11 de enero de 2012

IRAQ: UN PAÍS EN RUINAS

Dahr Jamail. Al Jazeera English


Mientras el repiqueteo diario de la violencia continúa reverberando por todo Iraq, su pueblo sigue luchando por encontrar un ápice de normalidad, una tarea cada vez más titánica debido a la violencia actual y a la escasez tanto de agua como de electricidad.

Desde que se inició la invasión de Iraq dirigida por EEUU, la administración Bush prometió que la guerra traería una vida mejor a los iraquíes e inmensas mejoras a su infraestructura, gravemente debilitada por casi trece años de asfixiantes sanciones económicas.

Y así se iba prometiendo también que habría más puestos de trabajo, mejoras en la disponibilidad del agua, mayor y mejor suministro eléctrico y una importante rehabilitación de las infraestructuras sanitarias.

Pero ahora que el ejército estadounidense ha puesto formalmente fin a la ocupación militar de Iraq, tras casi ocho años de guerra, las promesas se convirtieron en poco más que un espejismo.
Escasez constante de agua

Hashim Hassan es el director adjunto de la Autoridad para el Agua de Bagdad (AAB), y admite que los siete millones de habitantes que tiene Bagdad están continuamente padeciendo cortes en el suministro de agua potable.

“Producimos unos 2,5 millones de litros cúbicos al día, y eso hace que tengamos una escasez de 1 millón de metros cúbicos”, explicó Hassan a Al Jazeera. “Hemos incorporado varios proyectos para aumentar la disponibilidad de agua y confiamos en que para finales de 2012 estén corregidas las actuales carencias.”


Según Hassan, el 80% de la red de tuberías de Bagdad necesita rehabilitación –en la que actualmente se trabaja- además de la colocación de 100 unidades compactas en los alrededores de la ciudad, lo que incrementará las disponibilidades de agua potable hasta que estén entren en pleno funcionamiento plantas de mayor calibre.

Se han ampliado ya varias plantas de tratamiento de aguas, incluida una que aumentará la capacidad de las instalaciones de tratamiento de aguas residuales en Sadr City, una inmensa barriada de chabolas con tres millones de habitantes.

Hassan dijo que los comités sanitarios y el ministerio para el medio ambiente iban a realizar una serie de pruebas, que junto con las pruebas de la AAB, hace que cada día se controlen 1.000 muestras de agua, de las que “menos del 1% salen mal”, dijo. El “umbral aceptable” es del 5%.
Bechtel, una compañía global multimillonaria de construcción e ingeniería que tiene su sede en EEUU –y cuya junta de gobierno tiene estrechos lazos con la anterior administración Bush-, recibió 2.300 millones de dólares de los fondos destinados a la reconstrucción de Iraq del dinero de los contribuyentes estadounidenses, pero se fue del país sin completar la mayor parte de las tareas que tenía asignadas.

El contracto de Bechtel para Iraq incluía la reconstrucción de los sistemas de tratamiento de aguas, centrales eléctricas, sistemas de alcantarillado, aeropuertos y carreteras.
Los gestores de los departamentos de aguas que se ocupan de Iraq dicen que las únicas reparaciones que se llevaron a cabo durante la ocupación estadounidense fueron a través de agencias de la ONU y de organizaciones de ayuda humanitaria. El ministerio les proporcionó tan solo un poco de cloro para el tratamiento del agua. Los “nuevos proyectos” no eran más que simples operaciones de mantenimiento que bien poco pudieron hacer para impedir que la infraestructura se viniera abajo.

Bechtel estaba entre las primeras compañías, junto con Halliburton (donde el ex vicepresidente estadounidense Dick Cheney había trabajado anteriormente), que recibieron contratos de tarifa fija redactados para asegurar los beneficios.

Ahmed al-Ani, que trabaja con una importante compañía de contratos de construcción iraquí, dijo a Al Jazeera que el modelo adoptado por Bechtel estaba abocado al fracaso.
“Cobraban sumas inmensas de dinero por los contratos que firmaban, después se los vendían a compañías más pequeñas que las volvían a vender de nuevo a pequeños contratistas iraquíes sin experiencia”, dijo Ani. “Esos contratistas sin experiencia tenían después que ejecutar mal los trabajos debido a las ínfimos precios que habían que les habían pagado y a su falta de experiencia.”

