26 de mayo de 2016

LAS HUELGAS CONTRA LA REFORMA LABORAL PONEN EN JAQUE AL GOBIERNO FRANCÉS

Telam

El gobierno francés reconoció que está utilizando las reservas estratégicas de carburantes para tratar de garantizar el aprovisionamiento frente a las huelgas y bloqueos en refinerías y depósitos petrolíferos contra su reforma laboral, que han agotado los tanques de centenares de estaciones de servicio en todo el país.

El secretario de Estado de Transportes, Alain Vidalies, explicó que se ha extraído el equivalente de tres días de consumo de esas reservas estratégicas, que son de 115 días, pero insistió en que no hay riesgo de agotamiento.

Vidalies, en declaraciones a los medios al término del Consejo de Ministros, se esforzó en señalar que se están utilizando esas reservas “de forma marginal”, al tiempo que reconoció que la situación en las gasolineras había empeorado en la región de París, donde un 40% se habían quedado sin carburante, mientras en el oeste del país ha “mejorado”.

En total, son más de 4.000 las estaciones de servicio en las que se había agotado total o parcialmente la nafta, lo que equivale a un tercio de las estaciones que hay en Francia, informó el funcionario, quien vinculó la situación con el comportamiento de los automovilistas, que realizan compras de combustible por precaución.

El responsable de Transportes insistió en que el problema no es de disponibilidad de carburante, sino de acceso a los depósitos donde está almacenado -en muchos casos bloqueados por piquetes de huelguistas-.

A ese respecto, señaló que las fuerzas del orden han procedido hoy al desbloqueo de 11 complejos petroleros y el vocero del gobierno, Stéphane Le Foll, había indicado anteriormente que esas operaciones van a continuar “con responsabilidad”.

El primer ministro Manuel Valls afirmó hoy ante la prensa que van a continuar las operaciones policiales para levantar los bloqueos, de los que se habían llevado a cabo once hasta esta mañana.

Valls reafirmó su posición de que no se retirará el proyecto de ley de reforma laboral, ni se modificará sus artículos más polémicos, y denunció la actitud de la Confederación General del Trabajo (CGT, que lidera la protesta), “una organización minoritaria que quiere hacer plegar al gobierno”, consignó la agencia de noticias EFE.

La CGT no dicta la ley en este país”, advirtió el primer ministro, que argumentó que si bien “el derecho de huelga y de manifestación son derechos absolutos, esta radicalización (…) es inaceptable”, como también sus amenazas con paralizar una central nuclear.

Ante las perturbaciones que la escasez de carburante está empezando a causar en varios sectores económicos, y ante el riesgo de que las protestas se extiendan a la electricidad -hay una convocatoria de huelga desde hoy en, al menos, una central nuclear-, las organizaciones patronales reclamaron al gobierno que garantice la libertad de circular y trabajar.

En un comunicado conjunto, seis de esas organizaciones empresariales señalaron que “frente a esta situación, corresponde al Estado velar por el respeto del derecho y tomar las medidas que garanticen el interés general, la libertad de trabajar y de circular libremente”.

Pierre Gattaz, presidente de la principal de todas ellas, el Movimiento de Empresas de Francia (Medef), calificó de “irresponsables” a las centrales que bloquean los centros petroleros para tumbar la ley de la reforma laboral, que a su juicio “no servirá para nada” en su redactado actual.

Más allá del sector petrolero, el paro en los ferrocarriles hoy tuvo un seguimiento inferior al de la semana pasada, con un 10% de huelguistas, frente al 15% el miércoles de la semana pasada, según los datos presentados por la empresa SNCF.

Tras más de tres meses de protestas, mañana habrá una nueva movilización nacional en decenas de ciudades de todo el país, una jornada importante para las centrales sindicales que exigen la retirada de la reforma laboral.

También se han convocado huelgas intersectoriales, entre ellas en el control aéreo, que va a obligar a las compañías que operan en el aeropuerto parisino de Orly a cancelar un 15% de sus vuelos.

La CGT ya ha preparado para la semana próxima una batería de paros indefinidos en los ferrocarriles y en el transporte metropolitano de París, a los que se sumará otro de tres días (el 3, el 4 y el 5 de junio) de los controladores aéreos (en este caso por motivos propios de su convenio colectivo).

El inicio de la Eurocopa de fútbol, el 10 de junio, aparece como una fecha clave, porque según una encuesta publicada hoy, si las protestas tuvieran impacto en ese evento -con consecuencias negativas para la imagen del país-, un 61% de los franceses considerarían responsable al gobierno de Valls.


LA OLA DE PROTESTAS PONE EN JAQUE A HOLLANDE

Eduardo Febbro. Página12

En Douchy-Les-Mines, los policías antidisturbios 
rodean el piquete de trabajadores de una refinería en 
contra de la reforma laboral. Imagen: AFP
Las protestas contra la reforma de la ley laboral desembocaron en Francia en una crisis mayor que supera en mucho las manifestaciones que se vienen llevando a cabo desde el pasado 31 de marzo e, incluso, el nacimiento del movimiento de ocupación de las plazas NuitDebout. La huelga en las refinerías y las trabas a la distribución de combustible obligó al Estado a utilizar sus reservas estratégicas al tiempo que, de manera inesperada, la CGT lanzó un amplio movimiento de huelga en las centrales nucleares. Según Alain Vidalies, Secretario de Estado para los transportes, poco más de 20% de las estaciones de servicio de Francia tienen dificultades para abastecerse. Además de la distribución de carburante y la energía nuclear, los ferrocarriles, la aviación civil, el personal portuario y los conductores de camiones se sumarán en los próximos días a esta ola de huelgas convocada principalmente por la CGT y a la cual se han asociado otros sindicatos potentes.

