12 de mayo de 2021

SOBRE EL PRETENDIDO ANTAGONISMO ENTRE SOCIALISMO/COMUNISMO Y “LIBERTAD”

Por Marat

El socialismo no es lo que hacen los partidos socialistas cuando gobiernan, del mismo modo en que tampoco lo son algunos autodenominados comunistas, o acusados de tal, cuando lo hacen en coaliciones con los autoproclamados socialistas.

Hace pocos meses, ABC, panfleto válido solo para envolver colillas que arrojar a la basura, acusaba a Largo Caballero de comunista. Que el PCE de la guerra civil española le agasajase como el Lenin español solo significó que este partido aupó oportunistamente a quien fue miembro del Consejo de Estado de la dictadura de Primo de Rivera a una categoría que le quedaba demasiado grande

Tanto a Chávez como a Maduro se les ha acusado en repetidas ocasiones de lo mismo, cuando su régimen no se ha apartado del más puro bonapartismo, de matices caudillistas, propio del populismo peronista. Si ustedes quieren saber de verdad lo que el populismo de matriz peronista, que es lo que se encierra dentro de los movimientos latinoamericanos que se han revindicado como del Socialismo del Siglo XXI, decenios después de desaparecido el general argentino, pregúntense por qué hay quienes han hecho lecturas de un peronismo tanto de derechas como de izquierdas y por qué desde esa ideología de corpus tan extraño se reivindican tanto nociones como pueblo y nación y se apelan tan poco a conceptos ligados a la idea de clases sociales y luchas de clases. Dar brochazos gordos de pretendida emancipación de los oprimidos y subalternos a lo que es una ideología profundamente reaccionaria y populista no la convierte en revolucionaria. Pretender hacer pasar las recetas de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe por marxismo es tan coherente como decir que el identitarismo posmoderno tiene algo que ver con el comunismo. Pura bazofia que la alt-right, o derecha alternativa, fascismo sin correaje, para entendernos, ha explotado en su propio beneficio. Ello a pesar de que el gran capital no tenga inconveniente alguno a situar a mujeres en los consejos de administración, en hacer del ecologismo, y la transición hacia la descarbonización, un gran negocio o a promocionar el veganismo en sus medios de comunicación porque abren la puerta a nuevos nichos de mercado. Ellos sí que saben. Saben qué cuestiones no son otra cosa que oportunidades para seguir remozando al capitalismo y que tire para delante unos decenios más, con sus lacras de sobreexplotación laboral, pobreza, muertes y crecientes desigualdad social, vigilancia policial y recortes de libertades, ese término al que tanto se apela desde los defensores de la división de la sociedad en clases sociales. Afirmar que, como te sientes de un sexo diferente a aquél con el que has nacido, eres del que proclamas puede ser una parte de la libertad de cada persona – no entro al debate- pero no quiebra ni las relaciones entre las clases sociales, ni la idea de propiedad de las empresas, ni niega la explotación y la sobreexplotación laborales. Y es ahí, y no en otro lugar dónde se encuentra la negación del orden social y económico del capital y de los sistemas político e ideológico que lo sustentan.

A lo largo de la historia personajes que mantenían un discurso aparentemente radical, aunque bajo una práctica política muy distinta, han sido acusados de ser socialistas o comunistas.

Autodefinirse, o ser calificado por otros, como socialista o comunista no es sinónimo de socialismo o comunismo.

El socialismo y el comunismo son dos estructuras sociales y económicas que, hasta hoy, no se han dado en ningún país. Alguien debiera explicar a quien cuestione estas dos concepciones de sociedad que lo mismo cabría decir de un capitalismo que nada ha tenido que ver con la teoría liberal en la que se asienta, ya que su fundamento, meramente ideológico, no científico, el de la libre competencia ha demostrado ser una falacia cuando los monopolios, la concentración del capital y las grandes empresas acaban con la posibilidad de libre concurrencia del mercado. Y, sin embargo, hemos de soportar cada minuto las impertinencias liberales sobre la libre empresa. 