Según un informe de marzo de 2011 de la Unidad de Análisis e Información Inter-Agencias de la ONU, uno de cada cinco hogares utiliza una fuente insegura de agua potable, y hasta un 16% informan de problemas diarios en el suministro.

La situación es incluso peor en las zonas rurales, donde sólo el 43% tiene acceso a agua potable segura, y el agua disponible para la agricultura es normalmente muy escasa y de muy pobre calidad. Estos hechos han provocado que cada vez más iraquíes abandonen las comunidades rurales en búsqueda de agua y trabajo en las ciudades, agravando aún más los problemas ya existentes en las mismas.

El informe de las Naciones Unidas afirma: “La calidad del agua utilizada para beber y para la agricultura es pobre, violándose los estándares nacionales iraquíes y las directrices de la OMS. El alcantarillado y las fosas sépticas están contaminando con aguas residuales la red de agua potable. El 80% de los hogares no trata el agua antes de beberla. Además, solo se somete a tratamiento el 18% de las aguas residuales, con los cual el resto va directamente a parar a las vías fluviales”.

Y eso es exactamente lo que muchos iraquíes sufren de primera mano.

“Algunas veces abrimos el grifo y no sale nada”, explicaba Ali Abdullah, vecino de Bagdad. “Otras veces el color del agua que sale es marrón, o amarillo, o incluso en ocasiones huele a benceno.”

Electricidad y aguas residuales
Los generadores eléctricos situados en la calle son ahora algo frecuente en la capital de Iraq, donde la media de los hogares recibe entre cuatro y ocho horas de electricidad al día. En algunas áreas, como Ciudad Sadr, reciben una media de menos de cinco horas al día, y en algunos de los barrios de esa zona incluso tan solo una hora o dos al día, y en ocasiones nada en absoluto.
Mucha gente opta por pagar la electricidad proveniente de los generadores a vendedores privados, que son quienes conectan los cables de sus respectivos clientes.


Nabil Tufiq es un operador de generadores que suministra electricidad a 220 hogares doce horas al día.

“Compramos nuestro diesel en el mercado negro, no al gobierno”, dijo a Al Jazeera. “Nos tememos que ese negocio continuará siempre porque la corrupción del gobierno les impide arreglar nuestros problemas”.


Abu Zahra, un coordinador de la oficina del clérigo chií Muqtada al-Sadr con los medios en Ciudad Sadr, explicaba que, además de la actual carencia de electricidad, es necesario rehabilitar todos y cada uno de los aspectos de la infraestructura de la zona.

“Estamos dependiendo de los generadores de la calle”, dijo Zahra, antes de proseguir diciendo que las carreteras han sido reparadas, pero que debido a que la corrupción reduce los presupuestos, el pavimento empieza a agrietarse y se hace añicos en seis meses, haciendo que el ciclo empiece de nuevo.

Todo eso resulta evidente porque en las calles llenas de basura abundan los desniveles, las grietas y los baches.

En cuanto se sale de las principales arterias, uno encuentra enseguida calles sucias con aguas residuales saliendo de las alcantarillas.

Zahra dijo que una de las esperanzas de Sadr al incorporarse a la refriega política era que esta zona de Bagdad obtuviera mejores servicios, pero eso es algo que aún no ha ocurrido.

“Sadr le pidió al gobierno que proporcionara mejores servicios y puestos de trabajo aquí, pero nada de eso se ha producido”, dijo, mientras los niños jugaban cerca de las aguas residuales.


“Aquí ha habido manifestaciones con la gente cargada con palas pidiendo trabajo y latas vacías de queroseno para pedir fuel. Mientras tanto, tenemos un sistema de alcantarillado enormemente dañado que necesita de una total reconstrucción.”


Aunque las diarreas y las enfermedades transmitidas por el agua son comunes por todo Bagdad, en Ciudad Sadr están omnipresentes debido a que la falta de agua potable, unida a las aguas negras que fluyen por muchas de las calles, hace que las enfermedades se propaguen de forma inevitable.

Toufiq señaló un cuestión que no pinta nada bien para el futuro, y que probablemente describe muy bien la raíz de la miríada de problemas de Iraq.

