Por
Marat
1.-LA
LARGA MINORÍA DE EDAD POLÍTICA DE LAS GRANDES MAYORÍAS
Corren tiempos en los que
escribir sobre los desmanes del fascismo se asemeja a relatar el
truco del mago que saca de su boca un sinfín de pañuelos de seda
anudados, sin que parezca que el número vaya a acabar. Cuando el
público cree que el show ha terminado, el remate final es extraer
unos cuantos más y dejar que flote en el ambiente del local la
sensación de que todavía podría continuar haciendo su espectáculo
de los pañuelos un buen rato aún.
En
el caso del fascismo siempre hay una nueva sorpresa, mientras
no
logremos reventar su actuación o aquél
cierre
las puertas del local y haga el último número de acabar con sus
pasivos espectadores.
Desde
hace una temporada circula
en las covachas de la extrema derecha, cuyos miembros llaman clubs o
centros de debate, las redes sociales y los panfletos digitales
fascistas, la idea
del regreso al voto censitario
y
variantes del mismo.
El
voto censitario es el que se mantuvo desde los inicios del sistema de
representación parlamentaria moderna
en
la práctica totalidad de los países europeos y americanos. Más
concretamente desde
que el parlamentarismo se inició con
la
primera Constitución de 1791, nacida de la revolución de 1789, en
Francia, hasta bien avanzado el siglo XIX, salvo en Italia, Portugal,
Reino
Unido, el Imperio austro-húngaro, Holanda, Bélgica, Suecia,
Argentina,
Uruguay,
que
lo abandonaron durante
la
primera veintena el
siglo XX. Hay
tres casos especiales que merecen ser negativamente señalados: en
Europa, España no abandona definitivamente el sufragio censitario
hasta 1977 con las primeras elecciones tras la muerte de Franco,
aunque hubo un antecedente en el referéndum para la reforma
política de 1976 y fuera de Europa y América, en Zimbabue en 1979 y
Sudáfrica en 1994, estos dos últimos, países que habían
practicado el
“apartheid”.
El abandono del sufragio
censitario en casi todos los países señalados solo benefició a los
hombres. Las mujeres aún tuvieron que pelear el derecho al voto, en
muchos casos durante unos cuantos decenios más.
Pero ¿qué era exactamente el
sufragio censitario?
Una
primera
aproximación al concepto nos la da el diccionario
panhispánico del español jurídico.
La primera de sus acepciones, la más generalista dice textualmente:
“Modalidad de
sufragio restringido
en la cual se reservaba el derecho a votar
a aquellos ciudadanos que poseían ciertas condiciones de
renta o patrimonio”.
En
principio, sirve para todos los sistemas autodenominados
“democráticos” de corte liberal desde el siglo XVIII hasta las
fechas señaladas
anteriormente.
Es
importante señalar el corte económico como base del sufragio
censitario, aunque,
como iremos viendo a lo largo de este texto no será el único
criterio, dado
que a partir del inicio del parlamentarismo moderno, en Inglaterra,
primero, con la revolución inglesa de 1642,
que limitó el poder del rey, la americana de independencia de las 13
colonias contra Inglaterra de 1776, después y, por último, la
francesa de 1789, es la clase ascendente burguesa la que impondrá su
dominación política y económica en el mundo occidental,
instaurando sistemas parlamentarios basados en la representación
política de la propiedad privada de esa misma burguesía, en el caso
del Reino Unido, desde 1706, compartido con la nobleza y los
religiosos (cámara de los lores), que no son elegidos sino
¡nombrados por el rey!
La izquierda nació burguesa.
Su nombre nace de su ubicación en la Asamblea Nacional Constituyente
francesa de quienes se oponían al poder del rey para vetar
definitivamente una ley y, muy importante, defendía el derecho a la
propiedad privada.
Lo
más parecido a una posición antecesora de la idea realmente
igualitaria
(precomunista)
dentro
del magma social de la revolución francesa fueron los “enragés”
de
Jacques Roux,
que apoyaban a los estratos de los “sans-culottes”
(artesanos, obreros y campesinos pobres). Fue
precisamente un miembro del ala izquierda (la Montaña) de aquella
revolución, Robespierre, el encargado de liquidarles.
El socialismo científico,
iniciado con Marx y Engels, no se definió como de “izquierda”, a
pesar de que el término llevaba ya decenios circulando en Europa.
Las pocas veces que Marx empleó el mismo fue para señalar su
carácter burgués y a figuras del radicalismo republicano
(Ledru-Rollin, Giuseppe Mazzini, Louis Blanc,…).
La
pertenencia juvenil de Marx a la llamada “izquierda hegeliana”
(“jóvenes hegelianos”), aunque nunca se identificó con el
nombre, se saldó con su pronta salida del grupo. De
ellos combatirá, junto con Engels, en “La
ideología alemana”,
su carácter idealista, de
los que afirman que
“Pese a su fraseología
supuestamente “revolucionaria”, los ideólogos neohegelianos son,
en realidad, los perfectos conservadores. Los más jóvenes entre
ellos han descubierto la expresión adecuada para designar su
actividad cuando afirman que sólo luchan contra “frases”. Pero
se olvidan de añadir que a estas frases por ellos combatidas no
saben oponer más que otras frases y que, al combatir solamente las
frases de este mundo, no combaten en modo alguno el mundo real
existente”
Marx
definió su pensamiento como materialismo histórico, al margen de
las categorías burguesas izquierda -derecha. A
ambos conceptos añadió Plejànov el concepto materialismo
dialéctico como categoría del pensamiento dialéctica de Marx y
Engels.
Lenin
y los primeros años de la Komintern continuaron ajenos a dicho eje.
Fue el cambio
posterior hacia la política de frentes populares lo que encuadró,
de hecho, a los PP.CC., en un giro táctico y oportunista, en la
categoría izquierda. Tras la II GM se iniciaría su proceso de
socialdemocratización y de parlamentarización burguesa.
Pero volvamos de nuevo a la
base económica del voto censitario.
El concepto económico del voto
censitario incluye condiciones para tener derecho al voto como poseer
tierras u otros tipos de bienes. En algunos países este derecho
alcanzaba a quienes pagaban altos impuestos, como prueba indirecta de
riqueza.
A partir del criterio de
riqueza económica para poder votar, a finales del siglo XVIII el
ejercicio de derecho al voto en los países occidentales que habían
adoptado el sistema parlamentario comprendía un porcentaje bajísimo
de su ciudadanía que, evidentemente, dejaba al resto fuera de los
derechos plenos de la misma.
Para la elección del primer
presidente de EEUU (George Washington) en 1788-1789 estaban inscritos
377.431
personas mayores de 21 años con derecho al voto. Aunque el
primer censo de población de las 13 ex colonias, desde 1783 ya
independientes, que entonces conformaban el país, se realizó un año
después, en 1790, arrojando la cifra de 3.929.214, podemos concluir
que el derecho al voto en aquellas elecciones no superó el 10% del
total de dicha población.
Según la Constitución
francesa de 1791, aún con monarquía, pero constitucional (dos
años antes de que Madame Guillotine acabase drásticamente con
cualquier jaqueca que Luis XVI y María Antonieta pudieran tener),
se establecía un proceso de elección mediante voto censitario de
“ciudadanos activos” para la elección de los 745 diputados a
la Asamblea Nacional. Dicha condición activa, junto con otros
requisitos, exigía “ pagar, en cualquier lugar del
Reino, una contribución directa al menos igual al valor de tres
jornadas de trabajo y acreditarlo con recibo”. En principio, el
impuesto no parecía demasiado elevado. Cualquier tabernero pobre de
un “faubourg” como el de Saint-Antoine podría
posiblemente pagarlo. De hecho, de los entre 26 y 28 millones de
habitantes de la Francia metropolitana (quedaban excluidos los
territorios de ultramar. El imperio es el imperio y el ciudadano es
el ciudadano) 4.298.360 personas tuvieron, en aquella ocasión,
derecho al voto, aproximadamente un 15% del total de la población.
Pero hecha la ley, hecha la
trampa.
La inmensa mayoría de los
4.298.360 de ciudadanos con derecho al voto solo podían participar
en el primer escalón electoral de elección de representantes en la
Asamblea Nacional; es decir, su participación se limitaba a las
“asambleas primarias en las ciudades y cantones”. Para
entendernos, esas asambleas eran el equivalente a unas elecciones
municipales y regionales.
Serían las asambleas primarias
ya formadas las que designasen a los “electores en proporción
al número de ciudadanos activos domiciliados en la ciudad o cantón.
– Se nombrará un elector en razón de cada cien
ciudadanos activos presentes o no en la Asamblea”.
Los electores nombrados en cada
departamento tenían la tarea de “elegir el número de
representantes cuya nominación se atribuirá a su departamento, y un
número de suplentes igual a un tercio de los representantes”.
Quienes serían los
representantes o diputados candidatos a la Asamblea Nacional francesa
serían seleccionados por entre 43.000 y 45.000 ciudadanos
“electores”, que debían cumplir las siguientes condiciones:
En ciudades de más de 6.000 habitantes, “ser
propietario o usufructuario de un bien evaluado atendiendo a los
registros de contribución en una renta
igual al valor local de doscientas jornadas de trabajo
o ser arrendador de una habitación evaluada, por los mismos
registros, en una renta igual al valor de ciento cincuenta
jornadas de trabajo. En ciudades por debajo de 6.000
personas, “ser propietario o usufructuario de un bien evaluado
atendiendo a los registros de contribución en una renta igual al
valor local de ciento cincuenta jornadas de trabajo o ser arrendador
de una habitación evaluada, por los mismos registros, en una renta
igual al valor de cien jornadas de trabajo”. En el campo,
“ser propietario o usufructuario de un bien evaluado atendiendo a
los registros de contribución en una renta igual al valor local de
ciento cincuenta jornadas de trabajo o ser
arrendador o aparcero de bienes evaluados, según los mismos
registros, al valor de cuatrocientas jornadas de trabajo”.
La jugada era perfecta. La alta
burguesía, compuesta por las familias más ricas de Francia, el 1%
del total de los ciudadanos con derecho a voto preseleccionó la
composición del menú parlamentario francés en las elecciones de
1791. A las clases populares solo les quedó la opción de tragar con
ello. No es de extrañar que la revolución pronto se radicalizase.
Gran Bretaña en el siglo XVIII
es otro claro ejemplo de sistema de voto censitario. Tories
(aristocracia, terratenientes y altos funcionarios de la monarquía)
y Whigs (nobles celosos del poder del rey, grandes comerciantes y
financieros) se repartían el parlamento.
