SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
21 de junio de 2014
WASHINGTON REACTIVA SU PROYECTO DE DIVISIÓN DE IRAK
¿Cómo un Estado poderoso, armado y organizado por
Washington puede desmoronarse en 7 días ante un grupo yihadista?
Thierry Meyssan. Voltairenet.org
La prensa internacional está presentando el repentino
derrumbe del Estado iraquí como resultado de la ofensiva del grupo terrorista
conocido como EIIL. Pero, ¿quién puede creerse que un Estado poderoso, armado y
organizado por Washington pueda desmoronarse en una semana ante un grupo
yihadista oficialmente independiente de otro Estado? ¿Y quién puede creer que
los mismos que apoyan las acciones del EIIL contra Siria realmente condenan su
acción en Irak? Thierry Meyssan, un intelectual francés,
presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis
for Peace y experto en politica exterior y Oriente Medio, nos aclara en
este artículo qué es lo que está sucediendo ahora mismo en esa zona del
planeta
Desde el año 2001, el estado mayor de las fuerzas armadas
de Estados Unidos ha venido tratando de dividir el «Medio
Oriente ampliado» en una multitud de pequeños Estados étnicamente
homogéneos. El mapa del Medio Oriente rediseñado por Washington se publicó en
julio de 2006 . Y según ese mapa Irak debía dividirse en 3 partes: un
Estado sunnita, un Estado chiita y un Estado kurdo.
El fracaso de Israel ante el Hezbollah libanés, en
el verano de 2006 , y el de Francia y el Reino Unido ante el Estado
sirio, en 2011-2014, podían hacer pensar que aquel plan había quedado en el
olvido. Pero no ha sido así. El estado mayor de las fuerzas armadas de Estados
Unidos está tratando de reactivarlo a través de los condottieri de hoy:
los yihadistas.
Esa es la perspectiva que permite analizar correctamente
los acontecimientos de la semana pasada en Irak. A la hora de explicarlos, la
prensa internacional insiste en la ofensiva del Emirato Islámico en Irak y el
Levante (EIIL, también conocido en árabe como Daesh), ofensiva que en
realidad sólo es parte de una operación mucho más amplia.
Ofensiva coordinada del EIIL y los kurdos
En sólo una semana, el EIIL ha conquistado lo
que podría convertirse en un emirato sunita mientras que los kurdos
conquistaban lo que debería pasar a ser un Estado kurdo independiente.
El ejército iraquí, entrenado y armado por Washington,
simplemente dejó en manos del EIIL toda la región de Ninive. Pero
también abandonó la región de Kirkuk, que rápidamente cayó bajo el
control de los pershmergas del Kurdistán iraquí. La estructura misma de la
cadena de mando iraquí facilitó el derrumbe de sus fuerzas: los oficiales
superiores estaban obligados a obtener la anuencia de la oficina del primer
ministro antes de realizar cualquier movimiento de tropas, condición que les
impedía dar prueba de iniciativa a la vez que los llevó a acomodarse como
reyezuelos en las zonas bajo su mando. En tales condiciones, resultaba
extremadamente fácil para el Pentágono comprar a ciertos oficiales para que se
encargaran de incitar a sus soldados a desertar.
También desertaron los parlamentarios al ser convocados
por el primer ministro, impidiendo así que el parlamento votara la proclamación
del estado de urgencia… por falta de quorum, lo cual dejó al gobierno sin
posibilidades de responder rápidamente ante la grave situación.
Ya sin otra opción para salvar la unidad del país, el
primer ministro al-Maliki recurrió a todos sus posibles aliados. Se dirigió, en
primer lugar, al pueblo iraquí en general y, en particular, a la milicia chiita
de su rival Moqtada al-Sadr (el Ejército del Mahdi), así como a los Guardianes
de la Revolución iraníes (el general Qassem Suleimani, comandante en
jefe de la fuerza al-Qods, se encuentra en Bagdad en este momento). Y
finalmente recurrió a Estados Unidos pidiéndole que inicie bombardeos aéreos
contra las fuerzas del EIIL.
La prensa occidental está señalando, no sin algo de
razón, que la manera de gobernar del primer ministro al-Maliki ha
sido a menudo lesiva tanto para la minoría sunnita como para los laicos
del Partido Baas ya que se ha mostrado principalmente favorable a los chiitas.
Se trata, sin embargo, de un argumento que debe ser relativizado y llevado a
sus justas proporciones ya que, en las recientes elecciones legislativas del 30
de abril, los iraquíes acaban de reiterar su respaldo a la coalición de Nuri
al-Maliki, que obtuvo un 25% de los votos, o sea 3 veces más sufragios que el
movimiento de Moqtada al-Sadr, mientras que el resto de los votos se diluía al
dividirse entre una multitud de pequeños partidos.
La preparación de la ofensiva contra la autoridad de Bagdad
La ofensiva del EIIL, por un lado, y la de los Pershmergas por
el otro venía preparándose desde hace tiempo.