“Mucha gente está viviendo a partir del destrozo que sufre el sistema”, dijo. “Desde el gobierno, hasta yo mismo, hasta los vendedores de gas.”

Economía rota
Según el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas, Iraq tiene una tasa de pobreza del 23%, lo que significa que alrededor de seis millones de iraquíes sufren pobreza y hambre a pesar del reciente incremento de las exportaciones de petróleo iraquí. El ministerio de planificación de Iraq ha anunciado también el país necesita unos 6.800 millones de dólares para reducir el nivel de la pobreza.


Zahra asiente.

“Nadie en mi familia tiene trabajo”. “Y en casa de mi hermana, que hay siete adultos, sólo dos de ellos trabajan.”


Hassan Jaibur, un enfermero que no puede encontrar trabajo en lo suyo, está vendiendo fruta. “La situación es mala y va a empeorar aún más”, dijo. “Los precios continúan subiendo y no hay puestos reales de trabajo. Todo lo que podemos hacer es sobrevivir cada día.”

Jaibur dijo que él y su familia viven de la fruta que vende, pero que tiene un niño enfermo y cualquier ganancia que obtiene se le va entera en medicamentos.

“Todos mis parientes y amigos están en una situación parecida”, añadió. “La mayor parte de ellos trata de encontrar trabajo cada día como peón.”


Gheda Karam vende dátiles y fruta. Su marido se quedó paralizado durante la guerra Irán-Iraq, y el subsidio que obtienen del gobierno por su invalidez es totalmente insuficiente.

“Mi familia está sufriendo mucho”, dijo a Al Jazeera. “Ayer no teníamos nada para cenar. Somos veinte en una vieja casa y soy la única que trabaja.”


El llanto no la dejaba seguir hablando, después se secó las lágrimas.

“Mis niños ven cosas en el mercado que desean comer o beber, pero no podemos permitirnos nada, y yo le debo dinero a los vendedores de frutas. ¡Que Dios nos ayude!”


El estado de la economía en Iraq es de desastre absoluto. ¡Qué ironía ante el hecho de que Iraq tenga las mayores reservas de petróleo del mundo después de Arabia Saudí y de Irán! ¿No cabría esperar que fuera uno de los países más prósperos del mundo?

Pero en ninguna parte se hace tan evidente la ausencia de crecimiento económico como en Bagdad. Según el Banco Central de Iraq, el desempleo y el “subempleo” se sitúan ambos en el 46%, aunque muchos en Iraq piensan que esa es una generosa estimación a la baja.

Iraq continúa teniendo una economía de dinero efectivo; lo que significa que no hay tarjetas de crédito, casi no hay cuentas corrientes, no hay transferencias electrónicas de fondos y sólo unos pocos cajeros automáticos.

Iraq carece de servicio postal operativo, no dispone de transporte público ni de línea aérea nacional y la mayoría de los artículos que se venden son de importación.

Solo en la región autónoma del Kurdistán, en el norte de Iraq, hay un rápido desarrollo y un gobierno operativo.

Iraq se sitúa en el lugar octavo entre los países más corruptos del mundo, según Transparencia Internacional. Esto significa que Iraq se iguala con Haití y es solo un poco menos corrupto que Afganistán.

Uno de los ministros iraquíes se vio obligado a dimitir recientemente porque había firmado un contrato por valor de mil millones de dólares con una compañía alemana en bancarrota y con una empresa fantasma canadiense que ni funcionaba ni tenía activos, tan solo una dirección.

Falta de seguridad
Las series recientes de explosiones coordinadas de bombas que han matado a más de cien iraquíes y herido a más de doscientos en las últimas semanas son una prueba de la actual situación de la seguridad en Iraq.

A pesar de que las fuerzas que integran el ejército iraquí alcanzan la cifra de 280.000 soldados, además de 645.000 policías y guardias de frontera, hasta totalizar casi un millón de hombres y con la capital plagada de controles, la seguridad es algo que brilla por su ausencia.

Como dijo recientemente el primer ministro Nour al-Maliki, no puede haber seguridad sin estabilidad política. Debido a que sus críticos acusan a al-Maliki de alterar el delicado equilibrio político dentro del gobierno iraquí al ordenar el arresto del vicepresidente Tariq al-Hashimi, sus palabras parecen, irónicamente, más verdaderas que nunca.

