SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
28 de julio de 2015
CHINA. ESTALLÓ LA BURBUJA ESPECULATIVA
Tom
Bramble.
Miradas al Sur
El hundimiento de la Bolsa de Valores china a lo
largo de las últimas tres semanas confirma que por mucho que los adalides del
capitalismo pretendan que este sistema crea riqueza para la mayoría, no deja de
ser un sistema anárquico, responsable de la ruina de millones de personas. El
pasado 12 de junio, el valor de las acciones alcanzó su punto máximo, tras un
crecimiento del 150% durante los doce meses precedentes. Los precios de las
acciones han caído ahora un 30%, al cundir el pánico entre los inversores.
Cuando cae el mercado, se lleva consigo los
ahorros de toda la vida de muchas decenas de millones de trabajadores chinos y
miembros de la clase media, que constituyen el 80% de los inversores. Estos
inversores, que en su mayoría han tomado prestado dinero aportando el valor de
las acciones como garantía (una práctica denominada “préstamos de margen” en la
jerga financiera), están vendiendo ahora sus acciones en un mercado que
desciende día a día. En algunos casos venden por miedo a que el precio siga
cayendo. Más a menudo están obligados a vender porque los prestamistas insisten
en cubrir sus pérdidas.
Estos son los que tienen suerte. Con cerca de tres
cuartas partes del mercado de valores congelado debido a la suspensión de las
cotizaciones y la activación de la limitación de pérdidas (la cotización se
suspende cuando el precio de la acción desciende más del 10% a lo largo del
día), muchos otros inversores no tienen más remedio que permanecer mirando
desde la grada. El coste humano del estallido de la burbuja es tremendo:
empobrecimiento y pérdida de la dignidad para muchos, angustia y suicidios
cuando las víctimas se enfrentan a su futuro arruinado.
La
estafa de la estampita
Los inversores chinos han sido víctimas de un
cruel engaño. El gobierno empujó a los trabajadores y ciudadanos de clase media
a especular en el mercado de valores. En China no existe una seguridad social;
la atención sanitaria, que antes era gratuita, ahora resulta cara. La vivienda,
que antes estaba garantizada por el Estado y por empresas públicas, se halla
ahora en manos del sector inmobiliario y de la construcción. El coste de la
enseñanza crece rápidamente y las pensiones son bajas. De ahí que muchos
trabajadores chinos hayan renunciado al gasto en productos y servicios
cotidianos con ánimo de incrementar sus ahorros –que llegaron a sumar el
equivalente al 30% del PIB–, simplemente para evitar la recaída en la pobreza.
Han prescindido de algunas cosas buenas en la vida para asegurarse de que
puedan pagar las facturas del hospital y evitar la indigencia cuando sean
viejos.
Los bancos no pagan muchos intereses sobre los
depósitos, de manera que la gente busca otros mecanismos para incrementar sus
ahorros. Durante varios años, el mercado inmobiliario estuvo en auge y las
inversiones en él generaban beneficios, pero ahora se ha desinflado y el dinero
ha huido del mercado inmobiliario a la Bolsa. El gobierno chino y los medios de
comunicación animaron a los inversores a adquirir acciones, afirmando que éstas
eran una vía segura para ganar dinero.
El programa del presidente Xi Jinping desde que
asumió el cargo en 2013 ha consistido en promover el capitalismo chino por dos
vías: integrar más profundamente el mercado financiero chino en el mercado
mundial e impulsar el consumo interior. En relación con la primera vía, el
gobierno permite ahora a los inversores occidentales adquirir acciones de
empresas chinas a través de la Bolsa de Hong Kong. En cuando al consumo
interior, el gobierno anima a la gente a comprar acciones con la esperanza de
que la proliferación de carteras de valores en manos de la clase media y de los
trabajadores mejor pagados favorezca el consumo por parte de estos sectores,
compensando de este modo el descenso de las exportaciones chinas y
reequilibrando la demanda interior excesivamente escorada a la inversión. A
ojos del gobierno, el auge del mercado de valores permitiría además a las
empresas públicas endeudadas negociar préstamos para la financiación de su
actividad.