A una sociedad socialista no la define el porcentaje de control estatal de la economía sino que las empresas pertenezcan a los trabajadores, y ellos decidan sobre el trabajo, la socialización, que no estatización y e incluso sobre lo que es necesario y útil producir. Del mismo modo, el comunismo es una sociedad que ha superado la existencia del Estado porque ya no hay lucha de clases al desaparecer éstas y, en consecuencia, la existencia de un aparato estatal que representa los intereses de una clase concreta, la dominante. Son aspiraciones que en momentos históricos concretos han sido objetivos de gran parte de la humanidad y que poseen características propias que las definen

El socialismo es una etapa de la humanidad en la que se agudizan las luchas de clases pero en ellas es la clase trabajadora la que predomina en la dirección de los objetivos de la economía, de las relaciones que los seres humanos establecen en el trabajo, tomadas éstas como solidaridades en las que cada uno da lo que su capacidad le permite y recibe según sus necesidades.

El comunismo es una etapa en la que la política, entendida como objetivos espurios de los contendientes en una sociedad divida en clases, es superada por el modo en el que los seres humanos logran superar su estado de necesidad material para elevarse a la condición personas que puedan desarrollar todo su potencial y crecer colectivamente más allá del trabajo. Una sociedad en la que los seres humanos estén sujetos a la absoluta dependencia de unas necesidades, que solo una parte de ellos puede satisfacer, no es una sociedad libre.

¿Qué tiene que ver el socialismo, como objetivo por el que luchar, con la libertad? Algunas cosas importantes.

El objetivo del socialismo pretende la protección del ser humano, basándose en el principio de que somos desiguales de partida. Exige que cada uno dé según su trabajo y reciba según su capacidad.

El socialismo como principio de sociedad no niega que somos diferentes, que todos no hemos partido de los mismos niveles educativos y culturales, ni de las mismas clases sociales. Venimos del capitalismo pero cada uno debe de dar al colectivo el trabajo, la inteligencia, la voluntad y ha de recibir según el trabajo que realiza. No pueden ser remunerados del mismo modo la médico o el enfermero que el trabajador de una fábrica de muebles o el transportista de mercancías peligrosas. Hay que valorar cada aportación a lo social en la medida de lo que da y hay que considerar cuánto aporta a la sociedad.

La diferencia frente a una sociedad dividida entre propietarios de las empresas y trabajadores que aportan su trabajo de modo común y solidario es que no se parte de que todos seamos iguales, como si la formación o las capacidades no existiesen, sino en que se contribuye a un fondo común.

En una sociedad socialista todavía encontraríamos rasgos de la capitalista, en cuanto a clases sociales de origen pero el socialismo, que es la cooperación entre los desiguales, ya no partiría de la propiedad de la empresa sino de las diferencias heredadas. Algo significativamente distinto cuando el poder económico ya no es clave porque éste se encuentra en manos de la clase trabajadora. En tiempos a eso lo llamábamos dictadura del proletariado. Ahora parece que a quienes se reclaman de la izquierda radical les avergüenza el concepto por lo de dictadura. Hay quienes se sienten tan tentados de pedir perdón que lo harían hasta por el mero hecho de existir.

Nunca he creído que la dictadura del proletariado pudiera ser la dictadura del Partido, entre otras cosas porque cuando solo hay una voz todas las demás deben enmudecer o cantar la misma letra de la canción; entre otras cosas porque, siguiendo la lógica de la representación concentrada al máximo, uno puede acabar siendo acusado de disidente hasta de aquello en lo que cree firmemente.

Pero sí creo que el socialismo debe sustentarse en en una dictadura de la clase trabajadora, a través de una legislación, una capacidad representar a la mayoría social de acuerdo a su peso y contribución en/a la sociedad, de unas instituciones, de un poder del Estado, de una cultura social que establezca nuevos consensos colectivos hacia la igualdad y la solidaridad, del mismo modo en que el capitalismo, y todas sus variantes ideológicas, desde las más reaccionarias hasta las más progresistas, lo han hecho.