A pesar de que gran parte de la violencia diaria en Iraq ha disminuido desde los momentos más álgidos, se informa constantemente de que la sangre sigue derramándose.

Los ataques que se produjeron por todo el país el 3 de enero incluyeron una bomba colocada junto a la carretera que mató a un soldado iraquí cerca de Mosul, una bomba-lapa que hirió seriamente a un guarda peshmerga en Kirkuk, un episodio violento en Muqdadiya en el que un grupo de pistoleros asesinó a un miembro de la milicia Sahwa y a su mujer, y otra bomba en la carretera que hirió a tres civiles en Bagdad, por citar solo unos cuantos sucesos.

Cuando a los iraquíes se les pregunta cuál es su principal preocupación, la primera respuesta suele ser la “seguridad”, seguida después de la electricidad, el agua, el trabajo y la atención sanitaria. Pero la seguridad es el cimiento sobre el que debe construirse el resto de las infraestructuras, por eso los continuos ataques por todo Iraq y el caos que suponen no auguran nada bueno para el futuro.

En diciembre de 2011, Iraq firmó un acuerdo aproximado por valor de 3.000 millones de dólares para comprarle a EEUU 18 aviones más de combate F-16, un hecho controvertido acerca del cual los críticos de Maliki dicen que solo le preocupa consolidarse en el poder.

En diciembre, durante una conferencia de prensa con al-Maliki, el presidente Obama dijo: “Vamos a entrenar a los pilotos [iraquíes] y asegurarnos de que se capaciten para que Iraq pueda tener una fuerza aérea eficaz”.

La mayoría de los iraquíes preferirían tener calles seguras antes de preocuparse acerca del espacio aéreo.

Y para las personas como Gheda Karam, cuya familia tiene que saltarse alguna comida habitualmente, sería preferible un gobierno que gastara esos 3.000 millones de dólares en mejorar la infraestructura y la economía en vez de deciarse a comprar aviones de guerra dotados de las últimas tecnologías.



Traducido del inglés por Sinfo Fernández

10 de enero de 2012

EL ANTIIMPERIALISMO DE LOS TONTOS

James Petras. La Haine

Una de las mayores paradojas de la historia son las proclamas de los políticos imperialistas de que están llevando a cabo una gran cruzada humanitaria, una "misión civilizadora" histórica para liberar naciones y pueblos, mientras implementan las conquistas, las guerras destructivas y el derramamiento masivo de sangre más barbárico de pueblos conquistados en la memoria histórica.

En la era capitalista moderna, las ideologías de los gobernantes imperialistas varían con el tiempo, desde los primeros reclamos por el "derecho" a la riqueza, al poder, a las colonias y a la grandeza hasta los reclamos posteriores de "misión civilizadora". Más recientemente, los gobernantes imperiales han propagado numerosas y diversas justificaciones adaptadas a adversarios, circunstancias, audiencias y contextos específicos.

Este ensayo se enfocará en el análisis de los argumentos ideológicos de EE.UU. como imperio contemporáneo para legitimizar guerras y sanciones con el fin de mantener su rol predominante.

Contextualizar la ideología imperial
La propaganda imperialista varía según esté dirigida contra un competidor por el poder global, o para justificar la aplicación de sanciones, o para entablar una guerra abierta contra un adversario socio-político local o regional.

La propaganda imperial de EE.UU. ha cambiado con el tiempo con respecto a competidores de imperios establecidos (Europa) o a competidores de economías emergentes (China). A principios del siglo XIX, Washington anunciaba la Doctrina Monroe, denunciando las políticas de Europa para colonizar América Latina, y de esa manera defendiendo sus propios proyectos imperiales para esta región. En el siglo XX cuando los políticos imperiales de EE.UU. estaban desplazando a Europa de las colonias proveedoras de materias primas en el Medio Oriente y en África, la propaganda abarcó varios temas. Condenaba 'las formas coloniales de dominación' y promovía las transiciones 'neo-coloniales' que terminaron con los monopolios europeos y permitieron la penetración de las corporaciones multinacionales promovida por EE.UU. Esto fue evidente durante y después de la II Guerra Mundial, en los estados petroleros del Medio Oriente.

