SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
8 de febrero de 2014
LA VENTA DE HISTORIALES CLÍNICOS, LA GUINDA DE LA PRIVATIZACIÓN SANITARIA
La información que
les hago llegar este sábado es especialmente grave por lo que implica. No se
trata sólo de que la venta de historiales clínicos constituya un ataque
demoledor al derecho a la privacidad de los pacientes clínicos, lo que, en
muchos casos, podría afectarles de forma muy lesiva a sus relaciones con el
mundo, sino de que dicha cesión a entidades privadas puede facilitar que tanto
empresas a la hora de contratar como mutualidades médicas utilicen dicha
información de forma muy discriminatoria, decidiendo las empresas quiénes son
susceptibles de integrar sus plantillas, en un mundo en el que el trabajo se ha
convertido en un bien tan escaso, o a quienes aceptar la solicitud de contrato
de una póliza sanitaria, por parte de las aseguradoras privadas de salud, en
función de sus previsiones de coste-beneficio por paciente. Ello es
especialmente grave cuando la sanidad pública está siendo destruida y saboteado
por una derecha con más que demostradas conexiones con intereses privados.
Por último, y en
relación con el último párrafo del artículo, en el que se amplían a “gobiernos
socialdemócratas” las responsabilidades en el diseño de las políticas liberales
en materia de sanidad es necesario aclarar a quien hace estas declaraciones, una
responsable de ATTAC, que socialdemócratas no son los partidos autodenominados
socialistas, como el PSOE. Éste y sus partidos hermanos europeos son
social-liberales, algo bastante más a la derecha de la socialdemocracia.
No seré yo quien
rompa una lanza por la socialdemocracia pero viniendo el término de ATTAC en la
que abundan los socialdemócratas, al menos en España, resulta llamativo. Con
alta frecuencia la expresión socialdemócrata se ha utilizado más como
descalificación política que como término definitorio de unas ideas y de una práctica
política “sensu stricto”.
Socialdemócratas
en la actualidad son, en Francia el Frente de Izquierdas, en Grecia Syriza, por
mucho que guste autodefinirse como izquierda radical, en España el PCE e IU y
en general las opciones en las que están organizaciones a la izquierda de los
Partidos Socialistas (PPSS), en muchos casos Partidos Comunistas (PCs), se
autodefinan como lo hagan. Lo son por sus programas políticos y por su acción
política, en aquellos espacios que no son los Estados centrales en los que
gobiernan.
La
socialdemocracia no podrá gobernar con programas socialdemócratas, en el caso
de que alcance los gobiernos centrales, porque un programa tal exige un pacto
con el capital de paz social a cambio de beneficios para la clase trabajadora
pero hoy el capital ni quiere ni necesita tal pacto. Y sin pacto social, un
intento de reformas progresistas está condenado al fracaso, al giro a la
derecha o a su radicalización, lo que supondría ya una política distinta a la
socialdemócrata al necesitar romper las reglas políticas del juego que imponen
las constituciones capitalistas y el poder económico, al modo en el que ha
sucedido en Bolivia o en Venezuela, por ejemplo.
Este tipo de
aclaraciones políticas suelen servir de muy poco porque los lectores y el público
en general carecen de la base formativa necesaria para entenderlas y porque se
llega a las lecturas con posiciones ya muy prefijadas, lo que hace que se interpreten
con filtros distorsionantes, pero es necesario seguir haciéndolas en un
contexto de tan graves carencias de cultura política.
Sin más, les dejo con el artículo aludido.
La venta de historiales clínicos, la
guinda de la privatización sanitaria
Toni Martínez.
Los datos médicos de los pacientes británicos podrán
venderse y comprarse a partir de marzo. El pasado mes de mayo,
el diario The Guardian publicaba
una información en la que adelantaba los deseos del Gobierno británico de mercantilizar los historiales
clínicos de los usuarios de la
Sanidad pública. Además, la información ya
apuntaba a uno de los posibles compradores, la empresa aseguradora Bupa.
Esa venta incluirá información sensible acerca de las visitas al hospital, los
tratamientos psiquiátricos de
los pacientes, las estancias en los centros y datos personales como el código postal, sexo, edad y situación económica de los pacientes, según avanzaba The Guardian el pasado domingo.
