“.… el PIB a precios constantes se limita a reflejar de manera gruesa la evolución seguida por la producción material realizada en el país. Es, en el mejor de los casos, un indicador de la escala que tiene la producción de valores de uso en una economía. Pero, como sabemos, en las sociedades donde impera el modo de producción capitalista, la riqueza presenta una forma social general muy distinta a la de ser un mero cúmulo de valores de uso. Aquí, la riqueza tiene la forma social general de ser una masa de valor. O dicho más groseramente, nadie es más rico simplemente porque produzca más; su riqueza depende también del valor unitario relativo de lo que produzca>“¿Qué crisis?”, Razón y Revolución, Nº 9, 2002, pp. 3 y 4, énfasis añadido)”.
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
PROPUESTA DE EXIGENCIAS AL POSIBLE PRÓXIMO GOBIERNO DE AMPLIAS ALIANZAS
HASTA LOS COJONES DEL ASUNTO LUIS RUBIALES Y DE TODO EL SHOW
TIEMPO DE PESIMISMO (NO EXAGERAR LOS ADJETIVOS), TIEMPO DE ESPERANZA
SUMAR Y PODEMOS JUNTOS A LAS GENERALES ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL?
28 de julio de 2016
MARXISMO BÁSICO: DISTINGUIR ENTRE VALOR Y RIQUEZA
“.… el PIB a precios constantes se limita a reflejar de manera gruesa la evolución seguida por la producción material realizada en el país. Es, en el mejor de los casos, un indicador de la escala que tiene la producción de valores de uso en una economía. Pero, como sabemos, en las sociedades donde impera el modo de producción capitalista, la riqueza presenta una forma social general muy distinta a la de ser un mero cúmulo de valores de uso. Aquí, la riqueza tiene la forma social general de ser una masa de valor. O dicho más groseramente, nadie es más rico simplemente porque produzca más; su riqueza depende también del valor unitario relativo de lo que produzca>“¿Qué crisis?”, Razón y Revolución, Nº 9, 2002, pp. 3 y 4, énfasis añadido)”.
Como
puede verse, Iñigo Carrera afirma que la riqueza depende (en
el sentido de identidad, esto es, si no se produce más valor, no hay
más riqueza) del valor unitario relativo de lo que se produce.
Considero que es un error pensar que esto pueda tener algo que ver
con la teoría del valor trabajo. Veamos el asunto con algún
detalle.
Valor
de uso, riqueza y valor en Marx
Apenas
iniciado el capítulo 1 de El
Capital,
Marx escribe: “Los
valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza, sea
cual sea la forma social de esta. En la forma de sociedad que hemos
de examinar [donde
predomina el modo de producción capitalista],
son a su vez portadores materiales de valor de cambio”
(pp. 44-5, Siglo XXI). Dos cuestiones a remarcar: primero, los
valores de uso “son
los que verdaderamente integran la riqueza material”
(además de El
Capital,
véase, por ejemplo, la Crítica
del Programa de Gotha). En segundo lugar, el valor es la forma
social que
adquiere el valor de uso –o sea, la riqueza material- en la
sociedad capitalista. Por eso, solo al precio de confundir contenido
material y forma social se puede decir que la magnitud de la riqueza
puede medirse por el valor.
La
realidad es que la fuente de la riqueza material es
tanto la naturaleza como el trabajo, en su carácter de trabajo
concreto.
Por eso dice Marx que el trabajo “no
es la fuente única de los valores de uso que produce, de la riqueza
material”
(p. 53); también en Contribución…:
“Es
un error decir que el trabajo, en cuanto produce valores de uso, es
la única fuente de la riqueza que ha producido, es decir, de la
riqueza material”
(p. 19). En cambio, la fuente del valor es el trabajo en
tanto trabajo abstracto,
o sea, en tanto gasto humano de energía: “Todo
trabajo es, por un lado, gasto de fuerza humana de trabajo en sentido
fisiológico, y es en esta condición de trabajo humano
abstractamente humano, como constituye el valor de la mercancía”
(p. 57). Dicho de otra manera, el trabajo del sastre produce valor no
en tanto trabajo sastreril (o sea, en su determinación material como
actividad productiva) “sino
como trabajo abstracto general, el cual pertenece a un contexto
social que no ha enhebrado el sastre”. Contribución
a la crítica de la Economía Política,
Siglo XXI, p. 19).