Durante la década de 1950 mientras EE.UU. asumía una primacía imperial y surgía el nacionalismo radical anticolonialista, Washington hizo alianzas con el poder colonial decadente en la lucha contra el enemigo común y para apoyar a los poderes postcoloniales en la lucha contra el enemigo común. Europa, incluso en el periodo posterior a la II Guerra Mundial, durante la recuperación económica, el crecimiento y la unificación, trabajó en conjunto con EE.UU. y bajo el liderazgo de éste para reprimir insurgencias y regímenes nacionalistas. Cuando se presentan conflictos y rivalidades entre los regímenes, bancos y empresas de EE.UU. y Europa, los medios de comunicación masivos publican "hallazgos investigativos" resaltando los fraudes e ilegalidades de sus competidores... y las agencias reguladoras de EE.UU. aplican multas severas a sus pares europeos, mientras toleran prácticas similares implementadas por las firmas financieras de Wall Street.

Recientemente, el auge del imperialismo militarista y de las guerras coloniales alimentadas por los defensores de Israel en EE.UU. ha conducido a serias divergencias entre el imperialismo estadounidense y el europeo. Con la excepción de Inglaterra, Europa hizo un compromiso simbólico mínimo con las guerras de EE.UU. y la ocupación de Irak y Afganistán. Alemania y Francia se concentraron en expandir sus mercados de exportación y capacidades económicas, desplazando a EE.UU. en mercados principales y sitios de recursos. La convergencia de los imperios estadounidenses y europeos condujo a la integración de las instituciones financieras y a la subsiguiente crisis y colapso común pero sin una política coordinada de recuperación. Los ideólogos de EE.UU. propagaron la idea de una "Unión Europea decadente", mientras que los ideólogos europeos enfatizaron los fracasos de los 'mercados libres', des-regulados, angloamericanos y de los fraudes de Wall Street.

Ideología imperial, poderes económicos emergentes y desafíos nacionalistas
Hay una larga historia de "antiimperialismo" imperialista, condenas patrocinadas oficialmente, denuncias e indignación moral dirigidas exclusivamente contra rivales imperialistas, poderes emergentes o simples competidores, que en algunos casos siguen sencillamente los pasos de los poderes imperiales establecidos.

Los imperialistas ingleses en su época de apogeo justificaron el saqueo de tres continentes perpetuando la "leyenda negra" de la "crueldad excepcional" del imperio español hacia los pueblos indígenas de América Latina, mientras se embarcaban en el tráfico de esclavos africanos a gran escala y con las mayores ganancias. Mientras que los colonizadores españoles esclavizaban a los pueblos nativos, los colonos anglo-americanos los exterminaban...

En el periodo previo a la II Guerra Mundial, los poderes europeos y estadounidense, mientras explotaban sus colonias de Asia condenaban al poder imperial japonés por la invasión y colonización de China. Japón, por su parte, proclamaba que estaba encabezando la lucha de Asia contra el imperialismo occidental y proyectaba una esfera de co-prosperidad postcolonial entre socios iguales de Asia.

El uso imperialista de la retórica moral "antiimperialista" fue diseñado para debilitar a los rivales y estaba dirigido a diversas audiencias. De hecho, en ningún momento la retórica antiimperialista sirvió para "liberar" a los pueblos colonizados. En casi todos los casos el poder imperial triunfante solo sustituyó una forma colonial o neo-colonial por otra.

El "antiimperialismo" de los imperialistas está dirigido a los movimientos nacionalistas de los países colonizados y al público local. Los imperialistas británicos fomentaron revueltas entre las elites agro-mineras de América Latina prometiéndoles "libre comercio" en oposición a las reglas mercantilistas de España; apoyaron la "autodeterminación" de los dueños de plantaciones algodoneras esclavistas del Sur de EE.UU. contra la Unión; apoyaron los reclamos territoriales de los líderes iroqueses contra los revolucionarios anticolonialistas de EE.UU.; explotaron reivindicaciones legítimas con propósitos imperialistas.

Durante la II Guerra Mundial, los imperialistas japoneses apoyaron a un sector del movimiento nacionalista anticolonialista de la India en contra del Imperio Británico. EE.UU. condenó la ocupación colonial de España en Cuba y las Filipinas y declaró la guerra para "liberar" a los pueblos oprimidos de la tiranía... y se quedó allí para imponer un régimen de terror, explotación y gobierno colonial...

