SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
2 de febrero de 2017
“EL AGOTAMIENTO DE LA FASE HISTÓRICA ACTUAL DEL CAPITALISMO”
Guglielmo
Carchedi. Marxismo Crítico.
Un
argumento clave para la teoría de la historia y la revolución de
Marx es que “Ningún orden social perece antes de que se han
desarrollado todas las fuerzas productivas a las que puede dar curso”
(Crítica de la Economía Política, Prefacio). Ahora, si el marxismo
es una ciencia, debe ser verificable empíricamente. Pero esta
verificación es también importante por otra razón. Como dice
Gramsci, “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo
viejo muere y lo nuevo no acaba de nacer” (Cuadernos de la
cárcel , “La influencia del materialismo” y “crisis
de autoridad”, Volumen I, tomo 3, pág. 311 , escrito alrededor
de 1930). El análisis empírico también nos permite comprender por
qué y sobre todo cómo lo viejo muere.
En
la fase actual de la historia – es decir, desde el final de la
Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad – el capitalismo se
encuentra con un límite cada vez más insalvables debido a la
contradicción entre el crecimiento de la productividad del trabajo
por un lado y las relaciones de producción, entre el trabajo y el
capital, por el otro. Esta contradicción es cada vez más fuerte y
el capitalismo está agotando su capacidad para desarrollarse en el
contexto de esta fase histórica. La forma concreta adoptada por esta
contradicción, su creciente incapacidad para desarrollarse, son
crisis cada vez más violentas.
El
punto clave es la tasa de ganancia, el indicador clave de la salud de
la economía capitalista. En el ámbito de una nación o grupo de
naciones, lo que cuenta es la tasa media de ganancia.
Consideremos
en primer lugar la tasa promedio de ganancia de Estados Unidos, la
nación que todavía es, con mucho, la más importante. Las
estadísticas muestran que la tasa de ganancia de los EE.UU. está en
un estado de caída irreversible. La caída es tendencial, es decir,
a través de ciclos económicos ascendientes y descendentes. Sin
embargo, la tendencia es claramente a la baja.
Gráfico
1. tasa media de ganancia, EE.UU., 1945-2010 1
La
tasa de ganancia cae debido a la naturaleza específica de las
innovaciones tecnológicas, el factor principal de su dinamismo. Las
innovaciones, por un lado aumentan la productividad del trabajo, es
decir, cada trabajador crea una cantidad cada vez mayor de mercancías
con la ayuda de medios cada vez más avanzados de producción. Por
otro, las innovaciones reemplazan a los trabajadores por medios de
producción.
Gráfico
2. La productividad del trabajo y de los trabajadores de los medios
de producción
La
productividad se incrementó de 28 de millones de dólares por
trabajador en 1947 a 231 millones en 2010, mientras que los
trabajadores por medios de producción se redujo de 75 en 1947 a 6 en
2010. Dado que sólo el trabajo produce valor, una hipótesis que
puede demostrarse empíricamente, una mayor cantidad de producto
siempre contiene una menor de valor.
Esto
también se aplica al trabajo mental. Se habla mucho estos días de
Internet como un nuevo horizonte del desarrollo del capitalismo. En
un reciente artículo[2] analizo la naturaleza del trabajo mental y
argumento que puede ser productivo de valor y plusvalía, al igual
que el trabajo objetivo, equivocadamente llamado material. Sin
embargo, incluso el trabajo mental está sujeto a las mismas reglas
que determinan el trabajo en el capitalismo. Por un lado, las nuevas
formas de trabajo mental dan lugar a nuevas y más terribles formas
de explotación y nuevas posibilidades para aumentar aún más la
tasa de explotación de los trabajadores mentales. Por otro lado, las
nuevas tecnologías reemplazan el trabajo mental con medios de
producción, al igual que sucede en el trabajo objetivo. A pesar de
sus características específicas, el trabajo mental no es el elixir
de la eterna juventud del capitalismo.
Consideremos
ahora la economía mundial. La misma tendencia de la tasa de ganancia
en los EE.UU. puede ser observada a nivel mundial.
Gráfico
3. tasa de ganancia en todo el mundo y el G7, 1963-2008 (índice 1963
= 100)
Nótese
la diferencia entre la tasa de ganancia del G-7 y el resto del mundo.
Para comenzar desde los últimos años de la década de 1980, el G-7
han sufrido una crisis de rentabilidad (tendencia negativa), mientras
que la tasa de ganancia tiene una tendencia global positiva. Esto
significa que otras naciones han desempeñado un papel cada vez mayor
para mantener la tasa de ganancia en todo el mundo.
La
siguiente tabla pone la fase actual de desarrollo capitalista en un
contexto histórico más amplio.
Gráfico
4.
Los
gráficos 1, 3 y 4 muestran que la tasa de ganancia no cae en línea
recta, sino a través de ciclos ascendentes y descendentes. Y la
tendencia a caer es frenada y revertida debido contra-tendencias de
forma temporal. Hay tres tendencias principales contrarias a la caída
de la tasa de ganancia. Los tres son capaces de frenar esta caída
sólo temporalmente.
La
primera es que las innovaciones tecnológicas disminuyen el valor de
cada unidad de producto. Esto también se aplica a los medios de
producción. El denominador de la tasa de ganancia puede caer y la
tasa de ganancia puede crecer. Esto es cierto en el corto plazo, pero
en el largo plazo existe incertidumbre. Si la tasa de ganancia cae,
el valor de los medios de producción debe crecer. Esto es lo que
pone de manifiesto el siguiente gráfico
Gráfico
5 . Valor de los medios de producción (% del PIB), EE.UU., 1947-2010
En
este gráfico se confirma lo que Marx anticipó en los Grundrisse:
una sola máquina puede costar menos, pero la totalidad del precio de
las máquinas que sustituyen a esa máquina aumenta no sólo en
términos absolutos sino también en relación con el precio de
salida. A la larga, esta contra-tendencia no ha funcionado.
La
segunda contra-tendencia es el aumento de la tasa de explotación.
Los trabajadores producen más valor y plusvalía si trabajan más
tiempo y con mayor intensidad. Y cuanto más plusvalía producen,
mayor es la tasa de explotación, mayor es la tasa de ganancia. Esto
es lo que ocurrió a partir de 1986, con el advenimiento del
neoliberalismo y el ataque salvaje a los salarios. La tasa de
explotación se elevó a los niveles más altos de la posguerra, con
la excepción de 1950.
Gráfico
6. Tasa de explotación, EE.UU., 1945-2010
El
gráfico a continuación relaciona la tasa de explotación con la
tasa de ganancia.
Gráfico
7. Tasa de explotación y la tasa de ganancia, 1947-2010
Las
dos tasas están estrechamente relacionados. Esta tabla puede ser
leída como si la tasa de ganancia estuviera determinada por la tasa
de explotación: hasta mediados del decenio de 1980 cuanto más
disminuye la tasa de explotación más baja es la tasa de ganancia.
Por el contrario, a partir de los años 1980 a 2010, cuanto mayor es
la tasa de explotación, mayor es la tasa de ganancia. La conclusión
de cualquier economista neoliberal es que, para aumentar la tasa de
ganancia debe aumentar la tasa de explotación, es decir, que tiene
que recurrir a las políticas de austeridad (para el trabajo, no para
el capital).
Ahora
bien, es cierto que la tasa de ganancia aumenta cuando lo hace la
tasa de explotación. Pero de ahí no se deduce que mejore la
economía y que se pueda salir de la crisis aumentando la tasa de
explotación. La tasa de ganancia media puede aumentar debido al
aumento de la tasa de explotación, aunque, a diferencia de un
capitalista individual, lejos de denotar una mejora de la economía,
puede ocultar un empeoramiento. Es decir, puede ocultar una
disminución de la producción de plusvalía por unidad de capital
invertido y una mayor asignación a favor del capital. Pero sólo la
producción de plusvalía (no su reparto) por unidad de capital
invertido denota el estado de salud de la economía capitalista.