Precisamente por su condición cooperativa, el socialismo estaría marcado por la presión de origen de proteger cuestiones básicas que afectan al ser humano como tal: la protección al nacer, asegurar la vida del recién nacido, la educación, la sanidad, independientemente del coste de la salud de cada persona, la protección laboral y la de la pérdida del puesto de trabajo, siempre bajo la obligación de trabajar como aporte a la sociedad, el resguardo de la vejez, en todo lo que le acontezca.

Parece que un día les contaron a algunos que el capitalismo ofrecía escudos vitales parecidos. Eso duró algo así como un suspiro, entre 1945 y 1973. Desde entonces parece que se fue jodiendo esa fantasía capitalista.

El caso es que como el recorte del salchichón va por rodajas, cada vez menos finas, no nos enteramos mucho de cómo va esto de la evolución del capitalismo. Pero algunos lo vamos notando.

Yo me pregunto cómo se garantiza la libertad de las personas.

¿Será libertad carecer de empleo y de futuro y tener que recurrir a la caridad pública o privada para comer?

¿Será libertad ser desahuciado de la vivienda porque no se puede pagar la hipoteca o el alquiler? Los desahucios, por mucho que cacaree el gobierno progre sobre sus moratorias, siguen produciéndose también en una situación tan terrible como el de las consecuencias económicas de la pandemia sobre la clase trabajadora.

¿Será libertad que seas tan desgraciado que Deliveroo, Uber Eats, Glovo y toda esa criminalidad capitalista te obliguen a reivindicar que quieres ser autónomo, cuando no puedes pagarte el ser autónomo, frente a un intento de legislar la existencia de una relación laboral real?

¿Será libertad que miles de ancianos hayan muerto en las residencias porque comunidades autónomas como la de Madrid estimaron que sus vidas valían menos que las personas de edades inferiores y que ese pensamiento gerontofóbico, extraño cuando todos aspiramos a vivir hasta esas edades, provenga de los períodos en los que los recortes en la sanidad pública española dejaron ésta en mínimos

¿Será libertad que los derechos al amor y a la paternidad/maternidad hayan sido clausurados por salarios de miseria, con empleos basura e hipotecas y alquileres con precios absolutamente criminales? Es libertad de mercado, no del derecho a una vida decente.

¿Será libertad que miles de jóvenes, y no tan jóvenes, se hayan conjurado en una orgía de negación de la pandemia y alcohol para decir que el Madrid de Ayuso era libre? ¿Será libertad el derecho al yo por encima del nosotros?

¿Será libertad que quienes usamos el coche para trabajar nos veamos ante la eventualidad de pagar por usar carreteras que son la única alternativa para ir a nuestros trabajos y que ya pagamos en su día con nuestros impuestos? ¿Será libertad que el gobierno progresista de PSOE- Unidas Podemos piense en esta posibilidad para lograr liquidez para el Estado, tirando de una idea que se le ocurrió al gobierno del PP en 2012? ¿Será libertad que la izquierda se parezca tanto a la derecha cuando busca dinero público?

¿Será libertad que nunca nos haya salido tan cara la electricidad en nuestras casas o la gasolina para ir a nuestros trabajos?

¿Será libertad la ausencia de futuro de los chavales de lugares como Usera, Vallecas, Villaverde, en Madrid, o de barios como el Polígono Sur, los Pajaritos y Amate en Sevilla, por citar solo algunos ejemplos?

¿Será libertad que la diferencia entre la esperanza de vida de los barrios más ricos y los más pobres pueda llegar hasta los 7 años?

¿Será libertad que todas las horas no pagadas a las que nos obligan los capitalistas sean consideradas como la única opción para que la empresa que nos sobreexplota sobreviva? Lo de explicar que toda relación laboral asalariada es explotación es inútil. Nadie está dispuesto a aceptar que su salario es inferior al valor que genera su trabajo porque eso le pondría en el brete de tener que explicar porqué el capitalismo le parece tolerable.

