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30 de octubre de 2017

DECLARACIÓN DE LA REPÚBLICA CATALANA Y 155: ANATOMÍA DE UN INSTANTE

La paradoja del momento presente la resume la imagen
de hoy mismo de la cúpula del Palau de la Generalitat
Por Marat

Pretender hacer una radiografía de duración permanente sobre el momento político catalán y español, sería una fantasía de locos. Los acontecimientos se suceden a velocidad frenética entre simulacros, mentideros, desmentidos, amagos y acciones contradictorias en apenas minutos, recaderos interpalaciegos, y movimientos tácticos permanentes. Es imposible esperar que lo que hoy se presenta con una coyuntura concreta lo haga mañana del mismo modo.

Pero no hay error en reafirmar la eternamente joven expresión de Marx de que “la historia se repite siempre dos veces. La primera como tragedia. La segunda como farsa”. Entre la proclamación de la República catalana durante la II República Española y la errática y dubitativa declaración del pasado 27 de Octubre dista mucho más que 86 años. Si el pronunciamiento de entonces ayudó a traer la II República (que no dejó de ser burguesa nunca, por otra parte) el actual, lejos de “provocar la crisis del régimen del 78”, lo refuerza porque abre una dinámica de enfrentamiento entre pueblos, ni siquiera entre derechas e izquierdas, puesto que liga al progresismo reformista a una dinámica en la que es la derecha la que marca la pauta, la temática y el campo de juego. Una lectura inteligente y honesta de la obra “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” nos daría algunos retratos del momento, sin que necesitemos obtener de la misma todas las conclusiones sino solo las relativas a nuestro momento.

No deseo hacer un análisis de largo recorrido. No quisiera estar demasiado despegado del momento. Me limitaré a presentar algunos fotogramas del instante preciso en el que vivimos. Los acontecimientos que han de producirse solo dentro de unas horas devorarán cualquier predicción respecto a lo que ocurra media hora después. La aceleración histórica bajo cuya tiranía mediática vivimos -esa que hace que cada político esté sometido a la dictadura de los informativos- hace que solo quienes adoptan la distancia necesaria sobre los hechos del momento y conocen la historia puedan anticipar la historia futura.

Pero sí quisiera quedarme con algunos hechos últimos, ahorrándoles el tener que seguir una gran parte de un relato previo que ustedes ya conocen. Sabrán cómo interpretar los últimos.

Un molt honorable President de la Generalitat que amaga, para desbloquear la situación a la que puede conducir a su Govern la aplicación del artículo 155 de la Constitución española, con convocar elecciones autonómicas el jueves 26 de Octubre que, finalmente no convoca.

Ese mismo molt honorable President de la Generalitat que al día siguiente, decide que vuelve por sus fueros y proclama una República catalana que sabe que no tendrá recorrido alguno.

Un Gobierno central del Estado español que aplica un artículo 155 de la Constitución cuya eficacia podría ser disuasoria pero, si no lo es, carece de capacidad y resortes suficientes para imponer a la administración autónoma catalana el acatamiento constitucional. Finalmente será el propio capital con sus presiones empresariales, incluso de capitalistas independentistas, y el poder de la Hacienda central del Estado español los que dispongan del poder suficiente para generar acatamiento.

Un molt honorable President de la Generalitat Puigdemont que llama a la resistencia frente al Estado español y su artículo 155 mientras el director general de los Mossos, Pere Soler, ha acatado disciplinadamente su cese. Si eso sucede en el aparato represor de la administración catalana, seleccionado y diseñado en sus mandos de acuerdo a los objetivos nacionalistas, imaginen cómo irá el resto. Lo mismo ha hecho el Mayor Trapero acatando su destitución y sustitución por su número dos y pidiendo lealtad a las nuevas a autoridades del artículo 155. Ferrán López, el citado número 2, ha aceptado su nombramiento por parte de quienes se están ocupando de desmontar la República catalana.

Una política exterior catalana, Diplocat, financiada en el pasado por el promotor de “revoluciones naranjas” y “de colores”, George Soros, que ha visto sus embajadas en el extranjero cerradas por el Gobierno español y, en consecuencia, con una pérdida más que evidente de proyección internacional y de influencia sobre ámbitos de decisión y de presión internacionales.

Unos sectores progresistas, que no revolucionarios, que en Cataluña han asumido la hegemonía dirigente de la pequeña y mediana burguesías catalanas y en el resto del Estado español han caído en la “ilusión democrática” de esperar que una crisis institucional abra camino a un cambio en la correlación de fuerzas políticas, que no sociales, porque la que tiene que ver con la lucha de clases hace tiempo que han abandonado en la práctica. En Cataluña cayeron en la alianza con sus burguesías en un “paro (al que se avergonzaron de llamar huelga) país” que no reivindicaba derechos de la clase trabajadora sino demandas nacionales y que era convocado por sindicatos, Govern (¿dónde vieron antes a un gobierno burgués apoyar un “paro”?) y asociaciones de la pequeña y mediana empresa. A ello hemos de unir la actuación de una pseudorevolucionaria CUP que no llamó a tomar el poder para la clase trabajadora sino a defender las instituciones catalanas y al molt honorable y no demasiado bolchevique President Puigdemont. En el resto del territorio del Estado español hemos visto a unas “izquierdas” que basculaban entre una mayor comprensión hacia una de las dos burguesías nacionalistas instigadoras del enfrentamiento (la catalana) o que caían directamente en la fantasía de un febrero (analogía de la revolución “democrática” del reformismo ruso de 1917) de revolución burguesa que podría abrir pasó a un octubre posterior. Difícil de entender abandonando las posiciones de clase en sus prácticas durante la crisis política, apoyando a los sectores que explotan a la clase trabajadora catalana, y favoreciendo que se divida a l@s trabajador@s en patrias.

Una convocatoria electoral autonómica para Cataluña para el 21 de Diciembre por parte del Estado español que sitúa al soberanismo en la disyuntiva de participar en las elecciones, y ver cómo les va en ellas, o boicotearlas y enajenarse la posibilidad de gobernar en el territorio. Si el PdCat, o lo que quede de él, se apresta a presentarse a las elecciones convocadas desde la legalidad española contra la catalana, Junqueras (ERC) pide, junto con el molt honorable President Puigdemont, aceptar la convocatoria, realizada por el gobierno central, que no posee las competencias para hacerlo, sino el President de la Generalitat destituida. Parece que la CUP mientras defiende la legitimidad del President se va abriendo a las próximas autonómicas, abandonando su peregrina propuesta de “paella insumisa” (Mireia Boya y Anna Gabriel). Habrá que ver de qué modo afectarán unas condiciones que le han sido impuestas desde fuera a una República proclamada, pero inexistente, y cómo todo ello impactará sobre la credibilidad del propio proyecto independentista y a sus promotores.

Un comportamiento de PdCat y de ERC que les lleva a mantener al día siguiente de la proclamación de la República catalana sus escaños en el Congreso y en el Senado españoles y a votar previamente en contra un artículo, el 155, cuando su desacato al mismo debiera haberles conducido, en coherencia, a abandonar el pleno del Senado. El argumento de que dejar sus escaños en Congreso y Senado “sería solo un gesto estético” parece sostenerse mal desde la una posición que, en realidad, no es meramente “estética” sino moral y de congruencia.

Una realidad opuesta en los gobiernos, parlamentos y bloques políticos hegemónicos de España y de Cataluña. En la primera el gobierno, el senado y el bloque constitucionalista de PP, PSOE y Ciudadanos actúan unidos, aprueban el artículo 155 y el gobierno va aprobando un desarrollo y aplicación del mismo, día tras día, en el BOE. En la segunda, el bloque independentista presenta fisuras más que notables, el PdCat ha tenido ya dimisiones tanto en el partido como en la Generalitat y, tras una noche de fuegos artificiales y fiesta en la Plaza de San Jaume, el Govern se va a dormir y de fin de semana, sin tomar auténticas decisiones que viabilicen y muestran la voluntad ejecutiva de puesta en marcha de la República catalana. Decisiones imparables frente a pasividad.

Una economía muy interrelacionada en la que la inestabilidad política y social que tanto asusta al inversor capitalista golpeará sobre Cataluña y sobre el resto del Estado español.

La continuación de la luz de gas sobre los conflictos sociales de clase que afectan a trabajadoras y trabajadores tanto de Cataluña como del resto del territorio español, ahogados por una dinámica de patrias que es dirigida por el discurso burgués a uno y otro lado del Ebro. Si cabe extraer una conclusión sobre dicha dinámica es la de que ambas burguesías mantienen un acuerdo quizá más que tácito para ocultar la realidad de una clase trabajadora a la que ambas explotan y desposeen.