La
medición de la tasa de ganancia determinada únicamente por el valor
excedente producido se obtiene calculando la tasa de ganancia con una
tasa de explotación constante.
Gráfico
8. Margen de beneficio con la tasa de explotación constante, EE.UU.,
1947-2010
Como
se muestra, la producción de plusvalía por unidad de capital
invertido tiende a decrecer a lo largo de toda la fase histórica
actual. Este gráfico se puede dividir en dos períodos, de 1947 a
1986 y en ambos la tasa de ganancia cae.
Gráfico
9.
y
desde 1987 a 2010.
Gráfico
10.
En
este período, la tasa de ganancia con una tasa de explotación
constante también cae en el período comprendido entre mediados de
la década de 1980 hasta la actualidad, y que es el del
neoliberalismo. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la
actualidad, el sistema es cada vez menos capaz de producir plusvalía
por unidad de capital invertido, un hecho oculto por una creciente
tasa de explotación, pero revelado si la tasa de explotación se
mantiene constante. El aumento de la tasa de ganancia con una tasa
variable de explotación desde mediados de la década de 1980 en
adelante no denota una mejora de la economía, sino su deterioro,
como lo demuestra la tendencia de la tasa de ganancia con una tasa de
explotación constante. La torta disminuye, mientras que aumenta la
parte que se apropia el capital.
Veamos
ahora la tercera contra-tendencia. El aumento de la tasa media de
explotación a nivel global y, por lo tanto, la compresión de los
salarios, significa, de una parte, que el poder adquisitivo de las
masas se reduce y, por otra, que el valor excedente producido no
puede ser invertido en sectores productivos debido a que la tasa de
ganancia cae en estos sectores. Por consiguiente, el capital emigra a
sectores improductivos, como el comercio, las finanzas y la
especulación. Los beneficios de estos sectores son ficticios, son
deducciones de los beneficios obtenidos en la esfera productiva.
Gráfico
11. beneficios reales y financieros, las ganancias de miles de
millones de dólares, 1950-2010, EE.UU.
Mientras
que en los años 1950 los beneficios financieros fueron del 3,1% de
los beneficios reales, en 2010 se habían convertido en el 136,5%.
Implícito
en este movimiento está el crecimiento de la deuda global. El
crecimiento de las ganancias ficticias se produce a través de la
creación de capital ficticio y la emisión de títulos de deuda (por
ejemplo, bonos) y de ulteriores y sucesivos títulos de deuda sobre
aquellos títulos de deuda. Así se ha creado una montaña de títulos
de deuda interconectados debido a un crecimiento explosivo de la
deuda global.
Gráfico
12. El dinero y la deuda como porcentaje del PIB mundial, 1989-2011
EE.UU.
La
moneda real que es la representación del valor, del trabajo
contenido en los productos.. Es llamada dinero-fuerza. Es una
fracción muy pequeña comparada con las tres formas de crédito.
Pero el crédito es deuda, no riqueza, y la deuda no es moneda,
aunque puede cumplir algunas de las funciones del dinero.
El
enorme aumento de la deuda y la crisis financiera que sigue a
continuación son una consecuencia de la crisis en los sectores
productivos, la caída de la tasa de ganancia con una tasa de
plusvalía constante, y no su causa. Este enorme aumento de la deuda
en sus diversas formas es el sustrato de las burbujas especulativas y
de las crisis financieras, incluida la que está por venir. Aunque en
este caso, el aumento de la tasa de ganancia debido a las ganancias
ficticias alcanza su límite, desencadenando las recurrentes crisis
financieras.
El
capitalismo está en un curso de colisión consigo mismo. Las
contra-tendencias siempre actúan menos y por eso:
(1)
los medios de producción son cada vez más caros, ya que requieren
una proporción creciente del PIB, en lugar de ser cada vez más
baratos;
(2)
el aumento de la tasa de explotación aumenta la tasa de ganancia,
pero este aumento es engañoso, ya que no indica un aumento del valor
excedente producido sino su declive, junto con una mayor apropiación
del mismo por el capital;
(3)
el crecimiento exponencial del capital ficticio no hace más que
inflar la burbuja especulativa hasta provocar su explosión. Este
será el catalizador de la crisis en los sectores productivos.
Las
señales de que se acerca la próxima crisis son claras: por un lado,
la tendencia a la baja en el mundo, de forma irreversible, de la tasa
de ganancia, aunque con espasmos debido a las contra-tendencias; de
otro, los factores que serán los catalizadores de la crisis de
rentabilidad, que son:
(1)
los primeros signos de guerras comerciales que, si se producen,
reducen el comercio internacional y, por lo tanto, la realización de
la producción de valor y de plusvalía.
(2)
los brotes de guerras, especialmente en las regiones ricas en
petróleo que pueden ampliarse de repente en guerras entre las
grandes potencias. El capital de las naciones productoras de armas
aumentaría sus ganancias, pero las zonas en conflicto sufrirían una
destrucción de capital y, por tanto, de su capacidad de producir
valor y plusvalía. Este último sería el caso si el conflicto se
desbordara más allá de las fronteras locales.
(3)
el crecimiento de los movimientos de derecha y ultra-nacionalistas
también alimentada por las políticas neoliberales y que constituyen
un caldo de cultivo cultural propicio para aventuras militares.
Se
podría argumentar que el capitalismo puede recuperarse si no en el
mundo occidental, si en las llamadas economías emergentes. Este es
un término ideológico para calificar a aquellas economías que, en
la arena imperialista, han sido economías dominadas y cuya función
es contribuir más que otras economías dominadas a la reproducción
del sistema capitalista mundial. La falacia de este argumento es que
las fuerzas productivas de las llamadas economías emergentes son las
de los países tecnológicamente avanzados y, por lo tanto, chocan
con los mismos límites, a saber, el aumento de la productividad del
trabajo, por una parte, y la reducción continua de la fuerza de
trabajo, por otra, provocando una caída tendencial de la tasa
ganancia. Después de un período inicial de expansión, vuelve a
surgir la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, incluyendo el
exceso de producción que resulta de esa caída. China, la India, los
BRICS sufren la misma enfermedad que aflige al mundo occidental. Para
poner sólo un ejemplo, el grado de dependencia tecnológica de la
industria siderúrgica de China de la tecnología de los países
avanzados varía de 65% para la producción de energía, el 85% para
la fundición y procesamiento de productos semi-acabados, y el 90%
para los sistemas de control, análisis, seguridad, protección del
medio ambiente, etc.
También
se podría argumentar que el capitalismo podría tener una nueva
etapa de desarrollo gracias a políticas de redistribución
keynesianas como producto de la inversión masiva del estado. En una
situación en la que las políticas neo-liberales de carnicería
social han fallado lamentablemente, la opción keynesiana vuelve al
primer plano. Pero, ¿quién puede financiarlas? No los trabajadores,
ya que en una situación de crisis, es decir, de estancamiento o
disminución de la producción de plusvalía, unos salarios más
altos significan menores beneficios. No el capital, porque la
rentabilidad ya es tan baja, que las ganancias se reducen aún más.
¿El estado, entonces?. Pero ¿dónde puede encontrar el dinero? No
puede tomarlo ya sea del trabajo o del capital, por las razones
alegadas. Por lo tanto debe recurrir a la deuda pública. Pero esta
ya es alta y también contribuye al crecimiento de la burbuja. La
respuesta keynesiana es que el Estado debe recurrir a la deuda
pública temporalmente para financiar grandes proyectos de inversión
pública. Las inversiones iniciales podrían favorecer otras
inversiones, y estas otras más aún, en una cascada multiplicativa
de empleo y creación de riqueza. En ese momento, los mayores
ingresos del estado podrían ser utilizados para reducir la deuda
pública. Este es el multiplicador keynesiano. Pero no funciona.