La
caída
Ahora el castillo de naipes se ha hundido. Los
intentos del gobierno de evitar el colapso del mercado de valores no han
servido de nada. Cada una de las medidas no parece sino convencer a los
inversores de que el gobierno ha perdido el control y de que lo peor todavía
está por llegar. En efecto, estas medidas, temerarias como son, casi garantizan
que lo peor está por llegar. El hundimiento agravará los problemas de la
economía productiva, y es probable que la destrucción de la noche a la mañana
de una inmensa riqueza de los hogares haga que descienda el consumo y por tanto
frene todavía más el crecimiento chino. Preocupa también la posibilidad de que
el colapso del mercado de valores repercuta también en los bancos cuando se
liquiden las acciones que servían de garantía de los préstamos bancarios. El
mercado inmobiliario, que de por sí ya está deprimido, se verá afectado
negativamente por los problemas de la banca.
El gobierno chino todavía cuenta con una serie de
instrumentos fiscales y monetarios para limitar la repercusión del descalabro
de la Bolsa en la economía en general. Sin embargo, cuando se combinan con
otros problemas de difícil solución, como las enormes deudas de los
ayuntamientos y la capacidad excedentaria crónica en la industria y el sector
inmobiliario, el viento en contra arrecia. Siendo China actualmente la segunda
economía más grande del mundo y el mercado principal de numerosos países, la
volatilidad de su economía preocupa como nunca antes. Los mercados de materias
primas ya se encontraban en fase descendente antes de que estallara esta crisis.
En estos momentos están acelerando la caída porque los inversores chinos venden
todos los activos que pueden con el fin de obtener liquidez para hacer frente a
los pagos y porque la desaceleración del crecimiento chino mermará la demanda
de recursos y de energía. El precio del mineral de hierro ha descendido a menos
de 45 dólares la tonelada, y los del cobre, el níquel, el aluminio y el cinc
también descienden, mermando las perspectivas de Australia y otros países
exportadores de materias primas.
La información periodística de la prensa
financiera destaca por su indiferencia ante los millones de personas que se
enfrentan ahora a un crudo futuro. Los mercados suben, los mercados bajan: nada
fuera de lo normal. Sin embargo, la cobertura de China contrasta con la de
Grecia. La caída de las acciones ha supuesto una pérdida de valor de 3,4
billones de dólares del mercado de valores de China, poco menos que el
equivalente al valor total del PIB de Alemania, pero la cobertura en los medios
se limita a las páginas económicas. La deuda de Grecia, en cambio, asciende a
354 000 millones de dólares, que solo representan una décima parte de las
pérdidas chinas.
El desastre de los mercados chinos tiene sus
propias características, pero no augura nada bueno para Occidente. Pese a las
diferencias concretas, en Norteamérica, Europa y Japón se ha aplicado el mismo
programa gubernamental de inflación de activos –empujando al alza el valor de
las acciones y los bonos en un intento de estimular la economía real– desde que
estalló la crisis financiera mundial. En Occidente, este programa se denomina
“expansión cuantitativa” y ha sido responsable de la reducción de los tipos de
interés a los niveles más bajos de la historia, del crecimiento de los mercados
bursátiles y de la acumulación de fortunas por parte de las entidades
financieras y los inversores acaudalados. En la vertiente de la inversión
productiva, en cambio, el efecto ha sido casi nulo.
En Occidente, el desmantelamiento del Estado de
bienestar y el mayor recurso a los fondos de pensiones privados en vez de las
pensiones públicas también han llevado a que la suerte de cientos de millones
de trabajadores dependa ahora de los vaivenes de los mercados de valores. Las
caras demacradas de ciudadanos chinos que asisten actualmente a la disipación
de sus perspectivas de futuro podrán verse también, pronto o tarde, en los
países occidentales.