Esta
distinción entre trabajo concreto y trabajo abstracto permite, a su
vez, entender que con el aumento de la productividad del trabajo se
pueda incrementar la riqueza material, sin que aumente el valor.
Lo explica Marx: “…
supongamos que el trabajo necesario para la producción de una
chaqueta se duplica, o bien que disminuye a la mitad. En el primero
de los casos una chaqueta valdrá tanto como antes dos; en el
segundo, dos de esas prendas valdrán lo que antes una… En sí y
para sí, una cantidad mayor de valor de uso constituirá una riqueza
material mayor; dos chaquetas, más riqueza que una". No
obstante, a la masa creciente de riqueza material puede corresponder una
reducción simultánea de su magnitud de valor".
Este movimiento antitético deriva del carácter bifacético del
trabajo”.
Por eso, y en tanto la fuerza productiva “es
siempre fuerza productiva de trabajo útil, concreto”,
un cambio en la fuerza productiva del trabajo “en
nada afecta el trabajo representado en el valor”
(pp. 56-7; énfasis añadido). Por eso la riqueza real de la sociedad
y la posibilidad de ampliar constantemente el proceso de su
reproducción dependen de la productividad del trabajo y de las
condiciones más o menos fecundas en que este se lleva a cabo (véase,
por ejemplo, El
Capital,
t. 3, p. 1044).
Por
otra parte, Marx se refiere al oro como “la
existencia material de la riqueza abstracta”,
o “el
representante material de la riqueza material”
(Contribución…
p. 113), en tanto “es directamente convertible en el objeto de
cualquier necesidad”. Esto es, “en su carácter metálico puro
contiene, oculta, toda la riqueza material desplegada del mundo de
las mercancías”. Lo cual también significa que en la medida en
que aumenta la productividad, y por ende baja el valor individual de
las mercancías, aumenta la riqueza. Por ejemplo, supongamos que x
cantidad de oro permite adquirir 2 A; supongamos luego que se duplica
la productividad del trabajo aplicado a producir A, de manera que la
misma cantidad x de oro permite adquirir ahora 4 A. El oro es
convertible en mayor cantidad de objetos A, que constituyen la
riqueza material. El incremento de la riqueza se ve entonces tanto en
el aumento de la cantidad de valores de uso A, como en el poder de
adquisición del oro.
Interludio:
Ricardo sobre riqueza y valor, y Say
A
pesar de que Ricardo no hizo el análisis del doble carácter del
trabajo, distinguió sin embargo entre valor y riqueza. En los
Principios…,
y en una formulación muy similar a la que vimos en Marx, escribe: “…
la riqueza difiere esencialmente del valor, ya que este depende no de
la abundancia sino de la facilidad o dificultad de la producción. El
trabajo de un millón de hombres en la industria producirá siempre
el mismo valor, pero no siempre la misma riqueza”
(p. 205). También: “…
dos países que poseen precisamente la misma cantidad de todas las
cosas necesarias y comodidades de vida son igualmente ricos, pero el
valor de sus riquezas respectivas depende de la relativa facilidad o
dificultad con que fueron producidas”
(Principios…,
FCE, p. 208).
La
cuestión tiene, por supuesto, consecuencias sobre la teoría del
valor, como observa Ricardo en crítica a Say. Es que si se mide la
riqueza (o sea, la masa de valores de uso) por el valor, se debe
concluir que la medida de la utilidad es el valor. Con lo cual
llegaríamos a la tesis, que defendía Say, de que las cosas son
valiosas en la medida en que tienen utilidad (véase Principios…
pp. 209-210).
Marx
sobre riqueza, valor y las contradicciones del capitalismo
La
distinción entre valor y riqueza es esencial para comprender el
carácter inherentemente contradictorio del desarrollo de las fuerzas
productivas bajo el capitalismo. Es que el medio –desarrollo de la
producción de valores de uso- entra en constante conflicto con el
objetivo, la valorización del capital (véase Marx, El
Capital,
t. 3, p. 321). Esto es, el valor de uso y el valor, se desarrollan de
forma contradictoria.