Después
de las primeras inversiones realizadas por el Estado, los
capitalistas que acometen las obras públicas deben hacer pedidos a
otros capitalistas. Estos capitalistas son los que ofrecen los
precios más baratos, los capitalistas cuyos trabajadores son más
productivos y cuyo capital es más eficiente y, por tanto, los que
emplean proporcionalmente más medios de producción que trabajo. Es
decir, son los capitalistas que producen menos plusvalía por unidad
de capital invertido. En cada paso de la cadena de la inversión, el
trabajo aumenta en términos absolutos, pero disminuye en porcentaje,
por lo que la tasa media de ganancia cae. Por otra parte, el mayor
crecimiento del capital implica la desaparición de los capitalistas
más débiles, los que proporcionalmente utilizan más trabajo que
medios de producción. Cuando la cadena de inversiones se cierra, hay
menos trabajadores empleados, se produce menos plusvalía y la tasa
media de ganancia cae. El análisis empírico lo confirma: a un gasto
público creciente corresponde una disminución de la tasa de
ganancia.
Gráfico
13. El gasto público (% del PIB) y la tasa de ganancia con tasa
variable de plusvalía, EE.UU., 1947-2010
La
correlación es negativa (-0,8). Este gráfico muestra que hasta la
década de 1980 el aumento de los gastos del estado no pudo frenar la
caída de la tasa de ganancia. El argumento keynesiano falla. Desde
la década de 1980 en adelante, la tasa de ganancia aumenta junto con
el gasto público. Todavía crece, debido a que la tasa de
explotación crece y no por que lo haga el gasto público. De hecho,
si la tasa de plusvalía se mantiene constante, la correlación
negativa se aplica a todo el período secular, incluido el período
del neoliberalismo, de la década de 1980 en adelante.
Gráfico
14. El gasto público (% del PIB) y la tasa de ganancia con una tasa
constante de plusvalía, EE.UU., 1947-2010
Este
gráfico muestra que durante toda esta fase histórica el crecimiento
de los gastos del Estado no ha sido capaz de frenar y revertir la
caída de la producción de plusvalía por unidad de capital
invertido, es decir, la caída en la tasa de ganancia que mide la
salud del capital, la tasa de ganancia a una tasa constante de
plusvalía.
Este
mismo resultado tiene lugar en cada crisis concreta: aumento de los
gastos del gobierno un año antes de la crisis en todos los diez
casos. No pueden evitar las crisis.
Gráfico
15. diferencias en puntos porcentuales del gasto público a partir
del año antes de la crisis hasta el año pasada la crisis
La
falacia del razonamiento keynesiano es que no tiene en cuenta las
consecuencias de las políticas de inversión del gobierno para la
tasa de ganancia, que es la variable clave de la economía
capitalista. La razón de la correlación negativa es, como acabo de
decir, que con cada ronda de inversión, la inversión en medios de
producción es, en porcentaje, más alta que en fuerza de trabajo,
según lo predicho por la teoría marxista.
Pero
las políticas de gasto público, si no pueden frenar la crisis,
¿puede ser el medio para salir de la crisis? La teoría keynesiana
es válida sólo si el aumento del gasto público de los gobiernos el
año posterior a la crisis incrementa la tasa media de ganancia. Con
la tasa de ganancia con una tasa de explotación constante, la tesis
de que la recuperación se debe a un aumento en el gasto del gobierno
falla en los diez casos. Las políticas keynesianas no pueden
aumentar la producción de plusvalía por unidad de capital
invertido.
Gráfico
16 . diferencias en el gasto público (% del PIB) y en la tasa de
ganancia con tasa constante de plusvalía desde el último año de la
crisis hasta el primer año después de la crisis
En
resumen, el aumento del gasto público a partir del año antes de la
crisis hasta el año posterior a la crisis no puede evitar que la
crisis estalle; y el aumento del gasto del gobierno el último año
de crisis y el primer año posterior a la crisis no consigue
reactivar la rentabilidad del sistema. Ambos resultados contradicen
la teoría keynesiana.
Ante
el fracaso tanto de las políticas económicas keynesianas como las
neoliberales, no parece que haya otra salida que la que genera
espontáneamente el capital mismo: una destrucción masiva de
capital. Así salió de la crisis de 1933 sólo mediante la Segunda
Guerra Mundial. Sí salió de la crisis no fue porque el capital
físico fuese destruido. Si el capital es ante todo una relación de
producción, una relación entre el capital y el trabajo, la guerra
provocó la destrucción y la regeneración del capital como una
relación de la producción. Con la economía de guerra, se pasó de
la esfera civil, plagado de un alto desempleo, con un bajo nivel de
utilización de los medios de producción, y una tasa de ganancia
descendente, a una economía militar caracterizada por el pleno
empleo tanto de la fuerza de trabajo como de los medios de
producción, con la realización garantizada por el estado del
material militar, con altos niveles de beneficios y de rentabilidad y
altos niveles de ahorro. Después de la guerra tuvo lugar la
reconversión de la economía militar en economía civil. El gasto
del gobierno como porcentaje del PIB se redujo de alrededor del 52%
en 1945 al 20% en 1948, es decir, en la llamada edad de oro del
capitalismo. Los altos niveles de ahorro garantizaron el poder
adquisitivo necesario para absorber los nuevos medios de consumo, que
a su vez requirieron la producción de nuevos medios de producción.
Se aplicó toda una serie de invenciones originadas durante la guerra
para la producción de nuevos productos. En los EE.UU., el aparato
productivo estaba ileso. Pero en los demás países beligerantes se
produjo una inmensa destrucción de medios de producción y fuerza de
trabajo. El capitalismo fue revitalizado para un cuarto de siglo.
Pero ¿a qué precio? Un cuarto de siglo de reproducción ampliada
costó decenas de millones de muertes, sufrimientos atroces e
inmensas miserias. Así es como los trabajadores, además de
financiar la guerra, tuvieron que pagar para revitalizar el sistema.
Después
de la llamada Edad de Oro, que sin embargo no estuvo libre de la
caída de la tasa de ganancia (ver gráficos 1 y 6 arriba), el
sistema ha entrado en un largo declive que dura ya cerca de medio
siglo, sin que se vea luz al final del túnel. ¿Vamos hacia un
colapso inevitable que ponga fin al capitalismo? No creo que el
capitalismo se autodestruya. No está en la naturaleza de la bestia.
El capitalismo saldrá de la crisis, pero sólo después de una
destrucción suficiente de capital, tanto financieros como en la
esfera productiva. Pero es difícil imaginar en este punto la forma
que adoptará esa destrucción de capital. La forma en que se
destruirá el exceso de capital determinará la forma que tomará la
capital, siempre y cuando supere esta fase histórica. Desde la
crisis de 1929 solo se salió con la Segunda Guerra Mundial.
Un
principio fundamental de la teoría marxista es la contradicción
entre fuerzas productivas y relaciones de producción. La fuerza
productiva es la productividad del trabajo; las relaciones de
producción son la relación capital / trabajo. La contradicción es
la siguiente: cuanto más aumenta la productividad del trabajo, más
trabajo expulsa el capital. La caída de la tasa de ganancia es la
expresión concreta de esta contradicción. Esta contradicción es
una piedra angular del sistema capitalista y, por lo tanto, también
de su etapa actual de desarrollo. La característica específica de
la presente fase histórica es que esta contradicción se hace más
difícil de resolver y es cada vez más explosiva. La capacidad de
supervivencia de la actual fase histórica se está agotando, el
capitalismo tiende a morir. Pero no puede morir sin ser reemplazado
por un sistema superior y, por lo tanto, sin la intervención de la
subjetividad de la clase. Sin esa subjetividad, se renovará y
entrará en una nueva fase en la que su dominio sobre el trabajo será
aún mayor y más terrible. Una condición para que esto no suceda es
que las luchas sacrosantas de los trabajadores por una mayor
inversión estatal para reformas y mejores condiciones de vida y
condiciones de trabajo se lleven a cabo en la óptica de la oposición
irreconciliable entre el capital y el trabajo, y no en la perspectiva
keynesiano de la colaboración de clases.