Cabe aventurar algunas conclusiones acerca de la recién proclamada República catalana y sobre la crisis a la que ha conducido el choque de trenes entre el nacionalismo español y el catalán.

El procés y la declaración unilateral de independencia han sido, para un sector importante de la población catalana que ha acompañado al mismo, más una afirmación de soberanía que un camino que realmente creyesen posible. Han vivido una especie de catarsis colectiva, un psicodrama social que les ha permitido vivir "un como si", como si el sueño fuera posible. Ahora empiezan a despertar del mismo y a comprender sus límites. La República catalana ha sido tan virtual como los falsos reconocimientos de la misma en redes sociales por parte de supuestos gobiernos nórdicos y de repúblicas bálticas. Al menos les quedará el consuelo de que Osetia del Sur ha afirmado que va a estudiar si reconocerá a la nueva república o no.

El procés no ha acabado, aunque la independencia de Cataluña ha quedado postergada “sine die”. A tenor de la aceptación de la convocatoria electoral, que empieza a ser aceptado por los partidos independentistas, la permanencia de sus representantes en el Parlamento español y el acatamiento de sectores funcionariales (cargos de los mossos) del control de la situación por las autoridades españolas, cabe pensar que el procés ha entrado en una fase de realismo posibilista y que la estrategia de largo plazo del independentismo está empezando a ser sustituida por giros tacticistas rápidos que dejarán descolgados y con un sentimiento de frustración a gran parte de los sectores soberanistas de la población catalana, como apunté en anteriores artículos. El despertador de ese sueño es a 30 de Octubre la bandera rojigualda ondeando en el Palau de Sant Jordi, junto a la señera y un despacho vacío del molt honorable President de la Generalitat a la que éste hoy no ha acudido hasta el momento, mientras algún Conseller como Josep Rull va a ser desalojado del suyo por los mossos d´esquadra y el resto de ellos han obtenido un breve permiso del gobierno ocupante para recoger sus pertenencias de sus, hasta el pasado viernes, despachos de los que  las fotografías del ya cesado President han ido desapareciendo.

Por su parte, la Presidenta del Parlament, Carme Forcadell, acaba de desconvocar la reunión de la ;esa de la institución, asumiendo de hecho que el la misma está disuelta, lo que no es sino el reconocimiento de la fuerza del Estado como ley de hecho.

Las declaraciones del diputado de la CUP del Parlament de la República catalana, Benet Salellas, cuestionando la capacidad de materializarse dicha república indica la abismal distancia entre deseo y realidad: "No hay estructuras de estado preparadas ni medidas de efectividad republicana que estén empezando a desarrollarse. El Govern no estaba preparado para un escenario de unilateralidad pura". En el mismo sentido, el diputado cupaire señalaba que su partido "no comprende por qué después de la proclamación de la República el Gobierno no está promulgando los decretos que la misma resolución".

Las posibilidades que se plasmen o frustren de una candidatura unitaria del independentismo catalán serán la piedra de toque de su capacidad para mantener un bloque más o menos unido que hoy vive tensiones internas, y que hace muy pocos días se fracturaba entre acusaciones de traición. En cualquier caso, la participación de candidaturas independentistas en las elecciones del 21-D será la deslegitimación absoluta de un procés por parte de sus promotores, al asumir como legales unas elecciones que solo Puigdemont hubiera podido convocar de continuar en el cargo.

Del grado de extensión y la intensidad de la aplicación del artículo 155 por parte del gobierno español y del comportamiento revachista o de perfil bajo de una posible nueva mayoría unionista en la sociedad catalana dependerá que la situación de crisis social y política se vaya atemperando o se incrementen la tensión y la fractura sociales.

El denominado “régimen del 78”, lejos de entrar en crisis, se verá notablemente fortalecido por varios factores.

El primero, la reacción españolista y el incremento del nacionalismo español.

El segundo, la unidad de la que han dado muestra tanto PSOE como PP y el heredero actualizado de dicho régimen del 78 en torno a legalidad española y la unidad territorial, Ciudadanos. Enfrente, tienen a partidos que no han demostrado una claridad en su proyecto reformista de corte meramente institucional ni una unidad suficiente respecto al mismo, según los escollos en su camino hacia la independencia iban mostrando los límites del proceso.

El tercero el consenso social que están siendo capaces de generar dichos partidos entre sectores mayoritarios de la sociedad española, y muy significativos dentro de la catalana, que se han visto asustados ante las consecuencias que la crisis institucional y la amenaza de la económica, sobre Cataluña en particular y España en general, por la desconfianza de inversores y empresas ante la inestabilidad política y social que ha provocado el proceso. Una parte muy amplia de dichos sectores justifica ya la aplicación de medidas de fuerza más o menos limitadas.

La auténtica derrota del independentismo la ha ejecutado la gran y mediana empresa que, más allá de sus filias o fobias hacia el procés, ha sufrido un ataque de patriotismo del bolsillo, presionando con sus exilios de sedes sociales fuera de Cataluña. El artículo 155 ha sido la puntilla legal que ha empleado el Estado español. Las posibilidades de éxito de las imposiciones coactivas para la aplicación del mismo dependerán fundamentalmente de la poderosísima capacidad de intervención del Ministerio de Hacienda español sobre la catalana y del grado de realismo y acatamiento de los altos funcionarios de la administración de Cataluña y de las clases medias sostenedoras del procés.

Coger las de Villadiego, exiliarse en Bélgica, tras acogerse a santuario de un aliado, que tiene amistades con organizaciones fascistas de Bruselas, y verse a sí mismo como una mezcla de De Gaulle en el exilio, hablando al pueblo desde la BBC, y de MacArthur en plan "volveré", mientras te comportas como alguien que deja tirados a quienes se sacrificaron por ti, significa que el esperpento catalán huye hacia donde los aventureros políticos han perdido su norte. Quizá un día descubramos un nuevo significado de la palabra "resistencia". La idea de patria huele tan mal como el agujero en el que se esconden quienes pretendieron hacernos creer que serían mártires y se comportan como ratas en su escapada.  

Que la ANC, con su máximo dirigente en la cárcel avale presentarse a una elecciones que ha convocado Rajoy y no el "exiliado" Puigdemont, probablemente no sea un motivo para bajarse del burro aquellos cuya deshonestidad intelectual les impide toda reflexión que pueda crearles duda alguna sobre aquello que defienden.

La izquierda, o lo que la opinión pública y la publicada entienden por tal, y el republicanismo español entrarán en una grave crisis cuyas consecuencias y efectos se irán dilucidando en los próximos tiempos.

De momento, el reconocimiento por parte de Anticapitalistas, grupo integrante de Podemos, ha sido desautorizado por el Consejo Ciudadano Estatal de este partido y En Podem (Cataluña) ha sido intervenido por dicho Consejo, en aplicación de su particular 155 sobre su filial catalana, tras las graves diferencias de ésta con su organización española, sobre todo por parte de su líder Albano Dante Fachín. Veremos en qué acaba esta cuestión.

En los restos de IU ya se están produciendo tensiones internas cuyas repercusiones pueden incrementarse por un efecto rebote o dominó de la crisis de Podemos, visibilizada por las declaraciones españolistas de Carolina Bescansa, sobre su socio político.

El caso del PSC, organización hermana del PSOE, ha vivido estos días fuertes tensiones internas entre su realidad catalana -buena parte de su dirección- y española, la que se concentra en el cinturón industrial de las ciudades que constituyen la conurbación barcelonesa (el gran Barcelona y otras localidades de tamaño considerable). A pesar de sus enfrentamientos internos es previsible que una parte del voto nacionalista moderado que ya no se reconoce en el PdCat y de En Podem y los Comunes, cuyas inclinaciones hacia el soberanismo han sido muy marcadas, gire hacia el PSC.

El republicanismo español se ha visto atrapado en su contradicción de reivindicación de un Estado federal para todo el territorio, nunca concretado como propuesta, y una delegación del sostenimiento de la reivindicación de III República española en una República catalana cuyo proyecto es en gran medida ajeno, desligado del federalismo y que no se reconoce en ella.

Las organizaciones “a la izquierda de la izquierda”, muy atomizadas, de muy reducidas dimensiones y carentes prácticamente de influencia política alguna respecto a la gran mayoría de la clase trabajadora, ahondarán en su marginalidad como consecuencia de su desvinculación práctica y real de una posición de clase. Su enfeudamiento a los nacionalismos burgueses y pequeñoburgueses vasco y catalán y su aceptación de la estrategia de exportación de nacionalismos promovidos en los distintos territorios del Estado español, siguiendo el modelo de Izquierda Castellana, que grupos autodenominados comunistas asumen como forma de acabar con el denominado régimen del 78 y con la monarquía española, están actuando como mecanismos de refuerzo de ambos, por la reacción de un nacionalismo español y de una extrema derecha que no habían detonado hasta el momento con la fuerza con la que ahora se presentan.