Del comunismo nada más que añadir a lo ya mencionado. Si Marx escribió muy poco sobre cómo sería esta etapa, no me veo yo en condiciones de aportar más que él. El ser humano transita por la historia construyendo su futuro a base de errores y aciertos.

5 de mayo de 2021

EL PORQUÉ DEL HOSTIÓN DE LA IZQUIERDA EN LAS AUTONÓMICAS DE MADRID

Por Marat

Por adelantado pido disculpas por la extensión del texto que los más piadosos o interesados con/en él podrán soportar pero difícilmente el resto.

Voy a empezar, como el pelar las capas de la cebolla, de afuera adentro.

1.-FACTORES TÁCTICOS Y ESTRATÉGICOS DE LA CAMPAÑA

Al mercenario spin doctor Iván Redondo - que primero fue asesor asesor de campaña del racista y xenófobo dirigente del PP, Xavier García Albiol a las elecciones de Badalona, tras las que logró la alcaldía, que entre 2012 y 2015 ejerció de director del Gabinete de la Presidencia de la Junta de Extrema, asesorando a José Antonio Monago y que en Euskadi asesoró a Antonio Basagoiti, dirigente del PP- le ha roto el brazo el consejero aúlico Miguel Ángel Rodríguez (MAR), el dipsómano que probablemente asesoró, como hizo en los viejos tiempos, a su amigo, el saco de resentimiento del expresidente Aznar, cuando éste dijo aquello de y quien te ha dicho que conduzcas por mí, en respuesta a la campaña de la DGT No podemos conducir por ti, en la que se señalaba el riesgo de conducir con dosis de alcohol al volante, el mismo MAR que acusó de nazi, razón por la que fue condenado, al difunto doctor Montes, por sus sedaciones paliativas contra el dolor de los enfermos terminales.

No dejo de preguntarme por qué un político inteligente como Pedro Sánchez nombró a Iván Redondo jefe del Gabinete de la Presidencia de su Gobierno, el mismo cargo que recibió de manos de José Antonio Monago, del PP, cuando éste ostentó el cargo de Presidente de la Junta de Extremadura.

La respuesta me parece evidente: Sánchez es un político sin escrúpulos, aventurero y ambicioso. Personalmente considero a este tipo de líderes muy necesarios en tiempos convulsos. Cuando todo es caos y la ira domina a los seres humanos, lo peor que nos podemos encontrar es al político bienintencionado que no quiere pisar callos y que pretende ser la reina de la belleza moral frente a una realidad que necesita giros, aunque estos sean más estéticos que reales. Joden todo a su alrededor precisamente por su incompetencia, ejemplo evidente Gabilondo, que ni tiene categoría de político, aunque haya hecho el papelón más patético, solo superado por el candidato de Ciudadanos, ni ha salido de su debate con Anxágoras de Clazémonas, mientras los problemas se acumulaban a su alrededor durante estos los dos años en los que ha estado cobrando por representar a sus votantes.

Pero, a pesar de todo, no dejo de sospechar que tanto el fuego amigo (Redondo) como el enemigo (MAR) parecían alineados en sus objetivos, sobre todo si se ha tenledirigido a un pusilánime como Gabilondo desde Moncloa, ni siquiera Ferraz, sin atender a las percepciones de la realidad más cercanas a Madrid de la FSM.

Hay dos lemas de campaña que me interesan especialmente para explicar la derrota de la izquierda desde sí misma, sin recurrir a la inteligencia de la derecha extrema de Ayuso:

a) Que hable la mayoría. Lema de Unidas Podemos. Apelar a la mayoría, al cuando votamos ganamos significa desde la izquierda vincular la realidad de clase a la representación política de quienes se suponen que representan a la clase trabajadora y los sectores populares. Para ser politólogo Pablo Iglesias y, según dicen, de formación marxista, ignora lo principal: la diferencia entre clase en sí y clase para sí y, lo principal, que la clase puede llegar a identificarse, no necesaria ni miméticamente, con quienes viven su realidad.