Notas:
1)
Los datos están deflacionados y se refieren sólo a los sectores
productivos de valor.
2)
Carchedi, 2014, ‘Old wine, new bottles and the Internet’, Work
Organisation, Labour & Globalisation, Vol 8, No 1.
1 de febrero de 2017
EL FMI EXIGE A ESPAÑA NUEVOS AJUSTES: SUBIDA DEL IVA Y CONTRATO ÚNICO
La Izquierda Diario
El
Fondo Monetario Internacional presiona al Ejecutivo español para
aplicar más ajustes. Aumentar el IVA y el contrato único están
entre las medidas que buscan.
El
Fondo Monetario Internacional (FMI) ha vuelto a reclamar esta semana
al Ejecutivo del Estado español nuevos ajustes de cara a conseguir
una reducción del déficit fiscal y “adelgazar”
la deuda pública.
“Impresionante
recuperación económica”,
así empezaba una nueva comparecencia del FMI para tratar la actual
situación económica del Estado español. Estas loas al Gobierno de
Mariano Rajoy y sus políticas austericidas durante los años más
duros de la crisis vienen siendo habituales. Todo para después pegar
un tirón de orejas al Ejecutivo y exigir que aplique nuevas medidas
y ajustes.
El
FMI considera que las previsiones de crecimiento en el Estado español
van a ir a un ritmo del 2,3% en 2017 y advierten que las previsiones
para los próximos años se “inclinan
a la baja”,
empezando por el 2,1% para el próximo año. Este descenso en el
crecimiento de la economía española se debería respectivamente al
débil desempeño de las economías desarrolladas, la desaceleración
de los mercados emergentes y los fenómenos como el Brexit y el
proteccionismo en auge que anuncia Trump en su discurso.
Para
revertir la situación de la economía española, las medidas que el
Fondo plantea pasan por aumentar la recaudación del IVA, igualándolo
a la media de la Unión Europea. Señalan que la subida gradual de
los tipos inferiores de este impuesto serviría para elevar los
ingresos en unos 20.000 millones de euros, es decir un 2% de PIB.
Unas medidas que van en consonancia a lo que ya expresaban en el
último informe del pasado mes de diciembre.
Además,
el Fondo Monetario insta a que se revise el gasto en sanidad y
educación y consideran que la introducción de copagos para los
servicios públicos, con “excepciones
para los más vulnerables”,
contribuiría a la reducción de los costes fiscales. Sin embargo, no
hay que olvidar que tanto Sanidad como Educación fueron dos de los
sectores que más notaron el impacto de los brutales recortes durante
el bienio 2012-13. Ya en el informe antes señalado, se aseguraba
desde la institución que “en
sanidad existe una presión al alza sobre el gasto y precisamente por
esta presión es importante que en el futuro se encuentren formas de
economizar para asegurarse la sostenibilidad de este apartado".
En
otro orden, el FMI “recomienda”
la simplificación de los tipos de contrato a disposición de la
patronal, proponiendo la introducción de un contrato único de
duración indefinida y cuya indemnización se incremente de forma
escalonada a lo largo del tiempo. Para contrarrestar
los efectos de este contrato único, el Fondo prevé
que se podría desplazar los derechos de indemnización por despido
de un empleo a otro.
Por
último, desde la institución que dirige Christine Lagarde, indican
que es necesario reducir las trabas administrativas y simplificar las
causas de anulación de los despidos, beneficiando así la
contratación indefinida para los empresarios.
El
aumento del IVA, la revisión del gasto en Sanidad y Educación y la
implantación de un contrato único, son medidas, entre otras, que
sin duda el Gobierno tendrá en cuenta a la hora de aplicar el ajuste
estructural del 0,5% del PIB, es decir, un ajuste de 5.500 millones
de euros para cada uno de los dos próximos ejercicios. Medidas que
por otra parte servirán para empobrecer a los sectores populares y
menguar los derechos de la clase trabajadora.
NOTA
DEL EDITOR DE ESTE BLOG:
Repito
lo que dije ayer en una red social: espero que el capital siga
tensando la cuerda hasta convertirla en su soga. Pero eso no sucederá
espontáneamente y sin nuestro compromiso y esfuerzo. La clase
trabajadora debe organizarse al margen de las disidencias
controladas, los “progres” y los viejos y nuevos reformismos, que
ya no llegan ni siquiera a tales, salir a pelear y tener claro que
dentro del sistema económico y de dominación actual no hay
esperanza ni futuro para ella.
30 de enero de 2017
LA PEQUEÑA BURGUESÍA Y SU EXPRESIÓN POLÍTICA EN LA HISTORIA
Elsalariado.info
Marx,
La lucha de clases en Francia (1850)
“El
capital acosa a esta clase [la pequeña burguesía] principalmente
como acreedor; por eso ella exige instituciones de crédito. La
aplasta con la competencia, por eso ella exige asociaciones apoyadas
por el Estado. Tiene superioridad en la lucha, a causa de la
concentración de capital; por eso ella exige impuestos progresivos,
restricciones a la herencia, centralización de grandes obras en
manos del Estado y otras medidas que contengan por la fuerza el
incremento del capital.”
Marx,
El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1851)
“El
carácter peculiar de la socialdemocracia [como expresión política
de la pequeña burguesía] consiste en exigir instituciones
democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos,
capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antítesis y
convertirla en armonía. Por mucho que difieran las medidas
propuestas para alcanzar este fin, por mucho que se adorne con
concepciones más o menos revolucionarias, el contenido es siempre el
mismo. Este contenido es la transformación de la sociedad por la vía
democrática, pero una transformación dentro del marco de la pequeña
burguesía. No vaya nadie a formarse la idea limitada de que la
pequeña burguesía quiere imponer, por principio, un interés
egoísta de clase. Ella cree, por el contrario, que las condiciones
especiales de su emancipación son las condiciones generales fuera de
las cuales no puede ser salvada la sociedad moderna y evitarse la
lucha de clases. Tampoco debe creerse que los representantes
democráticos son todos shopkeepers
[tenderos] o gentes que se entusiasman con ellos. Pueden estar a un
mundo de distancia de ellos, por su cultura y su situación
individual. Lo que les hace representantes de la pequeña burguesía
es que no van más allá, en cuanto a mentalidad, de donde van los
pequeños burgueses en modo de vida; que, por tanto, se ven
teóricamente impulsados a los mismos problemas y a las mismas
soluciones que a aquéllos, en la práctica, les lleva su interés
material y su situación social. Tal es, en general, la relación que
existe entre los representantes políticos y literarios de una clase
y la clase por ellos representada.”
“[…]
Pero las amenazas revolucionarias de los pequeños burgueses y de sus
representantes democráticos no son más que intentos de intimidar al
adversario. Y cuando se ven metidos en un atolladero, cuando se han
comprometido ya lo bastante para verse obligados a ejecutar sus
amenazas, lo hacen de un modo equívoco, evitando, sobre todo, los
medios que llevan al fin propuesto y acechan todos los pretextos para
sucumbir. Tan pronto como hay que romper el fuego, la estrepitosa
obertura que anunció la lucha se pierde en un pusilánime
refunfuñar, los actores dejan de tomar su papel au sérieux y la
acción se derrumba lamentablemente, como un balón lleno de aire al
que se le pincha con una aguja.”