En la práctica, un reformismo moderado, con formas y lenguaje aparentemente radicales, y un radicalismo democrático, a su izquierda, vienen a cubrir el papel y los objetivos que en el siglo XIX representaban facciones de la pequeña y mediana burguesías a través de los "partidos democráticos", aspirantes a reformas que cambiasen la configuración institucional de los Estados capitalistas y sus formas de representación pero sin alterar nada de sustancial de la base material y económica en la que se sustentaban. Apelan, como entonces, a la clase trabajadora, de la que buscan el apoyo a sus causas pero supeditando los intereses de ésta a los objetivos reformistas que constituyen el programa político de ciertos estratos de las clases medias urbanas. No son partidos de clase, por mucho que una parte de ellos lo proclame o, al menos, no de la clase trabajadora, entendido dicho carácter como el propio de organizaciones que defienden los intereses de los asalariados de forma autónoma a los del resto de clases sociales. La ausencia de una centralidad en el discurso y la práctica de clasista es evidente en todos ellos.

La clase trabajadora seguirá sin tener quién la escriba desde las organizaciones políticas en el sentido de la defensa de unos intereses específicos e independientes de los de cualquier otra clase social y otra causa que no sea la suya, la de sus propias reivindicaciones sociales y objetivos de emancipación.

Pero como decía Lenin, emulando las palabras de Goethe, «la teoría es gris amigo mío, pero el árbol de la vida es eternamente verde». La realidad es que los problemas de la clase trabajadora, los despidos, los bajos salarios, los desahucios, la pobreza de amplias capas de la clase trabajadora... volverán más pronto que tarde a hacerse presentes en un escenario en el que fueron opacadas por una confrontación que a las burguesías de un lado y otro del Ebro venía muy bien. Y entonces puede que sea el momento de pedir cuentas a los partidos “progresistas” por el juego practicado en la promoción por acción y reacción, respectivamente, de los nacionalismos catalán y español. Con la esperanza de pasar pronto página a esta estrambótica farsa...hasta la próxima charlotada tan del gusto de los habitantes de este extremo de Europa.

27 de junio de 2016

ANÁLISIS POSTELECTORAL DE URGENCIA

Por Marat

Las elecciones del pasado domingo 26 de Junio tienen un claro vencedor, el PP, que remonta 14 escaños respecto a las elecciones del pasado Diciembre y gana en la gran mayoría de las provincias. Cuenta también con otro partido que, a pesar de obtener 5 escaños menos, parece salvar los muebles y la cabeza de su secretario general, a pesar incluso de su derrota en feudos como Andalucía y en otros que lo fueron históricos como Extremadura o Castilla la Mancha.

Y si hay vencedores claros y “derrotas semidulces” -en comparación con la debacle que auguraban los arúspices- también los hay que sufren derrotas contundentes. Ciudadanos, que pierde la quinta parte de sus escaños y Unidos Podemos que, pese a integrar en coalición a Podemos e IU y lograr 2 escaños más (justo los 2 que sacó IU por su cuenta el año pasado), pierde 1.200.000 votos aproximadamente.

¿Cómo se ha llegado a esto en apenas 6 meses?
Habría que recordar que aunque los potenciales dos bloques (derecha de PP y Ciudadanos y “progresistas”, eso dicen ellos, PSOE y Podemos) estaban bastante igualados, con una ligera ventaja de 4 escaños para el bloque de la derecha en los resultados de Diciembre de 2015, esa diferencia se ha hecho ahora mayor a favor de la derecha, siempre hablando en escaños. Las posibilidades de que el PP pueda ahora formar gobierno en coalición y sin que nadie pida la cabeza en bandeja de Rajoy se han acrecentado. Se ha volatilizado la posibilidad de un gobierno paella (o “a la valenciana”, que diría Pablo Iglesias) porque la suma de PSOE+ Unidos Podemos se queda a 20 escaños de la mayoría absoluta y necesitarían el apoyo de los independentistas catalanes y vascos (linea roja para el PSOE), de los regionalistas canarios, de un ujier de las cortes y de un señor, representante en lencería fina, de Murcia, que pasaba por Madrid. Preveo que la segunda hipótesis no sucederá y que Mariano Rajoy revalidará su Presidencia, quizá en segunda vuelta.

Quizá ahora entiendan algunos porqué el aventurero, esforzado y superviviente Sánchez quiso un pacto a 3 (PSOE+Podemos+ Ciudadanos). Le salía entonces una cómoda mayoría absoluta, si hubieran pactado un gobierno común. Al fin y al cabo entre ellos 3 hay más similitudes que diferencias, pese a los cacareos de formas (que no programática) de PIT (Pablo Iglesias Turrión), que no Brad. Al fin y al cabo, los 3 se entienden en lo básico: UE, OTAN, inalterabilidad de la monarquía, aceptación del capitalismo como sistema y una común crítica a la corrupción del PP. Sospecho que a Rivera, ésta última se le ha olvidado ya anoche, en medio de la bruma que surgía en su cabeza sobre causas y consecuencias de su batacazo.

Lo que está claro es que, más allá de las risas que generan los traspiés dialécticos de Rajoy, la corrupción desde los cimientos al tejado del PP, sus políticas antisociales, las más graves desde la transición, sus recortes de libertades, etc. etc., el endiablado resultado de las elecciones de Diciembre, en cuanto al objetivo de formar gobierno, sólo podían beneficiarle a él y su partido. Sólo tenía que estarse quieto (lo hace muy bien), decir unas cuántas sandeces (lo hace aún mejor) y esperar a que la situación se pudriera lo bastante como para que tuviera que irse a unas nuevas elecciones, bajo el aspecto de segunda vuelta. Sus oponentes con su incapacidad para pactar, a pesar de que ninguno de ellos tuviera, de fondo, grandes diferencias ideológicas (los tres son prosistema), le allanarían unos meses más tarde el camino hacia la Moncloa.

El PP ha vendido bien varias cosas.

La primera, lo acabó de decir, la incapacidad de sus contrincantes de ponerse de acuerdo.

La segunda, una cierta idea de recuperación económica que, aunque para los críticos a su gestión se revele falsa (el crecimiento de la pobreza se ha incrementado incluso en los últimos tiempos de su mandato), lo cierto es que la mayoría pasiva se la ha ido comprando (más empleo, aunque de mierda, incremento del consumo y sensación de que España ha salido de lo peor de su situación económica). Conviene distinguir la opinión publicada en ciertos medios de la opinión pública, que se conforma de un modo más complejo.

La larga crisis capitalista y sus consecuencias para la clase trabajadora no han acabado y previsiblemente se incrementen en los próximos tiempos pero el PP está logrando convencer a un creciente número de personas sobre ello. Hay que pensar que hay un segmento importante que no ha sufrido de forma significativa la crisis en estos años, y otro mucho menor, pero importante, que ha comprado la idea de expectativas de mejora de su situación.

Cuando el PP forme gobierno tendrá que torear con nuevos recortes que le impone Bruselas por alrededor de 12.000 millones (en los que hay que incluir la famosa multa que le impone la UE por el incremento del déficit), pero ese será ya un problema distinto para un partido que hace no tanto parecía acabado para muchos.

El tercer acierto del PP fue polarizar la campaña entre él y los anticomunistas de Unidos Podemos, a los que previamente acusó de comunistas para asustar a una sociedad tan conservadora como la española. Acabó por tener el efecto de reforzarlo a él y de descalabrar a los segundos.

El PSOE ha salvado los muebles (aunque su descuelgue del PP se ha agrandado de forma notable y ha tenido el peor resultado desde la transición), fundamentalmente porque las manipulaciones estadísticas sobre el pretendido “sorpasso” al que iba a someterle Unidos Podemos se ha demostrado falso y sospecho que más que intencionado. Eso sin contar la incapacidad de los técnicos de encuestas preelectorales de traducir una parte de los supuestos indecisos como abstencionistas reales ante una campaña-circo que sentíamos que ni los 4 muleros del IBEX35 ni sus programas tenían que ver con nosotros.

Por otro lado, además de parecer Pedro Sánchez un buen chico a una parte del electorado fiel del PSOE, ha visto recompensados sus esfuerzos para formar un gobierno al margen del PP, dentro de una sociedad muy escorada a la derecha, por mucho que las estúpidas tablas de autodefinición ideológica digan que la mayoría de la población española se sitúa en el centro-izquierda ¿Qué coño es el centro izquierda y qué coño es en medio de la más grave agresión a la clase trabajadora en una sociedad en la que hasta un peón albañil se cree que es clase media? A una sociedad conservadora un tipo como Sánchez y un partido como el PSOE no les cae tan mal como algunos creen. El problema lo tienen quienes confunden sus deseos con el análisis correcto de la realidad.