El nacimiento del Kurdistán iraquí se inició
bajo la protección de Estados Unidos y de Gran Bretaña, con la
imposición a Sadam Husein de la zona de exclusión aérea decretada
entre las dos invasiones occidentales desatadas contra Irak (1991-2003).
A partir del derrocamiento de Sadam Husein, el Kurdistán iraquí
adquirió un alto nivel de autonomía y ha caído en la esfera de influencia
israelí. Resulta por consiguiente impensable que Tel Aviv no haya intervenido
en la toma de Kirkuk. En todo caso, el hecho es que el actual gobierno regional
de Erbil ha extendido su jurisdicción a todo el conjunto del territorio iraquí
que los planes del estado mayor de las fuerzas armadas de Estados Unidos habían
asignado a la formación del Kurdistán independiente.
El EIIL es una milicia tribal sunnita a la
que se integraron los combatientes de al-Qaeda en Irak al terminar el
mandato de Paul Bremer III en Irak y con el traspaso del poder
político a los iraquíes. El 16 de mayo de 2010, un responsable de al-Qaeda en
Irak, Abu Bakr al-Baghdadi, liberado en circunstancias aún desconocidas,
es nombrado emir. Este personaje se esforzará posteriormente por poner el EIIL bajo
la autoridad de al-Qaeda.
A inicios de 2012, combatientes del EIIL crean
en Siria el grupo conocido como Jabhat al-Nusra –o sea, Frente
de Apoyo al Pueblo del Levante– como rama siria de al-Qaeda. Durante julio
de 2012, Jabhat al-Nusra se desarrolla al calor de la reanudación de
la ofensiva franco-británica contra Siria. Pero a fines de
2012, Washington decide finalmente clasificarlo como «organización
terrorista», a pesar de las protestas del ministro francés de Relaciones
Exteriores, quien llega a declarar públicamente que los “chicos” de
al-Nusra «están haciendo un buen trabajo» (sic)
Los éxitos de los yihadistas en Siria, hasta el
primer semestre de 2013, modificaron el nivel de atracción que podían ejercer
sus diferentes grupos. El proyecto oficial de revolución islamista global
promovido por al-Qaeda comenzó a verse rápidamente como algo utópico
mientras que la creación de un emirato o Estado islámico en algún
territorio bajo control yihadista parecía mucho más realista, e incluso al
alcance de la mano. Esto último es lo que da lugar a la idea de confiar a los
defensores de ese proyecto el rediseño de Irak que las fuerzas armadas de
Estados Unidos no lograron concretar cuando invadieron y ocuparon ese país.
El cambio de imagen del EIIL se produce durante la
primavera de 2014, con la liberación de los prisioneros occidentales que ese
grupo tenía en su poder –alemanes, británicos, daneses, españoles,
estadounidenses, franceses e italianos. Las primeras declaraciones de los
liberados confirmaban punto por punto las informaciones de los servicios de
inteligencia de Siria: el EIIL está bajo la dirección de oficiales
estadounidenses, franceses y sauditas. Sin embargo, los prisioneros liberados
daban rápidamente marcha atrás y contradecían después sus primeras
declaraciones sobre la identidad de los individuos con quienes habían tenido
contacto durante su cautiverio.
En ese contexto se produce la ruptura entre el EIIL y al-Qaeda,
en mayo de 2014. A partir de ese momento, el EIIL adopta una postura
de rivalidad mientras que al-Nusra se mantiene como rama oficial de al-Qaeda en
Siria. Pero todo eso no es más que una cuestión de apariencias. En realidad,
esos grupos cuentan, desde su creación misma, con el respaldo de la CIA,
que los utiliza contra los intereses de Rusia –como ha podido verse en Afganistán,
Bosnia-Herzegovina, Chechenia, Irak y Siria.
En mayo, habiendo dejado de ser la representación
regional de una organización mundial (al-Qaeda) para convertirse por sí mismo
en una organización regional, el EIIL se preparó para desempeñar el papel que
desde hace tiempo se le había asignado.
Aunque está encabezado en el terreno por el ya mencionado Abu
Bakr al-Baghdadi, el EIIL se halla en realidad bajo la autoridad del
príncipe saudita Abdul Rahman al-Faisal, hermano de los príncipes Saud
al-Faisal –ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita desde hace 39
años– y Turki al-Faisal –ex director de los servicios secretos y actual embajador
de Arabia Saudita en Washington y Londres.
En mayo pasado, los príncipes al-Faisal compraron
una fábrica de armamento en Ucrania. A partir de entonces, importantes
cargamentos de armamento pesado han estado llegando por vía aérea a un
aeropuerto militar turco. Y desde ahí, el MIT (los servicios secretos de Turquía)
ha estado enviando ese armamento al EIIL en trenes especiales. Es prácticamente
imposible que semejante cadena logística haya podido montarse sin la OTAN.
La ofensiva del EIIL
El pánico que se ha apoderado de la población iraquí ante
el avance del EIIL tiene que ver con la envergadura de los crímenes que esa
organización ha cometido en Siria, como degollamientos públicos de «musulmanes
renegados» e incluso crucifixión de cristianos.