“[…]
Ningún partido exagera más ante él mismo sus medios que el
democrático, ninguno se engaña con más ligereza acerca de la
situación. […] Pero el demócrata, como representa a la pequeña
burguesía, es decir, a una clase de transición, en la que los
intereses de dos clases se embotan el uno contra el otro, cree estar
por encima del antagonismo de clases en general. Los demócratas
reconocen que tienen que enfrente a una clase privilegiada, pero
ellos, con todo el resto de la nación que los circunda, forman el
pueblo. Lo que ellos representan es el interés del pueblo. Por eso,
cuando se prepara una lucha, no necesitan examinar los intereses y
las oposiciones de las distintas clases. No necesitan ponderar con
demasiada escrupulosidad sus propios medios. No tienen más que dar
la señal, para que el pueblo, con todos sus recursos inagotables,
caiga sobre los opresores. Y si, al poner en práctica la cosa, sus
intereses resultan no interesar y su poder se vuelve impotencia, la
culpa la tienen los sofistas perniciosos, que escinden al pueblo
indivisible en varios campos enemigos, o el ejército, demasiado
embrutecido y cegado para ver en los fines puros de la democracia lo
mejor para él, o bien ha fracasado por un detalle de ejecución, o
ha surgido una casualidad imprevista que ha malogrado la partida por
esta vez. En todo caso, el demócrata sale de la derrota más
ignominiosa tan inmaculado como inocente entró en ella, con la
convicción readquirida de que tiene necesariamente que vencer, no de
que él mismo y su partido tienen que abandonar la vieja posición,
sino de que, por el contrario, son las condiciones las que tienen que
madurar para ponerse a tono con él.”
Marx
y Engels, Circular del Comité Central a la Liga de los Comunistas
(1850)
“La
pequeña burguesía democrática está muy lejos de desear la
transformación de toda la sociedad; su finalidad tiende únicamente
a producir los cambios en las condiciones sociales que puedan hacer
su vida en la sociedad actual más confortable y provechosa. Desea,
sobre todo, una reducción de los gastos nacionales por medio de una
simplificación de la burocracia y la imposición de las principales
cargas contributivas sobre los señores de la tierra y los
capitalistas. Pide igualmente establecimientos de Bancos del Estado y
leyes contra la usura; todo con el fin de librar de la presión del
gran capital a los pequeños comerciantes y obtener del Estado
crédito barato. Pide también la explotación de toda la tierra para
terminar con todos los restos del derecho señorial. Para este objeto
necesita una Constitución democrática que pueda darles la mayoría
en el Parlamento, Municipalidades y Senado. Con el fin de adueñarse
del Poder y de contener el desarrollo del gran capital, el partido
democrático pide la reforma de las leyes de la herencia, e
igualmente que se transfieran los servicios públicos y tantas
empresas industriales como se pueda a las autoridades del Estado y
del Municipio. Cuanto a los trabajadores, ellos deberán continuar
siendo asalariados, para los cuales, no obstante, el partido
democrático procurará más altos salarios, mejores condiciones de
trabajo y una existencia más segura. Los demócratas tienen la
esperanza de realizar este programa por medio del Estado y la
Administración municipal y a través de instituciones benéficas.
“En
concreto: aspiran a corromper a la clase trabajadora con la
tranquilidad, y así adormecer su espíritu revolucionario con
concesiones y comodidades pasajeras.”
“[…]
En el momento presente, cuando la pequeña burguesía democrática es
en todas partes oprimida, instruye al proletariado, exhortándole a
la unificación y conciliación; ellos desearían poder unir las
manos y formar un gran partido de oposición, abarcando dentro de sus
límites todos los matices de la democracia. Esto es, ellos tratarán
de convertir al proletariado en una organización de partido en el
cual predominen las frases generales social-demócratas, tras del
cual sus intereses particulares estén escondidos y en el que las
particulares demandas proletarias no deban, en interés de la
concordia y de la paz, pasar a un primer plano.
“Una
tal unificación sería hecha en exclusivo beneficio de la pequeña
burguesía democrática y en perjuicio del proletariado. La clase
trabajadora organizada perdería su a tanta costa ganada
independencia y advendría de nuevo un mero apéndice de la oficial
democracia burguesa. Semejante unificación debe ser resueltamente
rechazada.”
NOTA
DEL EDITOR DE ESTE BLOG
Estas
notas van dedicadas a los demagogos y populistas “demócratas”
del 99% vs el 1%, que pretenden poner a la clase trabajadora al
servicio de sus intereses de supervivencia como clase a extinguir por
el propio desarrollo del capitalismo.
Su
cínico embuste de que solo hay un “enemigo del pueblo” (el
llamado 1%) pretende esconder que entre el otro llamado 99% hay, al menos
un 10% de empresarios pequeños, medianos y grandes que tienen
trabajadores en sus negocios a los que también explotan y
sobreexplotan, a menudo en peores condiciones que las más grandes
corporaciones, porque el ojo vigilante del patrón, siempre más próximo, combinado con su
falso paternalismo, crea una mezcla de miedo a la protesta de sus
empleados y de falsa percepción de ir en el mismo barco, que impide
la acción social, política y reivindicativa de sus trabajadores.
18 de enero de 2017
SOCORRO… ¡LLEGA TRUMP!
Luis Casado.
alainet.org
NOTA DEL
EDITOR DE ESTE BLOG:
A veces, cuando una
parte de los medios de comunicación del sistema, nos pintan el
futuro tiñéndolo de las más agoreras y atroces amenazas, no está
de más adoptar un tono irónico, como hace Luis Casado en este
texto.
Siendo, como es
Donald Trump, un reaccionario, no precisamente un discreto
diplomático en sus declaraciones públicas y alguien que no parece
demasiado preocupado por no parecer un payaso, Casado demuestra que
no será el único presidente que no pase a la posteridad por brillo
intelectual propio -conviene recordar que a Obama le han hecho
siempre los discursos-, ni será seguramente un Presidente benéfico
para sus conciudadanos, ni de los países del resto del mundo. Pero
difícilmente creo que pueda igualar la cifra de muertos producidos
por las guerras que ha provocado Estados Unidos y en las que ha
participado durante el mandato Obama.
Dicho esto, estoy
convencido de que ni el león será tan fiero como los partidarios de
la globalización nos lo quieren pintar, ni siquiera para ella
misma, sino más bien un corderito que la respete, ni será el más
estúpido de los Presidentes USA. Difícil igualar a Bush y a Reagan,
por citar solo a dos de los que menciona Casado en su texto.
Y es que, aunque lo
fuera, solo sería un títere más en las manos del complejo
militar-industrial, como lo ha sido Obama, y serán sus consejeros,
los lobbies de las grandes corporaciones industrilaes, financieras y
de servicios los que se ocupen de hacer la política diaria de la
Casa Blanca.
Mientras tanto sigan
los progres, el Partido Demócrata, MoveOn, la plataforma de
“activistas” profesionales y a sueldo, pagada por Soros, y sus
sucursales en Europa y en España organizando la amnesia sobre lo que ha
sido la Presidencia de Obama con el nuevo espantajo de las amenazas
terribles que señalan nos traerá Trump.
Sin más, les dejo
con el texto de Luis Casado sobre el próximo Presidente de los
Estados Unidos.
----------------------------------------
Una semana antes de
la anunciada elección de Hillary a la presidencia de los EEUU
difundí una nota titulada: “¿Y si gana Trump? No pasa nada”.
Tú me entiendes:
nada, lo que se llama nada seguramente no. Yo quise decir nada
excepcional –o nada tan desastroso– como para interrumpir la
siesta parlamentaria, la modorra de La Moneda, el letargo
ministerial. Eso.
Luego pasó lo que
pasó: Trump obtuvo 2 millones 200 mil votos menos que Clinton, pero
muchos más ‘grandes electores’, y dentro de cuatro días se
instalará en la Casa Blanca. La diarrea planetaria tiene
precedentes, sobre todo las provocadas por los pánicos económicos.