Los poderes imperiales buscan dividir los movimientos anticoloniales y crear futuros "gobernantes-clientes" si tienen éxito. El uso de la retórica antiimperialista fue planeado para atraer a dos tipos de grupos. Un grupo conservador con intereses económicos y políticos comunes con el poder imperial, que comparte la hostilidad hacia los nacionalistas revolucionarios y busca una posición ventajosa al conectarse con el poder imperial emergente. Un sector radical del movimiento que busca una alianza táctica con el poder imperial emergente, con la idea de usar este poder imperial emergente para conseguir recursos (armas, propaganda, vehículos, ayuda financiera) y, una vez que logre llegar al poder, deshacerse de este imperio. En la mayoría de los casos, en este juego de manipulación mutua entre imperio y nacionalistas, el imperio ha ganado... como sucede en la actualidad.

La retórica "antiimperialista" del imperio estuvo dirigida también al público local, especialmente en países como EE.UU. en el que se apreciaba el legado anticolonialista del siglo XVIII. El propósito era ampliar la base de construcción del imperio más allá de los imperialistas leales de línea dura, los militaristas y los beneficiarios corporativos. Su discurso buscaba incluir a liberales, humanitarios, intelectuales progresistas, religiosos y moralistas seculares al igual que a otros "formadores de opinión" que gozaban de un cierto prestigio con el gran público, con aquellos que pagarían con su vida y con los impuestos por las guerras coloniales y las guerras entre los imperios.

Los voceros oficiales del imperio publicitan atrocidades reales y fabricadas de los imperios rivales, y resaltan la causa de las víctimas colonizadas. La elite corporativa y los militaristas de línea dura exigen acción militar para proteger su propiedad, o para apoderarse de recursos estratégicos; los humanitarios y progresistas denuncian los "crímenes contra la humanidad" y se hacen eco de los llamamientos a "hacer algo concreto" para salvar a las víctimas del genocidio. Sectores de la Izquierda se unen al coro, hallan un grupo de las víctimas que encaja en su ideología abstracta, y piden que los poderes imperiales "armen a la gente para que estos se liberen a sí mismos" (sic). Al brindar apoyo moral y un barniz de respetabilidad a la guerra imperial, al tragarse la propaganda de "guerra para salvar a las víctimas" los progresistas se convierten en el prototipo de los defensores del "antiimperialismo de los tontos". Al asegurarse un amplio apoyo público en las bases del "antiimperialismo", los poderes imperialistas se sienten libres para sacrificar las vidas de los ciudadanos y el tesoro público, para hacer la guerra, alimentada por el fervor moral de una causa justa. Mientras que la carnicería continúa y las bajas crecen, y el público se cansa de la guerra y de su costo, el entusiasmo de los progresistas e izquierdistas se apaga o, peor aún, se hace hipocresía moral con reclamos de que "la naturaleza de la guerra ha cambiado" o "esta guerra no es como pensábamos que iba a ser". ¡Como si los señores de la guerra hubieran pensado alguna vez en consultar con los progresistas y la izquierda sobre cómo y por qué deberían hacer guerras imperiales!

En el periodo contemporáneo las "guerras antiimperialistas" y agresiones imperialistas han recibido una gran ayuda y apoyo de "bases" muy bien financiadas, las llamadas "organizaciones no-gubernamentales", las que movilizan a movimientos populares, los cuales pueden hacer "invitaciones" para agresiones imperiales.
A lo largo de las últimas cuatro décadas el imperialismo estadounidense ha fomentado al menos dos docenas de movimientos de "base" que han destruido gobiernos democráticos, o han diezmado estados sociales o han provocado daños mayores en las economías de determinados países.