En Inglaterra y Gales, según
el censo de 1780, quienes tenían derecho al voto eran 214.000
personas, menos del 3% de su población total (8.000.000). En
Escocia la cifra era realmente exigua (0,2% del total de la
población), unas 4.100 personas (2.600 en los condados y 1.600
en los municipios), pertenecientes a los estratos más altos de la
sociedad.
Para
las elecciones de condado era necesario ser poseedor de tierras que
generasen
una renta anual de al menos 40 chelines al año. En
el caso de Escocia el valor de los 40 chelines era una antigua
valoración (“Old
Extend”)
que había
permanecido inalterable desde principios del siglo XIII y que servía
para establecer el sistema impositivo sobre grandes extensiones de
tierras.
¿Quién ha dicho que los
alemanes carecen de imaginación? No en el caso de los prusianos del
siglo XIX, por mucho que algunos hayan pretendido demostrarlo.
En
1849 Prusia
estableció un sistema
de tres clases
(“Dreiklassenwahlrecht”)
sociales
para la elección de sus representantes parlamentarios en
el “Landtang”.
La
primera clase era la de los terratenientes y nobles, magnates de la
industria y las finanzas (3-5% de la población); la segunda era la
de la mediana y pequeña burguesías
y los funcionarios públicos (12-14%);
la tercera la clase trabajadora, artesanos
y campesinos pobres (83%).
La justificación del sistema
de tres clases se estableció en base a la contribución impositiva
directa de cada ciudadano con derecho a voto.
La primera clase era la que más
impuestos aportaba al Estado. La segunda un nivel intermedio de
contribución y la tercera los impuestos más bajos, o bien ninguno,
al estar exenta de ellos, dado sus bajos ingresos. Quienes, dentro
de la tercera clase, recibían ayudas públicas no tenían derecho a
voto.
El sistema era indirecto, ya
que los miembros de cada clase elegían, por separado, de forma
pública y a viva voz, a un tercio (33%) de los electores, que eran,
finalmente, quienes elegían a los miembros del parlamento.
La sobrerrepresentación del
voto de la primera clase (3-5% de la población total) era brutal
frente a la infrarerpresentación absoluta de la tercera (83%). Pero
también estaba sobrerrepresentada la segunda (12-14%), que durante
gran parte de la segunda mitad del siglo XIX se alió con la primera.
El proceso de selección de los
electores y la elección por estos de los diputados del parlamento
estaba viciado, no solo porque el voto no era secreto sino también
porque entre el público general que asistía a las votaciones de la
tercera clase tenía derecho a estar cualquier ciudadano, incluidos
los miembros de la primera y segunda clase, con las consiguientes
capacidades de presión, chantaje y represión laboral sobre el
miembro de la tercera clase que votase de modo contrario a los
intereses de las otras dos clases. Lo mismo cabía decirse de la
vigilancia del voto sobre la tercera clase de los funcionarios
encargados de registrar el voto verbal de cada ciudadano.
Con el Estatuto Real (carta
otorgada, que solo delega poderes absolutos de la Corona en órganos
del Estado creados “ad hoc” y en la que la primera y
última decisión legislativa corresponde a la figura real), bajo
la Regencia de María Cristina, en 1834, España llegó antes
que Prusia al sistema censitario y lo hizo con
mayor descaro.
Se crearon dos cámaras: el
Estamento de Próceres del Reino, imitando la Cámara de los Lores
británica, y el Estamento de Procuradores, al estilo de la de los
Comunes. La terminología empleada, “Estamento”, “Procuradores”,
destilaba un rancio aroma predemocrático. Y, efectivamente, lo era.
El Estamento de Próceres del
Reino ni siquiera fue votado. Sus miembros, aristócratas, altos
cargos de la iglesia católica, alta burocracia y principales
contribuyentes, fueron elegidos por la Corona o pertenecieron al
órgano por derecho propio, algo así como “porque yo lo valgo”.
El Estamento de Procuradores se
eligió mediante sistema indirecto (votación de los candidatos a
procuradores por los electores previamente elegidos) y sistema
censitario formado por:
Propietarios de predios
rústicos o urbanos que les rentasen 6.000 reales al año; o
colonos, que pagasen 6.000 reales anuales por arrendamiento; o
propietarios, dedicados a cultivar sus tierras, cuyo producto anual
fuese de 3.000 reales. Si el elector fuese propietario de predios
rústicos o urbanos, que estuviesen en distintos pueblos o
provincias, se sumarían las rentas de todos ellos para determinar
su derecho al voto. Igualmente se haría con un colono que tuviese
en arrendamiento varias tierras. También se seguiría dicho
criterio para propietarios de una o varias fincas.
Comerciantes que pagasen 400
reales de contribución por subsidio de comercio en Madrid,
Barcelona, Sevilla o Cádiz; 300 reales en las demás capitales de
provincia o en los puertos habilitados para el comercio extranjero,
y 200 reales en cualquier otro pueblo de la Monarquía.
Fabricantes que pagasen 6.000
reales por el arrendamiento de sus fábricas o que, siendo propias,
justificasen que les producirían 3.000 reales de renta anual si las
tuviesen arrendadas.
Empleados de nombramiento Real
en cualquier pueblo del partido y que tuviesen un sueldo anual de
6.000 reales.
Abogados con estudio abierto,
incorporados en cualquiera de los Colegios. Relatores y escribanos
de Cámara. Catedráticos y profesores de ciencias con nombramiento
Real. Directores, censores y secretarios de las Sociedades
Económicas de Amigos del País. Directores, censores y secretarios
de las Academias Reales. Vocales de las Reales Academias de Medicina
y Cirugía.
Cabe señalarse que tampoco el
sector intelectual estaba exento de la condición económica ya que
para ser Procurador del Reino era requisito “estar en posesión
de una renta
anual de doce mil reales”
El censo de electores ascendía
a unas 16.000 personas, un 0,13% de una población total de
12.000.000 de habitantes. Según señala el historiador Eduardo
Montagut eran “los que disfrutaban de las más altas rentas
y capacidades (es decir, los
“capaces” de entender el sistema político: magistrados,
catedráticos, abogados, médicos, comerciantes y empresarios)”.
El sistema censitario español
basado en criterios económicos, ya bajo la fórmula directa desde
1837, tanto con gobiernos moderados como progresistas llega, en una
primera etapa, hasta 1868. La breve I República española consagró
el sufragio universal para, años después de su caída, volverse, en
el período de la Restauración (1877-1890), de nuevo a aquél. La
oligarquía le había cogido el gusto a este sistema y las clases
obrera y campesinado pobre aún no tenían la fuerza necesaria para
conquistar el sufragio universal.
Unido al voto censitario de
tipo económico se hallaba el del nivel educativo (voto
capacitario). Durante el período de los años 30 hasta casi el
de los 50 del siglo XIX tener instrucción educativa era un requisito
que acompañaba, casi siempre, al nivel de renta en los sistemas de
voto censitario.
François Guizot, líder
de los liberales doctrinarios franceses, ministro de
exteriores de Francia entre 1840-1848 y presidente del consejo de
ministros hasta la abdicación de Luis Felipe de Orleans, que reina
de 1830 a 1848, es quizá uno de los principales teóricos
del voto capacitario.
Guizot
sostiene que la burguesía es la clase social capaz de sustentar la
“soberanía de la
razón”. Ésta
solo era posible mediante una mediación equilibrada entre la
reacción de la vieja aristocracia y las ansias igualitarias de unas
clases subalternas tendentes al desorden por su ignorancia del “bien
común”, término muy
querido por la progresía de clase media actual en descomposición.
Un proletariado en ascenso,
carente de la educación mínima necesaria no debía, para Guizot,
acceder al sufragio universal.
Debemos
reconocer y apreciar, sin embargo, que fuese él quien introdujo el
concepto de lucha de clases,
en su caso frente al viejo orden estamental y
a favor de la burguesía,
concepto que Marx asumirá
como motor de la historia, a
lo largo de las distintas formaciones sociales previa al
capitalismo y en este último como lucha entre burguesía y
proletariado.
“La
Europa moderna nació de la lucha de las diversas clases de
la sociedad... Ninguna de las
clases fue capaz de superar o subyugar a las demás... de esto surgió
quizás el principio más enérgico y fructífero del desarrollo de
la civilización europea”.
(Guizot,
François. “Historia
general de la civilización en Europa”).
Seguramente
habrán notado ustedes en la cita el énfasis de Guizot en la idea de
equilibrio, el mantenimiento del orden; es la propia de un
conservador liberal, de una clase que establecida y asentada en el
poder, rechaza cualquier riesgo revolucionario. Nótese también la
diferencia de perspectiva de Marx y Engels en el último párrafo del
extracto que a continuación se presenta del “Manifiesto
comunista”.
“Toda
la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una
historia de luchas de clases.
Libres
y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba,
maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a
frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas
veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada
etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social
o al exterminio de ambas clases beligerantes.
En los tiempos históricos
nos encontramos a la sociedad dividida casi por doquier en una serie
de estamentos , dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una
nueva jerarquía social de grados y posiciones. En la Roma antigua
son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la
Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los
oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada
una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y
gradaciones.
(...)
Sin
embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza
por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la
sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos
grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas:
la burguesía y el proletariado”.
(Marx, Karl y Engels,
Friedrich, “Manifiesto del partido comunista”)
En el Reino Unido el binomio
del voto censitario económico y capacitario se mantuvo durante todo
el siglo XIX hasta 1918. Esta combinación era un doble cerrojo para
impedir el acceso de la clase trabajadora al sufragio o, al menos,
pautar su acceso, dificultando, de este modo, el triunfo electoral de
sus partidos.
En América latina países como
Ecuador, Colombia, Guatemala, Perú, Bolivia, Chile, República
Dominicana o Argentina alternaron de forma variable a lo largo del
siglo XIX, una vez alcanzadas sus independencias y entrados en sus
procesos constituyentes, distintas situaciones en relación al voto
capacitario que excluía a los analfabetos.
En unos períodos las
limitaciones capacitarias iban unidas al voto censitario de tipo
económico (aproximadamente entre 1840 y 1870), básicamente poseer
algún tipo de propiedad (hasta 1870, cuando se agregan condiciones
como pago de impuestos, ingresos y profesión). En otros, la
eliminación de la exigencia de saber leer y escribir,
con la excepción de República Dominicana en 1874 y de Argentina,
que la abandono, en la práctica en 1853 y legalmente en 1912, no
llegó hasta muy avanzado el siglo XX (Venezuela en 1946,
Guatemala 1945, Bolivia en 1952, Honduras en 1957, Méjico en 1970,
Perú y Ecuador en 1979, en 1985 en Brasil, etc.).