Según William Lacy Swing –ex
embajador de Estados Unidos en Sudáfrica y posteriormente en la ONU y actual
director de la Oficina de Migraciones Internacionales (OMI)–, al menos 550 000
iraquíes han preferido huir ante la ofensiva de los yihadistas.
Esas cifras demuestran cuán errados están los estimados
occidentales que afirman que el EIIL sólo dispone de 20 000 combatientes en
total, en Siria e Irak. La verdadera cifra es probablemente tres veces más
alta, o sea unos 60 000 combatientes. La diferencia entre ambas cifras
corresponde exclusivamente a la cantidad de extranjeros, reclutados en todo el
mundo musulmán y muchos de los cuales ni siquiera son árabes. El EIIL se ha
convertido por lo tanto en el principal ejército privado del mundo y su papel
recuerda el de los célebres condottieri del Renacimiento europeo.
Y es probable que el EIIL siga desarrollándose,
gracias al botín de guerra que está reuniendo en Irak. En la ciudad de Mosul,
el EIIL se apoderó de los fondos del distrito deNinive, 429 millones
de dólares en dinero contante y sonante, suma que le permitiría pagar a todos
sus combatientes por espacio de un año. También se apoderó de numerosos Humvees
[Vehículo militar multipropósito de fabricación estadounidense corrientemente
utilizado por las fuerzas armadas de Estados Unidos] y de al menos 2
helicópteros de combate que incorporó de inmediato a su equipamiento. Como los
yihadistas no tienen posibilidades de formar pilotos, la prensa internacional
da por sentado que esos helicópteros serán utilizados por ex oficiales
baasistas formados en tiempos de Sadam Husein, lo cual es altamente
improbable en el contexto de guerra entre baasistas laicos y yihadistas que
sirve de telón de fondo a la guerra en Siria.
Reacciones internacionales
Los partidarios de Arabia Saudita en la región
ya estaban a la espera de la ofensiva delos peshmergas y del EIIL. En Líbano,
el presidente Michel Sleiman, quien en enero pasado concluía una
alocución lanzando un sonoro «¡Viva
Arabia Saudita!» en lugar de un «¡Viva el Líbano!», trató por todos los medios de lograr una
prórroga de 6 meses de su mandato presidencial –que ya expiró el 25 de mayo–
para estar aún al mando cuando se presentara la actual crisis.
En todo caso, es la incoherencia lo que está
caracterizando las reacciones internacionales ante la crisis iraquí. Todos los Estados, sin
excepción alguna, condenan las acciones del EIILen Irak y se pronuncian
contra el terrorismo. Pero algunos –como Estados Unidos y sus aliados– ven
en el EIIL un aliado objetivo contra el Estado sirio, y varios (Estados Unidos,
Arabia Saudita, Francia, Israel y Turquía) son incluso gestores de su actual
ofensiva en Irak.
En Estados Unidos, el debate público muestra una
oposición entre los republicanos –que están exigiendo un redespliegue militar
en Irak– y los demócratas –que denuncian la grave inestabilidad suscitada
por la intervención militar de George W. Bush contra Sadam Husein. Toda esa
batalla oratoria permite ocultar el hecho que los actuales acontecimientos
responden a los intereses estratégicos del estado mayor estadounidense y que este
último está además directamente implicado en ellos.
Es también muy posible que Washington no haya
jugado limpio con Ankara ya que el EIIL parece haber tratado de apoderarse de
la tumba de Solimán Schah, en el distrito sirio de Raqqa. Ese santuario es
propiedad de Turquía, que incluso dispone de una pequeña guarnición en el
lugar, en virtud de la cláusula de extraterritorialidad incluida en el Tratado
de Ankara, impuesto por los colonizadores franceses en 1921. Pero tampoco sería
imposible que esa supuesta acción del EIIL haya sido en realidad una
provocación orquestada por Turquía, cuyo gobierno ya había estudiado en otro
momento esa variante para utilizarla como justificación de una intervención
abierta del ejército turco en Siria.
Más grave resulta el hecho que durante la toma de Mosul el
EIIL tomó prisioneros a 15 diplomáticos turcos con sus familias y a 20 miembros
de las fuerzas especiales turcas en el consulado de Turquía, lo cual provocó la
cólera de Ankara. El EIIL arrestó además a varios choferes turcos de
transportes pesados, quienes fueron posteriormente liberados. Resultado:
después de haber garantizado la logística de la ofensiva del EIIL, Turquía se
siente traicionada y no se sabe –al menos por el momento– si esa traición es
cosa de Washington, de Riad, de París o de Tel Aviv. Esa situación recuerda lo
sucedido el 4 de julio de 2003, cuando el ejército estadounidense arrestó a 11
miembros de las fuerzas especiales turcas en Sulaimaniyeh (Irak), incidente
popularizado por el film turco El valle de los lobos [5]. Aquel episodio dio
lugar a la crisis más importante de los 60 últimos años entre Turquía y Estados
Unidos.