Y aún así ello no lo explicaría todo. La mayoría (clase trabajadora y sectores populares) ha hablado desde parámetros en los que el vínculo ya roto izquierda/clase- no existe porque vivimos en un contexto en el que la izquierda gestiona lo que le permite el capital y la clase se ha sentido engañada, en la gestión de la pandemia, en las ayudas sociales, en el papel de Unidas Podemos en el gobierno, principalmente.

Y la mayoría habló pero no se sintió representada por Podemos.

b) Hazlo por Madrid. Lema del PSOE. Aquí uno se pregunta si el creativo de la campaña es el mismo que hizo el de Ciudadanos, Madrileños por Edmundo, alguien directamente imbécil o se lo han encargado a Iván Redondo en plan sabotaje descarado.

¿En serio, hazlo por Madrid? ¿Justamente por el concepto del que se había apropiado Ayuso durante el largo año de la pandemia? ¿Qué había de las ya más que envejecidas consignas del gobierno de no dejar a nadie atrás y de ligar su campaña a esta idea fuerza?

Quizá estemos ante la evidencia de un PSOE- Gobierno que, tras un año de demostrar iniciativa, inteligencia y capacidad de vender la moto a una clase trabajadora que no había de pedirle demasiadas explicaciones a las políticas sociales de futuro, está perdiendo toda su irradiación.

El tercer lema, el de Más Madrid, por lo que de verdad importa es realmente bueno. Sitúa a la campaña y los consumidores de los supermercados electorales ante la realidad social y económica. En el contexto de la realidad de la pandemia y de sus consecuencias alude a cuestiones como la defensa de la sanidad pública y del trabajo y su protección.

De un modo extenso, también puede ampliarse a la idea de la defensa de la educación pública y de las pensiones.

Por cierto, Más Madrid va a convertirse en Más País de modo potente. Ya está en marcha ese proceso. Veremos cómo en los medios progres y en los no tan progres se producirá el efecto Podemos, ahora con ellos. Venderán con Más País el mismo bulo que presentaron hace años con Posemos. De nuevo el PSOE necesita dónde guardar los votos y ustedes los votantes son sus cómplices.

Pero, salvando los slogans, hay que referirse a algo que va más allá de las tácticas y de las estrategias de campaña.

Electoralmente el PSOE ha perdido un tercio de los parlamentarios que tenía en la anterior asamblea de Madrid.

Ninguna de las opciones electorales de la izquierda ha recogido suficientemente el voto perdido del PSOE. Más Madrid ha sumado algún diputado más, como Podemos. La realidad es que el PP está más cerca del PSOE y la base sociológica de la izquierda de la derecha de lo que podrían asumir. Ustedes con sus mentiras y con las preguntas que necesitan.

Esto no se ha debido solo a un candidato torpe y de derechas (desaparecido durante dos años, hipermoderado en sus escasas propuestas en este tiempo).

Tiene que ver con la incapacidad del PSOE y de Unidas Podemos de comprender la psicología humana, la sensación de cansancio de más de un año de pandemia, la frustración social que esto crea, la rabia social que genera, la forma en la que la derecha ha sabido usar unos huecos que no utilizó la izquierda, de dar vida a la existencia durante este periodo, las contradicciones en la información sobre la epidemia, que se han percibido y muy bien manipulado como mentiras, el miedo a una pobreza que Ayuso ha conjurado como libertad, de comercio, de convertir la angustia en desahogo, de levantar el yo por encima del nosotros y de vender que la economía se mueve con esta lideresa. Ya veremos cómo se queda otro porcentaje más de trabajadores legales, ilegales y pensionistas fuera. Pero eso es algo de lo que no nos vamos a acordar dentro de unas semanas, ¿verdad?