Estas restricciones tuvieron
por objeto impedir el acceso de campesinos, trabajadores, población
de muy bajos ingresos y, muy específicamente de población
originaria, muy importante en países como Bolivia, Guatemala, Perú
o Ecuador, y afrodescendiente, con un gran peso en Brasil y República
Dominicana. Se blindaba así el poder político de las élites
económicas y profesionales de origen español o portugués (Brasil).
De este modo, se aseguró durante el siglo XIX que con la combinación
de sufragio censitario económico y capacitario rara vez se superase
el umbral del 4% del voto sobre la población total y que solo con el
capacitario durante el siglo XX no se superase el 20%. No solo se
limitaba el voto por clase social sino que se introducía la barrera
étnica.
Aunque el caso se refiere a
EEUU, el discurso del senador
por Carolina del Sur, Benjamin R. Tillman, del 23 de Marzo de
1900, ilustra sobre la eficacia del sufragio censitario capacitario
para crear, mediante este sistema, un voto étnico
“Quiero plantearle al
Senador [se refiere al senador
por Winsconsin John Coit Spooner] esta proposición en
aritmética: En mi Estado, había 135.000 votantes negros, o
negros en edad de votar, y unos 90.000 o 95.000 votantes blancos.
El general Canby estableció un gobierno de oportunistas allí y
entregó nuestro Estado a esta mayoría. Ahora, quiero preguntarle,
con una votación libre y un recuento justo, ¿cómo va a vencer a
135.000 contra 95.000? ¿Cómo va a hacerlo?
(…)
No privamos del derecho
al voto a los negros hasta 1895. Entonces convocamos una
convención constitucional que abordó el asunto con calma,
deliberación y abiertamente con el propósito de privar del
derecho al voto a tantos como fuera posible, amparándonos en las
Enmiendas Decimocuarta y Decimoquinta. Adoptamos la cualificación
educativa como el único medio que nos quedaba”.
Nótese que, hasta aquí, las
diferentes formas de sufragio censitario mencionadas, solo se
han refirido al masculino. El derecho de
voto de las mujeres tendría que esperar aún decenios después
de logrado el universal masculino, con la excepción de Nueva Zelanda
en 1893, hasta entrado el siglo XX. Australia del Sur lo logra en en
1902, Finlandia, como parte del imperio ruso, en 1907, Rusia en
1917, en 1920 las mujeres blancas en EEUU, en la mayoría de los
países europeos entre 1918 y 1920, en España en 1931 y se pierde,
tras la guerra civil, hasta 1976, Suiza y Portugal en 1971. Entre
1929 (Ecuador) y 1961 (Paraguay y Brasil) hay un largo camino para
las mujeres latinoamericanas.
Respecto al sufragio
femenino solo nos estamos refiriendo a los países occidentales
porque en el mundo musulmán Arabia Saudí (2015), Omán (2003) o
Kuwait (2003) aún debieron esperar a este siglo XXI.
Es significativo que durante
los períodos históricos del voto censitario se negase el derecho
del voto a ese 50% de la población y en la gran mayoría de los
casos también durante una parte del período del sufragio universal,
mientras fue solo masculino.
Cabe preguntarse en qué medida
esta restricción no era, al menos en parte, una forma de reforzar la
subordinación de la mujer al dominio capitalista, puesto que la
mayoría de ellas, trabajasen fuera de casa o no, pertenecían a
familias de la clase trabajadora.
La situación más descarnada
en cuanto a derechos políticos de las mujeres se da en Afganistán,
en el que no existen. El derecho al voto femenino existió en este
país entre 1919 y 1929 con la monarquía modernizadora de Amanulá
Khan, fue revocado en ese año y recuperado de 1964 hasta 1973
durante la monarquía de Muhammad Zahir Sha, afianzado desde 1978
hasta 1992 durante el período de la República Democrática de
Afganistán, en la que el avance de la mujer en términos políticos,
económicos y sociales fue el mayor de toda su historia, bajo un
sistema de inspiración socialista. Tras su caída a manos de los
talibanes, las mujeres afganas perdieron todos sus derechos,
incluidos los políticos, recuperaron solo parte de los mismos,
durante el período del Gobierno Transicional, tras la guerra civil
que desalojó a los talibanes y han perdido todos ellos tras su
vuelta de nuevo al poder.
En cualquier caso los derechos
de las mujeres afganas solo se ejercieron a lo largo del siglo XX en
las grandes ciudades, ya que el mundo rural ha sido campo de
influencia del atraso ideológico que ha representado en ese país el
islamismo.
Cierto “feminismo”
intersectorial, decolonial y autodenominado “anticapitalista”
haría bien en revisar sus posiciones respecto al mundo islámico
más fundamentalista, como mínimo ante la situación de la mujer en
países que sufren su yugo (Arabia Saudí, Irán,...) y preguntarse
qué tiene de feminista y anticapitalista su comprensión y respeto
hacia esa versión más extrema del islamismo. Desgraciadamente el
partido Tudeh (comunista) iraní hubo de comprobar terriblemente en
sus carnes que el enemigo (fundamentalistas islámicos de Jomeini) de
su enemigo (dinastía Pahlavi) no era precisamente su amigo, como
también lo han comprobado dramáticamente las mujeres iraníes
(“Mujer, vida, libertad”) y la gran mayoría de la
sociedad. No parece necesario llegar al ejemplo de la monstruosidad
afgana para tener las cosas claras al respecto.
2.-INVOLUCIÓN REACCIONARIA
HACIA EL SUFRAGIO CENSITARIO
Puede que alguno de los
lectores de este artículo se vean sorprendidos por la absoluta falta
de imaginación y novedad ideológica de los reaccionarios. En
realidad, lo de esta gente es la parquedad intelectual y mental. Son
memes de sí mismos.
En un siglo XXI que recicla
perpetuamente ideas de siglos pasados, bajo formatos y difusores
digitales, elitistas y reaccionarios son los reyes. Parecen repetir
la vieja frase “Lejos de nosotros la funesta manía de pensar”,
sobre todo si otros partidarios del dominio de las élites ya lo
hicieron mucho antes que ellos de manera preventiva. Economía del
razonamiento.
Pero la estupidez de los
mensajes de la extrema derecha no debe llevarnos a la conclusión de
la inutilidad de los mismos. Si el ministro de propaganda del III
Reich, Joseph Goebbels, afirmó que, para que aquella fuese eficaz y
popular, debía adaptar “su nivel al menos inteligente de los
individuos a los que va dirigida”, hoy el perenne “scroll”,
realizado en las redes sociales por ese mismo individuo, le
convierte en una ameba sin capacidad de razonamiento crítico que
deglute ávidamente la basura, apenas ha sido reciclada, sin
preguntarse siquiera de dónde viene y a qué intereses sirve, y la
reenvía en fracciones de segundo, expandiendo así el mefítico
mensaje a otros seres tan imbéciles como él. Que previamente su
difusión haya sido haya sido escoltada y republicada por bots es
irrelevante para dicho individuo, ya que su incapacidad intelectual
le impide identificarlos.
Para quienes son sospechosos y
peligrosos la labor intelectual, el pensamiento y la búsqueda de
quiebra del eterno retorno (Mircea Eliade) de la historia,
nada es más seguro y perenne que la tradición antimoderna que
sostiene el neodarwinismo social.
Abordaremos en este apartado la
involución política que promueven quienes defienden la vuelta al
sufragio censitario, en sus diversas formas, ninguna de ellas
original o nueva, y que participan de la idea desigualitaria para
defender de forma legal lo que ellos mismos debieran considerar
ilegítimo de origen, porque niega el propio orden jurídico
capitalista de la burguesía, sistema que apoyan, justificado en dos
preceptos clave: la libertad y la igualdad.
Para la la burguesía la
libertad es, ante todo, de empresa y la igualdad es de derechos pero
no “de facto”, pero no puede rechazarlas “de iure”
porque ello desmontaría el consenso social y político que, con
tanto esfuerzo y derramamiento de sangre ajena, ha ido construyendo a
lo largo de los siglos.
El derecho al sufragio
universal masculino y femenino integra una parte de las libertades
políticas (el derecho del conjunto de la ciudadanía a ser elegida,
sufragio pasivo, y a elegir, sufragio activo) y otra parte de la
igualdad jurídica (igualdad de trato ante la ley). Privar a una
parte de la ciudadanía de dicha universalidad convierte al derecho
burgués actual en arbitrario, por mucha forma legal que se le
pudiera dar “a posteriori”. Incluso, si el derecho al
sufragio universal fuese revocado a través de un referéndum, se
estarían violando flagrantemente los derechos de la minoría opuesta
a su aprobación, al no permitírsele representar y ser
representada, tanto como los derechos de las generaciones futuras.
Dicho de otro modo, al fascismo
ya no le sirve el sistema de representación burgués y a la actual
etapa senil del capitalismo, caracterizada por su hiperconcentración,
tampoco. Entraremos en los motivos hacia el final de este texto.
2.1.-EL VETO EPISTOCRÁTICO
En 2003 el profesor de la
Universidad de Brown David M. Eslund publicó el texto “Why
not epitsocracy?” (¿Por qué no la epistocracia?)
Le cabe el honor de haber introducido el término en la “ciencia”
política, el derecho, la sociología, la filosofía y, quizá, la
psicología políticas. Tardaría aún cinco años (2008) en pulir y
desarrollar el concepto “epistocracia” (gobierno de los
que conocen). Lo hizo en “Democratic Authority. A
Philosophical Framework” (“Autoridad democrática. Un
marco filosófico”).
Estlund es un decidido
partidario del sufragio universal sin restricciones, desde una
perspectiva liberal, garantista de las libertades personales y
políticas y la igualdad de derechos de la ciudadanía.
El problema teórico de
Estlund
es que, adopta una equidistancia -“procedimentalismo epistémico”,
que no debe confundirse con la epistocracia-, para su defensa del
sufragio universal, tanto de las teorías instrumentalistas,
para las que “la
democracia se justifica por su capacidad para producir buenos
resultados (incrementar el bienestar social, reducir la inestabilidad
civil o proteger las libertades de los ciudadanos)” como de
las procedimentalistas, para las que la democracia se
justifica por el conjunto de derechos políticos para la ciudadanía
(sufragio, manifestación, asociación y de reunión, libertades de
opinión y expresión, de igualdad ante la ley y debido proceso ambas
últimas un sarcasmo en la práctica jurídica española,…) deja
una espita abierta por la que puede entrar el virus epistocrático.