Si embargo, el PSOE tiene un gravísimo problema para convencer a la mayoría de la sociedad española de que es una alternativa de gobierno. Y no precisamente porque la sociedad española le considere a su izquierda sino porque aún está muy presente en la mente de muchos que Zapatero fue el primer recortador de derechos laborales y una especie de capitán borracho del Titanic y porque en todo este tiempo, además de aparecer más concursantes políticos que fragmentaban su suelo histórico, se ha demostrado incapaz de girar desde el social-liberalismo a la socialdemocracia. El primero está ya muy concurrido tanto por Ciudadanos como por Podemos, al que la socialdemocracia le queda a trasmano.

Ciudadanos ha envejecido en muy poco tiempo. Se ha llenado de grandes y pequeñas miserias y corrupciones que contradicen mucho la pretendida transparencia y regeneración de la que alardeaba este partido. Se le ha visto con frecuencia el pelo de la dehesa derechista y se ha rebelado como un gran granero en el que guardar parte de los votos al PP que ahora empiezan a volver.

Unidos Podemos ha descubierto que el “sorpasso” se queda en sorpresa -saludos, Anguita- donde la sopa de siglas que hace meses se rechazó y luego se aceptó, sin explicar el porqué, se ha dado un batacazo de órdago.

Cuando hace días Rajoy dijo aquello de "Pablo Iglesias cambia mucho. Incluso el otro día dijo que era socialdemócrata y enfadó a Pedro Sánchez; a mí, mientras no se haga democristiano, estoy tranquilo"-él, que aplica la máxima de “en tiempos de tribulación no hacer mudanza”, de Ignacio de Loyola- comprendí inmediatamente que gran parte de los votantes españoles debían tener esa misma imagen de Podemos.

La sociedad respeta mucho la coherencia personal y de los partidos. No digo que los vote pero sí que la aprecia. Lo que no respeta es a los políticos y los partidos veleta que pasan de afirmarse un día comunistas a otro “socialdemócratas como Marx y Engels”, hablar luego de que hay un lado peronista en Podemos o acabar admitiendo que hay un hilo entre Marine Le Pen y Podemos. Al final, los partidos todoterreno, las errejonadas de los “significantes vacíos” para hacer ensaladas ideológicas transversales e “inclusivas” acaban dando como consecuencia un sindios que produce un mosqueo del 15.

Si a ello le unes a una IU convertida en la querida de Podemos, con unos dirigentes saltimbanquis, incluido el de "Me va a costar votar, pero lo haré porque aunque vayas quinto, tú sigues siendo mi candidato" (Cayo Lara) y unas bases disciplinadas para seguir a unos dirigentes aventureros y sin escrúpulo ideológico alguno, el resultado es que los votantes tradicionales de IU no les siguen, una parte de los votantes anticomunistas (la mayoría) de Podemos no entiende el apaño y la pretendida “suma que multiplica” se convierte en una resta con vocación de división. Resultado: hostión (con HACHE. Ostia es un puerto de la antigua Roma y también una ostra) inesperado por inflación de encuesta preelectoral.

Los cuchillos se afilan en Podemos y en IU. Habrá cruce de navajas, y no por una mujer, que decía Mecano, sino porque las expectativas de los grandes “strategos” Carolina Bescansa y Errejón se han demostrado absolutamente catastróficas. Cuando la ausencia de ideología se sustituye por corazones, ilusión y sonrisas lo que ocurre es que, al primer batacazo, todo se vuelve descorazonamiento, caras largas y de circunstancias de los dirigentes y lágrimas de los cheerleaders y ciberactivistas, que no militantes, como pudimos ver anoche en los televisores.

No sé si habrá dimisiones o no en IU y en Podemos. Algunos llevan el culo pegado a sus sillones con Loctite reforzado. Pero sí sé que habrá “noche de los cuchillos largos” en esos grupos porque las ambiciones frustradas, las deudas con los bancos de IU, los callos pisados, las venganzas esperando su hora, los agravios infringidos dentro de las respectivas casas políticas, nunca encontrarán mejor momento para materializarse.

Dado que sus dirigentes y la gran mayoría de sus bases son pequeñoburgueses en lo ideológico temo que la próxima propuesta de revisión de los “significantes vacíos” les lleve a exacerbar su patriotismo y sus simpatías por el capitalismo nacional hasta pegarle una pasada por la derecha al propio PP. Eso sí, con la bendición de Bergoglio

Los comunistas y la abstención
Mi impresión es que la inmensa mayoría de los comunistas no hemos ido a votar y ello por varias razones:
  • La primera de ellas por una reacción a flor de piel: el asco físico al circo mediático y al supermercado electoral de los 4 partidos defensores del orden capitalista.
  • La segunda porque no nos hemos reconocido programáticamente en las principales opciones políticas tan ajenas a la dolorosa situación vital de gran parte de la clase trabajadora, machacada por la crisis capitalista y las recetas del PSOE primero y luego del PP. En lugar de ello hemos visto a un Unidos Podemos practicando el anticomunismo y renunciando incluso a una política socialdemócrata (sólo los ignorantes llaman socialdemócrata al PSOE, cuando la socialdemocracia era IU en su época más digna).
  • El tercero porque hemos llegado a la conclusión de que “gobierne quien gobierne” hará la política que le marque el capital europeo y sus brazos armados, la UE y el FMI.
  • El cuarto, y el más importante porque, en el momento actual en el que los gobiernos y los parlamentos han demostrado no tener la más mínima apariencia de autonomía respecto al capitalismo, hemos llegado a la conclusión de que incluso votar opciones comunistas no resuelve, sino que pospone, el principal problema que tenemos los marxistas: la necesidad de crear organización, hacer lucha ideológica inteligente y reconstruir el combate político y social que ha dejado vacías las calles y ha desplazado fuera de escena la cuestión principal, el antagonismo capital-trabajo y la lucha de clases que los capitalistas no han perdido de vista sino que han reafirmado durante este período de crisis de su sistema. En un tiempo en que las fuerzas de los comunistas son muy escasas, atomizadas y dispersas y que al sujeto político se le ha amordazado la voz, nuestras pocas fuerzas deben ir destinadas a lograr dichos objetivos. Una campaña electoral no da visibilidad alguna a una opción sin representación, o tan mínima para el esfuerzo que requiere y las tareas que pospone a cualquier organización extraparlamentaria, que es absolutamente equivocado plantear ese tipo de batalla. El paso de los 26.254 (0,11%) de las elecciones del 20D de 2015 a los 26.546 (0,11%) en las del 26J de 2016 demuestra que la estrategia del PCPE de darse impulso electoral, recogiendo el voto de los sectores comunistas de la antigua IU, es absolutamente equivocada. Tensar el músculo de la militancia para obtener tan magros resultados, en lugar de exteriorizar absolutamente a la organización e ir creando poder popular, sólo consolida la repetición de los errores, a pesar de que las propias tesis del X Congreso del PCPE inclinaban a una insuficiente pero necesaria autocrítica por la interiorización de este partido y su limitada conexión con las masas. El resultado de volcarse en una campaña, que quita energías para recuperar la calle, no ha sido dar más visibilidad a su partido sino evidenciar la debilidad de las organizaciones comunistas, lo que debiera conllevar una segunda autocrítica.
Con esa abstención, aunque su notable incremento no es sólo nuestro ni mucho menos, los comunistas hemos logrado varias cosas:
  • La primera, evidenciar que existimos y que el rey (Unidos Podemos) estaba desnudo.
  • La segunda, no caer en el “cretinismo parlamentario” del que hablaron en su día tanto Marx, como Engels y Lenin, especialmente en tiempos en los que los parlamentos y los gobiernos nacionales deciden nada que no venga de Bruselas. No se trata de caer en el antiparlamentarismo por el antiparlamentarismo sino de tener claro prioridades y momentos en los que tiene sentido compaginar este ámbito con el principal de la lucha política en las empresas y en los barrios y cuándo no lo tiene.
  • La tercera, reconocernos como un grupo que, aunque huérfano de un fuerte partido de nuestra clase, no traga con el gatopardismo de los minireformistas títeres del capital. Construir organización unitaria de comunistas con partido y sin partido donde podamos trabajar juntos, debatir, elaborar teoría marxista, formarnos y reconstruir militancia y conciencia de clase es un desafío que los militantes del Espacio de Encuentro Comunista nos hemos impuesto. Sin dogmatismos y sin exclusiones. Será una labor muy larga, dura, callada y paciente pero no hay otro camino si queremos romper la rueda del tiempo que desde hace tanto conduce a nuestra clase a la casilla de salida. 