Pero es imposible entender la contradicción si se pone un signo
igual entre los polos contradictorios. Y esta distinción entre
producción de riqueza y generación de valor, a su vez, es
esencial para entender el carácter antagónico de la producción
capitalista:a medida que se desarrollan las fuerzas productivas se incrementa la
acumulación de riqueza burguesa en un polo, y miseria, trabajo
enajenado o embrutecedor, ignorancia, en el otro. Para ponerlo con un
ejemplo, si el aumento de la fuerza productiva del trabajo permite
duplicar la producción de A, y si ese incremento en bienes
materiales va a parar a manos de la clase capitalista, habrá
aumentado la distancia entre la riqueza apropiada por la clase
capitalista en relación a la que posee la clase trabajadora, independientemente de que el valor de A haya bajado a la mitad.
Es la base de la tesis de Marx sobre que, a medida que se desarrolla
la acumulación capitalista aumenta la polarización social.
Es
entonces en
este sentido -esto
es, de relación contradictoria- que se puede decir que la producción
de riqueza depende
del
valor: si peligra, o no se produce, la valorización del capital, se
frena y retrocede la producción de riqueza material. Pero eso no
significa que la magnitud de la riqueza material (o sea, la
producción de valores de uso) se mida por la producción de valor.
Estamos
al nivel de los conceptos elementales. Por supuesto, muchas personas
pueden discrepar con la teoría de Marx; pero en ese caso, hay que
decirlo claramente, y no pretender hacer pasar gato por liebre, como
reza el dicho. No hay forma de hacerle decir a El
Capital que
la riqueza se mide por la producción del valor. La lectura de
cualquier texto –clásico, o no- exige un mínimo de rigurosidad.
26 de julio de 2016
LO (NO) DICHO SOBRE POKÉMON GO
¡Cuidado al cruzar la calle, figura! |
Agustín
Vargas. Página12
No
tan solo. Suele formar parte del sentido común que el jugar un
videojuego es una práctica íntegramente solitaria. El auge de las
consolas a fines del siglo pasado pareció sentenciar esta concepción
al estar éstas emplazadas dentro del hogar. Así, el jugar a un
videojuego sería algo lúdico realizado bajo paredes; sería una
práctica privada. Sin embargo, muchos posibilitaron una relación
virtual o física mediante la modalidad multijugador. Además, cuando
un jugador juega de manera solitaria, también podría hacerlo
pensando en un otro (la competencia llevaría el jugar a una cuestión
de ejercitar para mejorar distintas cualidades que luego serían
puestas en juego con otras personas).
Por
el contrario, se han diseñado muchas consolas transportables, y fue
una de éstas la que propició el nacimiento de la franquicia
japonesa Pókemon, hace ya veinte años. La saga comenzó como un
videojuego RPG para la plataforma Game Boy, donde se proponía
recorrer un universo ficticio con el propósito de capturar distintas
criaturas fantásticas. Si bien la mayor parte del tiempo estaba
destinado a jugarse en solitario, el Cable Link hizo posible que los
jugadores pudieran conectar sus consolas y así intercambiar
pokemones o competir entre ellos.
Como
toda franquicia moderna y su trasnarratividad característica, pronto
afloró un animé –en nuestro país hizo que Pokémon sea masivo–,
además de películas, nuevos videojuegos y un juego de cartas
coleccionables. Éste último sigue siendo popular en sectores
sociales con un poder adquisitivo medio y alto, a tal punto que se
realizan convenciones donde los jugadores se reúnen y compiten con
sus propios mazos. Pokémon Go se ha nutrido de estas prácticas
sociales; está pensado como un juego que se comparte de manera
lúdica con otros. Además, es de suponer que con el paso de los días
exponga su faceta colaborativa-colectiva (ya hay sitios donde cada
usuario puede indicar en un mapa qué pokémon capturó en un
determinado lugar).