Estlund, aunque acepta la
superioridad de la democracia sustentada en argumentos
procedimentales cree, sin embargo que, para atribuir legitimidad
política a un sistema, los resultados son muy importantes, lo que le
hace ponderar el factor de la eficacia. Aquí es donde entra su
concepto de “procedimentalismo epistémico”, por ejemplo, que el
proceso sea transparente o participativo, al igual que de una
democracia política suele esperarse que corrija las grandes
desigualdades económicas.
Lo que Estlund no logra evitar
es que, establecida la importancia de la eficacia en la legitimación
del sistema político, aceche de fondo la sombra de una figura
autoritaria, si aporta mayor eficacia.
Dicho autoritarismo no tiene
porqué ser dictatorial pero sí compromete seriamente el principio
de igualdad al considerar la importancia de las opiniones. Es ahí
donde introduce la figura del experto, controvertida donde las haya.
El problema de los expertos en política es múltiple, no solo porque
su condición de tales es siempre discutible, lo que afecta a la
reputación de su cualificación sino porque, a menudo discrepan en
sus conclusiones y frecuentemente yerran en sus pronósticos y, sobre
todo, porque ser experto no legitima su superioridad en cuanto a la
toma de decisiones, sobre todo cuando éstas pueden ser lesivas para
los intereses de las mayorías.
Por otro lado, presuponer
neutralidad ideológica de esos presuntos expertos, dentro de una
democracia liberal de una sociedad capitalista, es lo mismo que creer
en el misterio de la santísima trinidad.
Aunque Estlund rechaza el rol
de los expertos como gobernantes, ya que en sus propias palabras
“que tú sepas mejor que el resto de nosotros qué se debe hacer,
no se sigue de ninguna manera que debas mandar, o que alguien tenga
la obligación de obedecerte”, y apuesta por la participación
ciudadana en una democracia deliberativa porque considera que la
discusión pública abierta tiende a producir buenas decisiones
políticas, lo cierto es que ha introducido en su reflexión la
figura del experto y ello es particularmente peligroso en tiempos de
involución política en términos de desigualdad en la calidad del
voto y en la supuesta preeminencia de un saber cualificado, que se
sesga a favor de unas pretendidas élites culturales, tras las que
suele encontrarse, a menudo con muy poco disimulo, el intento de
legitimar el poder de la clase dominante. Ello de forma no muy
distinta a como se hacía en los siglos XVIII y XIX.
Los epistócratas, dentro de
los que destaca el profesor de la Escuela de Negocios McDonough de
Georgetown Jason Brennan (“Against Democracy”,
“Contra la democracia”), sostienen que el valor de la
democracia debe ser analizado de forma puramente instrumental
en cuanto a su eficacia; en palabras de Brennan “el valor de la
democracia es puramente instrumental; la única razón para elegir la
democracia sobre cualquier otro sistema es que es más eficaz
para producir resultados políticos justos […].
La democracia no es más que un martillo, y si
encontramos un sistema mejor, deberíamos adoptarlo” ¡Un
martillo! Me pregunto si Brennan estará pensando solo en el uso
tradicional del martillo o en otros “alternativos”.
Por si alguien alberga dudas
sobre lo que piensa Brennan en relación con el sufragio universal,
él mismo se encarga de aclarárselas en su libro: “El
mantra ‘¡Vaya a votar! ¡Cada voto cuenta!’ es peligroso. La
mayoría de los ciudadanos no nos hacen ningún favor al votar.
Pedirles a todos que voten, es como pedirles a todos que nos tiren
basura”.
Brennan
distingue tres tipos de votantes: los “hooligans”,
a los que considera votantes irracionales y devotos
incondicionales y acríticos de los líderes de sus partidos,
justifican cualquier decisión de su organización, incluso si es
negativa, y odian con la misma intensidad a los votantes de otros
partidos, a los que desean todo tipo de males; el segundo grupo son
los “hobbits” (por la novela para frikis “El
señor de los anillos”), que son ignorantes y pasivos,
indolentes ante los problemas de cualquier tipo que no les afecte,
suelen ser abstencionistas y, si votan, siempre sin argumentos
propios, lo hacen solo movidos por sus intereses particulares, al
margen de los colectivos; y, por fin, los “vulcanianos”
(por “Star Trek”), que son racionales, están
informados y tienen formación, son reflexivos y deciden su voto sin
dejarse guiar por ningún apasionamiento de partido o líder. Aquí
se ve muy bien hasta donde alcanza la cultura taxonómica de Brennan.
La
clave de la cuestión que
le lleva a defender un sistema de sufragio restringido es que, en su
opinión, hooligans y hobbits
son la gran mayoría de los votantes y
los vulcanianos una
pequeña minoría por lo
que, al imponerse las dos primeras categorías, el instrumento
democrático falla y se producen resultados
injustos y malos en
la elección de los
gobernantes.
Una
primera objeción a
esta afirmación está
en el sesgo ideológico de Brennan. El
autor de “Contra
la democracia” es
libertariano, anarcocapitalista para entendernos.
A partir de aquí cabe preguntarse qué
entiende por “resultados
justos”...o
injustos en la elección de los gobernantes. No se trata de hablar en
términos teóricos, como hace él al defender un sistema
epistocrático, sino de evaluar políticas de gobierno, y esto sin
salirnos del marco de un sistema capitalista, radicalmente
desigualitario e injusto, salvo que consideremos que igualdad de
derechos es lo mismo que igualdad real o nos creamos el mito
meritocrático.
Tomemos
simplemente dos experiencias de gobierno reales, los tres períodos
de gobierno (el último trágicamente finalizado) de Olof
Palme
(socialdemocracia de izquierda) y el de Milei
(libertariano). Nada más que añadir en cuanto a “resultados
justos”. En
cualquier caso, hubiera sido honesta una declaración de intenciones
en el prólogo de libro por parte de su autor para conocer desde qué
presupuestos ideológicos ataca al sufragio universal.
Por
otro lado, las tres tipologías de votantes tienen más de tipos
ideales puros, en el sentido weberiano del término, que de realidad.
Es el propio Weber quien afirma que su concepto de tipo ideal es una
construcción mental que
“no puede ser encontrada empíricamente en la realidad”.
Todos
conocemos
a personas formadas e informadas (“vulcanianas”)
que, sin embargo, mantienen posturas irracionales y cerradamente
seguidistas y acríticas hacia sus partidos y líderes
y
posturas de rechazo viscerales
frente
a opciones opuestas (“hooligans”).
Los seres humanos no somos enteramente racionales ni completamente
irrazonables. Por en medio hay multitud de matices. No todo se
explica desde los ejes conocimiento/formación vs.
ignorancia/incultura o razón vs. irracionalidad. Hay personas
absolutamente sensatas en determinados órdenes de la vida y
completamente insensatas en otros.
En
cuanto a los que Brennan define como los “hobbits”,
abstencionistas y
pasivos
que, cuando votan, lo hacen movidos por sus intereses particulares, y
no por los generales es harto discutible ¿Quién
ha dicho que votar ocasionalmente
sea
siempre
la evidencia de un voto por intereses particulares y no para
la mayoría de la población?
Muchas veces las personas no votantes
habituales optan, finalmente, por votar
en un sentido pragmático, para evitar
la amenaza del triunfo electoral de
males mayores, sin que por ello se identifiquen con la opción votada
o porque ha aparecido una cercana a sus posturas. Incluso
el propio concepto de abstencionista debe ponerse en tela de juicio
ante el hecho de que los niveles de participación son diferentes en
unas elecciones municipales que en unas de estructuras intermedias
del Estado (autonomías, departamentales o de Estados federados) de
unas nacionales.
Brennan
no aclara cuáles son los criterios para definir los tipos de
conocimiento y de información que hacen de un ciudadano una persona
capacitada para poder votar de forma consciente ¿Es la economía o
la mal llamada ciencia política? ¿Historia o política comparada?
¿Conocimientos de derecho político o de sistema tributario?
¿Sistemas
formales, burocracia y ciencia de la administración o filosofía
política ¿La
Constitución del país o los programas políticos? Si conocer el
programa político de cada partido es condición indispensable para
votar conscientemente, ¿con qué herramientas conceptuales debo
evaluarlo? Y votar de forma consciente, ¿supone hacerlo a partidos
moderados y excluir propuestas consideradas radicales desde la
moderación? Si lo pensamos un poco hay, en su planteamiento un
tufillo elitista notable, ya
que acabaría reduciendo la participación en el sufragio a una
especie de supervulcanianos y al gobernante, en
el mejor de los casos,
en un trasunto de fiósofo-rey neoplatónico y
en peor, en una especie de tirano
(no confundir con dictador)
con
una única preocupación por representar los intereses de la minoría
que lo ha elegido y un
profundo
desprecio
hacia aquellos que carecen del derecho a elegirle o revocarle;
desprecio
que acabaría por eliminar las garantías de derechos
constitucionales y del resto de libertades políticas de los
excluidos, ya que, al negar su derecho a representar y ser
representados, su
respeto dependería de la voluntad política del gobernante y de la
minoría que le apoya y, de no ser así,
impediría, si no es por la vía revolucionaria, defenderlos.
En
cuanto a la preparación y capacitación del gobernante en base a una
sólida formación e instrucción no existe evidencia empírica
alguna de que ello sea garantía de eficacia, aunque sí puede serlo
de elitismo.
Aunque
Jimmy Carter era un hombre ilustrado, su gestión de la crisis de los
rehenes estadounidenses en la embajada en Teherán y en política
interna demostró una notable incapacidad de gestión política. Lo
mismo cabe decir de presidentes como John F. Kennedy o Lindon B.
Johnson, que aplicaron meros cálculos matemáticos sobre cuántos
norvietnamitas necesitaban matar para hacer que el régimen corrupto
y títere del imperialismo, primero francés y luego estadounidense,
de Vietnam del sur pudiera vencer en lo que, más allá de la
inteligencia política del partido comunista de Vietnam, era una
lucha de liberación nacional de todo un pueblo.
Por
contra, dirigentes limitadamente ilustrados han demostrado, en
ocasiones, ser muy eficaces en su práctica del gobierno. Es el caso
de Abraham Lincoln, en
gran medida autodidacta, cuyo
éxito en la guerra civil y el fin de la esclavitud en EEUU resulta
incontestable. Lo
mismo cabe decirse de Evo Morales, sindicalista y ex presidente de
Bolivia, que en sus 13 años de gobierno logró mejoras importantes
para indígenas, campesinos pobres y trabajadores. Apenas fue a la
escuela, al igual que el ex sindicalista Luiz Ignacio Lula da Silva y
Presidente de Brasil que, a pesar de ejercer un gobierno
socioliberal, sacó de la pobreza a millones de ciudadanos negros y
trabajadores de bajos ingresos. Apenas fue a la escuela. Y
estos son ejemplos de gobernantes que en ningún momento se
plantearon acabar con el capitalismo en sus países.