15 de marzo de 2016

LA CRISIS DE PODEMOS LO DOMESTICARÁ DEFINITIVAMENTE

Por Marat

En septiembre de 2014 escribí un artículo titulado “Causas de la crisis interna de Podemos”. Entonces muchos de quienes leyeron dicho texto negaron la existencia de la misma, simplemente porque las divisiones y las tensiones no fueron generales en todo el territorio español. 

En el mes de junio de ese año había estallado ya la rebelión de gran parte de los círculos madrileños contra el llamado “equipo técnico” que prepararía la Asamblea de Otoño de Podemos de ese año, y del que se temía, como luego se demostró, que no sería simplemente técnico y que barrería para casa para consolidar una dirección a gusto y a la medida del dirigente máximo de Podemos, Pablo Iglesias. 

El enfrentamiento, que entonces fue una leve escaramuza, tuvo por protagonistas primeros al macho alfa de Podemos y a Juan Carlos Monedero, por un lado, frente a Izquierda Anticapitalista -luego Anticapitalistas, corriente interna de Podemos- y Pablo Echenique, por el otro, el cuál tras la Asamblea de Vistalegre iría reposicionándose a favor  de la mayoría para encontrar su acomodo en las instituciones aragonesas y como máximo dirigente de Podemos Aragón, aunque inicialmente quedó descabalgado del órgano máximo de dirección nacional de Podemos.

Aparecieron ya entonces las primeras escaramuzas locales en lugares como Orense o Barcelona, al igual que Teresa Rodríguez en Andalucía marcaba su feudo particular frente a la dirección nacional, si bien para quienes no estaban dispuestos a admitir la menor quiebra de una ilusión esto no representaba nada o casi nada.

Y sin embargo, la crisis estaba allí, quizás en forma aún latente o embrionaria, como crítica incipiente al modo en que lo que había sido presentado casi como antipartido- movimiento tomaba las peores formas de partido. 

Se decían entonces cosas como que el Protocolo de Validación de los Círculos (el creado para dar marchamo oficial Podemos a los núcleos podemitas que se iban formando) había sido diseñado para atar en corto a las bases por parte del poder naciente de la dirección, controlándolas de este modo de forma plena. Decían los críticos que con dicho Protocolo desaparecía la soberanía de los círculos para sus decisiones en materia de elecciones municipales y autonómicas, que eran las que se aproximaban. 

La Asamblea de Vistalegre marcaría la deriva posterior de una organización absolutamente vertical en la que la “democracia interna” acabaría por ser una expresión sarcástica, como pudo comprobarse después con elecciones amañadas, coacciones a direcciones locales con ideas propias, luego descabezadas, señalamientos a dedo de candidatos que no habían pasado por las cribas de elección interna de las bases, luces de gas en campaña a quienes no eran del gusto del macho alfa, cambios y giros tácticos  programáticos que no habían sido discutidos ni votados por los círculos, ni siquiera por los consejos ciudadanos. 

Alcanzados ciertos niveles de representación en el parlamento europeo, ayuntamientos, Comunidades Autónomas, Diputaciones, Congreso y Senado, veríamos florecer el establecimiento de una nomenklatura, con cargo y sueldo, de amiguetes, parientes, parejas y ex novias así como de lealtades interesadas. 

Pero ni lo anterior ni la incompetencia de las alcaldesas y alcaldes del cambio, ni la pusilanimidad ante la menor presión de la derecha política y mediática, como en el caso de los titiriteros, ni siquiera el caso de la concejala católica besaanillo arzobispal, ni los comportamientos rompehuelgas contra los trabajadores del metro de la señora Colau, ni las jaimatadas de la señora Carmena son más que una pequeña parte de las razones de la crisis de Podemos.

La crisis de Podemos estaba en sus genes y había muchos motivos para que así fuera:
 ● Cuando apostó todo su futuro a la imagen de alguien que, tras salir como logotipo en las papeletas de una convocatoria electoral, se definió así mismo como “macho alfa”.
 ● Cuando asumió su papel de partido fundamentalmente ligado a una “ilusión” de la “gente” antes que a una clase social y a una definición clara de si iba o venía ideológicamente hablando. 
 ● Cuando lo importante era recibir mucha afluencia y convertirse en partido de aluvión y de fans incapaces de mantener una discusión política mínimamente coherente sin salir con la genialidad cortante del debate tipo “¡Podemos!”, “eres un fascista/casta”, “habéis tenido muchos años para hacerlo y no habéis hecho nada” o el ya clásico “vete a defender a tus corruptos”. Que la crítica venga desde una posición a su izquierda, lo que jamás ha pretendido ser Podemos, es lo de menos. La hinchada no piensa. La hinchada recibe consignas y las repite sin pensar en lo que dice. Sólo calla cuando se deprime o cuando sus líderes, tan televisivos ellos, deciden asumir un perfil plano, silencioso y hasta ausente en los casos en los que les vienen mal dadas y la crítica mediática y social les persigue. En esas circunstancias todos ellos, se licúan, casi desaparecen...hasta que pase la tormenta y encuentren señuelos para que se hable de otra cosa.
 ● Cuando no importaba en absoluto de qué trayectorias ideológicas y partidarias venían las nuevas adscripciones al partido (PSOE, IU, UPyD, C´s, PP) ¿Cómo se da consistencia a tal macedonia si no es desde la realidad de arribistas sin principio alguno; eso, los cargos. El resto, los votantes de a pie, desclasados (“gente” sin más) que hasta que no les pilló la crisis disfrutaban de que el capitalismo les permitiese abrevar en su pilón consumista o meramente personas sin formación política alguna ¿Creen ustedes que ese mejunje puede convivir mucho tiempo junto por cínico y carente de valores sólidos que sea?
 ● Cuando no se es ni de izquierdas ni de derechas y se envían mensajes contradictorios como el ¡Bravo Bergoglio! de Pablo Iglesias y el Círculo Podemos de Espiritualidad Progresista, por un lado, y hacer concejala portavoz del Ayuntamiento de Madrid a una señora cuyo mayor mérito como “partisana” (así se define ella intentando insultar a tan bravas mujeres) ha sido sacarse las tetas en una capilla y que cuando se la juzga por ello (algo injusto en un Estado aconfesional) declara que ella ha ido millones de veces a misa porque pertenece a una familia católica. Digo yo que el cinismo ha de tener algún límite hasta para el más amoral.  
 ● Cuando se afirma la “democracia de base”, la “asamblea” como expresión de la misma, la idea de una persona un voto y lo que toca es elevar al trending topic a la figura carismáticamente prefabricada y aceptar toda la verticalidad que éste y su camarilla impongan sobre un partido de fieles; cada vez menos en número y fidelidad, por cierto.
 ● Cuando el cuestionamiento de la más nimia de las voluntades de la neocasta que dirige Podemos significa ser cesado, si se es cargo público, o disuelto el círculo, si éste es colectivamente tan ingenuo de creer en la democracia interna que se niega en cada acto. 
 ● Cuando el asalto a los cielos se acaba al justificar las decisiones de Tsipras de burlarse de la voluntad de los griegos y de aceptar las imposiciones del capital europeo a través de las instituciones de la UE.
 ● Cuando el “empoderamiento de la gente” se plasma en que una concejala chivata de Ahora Madrid, Celia Mayer, denuncia ante la policía a unos titiriteros para eludir cobardemente sus propios errores, culpando de ellos a unos inocentes o en el ponga a un pobre a su mesa de la señora Carmena en Nochebuena, exactamente igual a como hacía antes Ana Botella o en intentar comprar las voluntades de las asociaciones de vecinos poniéndolas a sus pies. 
 ● Cuando la prepotencia, la soberbia y la chulería, forman parte del estilo de la nueva política que ha envejecido tan rápidamente.

Lógicamente toda esa miseria ha acabado por ser crecientemente visible para sectores sociales con sentido crítico o simplemente con criterio personal, ha destapado la tensión entre promesa y realidad, dejando ver la tramoya de la farsa y mostrando que no existía ningún potencial de transformación radical, ni siquiera de regeneración moral al estilo de la burguesía que purga sus pecados mediante la limosna al pobre, sino el más indecente oportunismo de saltimbanquis y pícaros. 