En este caso, la hipótesis más probable es que Ankara no
tenía previsto participar en una ofensiva tan amplia y que fue sólo con la
operación ya en marcha que descubrió que el objetivo de Washington era la
creación del Kurdistán. Lo cual probablemente no entraba en los planes de
Ankara ya que –según el mapa publicado en 2006 por el Pentágono– el Kurdistán incluiría
una porción de territorio turco. En efecto, las “amputaciones” previstas en el
plan estadounidense no sólo son para los enemigos de Washington. También
afectan a los “amigos” y todo ello parece indicar que el arresto en Mosul de
los diplomáticos turcos y de los miembros de las fuerzas especiales de Turquía tuvo
como objetivo impedir que Ankara tratara de sabotear la operación.
Al llegar el jueves a Ankara, proveniente de Amman,
la representante especial de Estados Unidos ante el Consejo de
Seguridad de la ONU, Samantha Power, condenó hipócritamente las
acciones del EIIL. La presencia en el Medio Oriente de esta ardiente promotora
del intervencionismo moral de Washington hace pensar que se ha previsto
algún tipo de reacción de Estados Unidos en ese escenario.
Irán anunció por su parte que está dispuesto a
ayudar a salvar el gobierno del chiita al-Maliki con el envío de armas y
consejeros militares, pero sin implicar combatientes. Un posible
derrocamiento del Estado iraquí favorecería a Arabia Saudita, gran rival
regional deTeherán, en momentos en que el príncipe saudita Saud al-Faisal
– hermano del verdadero patrón del EIIL – acaba de invitarlo a negociar.
[1] «Blood borders: How a better Middle East would
look», por Ralph
Peters,Armed Forces Journal, edición de junio de 2006.
[2] Ver L’effroyable imposture: Tome 2,
Manipulations et désinformations, por Thierry Meyssan, éd. Alphée 2007.
[3] Citado in «Pression militaire et succès
diplomatique pour les rebelles syriens», por Isabelle Mandraud (con Gilles Paris), Le Monde,
14 de diciembre de 2012.
[4] «Complot
turco para entrar en guerra abierta contra Siria», Red Voltaire,
28 de marzo de 2014.
[5]
«El anti Hollywood
turco denuncia los crímenes estadounidenses», por Mireille Beaulieu, Red Voltaire,
5 de mayo de 2006.
20 de junio de 2014
LA CORTINA DE HIERRO DE WASHINGTON EN UCRANIA
Diana Johnstone. CounterPunch
Los dirigentes de la OTAN presentan
actualmente una farsa deliberada en Europa, hecha para reconstruir una Cortina
de Hierro entre Rusia y Occidente.
Con sorprendente unanimidad, los
dirigentes de la OTAN fingen sorpresa ante eventos que planificaron durante
meses por anticipado. Eventos que provocaron deliberadamente están siendo
falseados como una repentina, sorprendente, injustificada “agresión rusa”.
EE.UU. y la Unión Europea acometieron una provocación agresiva en Ucrania a
sabiendas de que obligaría a Rusia a reaccionar defensivamente, de una u otra
manera.
No podían estar exactamente seguros de
cómo el presidente ruso Vladimir Putin reaccionaría al ver que EE.UU. estaba
manipulando un conflicto político en Ucrania para instalar un gobierno pro
occidental resuelto a unirse a la OTAN. No se trataba solo de un asunto de
“esfera de influencia” en el “extranjero cercano” de Rusia, sino de un asunto
de vida y muerte para la Armada Rusa, así como una grave amenaza para la
seguridad nacional en la frontera de Rusia.
Habían preparado una trampa para Putin.
Estaba condenado si caía en ella, y condenado si no lo hacía. Podía reaccionar
pasivamente, y traicionar los intereses nacionales básicos de Rusia,
permitiendo que la OTAN avanzara sus fuerzas hostiles a una posición ideal de
ataque.
O podía reaccionar exageradamente,
enviando fuerzas rusas para invadir Ucrania. Occidente estaba listo para esto,
preparado para gritar que Putin era “el nuevo Hitler”, listo para invadir la
pobre, indefensa Europa, que solo podía ser salvada (de nuevo) por los
generosos estadounidenses.
En realidad, la acción defensiva rusa fue
un curso medio muy razonable. Gracias al hecho de que la abrumadora mayoría de
los crimeos se sentían rusos, por haber sido ciudadanos rusos hasta que
Jruschov obsequió frívolamente el territorio a Ucrania en 1954, se encontró una
solución democrática. Los crimeos votaron por su retorno a Rusia en un
referéndum que fue perfectamente legal según el derecho internacional, aunque
violaba la constitución ucraniana, que para entonces estaba por los suelos
porque acababa de ser violada por el derrocamiento del presidente debidamente
elegido del país, Victor Yanukovych, facilitado por violentas milicias. El
cambio de estatus de Crimea fue logrado sin derramamiento de sangre, mediante
las urnas.