A
pesar de que el desarrollo educativa de un dirigente político ayuda
al desempeño de la gobernanza, no es determinante. La experiencia en
la actividad previa, junto con otras cualidades sí puede serlo.
No
es raro que un mandatario con elevado nivel formativo se encierre y
enroque, de forma rígida en una visión puramente teórica de cómo
debe ejercer el buen gobierno, alejándose de los condicionantes de
la práctica política.
Tampoco
es extraño que dirigentes, experimentados en las luchas sociales y
políticas apegadas al terreno, hayan adquirido unas habilidades y
capacidades para dirigir el gobierno, con una perspectiva mucho más
abierta de las dificultades y posibilidades de la acción política,
a pesar de sus limitaciones intelectuales.
Brennan busca su ideal de
gobernante en la idea del filósofo-rey que Platón expuso en “La
República”. La idea que tenía
el ateniense sobre la relación de dicha figura con los gobernados la
expone con claridad en el siguiente párrafo de su obra cumbre:
“De todos los principios,
el más importante es que nadie, ya sea hombre o mujer, debe
carecer de un jefe. Tampoco ha de acostumbrarse el espíritu
de nadie a permitirse obrar siguiendo su propia iniciativa, ya
sea en el trabajo o en el placer. Lejos de ello, así en la guerra
como en la paz, todo ciudadano habrá de fijar la vista en su
jefe, siguiéndolo fielmente, y aun en los asuntos más triviales
deberá mantenerse bajo su mando… En una palabra: deberá
enseñarle a su alma, por medio del hábito largamente practicado, a
no soñar nunca actuar con independencia, y a tornarse totalmente
incapaz de ello”.
Seguramente a más de uno de
ustedes se les ocurrirán algunos ejemplos prácticos de liderazgos
en los que esto ocurrió en la historia y las consecuencias que esas
formas de sometimiento acabaron teniendo para los gobernados, tanto
para quienes lo hicieron convencidos como para quienes lo rechazaron.
Cualquier forma de gobierno que no implique la más amplia forma de
deliberación y participación degenerará en otra cosa que la
oligarquía, la tiranía, en los casos en las que ésta ha sido
elegida, o la más clara dictadura. De ello no se sigue que la
democracia formal basada en el sufragio universal no pueda también
degenerar en las mismas o similares formas, cuando los enemigos de
las clases económicamente dominadas perciban la necesidad de
restringir o eliminar su participación para impulsar su proyecto de
dominación absoluta y completa del capital.
Debemos, por tanto, tomarnos
muy en serio a Brennan cuando condena la “tiranía de la mayoría”
que, según él, elige de modo desinformado e irracional a los
gobernantes, porque sus propuestas de sustitución son mucho peores.
Brennan expone seis
posibilidades de epistocracia para, finalmente, proponer una:
Restringir el derecho a votar
solo a los ciudadanos que hayan aprobado un examen obligatorio
básico de conocimientos sobre datos políticos. Aquí el cirujano
Brennan hace una auténtica amputación translumbar sin miramientos,
cortando sin escrúpulo democrático alguno, y dejando el cuerpo
electoral reducido a la mínima expresión.
Selección al azar (por sorteo
o insaculación) de los votantes, que recuerda al modo en el que
eran elegidos los miembros de la asamblea ateniense (bulé). Pero
los seleccionados no son todos sino una muestra restringida del
universo de población. Los seleccionados, que son los únicos con
derecho a voto, deben asistir a unos cursos de formación política.
Si en la anterior idea, el cirujano Brennan seccionaba electores sin
contemplaciones, en este caso hace una matanza general, reduciendo
el número de votantes a cifras similares a los inicios del sufragio
en el siglo XVIII. Eso sin contar con quienes desistirían de votar
para no tomarse el esfuerzo de asistir a los talleres formativos, a
pesar de que se remunerase la asistencia, cuantía que Brennan no
determina pero que considera que podría ser similar a las dietas de
los jurados en un juicio. La formación en que se les instruirá
pueden imaginarse ustedes que será de apariencia técnica y fondo
ideológico oligárquico.
Voto
ponderado, según el cual todos los ciudadanos pueden votar pero
unos votos, los
de quienes pasen un examen capacitario en política, valen
más que otros. El
señor Brennan aplica solo la primera parte de la frase
“un ciudadano, un voto”;
en ningún caso el mismo valor de cada voto. Quizá le inspiró
la
frase de, de“Animal
farm”,
de
Orwell,
“Todos los animales son iguales pero algunos animales son más
iguales que otros”.
Una
idea que recuerda a la que se aplicó en el Reino Unido hasta 1948,
donde los estudiantes y profesores universitarios tenían el derecho
a votar dos veces (plural voting”), una por su circunscripción
universitaria y otra por el distrito en el que residían
y también al sistema
electoral prusiano de las tres clases, del que hemos hablado.
Voto solo de valores: el
procedimiento se desarrolla en dos etapas. La
primera fase permite el
sufragio universal...sobre algo tan abstracto y controvertido como
los valores. Pero, aquí viene la segunda etapa: como es necesario
ser operativos para dicha votación, determinar qué son valores y
qué no lo son y evitar que la lista se alargue en exceso, además
de lograr un consenso ciudadano de cuáles entran o se excluyen de
la lista de valores a votar, lo que diferiría el propio sufragio
“sine die”,
un
grupo de expertos (¿en qué materias, de qué orientación
ideológica?) se encargarían de precocinar la lista de valores a
votar y, tras el sufragio universal, determinarían su viabilidad y
las políticas más idóneas para llevarlas a cabo ¡Fantástico!
Todo muy neutral ideológicamente, de principio a fin. Yo me lo
guiso, yo me lo como. Y si se hubieran saltado el sufragio universal
de los convidados de piedra, se habrían
ahorrado un dinerito. Al menos en los debates públicos en tv los
candidatos deben dar la cara antes de votar sobre cómo llevarían a
cabo sus programas, aunque mientan. Al fin y al cabo, en esta
propuesta de Brennan se miente aún más porque no se explica
previamente a la votación la relación entre fines y medios, y
probablemente después de ella tampoco.
Tecnocracia
con poder de veto, que permite el sufragio universal pero anula la
voluntad popular del mismo y su soberanía, representada en el
parlamento, al vetarse decisiones y leyes aprobadas que considera
negativas o técnicamente incorrectas. Esta forma epistocrática
rompe
la posibilidad de compromiso entre representantes y representados,
anulando la práctica programática de los primeros,
desalentando el ejercicio del voto por su inutilidad y, dada la
orientación clasista de la epistocracia, dando un cerrojazo a
políticas redistributivas, orientadas a la mejora de las
condiciones de vida de las clases dominadas. Es
cierto que podría decirse lo mismo de un órgano como el Tribunal
Constitucional pero al menos éste ha de justificar sus decisiones
en base a su interpretación de la Constitución.
Gobierno
por oráculo simulado (el
preferido por Brennan). Es un simulacro de participación
democrática, no muy distinto del anterior, cuyo lema podría ser
“tu vota, que nosotros haremos con tu voto lo que nos
apetezca”. Veamos cómo lo
describe el propio Brennan:
“Existe una versión más
técnica, no tan ofensiva, aunque más difícil de aplicar. Yo la
denomino “gobierno
por oráculo simulado” y funciona permitiendo que todo el mundo
vote, incluidos niños y personas con deficiencia mental. Eso sí,
cuando voten han de hacer tres cosas. Primero, decir quiénes son,
aportando información sobre demografía, ingresos, lugar de
residencia, religión y otra serie de datos que puedan afectar a su
conducta a la hora de votar. Esto aportaría un primer conjunto de
datos.
En segundo lugar, deberían
responder un cuestionario de conocimientos políticos básicos;
hechos sencillos fácilmente verificables, tales como: cuál es el
nivel de paro, el crecimiento del PIB de los últimos años, si
pueden recordar algunas leyes que hayan sido aprobadas por el
Congreso recientemente, qué partidos controlan qué partes de un
gobierno o si pueden identificar a sus representantes. Con esta serie
de respuestas, uno ya puede hacerse una idea de lo que esa persona
conoce políticamente.
En tercer lugar, se les
preguntaría acerca de lo que quieren. De esta manera, sabemos
quiénes son, qué saben y qué quieren. Con estos tres grupos de
información, se puede simular estadísticamente lo que una población
demográficamente idéntica y completamente informada habría apoyado
o votado. Es como si sacases una varita mágica y transformases un
público relativamente ignorante en uno absolutamente informado”-
No es necesario esforzarse
mucho pata comprender que Brennan ha jugado, como torpe trilero, para
presentarnos seis cubiletes y sacar finalmente la bolita del “oráculo
simulado” ¡Qué gran descubrimiento!
Lo que no cuenta Mr. Brennan es
que los resultados estadísticos de su simulación posterior
constituirían las medidas políticas aprobadas posteriormente, del
mismo mismo modo en que oculta el modo en que esa “simulación
estadística” llega a las conclusiones sobre lo que habría votado
una población “ completamente informada” ¿Cómo
se justifica, con qué algoritmos funciona y qué presupuestos
ideológicos hay detrás de esa “simulación estadística”?
Pueden ustedes suponerla.
No es de extrañar que le
parezca bien que vote todo el mundo, sin restricción alguna, una vez
que ya ha sacado la conclusión de que las clases subalternas son
ignorantes y no saben lo que votan, razón por la que gente como
Brennan aplicaría la solución de los que saben.
Le hemos dedicado mucho tiempo
a Brennan y su epistocracia. Creo que esta justificado porque es el
partidario más potente de la vuelta a un censitarismo de clase.
2.2.- QUITAR EL VOTO A LAS
MUJERES
“Household voting”,
o voto por
hogar en castellano, es
el nuevo reclamo
fascista para quitar de en medio al 50% de la población, las
mujeres, como sujetos de derecho al voto activo (sufragio) e
implícitamente también pasivo (derecho de representación).
Como
tantas veces las
modas, la mierda fascista actual proviene la mayoría de las veces de
EEUU.
Hace apenas 100 años en las
mujeres empezaron a conquistar el voto en la mayoría de los países
europeos, en EEUU más tarde para las mujeres negras (1965), en
España hace tan solo 50 años, tras la dictadura fascista que acabó
con las libertades y el voto femenino de la II República. Con
anterioridad lo habían logrado en la mayor parte de América latina.
En Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Bahréin tuvieron
que esperar al siglo XXI . En Afganistán lo perdieron tras el acceso
al poder talibán.
Ahora,
una nueva generación de talibanes, estos evangélicos,
neorreaccionarios, sectores del anarcocapitalismo y otras variantes
del nuevo chancro fascista abogan por la supresión del voto femenino
mediante la abolición de la 19ª Enmienda de la Constitución que
estableció en 1920 la no restricción del derecho al voto por
motivos de sexo. El lema de la campaña contraria al sufragio
femenino se llama “Repeal the 19th”
(revocar la 19ª enmienda).
Su esquema ideológico no
destaca por su sutileza. Recuerden el principio de la propaganda de
Goebbels anteriormente señalado.
Este intento de negar a las
mujeres uno de los derechos políticos fundamentales, el sufragio, es
clave para involucionar de manera absoluta todos sus demás derechos,
porque con ello busca inhabilitar su papel como sujeto social,
económico, cultural y cualesquiera otro, haciéndola retroceder
hacia el espacio privado del hogar, sujetándola al rol de género en
el que estuvo confinada hasta buena parte del siglo XX.
En
España nuestras abuelas conocieron muy bien lo que era eso. La
Sección Femenina, dirigida por Pilar Primo de Rivera, hermana del
señorito fascista, fundador de Falange, y dependiente de ésta, por
entonces ya supeditada al régimen franquista, se encargaba de
adoctrinar a las mujeres en su papel de devotas y obedientes esposas,
sacrificadas madres y seres social y políticamente pasivos, sujetas
a papel que el marido, la iglesia católica y la dictadura les
reservaba. Ni que decir tiene que, por entonces las mujeres
“no tenían ni voz ni voto”,
entendidos ambos en su más pleno y exacto sentido. Con
el fin de alicatar ese papel hasta sus cerebros, el Servicio Social
de la Sección Femenina obligaba a todas las mujeres a cumplir un
período de entrenamiento de seis meses en dos períodos, el primero
de adoctrinamiento religioso, político y moral, y el segundo de
índole práctica (cocina, rudimentos de puericultura, economía
doméstica, labores,...). Las prácticas, no remuneradas, se hacían
en instituciones de tipo caritativo del régimen, por lo que a éste
le salían gratis las prestaciones y contribuían a su ensalzamiento.
Llamativamente, Pilar Primo de Rivera nunca se casó ni fue madre, Su
“excepcionalidad” personal trató de justificarla como un
sacrificio hecho en nombre de un destino más elevado ¡Vaya cuajo!
Hay
cierto paralelismo hoy en EEUU entre la ideología que inculcaba a
las mujeres la Sección Femenina y el movimiento de
mujeres que allí está impulsando el “voto
por hogar”. Erika
Kirk, viuda del ultra Charlie Kirk
(ya conocen ustedes la costumbre estadounidense de que muchas mujeres
adopten el apellido de sus maridos) es una de las dirigentes más
importantes es la presidenta de Turning
Point USA (TPUSA), la
organización que su marido dirigió hasta su muerte a manos,
supuestamente, de una persona con problemas de salud mental. Turning
Point es una organización del movimiento de extrema derecha MAGA y,
consiguientemente, trumpista. Y, esto es importante, Turning Point ha
sido la organizadora del Women’s
Leadership Summit 2026,
un acto en el que las “tradwife”,
mujeres ultraconservadoras que se someten voluntaria e
ideológicamente al marido y a la crianza proponen el voto por hogar.
En su última reunión afirmaron cosas como:
“Si
mi esposo es la cabeza de la familia, yo soy el cuello y trabajamos
en perfecta sintonía; así que supongo que, si él votara en nombre
del hogar, me parecería bien”
“ella
se va a casar con un hombre que vive según los principios bíblicos,
y ambos estarán alineados en ese aspecto”.
“yo
elijo ceder este derecho a mi marido”.
Sobre
la teoría de la “complementariedad”, esgrimida por la extrema
derecha de EEUU, entre hombres y mujeres, se edifica la vuelta al
hogar, “con la pata quebrada” de las mujeres.
Entre
los promotores del regreso de la mujer a la caverna del “homo
antecessor” se
encuentra el pastor
(siempre pastorean rebaños) evangélico
(la más repugnante plataforma de sectas para idiotas contra sus
propios intereses que pueda existir), Dale
Partridge.
Plagiario profesional de estupideces ajenas, justificador del
Holocausto, odiador del movimiento LGTB, al igual que su oposición a
los matrimonios entre personas de distinto origen étnico y, por
supuesto, partidario del fin del derecho al voto de las mujeres.
Alguna
de sus frases célebres es increíble que no haya dado lugar al tipo
de respuesta que merece:
«La
mayoría de las mujeres no son capaces de votar de manera
responsable"
“Una
de las mayores amenazas de Estados Unidos son las mujeres blancas
liberales”
“Si
pudimos derogar Roe v. Wade, creo que podemos revocar la 19ª
Enmienda”. La derogación
supuso la restricción o incluso prohibición los derechos de las
mujeres a abortar en los Estados conservadores de EEUU
A
esta gentuza les acompañan los resentidos emocionales, auténticos
lisiados frente a la opción de relacionarse
de forma igualitaria y respetuosa con una
mujer, los enfermos incels, los famosos “bros”, acomplejados,
dedicados
a cualquier mentira de negocio, desde el gimnasio a las criptomonedas
o sus patéticos cursos de seducción masculina. Forman parte del
tipo de “hombres” que odian a las mujeres porque no les gustan
tal y como son.
El
problema que tienen los fascistas con las mujeres lo expresó uno de
sus mayores ideólogos, en un texto que les fue presentado
recientemente desde
este blog:
“"Dado
que las mujeres votan en mayor proporción por la izquierda y son
menos propensas al libre mercado, la extensión del sufragio a las
mujeres ha provocado un problema importante para el concepto de
libertad en una democracia". Se
refiere, por supuesto a la libertad irrestricta para una ínfima
minoría, los de su clase, para quienes la libertad es el derecho,
impuesto por la fuerza, de dominar a todos los demás. A
Peter Thiel no le gustan las mujeres, ni
la mayoría de los hombres.
2.3.-DESPOSEER
DEL DERECHO AL VOTO PARA ACABAR CON LA PROTECCIÓN SOCIAL
Recientemente
he encontrado
algunos restos del australopithecus. Uno
de ellos es Marcos
de Quinto,
ex vicepresidente internacional
de marketing de
Coca-Cola. El
pasado mes de agosto de Quinto se despachaba a gusto en X, la red de
la que es propietario Elon Musk:
"Está
aceptado (y se ve lógico) que en una comunidad de vecinos no pueda
votar el que no esté al corriente del pago de sus cuotas... Tampoco
tendrían que tener voto quienes coyunturalmente estén recibiendo un
subsidio por desempleo o una renta mínima vital, al estar mantenidos
por el resto de contribuyentes
Sé
que no es políticamente correcto proponer esto pero, por la misma
razón, tampoco tendrían que tener voto quienes coyunturalmente
estén recibiendo un subsidio por desempleo o una renta mínima
vital, al estar mantenidos
por el resto de contribuyentes.
Con
ello se combatiría el clientelismo y la demagogia. Es decir, se
evitaría que una "futura
mayoría de mantenidos"
votara a favor de que robara aún más a los que les mantienen..."
No
es necesario ser un experto en derecho político para darse cuenta de
varios detalles absurdos, además de reaccionarios, en esta
provocación de el señor de Quinto.
Relacionar
el impago de las cuotas de una comunidad de vecinos con la percepción
de un subsidio o alguna otra ayuda pública está fuera de toda
lógica porque mientras las primeras se rigen principalmente por el
derecho privado (derecho civil), los subsidios de desempleo, el
ingreso mínimo vital y otras formas de ayuda públicas,
corresponden, como su propio nombre indica, al derecho público
(derecho administrativo).
Por
otro lado, relacionar una deuda una comunidad de vecinos con la
percepción de un subsidio tiene la misma lógica que “confundir
el culo con las témporas”, algo
muy propio de un tipo que es “más
tonto que Pichote, que vendió la vaca para comprar leche”.
Es
llamativo el empleo por de Quinto del humillante término
“mantenidos”,
que utiliza 4 veces en tan solo 3 breves párrafos, con la intención
de ahondar en su desprecio a personas en situación de pobreza que
reciben subsidios de desempleo o el IMV.
¿Cómo
debemos llamar entonces al señor de Quinto, que en 2017, siendo
diputado de Ciudadanos en el Congreso, declaró una fortuna personal
de 47,7 millones de €, lo que no le impidió cobrar subvenciones
entre 2016 y 2017 de la Junta de Castilla-La Mancha por la cuantía
de 57.306,92 € para una de sus empresillas, Qvintvs SL,
que triplicaba su cifra de negocio e 19.664,45 €? Parásito me
parece un término más apropiado en su caso que mantenido,
que ni siquiera creó empleo con su chiringuito, ya que en ningún
caso tuvo más de dos empleados.
El
ejemplo que Marcos de Quinto da de que “
que
en una comunidad de vecinos no pueda votar el que no esté al
corriente del pago de sus cuotas”
cabe
aplicársele más bien a él mismo, que en 2018 fijo su residencia
fiscal en Portugal para beneficiarse de las ventajas que dicho país
ofrecía de un tipo fiscal reducido al 20% en el IRPF a residentes
extranjeros con grandes fortunas, aunque solo vivió allí unos
meses. Si hubiera tributado en España en dicho año habría tenido
que pagar por el diferencial de tipos impositivos en EEUU (allí
labró buena parte de su fortuna como vicepresidente de Coca-Cola
entre 2015 y 2017, tras despedir en un ERE ilegal a más de 1200
trabajadores en 2014 en nuestro país) y en España. Aquí le salió
barata su condición de no residente en 2018, ya que en un año en el
que ingresó más de 5,6 millones de € solo pagó 12.125 €. Sin
embargo, ello no le impidió en 2019 votar en las elecciones
generales ni ser elegido diputado por el afortunadamente desaparecido
Ciudadanos.
No
manifestó crítica alguna hacia la deuda de 10 millones de € con
Hacienda, hasta hoy impagada, del grupo Sesé, al que se incorporó
en 2021,
ni en el momento de hacerlo ni posteriormente. Quien calla otorga,
sobre todo si se es un libertariano de extrema derecha que condena lo
que considera alta presión fiscal en España para mantener el
clientelismo. Menudo clentelismo el del subsidio de desempleo que
asciende a la fabulosa cifra de 570 € mensuales. Me gustaría verle
vivir con esa cuantía. “Paguitas” contra “paguitas”: 24.000
millones de € en subsidios de desempleo en 2025 a repartir entre
1,8 millones de perceptores
frente a 18.810
millones de € a repartir entre 188.069 empresas privadas (2025),
concentrando el 1% el 62% de dichas subvenciones.