Bajo el pretexto del empoderamiento de la “gente”, ese destilado amorfo sin categoría ni clase social concreta, que huye de toda adscripción porque, como pseudoclase media se avergüenza tanto de lo que cree ser y no es como de lo que en realidad es, se conjuró la más variada concurrencia de pillos que pudieran juntarse para el común objetivo de medrar en medio de una grave crisis moral de identidad. Todos ellos estaban dirigidos por un bufón y en cada sección o fracción de rufianes dominaba un granuja que los organizaba en grupo. Seres mediocres colocados en el lugar adecuado, cantamañanas, según ellos “preparaos”, pero para dar el golpe de su vida, aventureros de la pequeña burguesía, escritorzuelos de seleccionados medios de la pseudoradicalidad, “espabilaos” de partidos en horas bajas, pensadores de la nada ante su última oportunidad, perroflautas reconvertidos en asesores, viejas glorias recuperadas como pantallas “bonachonas” que tapasen las miserias de los marrulleros y mediocres que se escondían tras ellas, porteadores de carteras de catedráticos que vieron compensados sus esfuerzos, pijas que jamás osaron meterse en líos hasta que coincidieron en los pasillos con ellos y vieron cómo sacarles réditos oportunistas, funcionarios desclasados en busca de un ascenso que de otro modo no llegaría. Éste era y es el mundo podemita. Con todos ellos formó Pablo Iglesias su "sociedad de intereses mutuos" con ambiciones de colocarse o ya colocados en las instituciones del Estado burgués, intentando emular, en muchos casos, como nueva generación, los logros alcanzados por sus papás y el objetivo de vivir a costa de los ilusos sectores populares que les habían llevado hasta allí.

En el momento de hacerse las listas electorales a las municipales y las autonómicas se vio cómo aquella frase de algún dirigente podemita -"Podemos no es un partido, es un estado de ánimo”- adquiría un significado distinto. Acomodar tantos “qué hay de lo mío”, por encima de otros con más méritos, capacidades o preferencias de las bases o simplemente de trepas menos hábiles, cuadrar alianzas poliédricas territoriales con otros partidos, grupos, listas, etc. tuvo como consecuencia “estados de ánimo” crispados. Así, las denuncias de pucherazos y escándalos producidos en las elecciones online de los Consejos Ciudadanos Estatal, Regionales y Locales se reproducirían en la confección de las listas y en el orden de las mismas, del mismo modo que dichos escándalos se repetirían en las listas electorales de todas alas convocatorias a las que se presentó este partido tras las impolutas europeas.

Las heridas nunca se cierran del todo. Por el contrario, se acumulan y se devuelven, ya sea mediante filtraciones anónimas desde el interior de las organizaciones, ya sea mediante el choque de las facciones internas. A veces son sólo escaramuzas y celadas, otras guerras internas abiertas y declaradas. 

Todo ese magma llevaba en sí enormes contradicciones que habrían de explotar. Contradicciones entre lo que decían ser y lo que eran, entre lo prometido y lo cumplido, entre su discurso de “radicalismo” democrático-burgués y su compincheo con el viejo orden existente, entre la regeneración que prometían y el vicio que llevaban en sus venas.

Y todo ello estalló cuando, tras no haber asaltado ningún cielo, ni habérselo propuesto realmente en ningún momento, descubrieron que ni eran tan listos como creían ni tan deseados como querían. Conformarse con el tercer puesto es una enorme bofetada para quien cree poder dar lecciones al mundo mundial y descubrir el Mediterráneo en una sopa de sobre.  

La segunda fase de la crisis interna podemita ha llegado cuando este partido hubo de afrontar un resultado en las urnas mucho menos exitoso de lo que realmente esperaba, por supuesto mucho más menguado de lo habían prometido a su público. 

Una parte de ellos había llegado a soñar que ganarían las elecciones. Lo cierto es que según las urnas les bajaban los humos ajustaban sus pretensiones, sus programas y sus proyectos políticos.

La realidad es que se fueron conformando con hacer su “proceso constituyente”, después “segunda transición” por etapas, proyectando superar al PSOE, en la mecánica imitación de una  Szyriza que en el primer intento arrinconó al PASOK y en el segundo derrotó a Nueva Democracia. Ignoraban que el PSOE no era Syriza porque, como partido, tenía un recorrido histórico mucho más largo que el griego y hundía sus raíces de un modo más profundo en la memoria colectiva y en los hábitos repetidos mecánica e irreflexivamente como tradición de generación en generación en el país.

Por supuesto desconocían también la raigambre del pensamiento reaccionario y de la mentalidad por inercia obediente en la que se asienta la caverna política española que explica la resistencia del PP por encima de las grandes bellaquerías de nuestra derecha eterna.  

Esto sin olvidar que sólo la más profunda desesperación y desarticulación social puede explicar que un neorreformismo vestido de pseudoradicalidad desplace al viejo reformismo ya antiguamente empotrado en los partidos sistémicos del capitalismo griego.  
El resultado es que se convirtieron en los terceros de la carrera electoral y hubieran sido los cuartos de no mediar una alianza con sectores de Cataluña, Valencia y Galicia; alianza que ya se resiente con un Compromís que empieza a huir del compromiso postelectoral en el Congreso y unos partidos instrumentales propiciados por Colau y Beiras que pronto pueden reducirlos a la nada en sus correspondientes territorios o canibalizarlos dentro de sus proyectos de partidos instrumentales. 

Ignoraban demasiado estos po-li-tó-lo-gos (una de las palabras recientemente incorporadas al diccionario de la petulancia castellana) “preparaos”

El caso es que intentaron consolarse con el “nos hemos quedado a 300.000 votos del PSOE”, contando como propias todas sus alianzas regionales que ya se les vuelven lanzas. 

La realidad tenía otro color si se consideraba que la distancia en términos de diputados con el partido al que realmente pretendieron “sorpassar” era de 21 diputados y que, en términos de mayorías en la concepción de la representación dentro del parlamentarismo burgués, eso implicaba la inevitable subordinación de un partido del sistema (Podemos) a otro partido del sistema (PSOE) a la hora de plantearse posibles alianzas. 

La realidad es que el PSOE había tenido el peor resultado de su historia electoral desde 1977 pero no se había hundido y que Podemos se había quedado, con todas sus alianzas muy por detrás de sus pretensiones. 

Y peor aún, aunque la implicación de esto último no lo pudiera admitir Podemos públicamente: para poder desplazar del Gobierno al PP, el PSOE estaba abocado a establecer alianzas de geometría variable con todos los demás grupos de la cámara menos con el PP; lo que disminuía mucho el protagonismo del partido morado, por mucho que fuese el que aportaba más diputados a dicha alianza tras el propio PSOE. 

¿Qué le quedaba a Podemos en este marco, en el que las presiones del capital a través de la opinión publicada iban a insistir en la necesidad de formar rápidamente gobierno y de evitar la repetición de nuevas elecciones? ¿Qué creen ustedes? 

Evidentemente evitar que esas elecciones se produjesen, algo que no parece beneficiar a nadie, al menos en primera instancia, y que de producirse por la falta de “sentido de Estado”, atributo con el que Iglesias llevaba meses queriéndose investir para darse aura de respetabilidad burguesa, bien pudiera ocurrir que Podemos, en lugar de subir ,bajase. 

Atrás quedaron los enunciados sobre la “crisis de régimen”, que es evidente que no, porque existiendo una crisis de representación del sistema de partidos no afecta apenas ni a la monarquía (salvo en algún delirio republicano), ni a la valoración del orden constitucional, ni al orden jurídico y moral que sustenta al capitalismo ni, por supuesto, al imaginario colectivo respecto a lo que había significado la transición española. Fuera de una minoría, en la población española, y más allá de siglas, el trauma aún latente de una guerra civil guarda la viña del conservadurismo político de la sociedad española. De ahí que Iglesias abandonase el llamamiento “constituyente” para reclamar una “segunda transición”. 

Hay algo paradójico en la actitud de Podemos respecto a un partido como Ciudadanos en la precampaña y campaña y, en particular, de Iglesias y Rivera, aquellos coqueteos, aquellos gustarse ambos tanto en el programa Salvados y los posteriores rechazos “radicales” de uno y otro dirigentes para aceptarse como partenaires simultáneas del PSOE, siendo que ninguno de ellos pone en cuestión el sistema capitalista, ni la monarquía, ni cuestiones centrales de la Constitución, salvo algunas modificaciones al Título VIII por parte de Podemos y PSOE. 

Verán ustedes como el derecho de autodeterminación que Podemos pide con la boca cada vez más pequeña, y la derogación del artículo 135, acaban teniendo una “solución” menos “conflictiva”

En ese contexto la autopostulación de Iglesias como vicediós en un gobierno en el que Sánchez sería Presidente “por obra y gracia” de Iglesias, así como la predesignación de los ministerios, ministros podemitas previamente nombrados por el vicediós, y entes de poder seleccionados, entre ellos el CNI,RTVE y el CIS- lo que parecía sugerir cierta obsesión totalitaria por el control- no eran otra cosa que la bufonada matonesca de un pobre chulo político intentando poner en valor sus 69 diputados pero sin la elegancia de saber cómo presentar los toma y daca dentro de un escenario infinitamente más sutil que posee sus propias reglas ya establecidas en el ámbito del cortejo burgués y que incluye el protagonismo de lo programático, al menos en apariencia, sobre el asunto de los sillones.   
Podemos aparecía así, salvo para los más fieles entre lo fieles como aspirante a nuevo rico que cree tener el número de la lotería premiado, sin haber comprobado muy bien la cuantía del premio, y que, por tanto, carece de modales. 