Esta situación ha provocado la señal de alarma entre los
defensores del sistema nacional público de salud por las implicaciones que
podría tener en España. De hecho, la consultora
PricewaterhouseCoopers (PwC)
en su informe Diez temas candentes para la sanidad española en 2013,
ya dedica un apartado específicamente al open data en
salud.
En el informe de PwC, se asegura que “la liberación de los datos que se generan en el sector de la salud y
su reutilización, generarán beneficios para proveedores, pagadores,
administración, ciudadanos e investigadores”. En este sentido concluyen que
“la información debe estar disponible
como un todo y a un coste razonable” y apela a que “no haya restricciones para ciertos usos como el comercial”.
La comercialización de los historiales clínicos será posible
desde que se ponga en marcha un nuevo programa para facilitar
la historia clínica electrónica a todos los centros de salud y
hospitales del Estado. Se trata de uno de los ejes principales del Ministerio
de Sanidad, que ha hecho suya una de las demandas recurrentes de las aseguradoras privadas.
En junio del año pasado, la ministra Ana Mato ya anunció que había que asegurar
que los médicos dispongan de todos los datos de cada paciente, “venga del servicio que venga”.
El anuncio preocupa desde entonces a los defensores de la
salud pública y a los colectivos que velan por la protección de datos
personales. Si las empresas privadas acceden a datos hasta ahora considerados
confidenciales, pueden comprobar las enfermedades preexistentes de sus asegurados,
estimar los riesgos que presentan y valorar su rentabilidad, un cálculo que
incide directamente en la cuota de su póliza.
La interrelación entre la asistencia pública y privada ya es
un hecho. Hasta ocho hospitales de la red pública tienen como proveedores de
servicios sanitarios a empresas como Adeslas, DKV, Sanitas y Asisa, tal y como
recuerda el portavoz de CASMadrid, Ángel Navarro: “Ya se están filtrando datos de la salud de los ciudadanos,
y esto puede ser peligroso porque se pueden usar por parte de las empresas”,
asegura. En este sentido, Navarro explica que “la intención es que las mutuas
patronales acaben gestionando las bajas del sistema público de salud y ahora
los datos estarían en sus manos”.
España, como Inglaterra
Los defensores de la Sanidad pública alertan del peligro de que se
exporte el modelo británico también en este sentido. Vicente Losada, de la
plataforma auditoria ciudadana de la deuda No debemos no pagamos, sostiene que “el proceso que se está dando en el Estado
español es una reproducción literal del
proceso de privatización que se dio en el Reino Unido, con
consecuencias terribles”.
Para
Losada, “no es baladí que en Inglaterra
se estén planteando vender las historias clínicas de los pacientes a las empresas
privadas ya que uno de los grupos que está haciendo más presión es el Fórum PPP
(Public-Private Partnership), que hace cinco años llegó a España”.
Por
ahora, en el caso de las derivaciones en España, las clínicas privadas no
tienen el historial médico. La única información de la que disponen es el
nombre y apellidos del paciente y su DNI. Cuando le hacen una prueba
diagnóstica, le entregan en mano los resultados, aunque ya hay casos en los que
se envían al médico, lo que hace sospechar que se manejan más datos de los
pacientes.
Carmen Esbrí, del Observatorio de Servicios Públicos de la
organización ATTAC, critica el informe de PwC: “Es de una gravedad enorme ya que quieren clasificar a los
individuos como en una fábrica”. A su juicio, “está clarísimo que el trazado del modelo
que tenemos ahora está muy definido por los sucesivos gobiernos (incluso en
los socialdemócratas) porque esto no
hubiera irrumpido de manera violenta si no se hubiera permitido con leyes
anteriores”.
7 de febrero de 2014
LA MUJER QUE DISPARÓ A MUSSOLINI
Elvira Huelbes.
CuartoPoder
Esta es la historia ejemplar de una
vida desdichada. La de una mujer de clase alta irlandesa, Violet Gibson, que atentó
contra la vida de Benito
Mussolini, en 1926, por razones que ella se llevó consigo a la tumba. Un
ser que pasó sus años juveniles entre notables y bailes aristocráticos, para
morir, abandonada, en un manicomio de aires victorianos, Saint Andrew,
Northampton, con las peores referencias.