Así y todo, los gritos de indignación de
Occidente fueron en todo tan histéricamente hostiles como si Putin hubiera
reaccionado exageradamente y sometido Ucrania a una campaña de bombardeo al
estilo estadounidense, o invadido el país completamente – lo que pueden haber
esperado que hiciera.
El Secretario de Estado de EE.UU., John Kerry,
dirigió el coro de indignación farisaica, acusando a Rusia del tipo de actitud
que su propio gobierno acostumbra adoptar. “No se invade otro país utilizando
pretextos falsos a fin de imponer sus intereses. Es un acto de agresión que es
totalmente inventado en términos de su pretexto”, sermoneó Kerry. “Es realmente
una conducta del Siglo XIX en el Siglo XXI”. En lugar de reírse ante esta
hipocresía, los medios, políticos y expertos estadounidenses retomaron
fervorosamente el tema de la inaceptable agresión expansionista de Putin. Los
europeos se sumaron con un eco débil, obediente.
Todo fue planificado en Yalta
En septiembre de 2013, uno de los
oligarcas más ricos de Ucrania, Viktor Pinchuk financió una conferencia
estratégica elitista sobre el futuro de Ucrania que fue realizada en el mismo
Palacio en Yalta, Crimea, donde Roosevelt, Stalin y Churchill se reunieron para
decidir el futuro de Europa en 1945.The Economist, uno de los medios de
la elite, al informar sobre lo que calificó de “demostración de diplomacia
feroz”, señaló que: “El futuro de Ucrania, un país de 48 millones de
habitantes, y de Europa estaba siendo decidido en tiempo real”. Los
participantes incluyeron a Bill y Hillary Clinton, al ex jefe de la CIA,
general David Petraeus, al ex secretario del Tesoro de EE.UU. Lawrence Summers,
al ex jefe del Banco Mundial Robert Zoellick, al ministro sueco de exteriores
Carl Bildt, Shimon Peres, Tony Blair, Gerhard Schröder, Dominique Strauss-Kahn,
Mario Monti, la presidenta de Lituania
Dalia Grybauskaite, y el influyente
ministro de exteriores de Polonia Radek Sikorski. Tanto el Presidente Viktor
Yanukovych, depuesto cinco meses antes, y su recientemente elegido sucesor
Petro Poroshenko estaban presentes. El secretario de energía de EE.UU. Bill
Richardson participó para hablar sobre la revolución del gas de shale que
EE.UU. espera utilizar para debilitar a Rusia al sustituir el fracking en lugar
de las reservas de gas natural de Rusia. El centro de la discusión fue el
“Profundo y Exhaustivo Acuerdo de Libre Comercio” (DCFTA por su sigla en
inglés) entre Ucrania y la Unión Europea, y la perspectiva de la integración de
Ucrania con Occidente. El tono general era eufórico por la perspectiva de
romper los vínculos de Ucrania con Rusia a favor de Occidente.
¿Conspiración contra Rusia? En ningún
caso. A diferencia de Bilderberg las reuniones no fueron secretas. Frente a
algo como una docena de VIP estadounidenses y una amplia muestra de la elite
política europea se encontraba un consejero de Putin llamado Sergei Glazyev,
quien dejó perfectamente en claro la posición rusa.
Glazyev inyectó una nota de realismo
político y económico a la conferencia. Forbes informó durante
esos días sobre la “extrema diferencia” entre los puntos de vista rusos y
occidentales “no sobre la conveniencia de la integración de Ucrania con la UE
sino sobre su probable impacto”. En contraste con la euforia occidental, el
punto de vista ruso se basaba en “críticas económicas muy específicas y muy
específicas” sobre el impacto del Acuerdo de Comercio en la economía de
Ucrania, señalando que Ucrania tenía un inmenso déficit en sus cuentas
externas, financiado con préstamos del extranjero, y que el resultante aumento
sustancial en las importaciones occidentales solo podría aumentar el déficit. "Ucrania cesará el pago de su deuda externa o necesitará el rescate"
El periodista de Forbes llegó
a la conclusión de que “la posición rusa está mucho más cerca de la verdad que
la chanza proveniente de Bruselas y Kiev”.
En cuanto al impacto político, Glazyev
destacó que la minoría rusoparlante en Ucrania Oriental podría actuar para
dividir el país en protesta contra el corte de los lazos con Rusia, y que Rusia
tendría derecho legítimo a apoyarla, según The Times de
Londres.
En breve, mientras planificaban incorporar
Ucrania en la esfera occidental, los dirigentes occidentales sabían
perfectamente que esa acción involucraría serios problemas con los ucranianos
rusoparlantes y con la propia Rusia. En lugar de tratar de encontrar un
compromiso, los dirigentes occidentales decidieron seguir adelante y culpar a
Rusia por cualquier cosa que saliera mal. Lo que salió mal para comenzar fue
que Yanukovych se acobardó ante el colapso económico implicado por el Acuerdo
de Comercio con la Unión Europea. Postergó la firma, esperando conseguir un
mejor trato. Ya que nada de esto fue explicado claramente al público ucraniano,
se produjeron protestas indignadas, que fueron rápidamente aprovechadas por
EE.UU…. contra Rusia.