En Chile a lo largo de 1972-73 durante el gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende, la CIA financió y proveyó ayuda importante -a través de la AFL-CIO- a los propietarios de camiones para paralizar el flujo de bienes y servicios. También financiaron la huelga de un sector del gremio de trabajadores del cobre (en la mina de El Teniente) para perjudicar la producción y exportación de cobre, en preparación para el golpe de estado. Después de que los militares tomaron el poder, varios representantes del gremio de "las bases" del partido Demócrata Cristiano participaron en la purga de activistas de izquierda que habían sido elegidos por el gremio. ¡No hace falta decir que en un corto tiempo los dueños de camiones y los trabajadores del cobre terminaron la huelga, dejaron de lado sus exigencias y poco después perdieron todos sus derechos de reclamo y negociación!

En la década de 1980 la CIA, mediante contactos en el Vaticano, transfirió millones de dólares para financiar al gremio "Solidaridad" de Polonia, transformando en héroe al trabajador portuario de Gdansk Lech Walesa, quien encendió la chispa de la huelga general que derrocaría al régimen comunista. Con la caída del comunismo también desaparecieron el empleo garantizado, la asistencia social y la militancia gremial: los regímenes neoliberales redujeron la fuerza de trabajo en Gdansk en un cincuenta por ciento y finalmente cerraron el astillero, despidiendo a todo el personal. Walesa se jubiló con una magnífica pensión, mientras que sus ex compañeros de trabajo terminaron en la calle y los nuevos gobernantes "independientes" de Polonia le otorgaron a la OTAN bases militares y mercenarios para las guerras imperiales en Afganistán e Irak.

En 2002, en Venezuela, la Casa Blanca, la CIA, la AFL-CIO y ONGs, apoyaron el golpe militar, de negocios y de burócratas sindicales liderado por organizaciones de "base" que derrocó al Presidente electo Chávez. En 48 horas una movilización de un millón de bases auténticas, los pobres de la ciudad, apoyados por las fuerzas militares constitucionalistas derrotaron a los dictadores apoyados por EE.UU. y restauraron a Chávez en el poder. A continuación ejecutivos petroleros dirigieron un lockout, o cierre patronal, apoyado por varias ONGs financiadas por EE.UU. Fueron derrotados por la toma obrera de la industria petrolera. El golpe fracasado y el cierre patronal le costaron a la economía venezolana miles de millones de dólares en pérdidas y causaron una baja de dobles dígitos en el PIB.

EE.UU. apoyó a yijadistas armados de "organizaciones de base" para que "liberaran" Bosnia y armó a terroristas de "organizaciones de base" del Ejército de Liberación de Kosovo para que desintegraran Yugoslavia. Casi toda la izquierda occidental festejó mientras EE.UU. bombardeaba Belgrado, destruía la economía y proclamaba que estaba "respondiendo ante un genocidio". Kosovo "libre e independiente" se volvió un enorme mercado para la trata de personas, alojó a la base militar de EE.UU. más grande en Europa, con la más alta tasa de emigración por habitante en Europa.

La estrategia imperial de "organizaciones de base" combina la retórica antiimperialista, democrática y humanitaria con el entrenamiento y financiación de ONGs locales y con el bombardeo informativo de los medios masivos para movilizar la opinión pública occidental y especialmente de los "críticos morales izquierdistas prestigiosos" detrás de sus abusos de poder.

Las consecuencias de los movimientos "antiimperialistas" promovidos por el imperio: ¿Quién gana y quién pierde?
El récord histórico de los movimientos "antiimperialistas" y de "organizaciones de base" promovidos por el imperio es uniformemente negativo. Vamos a resumir los resultados. En Chile, la huelga liderada por "la organización de base" de los dueños de camiones condujo a la brutal dictadura militar de Augusto Pinochet y a casi dos décadas de tortura, muerte, encarcelamiento y exilio forzado de cientos de miles de personas, a la imposición de "políticas de libre mercado" brutales y a la subordinación a las políticas imperiales de Estados Unidos. En resumen, las corporaciones multinacionales del cobre y la oligarquía chilena fueron los grandes ganadores y la masa de la clase obrera, de los pobres del campo y de la ciudad fueron los grandes perdedores. Las "revueltas de organizaciones de base" apoyadas por EE.UU. en Europa del Este contra la dominación soviética, cambiaron la dominación rusa por la estadounidense; la subordinación al Pacto de Varsovia por la OTAN; la transferencia masiva de empresas, bancos y medios públicos nacionales a multinacionales occidentales. La privatización de empresas nacionales condujo a niveles sin precedentes de desempleo en los dobles dígitos, enormes aumentos de la renta y de los índices de pobreza de los jubilados. La crisis fue la causa de que millones de trabajadores, entre los más educados y capacitados, dejaran sus países y de la eliminación de los sistemas públicos y gratuitos de salud pública, educación superior y hoteles vacacionales para trabajadores.