Paradójicamente atrás habían quedado las líneas rojas para no haber siquiera líneas ni, si me apuran, cuestiones que tratar que no fueran el qué hay de lo mío de los emergentes.   

Para que Pedro Sánchez pueda conformar su gobierno de “cambio” o de modificaciones  -veremos que los acuerdos incipientes para retiradas de leyes aprobadas por el PP consistirán, si el PSOE forma gobierno, no en legislación radicalmente distinta sino más bien en retoques suavizados de las anteriores- necesita integrar de uno u otro modo en su proyecto a la práctica totalidad de la cámara, excepto al PP, bien sea con apoyos en Mayo a su investidura, bien sea con abstenciones, de tal manera que el conjunto implicado sume más que las alianzas del PP, siempre que finalmente no se produzcan nuevas elecciones y se trastoque poco o mucho el resultado de las últimas. En ese caso, la posición y la opción de pactos de Ciudadanos podría variar en función de dicho resultado y de cómo le afecte a este partido. 

De las dos principales alianzas que necesita Pedro Sánchez, Podemos y Ciudadanos, lo que se dirimía en los dos primeros intentos de investidura era cuál de ellos iba a adquirir  el estatus de socio preferido y cuál de socio secundario. 

Lo cierto es que para lograr ese objetivo Sánchez no podía reunir en la misma mesa al conjunto de los partidos y coaliciones electorales que necesitaba y dentro de ello, no podía particularmente juntar a la vez a Ciudadanos y a Podemos y ello por dos razones:
 ● Sentar a su lado a ambos partidos hubiera plasmado fotográficamente la imagen de que el PSOE era el “primus inter pares”, algo a lo que tanto Podemos como Ciudadanos se negaban, exigiendo cada uno su completa paridad con el PSOE porque su número de escaños le hacía especialmente necesario, por encima de otros partidos y coaliciones. Podemos sí podía ir, en cambio, a la mesa a 4 (PSOE, ellos, Compromís e IU) porque los valencianos y los de Garzón reforzaban la imagen de desproporción entre el partido morado y todo lo que no fueran ellos a la hora de negociar con el PSOE. Ambos partidos en dicha negociación, cuando la mesa se reunió con todos sus componentes, mostraron cierta subordinación con Podemos, que se debilitaría posteriormente al romperse la posibilidad negociadora cuando el PSOE decidió hablar aparte con Ciudadanos, presionando a su vez a Podemos con este diálogo particular.
 ● Podemos y Ciudadanos no podían permitirse reforzar la imprecisa sensación entre parte del electorado de que ambas no son formaciones tan distintas como aparentan -el protagonismo de su discurso regeneracionista y las estupendas relaciones entre sus líderes máximos en precampaña y campaña, tratando de transmitir la imagen de un “bipartidismo alternativo”, que no funcionó por falta de votos suficientes, al del PP y PSOE, reforzaron esta impresión-. Haber mantenido esa imagen habría relativizado su capacidad de presión a la hora de negociar con el PSOE, al tener más difícil justificar la reclamación de sus pesos respectivos en la negociación de forma que no fuese la burda demanda de cuotas de poder en un hipotético “gobierno de cambio”. Muchos votantes del PSOE y de Podemos difícilmente hubieran asumido que la falta de acuerdos por repartos de Poder permitiesen que Rajoy volviese a gobernar. Para esta base electoral hay una presuposición mágica de que el peor acuerdo “de cambio” es mejor que el mejor acuerdo para un gobierno del PP, psicología básica que el PSOE conoce muy bien y que Sánchez ha esgrimido para presionar a Podemos a unirse, a la vez que Ciudadanos, a su propuesta de gobierno.  

El PSOE maquiavélicamente sabía que, si no podía reunir a ambos partidos en un a misma mesa, la opción de reunirse primero con Ciudadanos era menos mala que la de hacerlo primero con Podemos, a pesar de que pueda dar la sensación contraria, dada el fracaso de los dos primeros intentos de investidura de Sánchez en parte, sólo en parte, propiciada por este movimiento. 

En primer lugar, la situación de Sánchez se ha consolidado dentro de su partido, cuestión importante. 

En segundo, la presentación de su candidatura en el Congreso evidenciaba aún más la parálisis del PP y la inacción en particular de Rajoy. 

En tercero ganaba tiempo al acordar primero con Ciudadanos para, a su vez, dárselo a Podemos, a fin de que este partido pudiese ir haciendo digerible a sus bases y a parte de sus electores que su partido entrase en una terna con otro partido al que hasta hacía bien poco los dirigentes morados habían acusado de ser una opción del IBEX 35. 

Para este objetivo era decisivo que fuese cuajando la sensación de desgobierno durante un largo período, y la amenaza de unas nuevas elecciones con resultados que pudieran ser similares, con la consiguiente perpetuación de la misma situación o de una alianza final que el PSOE había rechazado, de gobierno con el PP. O incluso otra poco probable pero posible tras unas nuevas elecciones: un pacto PP-Ciudadanos que éste partido justificaría como una salida patriótica a una situación de bloqueo pero que le unciría con efectos muy graves para sí a un grupo político enterrado por múltiples juicios de casos por corrupción.

Las tensiones que últimamente estamos viendo en Podemos tienen más que ver con las dificultades de gestión de los tiempos para la entrada en el mismo redil que Ciudadanos.   Precisamente es Íñigo Errejón quien más insistido en la cuestión de la “ventana de oportunidad” dentro la estrategia política de Podemos; estrategia que, con el tiempo, se ha mostrado mero oportunismo tacticista por sus cambiantes zigzgueos desde su origen hasta el día de hoy.

La ventana de oportunidad de la que habla Errejón tiene mucho que ver con los tiempos y su manejo.

En el manejo de los tiempos, tan importante en los procesos de negociación, la calma es una cuestión fundamental, como también lo es no perder en ningún momento de vista el análisis de la situación y de sus menores cambios, viendo fríamente el significado de estos, en qué modo afecta a la posición que se ocupa en cada instante dentro de la correlación de fuerzas políticas y sabiendo distinguir muy bien la diferencia entre apariencia y realidad en el movimiento de piezas dentro del tablero político que se produce en cada circunstancia. 

No es muy usual que los líderes carismáticos, o las imitaciones de tal cosa, sean capaces de mantener esa mente analítica en toda situación. 

Muy menudo, ese tipo de liderazgo va unido a una personalidad fuertemente narcisista que, cuando se patologiza por exceso de adulación y de culto a la personalidad, deriva en pérdida de contacto con la realidad y en comportamientos grotescos. 

Estoy hablando de Pablo Iglesias. En una entrevista con otro rey del ego y de la banalidad con pretensiones, el “cuñao” Risto Meijide, el secretario general de Podemos, seguramente queriéndose adaptarse a la falsa intimidad que da el chester, confiesa a su interlocutor en relación con su sobreexposición a los medios: 

“Me siento como una mujer guapa que entra al bar y se encuentra rodeada de babosos”  

Creo innecesario comentar la frase, ya que revela bien la patología del personaje. 

¿Qué decir de su antigua autodefinición como macho alfa, su ya aludida autoproposición como vicediós (vicepresidente dice él) de un gobierno de Sánchez o de la exhibición televisiva del beso con Xavier Domènech en el Parlamento. Fuera de que a De Guindos se le pusieran los ojos cuadrados ante la escena, el contínuo recurso a la cantinflada representa la ostentación como virtud de un ego enfermizo. 

Cuando el ego enferma hasta donde lo ha hecho el de Iglesias, los nervios se descontrolan ante lo que puede llegar a interpretarse no tanto como desprecio y agresión a la organización que se lidera, como al propio liderazgo y a su persona. 

Los políticos de temperamento sanguíneo -no sangriento, que es algo muy distinto- son expansivos, emocionales antes que reflexivos, excesivamente locuaces y muy influenciables por el entorno, aunque también grandes embacuadores. En cambio tienen tremendos estallidos de ira, son poco planificadores y se proyectan mucho en los demás; lo que en ocasiones coincide con una cierta tendencia a la paranoia. Confunde frecuentemente los intereses colectivos con los propios.

Y ahí tenemos lo de la “cal viva” de los GAL y Felipe González de Presidente por entonces que, con ser absolutamente cierto no parecía excesivamente oportuno y sutil si lo que quieres es que te nombren vicepresidente en un gobierno del mismo partido, por mucho que luego le mandes un tuit a Pedro Sánchez con beso incluido y le recuerdes la empalagosa “genialidad” de Monedero de que “Podemos es una fábrica de amor”. Histrión sobreactuado de entrada y patético clown de salida. A los partidarios del “Sálvame”  político de La Sexta les encantará ese tipo de payasadas. A los demás no. 