Ucrania como puente… o
talón de Aquiles
Ucrania, un término que significa zona
fronteriza, es un país sin fronteras claramente fijadas históricamente que ha
sido estirado demasiado lejos hacia el Este y demasiado lejos hacia Occidente.
La Unión Soviética fue responsable por esto, pero la Unión Soviética ya no
existe, y el resultado es un país sin una identidad unificada y que emerge como
un problema para sí mismo y para sus vecinos.
Fue extendido demasiado lejos hacia el
Este, incorporando territorio que muy bien podría haber sido ruso, como parte
de una política general para distinguir la URSS del imperio zarista, aumentando
Ucrania a costa de su componente ruso y demostrando que la Unión Soviética era
realmente una unión entre repúblicas socialistas iguales. Mientras toda la
Unión Soviética fue dirigida por una dirigencia comunista, esas fronteras no
importaban demasiado.
Fue extendida demasiado lejos hacia Oeste
a fines de la Segunda Guerra Mundial. La victoriosa Unión Soviética extendió la
frontera de Ucrania para que incluyera regiones occidentales, dominadas por la
ciudad diversamente llamada Lviv, Lwow, Lemberg o Lvov, dependiendo de si
pertenecía a Lituania, Polonia, el Imperio Habsburgo o la URSS, una región que
fue un foco de sentimientos anti-rusos. Esto fue indudablemente concebido como
una acción defensiva, para neutralizar a elementos hostiles, pero creó la
nación fundamentalmente dividida que hoy constituye el río revuelto perfecto
para la pesca hostil.
El informe Forbes antes
citado señala que: “Durante la mayor parte de los últimos cinco años, Ucrania
estuvo básicamente jugando un doble juego, diciendo a la UE que estaba
interesada en firmar el DCFTA mientras decía a los rusos que estaba interesada
en sumarse a la unión aduanera”. O Yanukovych no podía decidirse, o estaba tratando
de conseguir el mejor trato de ambos lados, o estaba buscando el mejor postor.
En todo caso, nunca fue “el hombre de Moscú”, y su caída indudablemente se debe
en gran parte a su papel al enfrentar a uno con el otro para ganar ventaja.
Se puede afirmar que lo que se necesitaba
era algo que hasta ahora parece faltar totalmente en Ucrania: una dirigencia
que reconozca la naturaleza dividida del país y que trabaje diplomáticamente
para encontrar una solución que satisfaga a las poblaciones locales y sus vínculos
históricos con el Oeste Católico y con Rusia. En breve, Ucrania podría ser un
puente entre Este y Oeste – y esto, a propósito, ha sido precisamente la
posición rusa. La posición rusa no ha sido dividir Ucrania, mucho menos
conquistarla, sino facilitar el papel del país como puente. Esto involucraría
un cierto grado de federalismo, de gobierno local, que hasta ahora falta
totalmente en el país, con gobernadores locales seleccionados no por elección
sino por el gobierno central en Kiev. Una Ucrania federal podría desarrollar
relaciones con la UE y mantener sus vitales (y lucrativas) relaciones
económicas con Rusia.
Pero esta configuración requiere la
disposición occidental de cooperar con Rusia. EE.UU. ha vetado explícitamente
esta posibilidad, y ha preferido explotar la crisis para calificar a Rusia de
“el enemigo”.
Plan A y Plan B
La política de EE.UU. que ya fue evidente
en la reunión en Yalta de septiembre de 2013, fue impuesta en el terreno por
Victoria Nuland, ex consejera de Dick Cheney, embajadora adjunta en la OTAN,
portavoz de Hillary Clinton, esposa del teórico neoconservador Robert Kagan. Su
papel dirigente en los eventos de Ucrania prueba que la influencia
neoconservadora en el Departamento de Estado, establecida por Bush hijo, fue
retenida por Obama, cuya única contribución visible al cambio de la política
exterior ha sido la presencia de un hombre de ascendencia africana en la
presidencia, calculada para impresionar al mundo con la virtud multicultural de
EE.UU. Como muchos otros presidentes recientes de EE.UU., Obama ocupa el puesto
de vendedor temporario de políticas hechas y ejecutadas por otros.
Como alardeó Victoria Nuland en
Washington, desde la disolución de la Unión Soviética en 1991, EE.UU. ha
gastado cinco mil millones de dólares para obtener influencia política en
Ucrania (lo que se llama “promover la democracia”). Esta inversión no es “por
petróleo”, o por alguna ventaja económica inmediata. Los motivos primordiales
son geopolíticos, porque Ucrania es el talón de Aquiles de Rusia, el territorio
con el mayor potencial para causarle problemas.