El hundimiento de la Bolsa tendrá consecuencias
políticas en China. La burbuja bursátil era un plan consciente urdido por el
presidente Xi para reequilibrar la economía, y con el colapso del mercado de
valores, la credibilidad de Xi ante otros dirigentes rivales del partido estará
por los suelos, lo que estimulará las batallas fraccionales en el seno de la
clase dominante. Y fuera de la clase dominante, entre los millones de personas
desesperadas que han perdido sus ahorros, cundirá el resentimiento. La gente
estará enfadada con el gobierno, que hace apenas unas semanas todavía afirmaba
que invertir en acciones era una apuesta segura. También se percatarán de que
muchos de los grandes inversores se descolgaron del mercado algunas semanas
antes del colapso. Aunque esta rabia no se exprese en manifestaciones
callejeras (que de todos modos no cabe descartar), en las mentes de muchos
chinos cundirá la idea de que la elite dirigente no se preocupa para nada de su
suerte.
27 de julio de 2015
LA CRISIS MUNDIAL DEL AGUA QUE VIENE Y SU “PRESAGIO”: LA SEQUÍA DE CALIFORNIA
Alfredo
Jalife-Rahme. La Jornada
En
espera de la supuesta sexta extinción
masiva, el planeta se encamina a una crisis catastrófica del
agua que presagia una sequía sin precedentes en California.
Es
curioso que los voraces megabancos de Wall Street propalen el riesgo
por la crisis global del agua: desde Goldman Sachs hasta Bank of
America Merrill Lynch (BAML).
¿Pretende
Wall Street financiarizar las catástrofes globales?
Durante
la conferencia “Los cinco principales riesgos en el mundo”,
Goldman Sachs colocó en primer lugar a la crisis acuífera, que
sería mucho mayor que el alza de los
alimentos y el agotamiento de las reservas de energía.
Allí
Nicholas Stern advirtió que los acuíferos subterráneos podían
secarse al mismo tiempo que el derretimiento de los glaciales en el
Himalaya, mientras Donald Kennedy, académico de Stanford, explayó
que el cambio climático global ha desatado una espiral que se
retroalimenta: “tenemos sequías combinadas con un exceso
psicótico (sic) de
lluvias.”
Los
analistas de BAML aducen que la sequía que lleva cuatro años en
California “ha causado una
devastación sin paralelo en la región” y sentencian que
“la sequía en California es el presagio de la crisis global del
agua que viene.”
Proyectan
que para 2050 el 45% del PIB global estará en peligro “con 50
países con riesgos de conflicto por el agua.”
Las
cifras son escalofriantes: abrupto descenso de los niveles de los
acuíferos, que alcanzó 30 metros, al unísono del derretimiento de
la capa de nieve en Sierra Nevada (California), que se encuentra a 5%
de sus niveles históricos.
Su
impacto económico es ya disruptivo: la sequía tendrá un costo de
2.700 millones de dólares para la agricultura de California, lo cual
redundará en “restricciones obligatorias de agua”,
afectaciones a la salud humana y daño a la fauna, hundimientos de
terrenos, intrusión marina e incendios forestales.
Para
2060, “el abasto de agua de California será deficitario en más
de 13 billones (trillones, en
anglosajón) de galones (nota:
un galón=3.78 litros) con 80% de probabilidad de una
megasequía durante varias décadas de este siglo.”
BAML
expone en un diagrama perturbador el porcentaje de California para
cada categoría de sequía que divide en cinco rubros: excepcional,
extremo, severo, moderado y anormalmente seco.
Shane
Ferro, de Business Insider, asevera que, como consecuencia del
cambio climático, la asequibilidad
del agua constituye "el mayor problema global del siglo XXI",
basado en un previo reporte del BAML.
Los
analistas de BALM diagnostican que “a escala global, 750
millones de personas carecen de acceso a una fuente salubre de agua
potable y 2.400 millones no tienen acceso a instalaciones sanitarias
adecuadas”, cuando “cerca de 50 países son oficialmente
clasificados como estresados (sic)
por carencia de agua, y hasta 70% de los acuíferos subterráneos del
mundo han alcanzado su pico”, en similitud al célebre “pico
del petróleo” que anuncia su posterior decaimiento después de
su nivel máximo.