2.-FACTORES REALES, ¿POR QUÉ SE NOTA QUE LA IZQUIERDA SOLO VENDE BARATIJAS?

Empecemos por no caer en la trampa de hablar de las izquierdas. Todas, en conjunto, son lo mismo: una cosa blandengue que no sirve ni como matización del neoliberalismo (de capitalismo no hablamos porque tampoco es cosa de asustar a la base electoral a la que atienden, las mal llamadas clases medias, que naufragan sin perder la esperanza de volver a los años dorados del Estado del Bienestar) ni como discurso de ruptura política y de apelación a un antifascismo que se olvida de que éste crece cuando la clase trabajadora y los sectores populares, también los sectores tradicionales de las llamadas clases medias, sobre todo las formadas por pequeño comercio en general, tabernarios (Ayuso dixit), charcuteros y miniindustrias se empobrecen. Casi nadie ha explicado a estos últimos que no importa quien gobierne para que sus profesiones y clase vayan desapareciendo sino que su paulatina y acelerada mortandad tiene que ver con la concentración del capital, desde las grandes superficies hasta las plataformas de servicios de todo tipo (autónomos de servicios al hogar, grandes empresas de pseudotaxis, cadenas de restauración,…)

Los grandes cambios sociales que está experimentando el mundo aún los sigue y los seguirá haciendo por mucho tiempo el gran capital, desde la transformación del mundo del trabajo y la empresa, hasta las formas en las que se organiza y recibe la comunicación, incluyendo el modo en el que la información es casi ya solo opinión, pasando por el diseño del futuro y las esperanzas/ terrores de la humanidad.

Exceptuando las dos Guerras Mundiales, cuyo efecto en la falsa memoria colectiva, que más allá de unos pocos años no ha existido más de que de modo inducido, y la injustamente llamada gripe española, desde hace siglos los seres humanos a nivel mundial no habían conocido pánico y consecuencias semejantes como las de la pandemia de la COVID19, que en lo social, incluso más que en lo económico, se verá en toda su dimensión en los próximos años.

Cualquier gobierno nacional que se enfrentase a tal desastre sería incapaz de salir victorioso del mismo. Lo estamos viendo. Unos y otros a nivel mundial irán cayendo como fichas de dominó puestas en fila, salvándose solo los más autoritarios o los menos afectados por tal crisis.

El capitalismo ha sido incapaz de actuar con rapidez y eficacia a la provisión de recursos sanitarios desde mascarillas hasta respiradores, pasando por disponibilidad de otros equipos sanitarios, UCIs y hospitales suficientes a los momentos más virulentos de la pandemia, sin hablar de su incapacidad de producir en el momento presente la cantidad de vacunas necesarias a nivel mundial sin necesidad de jugar con esa misma capacidad de producción para incrementar sus beneficios, especulando con las creadas, pero sale indemne porque los responsables ante la opinión pública, previamente publicada, de la gestión de desastre eran los gobiernos centrales y rara vez otras instancias inferiores de los aparatos de los Estados. Aquí y en cualquier otro lugar del mundo.

La ausencia de experiencias previas que sirviesen como modelos fiables y permanentes en un marco de evolución epidemiológica cambiante ha mermado de forma drástica la credibilidad de los gobiernos.

La pandemia ha tenido una consecuencia económica, que nace del estado previo de los efectos de los recortes sociales y de los servicios a nivel mundial y de la imposibilidad desde la aceptación de la izquierda, toda ella en su conjunto, de su marco de acción dentro del sistema capitalista (lo que le han dicho que puede hacer y no hacer, que acepta más allá de sus discursos para sus menguantes e incondicionales fans).