La trama de la impugnación de la reforma de una ley que modifica algunos puntos hasta ahora intocables del mundo laboral se complicó cuando la misma CGT anunció que al menos 16 centrales nucleares de las 19 que hay en Francia habían votado a favor de una huelga que comenzará hoy 26 de mayo. La central sindical llamó a un movimiento de acción “lo más fuerte posible”.

Desde el pasado martes ya se advirtieron focos de paro en varias centrales que dejaron sin luz a tres zonas del país. El primer ministro francés, Manuel Valls, denunció en la Asamblea Nacional estos llamados a la huelga como “chantajes” y dijo que no era la CGT quien “establece las leyes en Francia”. Gobierno y sindicatos juegan en este conflicto su propia partida. Con la reforma de la ley laboral, el Ejecutivo zanja el antagonismo entre las dos izquierdas que acompañó todo el mandato del socialista François Hollande. Entre la llamada izquierda social y la izquierda reformista liberal, el jefe del Estado y su primer ministro optaron por la segunda. A su vez, los sindicatos, en plena crisis de representatividad y con un pasivo de militantes cada vez más elocuente, se meten en la pelea para demostrar que siguen vivos y con un fuerte poder de movilización.

Como lo resalta en un editorial el semanario de centro izquierda Le Nouvel Observateur, “la tasa de adhesión sindical en Francia es una de las más débiles de Europa y el patronato local sigue siendo sin dudas uno de los más arcaicos”. El Ejecutivo navega entre la debilidad de ambos y inserta su reforma en ese contexto. El mundo sindical percibe sin embargo una oportunidad de llevar la bandera opositora detrás de la cual buena parte de la sociedad cierra filas. Un sondeo realizado por la consultora Elabe indica que 69 por ciento de los franceses se pronuncia por un retiro de la reforma laboral para evitar así “un bloqueo de todo el país”. La misma encuesta aporta además un dato que los sindicatos han leído con mucha atención:59% de los franceses designan a François Hollande y a Manuel Valls como “los principales responsables de las tensiones” debido a que “rehúsan introducir nueva modificaciones al proyecto de ley”. Esta, sin embargo, ya fue aprobada de forma expeditiva por el jefe del Ejecutivo. Valls recurrió al artículo 49.3 que le permite hacer pasar una ley por decreto, es decir, sin debate parlamentario. La división en el seno de los Diputados socialistas es tal que era muy probable que la reforma de la ley no obtuviera la mayoría. De ser haber sido así, el gobierno hubiese quedado en minoría. Valls evitó la caída pero no acalló las discordias que, cuando falta un año para las elecciones presidenciales de 2017, han desfigurado a la izquierda francesa. Entre reformistas que se autocalifican de modernos y socialistas tratados por los primeros de vivir en un museo del pasado, las relaciones se han empañado.

Ahora, el conflicto ha pasado a mayores. La CGT y el otro sindicato importante que respalda las huelgas, Fuerza Obrera, afirman al unísono que no tienen la más mínima intención de “detener” el movimiento. En cuanto a Philippe Martinez, el secretario general de la CGT, éste promete que “irán hasta el final, y sin límites”, es decir, hasta que el Ejecutivo retire o modifique substancialmente la reforma laboral.

Lo cierto es que la nueva batalla entre el gobierno y los sindicatos empieza a amenazar a los sectores claves de la economía. Dos terceras partes de las poco más de 12.000 estaciones de servicio con que cuenta el país atraviesa serios problemas de suministro. El hecho de que la CGT haya logrado implicar en las protestas al personal de las centrales nucleares es tanto más decisivo cuanto que la energía nuclear cubre el 75% de las necesidades eléctricas de Francia. De las 12.000 estaciones de servicio, 4.000 han visto su aprovisionamiento perturbado y han decidido limitar la venta de combustible a 20 litros por vehículo. Hay que remontar a la reforma del sistema de jubilaciones de Francia decidida por el entonces presidente Nicolas Sarkozy (2207-2012) para encontrar una crisis semejante y, sobre todo, el hecho de que se hayan tenido que tocar las reservas estratégicas del país para cubrir las necesidades vitales. Tal y como lo hubiese hecho la derecha, Valls calificó de “ilegales” las trabas a la distribución de combustible y los paros en las refinerías. El primer ministro advirtió que el Estado actuaría con “firmeza” para estabilizar la situación. El anuncio y las medidas de fuerzas decididas para levantar las barreras en cerca de 19 refinerías y depósitos han tenido el efecto contrario. La respuesta sindical fue una insurrección aún mayor, con más problemas en la distribución. El cuadro llegó a tal extremo que las distintas patronales de Francia se dirigieron al gobierno advirtiéndole que se está llegando a un extremo inadmisible y que ya hay varias fábricas que, por falta de combustible, están “viendo su existencia amenazada”. La confrontación social ingresó en una zona muy densa. Ante un gobierno que repite que no cambiará la ley, la acción sindical hizo pasar el antagonismo desde la calle, o sea, las manifestaciones y las acciones testimoniales, a golpear con fuerza el corazón de la economía.


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