La
demanda global del agua excederá la oferta en 40% de 2030 hasta
2050, mientras 3.900 millones de personas vivirán bajo severo estrés
acuífero.
Cabe
señalar que el devaluado “México neoliberal itamita” se
encuentra entre los 50 países estresados, por lo que destaca la
misántropa letalidad consustancial a la megacorrupta ley
Korenfeld, donde están implicadas las altas esferas del
racista gobierno infanticida del primer ministro de Israel, Bibi
Netanyahu, cada vez más aislado del concierto universal.
World
Resources Institute cataloga a los 36
países “extremadamente estresados por carencia de agua (más de
80%)”, donde México es colocado en el inmediato nivel
“alto (entre 40 y 80%.”
La
quiebra acuífera de California no es menor, como metáfora de la
crisis global del agua en ciernes que afecta a un estado inmensamente
rico que, si fuera país, sería la octava economía a escala global.
En
fechas recientes, la NASA advirtió que “el agua potable de
California se agotará en un año”, por lo que sus científicos
“abogan adoptar medidas urgentes
para lograr sostenibilidad en el consumo de agua potable en
California”.
Jay
Famiglietti, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA,
juzga que “el volumen total
de agua en las cuencas de los ríos Sacramento y San Joaquín
(California) que comprende la nieve derretida, las reservas y el agua
subterránea, ha disminuido desde 2014 en 42.000 millones de metros
cúbicos”.
Según
la NASA, California “desde 2002 viene perdiendo agua almacenada
y dos terceras partes de estas pérdidas se derivan del uso de aguas
subterráneas por los agricultores que han tratado de combatir los
efectos de las sequías, por lo que los presentes almacenamientos del
líquido en California podrían acabarse en un año.”
Según
el portal Business Insider, los expertos aseguran que
California ha sufrido su peor sequía en los últimos mil 200 años.
Expone una serie de fotos
impresionantes al cuarto año de sequía en California.
California
ya no cuenta con su principal fuente de agua de superficie, que
proviene de la nieve almacenada en las montañas más elevadas y que
ha desaparecido debido a la sequía y que se ha derretido en forma
dramática.
Pese
a que representa sólo 1,5% de toda la economía de California, su
industria agrícola, puesta en la picota hidráulica por su excesivo
consumo, enarbola la más alta producción comparada a otros estados
de Estados Unidos (EU).
La
otrora mirífica California, tercer estado en extensión de EU
después de Alaska y Texas con 423 mil 968 kilómetros cuadrados, es
el más poblado con casi 39 millones de habitantes –casi 13% de
todo EU, lo cual le otorga 55 relevantes votos en el colegio
electoral– donde habita 31% de mexicanos (dentro del 38% de
latinos).
Sin
tomar en cuenta la ominosa letalidad criminal del fracking –que
dilapida colosales masas del líquido–, la simultánea crisis
acuífera en California y México es ya transfronteriza y
bidireccional, en el aspecto humano, con graves reverberaciones
migratorias, que no aborda ninguno de los irredentistas esquemas
financieristas/militaristas del Tlcan,
Aspan, Plan Mérida, NorthCom, NorthAmerica, TPP, TTIP, TISA.
¡Es
increíble que no exista una tripartita política hidráulica del
invasivo esquema de Norteamérica!
Como
si lo anterior fuera poco, Russia Today expone que detrás de
las ofensivas de los barbáricos yihadistas “se
encuentra una lucha mucho más cruel: el control del agua”,
una de cuyas medidas ha sido reducir
el suministro de agua en las áreas controladas por el gobierno de
Irak.
De
por sí la contaminación y el calentamiento global han agravado la
escasez acuífera en Medio Oriente, donde se prevé que para 2025 las
sequías provocarán hambrunas masivas.
Lo
que no destruye la naturaleza lo acaban por aniquilar los
depredadores “humanos.”
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)