La
ciudad y el jugador. La posibilidad de relacionarse con otros
usuarios no parecería ser la mayor novedad, pero sí lo sería el
modo en que el juego permite pensar nuevas apropiaciones y
transformaciones del espacio geométrico (la ciudad) en espacio de
juego. Pokémon Go hace que los usuarios deban dirigirse –o apuntar
sus celulares– hacia ciertos lugares para obtener elementos
esenciales del juego. La mayoría de los puntos, estas pokeparadas,
son museos, bares, parques y hasta comisarías. Otra característica
del juego es que obliga a los jugadores a recorrer una cantidad
determinada de kilómetros si desean progresar.
Se
ha reiterado que la aplicación permite que los usuarios se acerquen
a ciertos lugares a los que de otra manera no lo harían.
Efectivamente el videojuego obliga a ir a lugares preestablecidos,
pero lo que debería entrar en consideración es el cambio de
significación o lecturas que se hace de éstos (invita a la
reflexión el hecho de que autoridades del Museo de Auschwitz en
Polonia y del Holocausto de Washington solicitaron que supriman estos
lugares del mapa del juego por considerar que ocasiona “prácticas
fuera de lugar”). Estaríamos ante un peatón devenido en jugador,
donde el mapa de la ciudad –GPS y Google Maps de por medio–
pasaría a ser un mapa ficcional. Ambos mundos coexistirían.
Un
negocio millonario. Es difícil saber por cuánto tiempo se mantendrá
el éxito del juego. Lo cierto es que cualquiera que cuente en su
móvil o tablet con el sistema operativo Android o iOS puede
descargar la aplicación de manera gratuita. Lo que pretende ser un
componente democratizador no dejaría de ser una fachada, poniendo la
menor cantidad de obstáculos posibles para lograr que la aplicación
se masifique y así mejorar su cotización e incrementar su
patrimonio (a la semana del lanzamiento, la aplicación superó en
uso a Twitter e Instagram, y Nintendo duplicó el valor de sus
acciones). A esto debe sumarse el hecho de que se incentiva al
usuario a realizar compras una vez instalada la aplicación para que
adquiera ciertos elementos del mundo del videojuego.
Sin
embargo, el principal negocio parecería pasar por los puntos
patrocinados: al obligar a los jugadores a dirigirse a determinados
lugares, las multinacionales dieron el primer paso para estar
incluidas en tales puntos. Así, en Japón McDonald’s convirtió
sus establecimientos de comida rápida en lugares especiales para los
jugadores de la aplicación. Por su parte, y aunque guarde relación
con un fenómeno ya conocido en la sociedad, no debe dejar de
considerarse la extracción de datos que hace la aplicación sobre
sus usuarios, principalmente vinculados a Google, a tal extremo que
el director de cine Oliver Stone diga que Pokémon Go “sería parte
de una cultura más larga de capitalismo de vigilancia”.
Realidad
“mejorada”. Curioso es el término que le fue asignado a una de
las tecnologías –quizá la más importante– de las que se nutre
Pokémon Go: la Realidad Aumentada (RA), necesaria para visualizar
los pokemones en la pantalla del celular a través de la cámara.
Según la Real Academia Española, una de las definiciones de
“aumentar” es la de “dar mayor extensión, número o materia a
algo”. De este modo, la RA no es otra cosa que una alteración de
lo real; añade información virtual a una información física
preexistente, con la finalidad –o la presunción– de ver de
manera mejor, divertida, apartándonos del mundo rudimentario,
aburrido al que asistiríamos diariamente. Pero por más que parezca
algo cínico, y podrían atribuirse componentes ideológicos, la RA
está presente y Pokémon Go la dejó entrever de un modo particular:
la imagen de una muchedumbre que corre desesperada puede guardar
relación con Niza, donde un ataque terrorista causa pánico entre
los franceses, o puede remitirnos al Central Park, donde jóvenes y
familias corren en masa y sin apartar su vista de los celulares para
capturar una criatura ficticia.
NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG: Seguramente se incremente el número de imbéciles que serán atropellados al cruzar una calle por ir enajenados en su propio pedo mental mientras le dan onanísticamente con el dedo al jueguecito. Ya está pasando con el uso del móvil actualmente. Y sin necesidad de Pokémons. Imaginen con él. Pero sarna con gusto...
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