Lo que atrajo atención pública al papel de
Victoria Nuland en la crisis ucraniana fue su uso de una mala palabra, cuando
dijo al embajador de EE.UU. “¡Qué se joda la UE!”. Pero el alboroto por su
lenguaje ofensivo ocultó sus malas intenciones. El tema era quién debiera sacar
del poder al presidente elegido Viktor Yanukovych. El partido de la canciller
alemana Angela Merkel había estado promoviendo al ex boxeador Vitaly Klitschko
como su candidato. El grosero rechazo de Nuland dejó en claro que EE.UU., no
Alemania o la UE, debía elegir al nuevo dirigente, y ese no era Klitschko sino
“Yats”. Y por cierto el que obtuvo el puesto fue Yats, Arseniy Yatsenyuk, un
tecnócrata de segunda fila. Eso colocó a un gobierno patrocinado por EE.UU.,
impuesto en las calles por milicias fascistas con poca influencia electoral
pero mucha maldad armada, en condiciones de manejar las elecciones del 25 de
mayo, que excluyeron en gran parte al Este rusoparlante.
El plan A para el golpe de Victoria Nuland
era probablemente instalar, rápidamente, un gobierno en Kiev que se uniera a la
OTAN, preparando el camino para que EE.UU. tomara posesión de la indispensable
base naval de Rusia de Sebastopol en Crimea. Reincorporar Crimea en Rusia fue
la acción defensiva necesaria de Putin para impedirlo.
Pero la estratagema de Nuland era en
realidad un ardid con el que no podía salir perdiendo. Si Rusia no se defendía,
arriesgaba perder toda su flota del sur – un desastre nacional. Por otra parte,
si Rusia reaccionaba, lo que era lo más probable, EE.UU. obtendría una victoria
política, probablemente su principal objetivo. La acción totalmente defensiva
de Putin es presentada por los medios dominantes occidentales, haciéndose eco
de dirigentes políticos, como “expansionismo ruso” no provocado, que la
maquinaria propagandística compara con la captura de Checoslovaquia y Polonia
por Hitler.
Por lo tanto una flagrante provocación
occidental, utilizando la confusión política ucraniana contra una Rusia
fundamentalmente defensiva, ha tenido un éxito sorpresivo al producir un cambio
total en el espíritu artificial de nuestra era, producido por
medios de masa occidentales. Repentinamente, se nos dice que “Occidente amante
de la paz” se ve enfrentado por la amenaza del “agresivo expansionismo ruso”.
Hace unos cuarenta años, los dirigentes soviéticos regalaron la tienda bajo la
ilusión de que una renuncia pacífica por su parte podría conducir a una
cooperación amistosa con Occidente, y especialmente con EE.UU. Pero aquellos en
EE.UU. que nunca quisieron terminar la Guerra Fría se están vengando. No
importa el “comunismo”; si, en lugar de propugnar la dictadura del
proletariado, el actual líder de Rusia es simplemente a la antigua de cierta
manera, los medios occidentales pueden fabricar un monstruo. EE.UU. necesita un
enemigo para salvar el mundo.
Vuelve la extorsión por
intimidación
Pero ante todo, EE.UU. necesita Rusia como
un enemigo a fin de “salvar Europa”, lo que es otra manera de decir, a fin de
seguir dominando Europa. Los responsables políticos en Washington parecen estar
preocupados de que el giro de Obama hacia Asia y el descuido de Europa podrían
debilitar el control estadounidense de sus aliados de la OTAN. Las elecciones
al Parlamento Europeo del 25 de mayo revelaron considerable desapego hacia la
Unión Europea. Ese desapego, notablemente en Francia, está vinculado a una
creciente comprensión de que la UE, lejos de ser una alternativa a EE.UU., es
en realidad un mecanismo que fija a los países europeos en una globalización
definida por EE.UU., la decadencia económica, y la política exterior de EE.UU.,
incluyendo guerras y todo.
Ucrania no es la única entidad que ha sido
sobre-extendida. Lo mismo ha pasado con la UE. Con 28 miembros de diversos
lenguajes, cultura, historia y mentalidad, la UE es incapaz de ponerse de
acuerdo en ninguna política exterior diferente de la propuesta por Washington.
La extensión de la UE a ex satélites europeos orientales ha roto totalmente
todo profundo consenso que pueda haber sido posible entre los países de la
Comunidad Económica original: Francia, Alemania, Italia y los Estados del
Benelux. Polonia y los Estados bálticos ven la membresía en la UE como útil,
pero sus corazones están en EE.UU. – donde muchos de sus dirigentes con más
influencia han sido educados y entrenados. Washington puede explotar la
nostalgia anticomunista, anti-rusa e incluso pro nazi de Europa del nordeste
para enarbolar el falso grito de “¡los rusos vienen!” a fin de obstruir la
creciente cooperación económica entre la vieja UE, notablemente Alemania, y
Rusia.