Lo cierto es que de Angela Merkel a Bachelet, pasando por Mariano
Rajoy, François Hollande y Theresa May, todos aprietan las nalgas
esperando saber cómo viene la mano.
Entretanto, servidor
persiste y firma. Donald Trump no me parece tener la envergadura que
requiere un desastre como se pide.
Ricardo Lagos
–megalomanía mediante– pudo engendrar el Transantiago, el
MOP-Gate, los jarrones de Corfo, el tren Victoria-Puerto Montt,
Inverlink, un ‘royalty’ que le ahorró 4 mil millones de dólares
de impuestos a las grandes mineras y una larga lista de escándalos
que él es único en haber olvidado.
Guardando las
proporciones, Lagos se sitúa al nivel de su mentor Felipe González
y sus salidas de madre con el GAL, Pablo Escobar, la trama de Filesa,
Malesa y Time-Export, los sobresueldos con las platas reservadas, el
caso Flick y el dinero de la fundación Friedrich Ebert, la venta de
Rumasa al grupo Cisneros, y otros delitos no menores.
En los tiempos que
corren, los presidentes suelen ser de una mediocridad abismante. No,
yo no he mencionado a Sebastián Piñera ni a Bachelet. Me refiero a
los presidentes de los EEUU.
Larry Schwartz
publicó –en febrero del 2015– una reseña de algunos de ellos, y
su nota vale el desplazamiento. Mira ver:
“Algunos fueron
brillantes, otros apenas pálidas ampolletas. Si tuviésemos que
juzgar sólo por la variedad de su vocabulario, parecería que con el
paso de los siglos nuestros presidentes se están poniendo cada vez
más babiecas”.
Un análisis del
diario The Guardian clasificó los discursos presidenciales por nivel
de educación, utilizando el test de legibilidad Flesch-Kincaid.
George Washington y
los Founding Fathers (los padres de la patria del imperio) obtuvieron
nota 20, mientras que los presidentes actuales apenas llegaron a 10.
No parece una coincidencia que los dos Bush –padre e hijo–
estuviesen entre los más iletrados.
Entre las lumbreras
se cuenta Thomas Jefferson. Como dice Schwartz, “Cualquiera
capaz de redactar la frase ‘Tenemos esta verdad como evidente, que
todos los hombres son creados iguales’, ya tiene mérito”.
El tercer presidente
de los EEUU era una bala en matemáticas, filosofía, historia e
idiomas: además del inglés dominaba el francés, el latín y el
griego. Todo gracias a la escuela pública. Por mérito propio llegó
a ser un gran arquitecto, horticultor, autor, inventor, músico
(tocaba el violín, el cello y el clavicordio), jurista, ornitólogo,
paleontólogo, arqueólogo y poeta.
En alguna ocasión,
John F. Kennedy, dirigiéndose a un areópago de premios Nobel,
declaró: “Me parece que esta es la más extraordinaria
colección de talento y de conocimiento que jamás se haya reunido en
la Casa Blanca, con la excepción de cuando Thomas Jefferson cenaba
solo.”
Jefferson, para
orgullo de los estadounidenses, no fue el único. En la lista de los
presidentes que poseían un cerebro, y lo utilizaban, se cuentan
James Madison, John Adams, Woodrow Wilson, Theodore Roosevelt y James
Garfield. Gloria a ellos.
Entre los zopencos,
matungos, alcornoques, babosos, bodoques, bolonios, borricotes,
pelmazos y tontos de capirote hay que filtrar el género para no
alargar la lista. Como es normal, algunos brillan –si oso escribir–
con oscuridad propia.
Warren Harding Larry
Schwartz se pregunta:
“¿Cómo
podemos juzgar la inteligencia de un presidente? Un método consiste
en observar su comportamiento y, según ese estándar, Warren Harding
–vigésimo noveno presidente–
está en la breve lista de los peores mandatarios y fue,
definitivamente, el más idiota de los Comandantes en Jefe.”
Harding era un
senador indiferente, que se transformó en un presidente indiferente.
En su discurso inaugural dijo: “Nuestra tendencia más peligrosa
es esperar demasiado del gobierno, y al mismo tiempo hacer muy poco
por él”. Schwartz asegura que Harding cumplió fielmente esto
último. Durante su presidencia los escándalos aparecían detrás de
cada puerta, y él mismo no se enteraba ni por la prensa.
Los republicanos le
ungieron candidato en parte porque tenía buena pinta y en el año
1920 las mujeres votaban por primera vez. Desde luego Harding ni
siquiera se molestó en ir a votar para acordarles ese derecho. Pero
le gustaban las mujeres, a juzgar por sus numerosos líos
extramaritales. También organizaba fiestuzas en la Casa Blanca, muy
bien regadas con alcohol, algo un poquillo fuera de lugar visto que
su presidencia tuvo lugar en medio de la Prohibición.
H.L. Mencken
–periodista, editor y crítico social, conocido como el "Sabio
de Baltimore", considerado uno de los escritores más
influyentes de los EEUU de la primera mitad del siglo XX– dijo de
Warren Harding:
“Escribe
el peor inglés que jamás vi. Me hace pensar en una fila de esponjas
húmedas; en andrajos colgados; en una sopa de frijoles podridos, en
alaridos académicos, en perros ladrando estúpidamente durante
noches interminables”.
Para desmayo de los
yanquis, si Warren Harding fue el peor, no fue el único. En la lista
de Schwartz figuran –en lugar destacado– George W. Bush, Andrew
Johnson, Gerald Ford y Ronald Reagan.
George W. Bush
A pesar de haber
desertado la guerra de Vietnam enchufándose en la Air Force Reserve,
y de haber fracasado en numerosos emprendimientos, W. Bush aprovechó
su ineptitud llegando a ser un inútil Gobernador de Texas allí
donde el Gobernador –por Ley– literalmente no hace nada. Luego
devino el cuadragésimo tercer presidente de los EEUU.
Ni siquiera se
enteró de la llegada de la gigantesca crisis económica que hundió
el planeta, y en los últimos meses ni siquiera le dejaron participar
en las reuniones del gobierno. Como presidente se tomó exactamente
879 días de vacaciones, más de dos años del tiempo de su mandato.
En sus propias inmortales palabras, “Pasará mucho tiempo
después de mi partida antes de que alguna persona inteligente llegue
a comprender lo que pasó en esta Oficina Oval”.
Andrew Johnson
El décimo séptimo
presidente de los EEUU fue un borrachín, un pechoño y un líder
desastroso. Sucedió a Abraham Lincoln, y es difícil imaginar dos
personalidades más alejadas intelectualmente. Aún cuando era
partidario del esclavismo, durante la Guerra Civil se mantuvo en el
campo de la Unión con el fin de satisfacer sus ambiciones
presidenciales.
Cuando Lincoln
-baleado- estaba muriendo, no encontró nada mejor que emborracharse.
Al morir Lincoln tuvieron que despertarle para que jurase el cargo.
Aún borracho, “los ojos hinchados, el pelo cubierto de lodo de
la calle”, hizo un discurso inaugural digno de ser olvidado,
para decirlo diplomáticamente. Más tarde fue inculpado, aún cuando
escapó milagrosamente de ser condenado y destituido del cargo.
Gerald Ford
El trigésimo octavo
presidente llegó al poder cuando Nixon dimitió para evitar la
destitución en razón del escándalo del Watergate. En la
Universidad, Gerald Ford se destacó jugando fútbol americano.
Habida cuenta de sus inhabilidades, Lyndon Johnson pudo declarar que
Ford “había jugado demasiado fútbol sin el casco”. En
otra ocasión, Johnson afirmó: “Jerry Ford es tan idiota que no
puede tirarse un pedo y mascar chicle al mismo tiempo”.