La autora de esta biografía
contextualizada y minuciosa es la historiadora y periodistaFrances Stonor
Saunders, que se ha tomado la
tarea de desenterrar a este personaje insólito como una manera de honrar su
memoria y denunciar la lamentable injusticia que sufrió y que arruinó su vida.
A ciencia cierta, nadie sabe por qué
una mañana luminosa de abril de 1926, la honorable Gibson, que se encontraba
disfrutando de una temporada en Roma, abriéndose paso entre la multitud,
dispara a pocos metros del Duce su revolver Lebel, agujereando apenas la nariz
del mostrenco, con tan mala fortuna que se encasquilló el trastito impidiendo a
Violet terminar su misión con éxito. Además salió de milagro viva del
linchamiento que la jauría humana enfebrecida intentó inmediatamente después.
La
propia heroína lo había dicho a uno de sus médicos en el frenopático: “Decir
o no decir la verdad no es importante. Lo importante es no decir lo que no se
puede decir. Hay ciertos secretos que una nunca puede revelar”. (Pág. 235)
Violet Gibson era una mujer
físicamente endeble –medía algo más de metro y medio y pesaba alrededor de 40
kilos- pero anímicamente fortalecida por sus convicciones morales, políticas y
religiosas. Militó entre sufragistas, pacifistas y socialistas, y se propuso
combatir el fascismo en un tiempo en que hasta el mismo Winston Churchill tenía buenas palabras para Mussolini;
igual que el rey Jorge V y las clases dominantes británicas en
general. Esta simpatía se hacía extensiva al mismo Hitler. Pero, a lo que íbamos.
Saunders cuenta la historia
contextualizando muy bien los asuntos y las personas implicadas en ellos,
salpicando oportunamente el relato con nombres y citas de escritores como Virginia Woolf,James Joyce, Ezra Pound, Robert Musil, que lo ilustran y enriquecen. Su
trabajo minucioso de investigación desvela sorpresas hasta en las biografías
más estereotipadas y conocidas, como la del propio Mussolini.
Pero la creación del personaje de
Violet, para cuyos rasgos la autora ha tenido que indagar en archivos en los
que esos papeles estaban olvidados, reconstruyendo sus pasos y sus
pensamientos, es la parte del león de este libro, me parece. Se detecta la
simpatía que despierta esta figura debilucha y empecinada en su misión, como
una Juana de Arco decidida a cumplir lo que ella cree la
voluntad de Dios, sin considerar el peligro para sí misma.
Después del atentado, la irlandesa
queda un tiempo largo vigilada por las autoridades italianas que estudian el
caso antes de decidir si la enjuician o la consideran trastornada y la deportan
a su país. Junto al de ella, otros dos atentados al Duce se saldan con sendas
cadenas perpetuas para sus autores y uno más, cuando Violet ya estaba detenida,
acabó con el linchamiento del joven de quince años que lo intentó.
Por fin, Violet es trasladada a Gran
Bretaña, por su propia familia que la mantiene engañada con la falsa promesa de
la libertad, cuando en realidad, su futuro, el más negro imaginable, estaba
escrito en el sanatorio de los horrores en el que también acabó sus días Lucía Joyce, la hija del autor
del Ulyses. Ambas murieron
treinta años después de un ingreso. Ambas están enterradas, de cualquier
manera, a pocos metros de distancia en el cementerio de Kingsthorpe, “una
lúgubre extensión de llanuras que se topaban contra una ruidosa travesía de
Northampton”. (Pág. 363)
Saunders desvela que el mismo
psiquiatra que trató a Violet había tratado también a Virginia Woolf: Maurice Craig, “el
psiquiatra favorito del grupo Bloomsbury” (pág. 288) que disuadió a los
Woolf, Virginia y Leonard,
de tener hijos. La escritora lo retrata en La
señora Dalloway, de manera bastante cáustica. La venganza del escritor no
tiene límites.
En resumen, una biografía muy bien
escrita, con su carga de suspense y de poesía y dotada del deseo de su autora
de hacer una mínima justicia a la memoria de la pequeña y decidida Violet
Gibson.
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