incluso camaradas pertenecientes a organizaciones con medios, consideran que no disponen de textos con los que difundir la visión de clase en temas tan candentes como Syriza, Siria, etc.
-
Hacer el mensaje comprensible sin falsear las ideas. Aclarar, hacer ciencia, desmontar mentiras. Presentar el comunismo como posibilidad moral y real.
-
Sintonizar las ideas comunistas con los límites del planeta. Plantear el debate del trabajo: contra el productivismo, los trabajos no defendibles, etc.
Finalmente, el mismo compañero que comenzó el acto, cierra el bloque con una breve recapitulación. Expone que en estos ocho años de crisis no hemos sabido colocarnos en el centro de la discusión política. Con carné o no, con carné de un partido o de otro, hay que pelear por estar en el centro de esa discusión. Varios partidos se reclaman “el partido” y entre ellos no son cooperativos y trabajan desde su centralidad interna. Debemos ser más humildes para encontrarnos teniendo claras las ideas fundamentales, lo demás no suma. Debemos tener la voluntad de contaminarnos unos a otros en el sentido positivo. Abrir una nueva cultura de relación entre los comunistas.
Bloque 2
La presentación del segundo bloque corre a cargo de otra integrante del grupo promotor. Si antes se ha hablado sobre qué ha traído a la gente hasta el encuentro y cómo entienden el espacio, la intención en esta nueva sección es la de recoger ideas sobre los temas que deben abordar los comunistas con mayor urgencia y cómo lograr en la práctica los objetivos que se marquen.
Se señalan un par de ejemplos sobre ideas que podrían generar un amplio consenso, pero desde la mesa se informa de que el grupo promotor decidió no lanzar una lista inicial a consideración para no condicionar el debate. En cualquier caso, es obvio que la discusión no se puede agotar en media hora, y tiempo habrá si el encuentro cuaja para establecer un debate extenso y riguroso.
Lo que sí se puede prever es que esta tarea a largo plazo será fundamental. La propia selección colectiva de los temas y la discusión plural sobre ellos puede dar una profundidad y un alcance que no podrían conseguir pequeños grupos. Se cuenta con que seguramente habrá quien tenga muy trabajado algún tema y pueda aportar gran parte del material sobre él, pero no habrá nada que no pueda ser enriquecido trabajando entre todos. También habrá que afrontar los riesgos del proceso: no sabemos cuántas sensibilidades distintas pueden converger en un lugar de encuentro como este, pero si son muchas, será necesario un esfuerzo de todos para identificar los temas que dividen y centrarse en los compartidos. A largo plazo, esta línea de trabajo podría fructificar en un programa.
Tras volver a solicitar a los asistentes concisión y automoderación, que tan bien funcionó en el primer bloque, se abre un turno de palabra en el que llegaron a intervenir 16 personas. Se aporta a continuación un resumen de las ideas expuestas, evitando repetir planteamientos ya recogidos en las aportaciones del primer bloque.
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En clave interna: recuperar el marxismo revolucionario como guía entre los propios comunistas. Confrontar nuestro discurso al de la opción reformista.
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Un punto de discusión bastante reiterado se centra alrededor de la clase. En varias intervenciones se aborda desde diferentes perspectivas: los valores de clase, la diferencia en el nivel de conciencia de una minoría y la mayoría que debería hacer la revolución, nuestro error al hablar de la clase en tercera persona, nuestro error al culpar a la clase en lugar de asumir nuestra incapacidad, el peligro del giro hacia el fascismo, etc.
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Se plantean alternativas sobre la propaganda y sus métodos. Por un lado, la necesidad de aprovechar las redes sociales, como ha demostrado la convocatoria del encuentro. Por otro lado, el cómo llegar al gran número de los que no las usan o el planteamiento de las redes sociales como trampas que bloquean por exceso de información.
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Se solicita también hacer una bandera de la defensa de los presos políticos que se encuentran encarcelados por las leyes represivas.
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El ataque contra el europeísmo mal entendido y el espejismo de la UE democrática. Por otro lado, cómo afrontar la amenaza de la expulsión del euro, cómo combatir la idea de que fuera del euro no hay nada que hacer.
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La imposibilidad de continuar con el sindicalismo de concertación.
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Reivindicación de la república obrera tanto desde el punto de vista de la defensa de la memoria como desde el de planteamiento de futuro.
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Denuncia de la guerra imperialista como amenaza global.