Don
Cocacolo de Quinto quiere acabar con el derecho al voto de los
sectores de clase trabajadora perceptores de subsidios de desempleo
con el fin de impedirles votar en contra de su supresión, cosa que
haría VOX, partido con el que simpatiza en los últimos tiempos.
Poco
patriótico parece don cocacolo, uno de los promotores de la ridícula
flotilla de yates a Ceuta de finales del pasado agosto, con su
truco para evadir impuestos como si fuera uno de los influmierders de
extrema derecha. De extrema derecha es pero mucho menos influyente en
la opinión pública de lo que él quisiera. No favoreció a esa
pretensión patriotera
su
grotesca
imagen, tercio de cerveza en mano, como si de un macarra patán
se
tratase, haciendo declaraciones ante los medios
acerca de la gesta de la flotilla de arriesgados
marineros
con
gorra
de
capitán Memo de fin de semana.
Ya te no puedes fiar ni de los ricos ¡Qué poca clase para un
“Master
of Bussines Administration”
del antiguo Instituto de Empresa! Esos ojillos vidriosos y levemente
enramados no parecen excitados
por “la
chispa de la vida”.

Últimamente
prolifera un tipo de “influmierder”, el reaccionario político,
que culpa a los pensionistas
de bloquear el futuro de los jóvenes por
el coste de las pensiones que, en su opinión, lastran su futuro y
están dispuestos a hundir el país para conservar lo que este
tipo de
mastuerzo anarcocapitalista,
próximo
ideológicamente a VOX, y residente fiscal en Andorra,
considera “privilegios”. Según
datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) el 48,2%
de los pensionistas españoles cobra una pensión inferior al salario
mínimo interprofesional (SMI), que es de 1.221 € mensuales. No
parece que casi el 50% de los pensionistas sean muy privilegiados. La
pensión media es de 1.373,4 €. Solo el 2% de los pensionistas
españoles percibe la pensión máxima de 3.359 € al mes.
2.4.-MOTIVACIONES
IDEOLÓGICAS PARA REVERTIR EL DERECHO AL VOTO
El
Tribunal Supremo español ha decidido suspender cautelarmente la
conocida como “ley de nietos”, una
disposición adicional de la Ley de Memoria Democrática del 2022
según la cuál “"Los
nacidos fuera de España de padre o madre, abuelo o abuela, que
originariamente hubieran sido españoles y que, como consecuencia de
haber sufrido exilio por razones políticas, ideológicas o de
creencias o de orientación e identidad sexual, hubieran perdido o
renunciado a la nacionalidad española, podrán
optar a la nacionalidad española,
a los efectos del artículo 20 del Código civil".
La
nacionalidad española conlleva los derechos de ciudadanía,
incluidos los del voto, una vez que se alcanza la mayoría de edad y
se produce la inscripción en el Censo Electoral.
Iustitia
Europa y VOX recurrieron ante la Junta Electoral Central
(JEC) alegando que se estaban produciendo irregularidades en la
inscripción censal de los nacidos fuera de España acogidos a la
nacionalidad española por la “ley de nietos” y que dicha
irregularidad se estaba produciendo de forma masiva.
A
VOX la conocemos bastante bien. De Iustitia Europa sabemos mucho
menos. Se define a la vez como “antipartido” y “partido de la
sociedad civil”. Todo muy coherente. A este tipo de oxímoron
ya nos tuvo acostumbrados en su día la
Sociedad
Civil y Democracia del “honrado” ex banquero Mario Conde. Una vez
que este pájaro abandonó su partido antipartido, el
resto de la tropa y dirigencia se fue a VOX, por lo que sea.
Decía
el
intelectual reaccionario Donoso
Cortés que
“en lo pasado está la historia del futuro”.
El
periódico El
Plural sitúa a Iustitia
Europa como
grupo de extrema derecha,
junto con VOX,
Frente Obrero, Falange y Se Acabó la Fiesta.
Se opone, como Trump, a la Organización Mundial de la Salud (OMS),
las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), las restricciones a las “terapias
naturales y la medicina alternativa” (uno de los miembros de su
dirección es Roberto San Antonio, presidente de la asociación para
la defensa de las terapias naturales) y la vacunación contra el
COVID. Está dirigida por el guardia civil en excedencia, ex taxista
y graduado en derecho
Luis
María Pardo.
Otro
de sus integrantes es el dirigente del Movimiento Rural Español,
Manuel Tinoco, a la vez partido y plataforma reivindicativa, opuesto
a la Agenda 2030 y, a la vez, cabalgado las contradicciones,
partidario de la agricultura sostenible. Una de las portavoces de
este partido agrícola es Pilar Esquinas, la
cuál
afirma
que las
estelas de condensación de los aviones son los famosos “chemtrails”
(gorrito
de papel de aluminio conspiranoico para la señora), cuyo objetivo es
el cambio climático. Una
señora que muestra
un empeño malsano de que la opinión pública confunda embalses con
azudes.
Volviendo
a Luis María Pardo conviene destacar su pertenencia a la asociación
“Liberum”,
a la que El
Diario Vasco califica de extrema derecha conspiranoica y antivacunas.
Suelen presentarse como acusación particular junto con grupos tan
caracterizables ideológicamente como Hazte
Oír, Abogados Cristianos o Manos Limpias.
Si
fuésemos ingenuos nos preguntaríamos por qué el Tribunal Supremo
ha aceptado, tras
inhibirse la JEC, por considerarse no competente en el asunto, el
recurso de ambas organizaciones fascistas y tomado la decisión de
suspender
la
inscripción en el censo electoral de los descendientes de españoles
exiliados que habían adquirido la nacionalidad derivada de la
mencionada ley orgánica de 2022?
A
la vista de la actuación del Supremo a lo largo de esta legislatura
(veto a la ley de amnistía, condena al Fiscal General del Estado,
anulación del nombramiento de la Presidenta del Consejo de Estado,
Magdalena Valerio, resoluciones que limitaban la legislación laboral
sobre los
“riders”,...)
no es posible mantener ingenuidad alguna respecto a este órgano.
Cuando en la anterior legislatura el diputado del PP, Ignacio Cosídó
escribió en un Whatsapp a sus compañeros de bancada aquello de
“Controlaremos la Sala Segunda [del
Supremo] desde
detrás”
solo
estaba
anticipándose
al llamamiento de José María Aznar de 2023:
“El que pueda hacer, que haga”.
Paradojas
de la vida y de una justicia injusta, a sabiendas de que lo es, los
nuevos
ciudadanos han sido expropiados por el Supremo del
derecho al sufragio.
No
voy a extenderme sobre las irregularidades que ha cometido el
Tribunal Supremo para encajar esta decisión. Lo hizo mucho mejor de
lo que este bloguero podría hacerlo el Catedrático emérito de
Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide
de Sevilla, Ramón
Soriano Díaz,
en su artículo, realizado para el diario Público,
titulado “El
Tribunal Supremo suplanta al Parlamento en la 'ley de nietos'”,
que les he enlazado.
Lo
que si cabe añadir es
que estamos ante una
restricción del
derecho a voto por
presuposición,
sin
datos que lo avalen, de la orientación del voto,
actuando el
Supremo a
instancias de parte de la ultraderecha y
coartando el sufragio
de los nuevos ciudadanos que
se estaban inscribiendo
en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA), suspendiendo
la validación de dicha inscripción. Ciertamente
no estamos aún ante un voto censitario de exclusión por motivos
ideológicos, puesto que ésta aún no es firme, pero bien podríamos
estar ante sus puertas.
Habida
cuenta de que VOX pretende la ilegalización de partidos como EH
Bildu, ERC u ONGs de salvamento marítimo a inmigrantes, como Open
Arms, antirracistas como SOS Racismo y prohibir los símbolos
comunistas, no debería sorprender a nadie que, en caso de llegar al
gobierno de la mano del PP, la exclusión del derecho a voto por
motivos ideológicos encuentre sin dificultad alguna jueces para
llevar a cabo este golpe fascista.
Aunque
históricamente se han señalado los motivos económicos, educativos
o de competencia, sexuales y étnicos como las causas del voto
censitario, siempre ha existido, por parte de quienes imponían
restricciones al sufragio, un fondo ideológico evidente.
Ya
hemos visto los argumentos que empleaba François Guizot para
justificar que el voto fuera un derecho privativo de la burguesía y
las clases dominantes francesas.
Voto
ideológico fue también la artimaña capacitaria, como en el caso de
Guizot, empleado por el senador por Carolina del Sur Benjamin R.
Tillman en 1900 para desposeer del derecho a voto a la población
negra de su Estado.
Peter
Thiel cree que el voto femenino es un problema para su proyecto de
poder tecnocrático porque “votan
en mayor proporción por la izquierda”.
3.-
EPÍLOGO
John
Stuart Mill es considerado un liberal progresista o incluso un
partidario del socialismo liberal o socioliberalismo por una parte de
esos sectores instruidos para los que su énfasis es acusadamente
mayor en el componente liberal que el que ponen en el socialista,
hasta el punto en que tiene pleno sentido preguntarse de qué
socialismo hablan y de cuál hablaba Stuart Mill.
Y
es que cuando las buenas intenciones provienen de miembros de lo que
antes se les llamaba las clases acomodadas, esa especie de burguesía
media-alta,
a menudo biempensante, su sentido de las
ideas de progreso
suelen
llegar,
no siempre, hasta
donde les permite su condición de clase.
Como
todo burgués de buen corazón, el sentido igualitario de Stuart Mill
estaba atravesado por las contradicciones de la pertenencia a una
clase que servía a los intereses de la dominante.
Defendía
el derecho al voto de las mujeres, la educación de la clase
trabajadora, rechazaba la acumulación ilimitada de riqueza y
abogaba por una sociedad futura de cooperación entre los seres
humanos. Buscaba el progreso humano pero sin romper el orden social;
el equilibrio en el cambio social.
De
ahí que su reformismo alertase frente lo que consideraba el peligro
de la “tiranía
de la mayoría”,
de una mayoría que, aunque no ideológica, sí demográfica,
compuesta por obreros, artesanos y trabajadores agrícolas,
representaba entre el 75 y el 80% de la población del Reino Unido.