Rusia no constituye ninguna amenaza. Pero
para los vociferantes rusófobos en los Estados del Báltico, Ucrania occidental
y Polonia, la existencia misma de Rusia es una amenaza. Alentada por EE.UU. y
la OTAN, esa hostilidad endémica es la base política de la nueva “cortina de
hierro” que debe lograr el objetivo señalado en 1997 por Zbigniew Brzezinski
en El Gran Tablero de Ajedrez: mantener dividido el continente
eurasiático a fin de perpetuar la hegemonía mundial de EE.UU. La vieja Guerra
Fría servía ese propósito, afirmando la presencia militar y la influencia
política de EE.UU. en Europa Occidental. Una nueva Guerra Fría puede impedir
que la influencia de EE.UU. sea diluida por buenas relaciones entre Europa
Occidental y Rusia.
Obama ha ido a Europa prometiendo
ostentosamente que la “protegerá” colocando más tropas en regiones lo más cerca
posible de Rusia, mientras al mismo tiempo ordena a Rusia que retire sus
propias tropas, en su propio territorio, aún más lejos de la atribulada
Ucrania. Esto parece tener el objetivo de humillar a Putin y privarlo de apoyo
político en el interior, en un momento en el que aumentan las protestas en
Ucrania oriental contra el dirigente ruso por abandonarlos a la merced de los
asesinos enviados de Kiev.
Para reforzar el control estadounidense de
Europa, EE.UU. está utilizando la crisis artificial para exigir que sus aliados
endeudados gasten más en “defensa”, en especial comprando sistemas de armas
estadounidenses. Aunque EE.UU. todavía está lejos de ser capaz de satisfacer
las necesidades de energía de Europa con el nuevo boom del fracking, esta
perspectiva está siendo saludada como un sustituto para las ventas de gas
natural ruso – estigmatizadas como una “manera de ejercer presión política”,
que se presume que no es ejercida por las ventas energéticas de EE.UU. Se
presiona a Bulgaria e incluso a Serbia para que bloqueen la construcción del
gasoducto South Stream que llevaría gas ruso a los Balcanes y a Europa
meridional.
Del Día-D al Día de la
Condena
Hoy, 6 de junio, el 70 aniversario del
desembarco del Día-D está siendo conmemorado en Normandía como una gigantesca
celebración de la dominación estadounidense, en la cual Obama encabeza un
reparto estelar de dirigentes europeos. Los últimos ancianos sobrevivientes
soldados y aviadores presentes son como los fantasmas de días más inocentes
cuando EE.UU. estaba solo al comienzo de su nueva carrera como amo del mundo.
Eran reales, pero el resto es una payasada. La televisión francesa está
inundada de lágrimas de jóvenes aldeanos en Normandía a los que se ha enseñado
que EE.UU. es una especie de Ángel Guardián, que envió a sus muchachos a morir
en las playas de Normandía por puro amor hacia Francia. Esta imagen idealizada
del pasado es implícitamente proyectada hacia el futuro. En setenta años, la
Guerra Fría, una dominante narrativa propagandística y sobre todo Hollywood,
han convencido a los franceses, y a la mayor parte de Occidente, de que el
Día-D fue el punto de inflexión que ganó la Segunda Guerra Mundial y salvó
Europa de Alemania nazi.
Vladimir Putin fue a la celebración, y ha
sido ampulosamente eludido por Obama, autoproclamado árbitro de la virtud. Los
rusos están rindiendo homenaje a la operación del Día-D que liberó Francia de
la ocupación nazi, pero ellos –y los historiadores– saben lo que la mayor parte
de Occidente ha olvidado: que el Ejército Alemán no fue decisivamente derrotado
por el desembarco en Normandía, sino por el Ejército Rojo. Si el grueso de las
fuerzas alemanas no hubiera sido inmovilizado librando una guerra perdida en el
frente oriental, nadie celebraría el Día-D como está siendo celebrado en la
actualidad.
Se reconoce ampliamente que Putin es “el
mejor jugador de ajedrez”, quien ganó la primera vuelta de la crisis ucraniana.
No cabe duda que ha hecho todo lo posible, enfrentado con la crisis que le ha
sido impuesta. Pero EE.UU. controla una multitud de peones que Putin no tiene.
Y no se trata solo de un juego de ajedrez, sino de ajedrez combinado con póker,
combinado con ruleta rusa. EE.UU. está dispuesto a correr riesgos que los más
prudentes dirigentes rusos prefieren evitar… mientras sea posible.
Tal vez el aspecto más extraordinario de
la actual charada es el servilismo de los “viejos” europeos. Abandonando
aparentemente toda la sabiduría acumulada de Europa, resultante de sus guerras
y tragedias, e incluso haciendo caso omiso de sus propios intereses, los
actuales dirigentes europeos parecen estar dispuestos a seguir a sus protectores
estadounidenses a un Día-C… C como condena.
¿Puede ser importante la presencia de un
dirigente ruso en busca de la paz en Normandía? Bastaría con que los medios de
masa dijeran la verdad, y que Europa produjera dirigentes razonablemente sabios
y valerosos, para que toda la facticia maquinaria bélica perdiera su lustre, y
para que la verdad comenzara a aparecer. Una Europa pacífica sigue siendo
posible, ¿pero por cuánto tiempo?
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