Sugiero se fijen en este vídeo en la cara de Íñigo Errejón cuando Pablo Iglesias alude al citado asunto de la cal viva. Habla por sí misma.


Los esfuerzos de Errejón de presentar un Podemos de “la gente normal”, al estilo de su proyección de imagen como político modosito y yerno perfecto, se los desbarata un Iglesias absolutamente descontrolado que, como toro herido por el puyazo, se le va la pinza y arremete furioso y con la cabeza baja. 

Nadie se equivoque. No estamos ante dos almas de Podemos, una más moderada (Errejón, Bescansa) y otra más radical (Iglesias, Pascual, Izquierda Anticapitalista) o ante tres corrientes ideológicas confrontadas, ni siquiera ante proyectos diferenciados dentro de un mismo partido. Todos ellos son lo mismo. Un grupo de oportunistas, con un programa que en lo económico empezó siendo socialdemócrata y ya apenas es tímidamente keynesiano, todo ello envuelto en un populismo transideológico.  

Sí cabe hablarse de un mismo círculo de poder original dentro de Podemos, el de Contrapoder de la Complutense al que fueron enganchándose colaboradores habituales de La Tuerka, Fort Apache o la Fundación de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) -ha cerrado su servidor web sin dar explicaciones- empleada para establecer contactos y hacer negocietes. A todos ellos se unió Izquierda Anticapitalista como espina dorsal organizativa y territorial inicial de la base militante de Podemos en un primer momento. 

Quien busque diferencias ideológicas estará cogiendo el rábano por las hojas. El populista laclaudiano Errejón había sido muy próximo a Izquierda Anticapitalista y esta organización siempre se consideró a sí misma como seguidora de un trotskismo light. 

El sector último que arribó en Podemos, el proveniente de Izquierda Unida (los propios Monedero e Iglesias pertenecieron a dicha organización. Monedero fue muchos años antes de las Juventudes Socialistas cuando estudiaba Ciencias Políticas) lo ha ido haciendo más como una suma de individualidades a la búsqueda de un sustento mejor, que como un colectivo homogéneo, aunque haya coordinado en gran medida sus pasos, y llega también desde una organización socialdemócrata. 

La bronca que ha estallado en el Consejo Ciudadano de Podemos de Madrid región, después de 5 gestoras regionales en otros territorios, tiene mucho de problemas heredados de origen -afiliación de aluvión, falta de ideología definida, oligarquización, falta de democracia interna, cesarismo caudillista en el liderazgo, enfrentamientos por cuotas de poder personal y, en el último período, y producto de haber fracasado el objetivo de “sorpasso” al PSOE, modo de gestionar los acercamientos al mismo, ritmo y forma de concretar su compromiso -facilitar el gobierno a Sánchez no se discute, salvo por el sector de Anticapitalistas y más como órdago que como intención real- con un gobierno de cambio y de progreso. 

Me atrevo a decir que íntimamente se asume también que Sánchez cuente tanto con Podemos como con Ciudadanos, por mucho aspaviento que ambos partidos escenifiquen en sentido contrario. El problema es de a quién de ellos considerará el PSOE su socio mayoritario porque ello, en el gobierno o fuera de él pero con apoyos programáticos, significa cuotas de “poder”

A Podemos ya le ha llegado el mensaje. Se lo ha mandado Público, su primera sede y boletín oficial, con su encuesta del 3 de Marzo en la que afirmaba que de repetirse las elecciones, una coalición en la que Ciudadanos se acercaría mucho a Podemos y PP estaría a un escaño de la mayoría absoluta, mientras Podemos seguiría estancado sin superar al PSOE, aunque éste descendiese en escaños. Hay que señalar que esta encuesta fue hecha y publicada antes de la bronca de las dimisiones en el Cosejo Ciudadano de la Región de Madrid. 

Que para Podemos podría comenzar a pintar bastos, y a cerrarse la errejoniana ventana de oportunidad si no andan listos, se lo han confirmado después El País, ABC y La Razón (que pertenece al mismo grupo editorial que La Sexta). Y sí, las encuestas, independientemente de qué medios las encarguen y difundan, tienen la función no sólo de reproducir una cierta intención de voto en un momento determinado, sino también de orientar esa misma intención (en la dirección de voto útil) y de condicionar los comportamientos de los dirigentes políticos. 

Pero curiosamente en esas encuestas coinciden en que Podemos puede verse perjudicado en una nueva situación tanto un medio proPodemos como las de los que dicen ser antiPodemos (significativo cómo La Razón salió hace días defendiendo al partido morado frente a los ataques y el intento de destruirlo por parte del PSOE, según el periódico que dirige Marhuenda). 

Cuando esto sucede cabe extraer las siguientes conclusiones. 
 1. Las payasadas de Podemos y sus socios en la constitución de las cámaras y los exabruptos de Pablo Iglesias en el debate de investidura de Pedro Sánchez no han gustado a una parte de sus votantes, previsiblemente a un sector de los más tradicionales proveniente del PSOE. 
 2. Podemos pierde fuelle, aunque sea momentáneamente, y el capital da ya por más que amortizado al PP y a Rajoy y necesita caballos de refresco, que bien pueden ser esos partidos del cambio (PSOE, Podemos, Ciudadanos) con dirigentes jóvenes y que parecen no tener pasado. 
 3. Viene una segunda fase dura de la crisis capitalista y Bruselas exige nuevos recortes. 
 4. El PP no está en condiciones, con la madre de todas las corrupciones, saliéndole precisamente ahora, a la vez por todos los poros mediáticos, los más confrontados y los más amigos, para dirigir una nueva vuelta de tuerca sobre la clase trabajadora. ¿Qué mejor que una operación de recambio? Y si para hacerlo más rápido, hay que insuflar un poco de realismo en el entorno podemita, se insufla. 

Pero nadie se equivoque, la crisis no se la ha creado nadie a Podemos. Es suya. Nadie se ha inventado 10 dimisiones, muchas de ellas de diputados y de dirigentes que también lo son a nivel nacional. 

De hecho, el secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, Luis Alegre, ha reconocido que el principal problema del impacto de las citadas dimisiones tiene su origen en filtraciones internas realizadas por militantes de la formación morada. 

La respuesta de otros dirigentes de acusar a agentes externos a Podemos (PSOE, medios de comunicación) es la respuesta típica de los partidos políticos que creen que la transparencia debe acabar cuando empiezan las malas noticias y que se comporta de un modo paranoico inventando enemigos externos para negar los conflictos internos. 

Simplemente se le ha dado aire, en medios amigos y enemigos, y el objetivo no es destruirla. Por lo mismo ningún medio ha hablado, de momento, de que ha habido un intento, hasta el momento frenado, de dimisiones también en bloque en el Consejo Ciudadano Municipal de Madrid capital, el que dirige el mediocre arribista y sujeto sin escrúpulos Jesús Montero, esbirro de la familia Botín. ¿Por qué se ha callado esto último? Porque se trata de disciplinar a estos chicos, de hacerles entrar rápidamente en razón, no de destruir un juguete que tan bien les ha venido como refresco del sistema político burgués. 

Pero cuidado porque los que han amagado con dimitir dentro del Consejo Ciudadano Municipal de Madrid podrían hacerlo a la vuelta de la Semana Santa y sus motivos podrían ser más incuestionables, dado que esgrimen como argumentos su decepción y sentimiento de haber sido engañados respecto a los proyectos de cambio de Ahora Madrid desde el Ayuntamiento de la capital de España, cosa que algunos ya dijimos desde el minuto 1 de la toma de posesión de Manuela Carmena que sucedería.

Hecho este último paréntesis, creo que los podemitas ya han entendido el mensaje. De momento, han ensayado con el PSOE ir juntos en diversas votaciones en el Parlamento y ¡oh sorpresa!, los ruidos mediáticos sobre la crisis de Podemos han acabado. Sospecho que esta fase de la crisis podemita no ha terminado en absoluto, hasta que todo el partido tome una misma decisión respecto a los pactos. Un par de encuestas más y tras estas vacaciones de Semana Santa los penitentes morados volverán mucho más “calmados, dialogantes y sensatos”, tanto que habrá abrazo del reformismo para una “segunda transición”, dentro del orden que forjaron los pactos del 78, claro está, aunque con ligeros retoques de maquillaje “empoderado”. ¡Ah, y por el resultado de la cyberconsulta de la dirección podemita a sus bases sobre los pactos no se preocupen! ¿Cuándo ha sido eso un problema en Podemos?