“La
sociedad puede ejecutar, y de hecho ejecuta, sus propios
mandatos; y si emite mandatos erróneos en lugar de correctos, o
cualquier mandato en asuntos en los que no debería inmiscuirse,
practica una tiranía social más formidable que muchos tipos de
opresión política, ya que, aunque no suele estar respaldada
por castigos tan extremos, deja menos vías de escape, penetra
mucho más profundamente en los detalles de la vida y esclaviza el
alma misma”.
(Jhon Stuart Mill. “Sobre
la libertad”. 1859)
Stuart
Mill temía a las clases subalternas, no fuera a ser que acabaran por
cambiar las reglas del juego y expropiar las empresas, cosa que rara
vez ha sucedido en una democracia liberal, salvo cuando la clase
dominante necesita de su Estado para superar las crisis capitalistas,
devolviéndolas con beneficios a la “iniciativa privada”.
Pero
Stuart Mill prefería curarse en salud, por lo que era contrario a la
forma del sufragio igualitario (“una persona, un voto”) y
partidario de una sobrerrepresentación del voto de los ricos e
ilustrados (“voto plural”), así como su
negación a los analfabetos y a quienes recibían ayudas del Estado.
Sobre
la participación democrática: “No es útil, sino
perjudicial, que la Constitución proclame a la ignorancia y a la
sabiduría como iguales para gobernar al país”.
(…)
“También
es importante que la asamblea que vota los impuestos… sea elegida
exclusivamente por los contribuyentes a esos impuestos. Hay muchas
razones para que los que no contribuyen a los gastos del país sean
derrochadores con el dinero de otros y ninguna razón para que sean
ahorrativos”.
“en
lo que respecta a los asuntos de dinero, cualquier poder de voto que
ellos posean es una violación al principio fundamental del gobierno
libre… equivale a permitirles que metan la mano en los bolsillos de
otros para cualquier propósito que crean de beneficio público.
Considero que…, recibir alivio [del gobierno] debería ser una
descalificación terminante para ese derecho [al voto]”.
(John
Stuart Mill. Consideraciones sobre el gobierno
representativo”. 1861)
Curioso
que, tras tantas vueltas sobre la libertad y el rechazo al despotismo
como forma de gobierno, acabe Stuart Mill por distinguir entre el mal
y el buen déspota y alabando a éste último.
“Un
mal déspota, cuando se han provisto sus propias indulgencias
personales, a veces puede estar dispuesto a dejar en paz a la gente;
pero un buen déspota insiste en hacerles el bien haciéndoles
hacer sus propios negocios de una manera mejor de lo que ellos mismos
saben. La normativa que restringía a los procesos fijos todas
las ramas principales de las manufacturas francesas fueron obra del
gran Colbert”. (John
Stuart Mill. “Consideraciones sobre el gobierno
representativo”. 1861).
¿Recuerdan
ustedes cuando en el capítulo 2 hablábamos de cómo los
reaccionarios y la ultraderecha reciclan perpetuamente ideas de
siglos pasados? Stuart Mill.
Con
su “voto plural”, como el sistema de prusiano de las tres
clases, del que les hablamos anteriormente, para reducir el peso de
las clases populares en el electorado.
Con
su rechazo al derecho a voto, de nuevo como en el sistema prusiano
de las tres clases, el cuál dejaba fuera del sufragio a los
sectores más pobres del proletariado, artesanos y campesinos pobres
que recibían ayuda pública.
Con
su consideración de dejar fuera del derecho al sufragio, como en
Brasil, Perú, Colombia, Chile, Bolivia y Ecuador en el siglo XIX, a
quienes no pagaran impuestos,
es
un buen ejemplo de cómo las ideas conservadoras del pasado inspiran
la epistocracia de los Brennan o el clasismo censitario mucho más
soez de los Marcos
de Quinto.
El
caso de la reacción
involutiva que viene de EEUU con la campaña “Repeal
19th” (revocar la 19ª
enmienda),
el acto público “Women´s
Leadership Summit 2026” y su
propuesta “Household Voting” en
relación con la supresión del voto femenino, que empieza a asomar
en España a través de algunas redes sociales, es particularmente
llamativo porque se asienta en las viejas tradiciones reaccionarias
de los siglos XVIII, XIX y parte del XX de excluir a las mujeres del
lento y tortuoso camino hacia el sufragio universal. Las
principales artificios argumentales que se han recuperado del pasado
para sustentar semejante vejación política son la renaturalización
de la vieja división de roles de género privado (el hogar como
espacio femenino)-público (lo social y la política como espacio
masculino) y, en consecuencia, la artimaña de que es la unidad
familiar la entidad “natural” del voto, siendo el hombre quien la
representa. Divertido
argumento, si no fuera porque el capitalismo es el principal
destructor de la familia con su fomento del individualismo
insolidario y el amor líquido del que hablaba Bauman.
Junto
a ello vuelven a reaparecer arcaicos pseudorazonamientos como el de
la pretendida emocionalidad femenina, a la que se culpa hoy incluso
de excesivamente compasiva, frente a la supuesta racionalidad
masculina, cuando las emociones tienen tanto peso en la política y
mueven a las guerras convocadas por hombres.
Así
mismo, reaparece con fuerza la ficción bíblica del mandato divino
del hombre como “cabeza de la familia”, sostenido en el pasado
reciente por el papado católico y hoy por las sectas evangélicas
que son hoy una de las más reaccionarias y eficaces propagadoras de
ignorancia, fascismo y pobreza; eso sin contar el latrocinio que
ejercen sobre su rebaño mediante el llamado diezmo y otras formas de
enriquecimiento de sus pastores. Combatirlas es combatir al fascismo.
Todo
el despliegue de la artillería de reaccionarios y fascistas contra
el sufragio universal irrestricto e
igualitario responde a un único objetivo: asegurar mayorías
absolutas, estables y perennes que les permitan realizar su sueño
húmedo de destruir las pocas conquistas sociales de la clase
trabajadora que aún quedan en pie y ejercer su represión
política de clase, de forma infinitamente más cruenta y
tiránica que la que hasta el momento han ejercido en lo que llevamos
de siglo XXI, frente a la reacción popular destinada a combatir el
primer objetivo. Para
ello no dudarán en legislar un derecho penal del enemigo
absolutamente más draconiano del que hasta ahora se haya aplicado,
recortar aún más las libertades de reunión, manifestación y
expresión, ilegalizar partidos y organizaciones contrarios a sus
objetivos y utilizar sus grupos de choque fascistas. La duda está en
el ritmo de ejecución de sus medidas, no en su aplicación.
Quitarse
de en medio sectores de votantes será más pronto que tarde uno de
los modos de impedir que las
víctimas expropiadas de los derechos un día conquistados
(pensiones, coberturas de desempleo, sanidad y escuela públicas,...)
se opongan con su voto a estas medidas. El otro la represión
política de clase.
Cuando
hayan logrado esos objetivos ya no necesitarán su máscara de
pseudolegitimación política del voto censitario y podrán imponer
su fasciocapitalismo con violencia y sin votos.
Para
entonces será tarde para enfrentarse a ellos. El momento es ahora
con la movilización del voto popular y la lucha organizada en la
calle, sin confundir al oponente secundario con el enemigo principal.
A
lo largo de mi ya dilatada vida me he abstenido más veces de las que
he votado. Nunca lo he hecho cuando el triunfo de la derecha era más
que posible. Menos aún lo voy a hacer ahora cuando la versión ultra
que representó José María Aznar se nos presenta mucho más
vigorizada y fascistizada en una doble versión a cuál peor y con la
posibilidad de arrasar y destruir nuestras conquistas, que ningún
gobierno nos regaló, al alcance de la mano.
La
abstención no solo desarma. Abstenerse en estas elecciones no es
tampoco pegarse un tiro en el pie; es pegárselo en la cabeza. Actuar
movido por la emoción, la
frustración o el desencanto
y castigarse a uno mismo, facilitando la entrada de la reacción
fascista en el gobierno por omisión.
La
base subjetiva del voto fascista en estas elecciones no se abstendrá.
Nunca lo ha hecho. Cuando sus organizaciones son muy débiles, se
limitan a emplear la propaganda y sus escuadrones violentos contra
inmigrantes, homosexuales y antifascistas
u ocupan puestos de menor relevancia dentro de la derecha
autodenominada conservadora, que muestra su verdadero en
el momento en el que la
necesidad de
incrementar concentración
del capital toca a rebato.
No
seamos ilusos. Vencer en estas elecciones a la extrema derecha es
altamente improbable...pero no imposible. Y no
supondrá
el fin del fascismo.
Derrotarlo en estas
elecciones es ganar tiempo. Eso, en las circunstancias actuales es
mucho.
No
estamos ante el rearme organizativo de la clase trabajadora ni el
avance de las luchas sociales y democráticas sino ante un proceso de
repliegue y desmantelamiento, en caso de triunfar el fascismo, de los
restos sociales de un Estado que ya no es social. En gran medida me
recuerda a las luchas obreras contra el desmantelamiento de la
estructura industrial, mal llamada “reconversión”) de los
gobiernos de Felipe González. Sin embargo, la lucha, a pesar de la
derrota, no fue inútil. Logró que el cierre de las industrias que
tenían plantillas más envejecidas consiguiesen prejubilaciones, en
muchas cosas a partir de los 52-55 años, aunque las entonces
anunciadas recolocaciones de los más jóvenes fueron un fiasco. De
no haber existido la lucha ni siquiera se hubieran logrado las
prejubilaciones porque el gobierno de Felipe González necesitaba la
paz social.
Estas
elecciones han sido convocadas tras decaer parlamentariamente los
decretos
de
las muy tímidas medidas, que fue apoyado
por el Sindicato de Inquilinas, para paliar parcialmente la situación
dramática de los las
personas que viven de alquiler
en España. Es también el de los inquilinos un movimiento de
resistencia. Pero tampoco
será inútil.
Ha permitido a mucha gente tomar conciencia de la situación de la
vivienda en España, no solo del inquilinato, una conciencia que
podría ir más allá del área de la reproducción social y entrar
en el de la producción (salario, condiciones contractuales y de
trabajo,…).
Sobre
este movimiento tengo más dudas en relación con el plano
organizativo a futuro, cuando se levanten las acampadas y el
movimiento pierda en los barrios el foco mediático. También las
tengo sobre la lectura que, a partir de la convocatoria electoral,
hará tanto el movimiento de inquilinos como aquellos sectores
sociales a los que su lucha ha ayudado a tomar conciencia política,
sobre el momento político español que se ha abierto a partir de
dicha convocatoria. Temo que
una parte de su discurso abone, de modo no pretendido, posturas
abstencionistas.
La
abstención no es una alternativa. Cada uno de nosotros debe pensar
cómo impide un gobierno fascista con su voto.