A lo largo de la, ahora capitalista, Europa del Este y Unión Soviética bandas de crimen organizado desarrollaron redes a gran escala de tráfico de drogas y prostitución; empresarios-delincuentes locales y extranjeros tomaron control de las lucrativas empresas públicas y formaron una nueva clase de políticos oligárquicos súper-ricos. Estos junto a la gente de negocios y de profesionales conectados a 'socios' occidentales fueron los ganadores socio-económicos. Los grandes perdedores fueron los pensionados, los obreros, los trabajadores de las granjas colectivas, los jóvenes sin empleo al igual que los artistas culturales que antes recibían subsidios. Las bases militares en Europa del Este se convirtieron en la primera línea militar de ataque contra Rusia y en el blanco de cualquier contra-ataque.

Si midiéramos las consecuencias del cambio de imperio en el poder, sería claro que los países de Europa del Este se han vuelto más dependientes bajo la órbita de EE.UU. y de Europa que cuando estaban bajo la influencia de Rusia. Las crisis financieras occidentales han devastado sus economías; las tropas de Europa del Este han participado en más guerras con la OTAN que bajo el dominio soviético; los medios culturales están bajo control comercial occidental. Por sobretodo, el grado de control imperial sobre todos los sectores económicos excede de lejos lo que existía con los soviéticos. Los movimientos de "base" de Europa del Este tuvieron éxito en profundizar y extender el imperio estadounidense; los grandes perdedores fueron los defensores de la paz, la justicia social, la independencia nacional, el renacimiento cultural y el bienestar social con valores democráticos.

Entre los grandes perdedores figuran también los liberales, progresistas e izquierdistas occidentales que se enamoraron del "antiimperialismo" de los imperialistas. Su apoyo a los ataques de la OTAN en Yugoslavia condujeron a la desintegración de un estado multinacional, y al establecimiento de enormes bases militares de la OTAN y de un paraíso para el tráfico de personas en Kosovo. Su apoyo ciego a la "liberación" prometida por el imperio de Europa del Este devastó el estado social, eliminando la presión sobre los regímenes occidentales de competir proveyendo asistencia social. Los principales beneficiarios de los avances imperiales de Occidente mediante revueltas de "las organizaciones de base" fueron las corporaciones multinacionales, el Pentágono y los neo-liberales de derecha defensores del libre mercado. A medida que el espectro político en su integridad se movió a la derecha, un sector de la izquierda y de los progresistas se les unió. Los moralistas de izquierda perdieron credibilidad y apoyo, sus movimientos pacifistas se debilitaron, sus "críticas morales" se apagaron. Los izquierdistas y progresistas que se sumaron a los "movimientos de base" apoyados por el imperio, ya sea en nombre del "anti-estalinismo", o de la "pro-democracia", o del "antiimperialismo", no han hecho ninguna reflexión crítica; ni ningún esfuerzo para analizar las consecuencias negativas de largo plazo que han tenido sus posturas respecto a la pérdida de asistencia social, independencia nacional o dignidad personal.

La larga historia de manipulación imperialista de las narrativas "antiimperialistas" se expresa de manera virulenta en la actualidad. La Nueva Guerra Fría iniciada por Obama contra China y Rusia, la guerra que hierve en el Golfo montada sobre la supuesta amenaza militar de Irán, la amenaza intervencionista contra las "redes de tráfico de drogas" de Venezuela, y el "baño de sangre" en Siria forman parte y son una muestra del uso y abuso del "antiimperialismo" para sostener a un imperio en decadencia. Esperemos que los escritores y escribas progresistas e izquierdistas aprendan de los errores ideológicos del pasado y resistan la tentación de acceder a los medios de comunicación masivos ofreciendo una "cobertura progresista" a los que el imperio llama "rebeldes". Es hora de distinguir entre antiimperialismo y movimientos pro-democracia genuinos y aquellos promocionados por Washington, la OTAN y los medios de comunicación masivos.