Schwartz agrega que
si alguien dudase de lo cretino que era Gerald Ford, una de sus
frases bastaría para convencerle: “Si hoy día Lincoln
estuviese vivo, se daría vueltas en su tumba” (sic).
Ronald Reagan
Del cuadragésimo
presidente de los EEUU se cuentan historias. Interrogado por un
periodista acerca de la hora tardía en que llegaba a la oficina, y
lo temprano que se iba, respondió: “Es cierto que el trabajo no
mata, pero… ¿para qué correr riesgos?” En las reuniones del
G7 se sentaba junto a los otros seis mandatarios, contaba el último
chiste y se iba.
Alarmado por la
dimensión gigantesca que adquiría la deuda pública del gobierno
federal, un periodista le preguntó qué pensaba al respecto. La
respuesta de Reagan: “La deuda ya está bastante grandecita para
cuidarse sola”. En la práctica Reagan no gobernó, dejándole
esa aburrida tarea a sus colaboradores. A Ronnie le gustaba hacer
discursos. Una de sus frases célebres, pronunciada con una sonrisa y
un guiño: “Los hechos son cosas estúpidas”.
Hasta donde uno
puede juzgar, Donald Trump está lejos de ser un Jefferson, pero nada
asegura que sea un Ronald Reagan. Si el primero era un brillante
intelectual, y el segundo un papanatas, Donald Trump parece navegar
en las procelosas aguas de la medianía, ya se verá si podemos
llamarla mediocridad.
Visto a la
distancia, Trump no parece más idiota que W. Bush, ni más
proteccionista que Washington, Hamilton, Clay o Lincoln, ni más
reaccionario, brutal y grosero que Nixon, ni más putero que Kennedy,
ni más irresponsable que Bill Clinton.
Como todos los
presidentes del imperio, Trump está rodeado de intereses creados,
del complejo militaro-industrial, de Wall Strett, la banca, las
compañías de seguros, big business, el Congreso, la FED, los
gobiernos estaduales y una nube de cabilderos voraces y venales.
Sus diatribas contra
la gran industria –que ante la duda prefiere ser obediente–
tienen un regusto a desplante torero, a un muy machacado “deténganme
que si no lo mato”. El mundo es algo más que eso. Por el momento,
los “mercados” no se inmutan. Como siempre, consideran que hasta
una pasajera fiebre proteccionista es “una oportunidad de negocio”.
Servidor toma palco,
se arrellana y observa. Ya veremos.
16 de enero de 2017
INTERMÓN OXFAM Y EL CÁNDIDO CUENTO DE LA REDISTRIBUCIÓN
60 años viviendo del cuento y 2.000 contando el mismo cuento |
Por Marat
No puedo con los
curas. Se me atragantan. Y no porque no admita que hay dentro de
ellos una parte realmente comprometida con un mundo de justicia e
igualdad reales pero su tendencia a buscar la vía más pacífica y
pacifista para lograrlo les lleva a esconder las causas reales de la
desigualdad. Por lo mismo no puedo ni soporto a la vieja
socialdemocracia ni menos aún a los progres, que ya han olvidado
incluso las raíces de la desigualdad en una estructura de clases que
se asienta en la explotación dentro del mundo laboral y en la
apropiación del trabajo ajeno. Esto para no hablar de plusvalía,
que a algunos les suena a “viejo comunismo rancio de Marx”,
aunque no conocen nada de Marx, ni siquiera a través de la vía
falsificada de los planes de estudio de los que ha sido excluido ya
hace años. Pero los ignorantes tienen un inmarcesible apego a dar
lecciones de “cuñao” de lo que ni siquiera alcanzan a hablar de
oídas.
Lo de los curas va
por Intermón Oxfan. Esta organización (ONG), plagada de
profesionales a sueldo a costa de la pobreza, nació católica en
1956 y ligada Secretariado de Misiones y Propaganda de la Compañía
de Jesús (los jesuitas). Era entonces una organización
asistencialista. Hoy, más laica formalmente, sigue manteniendo
vínculos con los jesuitas y con la misma orientación de dar
cataplasmas a la pobreza.
Para Intermón Oxfam
es necesario luchar contra la pobreza mediante un mayor aumento del
gasto público (de los Estados) para hacer frente a la lucha contra
la pobreza global y la desigualdad.
En su último
informe, “Una economía para el 99%”, esta ONG se
plantea la necesidad de “repensar el modelo económico”.
Cada vez que escucho o leo la palabra repensar sé que estoy ante un
vendedor de humo, que no tiene intención alguna de transformar la
realidad. A estas alturas del capitalismo ya debiéramos saber dónde
se produce el origen de la desigualdad, que no es ni en la cuna ni en
la diferencia de salarios, por adelantar alguna conclusión sobre
dicho informe.
Y cada vez que leo o
escucho a alguien hablar del 99% y del 1% sé que un charlatán
quiere jugar al engaño. No hay un 99% de personas oprimidas por un
supuesto 1% porque el capitalismo es una estructura social que
requiere de algo más de base que el 1% y porque de las estructuras
de dominación de la burguesía participan otros sectores que no son
los plutócratas más megaricos. Está toda esa clase alta,
media-alta y media, que tiene medios de producción propios, contrata
trabajadores y los sobreexplota con salarios de miseria, largas
jornadas laborales, contratos basura, represión y amenazas de
despido si se quejan. Así que esos no son oprimidos y, francamente,
si los muchimillonarios, al concentrar su riqueza, amenazan la
estabilidad de los sectores de las medianas y pequeñas empresas no
seré yo quien llore por ellos. No me hablen de que crean empleo
porque, mucho de ese empleo es de tipo inducido; es decir, que
proviene del que genera indirectamente el gran capital, que también
es enemigo y opresor de la clase trabajadora.
Y es que muchos,
iletrados, ignorantes o gentes de mala fe, tratan de desvincular
pobreza y clase social. Pero “los pobres” pertenecen a una clase
social determinada, cada vez más trabajadores ocupados están bajo
el umbral de la pobreza y los parados tampoco pertenecen a los ricos
(la burguesía capitalista, que decimos los comunistas rancios).
Cuando se alude al
“modelo económico”, y no al sistema económico, de
lo que se está hablando es de una forma de lograr productividad,
crecimiento y redistribución pero sin poner en tela de juicio las
bases sociales de ese sistema económico que no son otras que el
trabajo asalariado, unas relaciones sociales de producción
capital-trabajo, una propiedad privada de los medios de producción
y, consecuentemente a lo que acabo de señalar, una apropiación
privada del beneficio. Y es aquí donde se encuentra la madre del
cordero. Éstas y no otras son la base de la desigualdad y de la
pobreza.
Una propiedad social
(no digo simplemente estatal) de los medios de producción
conllevaría, inevitablemente, un reparto más justo e igualitario de
la riqueza nacional e internacional, si dichas relaciones sociales de
producción cambiasen desde la base e implicasen un intercambio justo
y equivalente entre los países.
Pero Intermón Oxfam
pretende personalizar, en lugar de hablar de un sistema de relaciones
sociales dentro del mundo empresarial, y contarnos que entre Amancio
Ortega, de Inditex, su hija Sandra Ortega y Juan Roig, de Mercadona
acumulan tanta riqueza como el 30% más pobre de España. Prefiere
contarnos también que en nuestro país el ejecutivo que más cobra
tiene un sueldo 96 veces superior al empleado medio,
Cuando las cifras
son escandalosas bloquean el pensamiento y la capacidad de
reflexionar sobre las raíces reales de la desigualdad.
De este modo
Intermón Oxfan puede vendernos que hay que hacer políticas fiscales
más redistributivas y subir los salarios a 1.000 euros para que haya
un reparto más equitativo de los bienes como, si el Estado, que es
el destinatario de tales peticiones, no fuera el Estado de una clase
social concreta y como si la burguesía fuese a permitir que se
dañara su tasa de acumulación, vía impuestos o vía salarios más
elevados.