La realidad es que no había dinero público para afrontar las necesidades más urgentes del conjunto de las clases subalternas golpeadas por esta renacida, y diferente, crisis del capitalismo porque no era posible desde unas políticas de izquierda. La izquierda, desde 1789, no toma el poder del Estado sino que gestiona sus gobiernos (quien diga que es comunista y de izquierda seguro que es sincero en lo último pero que miente en lo primero), que son los que le permite el capital. Por eso todo discurso que afirme que afrontar las crisis financieras de los Estados, y de acabar con la pobreza de sus naciones, saldrá de la capacidad de provisión de recursos por parte de las grandes corporaciones y las grandes fortunas es falso. En los casos en los que parece ser cierto, los mecanismos para burlarlo son múltiples, desde los paraísos fiscales, hasta las exenciones fiscales mediante mecanismos como las donaciones públicas, las fundaciones o el mecenazgo, por citar ejemplos sencillos, sin tener que recurrir a las miles de modalidades que los grandes equipos de asesores fiscales encuentran entre los resquicios de unas leyes capciosas creadas para ser burladas.

Cuando las clases subalternas han visto que medidas como el Ingreso Mínimo Vital han sido bromas macabras, que han faltado toda serie de medidas extraordinarias hacia las familias desde el gobierno del Estado, que el dinero iba sobre todo a salvar a las empresas, y no a los más desesperados por esta nueva crisis, se han sentido desprotegidos.

Quienes difunden, tanto como quienes están dispuestos a comprar el modelo USA del neokeynesianismo del New Green Deal de Biden, ignoran, o pretenden que ignoremos, que aquél no es exportable porque solo es posible dentro de la que aún es la primera economía del mundo que, además, exporta su deuda mediante una moneda, el dólar, que es la gran convertible monetariamente a nivel mundial. Y ya veremos durante cuando tiempo funciona su nuevo milagro económico y los éxitos que cosechará. Solo China, por su extraordinario potencial económico puede intentar un crecimiento parecido, sobre todo habiéndose quitado ya de encima una pandemia y sus efectos económicos que en el resto del mundo aún han de continuar durante más tiempo del que pensamos.

A partir de ahí la ultraderecha ha defendido como libertad mantener los pequeños negocios abiertos, conectando esa idea de libertad a la del derecho ir al bar, logrando sujetar a su voto natural, el del pequeño autónomo que cree ser empresario, y a la de la recuperación económica, dentro de la que la promesa de bajar impuestos, sin que se piense mucho, en momentos de desesperación, a costa de qué nuevos recortes. No es lo principal la ausencia de oposición del PSOE con Gabilondo durante estos años de gobierno Ayuso, ni sus bandazos groseros sobre sus políticas de alianzas para desbancar a la derecha extrema del gobierno del la Comunidad de Madrid, o que las llamadas antifascistas de Iglesias sean estériles cuando no hay antifascismo como robarle al fascismo la base de la desesperación social de la que se nutre mediante políticas sociales de protección a las clases trabajadoras y populares. Eso sin restarle al Iglesias que ha tragado con unas políticas que acabarán con las pensiones públicas a medio plazo su cuota de razón cuando avisa de que viene el fascismo.

Tampoco es una explicación de la ruina de la izquierda en la Comunidad de Madrid, pronto en todo el Estado y en sus mejores cines, las ridiculeces ofensivas de ministras hablando en un neolenguaje de género neutro o defendiendo unas identidades sexuales a partir de lo que le salga a cade une de su particular porque yo lo valgo. Incluso esas payasadas serían asumibles por la parte más reaccionaria de los sectores populares a los que apela la izquierda si no vendiese la moto de una igualdad social para la que sabe que le falta el carburante porque siempre ha asumido quién es el que, de verdad, conduce el vehículo económico y político y apostase por una pelea sin amagos ni buenrollismo frente a unas derecha extrema y extrema derecha que no tienen complejo por ir a cara de perro. Cuando uno no cree en sí mismo no merece el respeto ajeno.

Para terminar, un pronóstico: Errejón, Mónica García, Más Madrid/ Más País serán los nuevos juguetes mediáticos a impulsar por el sistema, como antes lo fueron Iglesias/ Podemos y Rivera/ Ciudadanos.