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La defensa de lo público no porque sea mejor ni peor, sino porque no puede haber sociedad igualitaria sin una educación y una sanidad absolutamente públicas.
Un tercer miembro de la mesa se encarga de iniciar el tercer bloque del acto. Comienza haciendo la confesión de que desde el grupo promotor existía el miedo de que el segundo bloque no fuera entendido y de que no aparecieran los temas básicos que desde ese grupo se habían considerado. Una vez escuchadas las intervenciones todas las dudas quedaron disipadas.
Aclara que cuando se hizo pública la convocatoria del espacio de encuentro comunista, la cantidad de correos recibidos hizo patente que la respuesta superaba las expectativas de los promotores, por entonces centradas en Madrid. Por eso la limitación del espacio, que casi queda desbordado, y la limitación del tiempo de las intervenciones, que se ha manejado con la colaboración de todos.
También se pone de relieve el que desde la mesa no se hayan tomado turnos de respuesta. Ello responde al hecho de que los promotores no consideran que tengan un punto de vista privilegiado ni ninguna receta mágica.
Por último, el compañero vuelve a destacar el respeto que se aplica a las organizaciones existentes y a su funcionamiento interno. Sin embargo, considera que eso no está reñido con que seamos capaces de ponernos de acuerdo en los mínimos de la acción política, entendiendo como mínimos aquello que no podemos perder de vista y que otros considerarían máximos: el objetivo de la dictadura del proletariado y el socialismo.
Ahora la pregunta a abordar es ¿Cómo hacemos aquello de lo que se ha hablado en los dos bloques anteriores?
La intención de la mesa es la de convocar una segunda reunión para ordenar todo lo que se ha estado discutiendo. Para ello se recogerán los contactos de los asistentes a la primera cita y se abrirá un período de inscripción por Internet.
Depende de todos los participantes tener el acuerdo mínimo, entendido en el sentido ya explicado, para la acción política e ideológica. En palabras del presentador: “Convocaremos una segunda reunión en la que saquemos un grupo de camaradas que coordine esto; no es algo que consideremos que sólo nos competa a los 40 que hemos empezado en el grupo promotor.”
Cuando se disponga de la confirmación de aquellos que quieren participar en el proyecto del espacio de encuentro comunista se buscará un espacio adecuado para albergar esa segunda reunión, una reunión en la que se deberá discutir cómo será la organización, como se respetará el espacio de los que ya están organizados sectorialmente, cómo será la comunicación territorial, etc. Una vez que de esa segunda reunión surja esa coordinadora, la comisión promotora dejará de existir.
La intención es que la estructura organizativa inicial sea pequeña y práctica, la estructura mínima para abordar los objetivos asumibles inicialmente, dejando el margen para una evolución natural cuando nuevos retos así lo pidan. En cualquier caso, no se trata de formar una comisión de dirección política, sino una coordinadora técnica organizativa.
Sin más introducción se abrió el turno de palabras del tercer bloque, bloque en el que se recogen 14 intervenciones.
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En la línea expresada en el primer bloque, algunos intervinientes desearían que se tuviera en cuenta al pensar en la organización en la situación de localidades con un número de militantes más pequeño.
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Se debe promover una insistencia en la formación. Cuando la gente tiene formación, adapta su experiencia de vida a lo que ha aprendido.
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Varias intervenciones ponen de manifiesto la necesidad de una expansión territorial con su correspondiente organización. En una línea ya expuesta en el primer bloque, algunos intervinientes desearían que se tuviera en cuenta al pensar en la organización en la situación de localidades con un número de militantes más pequeño. También se expone la posible dificultad de algunos territorios para estar representados y los medios a usar para hacer una difusión más amplia de la convocatoria en todo el estado.
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La revolución no se hace, se organiza. El grupo parte con unos puntos claros, tiene un objetivo final y dispone de un método de análisis imbatible: la metodología marxista, el materialismo científico.
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Se recuerda la importancia de una serie de recursos y herramientas imprescindibles: fondos, web, reuniones, etc. También de aplicar técnicas de seguimiento: elaborar una hoja de ruta con objetivos asumibles e indicadores de si se cumplen. En cualquier caso, asumir un trabajo a largo plazo, no un plan impreciso del que la gente se desvincule en seis meses.
Ya para cerrar, expresa su confianza en que la segunda reunión podrá ser convocada con una lista de asistentes que permitirá la búsqueda de un local adecuado. Esa segunda reunión contará además con la ventaja de los contactos que ya hemos establecido presencialmente y por correo para que pueda ser totalmente productiva.
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