A base de cifras
escandalosas, los curas y sus laicos monaguillos pretenden hacernos
tontos, que nos conformemos con unas migajas más, que no nos van a
ser concedidas sino en la medida en que podamos consumir más y hacer
más ricos a a los ricos para los que estas gentes bondadosas rezan
y trabajan, que no queramos cortar el nudo gordiano del
capital que nos atenaza y que jamás reclamemos para nosotros, no ya
el fruto de nuestro trabajo, que siempre será un salario, mayor o
menor pero injusto, sino la abolición de unas relaciones
contractuales en la que la producción es social pero la riqueza es
privada.
¿Nos sorprende que
la cumbre de los megaricos en Davos arranque, mañana martes 17 de
Enero con la cuestión de la “reforma del capitalismo” en su
agenda, el mismo cuento que el G-20 propuso en 2009? No debiera. Las
religiones y los capitalistas ponen de manera eterna el la zanahoria
delante del burro; una zanahoria que el asno nunca llegará a
alcanzar mientras la misma mano sujete el palo del que cuelga.
Pero eso sería socialismo, algo defendido por comunistas. Y ya se sabe que los que nos acunan y duermen con cuentos, recordando a León Felipe, son mucho más eficaces -pregúntense para quienes y con qué objetivos- que las arengas que les soltamos los rancios marxistas.
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vendedores de pelucas para melenudos
UN BERGOGLIO FICTICIO
Horacio
Verbitsky. Página12
El guionista y
coautor de la serie “Llámenme Francisco” admitió que no
todos los hechos que se narran son ciertos ya que se trata de una
obra de ficción (según el mataburros de los académicos españoles
una invención, cosa fingida), y que como provincial de los jesuitas
Jorge Bergoglio colaboró con la dictadura menos que otros jerarcas
católicos.
En un reportaje
concedido a la agencia Paco Urondo, Martín Salinas respondió de ese
modo a una pregunta sobre mi nota “La mala conciencia del
pontífice”, en la que señalé la falsificación de hechos
reales en la serie producida por la plataforma Netflix. También
explicó que la tergiversación se debe a simpatía política por
las posiciones que el ex provincial jesuita Jorge Bergoglio asumió
al transfigurarse en papa Francisco.
APU: ¿Leyó el
artículo del periodista Horacio Verbitsky en Página12 sobre la
serie?
MS: Sí, yo valoro
el asunto desde otro lugar. Esto es ficción. No es la primera vez
que me toca ficcionalizar una vida. Pienso que el personaje que
quisimos contar es una mezcla del verdadero Bergoglio con un
Bergoglio que es muy importante en la actualidad, por lo que
representa políticamente. Cuando construís eso estás adoptando una
posición política que no tiene que ver con la cosa chiquita o
personal de si tengo razón o no la tengo, o si él fue malo o no fue
malo. Bergoglio canaliza hoy la energía de todo un continente.
Tuvimos la posibilidad de reforzar la parte que nos pareció
importante. Francisco es un compañero de ruta, está enfrentado a
muchas cosas a las que nos enfrentamos muchos de nosotros. Estamos
contando sobre un tipo que tiene contradicciones. Respeto que
Verbitsky diga lo que diga.
APU: Si leo
entrelíneas lo que me está diciendo, usted podría aceptar algunos
planteos de Verbitsky. Pero se privilegió en la serie una mirada
determinada sobre el personaje, a partir del rol que hoy cumple
Francisco.
MS: No se trata de
aceptar o no aceptar. Lo importante es que hay un ser humano que
tiene que tomar decisiones en un momento determinado. No puedo contar
todo. Elegimos algunas cosas sobre otras. No creo que haya colaborado
con los militares en la medida en que lo hicieron otros. No voy a
entrar en polémicas porque respeto a Verbitsky como periodista.
Salinas afirma que
Bergoglio “ayudó a mucha gente, pero por supuesto la Iglesia
que integró se calló sobre los 30 mil desaparecidos. De eso no cabe
ninguna duda. No es invento chino que él ayudó a mucha gente. La
película cuenta también que el personaje ni nadie de la iglesia
abren la boca sobre los desaparecidos”.
Es decir que el
guionista de la serie no niega que:
-
la jefa del verdadero Bergoglio en un laboratorio químico, Esther Balestrino de Careaga, no era una comunista atea sino una militante del Partido Febrerista paraguayo, una organización de centro izquierda afiliada a la mansa internacional socialista.
-
los tres seminaristas riojanos protegidos por Bergoglio a pedido de su obispo Enrique Angelelli (y no una docena como muestra la serie) siguieron sus estudios en el colegio jesuita de San Miguel durante el gobierno peronista (del que Bergoglio fue colaborador a través de su amigo el coronel Vicente Damasco) y no bajo la dictadura.
-
la brutal irrupción de un pelotón militar en el Colegio Máximo, que revisa habitación por habitación armas en mano, derriba puertas y golpea a mansalva a quienes se cruzan en su camino, nunca se produjo. Lejos de correr esos riesgos, Bergoglio permitía que los militares almorzaran en el comedor del Colegio, de donde salió la patota que secuestró al médico y militante Lorenzo Riquelme.
-
el sacerdote Miguel González, que hacía trucos de magia y colaboraba con los militares, no hubiera podido desempeñarse sin autorización de Bergoglio como capellán de las unidades del ejército en Campo de Mayo, donde fue denunciado por participar en sesiones de tortura.
-
el rol de Bergoglio en el secuestro de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics fue tratado con extrema benevolencia, mediante la alteración cronológica de los hechos. (En una escena, Jalics presenta en la villa del Bajo Flores a Yorio y el Provincial, cuando ambos se conocían desde los tiempos en que Yorio era profesor de Bergoglio, quien aún no se había ordenado como sacerdote. Los amigos de Yorio creen que además de las razones políticas también influyeron en lo sucedido los celos del joven provincial por su ex profesor, que a diferencia de Bergoglio era un teólogo reconocido. En otra toma, Bergoglio les explica el riesgo que corren en la villa y les advierte que el arzobispo de Buenos Aires Juan Aramburu podría quitarles la licencia para decir misa. Yorio explicó hasta el cansancio antes de morir en el año 2000 que Aramburu pudo quitarles las licencias porque antes Bergoglio los separó de la Compañía de Jesús).
-
la relación de Bergoglio con el jefe de la Marina e integrante de la junta Militar, Emilio Massera, no fue como muestra la serie. La ceremonia en la cual la Universidad del Salvador le otorga un profesorado honoris causa ocurrió trece meses después de la liberación de ambos sacerdotes, no antes como muestra la serie, que incluso imagina la negociación en la que Massera sonríe complacido ante la sugerencia de un emisario de Bergoglio.
Por último, un
descargo personal: yo también coincido con algunas definiciones
conceptuales del Papa pero no admito el blanqueo retrospectivo ni me
parece saludable que la política argentina gire en torno de la
retrógrada institución eclesiástica y el peregrinaje al Vaticano.
A la luz de la conducta previa de Bergoglio me permito dudar de la
sinceridad de Francisco y también me pregunto si hay algo más que
gestos dirigidos a recuperar alguna credibilidad para la monarquía
confesional que conduce, de nefasto rol en nuestra historia.
NOTA DE EDITOR
DE ESTE BLOG
Dedico este texto ajeno a Fray Coleta Morada (Pablo Iglesias), beato
de la orden podemita y devoto entusiasta de Bergoglio: “Bravo,
Bergoglio”
Estimado lector, puede que también le interese: INTERMÓN OXFAM Y EL CÁNDIDO CUENTO DE LA REDISTRIBUCIÓN http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2017/01/intermon-oxfam-y-el-candido-cuento-de.html
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